Economía Crítica y Crítica de la Economía

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La división en la clase dirigente europea y la deriva autoritaria en curso

Autor: Jose Luis Carretero Miramar

Revista Crisis

Turbias señales de ansiedad recorren a la élite política tradicional europea: la coalición de fuerzas populistas de derecha que está estructurando el ex asesor de Donald Trump, Steve Bannon,  con el nombre de The Movement, es cada vez más fuerte y aspira obtener un éxito relevante de cara a las próximas elecciones al Parlamento Europeo. Se trata de una alianza de la ultraderecha continental que se hace fuerte paralelamente a la constitución de grupos de gobiernos ya dirigidos por los ultranacionalistas, como el polaco, el húngaro o el austríaco, para presionar a las instituciones europeas en relación con el tema de la inmigración y el asilo, como el llamado Grupo de Visegrado.

La creciente popularidad de The Movement es tal, que incluso el vicepresidente y ministro del interior italiano Mateo Salvini, de la ultraderechista Liga no ha dudado – pese a sus últimos movimientos públicos hacia una aparente moderación debidos a los problemas de la prima de riesgo italiana tras la crisis de la lira turca – en fotografiarse dando la mano a Bannon y a otros representantes de la citada red, haciendo público su ingreso en la misma. Finalmente, el gobierno italiano ha roto con su imagen de moderación ante la Comisión Europea presentando unos presupuestos expansivos que rompen con el escenario  de austeridad  que se le imponía por parte de la burocracia comunitaria.

Las barreras tradicionales a la normalización política de la ultraderecha en una Europa que, en gran medida, construyó sus sistemas constitucionales en oposición directa a la experiencia del fascismo y la Segunda Guerra Mundial, han sido claramente sobrepasadas por la ola creciente de la nueva ideología “parda” posmoderna, plural en sus expresiones nacionales, y que está jugando a presentarse como la única defensora de las regulaciones estatales frente al caos del mercado neoliberal, y como la expresión política de una clase trabajadora nacional acosada por las deslocalizaciones, la demolición progresiva del Estado del Bienestar en casi toda Europa,  y por las reformas laborales implementadas sobre la base de la flexibilización y la internacionalización de las normas relativas al mercado de trabajo.

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Universidad del Barrio: Curso 2018/2019

Autor: Universidad del Barrio

El lunes que viene arranca un nuevo curso de la Universidad del Barrio, en el Teatro del Barrio cada dos lunes hasta mayo de 2019.
Este año se abordarán problemáticas vinculadas a nuestros barrios, que afectan a nuestras vidas.
El próximo lunes toca hablar de vivienda.
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Bienestar, fronteras y feminismo

Autor: Maria Pazos Moran

Blog de Alternativas Económicas en eldiario.es

En las elecciones celebradas en septiembre pasado en Suecia, el partido de la extrema derecha subió sustancialmente. Su tema estrella: la amenaza de la inmigración. Por su parte, el líder del Partido Socialdemócrata, Stefan Lofven, señaló que estas elecciones eran un referéndum sobre el estado del bienestar.

En Suecia, los partidos de izquierda defienden el Estado del bienestar como pilar fundamental de un modelo social más equitativo, eficiente y sostenible. Esta ordenación de la sociedad en base al principio “a cada cual según sus necesidades y de cada cual según sus posibilidades” ha funcionado: los países nórdicos son los primeros en competitividad económica, en equidad social y de género, en estado de salud, en cohesión social e incluso en el índice de felicidad elaborado por la ONU.

Los partidos de derecha, en cambio, siempre exigen recortes en prestaciones y servicios públicos, privatizaciones y bajadas de impuestos. Su orientación ultracapitalista (o neoliberal) se basa en dos dogmas: el primero, que el crecimiento económico resolverá los problemas de desempleo y pobreza; mejor cuanto menor sea la intervención pública. El segundo, que cada persona es responsable de atender a sus propios riesgos y necesidades.

En resumen, para la derecha el Estado del bienestar siempre es excesivo. Pero, oh paradoja, esos mismos partidos se erigen en sus defensores cuando esto les sirve para agitar la inmigración como amenaza. En esos momentos se muestran preocupadísimos por el futuro del Estado del bienestar que ellos mismos están arruinando.

Sin embargo, las fronteras sí importan, aunque en un sentido muy diferente. Suecia ha sido víctima del conocido mito del “socialismo en un solo país”. Desde hace mucho tiempo, se ha mirado a sí misma y ha creído que era autosuficiente. Es cierto que su política exterior y de inmigración ha sido más progresista que la de otros países, pero ha cerrado los ojos al hecho de que su Estado de bienestar no podía sobrevivir aisladamente.

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El salario mínimo no tiene relación con la tasa de paro

Autor: Eduardo Garzón Espinosa

La Marea

La teoría económica más conocida e importante –conocida como síntesis neoclásica y que desagraciadamente se sigue enseñando en las facultades– considera que los niveles salariales tienen impacto en la tasa de paro de la economía en cuestión. Estos planteamientos señalan que a medida que los salarios se elevan, la tasa de paro aumenta, y viceversa. El razonamiento de fondo –que es más ideológico que científico– es el siguiente: los salarios suponen un coste importante para los empleadores, de forma que si aquellos aumentan, estos se verían en complicaciones para seguir con su negocio; y la única forma que tendrían de no echar el cierre sería despidiendo a uno o más trabajadores. El despido reduciría los costes salariales y, de esta forma, el negocio podría continuar, aunque la parte negativa sería que la tasa de paro aumentaría. Este razonamiento se utiliza también en sentido inverso: si los salarios disminuyen los empleadores tendrán menos coste y por lo tanto más margen económico para contratar a nuevos trabajadores, de forma que la tasa de paro se reduciría.

Una recomendación política que se deriva de este razonamiento es la eliminación o reducción de los salarios mínimos que se fijan por ley: si fuese más elevado se destruiría empleo, por lo que la forma más fácil de evitar esos problemas pasaría por reducir o eliminar completamente el salario mínimo legal. De esta forma, los empleadores ajustarían los salarios a sus necesidades económicas, el negocio prosperaría sin problemas y supuestamente habría creación de empleo.

