Economía Crítica y Crítica de la Economía

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La Revolución española: The making of (II)

Autor: Jose Luis Carretero Miramar

Revista Crisis

Julio de 1936. La Revolución ha estallado. Barcelona está en poder de los obreros. Los patronos fascistas han huido a la zona sublevada. Los republicanos burgueses catalanistas no se atreven aún a mostrarse demasiado en público, paralizados ante la potencia creativa y la capacidad para la violencia de las masas. El Partido Comunista aún no es nada en la Ciudad Condal, fuertemente dominada por las “patrullas de control” organizadas por los comités revolucionarios de los barrios obreros, nacidos de las redes territoriales del anarcosindicalismo y nutridos de jóvenes de las bases del sindicato mayoritario: la CNT.

Los obreros tienen el poder y empiezan a ejercerlo. Se abre una dinámica que generará el proceso de transformación social más profundo que ha visto la Península Ibérica en su historia. En términos de participación directa de las masas, quizás una de las revoluciones más radicales de la Historia global, pero también un proceso débil, sometido a grandes contradicciones, en gran medida desarticulado y espontáneo, que será finalmente derrotado antes, incluso, (y esto es importante) de la derrota de la República en la Guerra Civil.

La Revolución empieza por la colectivización de la industria: los patronos han huido, las fábricas son tomadas por los trabajadores. Los servicios, también. La CNT llevaba décadas anticipando este momento en su propaganda y en las ponencias de sus congresos. Pero no se había limitado a la declamación y al dibujo de programas utópicos. Había hecho mucho más: había “doblado” la estructura productiva con las formas de autoorganización obrera y había estudiado en detalle la organización del proceso productivo. El sindicato era, en la concepción traída del sindicalismo revolucionario francés, el futuro gestor de la economía sin patronos. Tenía que estar preparado para hacerlo. En los congresos confederales anteriores a la guerra, no sólo se reproducían las odas a la anarquía o al “mundo nuevo”, sino también los llamamientos, enormemente prosaicos, a que los sindicatos recopilasen toda la información económica, contable, tecnológica, posible sobre el proceso productivo en sus respectivos sectores. A que contactasen con los técnicos, para atraerlos al sindicato. A que estudiasen como sustituir al patrono en breve plazo, como gestionar las empresas.

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La Revolución española: The making of (I)

Autor: Jose Luis Carretero Miramar

Revista Crisis

Es 19 de julio de 1936. Un calor asfixiante en la ciudad portuaria e industrial de Barcelona. Tras un cruento asalto al cuartel de Atarazanas y fuertes enfrentamientos armados por toda la ciudad, las masas obreras han detenido la tentativa de golpe de estado militar fascista que, sin embargo, ha tenido éxito en otros lugares de España. Los trabajadores son los dueños de la situación. En medio de un enorme vacío de poder, con el Estado republicano en pleno shock y las fuerzas burguesas y liberales escondidas y paralizadas, los sindicatos y sus estructuras de acción barrial (las famosas patrullas de control) se transforman en la única arquitectura institucional operativa. Los obreros toman el poder o, quizás mejor, lo disuelven y sustituyen por sus propias formas de hacer, basadas en la autogestión y la autoorganización proletaria.

Comienza la llamada “Revolución Española”, un proceso de autoorganización obrera y campesina de una profundidad sin precedentes, pero también con sus claro-oscuros, limitaciones y errores. Una deriva incompleta y tremendamente espontánea, pero también fuertemente creativa y constructiva, que se convertirá en un marco de referencia ineludible para quienes, a partir de entonces, quieren transformar el mundo.

En la segunda parte de este texto, nos detendremos en las formas que adopta el poder popular que se construye a partir de julio de 1936, en el llamado proceso colectivizador. Sin embargo, vamos a intentar desentrañar cómo alcanzó ese punto. Cómo se construyeron las bases materiales de ese poder popular que el 18 de julio irrumpió, ya maduro, en la escena, para cambiarlo todo. ¿Cómo se llegó hasta allí?

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¿Viene otra crisis? (Cuaderno de postcrisis: 19)

Autor: Albert Recio Andreu

Mientras Tanto

I

En el verano del 2018, cuando abrí este cuaderno —es un hábito pueril, cada dos cursos trato de agrupar mis notas mensuales bajo un título común— me pareció adecuado un título que correspondiera a la visión dominante del momento sobre la coyuntura económica. Es una cuestión de nombres que tiene cierta relevancia. Para mucha gente de izquierdas seguimos instalados en la crisis porque persisten muchos de sus efectos: bajos salarios, desempleo alto, deterioro de los servicios sociales, problemas de vivienda… Pero el análisis convencional atiende sólo a las variaciones del PIB y a algunos indicadores básicos.

Por otra parte, aunque la crisis de 2008 significó un verdadero terremoto, muchos de sus peores efectos ya eran visibles en el período anterior de pretendido auge. El debate sobre la precariedad se gestó en la década de los ochenta, justo cuando se impusieron las políticas de flexibilidad laboral orientadas a erosionar los derechos laborales. Los problemas del desempleo, las deslocalizaciones, nos acompañan desde hace casi cinco décadas. Tampoco la externalización de servicios públicos y los recortes fueron un resultado automático de la crisis. Ya estaban presentes en las políticas introducidas, por ejemplo, por los conservadores británicos. Y en nuestro país éste ha sido un tema presente a lo largo de todo el período democrático. Incluso tendemos a pasar por alto —la memoria es débil— que los problemas de vivienda ya eran acuciantes cuando se construían edificios residenciales en cantidades ingentes (no por casualidad la PAH estuvo promovida por la misma gente que antes había creado “V de Vivienda” para protestar contra las dificultades de acceso de los jóvenes a una vivienda digna). Lo que hizo la crisis fue dar una oportunidad a las élites para imponer un nuevo ritmo a su programa neoliberal y agravar una tendencia estructural que venía de lejos. Por eso es compatible considerar que la crisis ha acabado y al mismo tiempo que sus efectos persisten en el tiempo.

En esto último también hay una importante cuestión de perspectiva teórica. Para muchos economistas la evolución de la economía es una mera oscilación en torno a un equilibrio (aunque éste sea dinámico e incorpore el crecimiento a largo plazo): tras una caída la economía recupera su situación anterior y todo vuelve a ser igual que antes. En esto reside el manido eslogan de que “hay que salir de la crisis”, equivalente a salir de un valle y recuperar cota en cualquier travesía. Es lo que yo llamo un pensamiento de “economía de pizarra”, porque en la pizarra todo se puede borrar y reescribir. Pero el mundo real no funciona así y después de una crisis profunda las cosas no son necesariamente iguales: la crisis ha contribuido a cambiar la estructura productiva, ha generado víctimas no siempre recuperables, ha afectado a las políticas económicas y sociales, ha recompuesto los equilibrios de poder entre grupos capitalistas y entre éstos y la sociedad. De ahí que la salida de la crisis nunca sea una vuelta al pasado, sino sólo la recuperación de la dinámica capitalista en un nuevo contexto. Seguir leyendo…

Economía feminista, sin eufemismos, para articular transiciones justas

Autor: Carmen Castro Garcia

eldiario.es

La urgencia de las transiciones ecosociales se anuncia con cada evidencia científica de los grandes cambios que ya están en marcha: el ecológico, con el colapso del planeta en ciernes; el demográfico, con el proceso acelerado de envejecimiento; y el tecnológico, con el proceso de robotización y la digitalización de la economía. Todos ellos van mostrando ya realidades distorsionadas que auguran un futuro escasamente deseable para gran parte de la población. No es casual que las primeras emergencias conduzcan al abordaje de los cuidados como una necesidad social y a la redistribución de tiempos, trabajos y rentas desde criterios de justicia de género, social y medioambiental.

