Economía Crítica y Crítica de la Economía

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La política salarial alemana: La no Europa

Autor: Fernando Luengo

Otra Economía

El discurso económico dominante está plagado de lugares comunes, con un marcado perfil ideológico, que se presentan como verdades incontrovertibles, respaldadas por la lógica y la evidencia empírica.

Uno de esos lugares comunes es el que sostiene que el aumento de los costes laborales unitarios nominales (CLUn) registrados en la economía española desde que se creó la zona euro hasta el crack financiero explica la pérdida de competitividad externa, los desequilibrios en la balanza comercial, el continuo crecimiento de la deuda externa y, como colofón de todo ello, la crisis económica. El contrapunto de esos excesos se encuentra en la virtuosa Alemania, austera por tradición y por convicción, donde los CLUn han seguido una senda de moderación.

La política salarial alemana

Trabajo, empleo y salarios: La cuña ideológica del poder

Autor: Fernando Luengo

Otra Economía

El termino “mercado de trabajo” da nombre a muchas asignaturas en las facultades de ciencias económicas y a muchos libros, académicos y de divulgación. Su utilización se sostiene en una mezcla de tradición y de sentido común. Pero, como sucede a menudo en la economía, el lenguaje, lejos de ser una herramienta neutra, aséptica o inocua, contiene un relato, caso siempre al servicio de los que detentan posiciones de privilegio.

El mercado de trabajo es un mercado y funciona –o, mejor dicho, debe funcionar- como cualquier otro mercado. Esta sería la piedra angular de ese relato. Pero cabe preguntarse ¿existe un mercado, en singular, que sirva como referencia a la hora de organizar el trabajo? Se desliza la idea de que sí, que en efecto existe ese mercado, dotado de atributos que aseguran una utilización óptima de los recursos productivos; un mercado gobernado por las leyes de la competencia perfecta, sin trabas ni restricciones, donde los precios se forman a partir de la intersección de oferentes y demandantes, y donde los diferentes actores actúan racionalmente, manejando toda la información a su disposición.

Sabemos, sin embargo, que la realidad nada tiene que ver con esa descripción –idealizada, más que estilizada- de los mercados. Utilizo el plural porque el singular es inapropiado, confunde más que aclara. Existen diferentes procesos y lógicas mercantiles, donde, por cierto, no se reconocen ni se visualizan las supuestas “leyes” de la competencia perfecta.

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Aumentar los salarios y democratizar las relaciones laborales es bueno para las empresas

Autor: Fernando Luengo

Otra Economía

La economía dominante ha colonizado el debate sobre el papel de los salarios en la configuración de la oferta, como si sólo fuera posible una mirada, la suya. La secuencia propuesta según este relato es bien conocida. La moderación de los costes laborales es necesaria para que las empresas mejoren sus márgenes y de esta manera estén en condiciones de activar y consolidar el proceso inversor; esa moderación es asimismo imprescindible para fortalecer la competitividad en los mercados globales.

Como se supone que ese argumentario sienta catedra, los críticos contraponen un enfoque de demanda, en virtud del cual habría que proceder justo en el sentido contrario de lo planteado desde las filas de la economía convencional. Los argumentos son asimismo de sobra conocidos. Los salarios son el principal factor de dinamización del consumo y, en consecuencia, contribuyen a dinamizar la demanda agregada, asunto clave en estos años de crisis, cuando familias y empresas tienen unos niveles de endeudamiento muy altos y los gobiernos se empeñan, erróneamente, en contraer el gasto público.

Pero, como cada vez más economistas críticos reivindican, hay otro planteamiento que, situado también en la lógica de la oferta, ofrece una perspectiva radicalmente diferente de la convencional y dominante, cuya piedra angular sería el crecimiento de los salarios, no su represión.

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Breve reflexión sobre las inmigraciones

Autor: Fernando Luengo

Otra Economía

Los responsables comunitarios hacen lo posible y lo imposible, vulnerando la legislación internacional y los principios humanitarios más elementales, echando al cubo de la basura los principios sobre los que, en teoría, descansaba el denominado proyecto europeo, para deshacerse de los refugiados  y poner freno a la inmigración.

