Economía Crítica y Crítica de la Economía

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BREXIT, lo que se oculta en el debate

Autor: Fernando Luengo

Blog de Econonuestra en Público.es

El carrusel de noticias sobre el BREXIT (la salida del Reino Unido de la Unión Europea, UE) gira y gira sin parar… un nuevo referéndum, convocatoria de elecciones generales, ampliación de los plazos acordados con Bruselas, renegociación del acuerdo ya existente. Como casi siempre en los debates políticos -con algunas clamorosas excepciones (quiero destacar la reciente intervención de mi compañero Pablo Bustinduy en el Congreso de Diputados, https://www.youtube.com/watch?v=Y0Vbp8UdWSM)-, el anecdotario, los grandes titulares y el rifirrafe, ocupan el lugar de los problemas de fondo. Algunos ejemplos.

No he leído ni una sola palabra sobre la formidable regresión salarial experimentada por el Reino Unido. De acuerdo con Eurostat (la Oficina Estadística de la Unión Europea), La compensación real por trabajador ocupado era en 2018 un 3,7% inferior a la existente en 2007; el cuarto país de la UE que ha conocido un retroceso más pronunciado. Los economistas nos hemos cansado de hablar de la década perdida latinoamericana, ¿qué nombre le ponemos a esto?

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Juventud atrapada en la precariedad, y cómo salir del laberinto

Autor: Jorge Uxo

ctxt.es (La Paradoja de Kaldor)

Del total de personas afiliadas al Régimen General de la Seguridad Social en febrero de 2019 (14,9 millones), solo la mitad tenía un contrato indefinido ordinario a tiempo completo, o lo que la OIT define como un contrato estándar. En el caso de jóvenes menores de 30 años, solo una de cada cuatro personas afiliadas tenía este tipo de contrato. El resto tenía un contrato “atípico” (temporal o a tiempo parcial, o ambas situaciones simultáneamente). En ese mismo mes, de hecho, solo un 21% de las nuevas afiliaciones –de todas las edades– se hicieron con contratos indefinidos a tiempo completo.

Este dato confirma de nuevo una de las características estructurales más sobresalientes de nuestro sistema productivo: la cronificación de la precariedad laboral. Más aún, si antes de la crisis España ya destacaba por la elevada tasa de temporalidad, muy por encima de la media europea, el periodo de recuperación del crecimiento económico que se inicia en 2014 viene acompañado por otros dos factores que agravan la situación: el fuerte aumento de la rotación y la menor duración de los contratos indefinidos.

En un reciente artículo, Luis Cárdenas analizaba la evolución de la contratación estándar y atípica desde el inicio de la recuperación y mostraba no solo el aumento del peso del empleo atípico, situándose incluso por encima de las cifras anteriores a la crisis, sino también la alarmante reducción de la duración media de los contratos.

En 2018, se firmaron 22,3 millones de contratos de trabajo, de los cuales 20 millones son contratos temporales (9 de cada 10), aunque el incremento neto del empleo fue de 503.000 personas ocupadas (media anual, datos EPA). Para hacernos una idea mejor de lo que esto significa, en el año 2007 el empleo aumentó bastante más (641.000 personas) pero se firmaron muchos menos contratos (17,8 millones). La causa principal de este aumento del número de contratos que hay que firmar por cada nuevo empleo neto creado se explica, claramente, porque la duración de estos contratos es cada vez menor.