El discurso sobre la necesidad de articular la agenda en torno a la sostenibilidad de la vida (tanto de los ecosistemas como de las personas) ha ido sumando voces, a veces incluso a riesgo de su banalización; por ello, creo que es importante poder llegar a atisbar el bosque en su conjunto, desmontando para ello los relatos en los que no es posible identificar de qué vida hablamos, a quién afecta, en qué condiciones y a cambio de qué. En la era de los eufemismos, las trampas neoliberales avanzan cada vez con mayores dosis de misoginia institucionalizada y edulcorada por la parafernalia de los mercados. Sin embargo, no son tiempos para medias tintas. Jugar actualmente a la ambigüedad conceptual, si bien puede ser una táctica para conseguir un determinado rédito electoral, es muy discutible que dicha práctica pueda identificarse como un ejercicio honesto de compromiso real con la transformación social. Esto viene a cuento también por el hecho de cómo a veces se elude nombrar a la economía feminista aún a costa de perder lo que se quería comunicar y de que sea su propia particularidad crítica, la feminista, la que da sentido y coherencia a las transiciones económicas que propone.

Y es que la economía feminista aboga por el sostenimiento de una vida digna para todas las personas, desde la igualdad de género, en una amplia dimensión en la que confluyen diversidades sexuales, de identidades, raciales y procedencias en un sistema relacional de interdependencia que busca reconciliarse con la naturaleza, de manera inaplazable, sabiendo que el momento es ya. Hablamos de la vida atravesada por las desigualdades estructurales y de la necesidad de posibilitar escenarios de justicia redistributiva, garantizando condiciones dignas para las mayorías sociales, esto es, alimentos, educación, salud, vivienda, tiempo para una misma, tiempo social, corresponsabilidad en los cuidados, etc. Hablamos de equilibrios y de autonomía relacional, hablamos de plenitud a lo largo del ciclo de vida, hablamos de repensarnos y construirnos desde otro paradigma, desmontando las asimetrías jerárquicas existentes por cuestión de género. Hablamos de subvertir el (des)orden patriarcal y neoliberal. Hablamos de la vida en común, de la colectividad, de la empatía social, invitando a repensarlo y reconfigurarlo todo a través de un proyecto ético para la transformación social, por el que nos replanteemos qué producimos, en qué condiciones, a cambio de qué y sobre todo, qué necesitamos realmente para vivir bien.

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Devaluación interna y desigualdad en la Eurozona

Autor: Ricardo Molero Simarro

ctxt.es (La Paradoja de Kaldor)

s difícil encontrar otra región del mundo donde, durante la última década, las condiciones de vida hayan empeorado en mayor medida que en países como España, Grecia o Portugal. El sentido común dicta que ese deterioro es consecuencia de las políticas de austeridad fiscal. Sin embargo, aunque resulte contraintuitivo, la capacidad redistributiva del Estado ha aumentado de facto en esos países. A pesar de los intensos recortes del gasto público, el efecto contrarrestante de los “estabilizadores automáticos” (la activación, al llegar la recesión, de transferencias sociales como las prestaciones por desempleo) ha reducido el impacto de la crisis sobre la desigualdad. Dada la insuficiencia de los Estados de bienestar mediterráneos, eso no ha bastado para impedir la dramática extensión de la pobreza monetaria y la exclusión social. No obstante, nos obliga a buscar las razones del aumento de la desigualdad en otra dimensión: la de la distribución de la renta en el ámbito productivo, denominada “desigualdad primaria” o “de mercado”.

Desde que Kaldor estableciese su famosa paradoja, un número cada vez mayor de economistas cuestiona la relevancia de los costes laborales para explicar la competitividad externa de las economías. Dichos costes son sólo una parte del total (que incluye materias primas, suministros, transporte, costes financieros, etc); y, en muchos casos, los márgenes de beneficios influyen más en la determinación de los precios de venta. Además, los costes laborales se miden en relación a la productividad. Dada la importancia de las cadenas globales de producción, esa productividad depende de las decisiones tomadas por las empresas transnacionales acerca de dónde localizar cada una de las fases del proceso productivo. Ofrecer menores salarios se encuentra lejos de asegurar una atracción de las actividades de mayor valor añadido. Más bien al contrario. De hecho, las empresas concentran esas actividades en sus casas matriz. Por descontado, entre ellas se incluyen las de innovación tecnológica, que también se ve desincentivada por las estrategias de costes bajos.

A pesar ello, la Troika ha insistido en promover una “devaluación interna” en las economías periféricas de la Eurozona. Se ha argumentado que, dada la imposibilidad de llevar a cabo devaluaciones del tipo de cambio (debido a la pertenencia al euro), la reducción de los precios domésticos era la única manera de disminuir los déficit comerciales crónicos de esas economías. Aunque también se podría haber actuado sobre los beneficios, esa reducción de precios se ha tratado de lograr mediante el ajuste salarial. Entre otras medidas, se ha rebajado la protección frente al despido, se han recortado las prestaciones por desempleo, y, sobre todo, se han debilitado los mecanismos de negociación colectiva. Cada vez hay más evidencias (ver, por ejemplo, aquí y aquí) que demuestran el fracaso de esta estrategia. Las economías en las que se han puesto en marcha esas reformas laborales son las que más tarde han salido de la crisis. Pero, además, en ellas la devaluación salarial se ha convertido en uno de los principales motores del empeoramiento de la distribución de la renta.

Las reformas laborales aprobadas han generado un fenómeno muy llamativo: una divergencia en la evolución de la participación salarial de las economías periféricas respecto a la seguida en el conjunto la Eurozona. Esa participación mide el porcentaje de la renta nacional que va a parar a los salarios de los/as trabajadores/as (incluida una estimación de los ingresos considerados laborales de los/as autónomos/as). Cuando ese porcentaje se reduce es porque se ha producido una brecha entre la mejora de la productividad de los/as trabajadores/as y la de sus salarios. Esto no siempre tiene que ir acompañado de una caída de los sueldos en términos absolutos, pero en este caso sí que ha sido así. El hecho es que, mientras en las economías centrales de la Eurozona la masa salarial aumentaba su participación en la renta, en la mayoría de las periféricas (Chipre, España, Estonia, Grecia, Irlanda, Letonia, Lituania, Malta y Portugal) las medidas de devaluación interna han hecho que continuase empeorando, incluso en plena recuperación del PIB.

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Mini-bot italiano vs. libra de Facebook: lo que la moneda esconde

Autor: Alberto Montero Soler

El Confidencial

Estos días atrás se han sucedido dos anuncios en materia monetaria que están íntimamente entrelazados aunque pudiera no parecerlo.

Por un lado, el anuncio del Gobierno italiano de su intención de poner en circulación una moneda paralela a la que llaman mini-bot. Por otro lado, el anuncio de Facebook de que en 2020 pondrá en circulación, junto con otras grandes corporaciones, su propia moneda, la libra, vinculada a una Blockchain descentralizada y a una plataforma de contratos inteligentes, según reza su Libro Blanco.

Aunque en apariencia se trata de cuestiones muy distintas, no lo son tanto si reflexionamos sobre ellas tomando como eje vertebrador un principio político básico vinculado a la moneda: la soberanía.

Así, el Gobierno italiano pretende emitir los mini-bots para superar el restrictivo marco monetario y fiscal del euro y contar con un instrumento monetario para la financiación de su política fiscal. Su intención es crear una moneda paralela de naturaleza fiscal que pondría en circulación como pago de prestaciones o salarios del sector público, circularía como medio de cambio en los intercambios privados si es capaz de generar la confianza necesaria entre las partes —o, en su defecto, si el Estado italiano impone su curso legal— y se destruiría en el pago de impuestos.

Por su parte, Facebook, aparentemente y bajo la pantalla de la inclusión financiera, trata de penetrar en negocios que hasta ahora habían estado mediados por operadores bancarios y financieros tradicionales y que, en la mayor parte de los casos, exigen la titularidad de una cuenta bancaria para realizarse (pagos, envío de remesas, etc.). Bien es cierto que, probablemente, el negocio no resida tanto en los ingresos derivados de las transacciones que usen la nueva moneda y su plataforma sino del acceso a los datos que, de forma consentida o no, podrá obtener de sus usuarios. En cualquier caso, es de prever que su extensión generalizada, más allá de los países menos desarrollados, a los que en principio parece estar circunscrita, tendrá un potente impacto sobre la industria financiera.

