Economía Crítica y Crítica de la Economía

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Pacto de PP y Vox: beneficios para los más ricos y menos dinero para los servicios públicos

Autor: Eduardo Garzón Espinosa

Público.es

El pasado 9 de enero PP y Vox firmaron un acuerdo para formar gobierno en Andalucía. Nada más hacerse público el documento completo y los puntos programáticos que deberían vertebrar la legislatura, todos los observadores se pusieron a comprobar si las medidas más excéntricas de Vox se habían incluido. El resultado tranquilizó a algunos pero no a todos: aunque algunas propuestas habían desaparecido o habían sido suavizadas, lo cierto es que muchas otras seguían intactas. Entre ellas destacan la creación de una Consejería de la Familia, la prevención del fundamentalismo islámico, la promoción de la escuela católica concertada, el rechazo de la memoria histórica o la exaltación de la caza y la tauromaquia. Medidas muy alejadas, sin duda, de lo que había imperado durante décadas en la comunidad autónoma de Andalucía.

Sin embargo, muy poca atención se le ha dado a las medidas de naturaleza económica que  aparecen en el acuerdo. Esto se debe sin duda a lo áridas y difícilmente comprensibles que suelen ser este tipo de propuestas pero también al interés que existe en que pasen desapercibidas ya que, de conocerse, podrían enervar todavía más a buena parte de la ciudadanía debido a lo injustas que resultan. Al fin y al cabo, todas las principales medidas económicas del acuerdo beneficiarían fundamentalmente a las capas más acaudaladas de la población andaluza y ejercerían mucha (más) presión sobre los servicios públicos de los que fundamentalmente se benefician quienes menos recursos tienen. Con el objetivo de desarrollar esta idea, a continuación enumero y explico dichas medidas. Seguir leyendo…

Karl Polanyi en Pekín. Perspectivas para el conflicto Estados Unidos-China

Autor: Ricardo Molero Simarro

La U

La batalla comercial declarada por Donald Trump a China ha generado inquietud sobre la posibilidad de que se convierta en el primer episodio de un conflicto abierto entre Estados Unidos y el país asiático. Durante las últimas décadas la relación entre las clases dirigentes de ambos países ha sido de carácter simbiótico. Sin embargo, las crecientes contradicciones de los procesos de acumulación de ambas economías podrían acabar provocando una guerra por la hegemonía mundial.

Como es bien conocido, el proceso de apertura externa de la economía china fue aprovechado por las empresas transnacionales estadounidenses para trasladar parte de sus fábricas al país asiático. Gracias, entre otros factores, a esa entrada masiva de inversiones extranjeras, China se pudo convertir en “la fábrica del mundo”. La extensa explotación laboral de su fuerza de trabajo (principalmente, migrantes rurales) multiplicó las desigualdades internas. Igualmente, el proceso de deslocalización de la industria estadounidense provocó destrucción de empleo y contracción de los salarios del sector. En conjunto, el emergente empresariado chino pasó a compartir intereses con el capital norteamericano. A nivel macroeconómico esa simbiosis se tradujo en una dependencia mutua entre los dos países: mientras que China dependía de EEUU como su principal mercado de exportación, Estados Unidos necesitaba a China como financiador de su doble déficit, externo y fiscal, vía reciclaje de los superávit comerciales chinos en bonos del gobierno norteamericano. El discurso del conflicto entre ellos escondía una alianza entre el partido-estado chino y la democracia capitalista estadounidense.

El estallido de la crisis financiera global pareció poner en riesgo esa relación, pero los pilares de la misma se han sostenido hasta que, casi una década después, Trump entró en la Casa Blanca. Durante ese tiempo, China ha evitado caer en la recesión gracias a un plan de estímulo fiscal y monetario que compensó la reducción de sus exportaciones. Por su parte, debido también a lo más acertado de sus políticas monetarias y hasta cierto punto fiscales, Estados Unidos logró superar la crisis antes que la Unión Europea. Sin embargo, el estancamiento de los salarios, junto con la secular insuficiencia de la protección social estadounidense han impedido que la recuperación económica se haya visto acompañada de una reducción de los problemas de exclusión presentes en el país norteamericano. Esto ha ayudado a nutrir el caldo de cultivo que llevó a Trump a la presidencia y que está empujando su política exterior, la cual ha tomado a China como uno de sus chivos expiatorios preferidos.

Ya en 2007 el economista Giovanni Arrighi centró su última gran obra en explorar la posibilidad de un conflicto entre Estados Unidos y China. Con el provocador título de Adam Smith en Pekín: Orígenes y fundamentos del siglo XXI (Akal, 2007), Arrighi defendía que la particular expansión de las relaciones mercantiles en China (parcialmente al margen de la lógica del lucro; de carácter trabajo-intensiva; y evitando la tendencia imperialista seguida anteriormente por las potencias occidentales) crearía la oportunidad para una coexistencia pacífica entre el país hegemónico en decadencia (Estados Unidos), que conservaría su poder militar, y el país en ascenso (China), que se haría con el poder económico.

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Alcoa, entre Mazzucato y Solchaga

Autor: Segundo Gonzalez

eldiario.es

Quedan pocos días para el desenlace del conflicto de Alcoa que mantiene en vilo a 700 trabajadores directos, a más de 2.000 entre indirectos e inducidos y a las comunidades de Asturias y Galicia. Si el Gobierno central no adopta medidas antes del 15 de enero, finalizará el periodo de consultas del ERE y la empresa estará en condiciones de iniciar los despidos de las plantillas de Avilés y A Coruña.

Desde que el 17 de octubre anunció su intención de cerrar las plantas, la multinacional ha dado sobradas señales de que la amenaza va en serio. La empresa tiene órdenes de su central en Pittsburgh de desmantelar las fábricas para deslocalizar la producción hacia sus plantas de Arabia Saudí. Alcoa no está dispuesta a poner nada de su parte para mantener la actividad ni para facilitar que otros la mantengan, a sabiendas de que una vez que cese la producción retomarla resulta muy costoso debido a las características específicas de la generación de aluminio primario. Por ello, desde ese día en que quedó clara la voluntad de la empresa, quedó también claro que la pelota rebotaba en el tejado del Gobierno de Pedro Sánchez.

Las plantillas y algunos grupos políticos llevamos semanas insistiendo en que la única salida posible pasa por la intervención pública en la empresa a través de la SEPI para evitar el cierre mientras se realizan las reformas necesarias en el marco energético de las industrias electrointensivas para asegurar un suministro competitivo y predecible, rectificando el ineficaz modelo de pagos no condicionados al mantenimiento de la actividad. Sin embargo, este planteamiento tuvo dos reacciones oficiales. Por un lado, la ministra de Empleo, Magdalena Valerio, cuya respuesta ante la pregunta de si barajaba el Gobierno la participación pública en Alcoa fue que “no estamos en un país comunista”. Por otro, el secretario general de Industria, Raúl Blanco, que con otras palabras vino a decir lo mismo. Su única reacción fue un decreto de medidas para la industria que la ministra de Industria reconoció que no sirve para solucionar el problema de Alcoa, aunque tampoco la perjudica.

