Economía Crítica y Crítica de la Economía

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Por qué y cómo queremos auditar la deuda de la Generalitat

Autor: Iolanda Fresnillo y Javier Lechon

eldiario.es

Una deuda de 70.000 millones de euros no es poca cosa para la Generalitat de Catalunya. En 2015 uno de cada cuatro euros y medio del presupuesto se destinó a pagar la deuda y sus intereses. Desde 2007 la deuda pública catalana se ha multiplicado por 4,5, en un proceso en espiral en el que cada año la Generalitat se endeuda aún más para poder hacer frente a la deuda acumulada. Endeudarse para pagar deuda.

Si al pago de la deuda sumamos otros compromisos ineludibles como el pago de peajes en la sombra y otras financiaciones estructuradas para la construcción de infraestructuras, en el presupuesto queda muy poco margen para la realización de un plan de choque que afronte con garantías la situación de emergencia social que vive gran parte de la población catalana.

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Del tabú del impago a la imposibilidad del pago: alternativas a la deudocracia

Autor: Iolanda Fresnillo

Blog Opinions en eldiario.es

Las deudas siempre se pagan, pacta sunt servanda, los contratos están para ser cumplidos. El simple planteamiento de romper con los contratos que nos atan a bancos, inversores y mercados financieros, a través de la deuda, pública o privada, es inconcebible para muchos. Los que niegan la posibilidad de un impago, total o parcial, lo hacen argumentando que, por encima de todo, debe prevalecer la seguridad jurídica. La sacrosanta seguridad jurídica. Una prevalencia de lo firmado que no defienden con el mismo entusiasmo cuando se trata de respetar los derechos humanos o los derechos económicos, sociales y culturales.

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Los otros terremotos que hundieron Haití

Autor: Iolanda Fresnillo

Diagonal Periódico

“Desde el primer momento que la Minustah puso un pie en tierra haitiana, sus tropas han violado de forma sistemática los derechos humanos”. Lo dice Monica Riet, uruguaya, que el pasado 6 de mayo se encontraba en Puerto Príncipe como militante de la Coordinadora latinoamericana por la retirada de las tropas de la Minustah, la misión de Na­cio­nes Unidas por la Estabi­liza­ción de Haití. “Es un genocidio silencioso que va más allá de la ocupación militar”, añadía indignada por la participación de tropas uruguayas en la operación militar de la ONU. Seguir leyendo…

Ya en la calle: “¿Qué hacemos con la deuda?”

Autor: Bibiana Medialdea Garcia, Iolanda Fresnillo y Nacho Álvarez Peralta

Colectivo Novecento

portada QHAcaba de salir publicado ¿Qué Hacemos con la Deuda?, un nuevo libro de la Colección Qué Hacemos (Akal). El trabajo, con una vocación predominantemente divulgativa y propositiva, ha sido realizado por Bibiana Medialdea (Coord.), Nacho Álvarez, Iolanda Fresnillo, Juan Laborda y Óscar Ugarteche.

El próximo sábado 21 de septiembre a las 12:30 lo presentaremos, junto con otros nuevos títulos de la colección, en la Fiesta del PCE, y el jueves 26 de septiembre a las 19:00 lo volveremos a presentar en la libreria La Marabunta.

Para abrir el debate, os dejamos con el primer capítulo:

I. La Crisis de Deuda como Síntoma

Los problemas económicos de nuestra sociedad no empiezan con la actual crisis de deuda, ni terminarán por sí solos en el caso de que esta se resuelva. Más bien, la situación de sobreendeudamiento y polarización social a la que han llegado economías como la española resulta sintomática de la profundidad de los problemas económicos a los que nos enfrentamos. Seguir leyendo…

La ilegitimidad de endeudarse a costa de la naturaleza

Autor: Inés Marco Lafuente y Iolanda Fresnillo

Extracto del artículo publicado en el número 42 de la Revista Ecología Política de diciembre de 2011 el cual podéis descargar directamente desde aquí

La industrialización y el desarrollo del modelo capitalista han avanzando en el mundo en base a procesos de endeudamiento. El crédito y, por tanto, la deuda son elementos consustanciales al proceso de crecimiento económico. “La pasión que predomina entre los individuos de una economía moderna es convertir la riqueza en deuda, que en el futuro genere un ingreso permanente; convertir la riqueza que es perecedera en deuda, que es perdurable. Una deuda que no se pudre, no tiene gastos de mantenimiento y produce intereses permanentemente” (Daly, 1999: 38).

Desde la perspectiva de los deudores, el objetivo de este endeudamiento es en principio invertir en procesos productivos para generar rendimientos suficientes para, una vez satisfechos los pagos de la deuda, obtener beneficios. Dichos procesos productivos no suelen tener en cuenta su vínculo con el mundo físico. La metáfora de la producción capitalista (Naredo, 2003) oculta un proceso de apropiación de la riqueza, y ha generado un patrón de crecimiento en términos monetarios que obvia los procesos de destrucción de la naturaleza y degradación de las condiciones de vida de las personas. La creación de valor añadido en los procesos de producción no contabiliza los costes reales de dicho proceso, subestima los costes generados durante los procesos de extracción de los recursos así como los costes laborales, y hace invisible los espacios de desarrollo humano. La economía de mercado desplaza sus costes hacia la naturaleza y las clases trabajadoras.

