Economía Crítica y Crítica de la Economía

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Tratado de Maastricht: El sabotaje neoliberal del proyecto europeo

Autor: Miguel Urban y Fernando Luengo

ctxt.es

La semana pasada se cumplía el 26 aniversario de la firma del Tratado de Maastricht. Desde Bruselas, los burócratas comunitarios nos invitan a celebrarlo, con entusiasmo, como un hito decisivo de la denominada “construcción europea”. Siempre el mismo mensaje: Europa, a pesar de todas las dificultades, avanza y se consolida, un mantra especialmente repetido desde el Brexit. En nuestra modesta opinión, sin embargo, no hay nada que celebrar sino más bien mucho que lamentar, pues el Tratado de Maastricht supuso una constitucionalización de los principios neoliberales, un verdadero sabotaje del proyecto europeo.

Con el objetivo de crear una Unión Económica y Monetaria (UEM), en Maastricht se aprobaron los criterios de convergencia que debían satisfacer los países que pretendieran formar parte de la misma; también se dio luz verde a los requisitos que tendrían que cumplir los países que, finalmente, integrasen la zona euro. No es necesario entrar en los detalles –pues son bien conocidos-, pero sí procede mencionar la prioridad dispensada por los dirigentes comunitarios a aquellas variables que definen lo que se denomina “convergencia nominal”, es decir, el déficit y la deuda pública, la tasa de inflación y el tipo de interés. Se fijaron objetivos concretos y de obligado cumplimiento para los países aspirantes a integrar la UEM. Lo que supuso una verdadera camisa de fuerza neoliberal, con una letal combinación de austeridad, libre comercio, deuda predatoria y trabajo precario y mal pagado, ADN del actual capitalismo financiarizado.

No se trata sólo de la consideración, errónea, de que la convergencia alrededor de esos indicadores garantiza un adecuado funcionamiento de una unión monetaria. La cuestión tiene mucho mayor calado. Con los referidos criterios de convergencia se da una vuelta de tuerca a un planteamiento de política económica cuya piedra angular es la implementación de políticas de demanda contractivas, junto a políticas de oferta consistentes en la contención salarial y políticas estructurales encaminadas a la desregulación y la liberalización de los mercados.

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Italia y el “desorden” laboral

Autor: Fernando Luengo

Otra Economía

El pensamiento económico dominante, siempre dispuesto a poner sobre la mesa indicadores que, de una tacada, proporcionen información significativa y sintética sobre la salud de una economía, utilizan a menudo los “costes laborales unitarios nominales” (CLUN). Su aumento dispara las alarmas, pues se asocia a la existencia de una presión alcista sobre los costes (laborales), con el consiguiente deterioro de la productividad y la pérdida de competitividad; mientras que un comportamiento moderado de los mismos es prueba de prudencia y revela fortaleza económica.

En Italia, entre 2010 y 2018, los CLUN, según la información estadística proporcionada por Eurostat, han aumentado un 6,2%; un porcentaje sustancial cuando se compara con lo acontecido en la economía española, donde, en idéntico período, han retrocedido más de dos puntos porcentuales, un 2,5%.

Para analizar qué hay detrás del crecimiento de los CLU en Italia –indagación imprescindible para extraer las conclusiones correctas en materia de política económica- conviene tener presente que este indicador relaciona el salario medio expresado en términos nominales (es decir, incluyendo los precios) y la productividad del trabajo real o en volumen (esto es, sin contabilizar la parte de ese aumento imputable a la variación de los precios).

Reparemos, por lo tanto, en que, al comparar una magnitud nominal (en el numerador) con otra real (en el denominador) es normal –sin entrar en el debate de si es “bueno” o “malo” en términos económicos- que se contabilice un crecimiento de los CLU; cabe calificar de excepcional, y de anómalo, lo contrario: la evolución de nuestra economía en los últimos años, y la de Alemania desde la implantación del euro.

Aclarado este asunto, estrictamente conceptual, entremos en materia. ¿Qué evolución han seguido en Italia los componentes que integran los CLUN? Se aprecia que la compensación nominal por empleado entre 2010 y 2018 ha aumentado un 6,6% (menos de un 1% anual). Como quiera que el índice de precios al consumo lo ha hecho en un 11%, el resultado es que los trabajadores en promedio han perdido capacidad adquisitiva. Esta evolución encaja con que la participación de los salarios en la renta nacional se haya reducido, en casi un punto porcentual aproximadamente.

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¿Qué hay de nuevo con la desigualdad?

Autor: Fernando Luengo

infolibre.es

Cada año, el EuroMemo Group –European Economists for an Alternative Economic Policy– entrega un informe donde se ponen sobre la mesa los desafíos que enfrenta Europa y, a la luz de los mismos, valoran las políticas seguidas por Bruselas y los gobiernos europeos. Acaba de ver la luz el último de estos informes titulado Can the EU still be saved? The implications of a multi-speed Europe.

En el apartado dedicado a la desigualdad y la crisis social, los autores toman nota del cambio de posición de las instituciones internacionales representantes del Consenso de Washington –Fondo Monetario Internacional, Banco Mundial y Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico- al respecto de la desigualdad. Estas instituciones, a las que cabe añadir la Comisión Europea y el Banco Central Europeo, de impronta marcadamente conservadora, consideran ahora que la desigualdad lastra el funcionamiento de las economías, las hace más ineficientes, reduciendo de esta manera su potencial de crecimiento.

