Economía Crítica y Crítica de la Economía

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Francia arde: los “Chalecos Amarillos”

Autor: Jose Luis Carretero Miramar

Revista Crisis

El pasado sábado 8 de diciembre, cerca del mediodía, la policía francesa informaba que había efectuado cerca de 700 detenciones en relación con las movilizaciones de los llamados “Chalecos amarillos”. El día amaneció tenso y frío en París, una capital donde se habían retirado más de 2.000 elementos del mobiliario urbano para que no pudieran ser utilizados como armas por los manifestantes, donde los museos, centros culturales, gimnasios y mercadillos habían sido cerrados por las autoridades, así como cerca de una veintena de estaciones de Metro, y donde la Asistencia Pública de los Hospitales de París había preparado un “dispositivo de vigilancia reforzada” por lo que pudiera suceder. El país entero ha sido tomado por más de 89.000 policías.

Las movilizaciones recurrentes de los llamados “chalecos amarillos” han sacudido Francia en los últimos meses, poniendo contra las cuerdas al gobierno neoliberal de Emmanuel Macron (que ha suspendido por seis meses la subida del precio de los carburantes que desató la brutal ola de manifestaciones y disturbios) y haciendo aparecer en las calles una amplia amalgama de manifestantes airados de diversos sectores (agricultores, transportistas, estudiantes, sindicatos, trabajadores de la salud…) que parecen a punto de reeditar la enorme sacudida que significó la revuelta de mayo de 1968, en una sociedad francesa en la que las encuestas afirman que más del 80 % de la población apoya a los manifestantes, pese a la dura violencia que ha acompañado en algunas ocasiones (no en todas) a sus reivindicaciones.

La orgullosa Francia que presiona a Alemania en busca de una mayor unidad europea y que provoca a Donald Trump hablando de la posibilidad de construir un ejército comunitario independiente, parece a punto de plantearse la necesidad de declarar el estado de emergencia y la limitación de las libertades civiles, mientras las imágenes de detenciones colectivas de estudiantes secundarios, tratados por la policía como en la más amarga guerra colonial, recorren las televisiones del mundo entero. Entonces, ¿cómo se ha llegado hasta aquí?

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De la banalización del fascismo a la normalización de la extrema derecha

Autor: Alberto Garzon Espinosa

Pijus Economicus

En 1954 comenzó la guerra de independencia de Argelia frente a su metrópoli francesa. Habían pasado nueve años desde el final de la II Guerra Mundial, en la que miles de argelinos habían luchado y muerto en el bando aliado (por cierto, excepcional película sobre la cuestión: Indígenesde Rachid Bouchareb), y ahora Francia tenía que hacer frente a la descomposición del resto sus colonias. El vasto imperio francés se había ido desmoronando en el transcurso de la IIGM y otras muchas colonias se perdieron inmediatamente después, por ejemplo las actuales Camboya, Laos y Vietnam. Sin embargo, la guerra de Argelia fue especialmente dura para el espíritu nacional francés, algo que describe bien el hecho de que una película como La Batalla de Argel, producida en 1966, estuviera prohibida en la Francia democrática hasta 1971.

Pero aquella guerra tuvo otros efectos menos conocidos. Aunque para los colonizados el conflicto se remontaba al siglo XIX en forma de saqueos, explotación y opresión, en Francia los movimientos conservadores exprimieron durante la guerra el orgullo herido del mítico imperio. Los partidos de derechas y católicos radicalizaron sus discursos nacionalistas, imperialistas y anticomunistas (Indochina se había perdido frente a Ho Chí Minh), volviendo a normalizar un discurso que desde el final de la II Guerra Mundial había sido políticamente incorrecto. Esa circunstancia fue aprovechada por el poujadismo, un movimiento populista de la pequeña burguesía (el partido liderado por Pierre Poujade se llamaba Unión de Defensa de los Comerciantes y Artesanos) al que Maurice Duverger definió como fascismo primitivo. De hecho, en las elecciones de 1956 el poujadismoobtuvo 56 diputados en la Asamblea Nacional, siendo uno de ellos Jean-Marie Le Pen, quien había sido uno de los centenares de miles de soldados que participaron en la guerra de Argelia. En 1972 Le Pen fundaría el Frente Nacional, un aglomerado de partidos de extrema derecha que, con un discurso ultranacionalista y xenófobo, criticaba a la derecha democristiana por blanda y centrista, y que diez años después superaría el 10% en las elecciones europeas.

Es decir, en la Francia más vacunada contra el fascismo, la que había sido liberada en 1944, apenas hicieron falta diez años para que nuevas formas de fascismo se abrieran paso a través del nacionalismo y el relato mitificado de la historia del antiguo imperio. Fue la normalización del discurso reaccionario la que permitió la consolidación y crecimiento de las nuevas formas de extrema derecha.

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Entrevista a Yayo Herrero: “Mirar desde el prisma de la sostenibilidad de la vida nos lleva a asumir la urgencia en ponernos de acuerdo”

Autor: Yayo Herrero

El Salto (Santiago Canales)

Yayo Herrero (1965) es antropóloga, profesora universitaria en la UNED y miembro de Ecologistas en Acción. Ha publicado numerosos artículos y libros sobre ecología y feminismo. El último, La vida en el centro. Voces y relatos ecofeministas, un libro escrito a seis manos junto a María Gonzalez Reyes y Marta Pascual en el que combinan los relatos y el ensayo para dar cuenta sobre lo que importa realmente, para señalar como prioridad absoluta la defensa de una vida digna. En esta entrevista reflexiona sobre la sostenibilidad de la vida, la articulación de una agenda para hacer frente a la crisis ecológica y social y el avance de la extrema derecha.

Una serie de artículos a raíz de la ley Decreto Dignidad del gobierno italiano ha reabierto un debate sobre la soberanía y la reivindicación del Estado-nación frente a la globalización capitalista. ¿En qué medida es suficiente con recuperar el poder del Estado para acometer transformaciones sociales profundas? ¿Cómo articular una respuesta frente al poder global?
Yo no creo que nadie haya planteado que sea suficiente recuperar el poder del Estado para acometer transformaciones profundas. Creo que lo que se planteaba es que desde la esfera del Estado-nación había posibilidades de recuperar dinámicas de autogobierno que en este momento están desapareciendo a pasos agigantados. Para mí, no hay una sola escala desde la que, suponiendo que se orientase a resolver los problemas de las personas más vulnerables, pudiesen resolverse todos los problemas. Tenemos una situación grave y compleja que requiere medidas transescalables. Hay asuntos que se pueden afrontar mejor desde lo municipal, otros desde el marco del Estado y otros son problemas supranacionales.

