Economía Crítica y Crítica de la Economía

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Una Alemania para otra Europa

Autor: Fernando Luengo

eldiario.es

El debate europeo no está ocupando un espacio relevante en las elecciones alemanas, centradas sobre todo en los asuntos domésticos. Gran error, pues lo cierto es que la evolución de la economía alemana se ve influida por lo que acontezca en el espacio comunitario, del mismo modo que el presente y el futuro de la Unión Europea (UE) y de la zona euro dependen en buena medida de las políticas que cristalicen en este país. En las líneas que siguen, presento algunas ideas que podrían articular un debate que apunte en la dirección de una economía alemana y una Europa para las mayorías sociales.

  • Es posible y necesario aumentar los salarios y el gasto público alemanes. Avanzar en esa dirección permitirá dinamizar la demanda interna, tanto en la esfera del consumo como de la inversión, y afrontar la inaplazable agenda de transformaciones estructurales, que pasan por un decidido compromiso con la educación, la innovación tecnológica, la sostenibilidad y la renovación de las infraestructuras. Todo ello significa que Alemania debe aceptar un aumento de los precios superior al actual, que roza el territorio de la deflación, contribuyendo de esta manera a un objetivo esencial de la política económica europea, alcanzar una tasa de inflación del 2%.
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¿Bajar los salarios para aumentar la competitividad? NO

Autor: Fernando Luengo

Otra Economía

La reducción de los costes laborales está abriendo posibilidades de negocio a las empresas, fruto de la mejora en la competitividad-precio. No en vano el peso de los salarios en la renta nacional se ha reducido -acentuándose una larga tendencia, muy anterior al estallido de la crisis-, ganando importancia los beneficios. Pero, en mi opinión, una estrategia exportadora sostenida en la moderación salarial no sólo es inviable sino que también es contraproducente, por varias razones.

En primer lugar, los costes laborales representan una parte, significativa pero variable, de los costes totales que debe soportar la firma. Influyen, por supuesto, en el precio final de los bienes y servicios ofertados por las empresas, pero hay otros factores, tan decisivos o más relevantes aún, en su formación, que poco o nada tienen que ver con los salarios; por ejemplo, el consumo de energía, la adquisición de materias primas y bienes intermedios, el precio de los servicios contratados, los costes financieros, el grado de eficiencia de la gestión empresarial, la tecnología utilizada o la intensidad de capital de los procesos productivos… y también los márgenes de beneficio, determinados por las relaciones de poder y la configuración más o menos oligopólica de los mercados donde operan las empresas.

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Desmitificando la globalización

Autor: Fernando Luengo

Otra Economía

Quienes reivindican a capa y espada los beneficios de la globalización ponen el acento, sobre todo, en el mayor crecimiento asociado a la apertura e internacionalización de los procesos económicos; estos beneficios de producirían como consecuencia de la intensificación de la competencia, la profundización de los mercados, el acceso al conocimiento y la tecnología más avanzada y la movilidad internacional de los capitales, financieros y productivos. Siguiendo este razonamiento, cabría suponer que los años de más intensa globalización, en comparación con periodos previos, han dado lugar a un plus de crecimiento; asimismo, los países más comprometidos con los procesos de apertura externa habrán cosechado mejor balance en términos de crecimiento.