Estas mismas instituciones consideraban, hasta hace bien poco, que, más allá de consideraciones morales, la inequidad era el lubricante necesario para un adecuado funcionamiento del engranaje económico. Con esta perspectiva, se sostenía que la desigualdad de ingreso era un estímulo para la acumulación de “capital humano”. Quienes invertían en su formación, al contribuir a la mejora de la productividad global de la economía, podían esperar ser recompensados por el mercado. También se afirmaba que la inequidad premiaba la inversión, pues los grupos que disponían de mayor renta tenían asimismo más disposición al ahorro, el cual alimentaba la actividad inversora.

Ahora, sin renunciar a ese relato (que se mantiene en lo fundamental), esas instituciones internacionales descubren, tardíamente, el pasivo de una desigualdad excesiva. Una buena noticia, como señalan los redactores del euromemorandum, pues ha contribuido a introducir en los debates políticos y económicos un tema que, hasta el momento, había ocupado un espacio marginal.

Pero hay que decir que, al mismo tiempo, estas mismas instituciones –cuyos dirigentes, si reparamos en las suculentas retribuciones que perciben, son un buen ejemplo de la desigualdad existente– han abanderado y exigido, y lo siguen haciendo, la aplicación de políticas que han perjudicado a las mayorías sociales, beneficiando a las elites. Ejemplos de estas políticas son la desregulación de las relaciones laborales, los rescates de los grandes bancos, el aumento de la presión fiscal sobre las clases medias y los trabajadores y los recortes en el gasto público social y productivo. ¿Sorpresa? No, es un clásico entre nuestros gobernantes: decir una cosa y hacer lo contrario.

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Europa. Algunas cuestiones de enfoque para un debate necesario

Autor: Fernando Luengo

Blog de Econonuestra en Público.es

El debate sobre Europa, la actual y la futura, está abierto. La Comisión Europea, los responsables políticos franceses y alemanes, importantes think tanks y economistas de renombre han puesto sobre la mesa diferentes propuestas encaminadas a reformar y reforzar la arquitectura institucional con que nació el euro.

Nadie niega la necesidad, incluso la urgencia, de este debate. Las diferencias, diría que sustanciales, aparecen cuando se da el paso siguiente: ¿Cuáles son las claves para encararlo? En las líneas que siguen, me limito a enunciar un conjunto de consideraciones sobre las importantes implicaciones que tiene contestar adecuadamente la pregunta, sin entrar en el análisis de las respuestas a la misma. Por supuesto, planteada de manera tan abierta, necesita mucho más espacio que el disponible en esta modesta reflexión. No obstante, a pesar de su generalidad, estoy convencido de su pertinencia y de la necesidad de poner negro sobre blanco las diferentes visiones que existen al repecto.

Buena parte de los análisis –desde luego, los citados al comienzo del artículo, pero también los avanzados por una parte de la economía crítica- ciñen básicamente la argumentación a los problemas asociados con el diseño institucional de la Unión Económica y Monetaria (UEM) y las disfuncionalidades y desequilibrios macroeconómicos que ese diseño genera. Claro, sería erróneo, además de injusto, hacer un “totum revolutum” con estas aportaciones. No sólo hay matices entre ellas, sino diferencias muy significativas en las que ahora no me detengo. Pero también hay preocupantes similitudes en cuanto al enfoque.

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Europa no funciona

Autor: Miguel Urban, Daniel Albarracin y Fernando Luengo

ctxt.es

Es moneda común referirse a la crisis económica como un episodio que se está superando o que, incluso, ha pasado a la historia. Este planteamiento autocomplaciente lo encontramos en los dirigentes del Partido Popular, en la mayor parte de los gobiernos europeos y en los responsables de las instituciones comunitarias. Y, por supuesto, inunda hasta la saciedad los medios de comunicación.

Para respaldarlo, se presentan indicadores como el crecimiento del Producto Interior Bruto, la reducción del déficit público o la creación de empleo; sin el menor rubor, se ocultan o se distorsionan otros, que apuntan justamente en la dirección contraria, como el aumento de la desigualdad, la creciente precarización de las relaciones laborales, la progresión de la desigualdad, la debilidad del sector bancario o el alza de la deuda pública.

En estas líneas, siquiera de manera somera, queremos entrar en este debate, poniendo sobre la mesa un asunto que la mayor parte de los análisis omiten y que, sin embargo, es clave para entender dónde estamos y qué desafíos nos esperan: la localización espacial de la industria manufacturera.

Hay escasa información al respecto (las estadísticas son incompletas y manifiestamente insuficientes), pero la disponible nos habla de una tendencia a la concentración de la producción manufacturera en pocos países, en un contexto donde las empresas transnacionales redespliegan las cadenas globales de creación de valor; reservando para los países y regiones dominantes aquellas actividades –productivas, comerciales y financieras– de mayor contenido estratégico, mientras que las periferias reciben las de menor complejidad y contenido tecnológico. Los gráficos siguientes ilustran ese proceso concentrador (valores al alza indican un aumento del mismo), que ha estado presente desde la creación del euro y que ha seguido su curso durante los años de crisis (con la excepción del estallido del crack financiero).

(*) Valor añadido bruto a precios corrientes.

Elaboración propia a partir de Ameco.

(*) Informática, electrónica y productos ópticos, equipamiento eléctrico, maquinaria y equipos

(**) Valor añadido bruto al coste de los factores

Fuente: Elaboración propia a partir de Eurostat

En ambos gráficos, el grado de concentración se mide a través del índice de Hirschman. Dicho índice puede tomar valores comprendidos entre 0 y 1, mínima y máxima concentración, respectivamente.

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La trampa y el discurso tramposo de la subida del salario mínimo

Autor: Fernando Luengo

La Marea

El anunciado, a bombo y platillo, aumento del salario mínimo es una buena noticia que, sin duda, habrá llenado de desasosiego y perturbación a la tradición más conservadora del pensamiento económico, dominante en las universidades, los centros de investigación, los servicios de estudio de los bancos y las escuelas de negocio.