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¡El nuevo número de la REC online! (Nº 27, 1º SEMESTRE 2019, MONOGRÁFICO: “20 YEARS OF THE EURO”)

Autor: REVISTA ECONOMIA CRITICA

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REC 27 ISNN edición papel: 1696-0866
ISSN edición digital: 2013-5254

EJEMPLAR COMPLETO


INTRODUCCIÓN
  • 20 years of the euro. Taking stock and looking forward.| artículo
    Eladio Febrero
ARTÍCULOS | ARTICLES
  • The Past and Future of the Euro.| abstract | artículo
    Philip Arestis
  • The ECB Monetary Strategy: A Critical Assessment.| abstract | artículo
    Carlos J. Rodríguez Fuentes, David Padrón Marrero
  • 20 Years of the German Euro Are More than Enough.| abstract | artículo
    Jörg Bibow
  • Beyond the Euro: limits to economic policy in the EU.| abstract | artículo
    Ramon Boixadera Bosch, Ferran Portella Carbó
  • The euro at twenty: Follies of youth?| abstract | artículo
    Ricardo Cabral, Francisco Louçã
  • Economic and political aspects of the persisting crisis in Southern Europe.| abstract | artículo
    João Carlos Graça, Rita Gomes Correia
  • Rethinking the euro as a common currency for Europe: Keynes’s Plan revisited.| abstract | artículo
    Sergio Rossi
  • Completing the Euro: The Euro Treasury and the Job Guarantee.| abstract | artículo
    Esteban Cruz-Hidalgo, Dirk H. Ehnts, Pavlina R. Tcherneva
  • The Euro System and the Overall European Project: Failure or Fully-Fledged Success?| abstract | artículo
    Massimo Pivetti
CLASSIC OR FORGOTTEN AUTHORS | CLÁSICOS U OLVIDADOS
  • Rosa Luxemburg (1871-1919): Revolucíon, imperialismo y teoría económica. | artículo
    Albert Recio Andreu
  • Las tendencias de la economía capitalista. | artículo
    Rosa Luxemburg
RECENSIONES DE LIBROS | BOOK REVIEWS
  • Gemma Cairó i Céspedes (coord.);Ramon Franquesa et al. Economia mundial. Desconstruint el capitalisme global (2018). | artículo
    Artur Colom Jaén
  • Michel Aglietta. 5,000 Years Of Debt And Power (2018). | artículo
    Victor Manuel Isidro Luna
  • Carlos Taibo. La parábola del pescador mexicano sobre trabajo, necesidades, decrecimiento y felicidad (2016). | artículo
    German David Rodríguez Gama
  • Richard Wilkinson y Kate Pickett. Igualdad. Cómo las sociedad más igualitarias mejoran el bienestar colectivo (2019). | artículo
    Albert Recio Andreu
  • Clément Carbonnier y Nathalie Morel. Le retour des domestiques (2019) | artículo
    Eguzki Urteaga

¿Podemos resucitar la política fiscal en Europa?

Autor: Jorge Uxo

ctxt.es (La Paradoja de Kaldor)

Digámoslo claro desde un primer momento: la construcción de las reglas fiscales europeas, las fuertes limitaciones al uso de las políticas presupuestarias y el intervencionismo extremo de Bruselas en las decisiones fiscales de los gobiernos y parlamentos nacionales no se derivan de una teoría económica sólida e incontrovertida. La seguridad con que se exige el cumplimiento de toda la maraña de requisitos que limitan lo que los gobiernos pueden o no hacer, so pena de someter supuestamente a las economías europeas a graves catástrofes, reflejan en buena medida posiciones políticas con un fuerte contenido ideológico, y prejuicios en contra de la intervención pública. Los límites impuestos a la deuda y al déficit (60% y 3% del PIB) son completamente arbitrarios, como lo es la exigencia a todos los países de ritmos preestablecidos de reducción del déficit estructural, que ni siquiera puede medirse sin grandes dosis de incertidumbre.

La experiencia de estos años nos enseña que mantenerse dentro de este marco no asegura que los resultados económicos mejoren (al contrario, las políticas de austeridad aplicadas en mitad de la recesión sobre la base de estas ideas no hicieron más que empeorar la situación, como el propio Draghi acaba de reconocer). Y tampoco es cierto que salirse de él sea equivalente a poner en peligro la sostenibilidad de las finanzas públicas.

Muchos economistas heterodoxos llevamos tiempo afirmando esto –con un “éxito relativo” para lograr cambios reales, seamos sinceros– aunque recientemente hay cada vez más economistas mainstreams que empiezan a reclamar también un papel más activo de la política presupuestaria, incluso desbordando el actual marco fiscal. Como seguramente acabarán resultando más convincentes –son “personas serias”– conviene estar atentos a lo que dicen y, si es posible, aprovecharlo para lograr un mayor consenso político en torno a este objetivo de “resucitar” la política fiscal.

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El nuevo informe “El Estado del Poder” alerta del creciente poder de las finanzas y plantea alternativas

Autor: FUHEM ECOSOCIAL

Se publica la octava edición de El Estado del Poder

Este informe, publicado en inglés por el TNI y cuya edición española corre a cargo del Transnational Institute (TNI), FUHEM Ecosocial y ATTAC España y examina las dimensiones y dinámicas del poder financiero, y cómo los movimientos ciudadanos podrían recuperar el control sobre el dinero y las finanzas.

Las investigaciones demuestran que el protagonismo y el aumento del poder financiero ha aumentado la desigualdad, ha ralentizado la inversión en la producción ‘real’, ha incrementado la presión sobre las personas y los hogares endeudados y ha dado lugar a una merma de la responsabilidad democrática. A pesar de causar en 2008 la peor crisis financiera en décadas, el sector financiero ha emergido aún más fuerte.

El Estado del Poder 2019: Finanzas incluye nueve ensayos y dos entrevistas. Además, el informe ofrece seis Infografías que ilustran aspectos cruciales del poder financiero en el mundo: los actores principales, la geografía del poder, la concentración de riqueza, los lobbies, los crímenes de las grandes empresas y el papel de las finanzas alternativas.

Como lectura complementaria se ha editado una guía divulgativa que apoyándose en casos prácticos, explica con un lenguaje accesible qué es la financierización y los efectos que este proceso tiene sobre la economía, la sociedad, la alimentación y la naturaleza, las fuerzas que lo impulsan y las resistencias.

Esta edición del Estado del Poder, titulado ‘Finanzas’, incluye los Ensayos y Entrevistas:

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Amazon trae a Ezkerraldea más economía de servicios y desmantelamiento industrial

Autor: Lluís Rodríguez Algans y Jon Bernat Zubiri Rey

El Salto

Amazon abre las puertas de su centro en Trapagaran, “a la conquista de los barrios obreros de la margen izquierda”. El gigante del comercio en red se asienta en Bizkaia, agudizando la crisis de modelo que vive la industria y el comercio tradicional del territorio. La noticia puede parecer positiva, porque genera actividad y empleo, pero consolida un modelo productivo nefasto para los intereses de personas trabajadoras y empresas locales. Las prácticas laborales asociadas a este modelo se sustentan en bajos salarios, contratos temporales y a tiempo parcial y externalización abusiva, afectando en especial a jóvenes y mujeres.

Amazon se ha instalado en 8.000 metros cuadrados de los antiguos terrenos de la Babcock Wilcox, empresa centenaria cerrada en 2011, gracias a la recalificación del Ayuntamiento y el apoyo del alcalde de Trapagaran. Tras años de desatención urbanística, la zona pasará a ser un centro empresarial que generará desplazamientos, necesidades de aparcamiento y servicios auxiliares. Amazon se caracteriza por un sistema productivo altamente automatizado, de trabajo flexible y estresante, suponiendo cambios importantes respecto al modelo laboral que anteriormente se ha desarrollado en la zona. El sindicato ELA ha manifestado que “no van a permitir que ninguna empresa aplique modelos precarios, y estará al servicio de las trabajadoras y trabajadores para organizarse y luchar contra ello”.