Las deudas, en las que se incurre para fomentar estos procesos de producción, son expresadas en unidades monetarias, que no tienen límites físicos, pues se espera que crezcan de forma exponencial e ilimitada por la acumulación de intereses sobre el capital a retornar. Para hacer frente a su pago, los deudores (sean actores públicos o privados) tendrían que aumentar el rendimiento de los recursos que han tomado prestados de forma exponencial. Estos rendimientos suelen obtenerse mediante procesos de adquisición y extracción de recursos, por lo tanto sí están sujetos a límites físicos y dependen del ritmo de crecimiento de la naturaleza (Daly, 1999). En términos generales, para conseguir los recursos suficientes como para hacer frente a los pagos de las deudas y la acumulación de intereses, los deudores suelen apostar por una o varias de estas cuatro opciones: embarcarse en inversiones especulativas (burbuja inmobiliaria y financiera, que no pueden durar indefinidamente); aumentar la presión sobre los salarios de los trabajadores; incrementar los ritmos de producción y consumo de bienes y servicios; e intensificar los procesos de extracción de los recursos naturales.

La deuda y la austeridad tienen quien las combate

Autor: Iolanda Fresnillo

Diagonal Periódico

En abril de 2012, activistas de diferentes países europeos y del Norte de África nos juntamos en Bruselas para mejorar la coordinación e intercambio de información y definir estrategias comunes entre las campañas, plataformas y organizaciones en lucha contra la deuda y la austeridad. Nacía bajo el lema común “¡No Debemos! ¡No Pagamos!”, la Red Internacional Auditoría Ciudadana de la Deuda (ICAN – International Citizen Audit Network).

En febrero de 2013 ICAN ha celebrado en Tesalónica su tercer encuentro, afianzándose como un espacio de afinidad y coordinación de grupos y activistas que se oponen a la dictadura de la deuda y los recortes en el Estado español, Grecia, Italia, Portugal, pero también en Bélgica, el Reino Unido o Alemania. En la pérdida de derechos no sólo se unen las clases populares del Sur de Europa, sino también las de aquellos países llamados avanzados. El milagro “alemán” o la resistencia británica a la crisis, se basan, en buena medida, en la devaluación interna a costa de recortes de derechos y reducciones salariales, en los minijobs y privatizaciones, que dan lugar a una concentración cada vez mayor de la riqueza y un empobrecimiento cada vez más sangrante de los sectores más vulnerables de la población. Para ICAN está claro que la crisis no es de la periferia Europea, sino del modelo de la Europa del Capital y del capitalismo neoliberal. Seguir leyendo…

La hipocresía del FMI y el Banco Mundial

Autor: Iolanda Fresnillo

Diagonal Periódico

El Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional, a pesar de la decreciente atención que reciben en nuestro país (lamentablemente tanto de los medios como de ONG y movimientos sociales) siguen siendo dos de las instituciones más poderosas del planeta. Dos temas han destacado entre los acuerdos de las reuniones: la nueva estrategia del Banco Mundial sobre gobernanza y anti corrupción, y la pseudo-reformaen el reparto de votos del FMI. En ambos temas, la hipocresía ha sido la protagonista.

Desde que hace año y medio Paul Wolfovitz asumiera la presidencia del BM, la lucha contra la corrupción se ha convertido en su obsesión. En el último año el BM ha suspendido más de mil millones de dólares en varios proyectos en África y Asia por denuncias de corrupción. Sin embargo, el BM parece responsabilizar tan sólo a los gobiernos del Sur, exculpando totalmente a las empresas transnacionales del fomento de la corrupción. Hace tan sólo unas semanas se supo que el BM había ofrecido amnistía y confidencialidad a todas aquellas empresas que admitiesen haber estado implicadas en casos de corrupción (el BM no puede contratar a aquellas empresas que sean halladas culpables de corrupción), ¿quizá las intenten salvar de la lista negra? Por otro lado, el BM y el FMI no han tenido problemas en financiar regímenes corruptos como el de Mobutu en Zaire, Pinochet en Chile, Suharto en Indonesia o Marcos en Filipinas… ¿qué hay de asumir los propios errores? En cuanto a la reforma de votos del FMI, Rodrigo Rato, director gerente del Fondo, la ha vendido como un gran paso hacia una mayor democratización de la institución.

Nada más lejos de la realidad. La reforma adoptada simplemente da más poder a cuatro países (China, México, Turquía y Corea del Sur) y prevé que antes de fin de 2008 se doblen los votos básicos de todos los países y se busque una nueva fórmula para calcular el reparto de poder en el FMI. El resultado es que, en caso de que se lleguen a implementar las tres medidas, los países ricos verán reducido su poder, pasando del 60% al 59% de los votos, mientras que todos los países africanos juntos pueden llegar a pasar del ínfimo 0,5% de votos actuales a un 6,5% en un futuro. Es evidente que la reforma no supone cambio alguno en la enorme desigualdad de reparto de poder del FMI.

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