Esta tradición ha defendido, y todavía defiende, que la mera existencia del salario mínimo –no sólo su fijación en un nivel “elevado”- es contraproducente, es un factor de perturbación para el funcionamiento eficiente de la economía. Pongo entre comillas el término “elevado” porque para estos economistas -que, por cierto, habitan en la zona más confortable de la sociedad, disfrutando de una posición privilegiada y percibiendo elevadas retribuciones- ese nivel debe ser cada vez más bajo.

Desde ese relato se argumenta que la reducción del salario mínimo o, mejor aún, su eliminación contribuiría a la creación de empleo, precisamente entre los trabajadores con una situación más precaria, aquellos que ofrecen en el mercado de trabajo menos cualificación. La retribución de estos colectivos, muy inferior al promedio recibido por los trabajadores, compite con el salario mínimo, por lo que su reducción o su eliminación actuaría de estímulo entre las empresas, que verían de este modo reducirse los costes de contratación, con el consiguiente aumento del empleo.

Numerosos estudios han puesto de manifiesto, sin embargo, que la represión salarial (moderación de los costes laborales, según el tramposo lenguaje oficial) no permite aumentar el nivel de empleo, sino todo lo contrario; y que los salarios bajos, además de lastrar la demanda agregada, actúan como freno a la renovación y modernización de las capacidades productivas. Pero, como otros tantos axiomas defendidos desde la economía convencional, la acumulación de reflexión teórica y de evidencia empírica en su contra no ha servido para pasar página.

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Bruselas, ¿imposición o pretexto?

Autor: Fernando Luengo

infolibre.es

El discurso político y mediático del gobierno del Partido Popular (PP) está instalado en el pretexto. Apela continuamente a la necesidad de seguir la hoja de ruta marcada por Bruselas –sin cuestionarla, por supuesto–, deslizando el mensaje de que las políticas aplicadas dentro responden fielmente a las exigencias comunitarias en materia de ajuste presupuestario. Con esa falacia, pretenden salir libres de polvo y paja de una gestión de la crisis –de la cual el PP es en buena parte responsable– tan ineficiente como costosa en términos sociales y productivos.

Este mismo pretexto también ha sido sacado a pasear por el gobierno de Rajoy a través de su ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro, para cargar contra los “ayuntamientos del cambio”, exigiéndoles que introduzcan más y más recortes en las políticas sociales y en las inversiones. Presión que, además de inaceptable, resulta incomprensible, pues estos ayuntamientos han conseguido, con una gestión eficiente y transparente, sanear las cuentas públicas y al mismo tiempo mejorar el bienestar de la ciudadanía. Lo ocurrido en el Ayuntamiento de Madrid desvela los verdaderos intereses del PP: debilitar y fracturar Ahora Madrid, poner contra las cuerdas a los concejales más comprometidos con las políticas antiausteridad, meter al Ayuntamiento en la lógica de los recortes y trasladar a la opinión pública la percepción de que sólo hay una política económica posible. Lo cierto, sin embargo, es que existía y existe en el estado español un margen de maniobra que, sobre todo por falta absoluta de voluntad política, no ha sido utilizado.

El contraejemplo está en Portugal, donde sí encontramos el compromiso político que ha estado clamorosamente ausente en nuestro país. En este país, desde que gobierna la coalición de izquierdas, se ha reducido de manera sustancial el desempleo y han mejorado los salarios; en paralelo, se ha reducido la deuda y el déficit públicos.

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¿Cómo conseguir que las ganancias de productividad se conviertan en más empleo?

Autor: Fernando Luengo

eldiario.es

La coexistencia de aumentos en la productividad del trabajo y relativamente altos niveles de desempleo nos emplaza a un debate alrededor de la pregunta que encabeza el texto. Este debate, de alcance europeo, cobra especial relevancia y actualidad en la economía española, cuando vemos que, en los últimos años, los indicadores de productividad y empleo han evolucionado en direcciones opuestas; el sustancial aumento del primero ha ido de la mano de una masiva destrucción de puestos de trabajo.

Para el relato dominante, el de los poderosos, el nexo entre productividad y empleo está garantizado, siempre que las fuerzas del mercado actúen sin trabas ni interferencias; en esas condiciones, se da una secuencia virtuosa entre la productividad, los beneficios, la inversión y el empleo. Según esta secuencia, los aumentos de productividad tienen una incidencia positiva sobre los márgenes empresariales, que, al activar la inversión productiva, aumentan los niveles de ocupación de la economía.

Una primera e importante fisura en esta hoja de ruta es la evidente desaceleración, observada en las últimas décadas, en el ritmo de crecimiento de la productividad del trabajo. Una evidencia empírica que obliga a preguntarse por los factores estructurales, más allá de la coyuntura de la crisis, que explican los magros resultados obtenidos en materia de productividad y las consecuencias que todo ello tiene en materia de crecimiento y bienestar. En las líneas que siguen, retomando la pregunta inicial, me centro en otro asunto, no menos importante: identificar algunos mecanismos que podrían establecer un nexo sólido entre productividad y empleo.

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El espejismo del aumento de la productividad en la economía española

Autor: Fernando Luengo

Otra Economía

La productividad laboral es un indicador que relaciona el Producto Interior Bruto (PIB) con el número de trabajadores (L). Pues bien, en lo que concierne a su crecimiento en los últimos años, la economía española se encuentra en la parte alta del ranking comunitario. Entre 2010 y 2016, ha aumentado un 6,9%, registro muy superior al obtenido en nuestro entorno comunitario, donde progresó un 4,7%%; en Alemania, por ejemplo, el crecimiento fue de tan sólo un 3,8%.