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Los fondos buitre sobrevuelan España

Autor: Jose Luis Carretero Miramar

pulsonoticias.com.ar

El Tribunal de Cuentas español ha condenado a Ana Botella, exalcaldesa de Madrid y esposa del expresidente José María Aznar y a otros seis políticos del Partido Popular a abonar 22,7 millones de euros a las arcas del Ayuntamiento de la capital por haber decidido, mientras formaban parte del órgano de gobierno de la corporación local, vender 18 promociones inmobiliarias (unas 1.860 viviendas) de la Empresa Municipal de la Vivienda y el Suelo a una filial del fondo buitre Blackstone.

La venta se produjo en julio de 2013, causando un menoscabo a las arcas públicas de 25,7 millones. El procedimiento, según el Tribunal de Cuentas, fue ilegal al no garantizarse concurrencia alguna. La operación se cerró por debajo del precio de mercado de los inmuebles e, incluso, por debajo de su precio contable. La enajenación se realizó “sin elaborar un pliego de condiciones de la venta, ni hacer un estudio técnico de la necesidad económica y viabilidad jurídica de la misma ni fijar con carácter previo, mediante el oportuno informe técnico o tasación homologada, el valor de los inmuebles a enajenar”.

No ha sido esta, por otra parte, la única noticia reciente en la que los llamados fondos buitre se han visto citados en la actualidad económica española. El viernes 14 de diciembre se hizo público que el fondo activista Elliot Management quiere comprar una participación importante en una de las principales empresas del país: la empresa de telecomunicaciones  Telefónica.

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Renta Básica Universal: mejor en especie que en metálico

Autor: Eduardo Garzón Espinosa

Artículo publicado originalmente en Alternativas Económicas en abril de 2017

La propuesta de Renta Básica Universal (RBU) más conocida –una renta de aproximadamente 650 euros a todo individuo independientemente de su condición–presenta una característica que merma su elevado potencial y que la aleja en cierto sentido del objetivo que pretende alcanzar: es monetaria. Al entregarse la RBU en dinero se originan una serie de situaciones que debilitan la medida.

En primer lugar, la RBU monetaria no distingue el nivel de vida que existe en cada región en la que vive su beneficiario. Evidentemente no es lo mismo disponer de 650 euros en pleno centro de la capital del país que hacerlo en un pequeño pueblo rural de Almería: en el primer caso la RBU permite comprar menos bienes y servicios que en el segundo caso. Esto puede conducir a que una RBU de 650 euros quizás permitiría satisfacer las necesidades más básicas (que es el objetivo principal de la medida) en un caso, pero podría no lograrlo en otro, o incluso resultar relativamente generosa en un tercer caso (por ejemplo, imaginando en el citado pueblo rural a varios individuos compartiendo alquiler y otros gastos fijos; como frecuentemente se encarga de recordar la derecha cuando critica la RBU). Es cierto que este defecto de la medida podría considerarse menor, especialmente comparado con las ventajas que podría deparar, pero en cualquier caso también es cierto que puede corregirse. ¿Cómo? Entregando la RBU en especie, ya fuese de forma total o parcial.

Una renta en especie es una retribución en bienes y servicios y no en dinero. En vez de percibir cada individuo 650 euros para comprar productos en el mercado, el Estado podría garantizar a cada persona determinados bienes y servicios considerados esenciales. Esto es precisamente lo que ocurre con la educación y sanidad públicas: el Estado no nos entrega dinero para pagar los servicios de educación y sanidad en el mercado, sino que nos ofrece la posibilidad de recibir esos servicios en un colegio o en un hospital sin necesidad de que haya pago de por medio. Ni el profesor ni el médico nos piden dinero por educarnos o atendernos. Lo mismo podría ocurrir con una RBU que garantizase al receptor una vivienda, un consumo básico de energía, de transporte, de cuidados, de alimentación, de vestimenta, etc. No habría necesidad de utilizar esos 650 euros para alquilar una vivienda, comprar alimentos, comprar ropa, desplazarse, adquirir servicios de cuidados, etc, sino que simplemente por el hecho de nacer tendríamos garantizadas esas necesidades básicas. No todo el pago de la RBU tendría por qué ser en especie, se podría, por ejemplo, garantizar alojamiento, energía, cuidados y desplazamiento, y también ofrecer 200 euros para comprar alimentos y vestimenta. Las combinaciones son infinitas, pero en cualquier caso lo importante es entender que de esta forma se resuelve el problema que habíamos detectado: ya no se produciría discriminación entre un residente del centro de Madrid y uno de un pueblo rural de Almería, porque ambas personas podrían cubrir las mismas necesidades independientemente del nivel de precios de cada región.

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Documental La Piel del Jerte (online y descarga)

Autor: Angel Calle Collado

Ya puedes ver y descargarte el Documental “La Piel del Jerte”. Se trata de una mirada sobre el ayer y los retos de las comarcas extremeñas, sobre crisis del medio rural y deseos de un mundo rural vivo.

https://vimeo.com/lapieldeljerte

Realizado a lo largo del año pasado, refleja el trabajo y la voluntad de cambios de personas que desarrollan su vida en él.

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Huawei y la lucha por la conectividad del futuro

Autor: Jose Luis Carretero Miramar

El Salto

La detención, el pasado 2 de diciembre, en Canadá de Meng Wanzhou, directora financiera de la tecnológica china Huawei, además de una de las hijas del fundador de la empresa, Reng Zengfei, acusada de ayudar a Huawei a soslayar las sanciones impuestas por Estados Unidos contra Irán, ha impactado fuertemente a la opinión pública. Meng, que ha sido puesta en libertad condicional, podría ser extraditada a Estados Unidos y condenada a penas de hasta 30 años de cárcel.

Es evidente que dicha detención está estrechamente relacionada con la guerra comercial desatada por Donald Trump contra China. Incluso el propio presidente norteamericano lanzó a la red un tuit, poco después del arresto, en el que venía a afirmar que un arreglo pactado del conflicto comercial contribuiría al archivo de la causa contra Meng Wanzhou, saltándose ostensiblemente todo concepto de legalidad y de separación de poderes. Es de resaltar que los aranceles norteamericanos impuestos a los productos chinos en los últimos meses se han centrado fundamentalmente en la tecnología para tratar de frenar toda posibilidad de que sea el gigante asiático quien comande la entrada en la llamada “Cuarta Revolución Industrial”. El caso de Huawei, en efecto, es una clara muestra de las crecientes tensiones entre las potencias globales que acompañan al desarrollo tecnológico de nuestros días.