El modelo laboral de Amazon se basa en trocear y fragmentar el empleo para dominar a la fuerza de trabajo favoreciendo su mayor explotación. Su modus operandi es claro : mientras la plantilla directa es sometida a una gran carga de trabajo y jornadas excesivas con salarios bajos, la plantilla flotante de ETTs funciona con contratos por días u horas. Además, de sustenta en el abuso de figuras laborales fraudulentas, como los falsos autónomos.

El sindicalismo vasco anuncia que no va a permitir abusos y está por ver si los responsables políticos continúan del lado de la multinacional o si, por el contrario, impulsan que la Inspección de Trabajo de Bizkaia intervenga ante los desmanes del gigante global. En esa misma orientación, el movimiento sindical y social de la comarca, se movilizó el pasado sábado 14 de junio y por vigésimo año consecutivo, con la “Marcha por Ezkerraldea” con el objetivo de denunciar el paro y la precariedad laboral.

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Reorientar la brújula

Autor: Nacho Álvarez Peralta y Jorge Uxo

El País

Ha llegado el momento de pasar de la efervescencia electoral al debate de fondo. ¿Qué grandes transformaciones económicas debemos impulsar en esta nueva legislatura?

Tano Santos y Jesús Fernández-Villaverde empujaban recientemente este debate. Algunos diagnósticos son compartidos: el nulo crecimiento de la productividad dificulta la convergencia con nuestros socios europeos, la complejidad tecnológica de nuestras exportaciones es limitada y nuestro sistema financiero está preocupantemente concentrado y poco capitalizado. Sin embargo, entre los desafíos que señalan nuestros colegas hay omisiones relevantes y debates pendientes.

En primer lugar, los economistas no podemos seguir olvidando por más tiempo la actual emergencia climática. Debemos situar en el centro de la agenda la descarbonización de nuestra economía, impulsando un programa de inversiones en energías renovables, rehabilitación inmobiliaria y movilidad eléctrica. Estas inversiones ayudarían además a sortear la desaceleración internacional, apuntalando la creación de buenos empleos.

En segundo lugar, este plan de inversiones verdes debe tener también un componente morado, que impulse infraestructuras sociales de las que carecemos y que son esenciales para avanzar en la igualdad de género. Universalizar la educación de cero a tres años, y desarrollar un verdadero sistema de dependencia, permitiría elevar la tasa de empleo de la economía y reducir la brecha salarial que sufren las mujeres.

Sorprende, en tercer lugar, que Santos y Fernández-Villaverde no hagan referencia en su artículo a la necesidad de reducir la desigualdad: ninguna transformación económica será social y políticamente sostenible si no camina de la mano de una mayor equidad. Los costes de vivir en sociedades tan desiguales están muy documentados: la desigualdad conlleva una insuficiencia estructural de demanda —con pérdidas de crecimiento potencial—, polarización política y desafección social. Contamos con instrumentos diversos, pero la profundidad del problema exige un planteamiento integral: por un lado, necesitamos cambios en las políticas de redistribución —con la articulación de un auténtico sistema de ingresos mínimos y una mayor progresividad fiscal. Pero, además, debemos transformar nuestro modelo de predistribución —con un reequilibrio de la negociación colectiva en el mercado laboral.

Esto nos lleva a un cuarto reto, que nuestros colegas tampoco mencionan: urge terminar con la precariedad, que dificulta los proyectos vitales de muchas personas y daña la productividad de nuestras empresas. La reforma laboral no ha corregido la altísima temporalidad que arrastramos desde antes de la crisis. De hecho, hoy la situación es aún peor: los contratos temporales duran 30 días menos que en 2008 y los indefinidos se han precarizado (el 40% no alcanza el año de duración).

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Las sanciones contra Huawei y la lucha por la hegemonía tecnológica global

Autor: Jose Luis Carretero Miramar

Kaos en la Red

La decisión de la Administración Trump de vetar a las compañías norteamericanas toda relación comercial con la tecnológica china Huawei ha saltado a la primera plana de las noticias tras la ruptura de relaciones de Google con el fabricante asiático, lo que le colocaría en la tesitura de no poder utilizar el sistema operativo Android, y todo su ecosistema de apps asociadas, en sus móviles y en sus ordenadores portátiles y tablets.

Paralelamente, y en los siguientes días, otros importantes proveedores tecnológicos e industriales y operadores de redes han roto también sus relaciones con la empresa china (como las secciones británicas de Vodafone y BT, la japonesa Softbank o los gigantes norteamericanos Intel y Qualcomm). Muy señaladamente, la ruptura ha alcanzado también a la línea de negocios de Huawei con ARM, un grupo británico muy ligado a la Universidad de Cambridge, propiedad de Softbank, que proporciona la arquitectura básica y los chips, bajo licencia, que utilizan la mayor parte de los procesadores para móviles existentes en el mercado, incluyendo el procesador Kirin, usado por Huawei, lo que, en realidad, representa un problema de más difícil solución para la tecnológica china que las dificultades para acceder al ecosistema Android.

Ya hablamos hace casi seis meses de las razones profundas del conflicto de la Administración Trump con Huawei (en el artículo Huawei y la lucha por la conectividad del futuro, disponible en la web del periódico El Salto: https://www.elsaltodiario.com/moviles/huawei-5g-estados-unidos-china). Reiteraremos algunas de esas explicaciones, profundizando en su análisis y deteniéndonos en las derivaciones abiertas por los desarrollos actuales de la situación.

Empecemos afirmando que el llamado “asunto Huawei” debe ser entendido teniendo en cuenta tres planos de análisis de creciente profundidad, como en un zoom cinematográfico:

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LIBRO: “THE POLITICAL ECONOMY OF PERIPHERAL GROWTH: CHILE IN THE GLOBAL ECONOMY” (Palgrave, 2019)

Autor: Jose Miguel Ahumada Franco

Chile es considerado como un exitoso caso inserción liberal en la economía internacional. A través de dicha inserción (vía la apertura unilateral en los ochenta y luego bilateral y multilateral a partir de los noventa), Chile logró erigirse como el país con el mayor PIB per cápita de la región y estabilidad política. En efecto, es en base a dicha apreciación que Chile pasó a ser considerado como un país ‘modelo’ para el resto de América Latina.

Sin embargo, en la actualidad el patrón de inserción comienza a mostrar un conjunto de problemas sobre el orden económico, dentro de las cuales destacan la reprimarización de la canasta exportadora, la desindustrialización de su matriz productiva, los nuevos problemas medioambientales y una gran desigualdad en la distribución del ingreso.

¿Cómo puede ser que el país considerado como el más exitoso de la región esté mostrando una serie de problemas que se ven también en el resto de la región? ¿Cuáles son las causas de que el crecimiento chileno esté generando tales situaciones? Esto libro busca responder a dicha pregunta trayendo de vuelta el análisis de economía política.

Para eso, el libro explica las diferentes etapas del patrón neoliberal de inserción económico en la economía global de Chile desde 1973 hasta 2015. Se consideran tres variables explicativas clave:

  • la evolución de las relaciones entre los gremios empresariales y el estado,
  • los intereses geopolíticos de EE. UU. en la región a través de las oleadas de acuerdos comerciales y
  • el impacto político de la dinámica de las entradas y salidas de capital financiero.

De esta forma se busca explicar la actual situación a partir de las tres dinámicas políticas antes consideradas para, por un lado, ‘traer de vuelta’ la política al análisis económico y, por otro, brindar una visión más profunda de las causas por las que Chile optó por dicho patrón.

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Los amigos de las desigualdades (Cuaderno de postcrisis: 18)

Autor: Albert Recio Andreu

Mientras Tanto

I

El debate sobre las desigualdades se ha reanimado en los últimos años. Más o menos, mucha gente intuía que la pobreza y las desigualdades estaban creciendo, pero durante largo tiempo la cuestión había sido ignorada por las elites intelectuales. Pero, tanto las valiosas aportaciones de científicos como Richard Wilkinson y Kate Pickett, Branko Milanovic, Thomas Piketty, James K. Galbraith o Felipe Palma ―por destacar autores punteros―, como la creciente evidencia estadística, han obligado a reconocer la gravedad de la cuestión. Incluso instituciones tan conservadoras como la OCDE o el Banco Mundial han realizado estudios que toman cuenta de la situación y abogan por hacerle frente.