El mensaje es claro: FUERA.

Al mismo tiempo que Europa intenta echar el candado a sus fronteras –reto imposible-, cerrando el paso a los centenares de miles de personas que huyen de la guerra y la pobreza, ganan terreno y espacio político movimientos xenófobos y de extrema derecha. Y también avanza en la derecha más “civilizada” un discurso político que sitúa a la inmigración como problema.

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Desigualdad y pobreza. El país de Donald Trump

Autor: Fernando Luengo

Otra Economía

A menudo se afirma que la economía estadounidense es un modelo a seguir por la “vieja y desnortada” Europa.

Ya antes del estallido de la crisis este era un mantra muy utilizado en los círculos académicos, mediáticos y políticos. Lejos de evaluar las ventajas e inconvenientes de las economías situadas a ambos lados del atlántico, quienes argumentaban en estos términos pretendían justificar la necesidad de implementar en Europa las políticas neoliberales que en su opinión tan buenos resultados daban en Estados Unidos; muy especialmente las que apuntaban al mercado de trabajo, exigiendo su desregulación (flexibilización, utilizando un eufemismo muy recurrente).

El crack financiero, cuyo epicentro fue precisamente Wall Street, fue un duro golpe para este relato, alimentado en el paradigma de “todo mercado”. No obstante, cuando estamos a punto de cerrar una década de crisis económica –o, en el mejor de los casos, de lenta e inestable recuperación-, el icono estadounidense reaparece con fuerza. Este país, con un “mix” de políticas económicas acertado, estaría mostrando el camino de salida de la crisis.

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Empleo y precariedad laboral

Autor: Fernando Luengo

Otra Economía

Según la información aportada por Eurostat, la oficina estadística de la Unión Europea, en 2016 había en España 2.493.574 puestos de trabajo menos que en 2007, lo que, en términos porcentuales, significa un 87.4% del empleo existente en ese año. Si ponemos el foco en el periodo gobernado por el Partido Popular (PP), la destrucción de empleos entre 2010 y 2016 ha sido de 829 mil, situándose en el ejercicio que acabamos de cerrar todavía por debajo del umbral de 2010 (95,4%). Mal balance, sobre todo si se tiene en cuenta que desde 2014 el producto interior bruto de nuestra economía ha crecido, alcanzando en los dos últimos años tasas superiores al 3%.

Las estadísticas comunitarias ofrecen información sobre otra variable que, en el caso de nuestra economía, es muy significativa: el empleo equivalente a tiempo completo. Este indicador se elabora dividiendo las horas de trabajo realizadas en contratos a tiempo parcial con las requeridas con un contrato a tiempo completo. Por ejemplo, una jornada de 36 horas semanales sería equivalente a tres empleos a tiempo parcial de 12 horas cada uno de ellos.

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Diez principios para otra política económica en Europa

Autor: Fernando Luengo

Otra Economía

  1. A pesar de que, desde la creación de las Comunidades Europeas y en los sucesivos tratados, la convergencia productiva y social se ha situado en el epicentro del denominado proyecto europeo, la realidad ha discurrido por un camino bien distinto. Las divergencias se han instalado en Europa. Las fracturas estructurales que se han descrito en las páginas precedentes ya eran evidentes antes del lanzamiento de la moneda única, con ésta se hicieron más pronunciadas y en los años de crisis se han agravado como consecuencia de la errónea y sesgada política exigida por la Troika (Comisión Europea, Banco Central Europeo y Fondo Monetario Internacional). La heterogeneidad estructural presente en la geografía económica europea nos habla de un Norte y un Sur, un Centro y una Periferia, así como de una fractura social creciente, entre los ricos y los pobres, entre los propietarios del capital y los trabajadores, entre las elites y la mayoría social.
  2. El enquistamiento de las divergencias representa una impugnación en toda regla de ese proyecto. Significa que las lógicas concentradoras impuestas por los mercados han prevalecido sobre las redistributivas, cada vez más débiles, impulsadas por instituciones que han sido capturadas por las oligarquías, por su discurso y por sus intereses. Significa igualmente que, en un contexto de mercado única (para las mercancías, servicios y capitales, sobre todo) y unión monetaria, las economías europeas, con potencialidades competitivas diversas, no tienen la misma capacidad de beneficiarse de la integración económica.
  3. Los desequilibrios productivos, comerciales y sociales –que han estado en el origen mismo de la crisis económica- ocupan un lugar periférico en el debate político, académico y mediático, centrado, casi podríamos decir que absorbido, por el imperativo de sanear las cuentas públicas, como si la reducción de los niveles de déficit y deuda fueran condición necesaria y suficiente para resolver los desafíos estructurales a los que se enfrentan las economías europeas, especialmente las meridionales. Seguir leyendo…