Desmitificando la globalización

Huelgas, terrorismo y ciudadanía

Autor: Fernando Luengo

Otra Economía

Leo un tuit de Iñigo Errejón -compañero al que, sinceramente, valoro muchísimo- que encabeza con la siguiente frase: “Ejemplar Barcelona”. Describe varios de los que él considera comportamientos ejemplares, incluyendo a “los huelguistas que abandonan la huelga”. Imagino que, como el foco se encuentra en Barcelona, se refiere a los trabajadores de El Prat. Vivimos momentos donde parece que prima el “todo revuelto”; ¡qué difícil es resistirse a esa tentación! Por supuesto, entiendo a los trabajadores que han dado un paso atrás en la huelga, pues, con el ambiente político que se respira en este país, de haber persistido en el conflicto, muy probablemente serían llevados a la hoguera por los inquisidores y serían fulminados en los medios de comunicación, presentados como egoístas, insensibles y hasta como cómplices del terrorismo. Aunque, no nos engañemos, ese paso atrás -que ojalá sea el preludio de otros adelante, con mas apoyos sociales, sindicales y políticos- era el resultado lógico de su debilidad y aislamiento, y de la política intransigente y autoritaria de Eulem, Aena y del Gobierno. Podemos meter todo en el mismo saco, pretendiendo de esa manera ganar respetabilidad, pero en realidad nos sumamos a la ceremonia de la confusión y confundimos a nuestra gente. En estas horas críticas, (casi) todo se entiende, pero ¡ojo! no nos dejemos arrastrar por ese discurso tramposo, falaz y superficial que, enarbolando la necesidad de unir voluntades contra la violencia terrorista, oculta las fisuras enormes que en esa batalla genera el politiqueo y los intereses electorales de unos y otros. Y, lo más importante, frente al superficial e interesado relato de “los malvados terroristas que quieren acabar con nuestra civilización”, pongamos el foco en las causas de fondo de la espiral terrorista (que, por cierto, golpea con especial saña a las poblaciones árabes y musulmanas): la invasión de Irak, la geopolítica de las grandes potencias, la disputa por los recursos naturales, la imparable ola de refugiados y el lucrativo negocio de la industria de armamentos.

¿Cesión o recuperación de soberanía en Europa? Una cuestión de enfoque

Autor: Fernando Luengo

Otra Economía

La cuestión de cuánta soberanía conservan los estados nacionales y cuánta se traslada a las instituciones supra estatales ha estado muy presente en la construcción europea. El denominado “proyecto europeo” ha avanzado a partir de la tensión y del equilibrio entre las competencias que los gobiernos cedían a instituciones de ámbito supraestatal y las que permanecían bajo su tutela; el recorrido de las Comunidades Europeas y de la Unión Europea (UE) ha encarnado el avance de las primeras y el retroceso de las segundas; si bien es evidente que los estados han conservado parcelas sustanciales de autonomía tanto en la esfera política como económica.

La formación de la Unión Económica y Monetaria (UEM) situó el tema de la soberanía en el centro del debate europeo. Con la creación de la zona euro los gobiernos que decidieron formar parte de la misma renunciaron a parcelas sustanciales de soberanía en la gestión de sus políticas económicas. Se suponía –en realidad este ha sido el supuesto sobre el que se ha levantado todo el edificio comunitario- que los costes asociados a esa cesión serían sustancialmente más bajos que los beneficios derivados de compartir la moneda.

Ahora, cuando todavía no hemos superado la crisis económica (a pesar de que en la mayor parte de los países comunitarios el Producto Interior Bruto ya ofrece registros positivos) y cuando la UE experimenta la zozobra de una aguda crisis política (como consecuencia de la decisión del Reino Unido de abandonar la UE, el Brexit, y del generalizado ascenso y consolidación de la extrema derecha racista y xenófoba) el tema de la soberanía reaparece con fuerza.

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Crisis económica. Diagnósticos y políticas

Autor: Fernando Luengo

Otra Economía

Algunas consideraciones de orden metodológico. Caben, en mi opinión, dos aproximaciones al respecto de la naturaleza de la crisis que no son necesariamente excluyentes; me atrevería a decir que ambas son necesarias y complementarias, siempre que no se confundan.

La primera apunta a una interpretación estructural de la crisis financiera y de la “Gran Recesión”; la segunda hace referencia a las fracturas sistémicas del capitalismo. La “interpretación estructural” nos lleva a explicar la crisis actual a partir de los factores que la han desencadenado, sobre los que han influido las fracturas sistémicas inherentes al capitalismo. La que apela a las “fracturas sistémicas” pone el acento en éstas y en la influencia que sobre ellas ha tenido la crisis, tanto su gestación como su gestión.

Cómo interactúan y cómo se refuerzan estos planos es crucial para entender la crisis, los factores que la alimentan y su calado más profundo. Se trata de un debate que, si bien no podemos desarrollar (de hecho, aquí sólo podemos apuntarlo con trazos gruesos) tampoco cabe eludir.

En paralelo a esta perspectiva, que se sustenta en el pack crisis estructural/crisis sistémica, hay que abordar el análisis de “otras crisis”: la que se extiende al conjunto de la economía, la centrada en las finanzas públicas y la que afecta a la deuda. Estas crisis han surgido a partir del crack financiero, pero en modo alguno deben interpretarse como resultado inevitable del mismo, pues son, antes que nada, el fruto de una gestión de política económica tan errónea como sesgada. También, en cierta medida, hunden sus raíces en la problemática estructural que constituye el “mar de fondo” de la crisis actual; problemática que, además, contribuyen a agravar.