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Beneficios que nos dejan a oscuras

Autor: Nacho Álvarez Peralta

El Confidencial

Pagar la factura de la luz se ha convertido en algo muy complicado para millones de familias: entre 2006 y 2016, la factura del consumidor medio ha subido un 70% en nuestro país. Y en los últimos meses, el ritmo de esta subida se ha acelerado tanto —un 11%, entre agosto de 2017 y agosto de 2018— que la situación se ha hecho ya insostenible.

Con el invierno aproximándose, el nuevo Gobierno adoptó el pasado 5 de octubre medidas urgentes en un real decreto ley. Algunas de ellas —por ejemplo, la eliminación del ‘impuesto al sol’— eran muy necesarias desde hace tiempo. Sin embargo, el Gobierno dejó pasar una buena oportunidad para proteger a los consumidores. Por un lado, las modificaciones en el bono social eléctrico y las medidas aprobadas para luchar contra la pobreza energética fueron muy limitadas. Por otro, la suspensión temporal del impuesto sobre el valor de la producción de la energía eléctrica no solo tendrá un impacto pequeño en la factura de la luz, sino que además ignora las raíces del problema.

Hace falta tomar medidas inmediatas, en eso no se equivoca el Gobierno. Pero estas deben ser eficaces y, al mismo tiempo, deben abordar el problema de fondo, que no es otro que la disfuncionalidad del mercado eléctrico y la actuación en régimen de oligopolio de las grandes empresas del sector.

El reciente acuerdo entre el Gobierno y Unidos Podemos incluye una medida que cumple estos requisitos —ser eficaz para atajar hoy mismo la subida de la luz y útil para frenar las prácticas oligopólicas—. Se trata de la fijación de un límite máximo al precio al que las centrales hidroeléctricas y nucleares pueden cobrar la electricidad en el mercado. La diferencia entre el precio de mercado y ese límite se consideraría un ingreso del sistema eléctrico y sería destinado, directamente, a abaratar la factura de la luz de todos los consumidores. Seguir leyendo…

Acuerdo de Presupuestos Generales del Estado: Luces y sombras

Autor: Fernando Luengo y Manolo Garí

Blog de Econonuestra en Público.es

El documento “Acuerdo de Presupuestos Generales del Estado 2019: Presupuestos para un estado social” suscrito entre el gobierno del Partido Socialista Obrero Español (PSOE) y el Grupo parlamentario confederal de Unidos Podemos/ En Comú Podem/ En Marea supondrá, si se lleva a cabo, una mejora de las condiciones de vida, en algunos aspectos importante, para amplios sectores de la población. Son varias las trabas que todavía tienen que superarse para sustanciarse realmente en los Presupuestos Generales (PPGG): el visto bueno de la Comisión Europea, lograr el apoyo de las fuerzas nacionalistas e independistas vascas y catalanas y mantener la presión (social y política) vigilante para que esas cuentas no se desvíen y, aún más, para que realmente sean un primer paso seguido de otros muchos.

El Acuerdo supone el anuncio de un punto de inflexión en la tendencia antisocial, austeritaria y autoritaria que ha presidido la economía y la política los últimos diez años en nuestro país. Contiene medidas presupuestables, acuerdos de naturaleza política ajenos al campo de los PPGG y una suma de intenciones cuya concreción y desarrollo se deja a futuro. Todo lo planteado es necesario, pero ni es suficiente ni agota el espacio de lo posible.

Sin ánimo de ser exhaustivos -pues no es necesario repetir lo que ha sido debidamente publicitado- podemos destacar varios y valiosos elementos de los acuerdos. La subida del Salario Mínimo Interprofesional (SMI) va a afectar directamente a un 12% de los trabajadores, tiene un importante significado político al dar la importancia debida a la necesidad de la recuperación salarial, lo que tendrá un efecto inmediato en las condiciones de vida de millones de personas, el aumento de su capacidad adquisitiva, lo que redundará positivamente en la economía y puede abrir las puertas a mayores aumentos salariales en la negociación colectiva. Igualmente cabe destacar el propósito de indexar la subida de las pensiones a la evolución del IPC, el subsidio de desempleo para mayores de 52 años, eliminar la precariedad y estafa asociados a la extensión de los falsos autónomos, las mejoras del sistema para las empleadas de hogar y las cotizaciones de las horas extraordinarias o la extensión y consolidación de los permisos de paternidad y maternidad y las ayudas a la dependencia.

Sin negar lo anterior y reconociendo la importancia de estos avances, hay que reconocer asimismo que estas medidas debemos y podemos seguir mejorándolas. Si comparamos el SMI, 900 euros, con los de otros países de la UE, es claro que se puede seguir avanzado: Luxemburgo 1.922,96 €, Bélgica 1.501,82 €, Irlanda 1.461,85 €, Holanda 1.501,80 €, Francia 1.457,52 €, Gran Bretaña 1.378,87 €. Y en lo referido a las pensiones el movimiento de pensionistas demanda que el monto de la mínima sea de 1.040 €, y el Acuerdo no concreta cuál será la cuantía mínima de las mismas. En cuanto al importante aumento a la ayuda de la dependencia, los sectores afectados plantean la insuficiencia de la cuantía. En lo conseguido queda mucho por conseguir.

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Presupuestos 2019: Giro social en España

Autor: Hector Illueca Ballester, Julio Anguita y Manolo Monereo

Cuarto Poder

Los Presupuestos Generales del Estado son una especie de mapa que refleja las prioridades y objetivos de los poderes públicos. Nos permiten saber dónde estamos y hacia dónde vamos. Pues bien, a la vista del “Acuerdo de Presupuestos Generales del Estado-2019” suscrito por el Gobierno de España y Unidos Podemos (“Acuerdo”, en adelante), parece que en nuestro país se está produciendo un importante giro social con respecto a las políticas que se han venido aplicando desde que empezó la crisis económica. El Acuerdo constituye un auténtico programa de gobierno que afecta a aspectos muy sensibles para el bienestar de la ciudadanía, tales como sanidad, vivienda, dependencia, empleo y protección social… Pero, si hemos de destacar dos cuestiones a fin de calibrar su importancia, éstas son, sin duda, las medidas y compromisos adoptados en materia de pensiones y salario mínimo interprofesional (SMI). En los párrafos siguientes nos referiremos a estos aspectos, tratando de precisar su significado y alcance en el contexto político que atravesamos.