Antes de sacar pecho, como hace el gobierno del Partido Popular, es necesario preguntarse sobre los factores que explican tan “brillante” resultado. Al respecto, hay que tener en cuenta la trayectoria seguida por las dos variables utilizadas para medir la productividad (PIB y L) y por el número de horas trabajadas.

Llama la atención, en primer lugar, que, considerando el conjunto del periodo analizado (2010-2016), en nuestra economía el crecimiento acumulado del PIB (el numerador de la ecuación PIB/L) apenas supera el 2%, mientras que el de la UE y Alemania ha sido, respectivamente, del 7,4% y 10,2% ¿Cómo es posible que, con un registro tan decepcionante, nuestra productividad haya conocido tan sustancial mejoría?

La respuesta es muy sencilla. La economía española ha experimentado una masiva destrucción de puestos de trabajo (el denominador de la ecuación de productividad); también se ha reducido el número de horas trabajadas, como consecuencia simultánea de la caída en el empleo y de la generalización de la contratación a tiempo parcial.

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El problema es el capitalismo

Autor: Fernando Luengo

Otra Economía

Las personas en edad de trabajar y que ofrecen su capacidad de trabajo en el mercado tienen derecho a un empleo. Creo que con esta afirmación, formulada en términos tan genéricos (deliberadamente imprecisos), están de acuerdo tanto economistas como no economistas. De hecho, todos los partidos y los gobiernos, con independencia de su alineamiento ideológico, proclaman la creación de puestos de trabajo ¡y hasta el pleno empleo! como uno de los objetivos medulares de sus programas.

Disponer de un empleo decente (afortunado término al que apela en sus trabajos la Organización Internacional del Trabajo) constituye la piedra de toque de las políticas gubernamentales y también el test desde el que evaluar el funcionamiento de las economías. Unas y otras se legitiman si contribuyen a mejorar el bienestar de los trabajadores. Quedan, por el contrario, deslegitimadas, si el empleo ofrecido es insuficiente para absorber la oferta de fuerza de trabajo, de modo que el desempleo se mantiene en cotas elevadas, y si no incorpora unos estándares de calidad socialmente aceptables y aceptados; en este caso, habrán fracasado las políticas y los partidos y gobiernos que las llevan a cabo, las teorías que las inspiran y, por supuesto, las economías donde se materializan. Sin paliativos ni subterfugios. Por mucho que el Producto Interior Bruto aumente, el déficit público se modere, o mejoren las posiciones competitivas en el mercado internacional. Porque no hay que confundir ni identificar medios y fines, y porque finalmente lo que cuenta, por encima de cualquier otra consideración, son las personas, en especial aquellos grupos de población en situación de mayor vulnerabilidad.

Y esto es, justamente, lo que ha sucedido, antes y durante la crisis. Un capitalismo, un “proyecto europeo” y unas políticas que, a pesar del crecimiento económico, pronunciado en algunos años, han convivido con tasas de desempleo elevadas. ¿Esto quiere decir que el crecimiento económico no tiene un impacto positivo sobre el empleo? En absoluto. De hecho, hay una abundante evidencia empírica que apunta a la existencia de un nexo positivo entre ambas variables; más discutible es, sin embargo, la intensidad de esa relación, variable, dependiendo del grupo de países analizados, del periodo considerado y de las estrategias de crecimiento seguidas. En cualquier caso, resulta igualmente evidente la incapacidad de los mercados para equilibrar oferta y demanda de empleo, lo que ha supuesto que, incluso en contextos de expansión económica, las tasas de desempleo se han mantenido relativamente elevadas. El pleno empleo es una ensoñación y el desempleo un rasgo estructural del capitalismo.

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Los ricos, cada vez más ricos

Autor: Miguel Urban y Fernando Luengo

ctxt.es

A pesar de las continuas proclamas en defensa de la patria con las que se llenan la boca nuestros gobernantes y colonizan los medios de comunicación, las reiteradas filtraciones como los papeles de Panamá o los recientes papeles del Paraíso confirman lo que ya sabíamos: las élites sólo declaran a la hacienda pública una parte de sus ingresos y su riqueza. A través de los paraísos/guaridas fiscales, la ingeniería contable, los recovecos legales, los precios de transferencia sistemáticamente aplicados por las empresas transnacionales…han encontrado numerosas fisuras (grietas, más bien) para ocultar o disimular una proporción sustancial de sus fortunas. Un dato puede servir para conocer la dimensión de esta lacra: la comisión de investigación del Parlamento europeo sobre los papeles de Panamá, ha calculado que la UE pierde anualmente un billón de euros de recaudación tributaria por culpa de la evasión y elusión fiscal.

Por esa razón, son muy bienvenidos los trabajos centrados en ofrecer información sobre la privilegiada posición económica de las élites. Mucho se ha escrito y se ha hablado en estos años sobre la desigualdad, la pobreza, la precariedad y la exclusión social –ante la sangrante evidencia, imposible de ocultar, de su aumento–, pero poco sobre la acumulación de renta y riqueza por parte de una minoría de la población. No tanto por el evidente déficit de información al respecto –espacios opacos, donde se mueven cantidades ingentes de dinero y activos financieros–, como por el escaso interés, asimismo evidente, de quienes podrían disponer de esa información para poner negro sobre blanco los enormes e injustificados privilegios que los poderosos han disfrutado y han visto crecer durante la crisis. En unos años en los que buena parte de la ciudadanía tiene que hacer enormes esfuerzos para llegar a fin de mes, o simplemente no llega, cuando los salarios de muchos trabajadores han experimentado un desplome histórico y cuando el derecho (los derechos humanos, recogidos en las cartas constitucionales) a la vivienda, a un empleo decente o a la salud están siendo continuamente vulnerados.

