Economía Crítica y Crítica de la Economía

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No es turismofobia, es lucha de clases

Autor: Alfredo del Rio Casarola

Blog de Econonuestra en Público.es

En las últimas semanas los medios de comunicación han creado el término de moda de este verano, turismofobia, para identificar el comportamiento de aquellas personas que han organizado diferentes protestas por la masiva afluencia de turistas a diferentes puntos del territorio español y por sus consecuencias. Dicho término no es meramente descriptivo sino que ostenta un sentido concreto, éste es, trasladar la culpa de la situación a las personas que han participado en las protestas y eximir de toda responsabilidad a cualquier otra parte involucrada (gobiernos de diferentes niveles, empresarios, etc.). Tal sentido específico es aportado por el sufijo “-fobia”, el cual significa: aversión exagerada ante algo o alguien. Así, se dota de normalidad a las consecuencias del turismo en el territorio y se localiza el problema únicamente en las personas que han reaccionado desmesuradamente ante él.

Además este término de moda se acompaña de la habitual retórica que resalta la riqueza creada por el sector, su importancia en el conjunto de la economía española, los empleos que genera, etc. En oposición a estos logros, los organizadores de las protestas y muchas otras personas identificamos al sector turístico con los bajos salarios, las largas jornadas de trabajo, el empleo estacional, el inmenso impacto medioambiental, y, más recientemente, con el brutal proceso de expulsión de los habitantes de los barrios céntricos de muchas ciudades para aumentar la oferta turística. Son estos elementos los que convierten a las clases populares en el colectivo perjudicado por este sobredimensionamiento turístico, fenómeno impulsado desde la entrada en la Unión Europea y el consecuente proceso de desindustrialización al que se vio abocada la economía española.

En la conversión del turismo en un sector de consumo de masas, tal y como ya lo eran los automóviles, electrodomésticos o televisores, influyó decisivamente el derecho que los trabajadores conquistaron de incluir en su salario y jornada laboral anual días pagados sin trabajar. Antes de tal conquista, sólo hacían turismo los más adinerados pero paulatinamente, desde hace menos de un siglo, la población trabajadora de los países más desarrollados consiguió acceder a vacaciones en lugares diferentes al de su residencia habitual. Otro aspecto peculiar del turismo es el espacial. La producción del sector turístico no puede encerrarse en una fábrica y ser apartada de las ciudades en polígonos industriales sino que tiene que estar insertada en aquellos lugares donde se sitúan los recursos turísticos. Debido a que muchos de ellos se concentran en los centros de las ciudades, el turismo masivo obliga a reorientar gran parte del espacio de vida de la población local al servicio de los turistas. En este sentido, la influencia del turismo en la vida diaria de los habitantes de zonas turísticas supone en muchos casos la invasión de los espacios de uso comunes y diarios, lo que se materializa en situaciones concretas como, por ejemplo, la imposibilidad de consumir una bebida al atardecer en terrazas de las céntricas plazas madrileñas porque las mesas están preparadas para las cenas, la expulsión de inquilinos en los barrios Gòtic o Poblé sec de Barcelona de sus residencias para convertir edificios enteros en apartamentos turísticos o que en lugares de Ibiza haya residentes que sólo pueden alquiler pisos durante 8 meses al año porque el resto están reservados para la temporada turística, etc.

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Economía con sentido común

Autor: Alfredo del Rio Casarola

Blog Econonuestra en Público.es

Desde el inicio de la crisis algunas frases aparentemente inocuas se han colado entre las expresiones más comunes del lenguaje popular. “Hemos vivido por encima de nuestras posibilidades” o “hay que apretarse el cinturón” son frases que sitúan a toda la población en el mismo barco y que culpabilizan a todos sus tripulantes por igual. En consecuencia, la forma de evitar que el barco se vaya a pique implica que todos ellos hagan el mismo esfuerzo, como si todos los tripulantes tuvieran los mismos agujeros en el cinturón.