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Xenofobia, conservadurismo y catalanofobia: el avance de la ultraderecha en España

Autor: Jose Luis Carretero Miramar

Pulso Noticias

El pasado fin de semana el partido ultraderechista Vox reunió más de 10.000 personas en un impactante mitin en el polideportivo de Vistalegre, en Madrid. Otros varios miles más se quedaron fuera, al haberse superado el aforo del acto. Las últimas encuestas electorales, tozudamente, coinciden en anunciar un  fuerte avance del voto a este partido xenófobo, autoritario, anticatalanista, enormemente conservador y que reivindica sin complejos la herencia política de la dictadura franquista. ¿Es la hora de la reemergencia de la ultraderecha en España?

Hemos de aclarar en primer lugar que en España, la ultraderecha nunca se fue ni desapareció. La famosa transición a la democracia de los años 70 consistió realmente en un pacto para la reforma de la dictadura franquista en el que la simbología del régimen fue retirada del escenario, pero no las personas más destacadas, ni los tics más rutinarios del funcionamiento del poder. La oligarquía económica de la España franquista, así como los altos cuadros de la administración o del ejército y las fuerzas de seguridad, no fueron retirados de la circulación, sino que se reconvirtieron en demócratas de la noche a la mañana con un suave lavado de cara. El poder esencial seguía residiendo en las mismas familias y en los mismos conglomerados sociales, mientras se daba entrada a una cierta pluralidad controlada en el escenario político. Eso explica la continuidad de espectáculos que deberían ser escandalosos en una democracia, pero que no lo son en la española, como la reciente presencia de un notorio torturador franquista, con una causa penal abierta en Argentina, en una celebración oficial del día de la policía en una comisaría madrileña.

Sin embargo, la ultraderecha como vertiente organizada, es decir, los partidos declaradamente ultraderechistas, vivieron tras la transición su particular travesía del desierto. La decadente simbología del régimen franquista fue escondida en los armarios. Había varias razones para ello:

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Qué significa la irrupción pública de Vox

Autor: Alberto Garzon Espinosa

eldiario.es

Uno de los riesgos colaterales que tiene la irrupción pública de un partido de extrema derecha en nuestro país es que puede llevar a las izquierdas a enfrentamientos poco fructíferos. Presenciamos estos días un reguero de acusaciones acerca de qué corriente teórica u organización política tiene más la culpa del crecimiento de la extrema derecha, y la verdad es que creo que esto no sirve de mucho. Más conveniente sería, en todo caso, que estemos dispuestos a abandonar aquellas ideas preconcebidas que carezcan de respaldo empírico y tratar, entre todas, de articular una ofensiva que sea, al mismo tiempo, un muro de contención frente a esta noche oscura.

1. No es fascismo, o no sólo

El fascismo es un producto histórico que no se ajusta del todo bien al fenómeno actual de irrupción de la extrema derecha. Tras la derrota del eje germano-italiano en la II Guerra Mundial y la construcción de las democracias europeas a partir de un espíritu antifascista, los partidos que se declaraban herederos de los regímenes fascistas del período de entreguerras nunca tuvieron una gran presencia electoral. La excepción fue el Movimiento Social Italiano (MSI), que se declaraba neofascista y que llegó a recibir hasta tres millones de votos –un 9%- en los setenta. Pero en la década de los ochenta empezaron a surgir nuevos partidos que se cuidaron mucho de no emplear las simbologías y terminologías fascistas. Estas nuevas organizaciones asumían parte de la ideología y programa de sus competidores directos, pero con nuevas tácticas para evitar la estigmatización pública. Gracias a ello, fueron desplazándolos de la arena política. En Alemania fue sintomática la irrupción de Die Republicaner en 1983 y de Alternative für Deutschland en 2013, mientras que en Italia la fundación de la Liga Norte en 1989 terminó por hundir al MSI. También paradigmática fue la fundación en los setenta del Frente Nacional en Francia, constituida a partir de pequeñas organizaciones fascistas, y su conversión ideológica y generacional en 2011 con la llegada al liderazgo de Marine Le Pen.

Uno de los rasgos clave de esta «nueva extrema derecha», y que lo diferencia de sus antecesores, es que son capaces de llegar a una base social mucho más amplia, menos ideologizada y, en consecuencia, más «normal». Los estereotipos y caricaturas no suelen funcionar con estos productos políticos, tampoco para estigmatizarlos, debido a que su apoyo no es ya en clave nostálgico-ideológica sino por motivaciones políticas presentes. Digamos que el «tapón antisfascista» de 1945 se ha desgastado.

2. Son, sobre todo, reaccionarios

De la misma forma que puede entenderse el fascismo como una reacción a la modernidad, y en especial al desafío que ésta suponía para los valores tradicionales, la nueva extrema derecha es también una reacción a elementos de la llamada posmodernidad. En gran medida estos movimientos reaccionan frente al auge de los nuevos movimientos sociales que, surgidos a partir de los setenta y ochenta, proclaman pacifismo, libertad sexual, igualdad de género, ecologismo radical, políticas de identidad, democracia radical, multiculturalismo, integración étnica, etc. Los nuevos partidos de extrema derecha son autoritarios, nacionalistas y reaccionarios, si bien sus formas concretas dependen de sus contextos específicos (así, el Frente Nacional en Francia es un nacionalismo centralista mientras que Vlaams Belang en Bélgica es un nacionalismo independentista).

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Como se puede observar en el gráfico anterior, lo que une a los partidos de extrema derecha no es su proyecto económico, en el que van desde el estatismo de Amanecer Dorado en Grecia hasta el neoliberalismo de Alternativa para Alemania. La unión, el rasgo común, es su componente de reacción cultural y política.