Por esa razón, hay que felicitarse de que haya visto la luz un nuevo informe publicado por el Credit Suisse Research Institute, el Global Wealth Report, que lleva por título Where are we ten years after the crisis? (¿Dónde estamos diez años después de la crisis?. como siempre, el estudio se acompaña de una base de datos, Global Wealth Databook, referida a la desigualdad en la distribución de la riqueza.

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Competitividad y política económica, en España y en Europa

Autor: Fernando Luengo

Otra Economía

Presentación en power point en el acto La economía española, entre la recuperación y la crisis Traficantes de sueños (22 de noviembre de 2017).

Economía española traficantes de sueños (noviembre 2017)

Europa y los salarios

Autor: Lucia Vicent Valverde, Fernando Luengo y Mariu Ruiz-Galvez Juzgado

La Marea

Hace unos días vio la luz el informe de la Comisión Europea (CE) Labour market and wage developments in EuropeEl estudio confirma una realidad de sobra conocida y sufrida por muchos trabajadores: los salarios en Europa apenas están creciendo, están estancados o incluso retroceden. Y esto sucede en un contexto de recuperación de la actividad económica, que los gobiernos presentan –es el mantra más repetido por el del Partido Popular– como la prueba de que hemos dejado atrás la crisis.

Entre las razones que explican esta “paradoja” el texto señala la permanencia de altos niveles de desempleo, la débil productividad y la proliferación de los contratos a tiempo parcial. Llama la atención que los autores del documento dejen en el tintero de las explicaciones las reformas laborales, promovidas por la Comisión Europea, junto al Banco Central Europeo y el Fondo Monetario Internacional, y que han sido la piedra angular de las denominadas “políticas estructurales”. Ni una palabra al respecto en el informe. Sin embargo, los documentos de referencia de las instituciones comunitarias y las propuestas que llegan desde Bruselas insisten en la necesidad de seguir o intensificar el mismo rumbo de las reformas laborales llevadas a cabo en los últimos años.

Esas reformas, han sido al mismo tiempo, un fracaso y un éxito. Un fracaso porque, a pesar de que la desregulación de las relaciones laborales (flexibilización, en el relato oficial) se han llevado muy lejos, los resultados obtenidos en materia ocupacional han sido a todas luces decepcionantes, demostrando que bajar los salarios no es el camino para crear empleo. Sí, es cierto, en los últimos años las estadísticas ponen de manifiesto la generación de empleo neto, pero gran parte de los nuevos puestos de trabajo son de pésima calidad. Es importante destacar en este sentido el aumento del número y del porcentaje de trabajadores que perciben bajos salarios o que se encuentran en situación de pobreza.

Las reformas laborales también han sido un éxito. Han abierto las puertas, han creado las condiciones para que se produzca un drástico “ajuste” salarial, haciendo posible que los costes de la crisis económica los soporten los trabajadores; en lugar de los responsables de la misma, el entramado financiero y corporativo que alimentó y se benefició de la economía del endeudamiento. Reformas dirigidas, en teoría, a dotar de mayor flexibilidad al mercado de trabajo, en realidad han supuesto un vuelco en la negociación colectiva, debilitando la capacidad negociadora de los trabajadores y la negociación colectiva, desnivelando de esta manera las reglas del juego a favor del capital.

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Salarios, desigualdad y cumbre social de Götemburg

Autor: Lucia Vicent Valverde, Mariu Ruiz-Galvez Juzgado y Fernando Luengo

Blog de Econonuestra en Público.es

El balance de las políticas de austeridad salarial y presupuestaria ha sido claramente negativo. No han sacado a las economías europeas de la crisis y mucho menos se ha avanzado en el terreno de la equidad y la cohesión social; tampoco han corregido las insuficiencias y sesgos institucionales de la zona euro.

La crisis económica –o, para ser más exactos, la gestión que de la misma han realizado las oligarquías económicas y las élites políticas- está suponiendo en la Unión Europea una notable redistribución del ingreso desde las rentas salariales hacia las del capital, y desde la mayor parte de los trabajadores hacia los altos ejecutivos y directivos de las empresas.

La creación de empleo es a todas luces insuficiente, pues todavía persisten altas tasas de desempleo, se generaliza el infraempleo, aumenta el número de trabajadores pobres, la negociación colectiva se degrada y se ejerce una presión sistémica y sistemática sobre los salarios. Además, los gobiernos perseveran en las políticas de ajuste presupuestario, que han incidido muy especialmente sobre las partidas sociales, que suponen un importante complemento –salario indirecto-, sobre todo para los trabajadores que perciben retribuciones más bajas. Un proceso que bien puede calificarse de ajuste estructural cuyos efectos sociales no han impedido al gobierno central seguir insistiendo en medidas que intensifican las desigualdades, que se ha institucionalizado en los últimos años, a pesar de los contundentes efectos sociales que se derivan del mismo.

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Poner patas arriba el relato económico dominante

Autor: Fernando Luengo

El Salto

Son muchas las diferencias existentes entre la visión convencional, y dominante, de la economía y la sostenida por los enfoques críticos. En las líneas que siguen me centro en algunas de ellas, referidas a la construcción del relato a partir del que se justifican y se imponen las políticas económicas.

