Economía Crítica y Crítica de la Economía

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Ecuador: La Comuna de Quito y la insurrección popular. Entrevista a Carlos Pazmiño

Autor: Jose Luis Carretero Miramar

Kaos en la Red

Todos, Chile, Perú, Colombia, todos los presidentes de estos países han expresado públicamente su solidaridad con Moreno, pero son regímenes que se encuentran interconectados políticamente. Respecto a Pedro Sánchez no sé que decirte, me parece que es un exabrupto y es un error terrible expresar el apoyo a un presidente como Lenin Moreno.

Entrevistamos a Carlos Pazmiño, editor de la revista on line Crisis (www.revistacrisis.com), un espacio de contrainformación ecuatoriano vinculado con los movimientos de base y las luchas populares, en el que he tenido el honor de escribir algunos artículos, sobre el paro nacional que se está desarrollando en el país y que ha acaparado la atención global en los últimos días.

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Invertir en futuro

Autor: Nacho Álvarez Peralta, Jorge Uxo y Alberto Montero Soler

El País

En las próximas elecciones se dilucida una cuestión fundamental: ¿el nuevo Gobierno que elijamos va a gestionar la desaceleración económica —que ya está aquí— de la misma manera que la última crisis, o esta vez haremos las cosas de otra forma, pensando en la mayoría social?

Los signos de enfriamiento de la economía son evidentes, y preocupantes: en 2018 crecimos al 2,4%, y Funcas prevé que lo hagamos al 1,9% en 2019 y al 1,5% en 2021. Esto va a significar menor creación de empleo, cuando la tasa de paro todavía sigue duplicando la media europea. Y además esta desaceleración llega cuando aún hay millones de españoles que no se han recuperado del vendaval de la última crisis, y que sufren graves problemas de inestabilidad laboral amplificados por la reforma del mercado de trabajo.

Que las causas de la desaceleración sean principalmente externas no significa que no debamos reaccionar cuanto antes para contrarrestar sus efectos. Pedro Sánchez resta importancia a la situación y Casado la exagera para alarmar. Ni una cosa ni la otra: lo que debemos hacer es aprender de la última crisis y gestionar esta de forma distinta a como lo hicieron el PSOE y el PP. Esto supone impulsar una estrategia que priorice tres objetivos: actuar con rapidez para amortiguar la ralentización, con planes de inversión pública; construir un escudo social para los más vulnerables, y utilizar esta oportunidad para abordar retos estructurales que siguen pendientes o que nos acechan (cambio climático, digitalización, necesidad de elevar la productividad, igualdad de género, desequilibrios interterritoriales…).

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Turbulencias económicas en el horizonte y nadie a los mandos

Autor: Alberto Montero Soler

El Confidencial

Las señales de que la economía española comienza a mostrar signos de cansancio y de que un cambio de ciclo se avecina han empezado a incrementarse en los últimos meses, y si bien es cierto que su comportamiento diferencial con respecto a la media europea sigue arrojando un saldo positivo a nuestro favor, no lo es menos que hay motivos para empezar a preocuparse.

En efecto, la reciente corrección en cuatro décimas de las previsiones de crecimiento para 2019 realizada por el Banco de España, dejando la tasa de crecimiento del PIB en el 2%, apunta a una ralentización de la fase expansiva de la economía española alejada aún de los escenarios recesivos que empiezan a aparecer en Europa, en donde destaca por su importancia relativa y su efecto depresivo general el de Alemania.

Y es que los riesgos que se veían en el horizonte han comenzado ya a concretarse y a tener su impacto sobre la economía española.

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El camino del laborismo a la reducción de jornada

Autor: Luis Cardenas

ctxt.es (La Paradoja de Kaldor)

En artículos anteriores defendimos la reducción de jornada como una vía hacia la igualdad. Aunque esta propuesta había perdido protagonismo en el debate público, cada vez hay más iniciativas en este sentido. La última ha sido la del Partido Laborista del Reino Unido que, en palabras de su candidato a ministro de Economía y Hacienda (John McDonnell), se compromete a conseguir una jornada laboral semanal a tiempo completo de 32 horas en el plazo de una década y sin reducción salarial.

La estrategia laborista para conseguirlo se basa en tres puntos. En primer lugar, eliminar la posibilidad de descuelgue de la directiva europea sobre el tiempo de trabajo, la cual incluye elementos básicos como el límite de 48 horas de trabajo semanal (incluyendo horas extraordinarias), un período mínimo de descanso diario de 11 horas consecutivas cada 24 horas y de 24 horas de descanso semanal, el derecho a pausa en las jornadas superiores a las 6 horas o al menos cuatro semanas de vacaciones anuales retribuidas. A ello se suma la promesa de añadir cuatro días festivos más al calendario laboral.

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La naturaleza de la libertad (I): becas universitarias como mecanismo de exclusión

Autor: Damian Herrera

El Salto (Economía para Todas)

“El ser humano es libre por naturaleza”. Bien podríamos decir que esta proposición reúne las esencias teóricas de la filosofía política liberal clásica (y neo). Sus partidarios, identifican el concepto de libertad, por un lado, con el libre albedrío, como si ésta fuese una consecuencia natural e inherente a la existencia misma, aunque con matices. Otro de los referentes tradicionales del pensamiento liberal es la divina providencia, si bien, proyectada sobre la biología (pobre biología), distribuidora última de las cualidades que distinguen a unos individuos de otros, príncipes y campesinos, listos y tontos, capitalistas y obreros, señores y esclavos, etc. Junto a estas dos premisas históricas, hay una tercera, a saber, la libertad es reductible al mero movimiento físico de las cosas y de los seres.