Estamos, pues, ante una crisis sistémica, atravesada de otras perturbaciones de naturaleza más coyuntural, que se retroalimentan entre sí. Una salida equitativa, sostenible y democrática de la crisis obliga a introducir modificaciones sustanciales en el engranaje económico (y, naturalmente, en los dispositivos sociales, políticos e institucionales). Dado el carácter plural de la crisis, estamos obligados a operar en diferentes frentes, con la dificultad añadida –bajo el imperativo, para ser más precisos- de articular lo urgente y lo necesario.

Mi diagnóstico de la crisis, muy simplificado, es el que aparece en el diagrama. La idea básica, muy resumida, es que la explicación del crack financiero desborda ampliamente el perímetro de las finanzas. Remite, en mi opinión, a un conjunto de desequilibrios y asimetrías de largo recorrido, que se han acumulado a lo largo de las últimas décadas y que están en el surgimiento de una economía basada en la deuda. Aunque siempre resulta arriesgado y atrevido hacer un inventario de aspectos centrales, verdaderamente decisivos, los que en mi opinión explican esta crisis son la desigualdad, la financiarización, las asimetrías productivas y la Unión Económica y Monetaria (UEM). No creo que proceda aquí y ahora abrir cada una de estas “cajas”, pero si es necesario reparar en que estos cuatro factores, además de reforzarse entre sí, han estado en el centro mismo de la dinámica capitalista europea al menos desde la década de los 80. Situado en estos términos, el debate contiene y al mismo tiempo trasciende el ámbito de la moneda única, por importante que sea su análisis. Obliga, de hecho, a que dicho análisis integre, contextualice las carencias, déficit o simplemente sesgos institucionales en la lógica de la acumulación capitalista, dominada por las finanzas y las grandes corporaciones.

En mi opinión, es útil distinguir los factores estructurales que acabo de señalar de los que han alimentado la bola de nieve del endeudamiento y que han desencadenado el colapso de 2007/2008. Por acción o por omisión, desde que estalló la crisis esta problemática ha empeorado considerablemente, muy especialmente en los países de la periferia. Por todo ello, su tratamiento, nada sencillo, debe constituir, obligatoriamente, uno de los ejes centrales de otra política económica que abra las puertas a otra economía. Desde esta perspectiva, las proclamas en favor de más crecimiento, más Europa o incluso otra Europa deben ser cuestionadas.

En el diagrama, junto a los desequilibrios estructurales, figura lo que he denominado “fracturas sistémicas”. Tampoco en este caso he pretendido hacer un listado o una jerarquía de aspectos, sino tan sólo seleccionar algunas de las fracturas más importantes: la oligopolización de la economía y la captura de las instituciones por los mercados, los límites físicos y medioambientales y la crisis de los cuidados.

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La política salarial alemana: La no Europa

Autor: Fernando Luengo

Otra Economía

El discurso económico dominante está plagado de lugares comunes, con un marcado perfil ideológico, que se presentan como verdades incontrovertibles, respaldadas por la lógica y la evidencia empírica.

Uno de esos lugares comunes es el que sostiene que el aumento de los costes laborales unitarios nominales (CLUn) registrados en la economía española desde que se creó la zona euro hasta el crack financiero explica la pérdida de competitividad externa, los desequilibrios en la balanza comercial, el continuo crecimiento de la deuda externa y, como colofón de todo ello, la crisis económica. El contrapunto de esos excesos se encuentra en la virtuosa Alemania, austera por tradición y por convicción, donde los CLUn han seguido una senda de moderación.

La política salarial alemana

Trabajo, empleo y salarios: La cuña ideológica del poder

Autor: Fernando Luengo

Otra Economía

El termino “mercado de trabajo” da nombre a muchas asignaturas en las facultades de ciencias económicas y a muchos libros, académicos y de divulgación. Su utilización se sostiene en una mezcla de tradición y de sentido común. Pero, como sucede a menudo en la economía, el lenguaje, lejos de ser una herramienta neutra, aséptica o inocua, contiene un relato, caso siempre al servicio de los que detentan posiciones de privilegio.