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Libro “Nuevos movimientos sociales. De la calle a los ayuntamientos”

Autor: Angel Calle Collado

La era post-15M. Gente que siguió movilizándose, municipios por el cambio, caldo de cultivo para la economía social… también partidos que intentaron recoger votos de ese descontento. Y políticas públicas que han querido ser cercanas a la gente, a nuestras necesidades más básicas

De todo esto hablamos en el libro Nuevos movimientos sociales que felizmente nos coordinaron Pedro Ibarra, Mercè Cortina Oriol, Salvador Martí, Ariel Sribman.

En editorial Icaria!

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Dime dónde trabajas y te diré cuánto crecerá tu salario

Autor: Alfredo del Rio Casarola

eldiario.es

Siguiendo la clasificación centro-periferia de la UE-20 expuesta en un artículo anterior, este artículo se centra en las diferencias existentes en la productividad y los salarios en ambos grupos de países. La productividad se refiere al valor añadido bruto por hora de trabajo y el salario es la compensación a la población asalariada (incluye el salario bruto y, en su caso, los beneficios sociales que puede proporcionar la empresa como, por ejemplo, las ayudas escolares) también por hora de trabajo.

El análisis de estas variables de forma conjunta se deriva de una serie de aportaciones teóricas, por ejemplo las del recién fallecido Samir Amin, que identificaban una dificultad en los países periféricos para traducir los incrementos de productividad en incrementos salariales. En cambio, los países centrales sí eran capaces de que las mejoras productivas redundaran en progresos en las condiciones de vida de la población trabajadora. La importancia de la comparativa de estos datos se debe a que los salarios son la fuente principal de ingresos del 91% de la población activa de estos países, es decir, de la población asalariada (Fuente: Ameco). Por tanto, más allá de las importantes diferencias salariales en función del sector o del nivel de cualificación, ésta es una cuestión que afecta a la gran mayoría de la población.

Atendiendo a datos de 25 subsectores económicos calculamos un agregado para la periferia europea (Italia, Eslovenia, República Checa, España, Estonia, Portugal, Eslovaquia, Grecia, Polonia y Lituania) y otro para los países centrales (Alemania, Reino Unido, Países Bajos, Suecia, Francia, Luxemburgo, Bélgica, Finlandia, Dinamarca y Austria). La productividad de los países periféricos se ha incrementado desde el promedio de 1995-1998 al de 2011-2014 en un 23,19% (esto equivale a un crecimiento de 192 euros) mientras que la de los países centrales en un 22,55% (296 euros). Por su parte, los salarios en la periferia han registrado un aumento del 17,55% (62 euros) y en el centro un 30,72% (188 euros). Por tanto, unas tasas de variación similares, como es el caso expuesto previamente de las tasas de productividad, pueden representar unos valores en euros bastante diferentes. De esta manera se evidencia fácilmente la importancia de atender a los niveles de las variables tomadas en cuenta para el cálculo de las tasas de variación.

Debido a las diferencias expuestas, nos centramos ahora en el crecimiento de ambas variables expresado en euros. Tal y como se puede ver en la Figura, la productividad del conjunto de 25 subsectores de la periferia se incrementa en 192€ y la productividad del centro en 296 euros mientras que los salarios de la periferia crecen en 62 euros y en los países centrales 188 euros. Así, mientras que la población trabajadora de un país central produce, entre ambos períodos mencionados, 296 euros más por hora de trabajo y percibe 188 euros más de salario, la población trabajadora de un país de la periferia europea produce 192 euros más y recibe únicamente 62 euros más.

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Los precios del petróleo, ¿el fin de un viento de cola?

Autor: Paloma Villanueva y Luis Cardenas

ctxt.es (La Paradoja de Kaldor)

Tanto el Banco de España, como FUNCAS y FMI han revisado a la baja su previsión de crecimiento para este año (hasta el 2.6%) y publican una senda para los próximos tres años marcada por una clara desaceleración. Existen pocas dudas sobre que el crecimiento de la economía española en los últimos años ha estado impulsado por los conocidos “vientos de cola”, entre los cuales destacamos la fuerte caída en los precios de las importaciones de petróleo crudo ocurridas desde 2012. No obstante, como hemos observado en los últimos meses, los precios internacionales del crudo se están incrementando con fuerza desde febrero de 2016, y se hace cada vez más evidente que este viento de cola se está extinguiendo.

En marzo de 2012 se alcanzaron los 118$/barril, el pico más elevado de la serie, a partir del cual comenzó a fluctuar sobre los 100$/barril. Es a partir de agosto de 2014 cuando se produce la mayor caída, bajando hasta los 28,5$/barril en febrero de 2016. Lo que supone una reducción de más del 75% entre el valor más alto y el más bajo.

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La desvergüenza del Fondo Monetario Internacional

Autor: Fernando Luengo

Otra Economía

Como si formáramos parte de un engranaje que gira una y mil veces alrededor del mismo eje; como si el tiempo, perezoso, se resistiera a avanzar; como si estuviéramos condenados eternamente a contemplar la misma desgastada imagen. Esta es la abrumadora sensación que tengo cuando escucho o leo los diagnósticos y las recomendaciones de los economistas y los responsables del Fondo Monetario Internacional (FMI). Inquieta pensar el enorme poder que concentra esta institución para hipotecar las políticas de los gobiernos y vencer las resistencias de los pueblos.

Digo diagnósticos y debería decir recetas de supuesta validez universal, cualquiera que sea el país y el continente donde se apliquen; y digo recomendaciones cuando resulta más apropiado decir imposiciones, pues, como es sabido, la hoja de ruta establecida por esta institución es la referencia o la excusa utilizada por los gobiernos para justificar la implementación de políticas socialmente regresivas y es la llave que abre (o cierra) el grifo de la financiación internacional.

El documento elaborado por la delegación de economistas del FMI -del que ya conocemos un breve pero sustancioso avance—se centra, sobre todo, en las pensiones y el mercado de trabajo; temas, por lo demás, (obsesivamente) recurrentes en sus informes. Sugieren “prudencia y moderación” y advierten (amenazan) sobre los peligros de desviarse de la hoja de ruta que tanto el FMI como las instituciones comunitarias, al alimón, han bendecido.