A partir de estos planteamientos, los partidarios de políticas liberales, neoliberales, o, como tradicionalmente son agrupadas, de derechas, se avienen a entender algo así como que la jerarquía de posiciones estructurales que ocupan los individuos en la sociedad, responde, fundamentalmente, a las características naturales de los individuos antes que a la distribución de oportunidades de las que disponen éstos y sus familias en la estructura social. Este principio esencialista, el cual, constituye la columna vertebral del cuerpo ideológico subyacente a la acción política de los partidos liberales europeos, tiene un hondo calado en la sociedad, y muchos representantes políticos, autodenominados de “izquierda”, han asumido parte de este discurso. Por ejemplo, uno de los argumentos que escuchamos para defender las políticas de becas al estudio por parte de algunas de estas figuras públicas, se basa en el denominado Talento tácito, concepto utilizado para referirse a las supuestas capacidades intelectuales especiales con las que se quiere distinguir a algunos individuos respecto de la media. Básicamente, la tesis es la siguiente: las becas al estudio permiten captar a aquellos individuos con dicho talento que por razones económicas podrían ser rechazados por el sistema educativo.

Ciertamente, en este supuesto, hay un fundamento utilitarista de la educación que, sin duda, ha resultado efectivo, al menos durante los últimos 50 años, para reducir la oposición de los liberales más radicales, partidarios de la educación elitista y la supresión de las becas públicas.

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Los hogares, ¡ay!

Autor: Carmen Castro Garcia

eldiario.es

Aprender de los errores debería ser uno de los aprendizajes más efectivos, algo así como un tattoo de por vida, sin embargo, hay quien ni con esas.

Son muchas las voces que alertan de la necesidad de repensar las políticas económicas más allá del Producto Interior Bruto y dejar de usar el PIB como indicador de la riqueza y bienestar de una sociedad; además de estar obsesivamente vinculado al objetivo del crecimiento económico monetizado lleva implícito importantes sesgos de género, sociales y ecológicos en su elaboración y ello pone en cuestión su interpretación descriptiva. Sin embargo, nada de ello parece haber ser tomado en consideración por quienes están en posición de (des)gobierno, porque ahí siguen, erre que erre, a vueltas con el indicador de marras.

En 2014, el cambio de metodología del Sistema Europeo de Contabilidad permitió a los estados miembros arañar algunos puntos del PIB con la inclusión de la monetarización de actividades y servicios procedentes de la economía ilegal, como el contrabando, la producción y tráfico de drogas y la prostitución; también se cambió la forma de considerar los gastos militares y los de I+D+i que desde entonces se identifican como inversión en vez de consumo. Esta forma de cocinar los datos del PIB, junto a otros factores que incidieron en su evolución, contribuyeron a la declaración oficial del fin de la recesión y el inicio de la fase de recuperación que experimentaron mayormente el 10% de la población de acumula mayores niveles de renta y riqueza.

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Lecciones del pasado sobre la lucha contra el calentamiento global

Autor: Juan Ruiz

ctxt.es (La Paradoja de Kaldor)

“Lo que estamos haciendo ahora al mundo…. con la adición de gases de efecto invernadero al aire a un ritmo sin precedentes… es nuevo en la vida de la Tierra. Es la humanidad y sus actividades las que están cambiando el medio ambiente de nuestro planeta de manera dañina y peligrosa.” “Todos sabemos que las actividades humanas están cambiando la atmósfera de manera inesperada y sin precedentes.” Ninguna de las citas pertenece al discurso de Greta Thunberg en la ONU. La primera data de 1989 y también fue pronunciada en un discurso en la Asamblea de Naciones Unidas, pero por Margaret Thatcher. La segunda es de Bush padre en 1990. Ambos líderes de la contrarrevolución conservadora fueron abiertamente conscientes de que el cambio climático podría llegar a ser uno de los grandes retos del planeta, y con ambas citas comienza el libro de Jeffrey Bennett A Global Warming Primer, donde explica de forma cercana cuestiones que hasta ahora han estado lejos de los programas académicos universitarios de las disciplinas enmarcadas en las Ciencias Sociales.

Podemos aceptar que las cuantificaciones que ofrecen los estudios sobre el cambio climático son imperfectas, pero no podemos ignorarlas. Más cuando todas apuntan en la misma dirección. Existe el consenso de que una economía compatible con un escenario de menos de 2°C necesita una reorientación rápida y masiva de las inversiones y que lo que hagamos en las dos próximas décadas determinará el grado de deterioro del planeta que heredarán las generaciones futuras. También existe consenso de que los desastres naturales afectarán a los que están en una situación geográfica más vulnerable y a quienes tienen menos recursos. En el caso de la Unión Europea la asimetría geográfica de los impactos hace que los Estados del sur sean los que se encuentren en una mayor situación de riesgo y por tanto quienes deberán experimentar un proceso más profundo de adaptación, pero el hecho de que los países más pobres sean los que están a mayor temperatura, más expuestos, menos preparados y con menos recursos hace que la situación sea todavía peor fuera de nuestras fronteras.

Según el Grupo Intergubernamental de expertos en cambio climático, habría que duplicar las inversiones anuales en energía renovable, multiplicar por cinco las inversiones en eficiencia energética y desinvertir anualmente unos 500.000 millones de dólares en fuentes de energía fósil durante próximos 20 años. Pero no se trata sólo de hacer inversiones. Antes hay que aceptar que el modo de vida occidental hace tiempo que no es compatible con un desarrollo sano del planeta. La estimación de los costes asociados al emprendimiento de acciones de adaptación es inferior a las pérdidas económicas esperadas por la reparación de los daños causados por el calentamiento global. La UE se arriesga a perder a final de siglo el equivalente al 1,9% de su Producto Interior Bruto. La zona  sur sufriría el mayor impacto, con pérdidas anuales de alrededor del 4% del PIB, si se llega al escenario de tres grados. Recientemente Alemania ha lanzado un programa de inversiones poco ambicioso y que dista de ser suficiente para resolver el problema de fondo. Mientras que los países periféricos, los más vulnerables dentro de la Unión, estaríamos condenados por la ortodoxia económica, que asume que no existe margen fiscal ni en un contexto de tipos de interés negativos.