El mercado de trabajo es un mercado y funciona –o, mejor dicho, debe funcionar- como cualquier otro mercado. Esta sería la piedra angular de ese relato. Pero cabe preguntarse ¿existe un mercado, en singular, que sirva como referencia a la hora de organizar el trabajo? Se desliza la idea de que sí, que en efecto existe ese mercado, dotado de atributos que aseguran una utilización óptima de los recursos productivos; un mercado gobernado por las leyes de la competencia perfecta, sin trabas ni restricciones, donde los precios se forman a partir de la intersección de oferentes y demandantes, y donde los diferentes actores actúan racionalmente, manejando toda la información a su disposición.

Sabemos, sin embargo, que la realidad nada tiene que ver con esa descripción –idealizada, más que estilizada- de los mercados. Utilizo el plural porque el singular es inapropiado, confunde más que aclara. Existen diferentes procesos y lógicas mercantiles, donde, por cierto, no se reconocen ni se visualizan las supuestas “leyes” de la competencia perfecta.

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Aumentar los salarios y democratizar las relaciones laborales es bueno para las empresas

Autor: Fernando Luengo

Otra Economía

La economía dominante ha colonizado el debate sobre el papel de los salarios en la configuración de la oferta, como si sólo fuera posible una mirada, la suya. La secuencia propuesta según este relato es bien conocida. La moderación de los costes laborales es necesaria para que las empresas mejoren sus márgenes y de esta manera estén en condiciones de activar y consolidar el proceso inversor; esa moderación es asimismo imprescindible para fortalecer la competitividad en los mercados globales.

Como se supone que ese argumentario sienta catedra, los críticos contraponen un enfoque de demanda, en virtud del cual habría que proceder justo en el sentido contrario de lo planteado desde las filas de la economía convencional. Los argumentos son asimismo de sobra conocidos. Los salarios son el principal factor de dinamización del consumo y, en consecuencia, contribuyen a dinamizar la demanda agregada, asunto clave en estos años de crisis, cuando familias y empresas tienen unos niveles de endeudamiento muy altos y los gobiernos se empeñan, erróneamente, en contraer el gasto público.

Pero, como cada vez más economistas críticos reivindican, hay otro planteamiento que, situado también en la lógica de la oferta, ofrece una perspectiva radicalmente diferente de la convencional y dominante, cuya piedra angular sería el crecimiento de los salarios, no su represión.

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Breve reflexión sobre las inmigraciones

Autor: Fernando Luengo

Otra Economía

Los responsables comunitarios hacen lo posible y lo imposible, vulnerando la legislación internacional y los principios humanitarios más elementales, echando al cubo de la basura los principios sobre los que, en teoría, descansaba el denominado proyecto europeo, para deshacerse de los refugiados  y poner freno a la inmigración.

El mensaje es claro: FUERA.

Al mismo tiempo que Europa intenta echar el candado a sus fronteras –reto imposible-, cerrando el paso a los centenares de miles de personas que huyen de la guerra y la pobreza, ganan terreno y espacio político movimientos xenófobos y de extrema derecha. Y también avanza en la derecha más “civilizada” un discurso político que sitúa a la inmigración como problema.

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Desigualdad y pobreza. El país de Donald Trump

Autor: Fernando Luengo

Otra Economía

A menudo se afirma que la economía estadounidense es un modelo a seguir por la “vieja y desnortada” Europa.

Ya antes del estallido de la crisis este era un mantra muy utilizado en los círculos académicos, mediáticos y políticos. Lejos de evaluar las ventajas e inconvenientes de las economías situadas a ambos lados del atlántico, quienes argumentaban en estos términos pretendían justificar la necesidad de implementar en Europa las políticas neoliberales que en su opinión tan buenos resultados daban en Estados Unidos; muy especialmente las que apuntaban al mercado de trabajo, exigiendo su desregulación (flexibilización, utilizando un eufemismo muy recurrente).

El crack financiero, cuyo epicentro fue precisamente Wall Street, fue un duro golpe para este relato, alimentado en el paradigma de “todo mercado”. No obstante, cuando estamos a punto de cerrar una década de crisis económica –o, en el mejor de los casos, de lenta e inestable recuperación-, el icono estadounidense reaparece con fuerza. Este país, con un “mix” de políticas económicas acertado, estaría mostrando el camino de salida de la crisis.