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Sobre la “izquierda nacional” y sus limitaciones

Autor: Jose Luis Carretero Miramar

El Salto

Anguita, Monereo e Illueca nos cantan las alabanzas a una futura “izquierda nacional”. Curioso epílogo para los líderes prácticos e intelectuales del eurocomunismo legalista que ha dominado la izquierda institucional de nuestro país durante mucho tiempo.

Su propuesta se centra en la idea de recuperar la vertiente protectora del Estado nacional frente a una Unión Europea matriz del dominio neoliberal sobre nuestras sociedades y génesis de todos los desafueros. En su discurso, la oposición entre globalismo europeísta funcional al capitalismo y gestión democrática a escala nacional se afirma como la llave fundamental de comprensión de la realidad y de construcción de alternativas encaminadas a un etéreo “bien común” interclasista y populista.

Es esa oposición que está en el núcleo de su narrativa la que no terminamos de compartir en este escrito: el fundamento de la gobernanza neoliberal en Europa y en el mundo no está únicamente localizado en la Unión y en las instituciones internacionales. Eso es una visión estrecha y limitada. Una Unión Europea constitucionalmente neoliberal (por obra de los mismos tratados constitutivos) se ve complementada (y no limitada ni contestada) por la gestión política descentralizada, a nivel nacional o incluso regional y municipal, de la vida cotidiana de sus súbditos.

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Soberanía, democracia y socialismo

Autor: Hector Illueca Ballester, Manolo Monereo y Julio Anguita

Cuarto Poder

Desde que Bodino escribiera Los seis libros de la República en 1576, el concepto de soberanía ha recorrido un largo camino. En un principio se asociaba al Estado absolutista e implicaba la potestad de expedir y derogar leyes y obtener la obediencia de los súbditos sin necesidad de su consentimiento. Sin embargo, no será hasta bien entrado el siglo XVIII, tras un arduo conflicto social y político, que se reconozca al pueblo como verdadero titular de la soberanía y se afirme el papel de la ley como expresión de la voluntad popular. Había hecho su aparición Rousseau. Desde entonces, la idea de soberanía ha sido desarrollada y matizada por innumerables pensadores, generalmente en el sentido de establecer límites al poder del Estado e introducir garantías frente a la arbitrariedad. Pero conservando siempre aquella sustancia que había identificado Rousseau y que está en la base de la democracia: la capacidad de los pueblos de autogobernarse y decidir el modelo social, económico y político en el que desean vivir.

Pues bien, la Unión Europea es la negación de la soberanía y de la democracia. Lo hemos dicho en el pasado y no vamos a insistir mucho en ello. La Europa neoliberal ha exacerbado la competencia entre países, ha liquidado los derechos sociales y está corrompiendo los valores cívicos de las sociedades europeas. Aún más, el neoliberalismo ha dividido el continente europeo en un núcleo de países industrializados dirigido por Alemania y una periferia cada vez más dependiente desde el punto de vista económico. En el espacio europeo no hay lugar para las políticas redistributivas; aquí lo único que cabe es un neomercantilismo feroz e inmisericorde que, en el mejor de los casos, genera crecimiento empobreciendo a las mayorías sociales. Los ciudadanos europeos empiezan a entender el significado de la lex mercatoria que impera en Europa: voten lo que voten, siempre es lo mismo. Y si alguien osa desafiar la autoridad de Bruselas, los mercados le hacen entrar en razón desencadenando ataques especulativos hasta provocar un corralito bancario. Primero fue Grecia. Ahora, tal vez, Italia.

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¡Plan para la justicia de género ya!

Autor: Carmen Castro

ctxt.es (La Paradoja de Kaldor)

Diez años ya y el resultado más contrastado es el empobrecimiento de una gran parte de la población y el mayor músculo que ha agarrado el capitalismo con el nuevo (des)orden neoliberal impuesto.

Aún tenemos anotado, en la lista de tareas pendientes, gran parte del contenido del nuevo ideario, feminista y progresista, empezando por aquello de construir una economía que responda a las necesidades de las personas, dando sentido a la justicia redistributiva social, de género y ecológica. Por más que la lógica de la sostenibilidad de la vida se haya ido incorporando en algunos discursos sigue alejada del corazón de la agenda política, económica y energética. Las causas hay que buscarlas en el rearme capitalista y el embrutecimiento de la reacción patriarcal; debido a esta última también ha emergido con fuerza una versión vintage del imaginario simbólico de la naturalización de lo reproductivo como una responsabilidad femenina junto al mito de separación de las esferas de producción y reproducción.

Íbamos a cambiarlo todo, sin embargo, la beligerancia neoliberal ha encontrado vías de expansión los negocios transnacionales. De todos los que han proliferado, hay tres que considero especialmente preocupantes. En primer lugar, la arquitectura de la impunidad creada por la globalización financiera, y muy especialmente los servicios de arbitraje previstos en los tratados neoliberales de inversión (TTIP, TISA, CETA); en base a éstos, se han asegurado la prevalencia del interés oligopolista y corporativo capitalista sobre el interés general, público y común de sostenibilidad de la vida. En segundo lugar, la militarización creciente y el refuerzo de los mecanismos de represión de las libertades civiles, alentados en un contexto de geopolítica económica basada en la masculinidad hegemónica patriarcal. Y, en tercer lugar, la expansión de la mercantilización de capacidades, tiempos y recursos naturales. Con capacidades me refiero a la capacidad humana de producción (vía trabajo asalariado, atomizado y precarizado), reproducción (desde eufemismos como el alquiler de úteros y la donación de óvulos, a la compra de novias o esposas) y la de satisfacer los deseos de otras personas (con un amplio catálogo de casuísticas entre las que se incluyen el matrimonio infantil, la gestación subrogada y la prostitución). Esta tercera se vale de las contrageografías de la globalización, de las que habla Saskia Sassen, conformada por los mecanismos institucionales, flujos transfronterizos y mercados globales que se ponen a disposición para otra finalidad diferente a la que impulsó su creación; en este caso, para el gran negocio global de la mercantilización de personas. Sin ánimo de diferenciar ni entrar a debatir cuánto de dichos flujos provienen de las redes de trata o de tráfico, lo que me interesa es destacar, en primer término lo que constituye el objeto de mercadeo en sí mismo: la compra-venta de personas, de seres humanos, ya sea como un todo o al despiece. Algo huele a podrido en todo esto, por mucho que se pretenda esconder el hedor tras la falacia de la ‘libre elección’ y el refuerzo de la ideología individualista; probablemente sea uno de los mayores triunfos neoliberales, porque le va estupendamente al boyante desarrollo de la industria de explotación sexual y laboral. Se llama deshumanización, y es el proceso por el cual dejan de percibirnos como personas para percibirnos como cosas, mercancias, productos sustituibles o complementarios en el intercambio económico.