El World Energy Outlook (WEO) de 2018 estima que es posible lograr un nivel similar de PIB en 2040 bajo 3 tipos escenarios distintos de crecimiento. En el gráfico se representan los 3 escenarios donde cada burbuja representa la cantidad de PIB con 3 niveles distintos de emisiones que son consecuencia de cambios en la demanda energética, resultado de un sistema más eficiente.

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¿Vamos a proponer algo ante una nueva recesión? (Cuaderno de augurios: 2)

Autor: Albert Recio Andreu

Mientras Tanto

I

Los indicadores que apuntan a una recesión siguen en aumento, y los comentarios de instituciones que alegan que es sólo una desaceleración alarman más que tranquilizan. El Brexit unilateral es una de las posibilidades de que las cosas vayan mal (lo de Thomas Cook puede haber sido un pequeño aperitivo), o puede que un Trump cercado por el impeachment trate de desviar la atención con una nueva medida que añada más incertidumbres. La economía capitalista mundial se mantiene en equilibrio sobre unos cimientos tan frágiles e inestables que cualquier movimiento inesperado puede provocar un desastre. Había un tiempo en que los expertos calmaban a la gente afirmando que “los fundamentos son sólidos”, pero tras la crisis de 2008 casi nadie es capaz de explicar cuáles son esos datos fundamentales que dan confianza.

Situémonos en el peor escenario, que la recesión estalla con fuerza, que se aceleran la destrucción de empleo, las quiebras empresariales y la sensación de caos. La pregunta para mí crucial es qué propuestas se van a plantear desde los espacios alternativos, qué batallas habrá que tratar de ganar.

Una respuesta clásica es acusar al capitalismo de provocar la crisis y exigir que la pague él. Es obvio que el capitalismo en general, y el capitalismo especulativo actual en particular, son los principales responsables del problema, pero señalar al culpable no significa buscar soluciones. Pensar que la denuncia llevará fácilmente a una revolución social está fuera de lugar. Las sociedades capitalistas actuales han configurado una estructura social tan compleja, un modelo civilizatorio tan consolidado, que a corto plazo la idea de un cambio radical sólo la mantienen algunas minorías. Y, por otra parte, tras los sucesivos fracasos de las experiencias anticapitalistas anteriores es dudoso que mucha gente se lance de inmediato a una transformación que le suscita miedos e incertidumbres enormes. Si queremos cambios profundos estamos obligados a plantearnos dos cosas: qué movimientos vamos a construir de inmediato y cómo pensamos que tendría que ser la sociedad futura (lo que supone aprender de los fracasos del pasado y analizar el potencial de cambio de lo existente en la actualidad). Como el segundo objetivo es muy complejo y el tiempo apremia, me limito a efectuar algunos comentarios sobre las respuestas a corto plazo.

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Consecuencias económicas de la repetición electoral que no verás en los relatos

Autor: Segundo Gonzalez y Alberto Montero Soler

eldiario.es

Era febrero de 2019, aunque parezca que hace casi un siglo, y el Congreso se disponía a tramitar los presupuestos más sociales de las últimas décadas. Unos presupuestos que tras una relativamente larga negociación entre PSOE y Unidos Podemos pretendían dejar atrás la política económica de Montoro y sus años de austeridad.

Aquellas cuentas incluían medidas sociales como el incremento en un 60% de la financiación de atención a la dependencia o la prestación para desempleados para mayores de 52 años; medidas destinadas a luchar contra la burbuja del alquiler, como el impulso de la vivienda pública en alquiler social; medidas feministas que impulsaban la igualdad real entre hombres y mujeres, como la ampliación de los permisos de maternidad y paternidad; partidas para modernizar el modelo productivo, como el incremento de la inversión en I+D+i; o medidas de justicia fiscal como el establecimiento de tipo mínimo en el impuesto de sociedades para grandes empresas o la reducción del IVA de algunos productos de primera necesidad.

Esas medidas y otras muchas contenidas en aquellos presupuestos, aunque modestas en su alcance, iban en la senda de lo que este país necesita en materia económica: impulsar la demanda interna mediante una política fiscal -tímidamente- expansiva cuando los nubarrones de la desaceleración ya eran más que evidentes, incidiendo sobre la reducción de las desigualdades generadas por la anterior crisis y apostando por la paulatina transformación del modelo productivo. La financiación de esta expansión fiscal se producía en estos presupuestos de incrementos de ingresos aprovechando el margen fiscal que da la brecha de 8 puntos en recaudación sobre el PIB que nos separa de la media de nuestros socios europeos.

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La Teoría Monetaria Moderna no consiste en lo que los medios señalan

Autor: Eduardo Garzón Espinosa

Saque de Esquina

No falla: cada vez que la Teoría Monetaria Moderna (TMM) hace aparición en los medios, se inicia toda una cascada de intervenciones que tratan de caricaturizarla y ridiculizarla utilizando mensajes sacados de contexto. Es una falta de honestidad intelectual grave. Lo explico:

La TMM señala que los Estados que emiten su propia moneda no están constreñidos a la hora de financiar sus políticas económicas. Esto es absolutamente incuestionable e irrefutable. Es sólo una descripción (fijaos que no se está diciendo que sea bueno o malo que así sea).

Sin embargo, muchos deducen erróneamente de esa frase que la TMM propone que los Estados deben crear dinero sin ton ni son como si no hubiese consecuencias. Muchos lo hacen a maldad para desprestigiar la teoría; otros simplemente caen en el error por ignorancia; otros repiten.