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Empleo y precariedad laboral

Autor: Fernando Luengo

Otra Economía

Según la información aportada por Eurostat, la oficina estadística de la Unión Europea, en 2016 había en España 2.493.574 puestos de trabajo menos que en 2007, lo que, en términos porcentuales, significa un 87.4% del empleo existente en ese año. Si ponemos el foco en el periodo gobernado por el Partido Popular (PP), la destrucción de empleos entre 2010 y 2016 ha sido de 829 mil, situándose en el ejercicio que acabamos de cerrar todavía por debajo del umbral de 2010 (95,4%). Mal balance, sobre todo si se tiene en cuenta que desde 2014 el producto interior bruto de nuestra economía ha crecido, alcanzando en los dos últimos años tasas superiores al 3%.

Las estadísticas comunitarias ofrecen información sobre otra variable que, en el caso de nuestra economía, es muy significativa: el empleo equivalente a tiempo completo. Este indicador se elabora dividiendo las horas de trabajo realizadas en contratos a tiempo parcial con las requeridas con un contrato a tiempo completo. Por ejemplo, una jornada de 36 horas semanales sería equivalente a tres empleos a tiempo parcial de 12 horas cada uno de ellos.

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Diez principios para otra política económica en Europa

Autor: Fernando Luengo

Otra Economía

  1. A pesar de que, desde la creación de las Comunidades Europeas y en los sucesivos tratados, la convergencia productiva y social se ha situado en el epicentro del denominado proyecto europeo, la realidad ha discurrido por un camino bien distinto. Las divergencias se han instalado en Europa. Las fracturas estructurales que se han descrito en las páginas precedentes ya eran evidentes antes del lanzamiento de la moneda única, con ésta se hicieron más pronunciadas y en los años de crisis se han agravado como consecuencia de la errónea y sesgada política exigida por la Troika (Comisión Europea, Banco Central Europeo y Fondo Monetario Internacional). La heterogeneidad estructural presente en la geografía económica europea nos habla de un Norte y un Sur, un Centro y una Periferia, así como de una fractura social creciente, entre los ricos y los pobres, entre los propietarios del capital y los trabajadores, entre las elites y la mayoría social.
  2. El enquistamiento de las divergencias representa una impugnación en toda regla de ese proyecto. Significa que las lógicas concentradoras impuestas por los mercados han prevalecido sobre las redistributivas, cada vez más débiles, impulsadas por instituciones que han sido capturadas por las oligarquías, por su discurso y por sus intereses. Significa igualmente que, en un contexto de mercado única (para las mercancías, servicios y capitales, sobre todo) y unión monetaria, las economías europeas, con potencialidades competitivas diversas, no tienen la misma capacidad de beneficiarse de la integración económica.
  3. Los desequilibrios productivos, comerciales y sociales –que han estado en el origen mismo de la crisis económica- ocupan un lugar periférico en el debate político, académico y mediático, centrado, casi podríamos decir que absorbido, por el imperativo de sanear las cuentas públicas, como si la reducción de los niveles de déficit y deuda fueran condición necesaria y suficiente para resolver los desafíos estructurales a los que se enfrentan las economías europeas, especialmente las meridionales. Seguir leyendo…

La importancia de las preguntas

Autor: Fernando Luengo

Otra Economía

Las preguntas condicionan los relatos. Dos ejemplos, relacionados con el empleo y el desempleo.
¿Bajo qué condiciones existe el pleno empleo y se reproduce el equilibrio? Esta pregunta, propia del pensamiento neoclásico (dominante en las universidades), presupone que una situación de plena ocupación es posible en el capitalismo y que las fuerzas de la oferta y la demanda, actuando sin restricciones, absorben la oferta de trabajo, esto es, todo el que quiere trabajar puede hacerlo, sólo existiría el “desempleo voluntario”, situación en la que se encontrarían los que, enfrentados al dilema ocio/trabajo, prefieren la primera opción a la segunda.

Una Europa fracasada…Otra Europa necesaria

Autor: Fernando Luengo

Otra Economía

La convergencia entre las economías más avanzadas y las más rezagadas ha sido presentada a menudo como uno de los activos más destacados del proceso de integración comunitario. El cierre de las brechas entre unas y otras sería la indiscutible prueba del éxito de la Unión Europea (UE) (antes, Comunidades Europeas). La intersección y el equilibrio de la acción de los mercados y unas instituciones con vocación redistributiva explicaría este éxito, contrapunto de lo sucedido en otras dinámicas globalizadoras, donde los mercados habrían actuado sin apenas restricciones ni contrapesos, lo que estaría en el origen de la intensificación de las disparidades entre las economías.