En cualquier caso, lo que sí tengo claro es que, teniendo en cuenta el cambio climático y el declive de energía, materiales, recursos pesqueros o biodiversidad, la esfera material de la economía decrecerá sí o sí. Por tanto, será preciso pensar, más pronto que tarde, en la relocalización de la economía. Somos dependientes en un 80% de la energía y los materiales de otras zonas ya casi agotadas del planeta. Por solidaridad y justicia con quienes viven en esos territorios, y por la propia seguridad y protección de las mayorías sociales también en nuestro país, es urgente pensar en cómo racionalizar el metabolismo económico, la producción y el consumo.

El artículo escrito por Anguita, Monereo e Illueca resultó muy polémico porque valoraba positivamente esas medida sin tener en cuenta el componente racista del gobierno italiano y el auge de la extrema derecha en Europa. ¿Debe la izquierda competir con estos movimientos y partidos por el concepto de lo nacional?
Anguita, Monereo e Illueca no escribieron uno sino varios artículos e hicieron diversas entrevistas en las que pudieron ampliar, matizar y enriquecer las argumentaciones al escuchar las criticas que se fueron produciendo. Yo no comparto completamente todos sus puntos de vista, pero creo que pusieron encima de la mesa un debate a todas luces necesario, ante el que otras personas han reaccionado aportando piezas a un puzzle complicado que, hoy por hoy, nadie sabe cómo terminar.

No creo que las izquierdas tenga que competir con los movimientos neofascistas por el concepto de lo nacional. Creo que las izquierdas deben situar como prioridad la emancipación de todas las personas subordinadas y subyugadas por un capitalismo que ya no es solo una forma de producción sino una antropología que ha decretado que el dinero y el crecimiento económico es sagrado y que todo debe sacrificarse —condiciones laborales, derechos sociales, libertad de expresión, territorios, vidas dignas, etc.— ante él. Ese sometimiento de todo lo vivo se da dentro y fuera de las fronteras nacionales. Para mí, sería terrible también una izquierda que defendiese formas de vida de la “clase obrera española” que solo puedan mantenerse arrasando, invadiendo, matando y violando otros territorios y otras vidas.

En esa batalla que hay que librar en diferentes escalas, ¿dónde queda el marco nacional?
Desde este punto de vista, el reconocimiento de nuestro territorio como el lugar del que tendremos que obtener lo necesario para vivir y en el que establecemos las relaciones sociales y construimos la vida en común es fundamental. El territorio en el que vivimos es el lugar en el que podemos hacer políticas que apunten a la justicia. Es en este territorio concreto en el que vamos a tener, por ejemplo, que adaptarnos de forma justa a un cambio climático que no se va a expresar como en Noruega o como en Canadá, sino con especificidades propias que tendremos que abordar. Es en este territorio concreto en el que tendremos que buscar soluciones cuando los oscilantes picos, aunque cada vez más frecuentes, de los precios de la energía se lleven por delante industrias y puestos de trabajo, sin que haya nuevas fuentes milagrosas que explotar y al poder económico le importe poco sacrificar las vidas y el bienestar de personas que considera sobrantes.

Tenemos un importante marrón, que el movimiento ecologista lleva planteando desde hace más de 40 años, y las soluciones no son fáciles ni desde luego se van a construir sobre la recuperación de un estado de bienestar con la lógica del que se construyó después de la Segunda Guerra Mundial. Creo que recuperar la noción de ecodependencia e interdependencia puede ayudar en un sentido de pertenencia al territorio y a la comunidad que evite que las luchas entre pobres que tan bien le vienen a los populismos de ultraderecha.

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Una alternativa para el Marco Financiero Plurianual de la Unión Europea para 2021-2017

Autor: Daniel Albarracin

Sin Permiso

La política y los discursos se quedan en nada si no se materializan en prácticas y recursos con un sentido concreto.

El Marco Financiero Plurianual de la UE nos recuerda, con frialdad, el lado material de la política. En él, se retrata la vocación práctica de la UE en su política concreta, al encuadrar, delimitar en volumen y transferencias internas los capítulos presupuestarios a medio plazo. No se trata, como suele presentarse, de un ejercicio de planificación presupuestaria para siete años, sino precisamente lo contrario: un corsé para limitar la acción política de la Unión, cuanto menos en lo que concierne a las políticas prácticas.

La Unión Europea es, en resumidas cuentas y, sobre todo, un espacio de concertación y de legitimación de las políticas de las clases dirigentes europeas. Unas políticas que sobre todo se aplican a nivel nacional, y la Unión establece el paraguas para facilitar la implantación de políticas neoliberales.

Como decimos, el Marco Financiero Plurianual impone al menos dos techos a la expansión de los presupuestos europeos, y lo hace para un plazo de 7 años, nada menos.

El primer techo es el de los recursos propios con los que se dota de medios la Unión. El endeudamiento no está contemplado.

El segundo, son precisamente los techos de gasto que se establecen para el conjunto de los presupuestos anuales y para cada gran encabezado presupuestario.

Aunque, hay otros muros que son mucho más importantes: Unos tratados europeos que blindan la naturaleza neoliberal de la Unión; un Consejo que debe decidir por unanimidad cualquier modificación y que está liderado y bloqueado sistemáticamente por los grandes países; y un marco institucional y una arquitectura económica que sólo está al servicio de las grandes corporaciones transnacionales y en especial de la industria energética y financiera.

Nuestra acción política debe mostrar las contradicciones del proyecto europeo. Y cabe hacer dos cosas, sabiendo que a esta UE sólo se la puede cambiar fuera de los cauces que sus instituciones establecen: o refugiarnos en el Estado Nación, o, si somos internacionalistas, reivindicar Otra Europa. Lo primero no permite afrontar la violencia del capitalismo global, pues el Estado-Nación tiene herramientas limitadas por sí solo. Lo segundo, es al menos un ejercicio pedagógico, y que, sin duda no nos van a regalar si queremos construirlo. Cuando la gente vea que lo socialmente justo y razonable no cabe en sus instituciones, ensancharemos la legitimidad para que, sin abandonar nuestras aspiraciones de internacionalismo solidario, podamos construir proyectos alternativos. Posiblemente a pesar y seguramente teniendo en contra a esta UE, a sabiendas de que la Unión Europea es el principal enemigo de las clases populares europeas, y no sólo las europeas. Un proyecto que habrá de constituirse necesariamente con otras instituciones, y con el soporte de pueblos soberanos, coincidan o no con el club actual de Estados Miembros; con marcos democráticos reales en el que los parlamentos cuenten con primacía; con una arquitectura económica favorable a la convergencia socioeconómica real, y con políticas económicas socialmente progresistas y ecológicamente sostenibles.

