Economía Crítica y Crítica de la Economía

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Hacia una economía más justa: MANUAL DE CORRIENTES HETERODOXAS

Autor: Economistas Sin Fronteras, Astrid Agenjo Calderón, Ricardo Molero Simarro, Desiderio Cansino Pozo, Marcos de Castro, Amaia Pérez Orozco, Alba Delgado, Luis Cardenas, Ivan H. Ayala, Fernando García-Quero, Jose Miguel Ahumada Franco, Laura de la Villa y Coral Martinez Erades

Economistas Sin Fronteras

Coordinación:


Astrid Agenjo, Ricardo Molero, Alba Bullejos y Coral Martínez


Índice:

Presentación, Astrid Agenjo y Ricardo Molero

Economía Ecológica, Desiderio Cansino y Marcos Castro

Economía Feminista, Amaia Pérez Orozco y Astrid Agenjo

Economía Institucional, Alba Delgado, Raquel Coello

Economía Marxista, Fahd Boundi y Marisa Bordón

Economía Post-keynesiana, Iván Ayala y Luis Cárdenas

Economía del Desarrollo, Fernando García Quero y José Miguel Ahumada

Epílogo, Laura de la Villa y Ricardo Molero

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La economía no existe

Autor: Coral Martinez Erades

Blog Zona Crítica en eldiario.es

La economía se consolida como disciplina a partir de una serie de supuestos de escasa relación con la realidad que pretende conocer. Autores como José Manuel Naredo o Karl Polanyi han tratado las convenientes causas y devastadoras consecuencias de partir de una dualidad (en realidad inexistente) entre economía y política. Cuando estudiamos cosmovisiones lejanas a la racionalidad occidental, como la comprensión del mundo de algunas comunidades indígenas ancestrales, descubrimos que partir de que economía y política son indisociables permite que los principios comunitarios y de reciprocidad primen sobre la búsqueda del provecho individual y la competencia o que el valor de uso prime sobre el valor de cambio, descubrimos que las cuestiones morales como las que plantean las jerarquías no desaparecen del análisis y gestión de la distribución material. De hecho, desde estas cosmovisiones, tampoco lo material es indisociable de lo espiritual y mucho menos el fin último de la organización social, política y económica, lo cual invita a cuestionar la promoción del crecimiento del PIB como fin supremo al que se debe subordinar absolutamente todo lo demás, como si más allá de la reproducción del capital no existiese la vida.

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Frente al TTIP, un otoño de luchas

Autor: Coral Martinez Erades y Mario Risquez Ramos

eldiario.es

En el primer capítulo de La Riqueza de las Naciones, escrito en una época en la que servicios públicos como el sistema de pensiones o la sanidad pública eran inconcebibles, Adam Smith, precursor y defensor de la teoría liberal sobre el comercio internacional, defendía el papel que debía asumir el Estado como garante de la defensa, justicia, obras e instituciones públicas, así como de aquellos “gastos de los soberanos” entre los que se incluían la educación y la cultura.

Tres siglos más tarde, en una Unión Europea dónde las grandes decisiones no se toman en el Parlamento Europeo, sino desde organismos que adolecen de un enorme déficit democrático –Comisión Europea, Banco Central Europeo o el Fondo Monetario Internacional-, y en una España donde se inyectan ingentes ayudas económicas a transnacionales en detrimento del bienestar de la mayoría de la población, cabría preguntarse sobre la posibilidad, no ya de una democracia participativa en la que podamos incidir sobre aspectos que afectan enormemente a nuestras vidas, sino de una democracia representativa en la que el principal regulador sea el Gobierno electo y no las grandes transnacionales que dominan el mercado.

Estos días se están llevando a cabo numerosas manifestaciones en todo el Estado para decir no al secuestro de la democracia representativa, no a la dilapidación de nuestras conquistas sociales, y, en definitiva, no al TTIP. El Acuerdo Transatlántico para el Comercio y la Inversión o TTIP (Transatlantic Trade and Investment Partnership) es un Tratado de Libre Comercio que con absoluto secretismo se está negociando entre las élites políticas de Estados Unidos (EEUU) y la Unión Europea (UE). El Acuerdo busca hacer compatibles un gran abanico de normativas actualmente vigentes en ambos lados del Atlántico, en aras de poder aumentar tanto la cantidad como la variedad de productos y servicios que se comercian entre EEUU y la UE. Todo ello en un contexto en el que la crisis financiera y económica que azota a occidente, junto al buen desempeño económico de otras potencias como China, debilita la posición de EEUU y la UE como las dos grandes potencias económicas en el mundo.

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La mitificación de la lucha obrera. Apuntes sobre la movilización anti-TTIP

Autor: Coral Martinez Erades

Blog de Econonuestra en Público.es

“El TTIP ha descarrilado por las protestas” titula un reciente artículo de Owen Jones, autor del libro Chavs: la demonización de la clase obrera. En primer lugar, que el Acuerdo Transatlántico de Comercio e Inversión haya descarrilado está aún por ver. La globalización de políticas neoliberales no tiene por qué ser debatida y aprobada para que se implemente. En segundo lugar, si el TTIP tiene pocos visos de ser firmado y ratificado es debido al rechazo que genera entre las élites económicas y políticas a ambos lados del Atlántico, cuyos intereses no siempre coinciden.