La TMM es muy consciente de que crear dinero puede tener consecuencias. La aportación novedosa (que queda ocultada por los deshonestos ataques) es que hay margen para crear dinero sin que se generen desequilibrios económicos (como la inflación).

La enseñanza de la TMM es que un Estado debe aprovechar ese margen y crear el dinero NECESARIO para crear empleo y dinamizar la economía. El necesario; no más porque crearía inflación, y no menos porque crearía desempleo y pobreza (como ocurre en la actualidad).

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Entonces, ¿cuándo toca redistribuir?

Autor: Miren Etxezarreta

Público.es

Se está generalizando la idea de que estamos en puertas de una recesión económica. Todos los indicadores económicos y políticos globales y  los de Europa, en particular los de la UE, apuntan a una significativa desaceleración de la economía. Aunque parece que la economía española de momento, y a pesar de los avatares políticos, resiste bastante y mejor que otros países, es obvio que se va a ver afectada en su capacidad de generar riqueza.

Por lo tanto, las voces que recaban prudencia y moderación en los asuntos económicos se amplían. Especialmente respecto a las reivindicaciones de los trabajadores, muchos de los cuales todavía sufren las consecuencias de la crisis de 2008 y sus ajustes correspondientes. Al mismo tiempo  se acepta también de forma bastante mayoritaria que en la corta fase de recuperación (2015-2019), se ha restablecido la economía (es decir la capacidad de producir riqueza del país), han mejorado los beneficios empresariales, incluso  hasta la recaudación impositiva, pero la situación económica de la mayoría de los trabajadores no ha vuelto siquiera a la situación anterior a la crisis,  ni las clases medias, cuya suerte se ha deteriorado fuertemente han mejorado. La globalización, las externalizaciones, las subcontratas, la imprescindible competitividad mundial se han utilizado para explicar que no podía mejorar la situación social.  Testigo de ello es el nivel actual de los salarios, especialmente los de los nuevos empleos, la extensión y aceptación del empleo precario, y la fuerte inestabilidad de la recuperación del empleo.  Y ello sin mencionar siquiera como se ha deteriorado la situación no laboral a causa de los ajustes en el gasto público y otras políticas. Mucho menos todavía ha mejorado en proporción al aumento del  crecimiento, como debiera ser, porque ¿para qué se quiere crecer si no?

Es tan evidente esta situación que entre los estudiosos y los observadores que se ocupan de estos temas (incluso por políticos conservadores)  se observa una amplia y recurrente preocupación por el incremento de la desigualdad y la amplitud de la pobreza. No sólo en el Estado español, sino en todos los países ricos.

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¿Hacia una recesión inminente? La única certeza es nuestra gran vulnerabilidad

Autor: Bibiana Medialdea Garcia

eldiario.es

Nos ahorraríamos muchos disgustos si la disciplina económica asumiera su incapacidad para predecir el futuro. Suficientemente complicado resulta ya explicar la realidad económica según acontece, o incluso la pasada, como para determinar con precisión lo que va a suceder. Pero también sería recomendable que, especialmente los organismos oficiales, no se obstinaran en obviar lo evidente cuando no es de su gusto: son varios los indicios que delatan que la débil “recuperación” que inició la economía española en 2014 podría verse interrumpida más pronto que tarde.

Para empezar, tengamos en cuenta que el crecimiento de los últimos años, además de modesto, se debió en gran medida a la confluencia de factores que no dependen de la gestión económica interna. Bajada del precio del petróleo, tipos de interés reducidos o las condiciones que desalientan destinos turísticos que tradicionalmente compiten con España, formarían parte de esos “vientos de cola”. Pensemos ahora, por un lado, que dichos estímulos comienzan a agotarse o ven ya muy reducidas su capacidad estimulante; y por otro, que aparecen nuevos factores externos amenazantes. Las hostilidades entre Estados Unidos y China, o el Brexit, por citar los más importantes, permiten prever complicaciones futuras en el ámbito del comercio internacional. El hecho de que nuestros principales destinos de exportación (Alemania, Italia, Francia o Reino Unido) estén aproximándose al estancamiento económico o incluso a la recesión, es otro indicador en la misma preocupante dirección.

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Trabajar más por menos: nuestro capitalismo

Autor: Fernando Luengo

La Marea

Según el Instituto Nacional de Estadística (INE), el número total de horas extraordinarias semanales realizadas en el segundo trimestre de 2019 ascendieron a más de seis millones, de las cuales el 52% han sido pagadas y el 48% restante no han recibido ninguna retribución. Si se compara este dato con el del mismo trimestre de 2018, la cifra se ha reducido en un 12%; reducción que, sobre todo, corresponde a las pagadas, un 19%. Se llega a la misma conclusión cuando se comparan los dos trimestres de este año con los de 2018.

Una evolución sin duda positiva, posiblemente influida por la aprobación por parte del gobierno socialista de un decreto que obliga a las empresas a registrar la jornada laboral y a guardar ese registro durante cuatro años. En todo caso, con ciertas fluctuaciones, el volumen de horas extraordinarias se ha mantenido en niveles altos. Y eso que el dato real de las no pagadas es, con toda seguridad, mucho peor; ante la amenaza y la posibilidad cierta del despido, muchos trabajadores no tienen otra alternativa que someterse a este atraco.

Trabajar más horas por el mismo salario significa una reducción sustancial del mismo. En cuanto a las pagadas, habría que saber, y el INE no proporciona esa información, cuántas de esas horas se abonan al salario normal, sin el plus que corresponde a su carácter extraordinario.

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No esperen al BCE

Autor: Alberto Garzon Espinosa

El Confidencial

En las últimas semanas, se ha extendido la idea de que estamos abocados a una nueva crisis económica. No solo leemos ese pronóstico en la prensa especializada, sino que también lo hemos visto en las negociaciones para formar Gobierno en Italia y en España. Y a buen seguro ha sido uno de los temas abordados en la pasada reunión del G-7. Muchas miradas se dirigen ahora hacia el Banco Central Europeo, con la esperanza de que su presidente obre de nuevo un milagro que aleje esos horizontes sombríos, y tranquilice de paso a las empresas, gobiernos, inversores, familias y otros actores de nuestro mundo económico.