Todo lo anterior está ahí, conformando parte del nuevo esquema global que llega como un eco lejano a nuestra realidad cotidiana, afectada por la expropiación gradual del sistema de protección social y los derechos económicos.

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Por qué las necesidades materiales importan

Autor: Alberto Garzon Espinosa

Blog Economía para Pobres en Público.es

El crecimiento de la extrema derecha en toda Europa y la paradójica realidad de que las clases populares y las familias trabajadoras no son el sector mayoritario entre los votantes de las organizaciones de izquierdas nos empuja a la reflexión acerca de cómo deberíamos intervenir en la arena política y social. En este artículo desarrollo un argumento que justifica la atención específica a las demandas materiales de la población golpeada por la crisis, y tras examinar cómo en las últimas décadas las izquierdas españolas han tratado esta cuestión defiendo también la importancia de ir más allá de lo discursivo.

Necesidades humanas y cambio social

En los años cuarenta del siglo XX el psicólogo estadounidense Abraham Maslow presentó una teoría que describía las necesidades humanas de forma jerárquica. Como si habláramos de una pirámide, en la que se asciende desde lo elemental hasta lo más sofisticado, las necesidades que conformarían la base serían las fisiológicas (respirar, alimentar…), a las que siguen las necesidades de seguridad (física, de empleo, de salud…), las de afiliación (amistad, afecto…), las de reconocimiento (respeto, éxito…) y finalmente las de autorrealización (creatividad, espontaneidad…).

Basándose en dicha teoría, el sociólogo Ronald Inglehart desarrolló en los setenta una tesis con la que trataba de explicar el cambio social. Según Inglehart, cualquier sociedad busca saciar sus necesidades de supervivencia antes que otro tipo de necesidades, de tal manera que en su desarrollo primero predominan los valores materiales (fundamentalmente económicos) y después los post-materiales. Usando este marco, Inglehart predijo que debido al desarrollo del Estado Social, la paz y la política keynesiana de posguerra las generaciones nacidas tras la IIGM serían post-materialistas y, como resultado del cambio generacional, las sociedades en su conjunto tenderían hacia el predominio de valores post-materiales. Además, Inglehart también predijo que todo ello cambiaría la forma de participación política, facilitaría la constitución de nuevos partidos adaptados a esos valores y alteraría el voto de clase.

En el fondo, se trata de una tesis sobre el «aburguesamiento», o así lo vio Inglehart ya en los setenta cuando analizó el mayo francés de 1968. Desde mucho antes la sociología había evidenciado que el voto tenía un alto componente de clase, y que en consecuencia era esperable que la clase obrera votara a los partidos de izquierdas. Según Inglehart, el mayo del 68 modificó estas lealtades. En las elecciones subsiguientes a la revuelta francesa la clase media se había desplazado hacia los partidos de izquierdas mientras que la clase trabajadora lo había hecho hacia la derecha que representaba de Gaulle. ¿Por qué? Varios años antes un trabajo muy famoso del sociólogo Seymour M. Lipset había puesto de relieve que la clase trabajadora tenía valores más autoritarios que la llamada clase media, así que Inglehart entendió que la clase obrera, en la disyuntiva de elegir entre jóvenes estudiantes con extrañas demandas post-materiales y la política del orden del general francés… se quedó con este último. En cambio, los jóvenes de clase media, y los jóvenes en general, defendían ahora valores postmateriales (necesidades de pertenencia, estéticas e intelectuales) y se inclinaban hacia una izquierda que entendía esas demandas como parte del cambio social. En suma, el proceso de desclasamiento estaba ya en marcha.

En uno de sus últimos trabajos Inglehart recoge un gráfico en el que se puede observar cómo los partidos políticos de las sociedades occidentales han ido modificando sus prioridades políticas, medidas a partir de sus programas electorales. Hasta la década de los setenta las mayores preocupaciones de los partidos habían sido de carácter económico, es decir, materiales. Sin embargo, desde entonces y sobre todo a partir de los ochenta los partidos han dado mayor peso a las demandas no-económicas en sus ofertas políticas. Inglehart ve aquí una ratificación de su tesis, pues reflejaría que actualmente la mayoría de los partidos dan más importancia a los conflictos culturales (en los que incluye la inmigración, el terrorismo, el matrimonio homosexual, el aborto, las identidades de género, etc.) que a los económicos.

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El sector servicios como el motor de la creación de empleo

Autor: Fernando Luengo

Otra Economía

Los servicios han sido, desde hace décadas, el principal baluarte de las políticas ocupacionales de las economías europeas, y, en general, del mundo capitalista desarrollado. Este sector –que agrupa a un heterogéneo conjunto de actividades que presentan como denominador común ser relativamente intensivas en la utilización de trabajo– ha absorbido buena parte del empleo “liberado” por la agricultura y la industria.

Poniendo el foco en la Unión Europea, en el caso de las actividades agrarias, el número de trabajadores se ha reducido entre 1995 y 2016 en algo más de siete millones (toda la información estadística procede de Ameco), aportando en este último año el 4,5% del empleo total (en algunos países, como por ejemplo Rumania y Bulgaria, los registros son sustancialmente más elevados; este porcentaje alcanzaba en ese último año el 23,6% y el 18,3%, respectivamente). Todos los socios comunitarios, con la excepción de Malta –donde la contribución de la agricultura no llega al 2%–  han seguido esta tendencia.

