Economía Crítica y Crítica de la Economía

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No hacer nada también es hacer

Autor: Jon Las Heras Cuenca

ela.eus

Una puede que tenga un mal día y dude, y se haga alguna pregunta que suele generar cierto malestar y escozor como: ¿Tiene realmente sentido lo que hago? ¿Tiene sentido el que me esfuerce, y que dedique energía e ilusión al cambio de una realidad que cada vez pinta, más bien, oscura y lúgubre? ¿No es mejor vivir el aquí y el ahora (menos lúgubre) y dedicarme a lo que realmente me gusta, a la satisfacción de aquellos placeres a los que todavía tengo acceso, en vez de estar horas discutiendo conmigo misma y otras compañeras de si esta reunión o aquélla han valido para algo, si presentar una candidatura a las elecciones sindicales puede ser ejemplar para el resto, si pedir a la directora de Recursos Humanos que no cambie el calendario y retribuciones a su medida vaya a ponerme en la lista negra, o incluso si amenazarla con defender mis derechos judicialmente va a suponer mi despido? ¿Para qué tantas lecturas de periódico o artículos sindicales, atender a reuniones, manifestaciones y llenar mis bolsillos de panfletos y pegatinas? ¿Quizás tengan razón aquéllas que me juzgan y me dicen, que por mucho que una se esfuerce la sociedad pasará por encima de nosotras como una apisonadora? A este tipo de preguntas, muy legítimas todas ellas, por cierto, hoy creo que les respondería con un: “No hacer también es hacer, pero te lleva hacia un lugar que no deseas”. Me explico.

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¿Huelga o diálogo social? Las estrategias del “raro caso” vasco (Entrevista a Jon Las Heras y Lluis Rodríguez)

Autor: Jon Las Heras Cuenca y Lluís Rodríguez Algans

Cuarto Poder (Sara Montero)

“En Euskadi, las centrales sindicales más grandes han apostado por la confrontación”, así explica Jon Las Heras , profesor de la Universidad del País Vasco (UPV/EHU), por qué esta comunidad autónoma está a la cabeza europea de las huelgas y es un “caso raro” en Europa. En la revista British Journal of Industrial Relations analiza, junto a Lluís Rodríguez, los dos modelos sindicales del País Vasco: los que tienden más al diálogo social (CCOO y UGT) y los soberanistas (ELA, LAB), que apuestan por la el conflicto como herramienta de negociación. Su conclusión es que la huelga no solo es una herramienta plenamente vigente, sino que además, contribuye a la renovación sindical.

Ambos autores plasman las conclusiones de la comparativa en el artículo Hacer huelga para renovar: las estrategias de organización de los sindicatos vascos y el uso de la caja de resistencia, publicado en la mencionada revista. Desde 2012, no se ha convocado una huelga general en España puramente laboral. Solo las reivindicaciones feministas del 8 de marzo han logrado revertir ese parón, que trascendía mucho el ámbito del trabajo. Sin embargo, la última huelga general en Euskadi tuvo lugar el 30 de enero de 2020. En esta ocasión se articularon demandas sindicales (como un salario mínimo de 1.200€ y jornada laboral de 35h semanales) con otras de diferentes movimientos sociales (como los pensionistas, colectivos ecofeministas y juveniles).

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“No es un tópico, en Euskal Herria se pelea mucho: lideramos en número de huelgas en Europa” (Entrevista a Jon Las Heras)

Autor: Jon Las Heras Cuenca

El Salto (Gessamí Forner)

Jon Las Heras

El economista Jon Las Heras en Jardines de Albia de Bilbao. GESSAMÍ FORNER

Jon Las Heras es profesor de economía política en la Universidad del País Vasco y, junto con el economista Lluís Rodríguez, ha publicado la investigación Hacer huelga para renovar: las estrategias de organización de los sindicatos vascos y el uso de la caja de resistencia en la revista British Journal of Industrial Relations de la prestigiosa universidad London School of Economics. Sostienen que el País Vasco se sitúa a la cabeza en número de huelgas en Europa y que ello se debe a que el sindicato vasco mayoritario (ELA) decidió a partir de 2001 apostar por la confrontación en la calle en vez del diálogo de despacho. En octubre de 2019, a tres meses de la última huelga general en Euskal Herria, el diputado foral de Bizkaia, Unai Rementeria (PNV), cristalizó ese descontento en los despachos dándose de baja al considerar que ELA solo “busca la confrontación permanente”.