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Tributa donde vendes

Autor: Alberto Montero Soler

El Confidencial

Hace unos días, y al hilo de la cumbre del G-7 que tenía lugar en Francia, Francisco de la Torre publicaba en este medio una tribuna titulada “Multinacionales: una fiscalidad para engañarnos a todos“.

Tras ese estimulante título, aparecía un planteamiento que no puedo más que compartir: uno de los grandes beneficiarios del proceso de globalización, la empresa multinacional, es simultáneamente uno de los actores que menos contribuyen a las haciendas públicas estatales. Ello no es más que el efecto de que, sorprendentemente, dado el volumen de valor que generan, estas entidades están sometidas a las menores tasas impositivas sobre beneficios de todo el espectro empresarial, siendo esa tendencia generalizada en todo el planeta, por razones diversas pero resumibles básicamente en una: su capacidad para aprovechar la competencia impositiva a la baja entre países, especialmente la que se promueve desde paraísos fiscales y territorios con regímenes fiscales especiales.

Sin embargo, la solución que ofrecía me parecía ciertamente humilde, habida cuenta de la sagacidad intelectual que le atribuyo a Francisco de la Torre después de haber compartido con él debates económicos estos años atrás en el Congreso. En efecto, me parece muy pobre su propuesta de que, constatada la existencia de esos sumideros fiscales que son utilizados por esas empresas para minimizar su contribución fiscal global, la respuesta sea apelar a la coordinación entre países de cara a frenar la competencia fiscal. Y me parece pobre porque, aun siendo cierto que la solución más eficiente para un problema global requeriría de una solución coordinada global, las tendencias de la economía real, tanto a nivel internacional como a nivel estatal, apuntan en sentido contrario, como bien sabe De la Torre.

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Impuestos: algunos apuntes para el debate. Parte I.

Autor: Ivan H. Ayala

La Paradoja de Kaldor

Cuando Günter Dryer entró en la tumba del rey Scorpio I, de entre 3.300 y 3.200 años de antigüedad, no se imaginaba la importancia que podía llegar a tener su descubrimiento. Encontró en unos pequeños sellos de terracota unos símbolos que formaban sílabas con jeroglíficos. Estos sellos son la forma más antigua de escritura que conocemos. Pero no sólo eso, también son la forma más antigua de impuestos que conocemos, pues representaban recibos de pagos al rey de lino y aceite, asociados a nombres de las personas e instituciones que hacían efectivo el pago. Es posible por tanto que la aparición de la escritura -uno de los mayores avances de la humanidad- estuviera ligada a la aparición de los impuestos y a la necesidad de registrar esos pagos.

No es casualidad que los impuestos -y la escritura- aparecieran en el primer gran estado centralizado de la humanidad, porque los impuestos están ligados a la civilización como así lo confirman los descubrimientos desde Mesopotamia (2500 AC) al imperio Inca (casi 4000 años después y 3000 km. alejados), China (Confucio estableció los preceptos de tributación ideal sobre el 500AC) o la Grecia Antigua (500 AC). Los pagos a una autoridad central emergen a medida que las sociedades se vuelven complejas y el poder que las estructuraba necesita generar fuentes de ingresos para financiar las instituciones que servían de ancla social. No se conoce civilización alguna que no haya tenido alguna forma impositiva y, tal y como describe Charles Adams en su famoso libro, los impuestos han sido y son la gasolina de la civilización. La piedra Rosetta de hecho, puede ser la primera amnistía fiscal registrada de la historia (concedida a los clérigos…).

El sistema fiscal es espejo del devenir de la historia y reflejo en cada época y región de la pulsión política del momento. Incluso hay casos en los que un impuesto determina la historia de un país. Así fue el caso de EEUU y la lucha entre la entonces colonia y la metrópoli a raíz de una serie de leyes impositivas sobre el té y las famosas Intolerable Acts, que desencadenaron unas revueltas que culminaron en la revolución americana –y en la aparición del Boston Tea Party. No obstante, al contrario de lo que algunos analistas apuntan, las sociedades no se rebelan contra los impuestos, pues éstos nunca han sido la fuente original de conflicto. Las revueltas, rebeliones y demás avatares de la historia que se arremolinan en torno a los impuestos no son sino el reflejo de un conflicto entre un estado y su legitimación política en la población que gobierna. El impuesto es el instrumento del orden social que se quiere cambiar. Incluso en EEUU, los colonos norteamericanos no se oponían a los impuestos, sino que reclamaban que los tributos no fueran determinados a miles de kilómetros de distancia en Westminster, sino en los parlamentos norteamericanos, de ahí que se acuñara la famosa frase “no taxation without representation”. Así reza en uno de los documentos históricos más importantes al respecto, las resoluciones aprobadas del parlamento de Virgina que fueron ampliamente difundidas y copiadas por otros parlamentos norteamericanos donde la Asamblea General de la colonia establecía que, junto con su majestad:

“(…) tiene el poder exclusive para recaudar tasas e impuestos a los habitantes de esta colonia [de forma que] cualquier intento de suplantar dicho poder (…) es ilegal”

Si hubieran estado en contra de los impuestos, el pueblo hubiera clamado simplemente “no taxation”. Pero no fue el caso. Estaría bien que repasase estas actas el actual entorno del Tea Party que están popularizando lo de “los impuestos son un robo”.