El enfoque estándar sitúa en el eje del debate económico y también de la agenda política hacer máximo el crecimiento del producto interior bruto (PIB), como si esta fuera la llave que abre todas las puertas. A la consecución de este objetivo deben consagrarse todos los esfuerzos, públicos y privados. Las políticas de ajuste presupuestario, la represión salarial, la privatización y mercantilización de los activos públicos, la liberalización de los mercados y el sometimiento de las economías a los rigores de la competencia internacional…todo se justifica, todo encuentra su lógica, en la necesidad de recuperar y sostener el crecimiento. Este ha sido el discurso dominante, antes y durante la crisis.

¿Ha cambiado algo este planteamiento la evidencia de que el crecimiento se ha mostrado esquivo en las últimas décadas? ¿Alguna reflexión crítica derivada de la aplicación de unas políticas que han atrapado a las economías en un bucle recesivo y que sólo en los últimos años acreditan un aumento del PIB, inestable e insuficiente? Ninguna. Al contrario, las organizaciones monetarias y financieras internacionales, la troika comunitaria y la mayor parte de los gobiernos perseveran, con más énfasis si cabe, en las mismas o parecidas políticas, que han ofrecido un balance a todas luces insuficiente en materia de crecimiento, el objetivo fundamental que pretendían alcanzar.

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El poder, ausente en los análisis del Fondo Monetario Internacional

Autor: Fernando Luengo

Otra Economía

Un reciente informe del Fondo Monetario Internacional (FMI) (https://www.imf.org/en/Publications/WEO/Issues/2017/09/19/world-economic-outlook-october-2017) menciona la paradoja de que la sustancial reducción del desempleo observada en los últimos años no ha ido de la mano de un aumento de los salarios. El sentido común y el relato de la economía convencional plantea que la intensificación de la demanda de empleo por parte de las empresas y las administraciones públicas, y la consiguiente reducción de los niveles de desocupación, provoca, como en cualquier otro mercado, un crecimiento de los precios, en este caso, del precio denominado salario.

Sin embargo, no es esto lo que ha ocurrido. El aumento de los salarios nominales y reales, en estos años de generalizada recuperación de la actividad económica, medida a través del crecimiento del PIB, ha sido exiguo. En efecto, entre 2010 y 2016, en términos promedio, los primeros han progresado en la Unión Europea (UE) un 10,5% y los segundos un 2,4%; en la economía española los resultados aún son más discretos: el salario nominal ha aumentado un 2,1%, mientras que, en términos reales, se ha registrado una pérdida acumulada de capacidad adquisitiva del 2,5%.

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La Europa de la decepción

Autor: Fernando Luengo

Otra Economía

Gran decepción por el resultado del referéndum celebrado en el Reino Unido que ha dado la victoria, por un margen bastante amplio, a los defensores de la salida de La Unión Europea (UE). ¿Golpe al europeísmo? Dejemos las cosas claras: el denominado europeísmo languidecía, mucho antes de que se anunciase el referéndum y, por supuesto, trasciende su realización. La alternativa al abandono de las instituciones comunitarias no era un proyecto europeo vigoroso, estimulante y atractivo. Todo lo contrario.

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Alemania no es el modelo

Autor: Miguel Urban, Fernando Luengo y Daniel Albarracin

ctxt.es

Se ha convertido en un lugar común presentar la economía alemana como un modelo a seguir y un ejemplo de buenos resultados. Los obtenidos en materia laboral y de equidad constituyen, en nuestra opinión, una de las piedras angulares de cualquier balance. El enfoque convencional (y dominante) ha convertido en un lugar común referirse a Alemania, como si las diferencias sociales no existieran o fueran irrelevantes, y como si las condiciones de vida de todos los habitantes que forman parte de ese país mejoraran en mayor o menor medida con la recuperación de la actividad económica.

Se argumenta que la creación de puestos de trabajo ha avanzado a buen ritmo. Y es verdad. El nivel de ocupación en 2016 era un 8% superior al de 2007 y la tasa de empleo, en porcentaje de la población activa, era casi 6 puntos porcentuales superior a ese nivel. Todo ello ha supuesto que la tasa de desempleo se encuentre en niveles históricamente bajos, muy inferiores a los existentes antes de que estallara la crisis: 4,4% en 2016 frente al 8,5% de 2007. Eurostat pronostica que este resultado mejorará en el bienio 2017-2018. En paralelo a la creación de empleo, los estándares salariales también han mejorado; de este modo, la compensación promedio por empleado en términos reales (utilizando el deflactor del índice de precios al consumo) ha crecido entre 2014 y 2016 a tasas próximas al 2%.

Pero vayamos más allá de los grandes datos; pongamos la lupa en el panorama laboral y social alemán.

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Una Alemania para otra Europa

Autor: Fernando Luengo

eldiario.es

El debate europeo no está ocupando un espacio relevante en las elecciones alemanas, centradas sobre todo en los asuntos domésticos. Gran error, pues lo cierto es que la evolución de la economía alemana se ve influida por lo que acontezca en el espacio comunitario, del mismo modo que el presente y el futuro de la Unión Europea (UE) y de la zona euro dependen en buena medida de las políticas que cristalicen en este país. En las líneas que siguen, presento algunas ideas que podrían articular un debate que apunte en la dirección de una economía alemana y una Europa para las mayorías sociales.

  • Es posible y necesario aumentar los salarios y el gasto público alemanes. Avanzar en esa dirección permitirá dinamizar la demanda interna, tanto en la esfera del consumo como de la inversión, y afrontar la inaplazable agenda de transformaciones estructurales, que pasan por un decidido compromiso con la educación, la innovación tecnológica, la sostenibilidad y la renovación de las infraestructuras. Todo ello significa que Alemania debe aceptar un aumento de los precios superior al actual, que roza el territorio de la deflación, contribuyendo de esta manera a un objetivo esencial de la política económica europea, alcanzar una tasa de inflación del 2%.
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No a esta Europa

Autor: Fernando Luengo

Otra Economía

De la crisis económica emerge una Europa más fracturada e insolidaria, una Europa que renuncia a la aplicación de políticas comunes de signo redistributivo, una Europa crecientemente atrapada en la lógica de los mercados financieros y las transnacionales, una Europa más sometida a los intereses de las economías con mayor potencial competitivo, una Europa más oligárquica y antidemocrática.