Texto completo en Una Europa fracasada…Otra Europa necesaria

Devaluación salarial y estrategia exportadora en la economía española

Autor: Fernando Luengo

Otra Economía

Las políticas de ajuste salarial se han justificado y aplicado con el objetivo de hacer a la economía española (y a las economías periféricas, en general) más competitiva. Con ellas se trataba de corregir a la baja la evolución alcista de los costes laborales unitarios (CLU), cuyo crecimiento en los años previos a la crisis –según el planteamiento del mainstream- estaría en el origen del continuo aumento del déficit de la balanza comercial. Este desequilibrio habría propiciado un desbordante aumento de la deuda externa, finalmente insostenible, que culminó en el crack financiero.

Las líneas que siguen pretenden desgranar algunas reflexiones críticas sobre la viabilidad de una estrategia económica que descansa en dos pilares básicos: la contención salarial y el dinamismo exportador.

Una de las grandes paradojas de la crisis actual es que, habiéndose incubado en los mercados financieros y teniendo entre sus causas más destacadas el prolongado estancamiento de los salarios y el aumento de la desigualdad, se pretenda resolver con políticas que protegen e incluso premian el negocio financiero y los grandes patrimonios y fortunas, haciendo recaer la carga del ajuste sobre los salarios; para ser más exactos sobre los trabajadores que perciben salarios medios y bajos, pues los directivos y ejecutivos, salvo raras excepciones, han mantenido o reforzado su privilegiado estatus.

Pero la devaluación interna –término utilizado para ocultar lo que no ha sido sino un sustancial recorte de los salarios- ha introducido a las economías que la han aplicado en un bucle recesivo. En una situación caracterizada por una notable caída de la inversión y el consumo, por un elevado endeudamiento de familias y empresas, por una apreciable reducción del gasto público, corriente, social y productivo, y por un aumento de los impuestos directos e indirectos que soportan las rentas medias y bajas…, en este escenario, presionar a la baja sobre los salarios tiene un efecto contractivo sobre la demanda agregada, lo que refuerza la amenaza deflacionista, muy presente en la actual coyuntura comunitaria. A la luz del retroceso experimentado por el PIB en los últimos años y del muy tenue crecimiento de este indicador en los últimos meses, la incidencia desfavorable sobre la demanda interna ha pesado más que el impacto potencialmente positivo sobre las exportaciones.

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Macron, Krugman y Europa

Autor: Fernando Luengo

Otra Economía

Paul Krugman no es un radical de izquierdas, ni tampoco un populista desvariado. Esto lo sabe todo el mundo, pero sí es un observador de la realidad europea atento y reflexivo. Por esta razón, recomiendo la lectura de este artículo. En estos días donde se nos aturde con el mensaje de que votar a Macron -frente a la fascista Le Pen- es apostar por más y mejor Europa. No, no es cierto, es una mentira intolerable que hay que denunciar. Macron representa los intereses de la Europa que ha fracasado, y esto conviene dejarlo claro para no situarnos, voluntaria o involuntariamente, en la ciénaga de la confusión mediatica y política. La victoria de Macron en absoluto representa un paso hacia una Europa mejor, más solidaria y cooperativa, más democrática e inclusiva. Todo lo contrario, con su más que probable triunfo electoral, se consolidan las fuerzas inmovilistas y reaccionarias, la esclerosis burocrática y el desprecio a la gente. ¿Hay alguna razón para pensar que la élite política y económica, a la que Macron representa, dará una solución a la tragedia de los refugiados -tema que, con mucha suerte, encuentro con letra pequeña en las páginas interiores de los periódicos y que ni siquiera se menciona en las televisiones-, a la fractura social, a la desigualdad de género, al insoportable endeudamiento de las periferias, al desafío del cambio climático, al parasitismo fiscal de los ricos? No, no está en la agenda de este “reformador y renovador” de una Europa que camina a la deriva, cuya agenda ha sido capturada por los poderosos y por una élite burocrática que habita una urna de cristal pletórica de privilegios.