China, en estos momentos, registra más patentes industriales anualmente que los Estados Unidos. Una gran transformación tecnológica, pero también en la geopolítica global, está a las puertas. Huawei, además, es una pieza clave en este teatro de operaciones en el que se dirime la arquitectura global de la infraestructura tecnológica del futuro. La clave está en el llamado 5G. La inminente llegada de las redes de conectividad 5G va a impactar en las economías industrializadas en mucha mayor medida que las tecnologías anteriores. No se trata de una simple versión actualizada y mejorada del actual 4G. El 5G aportará muchas características que determinarán que su impacto global sea exponencialmente mayor que sus antecesores. Además de aumentar enormemente la capacidad de transmisión de datos, llegando hasta los 10 gigabits por segundo en sus versiones más avanzadas, el 5G mejorará de forma disruptiva dos aspectos esenciales: la latencia (la velocidad de respuesta de la red a una interacción) y la capacidad para conectar miles de objetos simultáneamente.

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Postales de fin de año (Cuaderno de postcrisis: 14)

Autor: Albert Recio Andreu

Mientras Tanto

De lo global…

Acaba el año con nuevas incertidumbres en las bolsas. Aunque las bolsas son el espacio financiero-especulativo por excelencia, lo cierto es que casi todas las grandes crisis se manifiestan en primer lugar allí. Es difícil saber hasta qué punto se trata de un terremoto local de corto alcance o del avance de un nuevo cataclismo. Los grandes centros de predicción piden calma, aseguran que “los fundamentales” (o sea sus modelos teóricos) solo indican un desaceleración del crecimiento. Pero si algo aprendimos de la crisis de 2008 es que estos modelos suelen ignorar elementos cruciales de la vida económica y fallaron estrepitosamente en la crisis anterior. Tampoco hay evidencia de que hayan sido sustancialmente cambiados en los últimos años. La mayoría de economistas que anunciaron el posible desastre y ofrecieron interpretaciones teóricas convincentes siguen en la periferia del mundo académico.

Y es que cambiar el sistema a fondo implicaba introducir transformaciones radicales en el sistema financiero. Y más bien se hizo lo contrario. Apuntalarlo con una política monetaria heterodoxa que dio a los grandes bancos dosis inmensas de liquidez que les permitieron tapar sus agujeros y evitar la quiebra. Una política que ha tenido diferentes efectos colaterales que ahora podrían volver a pasar factura. Como un crecimiento de la deuda global que, como explicó Steve Keen, durante un período puede provocar sensación de estabilidad, pero a largo plazo puede generar otra crisis de la deuda. Y si esta se produce podemos entrar en una situación insospechada, puesto que la expansión monetaria anterior se trata de una respuesta posiblemente irrepetible. (Buena cosa sería que todos los grupos de economistas alternativos se pusieran a pensar en ofrecer una propuesta para que fuerzas de izquierda y movimientos sociales tuvieran una respuesta más contundente y clara que la ocurrida en 2008). Con la deuda, además, han vuelto a crecer los activos especulativos seguramente sobre nuevas modalidades (aunque en el plano local ha renacido la emisión de cédulas hipotecarias, que fue uno de los instrumentos tóxicos que protagonizaron el anterior “crack”). Pero, al mismo tiempo que obtenían liquidez, los bancos han presenciado una caída del nivel de intereses de tal magnitud que afecta a su propia rentabilidad. Como ha recordado en un sugerente libro James K. Galbraith (El fin de la normalidad. La gran crisis y el futuro del crecimiento, Traficantes de Sueños, Madrid, 2018) los bancos actuales son inmensas estructuras con un elevado coste de mantenimiento, y la pérdida de márgenes afecta gravemente a su rentabilidad. Por ahí pueden apuntarse movimientos que una vez más desestabilicen al sistema.

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Mantras económicos y falsos atajos (Cuaderno postcrisis: 13)

Autor: Albert Recio Andreu

Mientras Tanto

I

La mayoría de las personas tenemos un conocimiento limitado del mundo real. En parte porque nos faltan conocimientos técnicos para entender cuestiones especializadas. También porque la realidad es tan variopinta que es imposible abarcarla en su complejidad. Para orientarnos, tomar decisiones, necesitamos atajos, guías, orientaciones. Y para ello hacemos caso a expertos, asesores, lugares comunes que nos facilitan construir nuestra visión del mundo, adoptar decisiones con relativa facilidad.

Esto es inevitable, obedece al funcionamiento normal de nuestro cerebro, a nuestra necesidad de actuar cotidianamente. Pero ello abre grandes posibilidades para que demos por sentadas cosas irreales, para que nos cuelen pensamientos erróneos, para que en fin acabemos optando por soluciones inadecuadas o transitando hasta lugares sin salida.

En el capitalismo moderno, donde se ha desarrollado una enorme “industria de la comunicación”, donde el marketing es cada vez más sofisticado y donde las voces que representan a intereses de las élites circulan con mucha mayor profusión que los argumentos críticos, la venta de ese tipo de falacias está a la orden del día. Hay toda una legión de personas dedicadas a su producción. Algunas, manipuladores conscientes, muchas otras meros repetidores de “verdades” aprendidas acríticamente. Repetidores de mantras con los que se pretende adoctrinar al personal. A menudo sus primeros clientes son los propios políticos, siempre necesitados de mensajes simples, de respuestas cortas para llenar los valiosos minutos de presencia en campaña. Muchos líderes políticos acaban siendo, a su vez, los principales consumidores y emisores de esos lugares comunes. Y las campañas electorales, el momento de mayor uso de los mismos. Seguir leyendo…

Revista de Ecomía Crítica – Segundo semestre 2018

Autor: REVISTA ECONOMIA CRITICA

segundo
semestre 2018
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REC 26 ISNN edición papel: 1696-0866
ISSN edición digital: 2013-5254

Tiempo de descuento

Autor: Nacho Álvarez Peralta

El País

La aprobación este jueves del objetivo de estabilidad presupuestaria da el definitivo pistoletazo de salida al trámite para la discusión de los Presupuestos Generales del Estado.

Como es sabido, estos presupuestos llegan al Congreso respaldados por un acuerdo previo entre Unidos Podemos y el Gobierno con el que se empieza a dejar atrás la austeridad. Los principales pilares de ese acuerdo son ya públicos: el mantenimiento del poder adquisitivo de los pensionistas, una reducción de las tasas universitarias a los niveles previos a la crisis, la eliminación de los copagos y un aumento importante del presupuesto en dependencia.