También en la industria la UE ha conocido, salvo en Luxemburgo, un drástico retroceso en el número de personas ocupadas. En el mismo tramo temporal, 1995-2016, el empleo perdido ha sido algo mayor que en la agricultura, lo que ha llevado su peso relativo en la ocupación global desde el 21,1% al 15,3% (también aquí encontramos diferencias sustanciales, como en la República Checa, donde la industria aportaba en 2016 el 29,1%, y en Polonia el 23,6%).

El contrapunto de esa evolución ha sido el sector servicios. Dentro de la UE, el número de personas ocupadas a lo largo del período considerado ha aumentado en casi 43 millones, cifra muy superior a los puestos de trabajo destruidos en los sectores primario y secundario. lo que supuso un aumento de más de diez puntos en su contribución a la totalidad del empleo, pasando desde el 63,2% en 1995 hasta el 73,9% en 2016.

Así pues, como se señalaba al comienzo, el sector servicios ha actuado como colchón amortiguador y como dinamizador del empleo (gráfico), absorbiendo el destruido, tanto en la agricultura como en la industria, y canalizando asimismo la demanda de empleo procedente de los jóvenes que cada año se incorporan al mercado de trabajo.

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Pensar con Marx hoy. Congreso Internacional en el 200 aniversario del natalicio de Karl Marx, 2-6 de octubre 2018, Madrid (UCM; Campus de Somosaguas, Facultad de CC. Políticas y Sociología)

Autor: Consejo de Redacción

Pensar con Marx hoy

Congreso Internacional en el 200 aniversario del natalicio de Karl Marx

Madrid, 2-6 de octubre 2018

Organizan
Fundación de Investigaciones Marxistas (FIM), Fundación por la Europa de los Ciudadanos (FEC) y Red Transform!

Colabora
Universidad Complutense de Madrid (UCM)

Apoya
Euro-Mediterranean University Institute (EMUI) de la UCM y Fundación Rosa Luxemburgo

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El oscuro papel de la CNMC

Autor: Juan Ruiz

ctxt.es (La Paradoja de Kaldor)

La preocupación por la regulación del alquiler turístico se ha convertido en una cuestión global, y son ya muchas ciudades las que han tomado medidas: Nueva York, Los Ángeles, Tokio, París, Berlín, Londres, Reikiavik o Ámsterdam. Entre estas medidas destacan la política One host, one home de Nueva York, por la que un propietario no puede publicitar más de una propiedad; o el modelo de Reikiavik, por el que se implementa un límite económico de 8.000 dólares al año para que los particulares puedan alquilar sus casas a través de estas plataformas. Como es sabido, en España algunos ayuntamientos –como el de Madrid o Barcelona– ya están adoptando también medidas en el mismo sentido, impulsando una nueva regulación del alquiler turístico que haga compatible dicha realidad con el derecho de la ciudadanía a acceder a una vivienda. España es una gran potencia turística, el país de la OCDE donde el turismo aporta más al producto interior bruto, y el segundo con mayor afluencia turística, con 82 millones de visitas.

La CNMC publicó el pasado 19 de julio un informe sobre la regulación de las viviendas de uso turístico (VUT) en España. En dicho informe se realiza un análisis sobre los efectos del incremento de la oferta de alquileres de viviendas de uso turístico y se dan una serie de recomendaciones a las administraciones públicas. El informe considera que no existe relación entre el aumento de los precios de los alquileres en las grandes ciudades y el éxito de las plataformas de alquileres de vivienda de uso turístico, utilizando los mismos argumentos que el lobby del sector, y obviando cualquier estudio académico que muestre la existencia de un vínculo entre el éxito de estas plataformas y la subida de precios del alquiler en las grandes ciudades. Al igual que ocurrió durante la burbuja inmobiliaria, la lectura de la CNMC es que es el mercado quien debe regular –en exclusiva– los precios, aunque esto suponga un descenso en la calidad de vida de los ciudadanos. Estas conclusiones que eluden contemplar, en su justa dimensión, las consecuencias económicas y sociales que se derivan de la desregulación total de los alquileres turísticos, así como lo sesgado del análisis, invitan a cuestionar la supuesta imparcialidad del organismo y lo que es más preocupante la captura de este por el lobby del sector.

Los efectos positivos que la CNMC recoge en su informe se pueden agrupar en los siguientes puntos que a continuación comentaremos: 1) incrementa la oferta turística, reduce costes y mejora la calidad ofertada; 2) actúa contra el aumento de precios en temporada; 3) elimina la información asimétrica; 4) permite la trazabilidad y una mayor transparencia de las transacciones económicas; 5) permite la entrada de particulares en el mercado; 6) moderniza los barrios del centro de las ciudades.

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Municipalismo para no exportar Extremadura

Autor: Angel Calle Collado

Saltamos Extremadura

Varios fantasmas recorren Extremadura: la emigración de las personas más jóvenes, la precariedad social, el deterioro ambiental, una creciente desigualdad interna y un aumento de la misma con respecto a regiones de nuestro entorno. Son todos viejos, pero no por más sabidos dan menos susto. Y tienen que ver principalmente con la exportación de Extremadura. Sí, sí, con una economía centrada en la exportación de la propia Extremadura. No de productos elaborados en ella sino de las mismas bases de producción y reproducción sociales: nuestros ecosistemas y los seres humanos que la habitamos. Es decir, perdemos fertilidad y degradamos bienes naturales por un lado; y por el otro lado, no cesa la amenaza constante de despoblamiento de zonas rurales y aumento de la emigración de nuestros jóvenes.