Respecto a estos intereses irreconciliables planteo la siguiente hipótesis: los principales escollos para la firma del Tratado nacen de las disputas por el poder, no por el dinero. Los compartimentos de poder y dinero rara vez son estancos pero existen diferencias importantes. Como afirma Frank Underwood, el protagonista de House of Cards: “Dinero es la gran mansión en Sarasota que empieza a caerse a pedazos pasados diez años. Poder es el viejo edificio de roca que resiste por siglos”. Es decir, las diferencias en cuanto a denominaciones de origen o industria farmacéutica pueden resolverse o provocar que las cláusulas que les atañen sean excluidas del Acuerdo. Sin embargo, difícilmente las élites europeas estarán dispuestas a ceder a transnacionales estadounidenses el poder que ejercen sobre los grandes medios de comunicación o sobre la industria cultural.

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ICS: El nuevo mecanismo de resolución de controversias entre estados e inversores transnacionales.

Autor: Coral Martinez Erades

Blog de Econonuestra en Público.es

El Tratado de Libre Comercio entre Australia y EEUU (AUSFTA) no contempla un sistema de resolución de controversias entre inversores y estados porque ambos países consideraron, de forma explícita, que tienen sistemas legales robustos y desarrollados capaces de resolver las posibles diferencias entre inversores extranjeros y gobierno. Por el contrario y aún contando con un sistema que no es precisamente anti-inversores, la agresiva agenda de los lobbies de grandes corporaciones transnacionales europeas y estadounidenses parece no concebir una Asociación Transatlántica para el Comercio y la Inversión (ATCI o TTIP en inglés) sin tal mecanismo.

El “nuevo” Sistema Judicial de Inversión (ICS o Investment Court System), es más cortés -en las formas- que el “antiguo” mecanismo ISDS (Investors-State Dispute-Settlement) ya que: (i) el Tribunal de Primera Instancia (5 jueces de EEUU, 5 de la UE y 5 de terceros países) estará sujeto a revisiones de un Tribunal de Apelación (2 EEUU, 2 UE, 2 de terceros países) que operará sobre principios similares a los del Cuerpo de Apelación de la Organización Mundial de Comercio (OMC), (ii) las sentencias serán hechas por jueces designados públicamente, (iii) con una remuneración fija y (iv) cuyos puestos tendrán incompatibilidad con otros cargos.

No obstante, el ICS es tan eficaz como el ISDS a la hora de estrechar los márgenes de intervención estatal sobre cuestiones medioambientales, de salud, laborales, de servicios y contrataciones públicas, de derechos del consumidor así como de protección de datos y derechos de autor. Es decir, cuestiones cuyo reconocimiento legal afecta a diversos aspectos de nuestras vidas:

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TIIP: algo más que un TLC

Autor: Coral Martinez Erades

Blog de Econonuestra en Público.es

La Asociación Transatlántica para el Comercio y la Inversión entre EEUU y la UE (ATCI) o TTIP por sus siglas en inglés, trasciende las históricas implicaciones de los Tratados de Libre Comercio (TLC).

En aras de un aumento en el volumen de intercambio de bienes y servicios entre EEUU y la UE, las élites políticas y económicas promotoras del TTIP consideran necesario eliminar y “armonizar” (hacer converger las regulaciones estadounidenses y europeas en una única regulación) lo que consideran barreras normativas y económicas al libre comercio. Dado que los impuestos a la importación son extraordinariamente bajos a ambos lados del atlántico (con una media de 3,5% en EEUU y 5,2% en la UE según la Organización Mundial de Comercio) las negociaciones se centran en áreas cuya regulación está actualmente bajo el control de gobiernos nacionales o sub-nacionales. En definitiva, se persigue alterar normativas fundamentales a la hora de mantener garantizados derechos laborales, sociales, medioambientales, del consumidor y de protección de datos entre otros.

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TTIP: la falsa promesa de riqueza y empleo

Autor: Coral Martinez Erades

Rebelión

Las élites económicas y políticas a ambos lados del atlántico promueven la negociación de la Asociación Transatlántica para el Comercio y la Inversión entre EEUU y la UE (ATCI o TTIP por sus siglas en inglés) en base a predicciones sobre crecimiento del PIB y del empleo. El “pan barato y salarios altos” al que se refería Marx, parece haberse convertido en riqueza y empleo, “el único objetivo en aras del cual los freetraders han gastado millones” (Marx 1848). Sin embargo, el optimismo de estas predicciones solo es posible debido a lo que De Ville (2014) define como “un significativo grado de ambigüedad constructiva”. De Ville se refiere a aquellas variables fundamentales para calcular el impacto del TTIP, que aún están por determinar como el propio resultado de las negociaciones, particularmente en lo que se refiere a convergencia regulatoria.

La ideología que construye el discurso sobre los beneficios del Tratado se basa en la competitividad. Sin embargo, debemos ser conscientes de que las políticas liberales están orientadas a la competitividad espuria, esto es, rebajar el gasto público y empeorar las condiciones laborales, paradójicamente las principales herramientas para espolear la productividad. Tal y como argumenta Krugman (1994) la obsesión por la competitividad además de derivarse de preconcepciones inciertas, es realmente peligrosa. En el mismo sentido se pronuncia Husson (2013): “La idea de bajar salarios para crear empleo nunca ha funcionado y es una estafa. Cuando se observa a (…) Grecia, España y Portugal vemos una reducción muy fuerte del costo salarial, pero la contrapartida no es una mejor competitividad en términos de precios a la exportación, sino un aumento de las tasas de beneficios”.

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