Al servicio de esta Europa, y de la preservación de la moneda única, se ha acometido un importante rediseño institucional de la unión monetaria y se han llevado a cabo las políticas económicas impulsadas desde la Troika.

Se trata en suma de una Europa que representa una camisa de fuerza para intentar imprimir otro rumbo a su economía. La salida a esta situación no es abandonar el euro, pero esta posibilidad –también la disolución de la Unión Económica y Monetaria- no puede ser descartada en un contexto dominado por la incertidumbre y la irrupción de fuerzas centrífugas de distinto perfil político.

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¿Bajar los salarios para aumentar la competitividad? NO

Autor: Fernando Luengo

Otra Economía

La reducción de los costes laborales está abriendo posibilidades de negocio a las empresas, fruto de la mejora en la competitividad-precio. No en vano el peso de los salarios en la renta nacional se ha reducido -acentuándose una larga tendencia, muy anterior al estallido de la crisis-, ganando importancia los beneficios. Pero, en mi opinión, una estrategia exportadora sostenida en la moderación salarial no sólo es inviable sino que también es contraproducente, por varias razones.

En primer lugar, los costes laborales representan una parte, significativa pero variable, de los costes totales que debe soportar la firma. Influyen, por supuesto, en el precio final de los bienes y servicios ofertados por las empresas, pero hay otros factores, tan decisivos o más relevantes aún, en su formación, que poco o nada tienen que ver con los salarios; por ejemplo, el consumo de energía, la adquisición de materias primas y bienes intermedios, el precio de los servicios contratados, los costes financieros, el grado de eficiencia de la gestión empresarial, la tecnología utilizada o la intensidad de capital de los procesos productivos… y también los márgenes de beneficio, determinados por las relaciones de poder y la configuración más o menos oligopólica de los mercados donde operan las empresas.

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Desmitificando la globalización

Autor: Fernando Luengo

Otra Economía

Quienes reivindican a capa y espada los beneficios de la globalización ponen el acento, sobre todo, en el mayor crecimiento asociado a la apertura e internacionalización de los procesos económicos; estos beneficios de producirían como consecuencia de la intensificación de la competencia, la profundización de los mercados, el acceso al conocimiento y la tecnología más avanzada y la movilidad internacional de los capitales, financieros y productivos. Siguiendo este razonamiento, cabría suponer que los años de más intensa globalización, en comparación con periodos previos, han dado lugar a un plus de crecimiento; asimismo, los países más comprometidos con los procesos de apertura externa habrán cosechado mejor balance en términos de crecimiento.

Desmitificando la globalización

Huelgas, terrorismo y ciudadanía

Autor: Fernando Luengo

Otra Economía

Leo un tuit de Iñigo Errejón -compañero al que, sinceramente, valoro muchísimo- que encabeza con la siguiente frase: “Ejemplar Barcelona”. Describe varios de los que él considera comportamientos ejemplares, incluyendo a “los huelguistas que abandonan la huelga”. Imagino que, como el foco se encuentra en Barcelona, se refiere a los trabajadores de El Prat. Vivimos momentos donde parece que prima el “todo revuelto”; ¡qué difícil es resistirse a esa tentación! Por supuesto, entiendo a los trabajadores que han dado un paso atrás en la huelga, pues, con el ambiente político que se respira en este país, de haber persistido en el conflicto, muy probablemente serían llevados a la hoguera por los inquisidores y serían fulminados en los medios de comunicación, presentados como egoístas, insensibles y hasta como cómplices del terrorismo. Aunque, no nos engañemos, ese paso atrás -que ojalá sea el preludio de otros adelante, con mas apoyos sociales, sindicales y políticos- era el resultado lógico de su debilidad y aislamiento, y de la política intransigente y autoritaria de Eulem, Aena y del Gobierno. Podemos meter todo en el mismo saco, pretendiendo de esa manera ganar respetabilidad, pero en realidad nos sumamos a la ceremonia de la confusión y confundimos a nuestra gente. En estas horas críticas, (casi) todo se entiende, pero ¡ojo! no nos dejemos arrastrar por ese discurso tramposo, falaz y superficial que, enarbolando la necesidad de unir voluntades contra la violencia terrorista, oculta las fisuras enormes que en esa batalla genera el politiqueo y los intereses electorales de unos y otros. Y, lo más importante, frente al superficial e interesado relato de “los malvados terroristas que quieren acabar con nuestra civilización”, pongamos el foco en las causas de fondo de la espiral terrorista (que, por cierto, golpea con especial saña a las poblaciones árabes y musulmanas): la invasión de Irak, la geopolítica de las grandes potencias, la disputa por los recursos naturales, la imparable ola de refugiados y el lucrativo negocio de la industria de armamentos.

¿Cesión o recuperación de soberanía en Europa? Una cuestión de enfoque

Autor: Fernando Luengo

Otra Economía

La cuestión de cuánta soberanía conservan los estados nacionales y cuánta se traslada a las instituciones supra estatales ha estado muy presente en la construcción europea. El denominado “proyecto europeo” ha avanzado a partir de la tensión y del equilibrio entre las competencias que los gobiernos cedían a instituciones de ámbito supraestatal y las que permanecían bajo su tutela; el recorrido de las Comunidades Europeas y de la Unión Europea (UE) ha encarnado el avance de las primeras y el retroceso de las segundas; si bien es evidente que los estados han conservado parcelas sustanciales de autonomía tanto en la esfera política como económica.