Sin embargo, reconocer un problema no es lo mismo que tratar de resolverlo. Es, en todo caso, sólo un primer paso, pues cuando un problema no se ve resulta claro que va quedar marginado (por eso el lobby petrolero ha tratado de forma deliberada de evitar que se reconozca el calentamiento global). Pero una vez reconocido, hace falta adoptar un plan de acción para hacerle frente. Todo plan de acción requiere un buen diagnóstico de las causas que provocan el problema y el diseño de un plan de medidas para hacerle frente. Ello no es siempre posible, como bien sabemos para el tratamiento de muchas enfermedades. Es más fácil detectarlas, acotar su diagnóstico, que explicar cómo se producen y encontrar un tratamiento eficaz. A menudo hace falta mucha investigación hasta llegar a entender los procesos y encontrar las respuestas adecuadas. Se requieren recursos humanos y materiales, se requiere partir de un enfoque teórico adecuado.

Y sabemos que el desarrollo científico y tecnológico está cuajado de sesgos, caminos equivocados. Unas veces porque las teorías disponibles no son adecuadas. Otras porque faltan los recursos, o porque las interferencias políticas o burocráticas bloquean el trabajo. El trabajo científico no es una actividad de individuos libres en busca de la verdad (aunque bastante de ello hay en la mejor ciencia). Es una actividad que se desarrolla en instituciones que tienen sus propias tradiciones, sus jerarquías, sus fuentes de financiación, su organización, y esas instituciones a veces interfieren y otras veces favorecen la obtención de unos determinados resultados. Y la conversión de conocimiento en respuesta práctica depende de otro complejo sistema de instituciones y personas que decidirán apoyar uno u otro desarrollo en función de sus propias lógicas, intereses, ideologías. En el caso de las empresas, el criterio de rentabilidad es crucial. En el caso de instituciones públicas, influyen otras cuestiones. Pero, en todo caso, el resultado final dependerá de esta conjunción entre producción científica, intereses públicos y privados, instituciones. Tomarlo en consideración nos ayuda a entender por qué se habla tanto de desigualdad y se hace tan poco para combatirla.

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El mercado laboral español: segmentación y vulnerabilidad

Autor: Julian Lopez

ctxt.es (La Paradoja de Kaldor)

En una serie de artículos recientes, Paloma Villanueva y Luis Cárdenas describían con cierto detalle la persistencia o incluso el agravamiento de problemas crónicos en el mercado laboral español. Entre ellos, se encuentran las altas tasas de desempleo y subempleo, la elevada incidencia de los contratos temporales y otras formas atípicas de empleo, la inestabilidad generalizada en la contratación o el predominio de empleos con bajo nivel de remuneración. En este artículo, con ánimo de insistir en la gravedad de la situación, me propongo ponerla en perspectiva internacional.

Más concretamente, trataré de comparar el grado de incidencia de los trabajadores vulnerables en España con respecto al resto de economías avanzadas, entendiendo por tales a todos aquellos trabajadores que se encuentran en al menos una de las siguientes situaciones.

La primera es, obviamente, el desempleo. El desempleo merma severamente la capacidad de ingresos, limita el progreso formativo y llega incluso a afectar a la salud mental de quien lo sufre. Sus efectos, además, se amplifican significativamente conforme aumenta el periodo de permanencia en una situación de búsqueda infructuosa de empleo.

En segundo lugar, se encuentran las formas atípicas de empleo. Aunque algunos trabajadores logran acceder a un trabajo remunerado, lo hacen en condiciones poco óptimas para el desarrollo personal y profesional. Los dos principales tipos de empleo atípico son los contratos temporales y la ocupación a tiempo parcial, especialmente si no es deseada. Ambas formas de empleo suponen generalmente menos derechos ligados al puesto de trabajo, menos oportunidades de ascenso laboral y mayor riesgo de despido que los empleos estándar.

Por último, debemos reparar en el nivel de ingresos. Haber accedido a un empleo indefinido y a tiempo completo, con garantía de estabilidad y cierta protección frente al despido, no asegura necesariamente que la remuneración percibida sea suficiente como para permitir una capacidad de ahorro razonable o un nivel de cotización suficiente que garantice una cómoda jubilación.

Los trabajadores vulnerables pueden identificarse con lo que algunos autores en Economía Política denominan outsiders del mercado de trabajo. Esta voz anglosajona, que en castellano podemos importar como un anglicismo o traducir como externos, sirve para oponer las realidades laborales que acabamos de describir más arriba a las de quienes disponen de un contrato estable, indefinido y a tiempo completo, con cierto poder de negociación en la empresa en la que están empleados (insiders o internos). Como resultado de esta oposición, resulta la imagen de un mercado laboral dual o dualizado, que se divide entre quienes forman parte de un núcleo relativamente protegido y los que habitan en los márgenes del mercado, con trayectorias laborales discontinuas, recaídas constantes en el desempleo y escasa proyección profesional.

Existen diversos indicadores que nos permiten medir la incidencia de los outsiders o trabajadores vulnerables y, con ello, el grado de dualización del mercado laboral. Además, la mayoría de ellos están disponibles en series largas y homogeneizadas que ofrecen, en acceso público, instituciones con servicios estadísticos de reconocido prestigio. En este caso, me he servido de seis indicadores que provee la OCDE, dos para cada una de las fuentes de vulnerabilidad en el mercado de trabajo. La tasa de desempleo y la incidencia del desempleo de larga duración (como proporción de desempleados de larga duración con respecto al total) recogen la primera de ellas. Por su parte, la incidencia del empleo temporal y de parcialidad involuntaria permiten captar la segunda fuente de vulnerabilidad a la que hemos aludido. Por último, para tratar de medir la vulnerabilidad de ingresos, utilizo la proporción de trabajadores de baja remuneración (el porcentaje de trabajadores a tiempo completo cuya remuneración equivale a 2/3 o menos de la mediana) y la ratio entre los deciles 5 y 1.

Con ellos, he construido un indicador compuesto para un periodo amplio (1990-2017), que mide el grado de dualización en cada economía teniendo en cuenta no sólo la variabilidad entre economías sino también la de todas ellas a lo largo del tiempo. Este indicador toma valores comprendidos entre 0 y 1. Cuando una economía tiene valores relativamente bajos en cada uno de los indicadores parciales, el valor de su indicador se aproximará a 0, indicando un nivel bajo de dualidad. Por el contrario, si los valores de los indicadores parciales son relativamente altos, el indicador compuesto se acercará a 1 y estaremos ante una economía con un mercado laboral dualizado.

Por desgracia, 2014 es el último año en que disponemos de datos de todos los indicadores para España (Gráfico 1). En este año, que fue el primero de la recuperación económica, el índice mostraba sus valores más altos en España, Irlanda y Portugal (Grecia no está incluida en el cálculo del indicador), fuertemente golpeados por la crisis económica de 2009. Todos ellos habían acumulado grandes desequilibrios externos durante el periodo expansivo precedente y estuvieron en el epicentro de la crisis de deuda soberana que vivió la zona Euro. La zona intermedia está ocupada por grandes economías anglosajonas y europeas continentales. A la cola, se encuentran pequeñas economías nórdicas y europeas continentales.

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¿Caridad o justicia? Sobre los despidos de La Caixa

Autor: Miren Etxezarreta

Público.es

Pasada ya la algarabía de las elecciones, aunque todavía queden muchos rescoldos con la formación de los diversos gobiernos, parece llegado el momento de volver sobre los temas habituales que afectan a la vida cotidiana. Entre ellos me parecen destacables las iniciativas a las que estamos asistiendo acerca de los procesos de racionalización de las plantillas de algunas de las  instituciones financieras más importantes de este país. Sobre todo me voy a referir al despido, ya aceptado,  de 2.023 trabajadores de la Caixa.

Que está transcurriendo con relativa placidez. Es curioso que cuando 700 trabajadores de la industria son despedidos, por ejemplo, generan un intenso malestar social protestas, huelgas, comentarios en los medios, mientras que si un número considerablemente mayor de trabajadores (que lo son, aunque les gusta más denominarse empleados), son cesados desde las entidades financieras no son noticias muy comentadas.