El todavía en vigor MFP 2014-2020 ya supuso un primer recorte respecto a MFP anteriores. El techo se estableció en el 1% de la Renta Nacional Bruta Europea.

Ahora la Comisión plantea un crecimiento hasta el 1,08% de la RNB (un 1,11% si incluimos el Fondo de Desarrollo Europeo). Y el Parlamento propone un ascenso tímido hasta apenas el 1,3% de la RNB, para el MFP 2021-2027. El Consejo es aún más terco y pretende contenerlo aún más. Como señal, las tensiones vividas con la negociación del presupuesto para 2019, en el que reclama fuertes recortes en el programa Horizon 2020, cuyo principal beneficiario es el Reino Unido, y con pretensiones de reducir el presupuesto europeo al 0,8% de la RNB de la UE. Posiblemente, para marcar la pauta en las actuales negociaciones para el próximo MFP.

En términos de peso macroeconómico todas estas propuestas son sencillamente ridículas. Informes poco sospechosos de progresistas, como el que redactaron Werner o McDougal en los años 70, ya indicaban que una economía de mercado sin al menos un peso compensatorio de un sector público, con políticas redistributivas, que alcance al menos un peso del 7% del PIB, sólo puede conducir a agudizar las desigualdades y divergencias. Esta tendencia no puede más que intensificarse, con la arquitectura económica que soporta la moneda única desde comienzos de milenio, que entraña un mecanismo de transferencia de las crisis económicas del centro a las periferias y un esquema que favorece a los países superavitarios, como es el caso de Alemania.

Las grandes líneas para el nuevo marco presupuestario nos resultan no sólo austeritarias, sino también reaccionarias, más allá que algunas medidas que crecen sean, dentro de un peso en el peso global menor, fáciles de vender. El Parlamento ha definido su posición, y defenderá medidas que no tienen objeción: en materia de investigación e innovación, la Garantía infantil, COSME, LIFE+, la iniciativa juvenil de empleo o Erasmus+, que, como decimos, representan un porcentaje menor dentro de la estructura de los presupuestos europeos. Decimos que va a tener una impronta reaccionaria porque el Consejo apela a una reducción brutal de la política de Cohesión y la Política Agraria Común; la Comisión también apuesta por reducir sustancialmente la PAC en un 16%, coincidiendo con el Consejo; pero también el Parlamento coincide con ellas, en fortalecer la política de control de fronteras, de control de los flujos migratorios o de defensa, proponiendo un crecimiento enorme en estas líneas.

A este respecto, tenemos que hacer mención que la PAC representa a día de hoy en torno al 39% de los presupuestos europeos. Aunque necesita reforma en su distribución -que se concentra en grandes terratenientes y debiera llegar al pequeño productor, así como potenciar la agricultura de proximidad ecológica-, parece que de lo que se trata, para las instituciones europeas, es simplemente de quitarle recursos para llevarlos a sus nuevas prioridades.  Las políticas que también tienen un propósito de cohesión podrían ascender hasta un 34% del total. Se está produciendo una ola conservadora para ir condicionando la provisión de fondos sociales al cumplimiento de políticas de ajuste, y el trasvase lento de parte de estos fondos para financiar nuevas políticas de financiación de la inversión que ahora se están discutiendo que vendrían acompañadas de una condicionalidad austeritaria si se solicitan en caso de crisis. Es con estos fondos, especialmente recortando en la PAC, con los que se plantea una nueva adaptación austeritaria, esto es, autoritaria y neoliberal del presupuesto de la Unión Europea, y por tanto de su política económica concreta.

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Unas notas sobre qué deberíamos hacer

Autor: Alberto Garzon Espinosa

Pijus Economicus

Al grave problema que supone la ola reaccionaria que ha entrado en Andalucía hay que sumar la rabia que da ver que entre todos predijésemos este escenario y no hayamos sabido o podido evitarlo. Aunque, a decir verdad, la irrupción de la extrema derecha era hasta cierto punto inevitable porque como espacio político estaba incrustada en las entrañas del PP y sólo necesitaba de ciertas condiciones para emanciparse. El problema real lo tenemos en que ese hecho ha coincidido con una desmovilización muy notable de votantes de izquierdas que prefirieron la abstención a votar a nuestra candidatura o a la de otras organizaciones progresistas. Eso es enteramente culpa nuestra, y ahora nos toca acción, mucha acción, para revertir este panorama.

No obstante, reconozco que me preocupa la actitud que ha tomado una parte de la izquierda, al menos en redes sociales. La expiación de culpa es un fenómeno que no me atrae, pues me parece más útil la autocrítica y la propuesta. Lo de estos días alguien lo definió anoche como “navajeo” y no me parece una metáfora desencaminada. En vez de eso lo que necesitamos es unidad, claridad y mucha acción. Y si bien como coordinador federal de una organización comprometida con una sociedad con justicia social puedo garantizar que desde esta casa haremos todo lo posible, también tengo que pedir que nos pongamos todos a la altura. Y claro, pensando en por qué hay tanta crispación en este lado del eje, creí que una pequeña explicación sobre cuál es la propuesta de IU podría ayudar.

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Plataformas colaborativas y trabajo flexible. Tecnología y nueva precariedad

Autor: Jose Luis Carretero Miramar

Revista Trasversales número 45 octubre 2018

Otros textos del autor en Trasversales

José Luis Carretero Miramar
es profesor de Formación y Orientación Laboral. Miembro del Instituto de Ciencias Económicas y de la Autogestión (ICEA).



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El mundo de la mercancía trata de colonizar el avance tecnológico y científico de la humanidad para convertirlo en una nueva fuente de plusvalor. Entre las teorías del software libre y el internet abierto de Richard Stallman y las dinámicas de captación de los flujos de valorización del trabajo en el mundo virtual por parte de magnates como Jeff Bezos o Elon Musk, hay un abismo de confrontación y conflicto. Un conflicto que puede entenderse desde un viejo concepto: lucha de clases

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La represión salarial avanza

Autor: Fernando Luengo

La Marea

El término “austeridad” –tramposo y equívoco como pocos–, aplicado a los salarios, hace referencia a las políticas destinadas a moderar o reducir las retribuciones de los trabajadores con el objetivo de activar la inversión, mejorando los márgenes de beneficio de las empresas, y promover la competitividad, ajustando los precios de los bienes y servicios colocados en los mercados doméstico, europeo y global.