Dichas frases son repetidas hasta la saciedad en todos los medios de comunicación masivos. En la gran mayoría de emisoras de radio o de cadenas de televisión hay programas a los que acuden unos personajes, llamados “expertos”, que recitan este tipo de enunciados como si de una verdad absoluta e irrevocable se tratara. Estos “expertos” no se limitan únicamente a participar en tertulias sino que también son utilizados por diferentes gobiernos para legitimar socialmente medidas impopulares. Un ejemplo es el “Consejo de sabios”, configurado por el actual Gobierno para preparar la reforma del sistema público de pensiones. Dicho Consejo entregó en junio de 2013 el “Informe del Comité de expertos sobre el factor de sostenibilidad del sistema público de pensiones”, el cual sugiere vincular la cuantía de las pensiones a la evolución del ciclo económico y disminuir la pensión inicial conforme aumenta la esperanza de vida y el número de años en los que se cobra pensión. Es decir, que la población española cobrará una menor pensión anual si vive más años que ahora y si hay recesión económica.

Pero este no es el último ejemplo. En febrero de este año, se hizo entrega al ministro de Hacienda y Administraciones Públicas, Cristóbal Montoro, del “Informe de la Comisión de expertos para la reforma del sistema tributario español”. Imaginen qué tipo de propuestas ha proporcionado este conjunto de académicos renombrados al Gobierno. Si han pensado en una disminución del Impuesto sobre Sociedades, en una supresión total del Impuesto sobre el Patrimonio o en una subida del IVA para algunos productos o servicios con tipo reducido, han acertado.

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El subdesarrollo: la otra cara de la moneda

Autor: Alfredo del Rio Casarola

Blog de Econonuestra en Público.es

Más allá de las ocasiones en las que alguna empresa española va a realizar una inversión fuera de las fronteras nacionales, es inusual escuchar a gobernantes referirse a la situación de los países subdesarrollados; es una muestra más del reduccionismo eurocentrista que predomina en los debates políticos. Al igual que existen voces que se han levantado desde el estallido de la crisis, frente a las relaciones asimétricas entre el norte y el sur de Europa, hay muchas otras voces que identifican la situación de los países subdesarrollados como un problema a abordar. Son voces que aspiran a una justicia global, no sólo nacional o continental.

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¿Son los bancos los únicos culpables?

Autor: Alfredo del Rio Casarola

Econonuestra

Desde el estallido de la crisis, los bancos han estado en el centro de las protestas. Esto se puede percibir en situaciones dispares como, por ejemplo, en varias manifestaciones que al caminar por delante de alguna sucursal o de las oficinas centrales de algún banco provocan la exaltación de muchos y muchas al grito de “culpables, culpables…”; o también en las declaraciones de los empresarios o del Gobierno, quienes critican a los bancos por haber congelado el grifo del crédito. En principio, puede no parecer algo muy extraño ya que el diagnostico más común de la actual situación económica se basa en que los bancos especularon mucho y eso provocó un huracán que se extendió al resto del mundo.

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¿Sociedad de emprendedores?

Autor: Alfredo del Rio Casarola y Leandro Martinez

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El fomento del emprendimiento empresarial está siendo una política común a varios de los gobiernos liberales del viejo continente, la cual se suele concretar en incentivos fiscales, ayudas en la financiación, etc. En este tipo de políticas el Estado español se ha convertido en uno de los referentes debido al Real Decreto-ley aprobado el 22 de febrero de 2013.

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Superávit de los poderosos, déficit de la periferia

Autor: Alfredo del Rio Casarola

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Las actuales políticas de devaluación interna (o de empobrecimiento social, según se mire) implementadas por varios gobiernos de la periferia europea tienen entre sus objetivos el de reducir los déficits comerciales. Dichas políticas económicas se basan mayoritariamente en la teoría económica convencional, la cual se articula en modelos con muchos supuestos fuertes y con unas conclusiones completamente ideológicas. Más concretamente, en el ámbito comercial, esta teoría es el principal sustento de las hegemónicas políticas librecambistas que implementan muchos gobiernos y que imponen las organizaciones internacionales como el FMI o el BM.

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