Asimismo, se incrementa la prestación por hijo a cargo, progresa la equiparación de los permisos de maternidad y paternidad, y se impulsa la educación entre los 0-3 años, tan necesaria para la igualdad de género. Estos avances serán financiados con una fiscalidad más justa —se eliminan algunos privilegios que favorecen a las rentas más altas—, y vienen además rubricados por una subida del SMI a 900 euros mensuales.

Pasar la página de una austeridad que ha dañado la cohesión social y el crecimiento potencial de la economía —dejando profundas cicatrices— es sin duda necesario. Pero la importancia de los Presupuestos que se van a discutir a partir de enero va mucho más allá.

Estamos en el tiempo de descuento de la legislatura actual. En el caso de que estos Presupuestos no se aprueben, las reformas anteriores no echarán a andar. Y estaremos además abocados a un adelanto electoral que bien podría ofrecer un resultado similar al que ha tenido lugar en Andalucía.

El problema de que un resultado análogo se produzca en el conjunto del país no es “que ganen las derechas”, algo evidentemente democrático y legítimo. El problema es que ganarían unas derechas hoy por hoy secuestradas por la extrema derecha, lo que conllevaría riesgos evidentes de involución democrática en nuestro país.

Precisamente por ello, quienes defendemos la idea de que el ciclo político que se abrió con el 15-M debe terminar alumbrando un proceso de profundización democrática —basado en el fortalecimiento de los derechos sociales y en la convivencia plurinacional— tenemos un reto enorme. O se consolida la mayoría política y social que se articuló en torno a la moción de censura, o se aborta el proceso de cambio.

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Conferencia “El Patriarcado Neoliberal”, por María Pazos

Autor: Maria Pazos Moran y Grupo de Economia Politica Alternativa - UAM

Ya está disponible el vídeo de la charla que, bajo el título ofreció “El patriarcado neoliberal”, ofreció María Pazos el pasado 13 de diciembre en la Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales de la Universidad Autónoma de Madrid (UAM), al término del cual se abrió un coloquio con el público asistente. La podéis ver en el siguiente link:

https://www.youtube.com/watch?v=I6StRlIN0pI&feature=youtu.be

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Agadez, la última frontera de la Europa Fortaleza

Autor: Miguel Urban y Xabier Benito Ziluaga

eldiario.es

Este martes es el Día Internacional del Migrante, efeméride declarada por la Asamblea de la ONU en 1999 con el objetivo de reconocer la gran contribución, a menudo ignorada, que millones de emigrantes hacen a la economía y al desarrollo social y cultural de los países en todo el mundo. Pero no sólo se ignoran los beneficios y sobre todo los derechos de las personas migrantes, sino que estamos asistiendo en los últimos años a un peligroso proceso de criminalización de la migración y del propio migrante como sujeto de derecho.

Celebrar el Día del Migrante cobra especial relevancia ante la fallida cumbre migratoria de Marrakech, que a pesar de ratificar el Pacto Mundial para una Migración Segura, Ordenada y Regular de la ONU, nace herido de muerte. No sólo por ser un acuerdo jurídicamente no vinculante sino, sobre todo, por las resistencias que ha generado entre países especialmente relevantes como Australia, Chile, Italia, Israel, hasta seis países centroeuropeos y los Estados Unidos, que se opuso desde el principio.

Un pacto mundial para las migraciones que llega en un momento político en el que las instituciones y gobiernos europeos están respondiendo a uno de los mayores retos a los que se ha enfrentado la UE en los últimos tiempos con una combinación inédita de neoliberalismo y xenofobia, un fortalecimiento de todas las políticas securitarias y de externalización de fronteras.

Porque la criminalización de la población migrante no es sólo producto de una extrema derecha en auge o de unos cuantos políticos irresponsables, sino que es la consecuencia de una política institucional, de guante blanco, consciente y planificada, que persigue una degradación de la protección jurídica y social del migrante.

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Serenidad, firmeza y proyecto alternativo

Autor: Hector Illueca Ballester, Julio Anguita y Manolo Monereo

Cuarto Poder

La irrupción de Vox en el Parlamento de Andalucía, esperada pero no con tanta presencia, ha provocado una serie de sentimientos y actitudes que han ido desde la estupefacción hasta la inquietud, pasando por airadas reacciones. Las precipitadas y desafortunadas convocatorias para manifestarse contra estos resultados no solo le han hecho un flaco favor a la democracia, sino que le han proporcionado a este partido una excusa para asignarse la palma del martirio. Más protagonismo regalado a dicha fuerza política por quienes se reclaman de un frentismo antifascista.

Creemos que debemos acercarnos a este asunto con la serenidad necesaria para la reflexión, que si es imprescindible siempre, en el asunto que nos ocupa lo es más aún.

La ultraderecha: el voto productivista contra el mundo

Autor: Angel Calle Collado

eldiario.es

Me resisto a presentar el ascenso electoral de la ultraderecha como un síntoma o como una coyuntura. La irrupción de Vox, la elección de Bolsonaro o de Trump, el ímpetu racista de Salvini o de Orbán son más bien un oleaje producto de un mar de fondo. Una marea inhóspita que viene cobrando fuerza en las últimas décadas. La ultraderecha es un producto mediáticamente refinado por sectores neoliberales (empresariales, financieros, mediáticos) que han alzado su vuelo con alas muy conservadoras, comprometidas con la defensa de un orden y de unos privilegios.

Bolsonaro es hijo del grupo parlamentario de la BBB, como dicen por Brasil: bala, buey y biblia, correspondiendo a tres bancadas parlamentarias que se identifican con quienes medran a la sombra de la militarización del país, la defensora del agronegocio y la proveniente del sector evangélico. Vienen siendo mayoría en el Congreso brasileño. No dudaron en apoyar el golpe de Estado frente a Dilma Rousseff. En Brasil, como en otros lugares del mundo, esta ultraderecha se benefició de las promesas no cumplidas y las corruptelas no señaladas por una izquierda cómoda en la cogestión de grandes parcelas del neoliberalismo. Pero sobre todo adquirieron aire con los poderosos grupos mediáticos evangelistas y sus acólitos (Iglesia Universal del Reino de Dios, televisiones como Record TV, periódicos, canales en youtube) a los que bombardearon con su subpolítica de los memes: aquella que sólo caricaturiza y promueve el odio como fundamento político, siguiendo la doctrina Bannon.

De la misma manera, para entender a Trump hay que hablar de élites y de una cultura derechizante reconocida como la Alt-Right: publicaciones en internet como Breitbart, youtubers y canales volcados con la magnificación de sucesos de inseguridad y la propaganda racista, televisiones como Fox, etc. Compañías eléctricas, petroleras y automovilísticas vieron en Trump un camino contrario a Obama y directo para frenar directivas contra el cambio climático, otras que impidieran el control de emisiones tóxicas de sus centrales y prospecciones o que pusiera fin a los sobornos en países que dan el visto bueno a sus negativos impactos ambientales.