No entraré a valorar los resultados de estas políticas, que han sido, en el mejor de los casos, discretos, o, directamente, negativos. Pero sí quiero llamar la atención del lector sobre una dimensión de la represión salarial –¡llamemos a las cosas por su nombre!– que trasciende los datos estadísticos sobre la evolución seguida por los salarios nominales y reales. Esta información es, por supuesto, muy necesaria, pero resulta claramente insuficiente para tener una visión cabal de lo que está ocurriendo en el mundo del trabajo.

La Sexta Encuesta Europea sobre las Condiciones de Trabajo 2015 elaborada por Eurofound aporta una batería de indicadores, de naturaleza más bien cualitativa, que da cuenta de la verdadera magnitud del ajuste salarial. Dos de las preguntas contenidas en el apartado denominado “Intensidad del trabajo” hacen referencia a las condiciones en que los asalariados realizan su trabajo: a) ¿Su puesto de trabajo conlleva trabajar a gran velocidad?, y b) ¿Su puesto conlleva trabajar con plazos muy ajustados? El valor añadido proporcionado por estos y otros indicadores que aparecen en el cuestionario es que abren la “caja negra” de las empresas, para preguntarse qué está sucediendo con las condiciones laborales de los que han conservado su empleo o han conseguido uno nuevo.

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Economía sin frenos: de inercias, lobbies y demandas pseudo-igualitarias (Cuaderno postcrisis: 12)

Autor: Albert Recio Andreu

Mientras Tanto

I

De nuevo estamos inmersos en una dinámica que parece incontrolable. Cada día nos anuncian que estamos ante un cambio tecnológico imparable. Las finanzas vuelven a estar fuera de control (hasta el ortodoxo FMI da alguna señal de aviso al respecto). La especulación inmobiliaria a escala internacional azota a las grandes ciudades del mundo. Y, pese a los cada vez más alarmantes informes sobre el cambio climático, la dinámica depredadora no se detiene. En el plano local, la combinación de especulación con el suelo y la vivienda, el turismo de masas y las nuevas formas de distribución están remodelando el espacio urbano sin que nadie sea, por el momento, capaz de cambiar en serio sus lógicas depredadoras.

Estamos ante dinámicas económicas que conducen al desastre ecológico y social. Y que constituyen una parte del contexto sobre el que florecen respuestas reaccionarias que no harán más que realimentar los problemas. Sin duda hay que pensar en respuestas, pero primero hay que hacer el diagnóstico. Evidentemente, cada cuestión tiene sus especificidades y requiere ser analizada en concreto. Pero considero que, en todas ellas, y especialmente en la cuestión ambiental, actúan elementos comunes que me parece útil destacar.

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Verdades y mentiras de la subida del salario mínimo

Autor: Ivan H. Ayala

ctxt.es (La Paradoja de Kaldor)

Resulta interesante el debate sobre el SMI que se está produciendo al hilo de los últimos acontecimientos políticos. La última de las aportaciones al debate fue la del gobernador del Banco de España apuntando un impacto negativo en el empleo en trabajadores menos cualificados y jóvenes en Sede Parlamentaria. En realidad, el gobernador estaba leyendo las conclusiones del informe anual de 2017 publicado en mayo del 2018, por lo que no parece que haya nada novedoso en el análisis. En dicho informe de hecho se dice que el incremento experimentado en 2017 por el SMI (8%) “estaría teniendo efectos agregados reducidos tanto sobre el empleo como sobre los salarios”. Los economistas repiten como un mantra “no hay evidencia empírica concluyente” aunque ese mantra es mentira: existe una evidencia abrumadora en economía que muestra que el salario mínimo (SM) no tiene un impacto sobre el empleo agregado de una economía. La explicación de dicha situación puede dar algunas claves interesantes que nos ayude a entender el problema.

Los contrarios a su subida (la escuela neoclásica) han argumentado tradicionalmente que la existencia de un salario mínimo introduce una rigidez que hace que el salario se sitúe por encima de la productividad del trabajo generando desempleo involuntario. Los partidarios de su incremento no lo hacen porque tenga un impacto positivo, sino por motivos de justicia social. La teoría económica respecto al SM solo provee soluciones para casos extremos. Por un lado en un mercado perfectamente competitivo, la introducción de un SM tendría un impacto negativo en el empleo al estar por encima del correspondiente al nivel de equilibrio. Por otro, un mercado monopsónico, donde el empleador tiene poder de mercado, y establece un SM inferior al de equilibrio, un incremento del mismo hasta dicho nivel puede generar un incremento del empleo. Fuera de esos dos casos extremos (es decir, en la realidad), la teoría no da elementos concluyentes, por lo que el debate respecto al papel de un SM -tan antiguo casi como el trabajo asalariado- se reproduce cada vez que se decide políticamente utilizar esta herramienta.

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Ciclo de cine foro #LaOtraActualidad: In the same Boat (Jueves 22 de noviembre, 19:30h, Cines Golem, Madrid)

Autor: Economistas Sin Fronteras

La imagen puede contener: océano, cielo, exterior y agua

En esta tercera sesión del ciclo de cine foro “La Otra Actualidad” proyectamos el documental “In the same boat“, y acto seguido comenzará el debate: ”¿Nos salvará la tecnología del Cambio Climático? con los/as ponentes: Rudy Gnutti (director del documental), Charo Morán (Ecologistas en Acción), Xan López (Contra el Diluvio) y Samuel Martín-Sosa (Ecologistas en Acción.

Esta tercera sesión del ciclo de cine será el Jueves, 22 de noviembre y, como todas las sesiones, tendrá lugar en los cines Golem de Madrid (calle Martín de los Heros, 14) a las 19.30 horas. La entrada es gratuita, pues la actividad se enmarca en la semana del No Consumo.

¡Os esperamos!

La paradoja de la deuda (o cómo evitar caer de nuevo en el error de la austeridad)

Autor: Jorge Uxo y Nacho Álvarez Peralta

Agenda Pública

El análisis macroeconómico nos enseña que los comportamientos que parecen razonables cuando se analizan a nivel individual pueden dar lugar a resultados distintos a los esperados cuando se generalizan en el conjunto de la economía, o cuando quien los adopta es un agente con tanta capacidad para influir en la situación global de la economía como el sector público. Normalmente, nos referimos a estas situaciones como paradojas, y el economista canadiense M. Lavoie señala siete bien conocidas (aquí). Una de ellas es la paradoja de la deuda, que aplicada al caso de la política económica nos diría que los intentos de reducir la ratio deuda/PIB congelando o reduciendo el gasto público pueden acabar, de hecho, elevándola.