A medida que las sociedades se transforman, los sistemas tributarios también lo hacen a la par que se modifica la fuente de legitimación del sistema político que cimenta el orden social que cambia. Detrás de la historia de los impuestos -cómo se recaudan, quién los paga, los tipos marginales, los medios, el montante total recaudado o la distribución entre impuestos- se esconde la historia de la vida civilizada. Cuando en la Inglaterra de finales del XVIII la monarquía decadente achicharraba a impuestos al pueblo para financiar su parásita existencia o las guerras que diezmaban los recursos generados en buena medida por el resto de la población, los mercaderes protestaron. Así, uno de los principales propagandistas de los mercaderes, John Locke defendió el derecho a la rebelión de lo que él considera pueblo (mercaderes) contra los gobernantes (reyes) cuando éstos imponen gravámenes injustos y excesivos. No contra los impuestos, sino contra unos gravámenes que financian unos gastos que la población considera desligados de sus intereses como sociedad. El liberalismo hunde su raíz ideológica no en la lucha contra los impuestos, sino contra la legitimación de un poder absoluto parásito y sus instituciones que diezman los recursos de la nueva clase emergente que habría de tomar el relevo, los mercaderes. Aparece así la famosa dicotomía liberal con la tensión entre, por un lado, la necesidad de tener un estado que reprima los estallidos sociales que se derivaban de la desigualdad inherente a la propiedad privada y por otro, el rechazo a financiar esa estructura estatal mediante impuestos para no alimentar al Leviatán. Esa tensión se resuelve a favor de un estado mínimo, fruto de lo cual el montante total de impuestos recaudados era muy pequeño, tal y como atestigua el gráfico del libro de Piketty.

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Economistas perplejos (Cuaderno de augurios: 1)

Autor: Albert Recio Andreu

Mientras Tanto

I

Mi última entrega antes de las vacaciones la dediqué a comentar el elevado grado de incertidumbre a la hora de pronosticar si estábamos a las puertas de una nueva recesión global. La economía capitalista contiene muchos elementos que la predisponen a las crisis, pero estas no se producen automáticamente. Ni tampoco ha tenido lugar hasta ahora el tipo de derrumbe que esperaban algunos de los principales teóricos marxistas de principios del siglo pasado. La economía capitalista ha seguido expandiéndose en medio de altibajos y profundas convulsiones, y hoy por hoy ha alcanzado un grado de hegemonía social mayor de lo que posiblemente tuvo en el pasado; en parte por méritos propios y en buena medida por deméritos de los que en algún momento trataron de desarrollar sistemas alternativos.

La economía capitalista está, sin embargo, lejos de representar una fórmula deseable de gestión de la actividad económica. No sólo por su inestabilidad intrínseca, sino sobre todo porque está lejos de garantizar niveles satisfactorios de vida al conjunto de la humanidad. Más bien resulta evidente que constituye el principal determinante de la crisis ambiental que asola a la sociedad y del aumento de las desigualdades que se ha producido en muchas partes del planeta. Su impacto es tan evidente que ambos temas, el de las desigualdades y el de la crisis ambiental, empiezan a aparecer en las agendas de los foros oficiales, aunque se trata casi siempre de una inclusión retórica, sin ninguna estrategia real de cambio.

Lo que resulta novedoso es la proliferación de malos augurios que domina el ambiente económico en los últimos meses, algo que se ha reforzado a lo largo del verano. Hay nerviosismo en las bolsas, en los gobiernos y en los organismos reguladores. A esta situación contribuyen diversos factores. Muchos de origen político, especialmente provocados por las intervenciones proteccionistas de Trump y la amenaza del Brexit. Otros generados por los indicadores económicos, que muestran una clara desaceleración de la actividad en Europa y Asia y la posible entrada en recesión de algunos países. Pero, con ser importantes estos aspectos, lo más relevante es el desconcierto de los gurús económicos. Un desconcierto que tiene que ver con lo ocurrido tras la crisis de 2007.

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Sobre el Rojipardismo y la clase obrera mestiza

Autor: Jose Luis Carretero Miramar

Kaos en la Red

Toca pensar en una integración de los de abajo contra la desintegración programada que nos imponen los de arriba, pero una integración que no es política vertical autoritaria de Estado sino práctica de solidaridad y de construcción de lo común, respetando las diferencias.

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¿Se va a producir una nueva crisis económica?

Autor: Alberto Garzon Espinosa

Pijus Economicus (Hilo de twitter)

Estos días se reúne en Biarritz el G-7, un club que integra a siete de los países más ricos del mundo y en el que debaten sobre el futuro económico. Una de las cuestiones que más se está discutiendo allí y en otros foros es sobre la crisis económica venidera. Pero ¿qué posibilidades reales existen de que se produzca?:

La economía es una ciencia social y, por tanto, no es una ciencia exacta. Ello significa que no es posible averiguar con precisión cuándo ocurrirá un determinado fenómeno, como, por ejemplo, una crisis. Pero sí es posible, por experiencia y estudio de relaciones, saber en qué condiciones es más probable que suceda.

Para ir examinando esas condiciones se usan múltiples indicadores, ninguno válido por sí mismo y todos precarios. Son usados como señales de alarma. El más citado al calor de los debates recientes es el de «inverted yield curve», que es una gráfica que merece la pena explicar.

Lo primero que hay que saber es que una «yield curve» se refiere al rendimiento de los productos financieros emitidos por agentes como países o empresas. Cuando un país o una empresa quiere endeudarse para acometer una inversión puede recurrir a la emisión de títulos financieros. La curva refiere a esta opción.

En efecto, emitir un título es una forma de endeudarse. El Estado, por ejemplo, emite títulos que al venderse a los inversores permiten recibir dinero inmediato a cambio de un compromiso de pago futuro. Son contratos que varían en función de la cuantía, duración y rendimiento, entre otras cosas.