La importancia de las preguntas

Autor: Fernando Luengo

Otra Economía

Las preguntas condicionan los relatos. Dos ejemplos, relacionados con el empleo y el desempleo.
¿Bajo qué condiciones existe el pleno empleo y se reproduce el equilibrio? Esta pregunta, propia del pensamiento neoclásico (dominante en las universidades), presupone que una situación de plena ocupación es posible en el capitalismo y que las fuerzas de la oferta y la demanda, actuando sin restricciones, absorben la oferta de trabajo, esto es, todo el que quiere trabajar puede hacerlo, sólo existiría el “desempleo voluntario”, situación en la que se encontrarían los que, enfrentados al dilema ocio/trabajo, prefieren la primera opción a la segunda.

Una Europa fracasada…Otra Europa necesaria

Autor: Fernando Luengo

Otra Economía

La convergencia entre las economías más avanzadas y las más rezagadas ha sido presentada a menudo como uno de los activos más destacados del proceso de integración comunitario. El cierre de las brechas entre unas y otras sería la indiscutible prueba del éxito de la Unión Europea (UE) (antes, Comunidades Europeas). La intersección y el equilibrio de la acción de los mercados y unas instituciones con vocación redistributiva explicaría este éxito, contrapunto de lo sucedido en otras dinámicas globalizadoras, donde los mercados habrían actuado sin apenas restricciones ni contrapesos, lo que estaría en el origen de la intensificación de las disparidades entre las economías.

Texto completo en Una Europa fracasada…Otra Europa necesaria

Devaluación salarial y estrategia exportadora en la economía española

Autor: Fernando Luengo

Otra Economía

Las políticas de ajuste salarial se han justificado y aplicado con el objetivo de hacer a la economía española (y a las economías periféricas, en general) más competitiva. Con ellas se trataba de corregir a la baja la evolución alcista de los costes laborales unitarios (CLU), cuyo crecimiento en los años previos a la crisis –según el planteamiento del mainstream- estaría en el origen del continuo aumento del déficit de la balanza comercial. Este desequilibrio habría propiciado un desbordante aumento de la deuda externa, finalmente insostenible, que culminó en el crack financiero.

Las líneas que siguen pretenden desgranar algunas reflexiones críticas sobre la viabilidad de una estrategia económica que descansa en dos pilares básicos: la contención salarial y el dinamismo exportador.

Una de las grandes paradojas de la crisis actual es que, habiéndose incubado en los mercados financieros y teniendo entre sus causas más destacadas el prolongado estancamiento de los salarios y el aumento de la desigualdad, se pretenda resolver con políticas que protegen e incluso premian el negocio financiero y los grandes patrimonios y fortunas, haciendo recaer la carga del ajuste sobre los salarios; para ser más exactos sobre los trabajadores que perciben salarios medios y bajos, pues los directivos y ejecutivos, salvo raras excepciones, han mantenido o reforzado su privilegiado estatus.