¿No hay nada mejor para una negociación de un convenio que una huelga?
No tiene porqué. Es más importante demostrar que eres capaz de confrontar que materializar la huelga. La estrategia lógica es ganar sin tener que pelear: que el oponente acepte tus reglas. La huelga es disruptiva para el proceso productivo, una manera de decir que ni tú ni yo vamos a llevarnos nada del mercado, porque tu beneficio depende de mi trabajo y no creo que mis condiciones sean adecuadas. A no ser que sea una huelga general, que en ese caso es una huelga política, aunque todas las huelgas lo son en el fondo. Resumiendo, si no haces huelga y consigues lo que deseas, está bien también.

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Hacia la huelga general del 30 de Enero en Euskal Herria

Autor: Jon Las Heras Cuenca y Lluís Rodríguez Algans

El Salto

Los sindicatos ELA, LAB, ESK, Steilas, EHNE, Etxalde, Hiru, CNT y organizaciones juveniles, feministas, ecologistas y de pensionistas convocan a sus 200.000 militantes y al conjunto de la clase trabajadora a una huelga general ofensiva sobre “pensiones, salarios y vida digna”. SINDIKALAGENDA : Urtarrilaren 28tik aurrera. Seguir leyendo…

Sindicalismo feminista: los cuidados también se pelean (Reseña del libro “No eran trabajadoras, solo mujeres”)

Autor: Jon Las Heras Cuenca

Manu Robles-Arangiz Fundazioa

Una huelga puede propiciar momentos de catarsis, incluso de libertad. La huelga es un proceso vital y social a través del cual las personas, como trabajadoras, toman conciencia de su posición contrapuesta al capital. La huelga es un momento de desacuerdo y, por lo tanto, de ruptura. También es un acto creativo, de regeneración, porque las personas ven más allá de sus problemas individuales y expresan una posición común como trabajadoras. Así, el trabajo asalariado deja de ser emancipador y las trabajadoras, ahora no tan sumisas, quieren dejar constancia de su malestar. Se arriesgan y confrontan para vivir diferente. Establecen y refuerzan los lazos de solidaridad para mejorar sus condiciones de vida, y también para reapropiarse de una dignidad y respeto negadas. ¿Por qué, si no, iban a “invertir” las trabajadoras tantos esfuerzos en detener el proceso productivo? ¿Por qué, si no, iban a gritar tanto las trabajadoras de las residencias de Bizkaia resistir, persistir, insistir, pero nunca desistir por las calles del centro de Bilbao cuando sus superiores las observan amenazantes? ¡Qué ironía! ¿Verdad?

La explotación laboral y patriarcal no tienen límite ya que pueden ser demasiado sutiles, estar encubiertas bajo el dogma del “sentido común” y ser presentadas como relación natural, casi ancestral, o incluso como algo necesario para asegurar la competitividad de las empresas, el desarrollo personal y social o, peor aún, para contribuir con el crecimiento económico del país. ¿Y quién es ese país del que tanto hablan si nunca preguntan a la gran mayoría por su situación personal excepto en clave electoral? O, es que, acaso: ¿no somos nada más que ciudadanos que tenemos que pagar impuestos y votar por el partido que asegure más la confianza de los mercados?

El conflicto es más cruel todavía cuando mitad de la población está siendo infravalorada por el mero hecho de ser mujer y exigírsele una forma de comportamiento determinada; cuando las mujeres son tratadas como meros apéndices del hombre, y deben estar subordinadas a él, el único que brinda protección económica y moral, aquellos atributos que ellas no son capaces de asegurarse por sí mismas. Esta actitud tampoco deja de esconder un buen grado de cinismo porque, cuando el trabajo predominantemente realizado por mujeres es pesado y farragoso, como el de cuidados en las residencias de mayores o personas con algún tipo de discapacidad, la fuerza, resistencia y paciencia necesarias para tratar bien a esas personas no son reconocidas en absoluto. Por suerte, siempre hay personas que son críticas frente a ese discurso economicista y patriarcal, y son capaces de dar un paso adelante, valientes, sacando las innumerables injusticias a la luz, denunciando la pobreza de nuestras relaciones, y exigiendo cambiarlas. No eran trabajadoras, solo mujeres, es el libro con el que Onintza Irureta Azkune recoge una de las últimas huelgas que han conmovido la sociedad vasca, la de residencias de Bizkaia 2016-2017. Una huelga por la mejora de un convenio colectivo que duró 378 días, se dice pronto. La historia, hago un spoiler, tiene un final feliz, aunque este sea siempre incompleto y provisional.