Cuando un Estado, por ejemplo, emite un título financiero lo hace por subasta competitiva. El Estado vende X títulos y a partir de la subasta se obtiene el precio. Si hay muchos compradores, el precio será alto (y el rendimiento bajo). Si hay pocos compradores, el precio será bajo (y el rendimiento alto).

El rendimiento se refiere al tipo de interés que el inversor recibirá a cambio de haber prestado dinero al Estado. Por eso si hay muchos inversores queriendo los títulos el Estado tendrá que pagar menos que si hubiera pocos inversores. Oferta y demanda en el mercado financiero.

No todos los títulos son iguales. Una importante diferencia es la duración, es decir, el tiempo por el que los inversores prestan el dinero. En España los títulos de meses de duración se llaman Letras del Tesoro. Los títulos de dos, tres y cinco años se llaman Bonos y los de diez, quince y treinta años se llaman Obligaciones.

En principio los títulos de mayor duración otorgan rendimientos más altos, por la sencilla razón de que los inversores esperan una recompensa más alta por prestar el dinero durante más tiempo. Y eso se nota tanto en la subasta como en los mercados secundarios (la segunda mano de estos títulos). Así, en condiciones normales la «yield curve» mostraría una curva positiva que refleja cómo a más duración del título, mayor rendimiento.

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“Cada grupo de personas debería crear organizaciones para luchar contra lo que no le gusta”

Autor: Miren Etxezarreta

www.mirenetxezarreta.net

La economista Miren Etxezarreta fue la encargada de inaugurar las intervenciones del Foro “Enciende la Tierra” CajaCanarias 2019, el pasado 21 de marzo. Acompañada por el filósofo eslovaco Slavoj ZiZek, la catedrática emérita de Economía Aplicada de la Universidad Autónoma de Barcelona analizó el contexto actual y el futuro más inmediato en esta charla, que tuvo como título “Pedir lo imposible”. En particular, Etxezarreta se preguntó sobre el camino a recorrer si se quiere construir un sistema más justo e igualitario, abordando la diferentes opciones socioeconómicas, tomando como punto de partida el interrogante central del Foro “Enciende la Tierra” CajaCanarias 2019: ¿Llegará el colapso?

Puedes ver la intervención aquí

Albert Rivera y el imposible liberalismo español

Autor: Jose Luis Carretero Miramar

Kaos en la Red

El liberalismo español, el liberalismo de Ciudadanos, ¿qué podemos pensar de él al ver los gesticulantes contornos de Rivera y Arrimadas en el Congreso aullando a la luna coplas simplistas? Si nos preguntaran que pensamos de él diríamos lo mismo que Mahatma Gandhi dijo cuando le preguntaron que pensaba de la civilización occidental: “sería una magnífica idea”.

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¿A quién vota la clase trabajadora en España?

Autor: Alberto Garzon Espinosa

La U

Cada cierto tiempo la clase social es asesinada por los investigadores, los políticos y hasta los medios de comunicación. En efecto, eventualmente un investigador de renombre clausura las divisiones de clase de nuestras sociedades y anuncia el fin de la importancia de este actor colectivo, con lo que se arma un buen debate que, con el tiempo, se salda con la resurrección, de una u otra forma, del enterrado.

Así sucedió cuando a finales de los noventa proliferaron en sociología trabajos como el de Jan Pakulski y Malcom Waters, titulado significativamente The Death of Class, o los de Seymour Martin Lipset o Anthony Giddens. Este último autor, por cierto, sirvió en aquellos años de referencia ideológica para la transición del partido laborista inglés hacia la llamada tercera vía, la cual propugnaba, y no por casualidad, la necesidad de concentrar el foco político en las clases medias y no en la clase trabajadora. El debate es muy rico y no ha lugar aquí a abordarlo, pero baste decir que en absoluto estuvo limitado al espectro ideológico liberal. Por el contrario, el posmarxismo de autores como André Gorz o Ernesto Laclau también transitó hacia lugares similares, aunque desde presupuestos epistemológicos distintos. Las transformaciones económicas, sociales y tecnológicas que estaban teniendo lugar, y que implicaban, entre otras cosas, la desindustrialización de las economías occidentales, los cambios en el consumo de las clases trabajadoras, la emergencia de nuevas demandas políticas como las ecologistas o la revigorización de la agenda feminista, etc. fueron el telón de fondo sobre el que se produjo el debate sobre el final de la clase.

Aunque en realidad nunca murió, la clase social en España ha parecido tener una nueva oportunidad a raíz de la última crisis económica. Desde entonces no sólo ha crecido el interés por las cuestiones económicas y la desigualdad, sino que, de hecho, se ha producido una creciente literatura vinculada directamente a la clase social. Así, en estas mismas páginas los artículos de Juan Ponte, Juan Andrade o X. López han puesto de manifiesto la actualidad de esta cuestión, mientras que editoriales como Akal o Siglo XXI llevan años editando buenos títulos al respecto.

Sin embargo, la irrupción de nuevos partidos en 2014 y 2015 por un momento pareció difuminar esta trayectoria. Tanto Podemos como Ciudadanos se definieron, a su manera, como partidos transversales o, en la jerga académica, catch-all, es decir, partidos interclasistas que tienden a disputar el centro del tablero político. Esto sería así al menos por dos razones. La primera, porque se presupone que es ahí donde se concentra más población y, por tanto, más posibilidades de lograr mayorías. La segunda, y relacionada con la anterior, porque la atención a grupos sociales específicos y minoritarios no permite en modo alguno lograr esas mayorías y, por ende, convierte la participación electoral en un mero juego carente de posibilidades. Como notó ya en los ochenta Adam Przeworski[1], es el dilema electoral que enfrentaron los partidos socialdemócratas ya a principios del siglo XX, cuando todavía eran comunistas, y que llevó a muchos de ellos a cambiar el discurso hacia fórmulas populistas que apelaban más al pueblo que a la clase. Otros autores, como Geoff Evans y James Tilley[2] han apuntado que este tipo de cambios refuerzan, a su vez, la pérdida de conciencia de la clase trabajadora. Sea como sea, el debate sobre la transversalidad era y es, en cierta medida, un debate sobre el desclasamiento.