¿Soluciones? Complejas, de corto, medio y largo plazo. Pero sin duda la diversificación productiva, la inversión en sectores pujantes que tengan que ver con economías más sostenibles y la creación de mercados más locales y directos es parte del camino. Y para asfaltar, sembrar mejor dicho ante el previsible encarecimiento del petróleo en la próxima década, el municipalismo puede jugar un papel importante. Por municipalismo entiendo en este artículo el desarrollo de políticas de proximidad. Política realizada por ayuntamientos, por ciudadanía activa, por asociaciones locales y por cooperativas o por tejido empresarial que atiende a las necesidades locales y que cuida de su entorno.

Para hablar de ello en Extremadura estamos impulsando un Encuentro por un Municipalismo transformador. Será en Carcaboso, los días 5 y 6 de Octubre. Para compartir experiencias, miradas y tratar de impulsar agendas que vayan más allá de consideraciones ideológicas. Muchas de estas apuestas están ya en vigor, pero son desconocidas para la ciudadanía o para la clase política. En este artículo paso a desarrollar la crítica y las alternativas a dichos fantasmas, puntos que pueden servir de antesala a los debates y construcciones que por allí impulsaremos.

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JORNADAS ECONOMÍA CRÍTICA 2018: Mañana y pasado, Universidad de León (España)

Autor: ASOCIACION ECONOMIA CRITICA

Mañana, jueves 20 de septiembre y pasado, viernes 21, se van a celebrar en la Universidad de León (España) las XVI Jornadas de Economía Crítica, con el título 10 años de ajuste… ¿Hacia dónde?

En el enlace a continuación se puede encontrar el programa de las Jornadas y las ponencias que se expondrán en ellas:

http://www.asociacioneconomiacritica.org/programa/

¡Nos vemos en León!

Armas o puestos de trabajo. Un dilema inaceptable

Autor: Fernando Luengo

Otra Economía

“Producir y vender armas o más desempleo y menos ingresos en concepto de exportación”. Este es el dilema, en apariencia ineludible, al que nos enfrenta la dura y exigente realidad, a cuenta de los contratos de suministro de diferente material militar comprometidos por nuestro gobierno con el de Arabia Saudita.

Las grandes corporaciones y los lobbies empresariales que conforman la industria militar lo tienen claro (y no quieren ningún debate público al respecto): seguir, con la complicidad del poder político con el formidable negocio de la producción y venta de armamento. Para ello necesitan mercados, que estos grupos encuentran y alimentan en los numerosos conflictos militares, que sufren principalmente los países pobres, en los gobiernos represivos y en las redes que articulan el terrorismo internacional.

Es de sobra conocido, aunque no suficientemente denunciado, que estos mercados los sostienen -sin remilgos y sin escrúpulos– estos intereses; promoviendo y manteniendo guerras, comerciando con todas las partes en conflicto, suscribiendo contratos de aprovisionamiento con regímenes dictatoriales y eludiendo o ignorando todas las disposiciones internacionales.

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Poder sindical, huelgas y negociación colectiva en el País Vasco (1995 – 2017)

Autor: Lluís Rodríguez Algans

Pinceladas de Autogestión

A continuación reproduzco el resumen y presentación de la comunicación presentada con Jon Las Heras en el XI Congreso Vasco de Sociología y Ciencia Política el 6 de Septiembre de 2018 en Bilbao: Poder sindical, huelgas y negociación colectiva en el País Vasco (1995-2017)

Según Richard Hyman, la huelga es una de las mayores expresiones de conflicto entre trabajo y capital: el proceso productivo y comercial se detiene, se activa la presión económica y financiera hacia las empresas y tanto la parte trabajadora como la empresarial consolidan sus posiciones alrededor de unos intereses estructuralmente diferenciados en la confrontación y el eventual acuerdo colectivo.
A pesar de que en Euskadi se organizan prácticamente un tercio de las huelgas de todo el Estado español, la influencia que tienen las estrategias organizativas sindicales en las dinámicas de negociación colectiva y en el desarrollo de los conflictos laborales no han sido objeto de estudio desde una perspectiva de Economía Política del Trabajo.
Así, este estudio analiza una realidad histórica particular, y arguye cómo la política sindical y los recursos de infraestructura del sindicalismo mayoritario del País Vasco, a diferencia del sindicalismo español en la CAPV, derivan en una mayor capacidad potencial de confrontación y uso de la huelga cómo herramienta central para la negociación colectiva. Los recursos de infraestructura cómo son las personas asesoras sindicales, los gabinetes económicos y jurídicos y sobre todo la caja de resistencia confederal, definen los contornos de las organizaciones y poder sindical vasco en la negociación colectiva, y explican sustancialmente esa proporción de huelgas sobre población asalariada. El uso extensivo de la caja de resistencia con un subsidio diario de huelga superior al SMI para cada huelguista, refuerza el poder laboral y sindical, permitiendo introducir en los convenios vascos ‘cláusulas anti-reforma laboral’ y en su caso, llegar a mayores niveles de confrontación para la consecución de mejores contenidos cuantitativos y cualitativos de negociación colectiva.

Más demanda para más crecimiento, ¿este es el camino?

Autor: Fernando Luengo

Otra Economía

Desde la economía crítica a menudo se reivindican las políticas de demanda -expansivas- frente a las de oferta -contractivas-. Como si el núcleo del debate para dejar atrás la crisis estuviera situado alrededor del dilema expansión-contracción de la actividad económica. Con esta limitada perspectiva se postula otra combinación de políticas económicas donde tengan un mayor protagonismo las fiscales, basadas en el aumento del gasto público.

Es cierto que hay que superar las denominadas “políticas de oferta”, cuyo pilar es la represión salarial. No sólo porque tienen un efecto procíclico -agravan la recesión cuando se llevan a cabo en contextos de débil demanda e inversión-, siendo un factor de contracción de la demanda agregada. También, y muy especialmente, porque erosiona la capacidad de negociación de los trabajadores y promueve una cultura empresarial conservadora y socialmente depredadora, además de ser la piedra angular de una formidable concentración de la renta y la riqueza en muy pocas manos.

Resulta evidente, asimismo, que hay que activar la demanda, dados los todavía elevados niveles de desempleo, los efectos deflacionistas de las medidas de contención salarial y la necesidad de reforzar la inversión pública y privada.

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