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Economía capitalista: conflicto y poder sindical

Autor: Lluís Rodríguez Algans y Jon Las Heras Cuenca

El Salto (Economía para Todas)

No hay que fiarse de los discursos económicos dominantes

Si al estudiantado de economía se le pide que defina conceptos como explotación, capitalismo, sistemas económicos, crisis económica, poder económico o clases sociales nos encontraremos con un gesto de total confusión, si no de indiferencia: “pero si a mí solo me enseñan a hacer derivadas ¿de qué me hablas?” Con toda probabilidad las estudiantes desconocerán corrientes de análisis económico y corrientes de la economía política alternativa o radical: las perspectivas kaleckiana y postkeynesiana, regulacionista, institucionalista, ecologista y feminista, las múltiples formas de entender el marxismo o las concepciones de economía socialista y autogestionaria, impulsadas por economistas de ámbito nacional e internacional [1].

Esto es, sin duda, una muy mala noticia. Sin embargo, y pese a la tenaz voluntad de quienes detentan el poder académico y político por marginar, esconder y silenciar dichas corrientes, la realidad es que la economía capitalista real y, desde luego, las relaciones laborales existentes se entienden principalmente con los conceptos antedichos. Estos conceptos también han dado lugar a cursos de introducción a la economía política como base de planes de estudios e investigación alternativos pero, y a pesar de la necesidad de ampliar las miras, el sistema económico dominante y sus aparatos políticos e ideológicos se reproducen a través de lo que algunos autores denominan como la “dimensión vertical” o el “poder de clase”.

El poder de clase en el capitalismo puede entenderse como la autoridad y poder que ejercen desde las empresas, propietarios, directivos o perfiles de supervisores y responsables sobre trabajadoras con, por ejemplo, la amenaza de sanción o despido; la forma en la que intelectuales y tecnócratas de diversa índole argumentan para deliberadamente desposeer a personas “no expertas” de cualquier conciencia crítica, evitar preguntas indeseadas, siquiera realizar propuestas alternativas; así como el poder institucional de la patronal, gobiernos y, eventualmente, algunas organizaciones obreras conservadoras sobre el resto de segmentos de la clase trabajadora, en contraposición con aquella más combativa y organizada en sindicatos de contrapoder, a la hora de establecer el “modelo de país”. Todos estos aspectos condicionan y determinan las decisiones sobre la organización del trabajo y la producción, el intercambio o comercio, la inversión, la explotación, el excedente y los procedimientos a seguir para distribuir ese valor económico producido entre salarios y beneficios. En definitiva, no hay que fiarse de los discursos económicos dominantes, porque la ideología y política liberales determinan la forma en la que nuestra sociedad capitalista se reproduce materialmente y ésta condiciona, a su vez, nuestra forma de pensar e interactuar con el prójimo.

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“Echando leña al fuego de la mirada sindical contracorriente” (Sobre una obra de Joxe Elorrieta, ex-Secretario General del sindicato ELA)

Autor: Jon Las Heras Cuenca, Jon Bernat Zubiri Rey y Lluís Rodríguez Algans

Viento Sur

Este artículo expone de forma sintética y constructiva el análisis que Joxe Elorrieta nos presenta en Una Mirada Sindical Contracorriente (Elorrieta 2017), interpretando el mismo con ayuda de lecturas complementarias. El libro busca enardecer el debate sobre el posicionamiento que los sindicatos han tomado con respecto a los procesos neoliberales y de globalización capitalista. Desde una perspectiva de clase, explica cómo la clase trabajadora y sus organizaciones sindicales han sido “desempoderadas” durante las últimas décadas.

A su vez, y de manera muy cuidadosa, escapa de cualquier lectura estructuralista o inmovilista que reniegue o empequeñezca la acción de la clase trabajadora en la transformación del capitalismo y su sustitución por un sistema más justo y sostenible. Joxe Elorrieta hace uso en este libro de una vasta literatura académica de economía política radical y relaciones laborales, problematizando la acción estratégica de los sindicatos en Euskalerria, especialmente la de ELA – Euskal Langileen Alkartasuna.

El libro es pues rico en contenido histórico y teórico, y, por tanto, no dejará al lector impasible ante los argumentos que presenta. La doble formación y experiencia del autor cómo economista sindical y doctor en Ciencia Política, pone el colofón a sus 20 años de Secretario General del sindicato, aportando una mirada rica en matices y poniendo el foco de atención en los temas tratados, de máxima conexión práctica.