¿Y Vox? Crece alrededor de discursos racistas, denuncias contra la “ideología de género” o promesas de bajadas de impuestos para empresarios y grandes fortunas. Militancia que, como la de Ciudadanos, proviene de participantes y simpatizantes del ala dura del Partido Popular. Y del ala afortunada de este país, pues según encuesta realizada en Octubre pasado, sólo uno de cada ocho posibles votantes percibía más de 800 euros, mientras que los pueblos y barrios de renta más alta han sido caladero de votos para esta formación.

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El impuesto a las hipotecas. ¿Por qué la banca siempre gana?

Autor: Carlos Martinez Nunez

ctxt.es (La Paradoja de Kaldor)

Tras la sentencia del Tribunal Supremo sobre quién debía hacerse cargo del pago del impuesto de actos jurídicos documentado (AJD), si la banca o las personas que solicitan un crédito, se han suscitado diversos debates. Tanto desde un punto de vista judicial sobre las repercusiones que esta sentencia tenía sobre las demandas judiciales pendientes, así como análisis económicos sobre las consecuencias que tiene este impuesto en la constitución de una hipoteca.

La exposición que realizaremos a continuación está enfocada desde una perspectiva más económica que judicial. En este sentido, cabría desmontar dos argumentos económicos que se están vertiendo sobre este impuesto.

El primero de ellos afirma que el debate jurídico sobre quién tenga que pagar finalmente el impuesto es inútil porque la incidencia real de un impuesto no tiene por qué coincidir con su configuración normativa.

Aunque buena parte de esta premisa puede ser asumida, el debate sobre quién debe pagar el impuesto está más relacionado con la estructura del propio mercado de crédito y el control de los reguladores al respecto. Es evidente que el mercado hipotecario no es un mercado realmente competitivo por el lado de la oferta de crédito. Además, la concentración en el sector financiero se ha agudizado en los últimos años como consecuencia de la reestructuración bancaria. Como señala un artículo reciente publicado en la Revista de estabilidad financiera del Banco de España, el número de entidades de crédito ha descendido un 43% de 2008 a 2016. Si en 2008 las cinco mayores entidades financieras cubrían el 42% del mercado, en términos de activo total, en 2016, su cuota conjunta de mercado aumentó hasta el 61,8%. Por tanto, se refuerza el poder de imponer condiciones porque baja la competencia. Pero además, las hipotecas siempre han sido un producto de contratación masiva donde el poder de negociación está completamente del lado de la banca. Es decir, la estructura de mercado y su concentración creciente favorece el poder de mercado de la banca. Pero a pesar de todo ello, se podrían destacar varias cuestiones.

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Francia arde: los “Chalecos Amarillos”

Autor: Jose Luis Carretero Miramar

Revista Crisis

El pasado sábado 8 de diciembre, cerca del mediodía, la policía francesa informaba que había efectuado cerca de 700 detenciones en relación con las movilizaciones de los llamados “Chalecos amarillos”. El día amaneció tenso y frío en París, una capital donde se habían retirado más de 2.000 elementos del mobiliario urbano para que no pudieran ser utilizados como armas por los manifestantes, donde los museos, centros culturales, gimnasios y mercadillos habían sido cerrados por las autoridades, así como cerca de una veintena de estaciones de Metro, y donde la Asistencia Pública de los Hospitales de París había preparado un “dispositivo de vigilancia reforzada” por lo que pudiera suceder. El país entero ha sido tomado por más de 89.000 policías.

Las movilizaciones recurrentes de los llamados “chalecos amarillos” han sacudido Francia en los últimos meses, poniendo contra las cuerdas al gobierno neoliberal de Emmanuel Macron (que ha suspendido por seis meses la subida del precio de los carburantes que desató la brutal ola de manifestaciones y disturbios) y haciendo aparecer en las calles una amplia amalgama de manifestantes airados de diversos sectores (agricultores, transportistas, estudiantes, sindicatos, trabajadores de la salud…) que parecen a punto de reeditar la enorme sacudida que significó la revuelta de mayo de 1968, en una sociedad francesa en la que las encuestas afirman que más del 80 % de la población apoya a los manifestantes, pese a la dura violencia que ha acompañado en algunas ocasiones (no en todas) a sus reivindicaciones.

La orgullosa Francia que presiona a Alemania en busca de una mayor unidad europea y que provoca a Donald Trump hablando de la posibilidad de construir un ejército comunitario independiente, parece a punto de plantearse la necesidad de declarar el estado de emergencia y la limitación de las libertades civiles, mientras las imágenes de detenciones colectivas de estudiantes secundarios, tratados por la policía como en la más amarga guerra colonial, recorren las televisiones del mundo entero. Entonces, ¿cómo se ha llegado hasta aquí?

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De la banalización del fascismo a la normalización de la extrema derecha

Autor: Alberto Garzon Espinosa

Pijus Economicus

En 1954 comenzó la guerra de independencia de Argelia frente a su metrópoli francesa. Habían pasado nueve años desde el final de la II Guerra Mundial, en la que miles de argelinos habían luchado y muerto en el bando aliado (por cierto, excepcional película sobre la cuestión: Indígenesde Rachid Bouchareb), y ahora Francia tenía que hacer frente a la descomposición del resto sus colonias. El vasto imperio francés se había ido desmoronando en el transcurso de la IIGM y otras muchas colonias se perdieron inmediatamente después, por ejemplo las actuales Camboya, Laos y Vietnam. Sin embargo, la guerra de Argelia fue especialmente dura para el espíritu nacional francés, algo que describe bien el hecho de que una película como La Batalla de Argel, producida en 1966, estuviera prohibida en la Francia democrática hasta 1971.

Pero aquella guerra tuvo otros efectos menos conocidos. Aunque para los colonizados el conflicto se remontaba al siglo XIX en forma de saqueos, explotación y opresión, en Francia los movimientos conservadores exprimieron durante la guerra el orgullo herido del mítico imperio. Los partidos de derechas y católicos radicalizaron sus discursos nacionalistas, imperialistas y anticomunistas (Indochina se había perdido frente a Ho Chí Minh), volviendo a normalizar un discurso que desde el final de la II Guerra Mundial había sido políticamente incorrecto. Esa circunstancia fue aprovechada por el poujadismo, un movimiento populista de la pequeña burguesía (el partido liderado por Pierre Poujade se llamaba Unión de Defensa de los Comerciantes y Artesanos) al que Maurice Duverger definió como fascismo primitivo. De hecho, en las elecciones de 1956 el poujadismoobtuvo 56 diputados en la Asamblea Nacional, siendo uno de ellos Jean-Marie Le Pen, quien había sido uno de los centenares de miles de soldados que participaron en la guerra de Argelia. En 1972 Le Pen fundaría el Frente Nacional, un aglomerado de partidos de extrema derecha que, con un discurso ultranacionalista y xenófobo, criticaba a la derecha democristiana por blanda y centrista, y que diez años después superaría el 10% en las elecciones europeas.