Al mismo tiempo, y al calor de la ola reaccionaria mundial, en los últimos años ha tenido bastante apoyo la tesis según la cual el ascenso de la extrema derecha es responsabilidad de la clase trabajadora. Esta idea está extendida especialmente entre pensadores estadounidenses que, como Jim Goad o Mark Lilla, han visto en esta clase social el apoyo fundamental en la victoria de Donald Trump. A pesar de que investigaciones recientes como las de Ronald Inglehart[3] han mostrado claramente que dicha tesis es incorrecta, el mismo planteamiento ha sido importado a nuestro país como posible explicación de la irrupción de la extrema derecha.

Por estas razones nuestro interés reside en contrastar empíricamente dos hipótesis. En primer lugar, queremos conocer si el comportamiento electoral de la población española en 2015, 2016 y 2019 sufrió algún tipo de desclasamiento. En segundo lugar, queremos averiguar si la clase trabajadora se encuentra detrás del ascenso de Vox o, al menos, de las derechas españolas. En ambos casos usaremos algunos resultados de la investigación, más amplia, que se publicará en ¿Quién vota a la derecha? en la editorial Península en otoño de este año.

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Miren Etxezarreta i José Iglesias: “Els grans sindicats estan participant en la privatització de les pensions

Autor: Miren Etxezarreta

Entrevista de Miren Etxezarreta i José Iglesias Fernández al setmanari El Temps, 05/08/2019

“Els grans sindicats estan participant en la privatització de les pensions”

Els pensionistes són un dels sectors de la població que s’han mantingut més mobilitzats aquests darrer any. Sobre el problema de les pensions n’hem parlat amb l’economista crítica Miren Etxezarreta i José Iglesias, autors del llibre ‘El Cuento de las Pensiones’ (Icària, 2019).

Per Xavier Puig i Sedano

És sostenible el sistema de pensions de l’Estat espanyol?
ME: Sí. Depèn molt del nombre de treballadors, dels salaris i de les contribucions. Sempre és sostenible perquè depèn de la riquesa del país. El que passa és que és molt important quina part va a sous i quina part no hi va. Depèn molt de la distribució de la renda i el que es produeix.

JI: Seria la quarta variable. Si es produeix molt, la part que va al treball és la que sosté el sistema de pensions. Com més gent treballi i més alt sigui el seu sou, millor.

ME: Un país viu d’allò que es produeix. D’això que es produeix, es paguen les pensions. És sostenible en funció de si es vol o no pagar les pensions. El que passa és que després es fan embolics per veure com es reparteix el que produeix el país. Si tot va als rics, no hi ha diners per a les pensions, si el que produeixes va pels treballadors, és sostenible.

Però hi ha molta gent que parla de “crisi de les pensions”?
ME: No volen veure que el problema està en com es distribueix. Si a Espanya a l’any es produeix un bilió d’euros, es poden pagar les pensions. El problema és si el 90% s’ho quedessin els rics (que no és així), allà hi hauria el problema. La pregunta de si es poden pagar les pensions és redundant, depèn de com es distribueix la riquesa. Parlar de crisi de pensions és un truc per dissimular el problema.

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“Tenemos que estar insertos en las luchas sociales. Estuvimos demasiado tiempo fuera” Entrevista a José Luis Carretero Miramar

Autor: Jose Luis Carretero Miramar

Kaos en la Red (Diana Cordero)

Entrevistamos a José Luis Carretero Miramar, secretario del sindicato Solidaridad Obrera, que es la tercera central anarcosindicalista del estado.

Pensamos que es prioritario que desde los ámbitos libertarios se pronuncien acerca de nuestros problemas cotidianos, escuchar cuanto saben de lo que nos pasa, que cerca están de nosotrxs, que proponen, cual es su compromiso. La charla con José Luis Carretero Miramar fue un grato momento, la comparto con vosotras y vosotros.

Puedes ver la entrevista aquí.

Green New Deal: ¿keynesianismo “verde” o ruptura con el capitalismo?

Autor: Jose Luis Carretero Miramar

El Salto

Ya nadie niega la existencia de una fuerte contradicción entre el despliegue histórico real de la economía capitalista y el equilibrio del medio natural que sirve de soporte para la vida en nuestro planeta. Resulta imposible negar que el desarrollo del proceso de industrialización y mercantilización de las relaciones sociales, en el marco capitalista, llevado a cabo en los últimos siglos está empujando a una crisis ecológica que, en conjunción con otra serie de procesos paralelos e interdependientes —la creciente inestabilidad financiera y económica, la devastación cultural y social generada por el neoliberalismo, la tendencial ruptura del escenario geoestratégico que constituía el armazón de las relaciones entre el centro y la periferia del sistema, etc.— ha hecho emerger una serie de derivas caóticas que marcan el inicio de una crisis civilizacional, que pone en cuestión nuestra forma de vivir, producir y relacionarnos, entre nosotros y con el ecosistema del que formamos parte.

No podía ser de otra manera. El sistema capitalista es un sistema de clases, basado en el funcionamiento del supuesto “libre juego” de la competencia económica entre actores que tienen la posibilidad de explotar la fuerza de trabajo ajena, partiendo de la garantía de la propiedad privada de los medios de producción.

La competencia implica algo innegable: hay ganadores y perdedores. Y ser un perdedor en la sociedad del capital es algo realmente serio. La pobreza, la explotación, el sufrimiento, esperan al perdedor, despojado de los medios de producción y, muchas veces, incluso de los recursos imprescindibles para solventar sus necesidades básicas. Así que hay que procurar ganar. Seguir leyendo…

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