Esto es mucho más que una curiosidad teórica: ha ocurrido recientemente, y puede volver a pasar en España si seguimos las recomendaciones que están haciendo instituciones como la Comisión Europea (aquí), el Fondo Monetario Internacional (aquí) o el Banco de España (aquí).  Veamos por qué.

Los cambios en el cociente de la deuda pública sobre el PIB se pueden descomponer en dos efectos. El primero está vinculado al déficit o superávit primario del Estado; es decir, a la diferencia entre el gasto público (excluido el pago por intereses de la deuda) y los ingresos públicos. Si hay déficit, el cociente deuda/PIB tiende a aumentar, porque el Gobierno tiene que emitir nuevos títulos en el mercado primario (dado que, actualmente, el banco central tiene prohibido prestar directamente al Estado). Si lo que se registra es un superávit primario, ocurre lo contrario: la ratio deuda/PIB tiende a reducirse.

Pero también hay un segundo efecto, que suele denominarse bola de nieve, y que puede ser positivo o negativo. Por un lado, el Gobierno tiene que pagar los intereses de la deuda actual, y esto eleva el gasto y la necesidad de emitir nueva deuda. En sentido contrario, si el PIB está creciendo, estos pagos supondrán un porcentaje cada vez menor de la renta. Por tanto, el efecto bola de nieve tiende a reducir el peso de la deuda pública en el PIB cuando la tasa de crecimiento de la economía es mayor que el tipo de interés, y viceversa.

Planteado de esta forma, si lo que se quiere conseguir es una reducción de la ratio deuda/PIB, la recomendación de limitar el gasto público para tener superávits primarios parece una recomendación razonable. Sin embargo, esto sólo es cierto si lo que el Gobierno decide con su política fiscal no tiene efectos en la tasa de crecimiento de la economía, o si este efecto (lo que llamamos el multiplicador del gasto público sobre el PIB) es pequeño. En caso contrario, puede ocurrir que lo que gana el Gobierno con el superávit primario (emitir menos deuda en términos nominales) lo pierda provocando un parón de la actividad económica (se reduce el denominador del cociente y hace que el efecto bola de nieve sea negativo).

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¿Modifican las reformas laborales la ley de Okun?

Autor: Luis Cardenas

ctxt.es (La Paradoja de Kaldor)

Las instituciones españolas y de la UE consideran que las recientes reformas del mercado laboral han mejorado la flexibilidad, permitiendo generar más empleo con una menor creación del PIB.

Esta relación puede analizarse mediante la conocida ley de Okun. Esta regularidad empírica establece una relación significativa, estable e inversa entre la tasa de crecimiento del PIB y la tasa de variación del desempleo. Aunque existen múltiples versiones de esta ley (Ball, Leigh & Loungani, 2017), se suele formular en dos tipos. La versión en diferencias y la versión de brecha o gap.

La primera establece una relación negativa entre las tasas de crecimiento trimestrales de la tasa de desempleo y la del PIB en términos reales. A su vez, se compone de una formalización estática de relaciones contemporáneas y una dinámica, que incluye las variables retardadas. En el segundo caso, se realizan estimaciones mediante procedimientos de filtrado para obtener el elemento tendencial de ambas variables. Permitiendo así calcular en términos de diferencias respecto a su tendencia (componente cíclico). A pesar de que se ha desarrollado una extensísima literatura sobre formas de estimar esta regularidad, usaremos la primera formulación ya que sigue siendo la versión más intuitiva [1].

Ut = α + βYt + ωt

[1]

La tesis más común sostiene que se ha producido un cambio en la curva de Okun por lo que la economía española necesita ahora un menor crecimiento del PIB durante los períodos de expansión que durante el ciclo anterior, principalmente como consecuencia de las reformas laborales, y en concreto de la reforma del año 2012 (Cuerpo, Geli, & Herrero, 2018).

Lo cierto es que existe evidencia de este comportamiento durante la recuperación de la economía española. En el gráfico 1 se muestra la curva de Okun para el período previo al inicio de la recuperación económica (fechada en el tercer trimestre del 2013) y en el período siguiente. Como se puede observar, la curva durante la recuperación se sitúa significativamente a la izquierda, esto implica que es necesaria una menor creación del PIB para reducir el desempleo. De igual forma, la pendiente de la curva no ha variado de manera relevante, así que se reduce el desempleo aproximadamente a la misma velocidad.

Gráfico 1. Ley de Okun (1976T3-2017T3)

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Los planes privados de pensiones no son seguros, ni rentables, ni accesibles a todo el mundo

Autor: Eduardo Garzón Espinosa

Saque de Esquina

El lobby de la banca, utilizando todos los medios que tiene a su alcance (económicos, comunicativos, políticos, publicitarios, etc), lleva décadas tratando de sembrar dudas sobre la sostenibilidad del sistema público de pensiones. Inicialmente su estrategia sólo tuvo un relativo impacto en la sociedad española porque las cifras eran tercas y mostraban año tras año un superávit en la Seguridad Social que ahuyentaba cualquier duda sobre su fortaleza. Sin embargo, la crisis económica iniciada en el año 2008 fue la excusa perfecta en la que se apoyó el lobby de la banca para extender por fin la idea de que algo había que hacer si se querían asegurar las pensiones en el futuro. Los gobiernos del PSOE y del PP interiorizaron la falsa preocupación y se pusieron manos a la obra: el primero diseñó en 2011 una reforma que incluía un retraso en la edad de jubilación y un recorte en la pensión media que alcanza el 20%, mientras que el segundo ideó una reforma que programa un recorte de la pensión media que podría llegar a ser del 15%, todo según estimaciones de Funcas. Si a eso le sumamos las bonificaciones a los planes privados de pensiones que ya se aprobaron antes de la crisis (y que, por cierto, provocan una pérdida de recaudación pública de aproximadamente 2.000 millones de euros cada año), tenemos el caldo de cultivo perfecto para que la gente corra con pavor a contratar planes de pensiones para evitar tener una pensión ridícula en el futuro. Objetivo de la banca cumplido.