Es decir, en la Francia más vacunada contra el fascismo, la que había sido liberada en 1944, apenas hicieron falta diez años para que nuevas formas de fascismo se abrieran paso a través del nacionalismo y el relato mitificado de la historia del antiguo imperio. Fue la normalización del discurso reaccionario la que permitió la consolidación y crecimiento de las nuevas formas de extrema derecha.

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Entrevista a Yayo Herrero: “Mirar desde el prisma de la sostenibilidad de la vida nos lleva a asumir la urgencia en ponernos de acuerdo”

Autor: Yayo Herrero

El Salto (Santiago Canales)

Yayo Herrero (1965) es antropóloga, profesora universitaria en la UNED y miembro de Ecologistas en Acción. Ha publicado numerosos artículos y libros sobre ecología y feminismo. El último, La vida en el centro. Voces y relatos ecofeministas, un libro escrito a seis manos junto a María Gonzalez Reyes y Marta Pascual en el que combinan los relatos y el ensayo para dar cuenta sobre lo que importa realmente, para señalar como prioridad absoluta la defensa de una vida digna. En esta entrevista reflexiona sobre la sostenibilidad de la vida, la articulación de una agenda para hacer frente a la crisis ecológica y social y el avance de la extrema derecha.

Una serie de artículos a raíz de la ley Decreto Dignidad del gobierno italiano ha reabierto un debate sobre la soberanía y la reivindicación del Estado-nación frente a la globalización capitalista. ¿En qué medida es suficiente con recuperar el poder del Estado para acometer transformaciones sociales profundas? ¿Cómo articular una respuesta frente al poder global?
Yo no creo que nadie haya planteado que sea suficiente recuperar el poder del Estado para acometer transformaciones profundas. Creo que lo que se planteaba es que desde la esfera del Estado-nación había posibilidades de recuperar dinámicas de autogobierno que en este momento están desapareciendo a pasos agigantados. Para mí, no hay una sola escala desde la que, suponiendo que se orientase a resolver los problemas de las personas más vulnerables, pudiesen resolverse todos los problemas. Tenemos una situación grave y compleja que requiere medidas transescalables. Hay asuntos que se pueden afrontar mejor desde lo municipal, otros desde el marco del Estado y otros son problemas supranacionales.

En cualquier caso, lo que sí tengo claro es que, teniendo en cuenta el cambio climático y el declive de energía, materiales, recursos pesqueros o biodiversidad, la esfera material de la economía decrecerá sí o sí. Por tanto, será preciso pensar, más pronto que tarde, en la relocalización de la economía. Somos dependientes en un 80% de la energía y los materiales de otras zonas ya casi agotadas del planeta. Por solidaridad y justicia con quienes viven en esos territorios, y por la propia seguridad y protección de las mayorías sociales también en nuestro país, es urgente pensar en cómo racionalizar el metabolismo económico, la producción y el consumo.

El artículo escrito por Anguita, Monereo e Illueca resultó muy polémico porque valoraba positivamente esas medida sin tener en cuenta el componente racista del gobierno italiano y el auge de la extrema derecha en Europa. ¿Debe la izquierda competir con estos movimientos y partidos por el concepto de lo nacional?
Anguita, Monereo e Illueca no escribieron uno sino varios artículos e hicieron diversas entrevistas en las que pudieron ampliar, matizar y enriquecer las argumentaciones al escuchar las criticas que se fueron produciendo. Yo no comparto completamente todos sus puntos de vista, pero creo que pusieron encima de la mesa un debate a todas luces necesario, ante el que otras personas han reaccionado aportando piezas a un puzzle complicado que, hoy por hoy, nadie sabe cómo terminar.

No creo que las izquierdas tenga que competir con los movimientos neofascistas por el concepto de lo nacional. Creo que las izquierdas deben situar como prioridad la emancipación de todas las personas subordinadas y subyugadas por un capitalismo que ya no es solo una forma de producción sino una antropología que ha decretado que el dinero y el crecimiento económico es sagrado y que todo debe sacrificarse —condiciones laborales, derechos sociales, libertad de expresión, territorios, vidas dignas, etc.— ante él. Ese sometimiento de todo lo vivo se da dentro y fuera de las fronteras nacionales. Para mí, sería terrible también una izquierda que defendiese formas de vida de la “clase obrera española” que solo puedan mantenerse arrasando, invadiendo, matando y violando otros territorios y otras vidas.

En esa batalla que hay que librar en diferentes escalas, ¿dónde queda el marco nacional?
Desde este punto de vista, el reconocimiento de nuestro territorio como el lugar del que tendremos que obtener lo necesario para vivir y en el que establecemos las relaciones sociales y construimos la vida en común es fundamental. El territorio en el que vivimos es el lugar en el que podemos hacer políticas que apunten a la justicia. Es en este territorio concreto en el que vamos a tener, por ejemplo, que adaptarnos de forma justa a un cambio climático que no se va a expresar como en Noruega o como en Canadá, sino con especificidades propias que tendremos que abordar. Es en este territorio concreto en el que tendremos que buscar soluciones cuando los oscilantes picos, aunque cada vez más frecuentes, de los precios de la energía se lleven por delante industrias y puestos de trabajo, sin que haya nuevas fuentes milagrosas que explotar y al poder económico le importe poco sacrificar las vidas y el bienestar de personas que considera sobrantes.

Tenemos un importante marrón, que el movimiento ecologista lleva planteando desde hace más de 40 años, y las soluciones no son fáciles ni desde luego se van a construir sobre la recuperación de un estado de bienestar con la lógica del que se construyó después de la Segunda Guerra Mundial. Creo que recuperar la noción de ecodependencia e interdependencia puede ayudar en un sentido de pertenencia al territorio y a la comunidad que evite que las luchas entre pobres que tan bien le vienen a los populismos de ultraderecha.

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Una alternativa para el Marco Financiero Plurianual de la Unión Europea para 2021-2017

Autor: Daniel Albarracin

Sin Permiso

La política y los discursos se quedan en nada si no se materializan en prácticas y recursos con un sentido concreto.

El Marco Financiero Plurianual de la UE nos recuerda, con frialdad, el lado material de la política. En él, se retrata la vocación práctica de la UE en su política concreta, al encuadrar, delimitar en volumen y transferencias internas los capítulos presupuestarios a medio plazo. No se trata, como suele presentarse, de un ejercicio de planificación presupuestaria para siete años, sino precisamente lo contrario: un corsé para limitar la acción política de la Unión, cuanto menos en lo que concierne a las políticas prácticas.