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Dos caras de la misma moneda: flexibilidad e inestabilidad

Autor: Paloma Villanueva y Luis Cardenas

ctxt.es (La Paradoja de Kaldor)

En anteriores artículos hemos señalado que durante la actual fase de expansión económica no han mejorado las condiciones laborales, sino que por el contrario han continuado los problemas crónicos de elevadas tasas de desempleo, subempleo, temporalidad y rotación, unido todo ello a un estancamiento de los salarios. En este caso nos preguntamos si también ha aumentado la inestabilidad laboral en los contratos estándar (indefinidos a tiempo completo), que por sus características ofrecen una mayor estabilidad que los contratos atípicos (temporales, parciales, fijo-discontinuos, y otras figuras, como los contratos de formación y prácticas).

Conviene recordar que los defensores de la reforma laboral de 2012 sostienen que la dualidad del mercado laboral español se debe a las diferencias entre las condiciones legales que presentan los contratos estándar y los atípicos. De acuerdo con esta visión, los trabajadores con contratos estándar tienen condiciones muy rígidas (dificultando la flexibilidad interna) y, se encuentran más protegidos frente al despido (ya que la indemnización es mayor si llevan varios años). En consecuencia, las empresas optan siempre que es posible por figuras atípicas y por rotar a los trabajadores para que no adquieran antigüedad. Esta sería la explicación del elevado número de empleos con contratos atípicos en España (aproximadamente el 50% del total de afiliados al Régimen General de la Seguridad Social), y superior a la proporción que existe en otros países europeos.

Como es sobradamente conocido, dicha reforma transformó sustancialmente el marco legal con el objetivo de abaratar y agilizar la indemnización por despido de los contratos indefinidos por dos vías: 1) se reduce la indemnización por despido improcedente a 33 días por año trabajado con un máximo de 24 mensualidades (anteriormente eran de 45 días con un máximo de 42 mensualidades); y 2) se amplían los supuestos para el despido procedente individual y colectivo, de esta forma las empresas pueden alegar una situación económica negativa con mayor facilidad para realizar un despido procedente (con una indemnización de 20 días y 12 mensualidades). En teoría estos cambios deberían hacer que las empresas ahora consideraran que el contrato típico es lo suficientemente flexible para otorgarle preferencia y reducir así la dualidad existente al haberse estrechado las diferencias en la protección entre típicos y atípicos (a costa del deterioro de los primeros).

De esta forma se supone que se abordaba la rigidez en el núcleo del sistema de relaciones laborales, frente a los cambios que se habían venido desarrollando hasta la fecha, que se enfocaban principalmente en las condiciones de los contratos atípicos. Hay que señalar que desde el Estatuto de los Trabajadores (ET) de 1980 se han producido más de 50 reformas laborales, la mayoría de ellas orientadas a crear nuevos tipos de contratos que ofrecían algún tipo de incentivo a las empresas para su uso (generalmente condiciones más laxas, una menor protección o bonificaciones en las contribuciones a la Seguridad Social). Se trataba, por tanto, de la primera reforma que reducía la indemnización por despido improcedente en más de 30 años, ya que hay que remontarse a 1980 cuando el ET minoró la indemnización desde los dos meses (60 días) por año trabajado con un máximo de cinco años (60 mensualidades), a los mencionados 45 días y 42 mensualidades. Asimismo, aunque los supuestos para el despido objetivo se habían ido volviendo cada vez más laxos (inicialmente sólo estaban justificados por causas técnicas y se requería consentimiento de la autoridad laboral), tanto la reforma de 2010 como de 2012 suponen un cambio sustancial en la amplitud de las circunstancias económicas.

Por todo ello, de acuerdo con los defensores de la reforma, el empleo típico debería haberse incrementado y la rotación debería haberse reducido. En el primer caso, sabemos que no ha ocurrido ya que el peso que estos contratos tienen es similar al que tenían antes de la crisis y, en el segundo aspecto, la duración media de un contrato temporal se ha reducido (lo que significa una mayor inestabilidad).

En consecuencia, para responder a la cuestión de si también se ha reducido la duración de los contratos típicos, hemos utilizado la Muestra Continua de Vidas Laborales (MCVL), que ofrece el Ministerio de Trabajo, Migraciones y Seguridad Social, para analizar cómo ha cambiado la duración de los contratos típicos antes de la crisis (año 2008) y la actualidad (año 2017, el último disponible para esta base de datos). La principal ventaja de estos datos es que permiten ver la inestabilidad laboral ya que ofrecen información sobre el historial laboral y con ello los cambios y duración en el puesto de trabajo.

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“La política industrial del Gobierno Vasco es nefasta, fraudulenta y, en el mejor de los casos, negligente” (Entrevista a Jon Bernat Zubiri Rey)

Autor: Jon Bernat Zubiri Rey

Alda

Jon Bernat Zubiri Rey, doctor en Economía y profesor de la facultad de Relaciones Laborales de la UPV

Asistimos al proceso de liquidación de La Naval. ¿Hay alternativas al cierre?

Inequívocamente sí. Una primera opción es que los gobiernos intervengan en dos fases: por un lado, comprando los activos industriales (terrenos, construcciones e instalaciones) por medio de un fondo público, blindándolos ante especuladores, mientras en una fase en paralelo, impulsan una empresa pública vasca desarrollando un plan de viabilidad industrial a medio plazo recuperando la carga de trabajo que tenía La Naval antes de entrar en concurso. No hay limitación europea a que haya capital mayoritario público mientras exista un plan de viabilidad industrial a medio plazo (3-5 años de carga de trabajo/pedidos).

La segunda opción sería que la empresa pública “Navantia” recuperase la negociación de la draga y, alquilando a la administración concursal las instalaciones del astillero, retomara la actividad. Son alternativas factibles desde todos los puntos de vista (legal-juridico, económico-financiero y laboral), pero exigen la implicación del sector público, algo que tanto PNV como PSOE han rechazado.

¿Qué razones esgrimen para su inacción?

Es una cuestión de modelo. La Consejería de Industria ha apostado por liquidar la actividad de manera que la empresa pueda ser más atractiva a un capital que no busque el relanzamiento de la actividad a nivel local, sino que busque absorber a la empresa en sus bienes intangibles. Esta opción es claramente antisocial y profundiza el desmantelamiento del tejido industrial de la comarca.

El cierre de esta emblemática empresa vuelve a poner en la palestra el imparable proceso de desindustrialización que sufre la Margen Izquierda, Zona Minera y Encartaciones… ¿Qué diagnóstico haces de la situación?

Esta comarca forma parte de un país que ha vivido un proceso de desindustrialización muy fuerte durante las últimas décadas. La situación de la industria vizcaína es muy grave. Según datos del INE, en los dos últimos años -con crecimiento económico- se han destruido más de 13.000 empleos industriales; y Ezkerraldea está muy insertada en esa caída del tejido industrial.

Un dato que refleja claramente la desindustrialización que sufre el país: la industria de Bizkaia, Gipuzkoa y Araba ha pasado de suponer un 49% del Producto Interior Bruto en 1977, a un 29% en 2007; situándose en el 24% en 2018. El empleo industrial ha ido reduciéndose de manera imparable: de 423.000 empleos en 1975, a 274.000 en 1986, y a 188.000 en marzo de 2019.

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¿Sigue siendo el Estado del bienestar un instrumento para un crecimiento económico más inclusivo?

Autor: Carlos Ochando

ctxt.es (La Paradoja de Kaldor)

Existe ya bastante evidencia teórica y empírica sobre los efectos positivos del gasto social sobre la eficiencia y el crecimiento económico. Citemos algunos.

En primer lugar, las políticas públicas corrigen fallos del mercado e internalizan efectos externos (positivos y negativos) que el intercambio libre del mercado no considera, lo que resulta muy positivo para la toma de decisiones económicas de los agentes privados.Por ejemplo, la intervención pública permite la corrección de las imperfecciones en el mercado de capitales. En presencia de mercados de capitales imperfectos, una mayor desigualdad impide o limita la inversión en capital humano (especialmente, en salud y educación) de quienes no superan un determinado umbral de ingresos, disminuyendo el capital humano agregado y con él la tasa de crecimiento económico y la productividad. La mayor equidad distributiva puede facilitar un mejor acceso al crédito y a la información de los hogares pobres, aumentando las oportunidades para que hagan inversiones productivas (Galor y Zeira, 1993).