Pero la devaluación interna –término utilizado para ocultar lo que no ha sido sino un sustancial recorte de los salarios- ha introducido a las economías que la han aplicado en un bucle recesivo. En una situación caracterizada por una notable caída de la inversión y el consumo, por un elevado endeudamiento de familias y empresas, por una apreciable reducción del gasto público, corriente, social y productivo, y por un aumento de los impuestos directos e indirectos que soportan las rentas medias y bajas…, en este escenario, presionar a la baja sobre los salarios tiene un efecto contractivo sobre la demanda agregada, lo que refuerza la amenaza deflacionista, muy presente en la actual coyuntura comunitaria. A la luz del retroceso experimentado por el PIB en los últimos años y del muy tenue crecimiento de este indicador en los últimos meses, la incidencia desfavorable sobre la demanda interna ha pesado más que el impacto potencialmente positivo sobre las exportaciones.

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Macron, Krugman y Europa

Autor: Fernando Luengo

Otra Economía

Paul Krugman no es un radical de izquierdas, ni tampoco un populista desvariado. Esto lo sabe todo el mundo, pero sí es un observador de la realidad europea atento y reflexivo. Por esta razón, recomiendo la lectura de este artículo. En estos días donde se nos aturde con el mensaje de que votar a Macron -frente a la fascista Le Pen- es apostar por más y mejor Europa. No, no es cierto, es una mentira intolerable que hay que denunciar. Macron representa los intereses de la Europa que ha fracasado, y esto conviene dejarlo claro para no situarnos, voluntaria o involuntariamente, en la ciénaga de la confusión mediatica y política. La victoria de Macron en absoluto representa un paso hacia una Europa mejor, más solidaria y cooperativa, más democrática e inclusiva. Todo lo contrario, con su más que probable triunfo electoral, se consolidan las fuerzas inmovilistas y reaccionarias, la esclerosis burocrática y el desprecio a la gente. ¿Hay alguna razón para pensar que la élite política y económica, a la que Macron representa, dará una solución a la tragedia de los refugiados -tema que, con mucha suerte, encuentro con letra pequeña en las páginas interiores de los periódicos y que ni siquiera se menciona en las televisiones-, a la fractura social, a la desigualdad de género, al insoportable endeudamiento de las periferias, al desafío del cambio climático, al parasitismo fiscal de los ricos? No, no está en la agenda de este “reformador y renovador” de una Europa que camina a la deriva, cuya agenda ha sido capturada por los poderosos y por una élite burocrática que habita una urna de cristal pletórica de privilegios.

Alemania, ganadora de la integración europea

Autor: Fernando Luengo

Otra Economía

A fuerza de repetirlo, una y mil veces, se ha convertido en un lugar común. La esforzada y austera Alemania se resiste a acudir en ayuda, o a permitir que lo hagan las instituciones comunitarias, de los despilfarradores países periféricos, que habrían vivido muy por encima de sus posibilidades, consumiendo mucho más allá de lo que producían, exceso que habrían financiado con deuda, entrando así en una espiral de crecimiento insostenible. Alemania también habría soportado buena parte de los costes de las últimas ampliaciones, que han integrado en la Unión Europea a países relativamente rezagados, del mismo modo que habría financiado, en mayor medida que otros, las arcas comunitarias, beneficiándose menos que la mayoría de los recursos distribuidos desde Bruselas. Alemania sosteniendo el edificio comunitario en el que prosperan los más rezagados; Alemania asumiendo los costes y soportando los sacrificios; Alemania como modelo. Este es el mensaje.

Este relato, tan condescendiente con los intereses de las economías ricas del continente y, sobre todo, tan funcional a los poderes dominantes, tanto del norte como del sur, abre diferentes frentes de debate que aquí, por razones de espacio, no puedo abordar. Pongamos el foco en uno de los asuntos centrales: el comercio exterior. Pues bien, en este ámbito, ha sucedido justamente lo contrario de lo sugerido por ese diagnóstico: Alemania es la ganadora indiscutible del proceso de integración comunitario (sin entrar a discutir el asunto, nada banal, de la desigualdad que ha presidido el reparto de esas ganancias entre la ciudadanía y las empresas de ese país).