La Unión Europea es, en resumidas cuentas y, sobre todo, un espacio de concertación y de legitimación de las políticas de las clases dirigentes europeas. Unas políticas que sobre todo se aplican a nivel nacional, y la Unión establece el paraguas para facilitar la implantación de políticas neoliberales.

Como decimos, el Marco Financiero Plurianual impone al menos dos techos a la expansión de los presupuestos europeos, y lo hace para un plazo de 7 años, nada menos.

El primer techo es el de los recursos propios con los que se dota de medios la Unión. El endeudamiento no está contemplado.

El segundo, son precisamente los techos de gasto que se establecen para el conjunto de los presupuestos anuales y para cada gran encabezado presupuestario.

Aunque, hay otros muros que son mucho más importantes: Unos tratados europeos que blindan la naturaleza neoliberal de la Unión; un Consejo que debe decidir por unanimidad cualquier modificación y que está liderado y bloqueado sistemáticamente por los grandes países; y un marco institucional y una arquitectura económica que sólo está al servicio de las grandes corporaciones transnacionales y en especial de la industria energética y financiera.

Nuestra acción política debe mostrar las contradicciones del proyecto europeo. Y cabe hacer dos cosas, sabiendo que a esta UE sólo se la puede cambiar fuera de los cauces que sus instituciones establecen: o refugiarnos en el Estado Nación, o, si somos internacionalistas, reivindicar Otra Europa. Lo primero no permite afrontar la violencia del capitalismo global, pues el Estado-Nación tiene herramientas limitadas por sí solo. Lo segundo, es al menos un ejercicio pedagógico, y que, sin duda no nos van a regalar si queremos construirlo. Cuando la gente vea que lo socialmente justo y razonable no cabe en sus instituciones, ensancharemos la legitimidad para que, sin abandonar nuestras aspiraciones de internacionalismo solidario, podamos construir proyectos alternativos. Posiblemente a pesar y seguramente teniendo en contra a esta UE, a sabiendas de que la Unión Europea es el principal enemigo de las clases populares europeas, y no sólo las europeas. Un proyecto que habrá de constituirse necesariamente con otras instituciones, y con el soporte de pueblos soberanos, coincidan o no con el club actual de Estados Miembros; con marcos democráticos reales en el que los parlamentos cuenten con primacía; con una arquitectura económica favorable a la convergencia socioeconómica real, y con políticas económicas socialmente progresistas y ecológicamente sostenibles.

El todavía en vigor MFP 2014-2020 ya supuso un primer recorte respecto a MFP anteriores. El techo se estableció en el 1% de la Renta Nacional Bruta Europea.

Ahora la Comisión plantea un crecimiento hasta el 1,08% de la RNB (un 1,11% si incluimos el Fondo de Desarrollo Europeo). Y el Parlamento propone un ascenso tímido hasta apenas el 1,3% de la RNB, para el MFP 2021-2027. El Consejo es aún más terco y pretende contenerlo aún más. Como señal, las tensiones vividas con la negociación del presupuesto para 2019, en el que reclama fuertes recortes en el programa Horizon 2020, cuyo principal beneficiario es el Reino Unido, y con pretensiones de reducir el presupuesto europeo al 0,8% de la RNB de la UE. Posiblemente, para marcar la pauta en las actuales negociaciones para el próximo MFP.

En términos de peso macroeconómico todas estas propuestas son sencillamente ridículas. Informes poco sospechosos de progresistas, como el que redactaron Werner o McDougal en los años 70, ya indicaban que una economía de mercado sin al menos un peso compensatorio de un sector público, con políticas redistributivas, que alcance al menos un peso del 7% del PIB, sólo puede conducir a agudizar las desigualdades y divergencias. Esta tendencia no puede más que intensificarse, con la arquitectura económica que soporta la moneda única desde comienzos de milenio, que entraña un mecanismo de transferencia de las crisis económicas del centro a las periferias y un esquema que favorece a los países superavitarios, como es el caso de Alemania.

Las grandes líneas para el nuevo marco presupuestario nos resultan no sólo austeritarias, sino también reaccionarias, más allá que algunas medidas que crecen sean, dentro de un peso en el peso global menor, fáciles de vender. El Parlamento ha definido su posición, y defenderá medidas que no tienen objeción: en materia de investigación e innovación, la Garantía infantil, COSME, LIFE+, la iniciativa juvenil de empleo o Erasmus+, que, como decimos, representan un porcentaje menor dentro de la estructura de los presupuestos europeos. Decimos que va a tener una impronta reaccionaria porque el Consejo apela a una reducción brutal de la política de Cohesión y la Política Agraria Común; la Comisión también apuesta por reducir sustancialmente la PAC en un 16%, coincidiendo con el Consejo; pero también el Parlamento coincide con ellas, en fortalecer la política de control de fronteras, de control de los flujos migratorios o de defensa, proponiendo un crecimiento enorme en estas líneas.

A este respecto, tenemos que hacer mención que la PAC representa a día de hoy en torno al 39% de los presupuestos europeos. Aunque necesita reforma en su distribución -que se concentra en grandes terratenientes y debiera llegar al pequeño productor, así como potenciar la agricultura de proximidad ecológica-, parece que de lo que se trata, para las instituciones europeas, es simplemente de quitarle recursos para llevarlos a sus nuevas prioridades.  Las políticas que también tienen un propósito de cohesión podrían ascender hasta un 34% del total. Se está produciendo una ola conservadora para ir condicionando la provisión de fondos sociales al cumplimiento de políticas de ajuste, y el trasvase lento de parte de estos fondos para financiar nuevas políticas de financiación de la inversión que ahora se están discutiendo que vendrían acompañadas de una condicionalidad austeritaria si se solicitan en caso de crisis. Es con estos fondos, especialmente recortando en la PAC, con los que se plantea una nueva adaptación austeritaria, esto es, autoritaria y neoliberal del presupuesto de la Unión Europea, y por tanto de su política económica concreta.

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Unas notas sobre qué deberíamos hacer

Autor: Alberto Garzon Espinosa

Pijus Economicus

Al grave problema que supone la ola reaccionaria que ha entrado en Andalucía hay que sumar la rabia que da ver que entre todos predijésemos este escenario y no hayamos sabido o podido evitarlo. Aunque, a decir verdad, la irrupción de la extrema derecha era hasta cierto punto inevitable porque como espacio político estaba incrustada en las entrañas del PP y sólo necesitaba de ciertas condiciones para emanciparse. El problema real lo tenemos en que ese hecho ha coincidido con una desmovilización muy notable de votantes de izquierdas que prefirieron la abstención a votar a nuestra candidatura o a la de otras organizaciones progresistas. Eso es enteramente culpa nuestra, y ahora nos toca acción, mucha acción, para revertir este panorama.