Los anuncios sobre planes de pensiones privados están por todos los lados. Siempre muestran una supuesta fórmula de inversión segura, rentable y al alcance de todo el mundo. Pero lo cierto es que no cumple ninguna de esas tres características, ni de lejos. No podemos olvidar en qué consiste básicamente la contratación de un plan de pensiones privado: se trata de depositar dinero en un banco, para que éste trate de rentabilizarlo en los mercados financieros, de forma que si logra su objetivo se quedará con buena parte de la ganancia y trasladará una pequeña parte al ahorrador, mientras que si no logra su objetivo el ahorrador perderá parte del dinero.

No es una inversión segura porque ya ha habido casos en los que personas que habían depositado su dinero con toda la ilusión, descubrieron que habían perdido parte del mismo cuando fueron a retirarlo. No es una inversión rentable porque la mayoría de los fondos ofrecen una rentabilidad inferior a la de la bolsa o incluso a la de los bonos públicos (según el estudio titulado “Rentabilidad de los Fondos de Pensiones en España. 2002-2017”, de entre los 356 fondos de pensiones con 15 años de historia, sólo 4 superaron la rentabilidad del IBEX 35 y 47 la de los bonos del Estado a 15 años). Y no es una inversión al alcance de todos porque para poder contratar un plan es necesario tener capacidad de ahorro, algo de lo que carece una buena parte de la población española.

No hay datos exactos sobre la capacidad de ahorro de las familias pero sí hay estimaciones. La más optimista es la de Fintonic, que pone de manifiesto que sólo 4 de cada 10 personas pueden ahorrar en nuestro país. La más pesimista es la de los técnicos del Ministerio de Hacienda, que señala que el 86,6% de la ciudadanía española no tiene capacidad de ahorro.

Pero lo más importante, ¿quiénes tienen capacidad de ahorro? Cabría suponer que sobre todo las personas con más renta. Y así es. Lo podemos corroborar observando quiénes son los que contratan planes privados de pensiones. Según datos del Banco de España, en el año 2014 (últimos datos disponibles) sólo el 26,1% de la ciudadanía había acudido a una de estas fórmulas de ahorro, siendo mayoritaria la que tiene un elevado nivel adquisitivo. Por ejemplo, si nos centramos en el 20% más pobre de la población, sólo el 5% había inyectado dinero en algún plan privado de pensiones. En cambio, si nos centramos en el 10% más rico, lo había hecho el 60,5%. Y esta relación se mantiene a lo largo de todos los estratos: cuanta más renta, más se utilizan los planes privados de pensiones.

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Construir un colchón fiscal

Autor: Nacho Álvarez Peralta

El País

Tanto el Fondo Monetario Internacional como el Banco de España insisten últimamente en la necesidad de volver a ajustar el gasto público, ahora para disponer de un “colchón fiscal” para cuando llegue la próxima crisis. Sin embargo, construir este margen fiscal siguiendo el camino que marcan estas instituciones impedirá afrontar dos retos económicos ineludibles. El primero tiene que ver con la necesidad de modificar el patrón de salida de la crisis que estamos experimentando: el crecimiento económico no termina de llegar a millones de hogares —a pesar de la creación de empleo—, las desigualdades se mantienen en niveles elevados y se refuerza nuestra especialización en sectores poco productivos. El segundo reto viene dado por la paulatina desaceleración internacional que se espera para los próximos trimestres, y que podría complicar la situación económica. Volver a ajustar a la baja el gasto público no hará sino agravar ambos problemas.

Hay no obstante otra vía alternativa para construir el colchón fiscal que la economía necesita: iniciar las primeras fases de una reforma tributaria que sirva para aumentar los ingresos del sector público. Esta segunda vía, al no cargar los ajustes sobre el gasto, permitirá enfrentar con más garantías los dos retos mencionados. Por un lado, facilitará recursos para poner la política fiscal al servicio de la lucha contra la desigualdad —reforzando el Estado del bienestar—. Además, los nuevos ingresos ayudarán a financiar políticas de inversión que permitan sostener la actividad económica y modernizar el tejido productivo.

El reciente acuerdo alcanzado entre Unidos Podemos y el Gobierno pretende abrir esta segunda vía, realizando un esfuerzo para aproximar nuestra recaudación tributaria a la de los países de la eurozona. En España, los ingresos del sector público suponen el 38% de nuestro PIB, mientras que dicha ratio se eleva hasta el 46% para la media de la eurozona. No obstante, el problema de nuestro sistema fiscal no radica en que tengamos tipos nominales muy inferiores a los que existen en los países de nuestro entorno. Son fundamentalmente el fraude, la elusión y toda una panoplia de deducciones y exenciones las causas que en buena medida explican la menor recaudación, y que llevan a una desfiscalización de las rentas más elevadas.

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Represión contra el movimiento por el derecho a la vivienda y contra la libertad política en Grecia

Autor: Pablo Cotarelo y Sergi Cutillas

Público.es

El derecho a la vivienda sigue en entredicho. Las organizaciones sociales que emergieron con las cenizas de la burbuja inmobiliaria española a principios de la década, deben seguir luchando por sus derechos, y los del resto de la población, a acceder a una vivienda digna a un precio razonable. Estos movimientos, que comenzaron poniendo la atención en las hipotecas de viviendas de compra deben hacerlo ahora en los precios del alquiler en las ciudades.

La Plataforma de Afectados y Afectadas por las Hipotecas y los recientes Sindicatos de Inquilinos e Inquilinas han marcado una parte importante de la agenda política española de los últimos diez años. Desde fuera de las instituciones públicas han visibilizado un problema y una parte de la población olvidados, han generado una serie de consensos sociales alrededor de este derecho, han contribuido definitivamente a la creación de una conciencia social, e incluso de clase, y han conseguido influir determinantemente en la modificación de parte de la legislación.

Se puede decir que las consecuencias sociales y políticas de este movimiento han ido más allá de los márgenes del sector inmobiliario. Por una parte, algunos de sus miembros tienen ahora responsabilidades institucionales en gobiernos municipales, en parlamentos autonómicos o en el parlamento del Estado, abarcando ámbitos mucho más amplios e influyendo en las políticas públicas. Y por otra parte, este movimiento por la vivienda ha contribuido a diluir en algunos aspectos el avance de posiciones ultraderechistas en nuestro país que, sin embargo, se están convirtiendo en una grave amenaza en el conjunto del continente europeo.

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El legado europeo de Merkel

Autor: Miguel Urban

Público.es

Siempre resulta morboso asistir al paseo de una canciller alemana por Alsacia. Aún más cuando acaban de cumplirse 100 años del final de la Gran Guerra. Y más aún todavía si es una de sus primeras comparecencias públicas después de haber anunciado que no volverá a postularse ni a dirigir su partido ni a gobernar su país. Hoy Angela Merkel visita el pleno del Parlamento Europeo en Estrasburgo como invitada en el debate sobre el futuro de Europa que mensualmente sirve de tribuna y photocall rotativo para dirigentes nacionales de la Unión.