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Más confusión. Política salarial igual a política de rentas

Autor: Fernando Luengo

Otra Economía

“La hora del pacto salarial”. De este modo titulaba El País, uno de sus editoriales del 6 de marzo. Ya en el texto se hace referencia a la política salarial y a la de rentas, como si ambos términos fueran intercambiables, como si significaran lo mismo.

Esta confusión es un clásico y desde hace muchos años está presente, tanto en los medios de comunicación como en el discurso político. Antes y ahora, cuando los agentes sociales –sindicatos y patronales- suscriben un acuerdo en materia salarial se desliza el mensaje de que dicho acuerdo representa la materialización de la política de rentas. Se traslada, igualmente, la idea de que los intereses de las partes convergen en una suerte de pacto social sustentado en la negociación, donde de alguna manera todos ceden y todos ganan.

La hora del pacto salarial

¿Mejora del saldo de la balanza comercial? Una falacia

Autor: Fernando Luengo

Otra Economía

El déficit comercial que la economía española tenía con sus socios comunitarios en 2007 se ha reducido sustancialmente en 2015 ¿Qué hay en la trastienda de esta mejoría?

Mejora del saldo de la balanza comercial

El desastre europeo

Autor: Fernando Luengo

Otra Economía

“La Europa de dos o más velocidades”. Consigna de moda en la siempre opaca y confusa jerga empleada en los documentos comunitarios. Aunque la expresión no es nueva en la gramática de la Unión Europea (UE) –ha justificado, por ejemplo, la decisión de crear la Unión Económica y Monetaria (UEM)-, ha cobrado una renovada actualidad. Designa uno de los cinco escenarios contemplados en el Libro Blanco sobre el futuro de Europa; concretamente el tercero, denominado “Los que desean hacer más, hacen más”. La idea es, básicamente, la siguiente. Para sacar de su letargo el denominado “proyecto comunitario”, hay que permitir -favorecer, incluso- que aquellos países dispuestos a avanzar en el proceso de integración económica e institucional den pasos en esa dirección.

Los defensores de esta estrategia sostienen que actuando de esta manera se conseguirían, cuando menos, dos objetivos. Por un lado, se despejarían incertidumbres en cuanto al futuro de la UE y de la UEM, pues los países de la primera velocidad, apostarían claramente por “Más Europa”; por otro lado, quedaría desbrozado el camino de aquellos que ahora no quieren o no pueden asumir ese plus europeo. Todo ello abriría las puertas a una Europa potente y renovada capaz de enfrentar los desafíos de la crisis y zanjaría las dudas acerca de la propia viabilidad del referido proyecto comunitario.

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Adelante con el blog de econoNuestra

Autor: Fernando Luengo y Ignacio Martil

Blog de Econonuestra en Público.es

Tras más de cuatro años de existencia, alrededor de 600 artículos publicados y más de un centenar de colaboradores, el blog de econoNuestra seguirá peleando para que se abra camino el pensamiento crítico. Este es el acuerdo adoptado en nuestra última reunión, celebrada el 16 de marzo, en la Escuela de Relaciones Laborales.

Si bien el blog surgió con un perfil de economía crítica, en los últimos meses sobre todo, hemos dado cabida a números textos que han propuesto reflexiones desde la política, el feminismo, lo social, las instituciones… Todo ello ha ampliado y enriquecido el discurso crítico, ofreciendo planos de análisis que, además de ser complementarios, son necesarios para la buena economía. El grupo de compañerxs que promovemos el blog apostamos decididamente por este formato amplio.

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El Libro Blanco (más bien negro) sobre el futuro europeo

Autor: Fernando Luengo y Miguel Urban

Otra Economía

Con motivo del 60º aniversario del Tratado de Roma, la Comisión Europea presentó el pasado miércoles el Libro blanco sobre el futuro de Europa. Como refleja en el subtítulo, el documento, de treinta páginas, pretende abrir el debate sobre los diferentes escenarios que podrían materializarse en Europa en el horizonte de 2025.