Por otro lado, existen externalidades positivas del gasto público en bienes sociales o preferentes sobre la productividad y la movilidad de la fuerza de trabajo y esto es fundamental para incrementar la competitividad en los mercados internacionales e impulsar el desarrollo económico y el cambio tecnológico. Así mismo, la reducción de la pobreza y un mayor nivel de desarrollo humano (en términos de educación, salud y nutrición) eleva la productividad de la fuerza de trabajo y estimula el proceso de innovación en la economía.

No obstante, creemos que los actuales Estados del bienestar pueden contribuir a un crecimiento económico más inclusivo mediante la consecución de dos objetivos claves: la reducción de la desigualdad y la mayor creación de empleo en el sector de los servicios sociales públicos.

Estado del bienestar y desigualdad

Numerosos estudios teóricos y empíricos llegan a la conclusión de que la desigualdad en la distribución de la renta está negativamente correlacionada con la eficiencia económica y el crecimiento económico a largo plazo o, lo que es lo mismo, que una mejora en la distribución de la renta contribuye a favorecer positivamente la eficiencia económica y el crecimiento económico a largo plazo. Hasta el propio FMI ha llegado a aceptar que la desigualdad económica y el crecimiento insostenible son las caras de una misma moneda y que una reducción de la desigualdad tiene efectos positivos sobre el crecimiento económico (Berg y Ostry, 2011; Ostry, Berg y Tsangarides, 2014). En resumen, el Estado del bienestar no se mostraría tan disfuncional con el crecimiento económico como algunas corrientes de pensamiento económico liberal pretenden plantear. Y ¿por qué?

El argumento fundamental es que el Estado del bienestar puede generar efectos positivos sobre los incentivos económicos y el crecimiento económico (Bandrés, 2014). Explicaremos algunos argumentos que refuerzan esta tesis:

– Una mayor desigualdad aumenta la probabilidad de inestabilidad política y conflicto social, ampliando la incertidumbre sobre la garantía de los derechos de propiedad y la calidad de las instituciones, con los consiguientes efectos negativos sobre la inversión y el crecimiento económico. Por tanto, una mayor equidad permite una mayor estabilidad política y social del sistema democrático, condición previa para el crecimiento económico.

– Una mayor desigualdad genera una mayor demanda de políticas redistributivas que reducen la inversión y la tasa de crecimiento (“tesis de la redistribución endógena”). Una extrema desigualdad puede sesgar la política tributaria, o bien hacia planteamientos más populistas con lo que introduciría distorsiones y desincentivos que mermen el crecimiento económico (Alesina y Rodrik, 1994; Persson y Tabellini, 1994) o bien hacia los intereses de los grupos de mayor nivel de renta, lo cual también puede provocar un menor crecimiento económico.

– La reducción de la desigualdad aumenta la confianza y/o el capital social, aspectos nucleares del desarrollo y crecimiento económico. Autores como Sanz y Corrochano (2010) proponen la necesidad de incentivar la formación en capital social para potenciar los efectos económicos y sociales del Estado del bienestar. Apuntan que “el Estado de Bienestar tiene efectos dinamizadores positivos sobre el crecimiento económico cuando existe una fuerte presencia de capital social que, teóricamente, reduce el abuso de las prestaciones y permite sinergias que facilitan la reincorporación de los ciudadanos a la actividad social y económica productiva” (Sanz y Corrochano, 2010: 102).

¿Sigue siendo el Estado del bienestar un instrumento eficaz contra la desigualdad? Los Gráficos 1 y 2 parecen validar esta tesis. Los países con mayor gasto social obtienen mejores resultados en términos de reducción de la desigualdad y de tasa de pobreza.

Gráfico 1

Fuente: Elaboración propia a partir de Eurostat.

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Escuela de Verano Economistas Sin Fronteras 2019 (15 al 17 de julio en el Albergue San Fermín, Villaverde, Madrid)

Autor: ECONOMISTAS SIN FRONTERAS, Iolanda Fresnillo y Ricardo Molero Simarro

Economistas Sin Fronteras

El próximo mes de julio regresa nuestra escuela de verano en la que contaremos personas de la academia y de movimientos sociales para reflexionar sobre otras formas de entender y hacer economía. En esta edición abordaremos el tema de las desigualdades y su vínculo con el funcionamiento del sistema económico actual.

Al igual que en la edición anterior, combinaremos seminarios con talleres prácticos en los que podremos aprender a hacer un programa de radio, un fanzine o un paseo de Jane para visibilizar los problemas y consecuencias del sistema económico actual y dar a conocer alternativas que ponen en el centro la sostenibilidad de la vida.


El programa de este año...

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Propuestas modestas sobre lo que debería hacerse en política económica (Cuadernos de incertidumbre: 18)

Autor: Albert Recio Andreu

Mientras Tanto

I

Ahora que sabemos que el peligro de un cuatrienio negro se ha disipado, es hora de pensar en qué cosas deberíamos exigir del nuevo gobierno, en qué líneas debería orientarse la política económica. Las ideas que incluyo se limitan a ampliar la respuesta que di a los redactores de Alternativas económicas cuando me pidieron cinco propuestas de actuación. Seguro que quedan muchas cosas fuera, pero espero que algunas sean útiles.

Es evidente que la economía española tiene un grave problema de sostenibilidad desde una triple visión económica: convencional, ecológica y social. En el primer aspecto sitúo los problemas de deuda externa y los de balanza de pagos (que reflejan los efectos macroeconómicos de la estructura productiva y el modelo de consumo, de la distribución de la renta). El segundo es obvio, y en el tercero se incluyen tanto el intolerable nivel de las desigualdades como los problemas de los servicios públicos. Y, por tanto, toda política seria debe tratar de abordar estos tres espacios.

Hay que ser conscientes de que las propuestas, y sobre todo las prácticas, no tienen lugar en el vacío; se desarrollan dentro de un contexto concreto. La economía española, como la de cualquier otro país, no es autónoma, sino que está condicionada por el contexto internacional en el que opera. Y es obvio que este contexto es altamente limitador en dos sentidos. En primer lugar, estamos inmersos en un marco institucional altamente condicionante: pertenencia a la zona euro y a la Unión Europea, elevado endeudamiento exterior que genera dependencia respecto al capital financiero, etc. En segundo lugar, estamos condicionados por la trayectoria pasada que ha configurado una determinada especialización productiva, que ha señalado una senda de desindustrialización, un marco institucional interno.

Ante estos condicionantes, podría optarse por dos alternativas que oscilan entre la ruptura radical o la acomodación a las condiciones. En el primer campo se sitúan los que plantean salirse del euro y/o declarar el impago de la deuda; los que plantean que las políticas neoliberales se pueden revertir por mero voluntarismo. Entiendo esta posición, pero soy escéptico sobre su cumplimiento. Entre otras cosas porque la ruptura (o la “revolución”) es mucho más fácil de propugnar que de llevar a la práctica. Y ello es así porque, en parte, el marco institucional imperante ha tejido un conjunto de normas e instituciones que dificultan estas rupturas (como ejemplifica el devenir del Brexit). También porque cualquier ruptura genera unos costes de transición que sólo pueden afrontarse si hay una base social dispuesta a llevarla a cabo hasta al final, y a sacrificarse en pos del cambio. No veo en nuestra sociedad este nivel de convicción en una masa crítica suficiente (como tampoco la ha habido para la independencia de Catalunya y como tampoco la hubo para que Grecia se saliera del euro). Por eso, mi planteamiento elude este problema y se centra en un nivel de acciones en las que sí hay autonomía y donde es posible aplicar políticas que se sitúen en los límites del marco condicionante (y que en cierta medida permitan superarlo). Seguir leyendo…

II Escuela de Verano de Economía Crítica 2019

Autor: ASOCIACION ECONOMIA CRITICA

Todavía hay plazo para apuntarse a la II Escuela de Verano de Economía Crítica que tendrá lugar en la Universidad Autónoma de Madrid (UAM) los días 1 a 3 de JULIO de 2019 (en La Cristalera, la sede que tiene la UAM en Miraflores de la Sierra). Todo ello dentro de la cobertura de Cursos de Verano ofrecida por esta universidad.