Seguramente escucharemos bonitas palabras mezcladas con advertencias sobre el futuro, en un cóctel trufado de referencias al trabajo hecho y a los desafíos pendientes. Pero, como casi siempre ocurre, lo importante estará en los silencios y en las insinuaciones. Escondidas entre las líneas y los tonos escucharemos recados, si bien, como siempre también, la mayoría quedará fuera de los focos, resguardado en los despachos donde se cuece la política europea de espaldas a las mayorías. Porque por encima de la pompa oficial, Merkel deja tras de sí un legado y, tras su partida, bastantes cosas bien atadas.

Más superviviente y gestora que estadista visionaria. Más pragmática que ideóloga. Tan sobria en las ideas como en las formas. Angela Merkel ha sobrevivido 13 años al frente de la Cancillería alemana, 18 liderando la CDU y más de una década impulsando la profundización tecnocrática y ordoliberal de la UE. Las actuales cuitas internas en su partido y con sus socios bávaros de la CSU, y las caídas en las sucesivas elecciones y en los sondeos son procesos que se retroalimentan. Bien es sabido que al calor del poder las tensiones se ablandan, pero que en su escasez anunciada afloran los cuchillos. Hay que alejarse para ver la película completa más allá de los últimos fotogramas.

Porque desde hace años la UE vive el mayor conjunto de crisis múltiples desde su nacimiento. Y Merkel ha sido la dirigente nacional con mayor capacidad de decisión sobre el devenir del proyecto europeo durante los años en los que se han fraguado y agrandado todas esas grietas. Años en los que se ha dedicado a surfear la ola del tsunami de la crisis multidimensional, asegurando las posiciones de los grupos sociales a los que representan y gestionando el terremoto para que no agrietase el palacio de los de siempre.

Pero por eso mismo ha fracasado a la hora de afrontar los verdaderos desafíos de nuestra época. Esos que no requieren de tecnocracia pragmática, sino de liderazgo valiente, luces largas y perspectiva histórica. Aunque tampoco le íbamos a pedir peras al olmo. Sí cabría sin embargo haber exigido algo más que el mero papel de comparsa a sus socios de la Grosse Koalition y pieza fundamental de las contra-reformas antisociales y neoliberales que han asolado Europa durantes las últimas dos décadas: el SPD, caricatura del naufragio electoral e ideológico que viven las organizaciones aún autodenominadas socialdemócratas en el continente.

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Los sueños de Idomeni, en el ciclo de cine #LaOtraActualidad (Jueves de 19:30 a 21:30; Cines Golem, Madrid)

Autor: Economistas Sin Fronteras

En esta segunda sesión del ciclo de cine foro “La Otra Actualidad” proyectamos el documental “Los sueños de Idomeni”, y acto seguido comenzará el debate ”Europa: ¿crisis migratoria o crisis política?” con los/as ponentes: Ramiro Muñiz (CEAR), Raquel González (Médicos sin Fronteras), Virginia Rodríguez (Fundación PorCausa) y Amparo Climent (Codirectora del documental).
Esta segunda sesión del ciclo de cine será el Jueves, 15 de noviembre y, como todas las sesiones, tendrá lugar en los cines Golem de Madrid (calle Martín de los Heros, 14) a las 19.30 horas. La entrada es gratuita para estudiantes y personas desempleadas. Para el resto del público, la entrada cuesta 4 euros.
¡Os esperamos!

El dinero detrás de Trump y la Revolución Conservadora

Autor: Jose Luis Carretero Miramar

Revista Crisis

Las recientes elecciones de medio mandato en Estados Unidos han colocado a Donald Trump y el universo ultraderechista de la alt right (derecha alternativa) que le apoya ante su primera gran prueba de fuego. Trump ha conseguido pasar la misma, aún constreñido por la pérdida de la mayoría en la Cámara de Representantes, sin ver mermada gran parte de su base electoral, conformada por una gran cantidad de voto rural, así como por la hegemonía electoral en los Estados más tradicionales y conservadores.

Se ha hablado mucho sobre las razones sociológicas y psicológicas del éxito de Donald Trump en las últimas elecciones norteamericanas, así como del ascenso de la ultraderecha, construida a la imagen y semejanza de la alt right norteamericana en otros lugares como Italia o Brasil. Es indudable la importancia al respecto de la situación de crisis general del sistema capitalista y sus efectos generadores de incertidumbre en grandes capas de la clase media o de la clase obrera industrial mas tradicional. Amplios sectores de las clases populares, acosados por una nueva miseria en expansión, buscan una salida ensayando el voto a nuevos proyectos, sin saber muy bien cuál pudiera ser el resultado. La despolitización general y los errores de la izquierda hacen aparecer como viables caminos que en otros momentos hubieran resultado impensables. En todo caso (y como han demostrado las elecciones de medio mandato en Estados Unidos) este voto del descontento no tiene por qué ser fiel a ningún proyecto en concreto. Los fuertes bandazos electorales de las multitudes que no ven una salida plausible a una crisis cuya existencia incluso se niega por parte de las élites, van a ser cada vez más comunes, en tanto no aparezca una alternativa real y auto-organizada al caos creciente del Capital.

Sin embargo, se ha hablado menos de los fuertes intereses económicos oligárquicos existentes tras la nueva oleada ultraderechista que recorre el mundo. Se nos dice que Trump expresa un descontento latente y sin cauces reales que transitar. Nada se nos dice de los enormes flujos financieros, provenientes directamente de una parte de las élites globales, que han sostenido sus campañas o que han nutrido la Revolución Conservadora global de las últimas décadas, generando la base social para sus discursos.

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Sobre el mercado y el asunto de la libertad

Autor: Jose Miguel Ahumada Franco

heterodoxia.cl

1. El mercado como esfera de libertad

El liberalismo económico (y su heredero actual, el neoliberalismo) tiene muchas acepciones, pero su núcleo fundamental es que considera que la esfera del mercado, entendido como aquel espacio de intercambio libre y voluntario de bienes y servicios entre partes auto-interesadas, es no solo la fuente del dinamismo productivo de largo plazo (ergo, la receta para el desarrollo) sino el pilar institucional que asegura que los sujetos sean libres no sólo de interferencias, sino de lazos de dependencia arbitrarios con otros.