Alemania, ganadora de la integración europea

Autor: Fernando Luengo

Otra Economía

A fuerza de repetirlo, una y mil veces, se ha convertido en un lugar común. La esforzada y austera Alemania se resiste a acudir en ayuda, o a permitir que lo hagan las instituciones comunitarias, de los despilfarradores países periféricos, que habrían vivido muy por encima de sus posibilidades, consumiendo mucho más allá de lo que producían, exceso que habrían financiado con deuda, entrando así en una espiral de crecimiento insostenible. Alemania también habría soportado buena parte de los costes de las últimas ampliaciones, que han integrado en la Unión Europea a países relativamente rezagados, del mismo modo que habría financiado, en mayor medida que otros, las arcas comunitarias, beneficiándose menos que la mayoría de los recursos distribuidos desde Bruselas. Alemania sosteniendo el edificio comunitario en el que prosperan los más rezagados; Alemania asumiendo los costes y soportando los sacrificios; Alemania como modelo. Este es el mensaje.

Este relato, tan condescendiente con los intereses de las economías ricas del continente y, sobre todo, tan funcional a los poderes dominantes, tanto del norte como del sur, abre diferentes frentes de debate que aquí, por razones de espacio, no puedo abordar. Pongamos el foco en uno de los asuntos centrales: el comercio exterior. Pues bien, en este ámbito, ha sucedido justamente lo contrario de lo sugerido por ese diagnóstico: Alemania es la ganadora indiscutible del proceso de integración comunitario (sin entrar a discutir el asunto, nada banal, de la desigualdad que ha presidido el reparto de esas ganancias entre la ciudadanía y las empresas de ese país).

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Más confusión. Política salarial igual a política de rentas

Autor: Fernando Luengo

Otra Economía

“La hora del pacto salarial”. De este modo titulaba El País, uno de sus editoriales del 6 de marzo. Ya en el texto se hace referencia a la política salarial y a la de rentas, como si ambos términos fueran intercambiables, como si significaran lo mismo.

Esta confusión es un clásico y desde hace muchos años está presente, tanto en los medios de comunicación como en el discurso político. Antes y ahora, cuando los agentes sociales –sindicatos y patronales- suscriben un acuerdo en materia salarial se desliza el mensaje de que dicho acuerdo representa la materialización de la política de rentas. Se traslada, igualmente, la idea de que los intereses de las partes convergen en una suerte de pacto social sustentado en la negociación, donde de alguna manera todos ceden y todos ganan.

La hora del pacto salarial

¿Mejora del saldo de la balanza comercial? Una falacia

Autor: Fernando Luengo

Otra Economía

El déficit comercial que la economía española tenía con sus socios comunitarios en 2007 se ha reducido sustancialmente en 2015 ¿Qué hay en la trastienda de esta mejoría?

Mejora del saldo de la balanza comercial

El desastre europeo

Autor: Fernando Luengo

Otra Economía

“La Europa de dos o más velocidades”. Consigna de moda en la siempre opaca y confusa jerga empleada en los documentos comunitarios. Aunque la expresión no es nueva en la gramática de la Unión Europea (UE) –ha justificado, por ejemplo, la decisión de crear la Unión Económica y Monetaria (UEM)-, ha cobrado una renovada actualidad. Designa uno de los cinco escenarios contemplados en el Libro Blanco sobre el futuro de Europa; concretamente el tercero, denominado “Los que desean hacer más, hacen más”. La idea es, básicamente, la siguiente. Para sacar de su letargo el denominado “proyecto comunitario”, hay que permitir -favorecer, incluso- que aquellos países dispuestos a avanzar en el proceso de integración económica e institucional den pasos en esa dirección.

Los defensores de esta estrategia sostienen que actuando de esta manera se conseguirían, cuando menos, dos objetivos. Por un lado, se despejarían incertidumbres en cuanto al futuro de la UE y de la UEM, pues los países de la primera velocidad, apostarían claramente por “Más Europa”; por otro lado, quedaría desbrozado el camino de aquellos que ahora no quieren o no pueden asumir ese plus europeo. Todo ello abriría las puertas a una Europa potente y renovada capaz de enfrentar los desafíos de la crisis y zanjaría las dudas acerca de la propia viabilidad del referido proyecto comunitario.

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Adelante con el blog de econoNuestra

Autor: Fernando Luengo y Ignacio Martil

Blog de Econonuestra en Público.es

Tras más de cuatro años de existencia, alrededor de 600 artículos publicados y más de un centenar de colaboradores, el blog de econoNuestra seguirá peleando para que se abra camino el pensamiento crítico. Este es el acuerdo adoptado en nuestra última reunión, celebrada el 16 de marzo, en la Escuela de Relaciones Laborales.