La formación de la Unión Económica y Monetaria (UEM) situó el tema de la soberanía en el centro del debate europeo. Con la creación de la zona euro los gobiernos que decidieron formar parte de la misma renunciaron a parcelas sustanciales de soberanía en la gestión de sus políticas económicas. Se suponía –en realidad este ha sido el supuesto sobre el que se ha levantado todo el edificio comunitario- que los costes asociados a esa cesión serían sustancialmente más bajos que los beneficios derivados de compartir la moneda.

Ahora, cuando todavía no hemos superado la crisis económica (a pesar de que en la mayor parte de los países comunitarios el Producto Interior Bruto ya ofrece registros positivos) y cuando la UE experimenta la zozobra de una aguda crisis política (como consecuencia de la decisión del Reino Unido de abandonar la UE, el Brexit, y del generalizado ascenso y consolidación de la extrema derecha racista y xenófoba) el tema de la soberanía reaparece con fuerza.

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Crisis económica. Diagnósticos y políticas

Autor: Fernando Luengo

Otra Economía

Algunas consideraciones de orden metodológico. Caben, en mi opinión, dos aproximaciones al respecto de la naturaleza de la crisis que no son necesariamente excluyentes; me atrevería a decir que ambas son necesarias y complementarias, siempre que no se confundan.

La primera apunta a una interpretación estructural de la crisis financiera y de la “Gran Recesión”; la segunda hace referencia a las fracturas sistémicas del capitalismo. La “interpretación estructural” nos lleva a explicar la crisis actual a partir de los factores que la han desencadenado, sobre los que han influido las fracturas sistémicas inherentes al capitalismo. La que apela a las “fracturas sistémicas” pone el acento en éstas y en la influencia que sobre ellas ha tenido la crisis, tanto su gestación como su gestión.

Cómo interactúan y cómo se refuerzan estos planos es crucial para entender la crisis, los factores que la alimentan y su calado más profundo. Se trata de un debate que, si bien no podemos desarrollar (de hecho, aquí sólo podemos apuntarlo con trazos gruesos) tampoco cabe eludir.

En paralelo a esta perspectiva, que se sustenta en el pack crisis estructural/crisis sistémica, hay que abordar el análisis de “otras crisis”: la que se extiende al conjunto de la economía, la centrada en las finanzas públicas y la que afecta a la deuda. Estas crisis han surgido a partir del crack financiero, pero en modo alguno deben interpretarse como resultado inevitable del mismo, pues son, antes que nada, el fruto de una gestión de política económica tan errónea como sesgada. También, en cierta medida, hunden sus raíces en la problemática estructural que constituye el “mar de fondo” de la crisis actual; problemática que, además, contribuyen a agravar.

Estamos, pues, ante una crisis sistémica, atravesada de otras perturbaciones de naturaleza más coyuntural, que se retroalimentan entre sí. Una salida equitativa, sostenible y democrática de la crisis obliga a introducir modificaciones sustanciales en el engranaje económico (y, naturalmente, en los dispositivos sociales, políticos e institucionales). Dado el carácter plural de la crisis, estamos obligados a operar en diferentes frentes, con la dificultad añadida –bajo el imperativo, para ser más precisos- de articular lo urgente y lo necesario.

Mi diagnóstico de la crisis, muy simplificado, es el que aparece en el diagrama. La idea básica, muy resumida, es que la explicación del crack financiero desborda ampliamente el perímetro de las finanzas. Remite, en mi opinión, a un conjunto de desequilibrios y asimetrías de largo recorrido, que se han acumulado a lo largo de las últimas décadas y que están en el surgimiento de una economía basada en la deuda. Aunque siempre resulta arriesgado y atrevido hacer un inventario de aspectos centrales, verdaderamente decisivos, los que en mi opinión explican esta crisis son la desigualdad, la financiarización, las asimetrías productivas y la Unión Económica y Monetaria (UEM). No creo que proceda aquí y ahora abrir cada una de estas “cajas”, pero si es necesario reparar en que estos cuatro factores, además de reforzarse entre sí, han estado en el centro mismo de la dinámica capitalista europea al menos desde la década de los 80. Situado en estos términos, el debate contiene y al mismo tiempo trasciende el ámbito de la moneda única, por importante que sea su análisis. Obliga, de hecho, a que dicho análisis integre, contextualice las carencias, déficit o simplemente sesgos institucionales en la lógica de la acumulación capitalista, dominada por las finanzas y las grandes corporaciones.

En mi opinión, es útil distinguir los factores estructurales que acabo de señalar de los que han alimentado la bola de nieve del endeudamiento y que han desencadenado el colapso de 2007/2008. Por acción o por omisión, desde que estalló la crisis esta problemática ha empeorado considerablemente, muy especialmente en los países de la periferia. Por todo ello, su tratamiento, nada sencillo, debe constituir, obligatoriamente, uno de los ejes centrales de otra política económica que abra las puertas a otra economía. Desde esta perspectiva, las proclamas en favor de más crecimiento, más Europa o incluso otra Europa deben ser cuestionadas.

En el diagrama, junto a los desequilibrios estructurales, figura lo que he denominado “fracturas sistémicas”. Tampoco en este caso he pretendido hacer un listado o una jerarquía de aspectos, sino tan sólo seleccionar algunas de las fracturas más importantes: la oligopolización de la economía y la captura de las instituciones por los mercados, los límites físicos y medioambientales y la crisis de los cuidados.

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