Es marca de la casa. La retórica vacía y grandilocuente de los documentos y declaraciones comunitarias que a pesar de la crítica situación que vive la Unión Europea (UE) sigue estando muy presente en el Libro Blanco. Pero en este caso no se trata sólo de retórica, sino de una mezcla de ceguera y autismo. Seleccionamos tres párrafos, entre otros muchos que recorren el texto: “Es momento de reflexionar con orgullo de nuestros logros y de recordar los valores que nos unen”; “La Unión Europea ha mejorado nuestras vidas. Debemos velar porque sigan mejorando las de todos aquellos que vendrán detrás de nosotros”; “…una Unión ampliada de 500 millones de ciudadanos que viven en libertad en una de las economías más prósperas del mundo”. Nos preguntamos cómo recibirán este brindis al sol los trabajadores que, como consecuencia de las reformas laborales, impulsadas y exigidas por Bruselas, se han llevado por delante la negociación colectiva y son responsables de una histórica reducción de los salarios; la ciudadanía griega que ha sido hundida en la pobreza como consecuencia de la aplicación de los sucesivos memorándums; la quinta parte de la población alemana que está cerca o por debajo del umbral de la pobreza; la institucionalización de la “deudocracia” como un sistema de disciplinamiento de los países del sur de Europa; y los refugiados que están muriendo de frio y enfermedad en las fronteras comunitarias o se ahogan en las aguas del Mediterráneo. No es serio ni decente pasar de puntillas sobre estas y otras situaciones, que, desgraciadamente, no representan un episodio aislado del denominado “proyecto europeo”, sino que, cada vez más, forman parte de la quintaesencia del mismo.

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Salarios, poder y democracia

Autor: Fernando Luengo

Otra Economía

¿La economía española puede competir en salarios en la economía global? ¿debe hacerlo? Además del mantra de la austeridad y de la disciplina salarial, se escuchan voces que, apelando a la necesidad de ganar en competitividad, comparan las retribuciones de nuestros trabajadores con las que reciben los de los denominados capitalismos periféricos; algunos empresarios se han convertido en la “punta de lanza” de un planteamiento que no sólo pretende trasladar el mensaje de que los salarios de aquí son demasiado altos (a pesar de la regresión que han experimentado durante los últimos años) sino que el espejo donde debemos mirarnos es China, por poner un ejemplo muy citado y alabado.

¿Ignorancia, atrevimiento, arrogancia, irresponsabilidad, desprecio a los derechos de los trabajadores? De todo un poco o mucho de todo, pero creo que lo más importante es ser conscientes de que hay una apuesta, apenas disimulada, por intentar definir la agenda política y económica, la de ahora y la de los próximos años; influir y determinar la hoja de ruta, ese es el objetivo, y ya se verá hasta donde se puede llegar. Previsiblemente, muy lejos, dada la correlación de fuerzas cada más favorable a las oligarquías económicas y políticas y la inconsistencia y debilidad de buena parte de las izquierdas.

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La Europa de la decepción

Autor: Fernando Luengo

Otra Economía

Gran decepción por el resultado del referéndum celebrado en el Reino Unido que ha dado la victoria, por un margen bastante amplio, a los defensores de la salida de La Unión Europea (UE). ¿Golpe al europeísmo? Dejemos las cosas claras: el denominado europeísmo languidecía, mucho antes de que se anunciase el referéndum y, por supuesto, trasciende su realización. La alternativa al abandono de las instituciones comunitarias no era un proyecto europeo vigoroso, estimulante y atractivo. Todo lo contrario.

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Costes laborales: Una mentira tras otra

Autor: Fernando Luengo

Otra Economía

Uno de los axiomas fundamentales sobre los que se asienta la economía convencional es considerar los salarios como un coste para las empresas. Sin ignorar que los costes laborales son una pieza esencial en la competitividad de las empresas y en el precio final de los bienes y servicios ofrecidos, es necesario introducir más complejidad a la argumentación.