Si bien el blog surgió con un perfil de economía crítica, en los últimos meses sobre todo, hemos dado cabida a números textos que han propuesto reflexiones desde la política, el feminismo, lo social, las instituciones… Todo ello ha ampliado y enriquecido el discurso crítico, ofreciendo planos de análisis que, además de ser complementarios, son necesarios para la buena economía. El grupo de compañerxs que promovemos el blog apostamos decididamente por este formato amplio.

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El Libro Blanco (más bien negro) sobre el futuro europeo

Autor: Fernando Luengo y Miguel Urban

Otra Economía

Con motivo del 60º aniversario del Tratado de Roma, la Comisión Europea presentó el pasado miércoles el Libro blanco sobre el futuro de Europa. Como refleja en el subtítulo, el documento, de treinta páginas, pretende abrir el debate sobre los diferentes escenarios que podrían materializarse en Europa en el horizonte de 2025.

Es marca de la casa. La retórica vacía y grandilocuente de los documentos y declaraciones comunitarias que a pesar de la crítica situación que vive la Unión Europea (UE) sigue estando muy presente en el Libro Blanco. Pero en este caso no se trata sólo de retórica, sino de una mezcla de ceguera y autismo. Seleccionamos tres párrafos, entre otros muchos que recorren el texto: “Es momento de reflexionar con orgullo de nuestros logros y de recordar los valores que nos unen”; “La Unión Europea ha mejorado nuestras vidas. Debemos velar porque sigan mejorando las de todos aquellos que vendrán detrás de nosotros”; “…una Unión ampliada de 500 millones de ciudadanos que viven en libertad en una de las economías más prósperas del mundo”. Nos preguntamos cómo recibirán este brindis al sol los trabajadores que, como consecuencia de las reformas laborales, impulsadas y exigidas por Bruselas, se han llevado por delante la negociación colectiva y son responsables de una histórica reducción de los salarios; la ciudadanía griega que ha sido hundida en la pobreza como consecuencia de la aplicación de los sucesivos memorándums; la quinta parte de la población alemana que está cerca o por debajo del umbral de la pobreza; la institucionalización de la “deudocracia” como un sistema de disciplinamiento de los países del sur de Europa; y los refugiados que están muriendo de frio y enfermedad en las fronteras comunitarias o se ahogan en las aguas del Mediterráneo. No es serio ni decente pasar de puntillas sobre estas y otras situaciones, que, desgraciadamente, no representan un episodio aislado del denominado “proyecto europeo”, sino que, cada vez más, forman parte de la quintaesencia del mismo.

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Salarios, poder y democracia

Autor: Fernando Luengo

Otra Economía

¿La economía española puede competir en salarios en la economía global? ¿debe hacerlo? Además del mantra de la austeridad y de la disciplina salarial, se escuchan voces que, apelando a la necesidad de ganar en competitividad, comparan las retribuciones de nuestros trabajadores con las que reciben los de los denominados capitalismos periféricos; algunos empresarios se han convertido en la “punta de lanza” de un planteamiento que no sólo pretende trasladar el mensaje de que los salarios de aquí son demasiado altos (a pesar de la regresión que han experimentado durante los últimos años) sino que el espejo donde debemos mirarnos es China, por poner un ejemplo muy citado y alabado.

¿Ignorancia, atrevimiento, arrogancia, irresponsabilidad, desprecio a los derechos de los trabajadores? De todo un poco o mucho de todo, pero creo que lo más importante es ser conscientes de que hay una apuesta, apenas disimulada, por intentar definir la agenda política y económica, la de ahora y la de los próximos años; influir y determinar la hoja de ruta, ese es el objetivo, y ya se verá hasta donde se puede llegar. Previsiblemente, muy lejos, dada la correlación de fuerzas cada más favorable a las oligarquías económicas y políticas y la inconsistencia y debilidad de buena parte de las izquierdas.

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La Europa de la decepción

Autor: Fernando Luengo

Otra Economía

Gran decepción por el resultado del referéndum celebrado en el Reino Unido que ha dado la victoria, por un margen bastante amplio, a los defensores de la salida de La Unión Europea (UE). ¿Golpe al europeísmo? Dejemos las cosas claras: el denominado europeísmo languidecía, mucho antes de que se anunciase el referéndum y, por supuesto, trasciende su realización. La alternativa al abandono de las instituciones comunitarias no era un proyecto europeo vigoroso, estimulante y atractivo. Todo lo contrario.

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