No obstante, reconozco que me preocupa la actitud que ha tomado una parte de la izquierda, al menos en redes sociales. La expiación de culpa es un fenómeno que no me atrae, pues me parece más útil la autocrítica y la propuesta. Lo de estos días alguien lo definió anoche como “navajeo” y no me parece una metáfora desencaminada. En vez de eso lo que necesitamos es unidad, claridad y mucha acción. Y si bien como coordinador federal de una organización comprometida con una sociedad con justicia social puedo garantizar que desde esta casa haremos todo lo posible, también tengo que pedir que nos pongamos todos a la altura. Y claro, pensando en por qué hay tanta crispación en este lado del eje, creí que una pequeña explicación sobre cuál es la propuesta de IU podría ayudar.

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Plataformas colaborativas y trabajo flexible. Tecnología y nueva precariedad

Autor: Jose Luis Carretero Miramar

Revista Trasversales número 45 octubre 2018

Otros textos del autor en Trasversales

José Luis Carretero Miramar
es profesor de Formación y Orientación Laboral. Miembro del Instituto de Ciencias Económicas y de la Autogestión (ICEA).



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El mundo de la mercancía trata de colonizar el avance tecnológico y científico de la humanidad para convertirlo en una nueva fuente de plusvalor. Entre las teorías del software libre y el internet abierto de Richard Stallman y las dinámicas de captación de los flujos de valorización del trabajo en el mundo virtual por parte de magnates como Jeff Bezos o Elon Musk, hay un abismo de confrontación y conflicto. Un conflicto que puede entenderse desde un viejo concepto: lucha de clases

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La represión salarial avanza

Autor: Fernando Luengo

La Marea

El término “austeridad” –tramposo y equívoco como pocos–, aplicado a los salarios, hace referencia a las políticas destinadas a moderar o reducir las retribuciones de los trabajadores con el objetivo de activar la inversión, mejorando los márgenes de beneficio de las empresas, y promover la competitividad, ajustando los precios de los bienes y servicios colocados en los mercados doméstico, europeo y global.

No entraré a valorar los resultados de estas políticas, que han sido, en el mejor de los casos, discretos, o, directamente, negativos. Pero sí quiero llamar la atención del lector sobre una dimensión de la represión salarial –¡llamemos a las cosas por su nombre!– que trasciende los datos estadísticos sobre la evolución seguida por los salarios nominales y reales. Esta información es, por supuesto, muy necesaria, pero resulta claramente insuficiente para tener una visión cabal de lo que está ocurriendo en el mundo del trabajo.

La Sexta Encuesta Europea sobre las Condiciones de Trabajo 2015 elaborada por Eurofound aporta una batería de indicadores, de naturaleza más bien cualitativa, que da cuenta de la verdadera magnitud del ajuste salarial. Dos de las preguntas contenidas en el apartado denominado “Intensidad del trabajo” hacen referencia a las condiciones en que los asalariados realizan su trabajo: a) ¿Su puesto de trabajo conlleva trabajar a gran velocidad?, y b) ¿Su puesto conlleva trabajar con plazos muy ajustados? El valor añadido proporcionado por estos y otros indicadores que aparecen en el cuestionario es que abren la “caja negra” de las empresas, para preguntarse qué está sucediendo con las condiciones laborales de los que han conservado su empleo o han conseguido uno nuevo.

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Economía sin frenos: de inercias, lobbies y demandas pseudo-igualitarias (Cuaderno postcrisis: 12)

Autor: Albert Recio Andreu

Mientras Tanto

I

De nuevo estamos inmersos en una dinámica que parece incontrolable. Cada día nos anuncian que estamos ante un cambio tecnológico imparable. Las finanzas vuelven a estar fuera de control (hasta el ortodoxo FMI da alguna señal de aviso al respecto). La especulación inmobiliaria a escala internacional azota a las grandes ciudades del mundo. Y, pese a los cada vez más alarmantes informes sobre el cambio climático, la dinámica depredadora no se detiene. En el plano local, la combinación de especulación con el suelo y la vivienda, el turismo de masas y las nuevas formas de distribución están remodelando el espacio urbano sin que nadie sea, por el momento, capaz de cambiar en serio sus lógicas depredadoras.

Estamos ante dinámicas económicas que conducen al desastre ecológico y social. Y que constituyen una parte del contexto sobre el que florecen respuestas reaccionarias que no harán más que realimentar los problemas. Sin duda hay que pensar en respuestas, pero primero hay que hacer el diagnóstico. Evidentemente, cada cuestión tiene sus especificidades y requiere ser analizada en concreto. Pero considero que, en todas ellas, y especialmente en la cuestión ambiental, actúan elementos comunes que me parece útil destacar.

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Verdades y mentiras de la subida del salario mínimo

Autor: Ivan H. Ayala

ctxt.es (La Paradoja de Kaldor)

Resulta interesante el debate sobre el SMI que se está produciendo al hilo de los últimos acontecimientos políticos. La última de las aportaciones al debate fue la del gobernador del Banco de España apuntando un impacto negativo en el empleo en trabajadores menos cualificados y jóvenes en Sede Parlamentaria. En realidad, el gobernador estaba leyendo las conclusiones del informe anual de 2017 publicado en mayo del 2018, por lo que no parece que haya nada novedoso en el análisis. En dicho informe de hecho se dice que el incremento experimentado en 2017 por el SMI (8%) “estaría teniendo efectos agregados reducidos tanto sobre el empleo como sobre los salarios”. Los economistas repiten como un mantra “no hay evidencia empírica concluyente” aunque ese mantra es mentira: existe una evidencia abrumadora en economía que muestra que el salario mínimo (SM) no tiene un impacto sobre el empleo agregado de una economía. La explicación de dicha situación puede dar algunas claves interesantes que nos ayude a entender el problema.

Los contrarios a su subida (la escuela neoclásica) han argumentado tradicionalmente que la existencia de un salario mínimo introduce una rigidez que hace que el salario se sitúe por encima de la productividad del trabajo generando desempleo involuntario. Los partidarios de su incremento no lo hacen porque tenga un impacto positivo, sino por motivos de justicia social. La teoría económica respecto al SM solo provee soluciones para casos extremos. Por un lado en un mercado perfectamente competitivo, la introducción de un SM tendría un impacto negativo en el empleo al estar por encima del correspondiente al nivel de equilibrio. Por otro, un mercado monopsónico, donde el empleador tiene poder de mercado, y establece un SM inferior al de equilibrio, un incremento del mismo hasta dicho nivel puede generar un incremento del empleo. Fuera de esos dos casos extremos (es decir, en la realidad), la teoría no da elementos concluyentes, por lo que el debate respecto al papel de un SM -tan antiguo casi como el trabajo asalariado- se reproduce cada vez que se decide políticamente utilizar esta herramienta.

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