Hay que saber, en primer lugar, que la incidencia de los costes laborales es muy dispar dependiendo, entre otros factores, del tamaño de la firma, del sector de la actividad económica donde opera, del contenido en capital de los procesos productivos que desarrolla y de su inserción en el mercado internacional. Atendiendo a estos y otros criterios, encontramos una variedad de situaciones en cuanto a la repercusión de los costes laborales en los costes globales de las empresas.

Pero, además de los salarios, hay otros factores, tan decisivos en su formación, o más relevantes aún, que poco o nada tienen que ver con ellos; relacionados, por ejemplo, con el consumo de energía, la adquisición de materias primas y bienes intermedios, el precio de los servicios contratados o los costes financieros soportados. De este modo, el precio final es el resultado de la compleja articulación de los costes laborales y no laborales.

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El motor del crecimiento, gripado

Autor: Fernando Luengo

eldiario.es

El remedio ofrecido por la economía convencional, y también por una parte sustancial de la economía crítica para salir de la crisis económica, crear empleo y reducir el desempleo ha sido y es apelar al crecimiento económico como hoja de ruta.

Sin embargo, antes del crack financiero ya era perfectamente visible una tendencia a la pérdida de impulso del Producto Interior Bruto (PIB). La crisis actual supone, por intensidad, un punto y aparte en la dinámica capitalista, sólo comparable al crack de 1929 del pasado siglo. La crisis no ha supuesto, en consecuencia, una quiebra de un proceso de crecimiento sostenido en el tiempo, sino más bien el desplome de economías que, desde las últimas décadas, ya habían mostrado evidentes signos de atonía.

Hay un debate, que no pretendo simplificar, sobre las raíces de esa evolución tendencial de las economías capitalistas (marxismo, estructuralismo, visiones postkeynesianas…). Algunos de los factores que, presentados de manera esquemática, deben ser, en mi opinión, considerados en una reflexión de calado estratégico son: la debilidad de la actividad inversora y el envejecimiento poblacional; la creciente financiarización de los procesos económicos; el estancamiento de los salarios y la progresiva concentración de la renta y la riqueza, las disfunciones provocadas por la Unión Económica y Monetaria y las asimetrías productivas y comerciales dentro de Europa; la oligopolización de las estructuras empresariales y la captura de los espacios públicos; y el deterioro ecológico.

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Algunas reflexiones sobre el euro

Autor: Fernando Luengo

Otra Economía

  1. Resulta tentador –aunque, en mi opinión, erróneo- situar el debate, sobre todo desde la perspectiva de las economías periféricas que están soportando el peso abrumador de las políticas impuestas desde la troika, en el dilema “permanecer o abandonar la zona euro”. Por supuesto, no se debe eludir un debate de enjundia que, además, está cada vez más presente (en el que han tomado posición políticos y economistas de gran renombre), y que, de mantenerse la deriva actual entrará de una manera u otra en la agenda política. Las imposiciones procedentes de la troika en materia de política económica, la estricta condicionalidad de los rescates, la pesada carga que supone atender las obligaciones financieras generadas por la deuda pública y el coste social y productivo que implica satisfacer las exigencias de los acreedores ha lanzado este debate sobre la viabilidad de la unión monetaria y la posibilidad de que algunos países la abandonen.
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¡Más gasto público, más progresividad fiscal!

Autor: Fernando Luengo

Otra Economía

Con el paso del tiempo, es mayor si cabe la necesidad de propiciar un viraje. Porque la degradación social, política y económica ha superado el rubicón y puede convertirse, si no lo es ya, en irreversible; por la enorme cantidad de recursos que se están dilapidando, lo que hipoteca y condiciona muy negativamente la viabilidad de otras políticas económicas con un diseño alternativo; por el profundo desánimo y escepticismo en que está inmersa la población; por el enorme poder que han acumulado las grandes empresas y los mercados donde articulan sus intereses; por el descrédito de la política y de los políticos; por la incapacidad de las izquierdas de sostener un discurso alternativo y de movilizar las fuerzas necesarias para llevarlo adelante; por la deriva autoritaria y antidemocrática que está emergiendo de la crisis y de la gestión de la misma que realizan los poderes fácticos; y porque las oligarquías económicas y políticas sí han aprovechado su oportunidad y se han hecho más fuertes. Por todo ello urge aplicar un plan de emergencia.