Esta Escuela de Verano está organizada por la Asociación de Economía Crítica en colaboración con varias instituciones como la propia Universidad Autónoma de Madrid, la Fundación FUHEM, el Instituto de Estudios Fiscales y el Ayuntamiento de Madrid, y el tema central será: “Desigualdades y distribución de la renta: una mirada plural”.

Destinada principalmente a estudiantes de último año de grado y de postgrado, se pret1ende presentar y poner a dialogar sobre esta cuestión de la desigualdad a los diferentes enfoques teóricos y metodológicos distintos al enfoque económico convencional, como pueden ser la economía postkeynesiana, la economía ecológica, la economía marxista, o la economía feminista.

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La productividad del trabajo en España: crecimiento contracíclico, estancamiento secular

Autor: Adrian Rial

ctxt.es (La Paradoja de Kaldor)

A raíz de la reciente publicación del informe OCDE Compendium of Productivity Indicators 2019, distintos académicos han lamentado que España haya sido, a tenor de los datos aportados en dicho informe, la economía de la OCDE que más empleo neto ha destruido en industrias de alta productividad en el período 2010-2017. Este hecho, unido a la creación neta de empleo que ha tenido lugar en las industrias españolas de baja productividad, ha sido interpretado como una muestra inequívoca de la debilidad de la productividad en nuestro país.

En este artículo trataremos de evidenciar la insuficiencia de esta visión, basada en la relevancia de los niveles de productividad, para explicar el mediocre comportamiento de la productividad del trabajo en la economía española. Con dicho fin, adoptando un enfoque basado en la estructura productiva, analizaremos las fuentes industriales de los incrementos de productividad a través de un método que permite descomponer el crecimiento de la productividad agregada en las contribuciones de las diferentes industrias de la economía.

De acuerdo con la fórmula propuesta por Nordhaus (2001), el crecimiento real de la productividad del trabajo (definida aquí como el valor añadido generado por hora trabajada) en el conjunto de la economía puede descomponerse en contribuciones industriales caracterizadas por tres términos o efectos. El primer término se corresponde con el efecto within, que mide el crecimiento de la productividad imputable a factores distintos a los cambios composicionales que tienen lugar en el empleo y en el producto nominal. El segundo término es el efecto Baumol y estima el impacto que el cambio composicional en el producto nominal que ha tenido lugar desde el primer año de estudio despliega sobre el crecimiento de la productividad. Este efecto es positivo (negativo) si las industrias de la economía con incrementos de productividad superiores a la media han ganado (perdido) participación sobre el producto nominal con respecto al año base. Finalmente, el último término se corresponde con el efecto Denison, que evalúa el impacto de que en la economía tenga lugar un cambio composicional en el empleo entre industrias con niveles de productividad nominal dispares. El efecto Denison es positivo (negativo) si las industrias con niveles de productividad nominal superiores a la media ganan (pierden) participación sobre el empleo.

Como se puede observar en la Tabla 1, España ha presentado un crecimiento muy modesto en su productividad en 1996-2016. A lo largo de estas tres décadas, la productividad del trabajo en la economía española evidencia un marcado carácter contracíclico: su crecimiento se estanca durante las fases expansivas (1996-2007 y 2014-2016), mientras que, por el contrario, se acelera en el período recesivo (2008-2013). La mediocre evolución de la productividad en España durante los ciclos expansivos explica sus pobres resultados comparados con los de otras economías desarrolladas (exceptuando a Italia, que presenta también un crecimiento muy pobre de la productividad). Con todo, tras la Gran Recesión, la notable desaceleración de la productividad que ha tenido lugar en distintas economías desarrolladas ha reducido el gap en el crecimiento de la productividad entre estos países y España en la última fase expansiva.

Tabla 1. Crecimiento real de la productividad del trabajo agregada (en %).

1996-2016 1996-2007 2008-2013 2014-2016
España 0.7 0.2 1.9 0.2
Italia 0.3 0.4 0.2 -0.2
Francia 1.1 1.5 0.5 0.8
Alemania 1.3 1.8 0.4 0.8
EE.UU. 1.6 2.0 1.0 0.6

Fuente: elaboración propia a partir de OCDE-STAN.

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VI Congreso Estatal de Economía Feminista (Valencia; 5, 6 y 7 de septiembre de 2019)

Autor: ECONOMIA FEMINISTA

https://femeconomiafeminista.com/congres2019/

Bienvenida

Desde la Cátedra d’Economia Feminista de la Universitat de València os damos la bienvenida al VI Congreso Estatal de Economía Feminista que se celebrará en València los días 5, 6 y 7 de septiembre de 2019, estructurado en tres ejes: 1) investigación-comunicaciones; 2) formación y 3) acción y debate político.

Esta nueva edición del congreso de economía feminista viene precedida de la experiencia y conocimiento generado en las anteriores ediciones y en las redes de intercambio y acción política que hemos ido alimentando desde entonces.

En esta ocasión queremos abrir dinámicas de trabajo teórico-práctico que faciliten el desarrollo de los ejes temáticos de mayor relevancia para la economía feminista (cuidados, ecofeminismo), la conformación de instrumentos aplicables a través de las políticas públicas (fiscalidad, presupuestos con enfoque de género), la definición de modelos de gobernanza feminista y gestión de lo común y la articulación de resistencias feministas antes la beligerancia neoliberal. En estos últimos años el movimiento feminista ha conseguido hacer llegar a una mayoría social la diversidad de vindicaciones y demandas para un cambio de modelo de sociedad. Cada vez surgen más iniciativas, fundamentalmente desde los movimientos sociales, en las que los cuidados y la vida se sitúan como prioridades básicas, y proponen alternativas de gestión a la economía ortodoxa y al fundamentalismo de mercado que ha dominado el mundo académico y los centros de poder económico y político.

La economía feminista ha de contribuir de manera decisiva a generar alternativas al modelo económico y político que está en crisis. Pensamos que el cambio de paradigma ya no es aplazable por más tiempo y que el feminismo como proyecto ético de transformación social tiene capacidad de generar sinergias para las transiciones necesarias y justas con la vida.

La convocatoria de este VI Congreso de Economía Feminista se abre con una llamada a presentar propuestas en cualquiera de los tres ejes, para ir construyendo alternativas y procesos de transformación social.

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La hiperinflación en Venezuela (II): implicaciones teóricas

Autor: Juan Barredo Zuriarrain

Afirmar que la causa directa y principal de la hiperinflación reciente en Venezuela ofrece diferentes interpretaciones desde teorías monetarias diferentes. ¿Supone esto comulgar con las tesis monetaristas de Milton Friedman y compañía? ¿O es posible hacer una lectura desde el supuesto de la oferta monetaria endógena, compartida casi totalmente por las  teorías postkeynesiana, kaleckiana o marxistas?

La oferta monetaria endógena implica que la masa monetaria se introduce en la economía fundamentalmente por medio del crédito, financiando directamente un incremento de la actividad económica. De ahí se deriva, en contra de las tesis monetaristas, que los incrementos de la masa monetaria no conllevan necesariamente incrementos en el nivel de precios. Es más, impedir el aumento de la masa monetaria endureciendo las condiciones de crédito obstaculizaría el normal desarrollo económico en sociedades capitalistas.

Pero la endogeneidad de la oferta monetaria también implica que esa misma masa monetaria ‘creada’ o ‘inyectada’ es posteriormente ‘destruida’ o ‘reabsorbida’ cuando el crédito es devuelto. El recurso creciente a aumentos de liquidez sin contemplar mecanismos que la reabsorban, al tiempo que la actividad económica se contrae, permite explicar que el poder de compra se disuelve en una masa monetaria creciente (o sea, inflación).


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