Leer el artículo completo:

http://revistaeconomiacritica.org/sites/default/files/revistas/n25/18-LasHeras-Rodriguez-Bernat_Clase-Territorio-NuevasAlianzas.pdf

Sindicatos a la deriva

Autor: Beltran Roca y Jon Las Heras Cuenca

El Salto

La proximidad del primero de mayo invita a reflexionar sobre la situación actual del movimiento obrero. A nivel global, en los antiguos estados del bienestar la competencia de las economías emergentes y las estrategias de acumulación capitalista han puesto en jaque a las organizaciones que hasta ahora representaban los intereses de la clase trabajadora. Para poder competir en un mercado global, las empresas exigen una creciente desregulación y flexibilización que mina las fuentes tradicionales de poder sindical en sus diferentes vertientes (como una alta densidad de afiliación, la existencia de grandes empresas que concentraban mucha mano de obra o bajas tasas de desempleo, entre otras).

En nuevos sectores de la economía predominan relaciones laborales “atípicas” en las que la organización sindical es extremadamente difícil o inefectiva en los términos tradicionales. Y usamos “comillas” porque siempre han existido fracciones de clase trabajadora desplazadas de las diferentes formas de paz social que han mantenido contentos a ciertos sectores de la clase media o a la aristocracia obrera. En cualquier caso, la pérdida de poder sindical no es algo a celebrar: la amplitud de las políticas de redistribución de la riqueza en un estado son directamente proporcionales a la vigorosidad del movimiento obrero y la posición del mismo dentro de la división internacional del trabajo. La pérdida de poder sindical ha tenido su correspondencia en el plano político-institucional. Al no constituir una amenaza para los intereses empresariales en un mercado laboral europeo o mundial, los compromisos institucionales que respaldaban la acción sindical se están resquebrajando. La falta de recurso al diálogo social por parte del gobierno, la imposición unilateral de reformas laborales o la regulación restrictiva del derecho de huelga, por ejemplo, ilustran esta tendencia. Los sindicatos, como consecuencia, se encuentran a la deriva. Sus direcciones oscilan entre presentarse como interlocutores “responsables” para reclamar la restitución de un pacto social que nunca llegará, o tender puentes con las nuevas expresiones de la protesta.

En España el punto muerto en el que se encuentra hoy la apuesta electoralista ha favorecido lo que parece la apertura de un nuevo ciclo de movilizaciones en las que los sindicatos mayoritarios han tenido un papel secundario y, en ocasiones, cuestionable. Éste es el caso de la huelga feminista del pasado 8 de marzo, o de las masivas movilizaciones de los pensionistas. El desapego hacia CCOO y UGT del 15M ha vuelto a aparecer, y el sindicalismo alternativo, a pesar de sus muchas limitaciones, ha demostrado sus afinidades y compromisos con los nuevos movimientos sociales. Seguir leyendo…

Syriza y la esperanza que asfixia: Dilemas de economía política

Autor: Jon Las Heras Cuenca

Blog Pensar la Tierra en Diagonal Periódico

Los gobiernos de los países occidentales que profieran cualquier tipo de ideología, por lo general, intentarán implementar diferentes políticas económicas y monetarias para que la economía (el dichoso PIB) y los niveles de empleo crezcan (en buena parte porque la misma estabilidad del gobierno depende de estos dos factores). Esto no quiere decir que el Gobierno busque una mejor o peor distribución de la riqueza, ni siquiera que busque un mejor o peor tipo de empleo (como podemos ver en el sur de Europa); muy al contrario, los gobiernos que no pongan en tela de juicio los fundamentos del capitalismo (la producción de plusvalía y la apropiación privada de la misma por aquellos que poseen los medios de producción) intentarán asegurar, casi a cualquier precio, unas tasas de crecimiento económicas “saludables”. El “casi a cualquier precio” es obviamente relativo a la situación social, política y económica del país o región en cuestión.

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Una Introducción al modelo de la Economía Participativa o Parecon

Autor: Jon Las Heras Cuenca

Este artículo presenta brevemente el modelo político y económico que Michael Albert y Robin Hahnel han llamado Parecon (Participatory Economics o Economía Participativa). El modelo ha suscitado gran interés dentro del movimiento libertario y en todos aquellos teóricos y activistas que están generando y proponiendo alternativas al sistema socioeconómico dominante.

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El deterioro de una utopía: la crisis económica Yugoslava

Autor: Jon Las Heras Cuenca

Este artículo tiene como objetivo presentar el desarrollo de la economía Yugoslava, entre los años 1945 y 1991, para poder entender el porqué esta experiencia no pudo lograr su objetivo de establecer una sociedad comunista en un contexto histórico específico, a la vez que su práctica era considerablemente diferente a otros estados europeos comunistas. Explicaré las razones económicas que hicieron que el proyecto degenerara progresivamente, llevándolo a una crisis económica, política y social, que terminó en una serie de guerras de componente fuertemente nacionalista.

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