Lo más urgente –en el corto plazo, pero con consecuencias de muy largo recorrido- es detener las denominadas políticas de austeridad. Por varias razones: han fracasado en la consecución de aquellos objetivos que, en principio, las justificaban; no sólo son incapaces de reactivar la economías sino que, además, están destruyendo capital productivo y provocando una fractura social de grandes dimensiones; han instalado a las economías en bucles de los que cada vez es más difícil y costoso salir; han agravado la problemática estructural que constituye en mar de fondo de la crisis; están dando lugar a una distribución injusta y extremadamente desigual de los costes de la crisis; y al dislocar la sociedad y los espacios públicos desactivan la resistencia social y debilita las fuerzas que podrían impulsar un cambio. Por todo ello, es imprescindible un viraje sustancial en la política económica aplicada por gobiernos y responsables comunitarios.

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Democratizar las relaciones laborales

Autor: Fernando Luengo

Otra Economía

¿Tiene la economía española un problema de productividad? Sí, lo tiene, existe una opinión unánime al respecto y una evidencia empírica contundente. Un dato como muestra: en 2016 el Producto interior bruto (PIB) por hora trabajada en nuestra economía era el 65,6% de la alemana alemán y la diferencia entre ambas ha aumentado desde 2008 en algo más de tres puntos porcentuales.

La brecha de productividad con respecto a las economías más avanzadas de nuestro entorno tiene que ver con factores muy diversos, relacionados, por ejemplo, con la actividad inversora, las especializaciones productivas, el modelo de empresa y la disponibilidad de rutas de financiación adecuadas. No entraré en estos asuntos, sin duda cruciales, pero sí me detendré en otro de la mayor trascendencia que, a menudo, queda fuera de foco o, en el mejor de los casos, relegado a un segundo plano: la democratización de las relaciones laborales.

Lejos de avanzar en esa dirección, las reformas del mercado de trabajo -las llevadas a cabo por el Partido Popular y el Partido Socialista Obrero Español- han apuntado exactamente en la opuesta. Con el objetivo de reducir los costes laborales –los de la mayoría de los trabajadores, no los de los ejecutivos- y de debilitar el poder negociador de los sindicatos, dos piezas centrales de la política económica, el gobierno actual, siguiendo las instrucciones de la troika, ha procedido a una histórica desregulación de las relaciones laborales.

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Ajustar las cuentas públicas. Mentiras y falacias

Autor: Fernando Luengo

Otra Economía

El gobierno del Partido Popular ha renunciado a la aplicación de una política fiscal más progresiva. Todo lo contrario, la regresividad que caracteriza nuestro sistema tributario es ahora más pronunciada que antes del estallido de la crisis.

Uno de los argumentos más recurrentes para justificar esa apuesta política por la regresividad fiscal –sí, decisión política para la que se busca una justificación económica- ha sido la supuesta fuga de capitales que se produciría en el caso de que aumentara la carga tributaria sobre los ricos y las grandes corporaciones.

Se olvida, deliberadamente, que, si comparamos nuestra economía con las de nuestros socios comunitarios, los impuestos pagados por los grupos económica y socialmente privilegiados son sensiblemente inferiores aquí; por las numerosas exenciones y deducciones de las que se benefician, por la ingeniería fiscal que manejan y por las muy sustanciales bolsas de fraude que existen. Conviene llamar la atención en que nuestra condición de “paraíso fiscal” atrae inversiones que buscan –y obtienen- beneficios asociados, sobre todo, a los privilegios que disfrutan los capitales foráneos y los grupos económicos.

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