Dicho proyecto que le otorga primacía al mercado en la producción, como alternativa al mercantilismo y a la sociedad de los estamentos, se erigió como un discurso anclado en la idea de libertad individual. En efecto, la idea del libre comercio y no de las regulaciones mercantilistas de los estados absolutistas, la idea del auto-interés como criterio legítimo de acción y no de la moral que emanaba de la iglesia, y la defensa de la propiedad como principio fundamental de legitimidad del contrato político y no el sometimiento a reyes, era visto como un marco institucional que, por fin, podría constituir la paz permanente (‘el dulce comercio’ de Montesquieu) y proteger la libertad de los individuos ante templos y tronos (ver Hirschman, [1978] 2014). La demanda de los derechos civiles por parte del liberalismo económico y, por tanto, el gobierno de la ley, devenía así en un criterio fundamental para poder hacer del mercado la institución fundante del orden social.

La idea de una ‘mano invisible’ del mercado permitía, de esta forma, erigirse como un principio regulador del orden social sin tener que pasar por un centro político o un contrato. De esta forma, la sociedad se constituye como un mercado económico de mutuas dependencias voluntarias de intercambio, disolviendo las dependencias personales y jerárquicas de los órdenes pre-capitalistas. Así, la dependencia arbitraria hacia agentes se diluye en una dependencia impersonal a las dinámicas de competencia e intercambio entre actores, asegurando, de este modo, una libertad como ausencia de dependencia (ver MacGilvray, 2011; Macpherson, 2011 [1962]). La profundidad de esta idea está claramente destilada en Adam Smith en su obra clásica: el mercado no solo constituye una máquina productiva y fuente del crecimiento moderno, sino que es en sí mismo un ‘sistema de libertad natural’, siendo un resultado ‘natural’ (espontáneo, sin necesidad de planeación racional de agentes o, mejor dicho, de deliberación política) del interés individual en el intercambio (la ‘tendencia natural al trueque’ smithiana).

En este punto, Veblen (1919) sistematiza el fundamento político del proyecto de mercado. Según sostiene, dicho proyecto veía en el sujeto propietario y el carácter descentralizado del intercambio y la competencia, un ordenamiento social que aseguraba la protección de los productores de la arbitraria acumulación de rentas tanto de los estados absolutistas como de los feudos. El fundamento último de esta separación de lo ‘económico’ (entendido como ‘sistema de libertad natural anclada en un orden natural del trueque’) y lo político (espacio de deliberación colectiva y/o de control del monopolio de la violencia) es que el primero deviene en el principio que debe regular el segundo (ver Dumont, 1977). Más exactamente, la institución de mercado era señalado como el ordenamiento anclado en la protección de los derechos de propiedad en desmedro de los privilegios de los estamentos, de los monopolios comerciales, de la iglesia y la monarquía, que permitía que los creadores de valor (los productores directos)[1] lograran apropiarse de los frutos de su propio trabajo, poniendo un cortafuego a todos los agentes extractores de valor y asegurando su libertad como productores (su control sobre su propiedad y sus recursos).

Así visto, podemos sostener que la extensa tradición de la ‘economía política clásica’ (desde Smith, Ricardo, Mill, George, etc.) fue no solo una novedosa disciplina que apuntó a describir el funcionamiento de un nuevo orden, sino en sí mismo un proyecto político que buscaba activamente promocionar un régimen económico (de contratos en un mercado) que protegiera la libertad de los productores en contra de adversarios rentistas (ver Hudson, 2017).

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Hagamos más justo el pago de cotizaciones sociales de los autónomos

Autor: Eduardo Garzón Espinosa

El Salto

En las últimas semanas se ha abierto un debate entre el gobierno del PSOE y Unidos Podemos en torno a la modificación de las cotizaciones que pagan los autónomos a la Seguridad Social. Resulta que en el acuerdo presupuestario firmado entre ambas partes se incluyó la siguiente medida: “Reformar, dentro de 2019, el sistema de cotización de los trabajadores autónomos para vincularlo a los ingresos reales, de manera que se garantice a los autónomos con menos ingresos una cotización más baja”. Se trata de una redacción imprecisa que da pie a varias interpretaciones, porque, aunque queda claro que se pretende bajar el pago a los autónomos de menores ingresos, no queda especificado qué ocurre con los que tienen más ingresos, ya que de la literalidad de la redacción cabría suponer que ellos sí tendrían que pagar más, puesto que ingresan realmente más.

Pero en las últimas semanas Unidos Podemos ha aclarado su posición: quieren reducir las cotizaciones a los autónomos de menos ingresos pero no aumentárselas al resto. Así lo ha expresado varias veces el secretario de Organización de Podemos, Pablo Echenique, al insistir en que acorde al pacto firmado “no se le podía subir ni un euro a la cuota de los autónomos”. El pasado martes 30 de octubre el diputado de Unidos Podemos Txema Guijarro fue incluso más específico al expresar que “los autónomos de más ingresos no se verán perjudicados”.

En cambio, el gobierno de Pedro Sánchez adopta otra postura: no sólo es que plantea subir las cotizaciones a aquellos autónomos que más ingresan, sino que además está barajando tres escenarios de subidas de cotizaciones a los autónomos de menos ingresos. Esto es en parte consecuencia del acordado incremento del salario mínimo interprofesional, que eleva por defecto la base de cotización mínima provocando en principio que los autónomos de menos ingresos tengan que pagar más. Resalto por defecto y en principio porque el gobierno tiene muchas opciones para evitar que esto ocurra. Bastaría, por ejemplo, con incluir en el BOE que este incremento del salario mínimo no provocaría un aumento en la base mínima de cotización, ya que es perfectamente legal hacerlo. Pero parece que el gobierno está optando por la vía de respetar las características de nuestro sistema de cotizaciones, y lo máximo a lo que está dispuesto es a suavizar el incremento en el pago, pero no a evitarlo.

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III Jornadas del Observatorio de Desigualdad de Andalucía (8 de noviembre, CC Las Sirenas, Sevilla, 9:30 h)

Autor: Observatorio de la Desigualdad de Andalucia y Ricardo Molero Simarro

El próximo 8 de noviembre, en C.C. Las Sirenas, en Sevilla, tendrán lugar las III Jornadas del Observatorio de Desigualdad de Andalucía, en las que hablaremos de experiencias de lucha contra desigualdades o del posicionamiento político del ODA, entre otros interesantísimos temas. Si estás interesado o interesada, marca el día en tu agenda y participa. Aquí debajo tienes el cartel del evento, con el programa del mismo. Te invitamos a difundirlo y esperamos verte en las Jornadas.