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Diagnóstico del empleo en España y cómo mejorarlo

Autor: Eduardo Garzón Espinosa

La Marea

En la actualidad, el empleo está creciendo y el paro disminuyendo en términos generales. Esto en absoluto se debe a las políticas de austeridad o de devaluación salarial aplicadas, sino al comportamiento cíclico de las economías capitalistas (a una recesión le sigue siempre un periodo de crecimiento). La recuperación de la economía española y de su mercado laboral se explican fundamentalmente por factores externos (reconocido por el propio Banco de España): política monetaria ultraexpansiva del Banco Central Europeo, reducción de precio del petróleo, euro débil, llegada masiva de turistas, y crecimiento económico internacional. De hecho, estos factores externos habrían permitido que la economía española comenzase a crecer mucho antes si no llega a ser por la aplicación de las políticas de austeridad y devaluación salarial, que actuaron como freno a esa recuperación. España ha tardado más años en comenzar a recuperarse que la mayoría de países por culpa de las políticas que receta la Unión Europea y que fueron aplicadas por los gobiernos del PSOE y del PP. La economía española se recupera e incrementa el empleo a pesar de las políticas de austeridad, no gracias a ellas.

Que la situación laboral esté mejorando no quiere decir que sea idílica ni mucho menos. Todavía mantenemos una tasa de paro cercana al 15%, el segundo nivel más alto de toda la Unión Europea y muy por encima de muchos países más pobres que el nuestro. Además, si a la hora de calcular la tasa de paro contabilizásemos (como hace la oficina de estadísticas de Estados Unidos) como parados a: 1) todas las personas que, aunque quieren encontrar un empleo, no lo están buscando porque no confían en encontrarlo, o no lo están buscando aún por otros motivos; y 2) a las personas que están trabajando a tiempo parcial pero que siguen buscando empleo a jornada completa, obtendríamos una tasa de paro cercana al 22%.

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IV Encuentro UPV/EHU 11 y 12 Abril “Representación de trabajadoras y secciones sindicales en la negociación colectiva y la huelga”

Autor: Lluís Rodríguez Algans

Convocatoria y programa del IV Encuentro de profesionales del asesoramiento laboral y social que este año trata la “Representación de trabajadoras y secciones sindicales en la negociación colectiva y la huelga”

Dirigido a:

Despachos profesionales de juristas y economistas, profesionales independientes, profesionales de gabinetes técnicos y asesorías sindicales, estudiantes de los grados de Derecho, Relaciones Laborales y Recursos Humanos, Economía y Empresa, Sociología y Ciencias Políticas, Trabajo Social, estudiantes de postgrados relacionados, investigadoras de estas materias, militantes sindicales, trabajadores y trabajadoras en general.

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8 de marzo: Huelga general feminista en España

Autor: Jose Luis Carretero Miramar

Revista Crisis

Este viernes 8 de marzo España vivirá por segundo año consecutivo una convocatoria sindical de huelga general por la igualdad de derechos de las mujeres. Ya en 2018 la convocatoria tuvo un enorme seguimiento, quizás no tanto desde el punto de vista de parar la producción capitalista, sino como gigantesca convocatoria de movilizaciones sociales que se sucedieron en la totalidad del territorio español y que finalizaron con una masiva manifestación de cientos de miles de personas por el centro de Madrid.

La convocatoria se presenta como un paro general desde el punto de vista laboral, estudiantil, de consumo y de cuidados. Es decir, que trata de superar la visión tradicional del movimiento obrero de la huelga en los lugares de trabajo, para hacer visible el ingente trabajo invisible de las mujeres en una sociedad de interdependencias crecientes, ya sea al encargarse mayoritariamente de los cuidados de menores y personas dependientes, ya sea al realizar la mayor parte de las compras y labores domésticas encaminadas a la propia supervivencia cotidiana de los hogares.

El amplio y diverso movimiento feminista del conjunto del Estado ha sido quien ha empujado a esta convocatoria, como en años anteriores, mediante un proceso de autoorganización y movilización que no ha dejado de ser problemático y pleno de contradicciones entorno a las reivindicaciones a sostener o a las formas de la protesta, dada la pluralidad de voces y posiciones políticas y sindicales dentro del movimiento de mujeres.

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De poner la vida en el centro al New Deal feminista: el salto de la teoría a la práctica

Autor: Paloma Villanueva

ctxt.es (La Paradoja de Kaldor)

Llevamos mucho tiempo oyendo hablar de la necesidad de reorientar las políticas públicas para “poner la vida en el centro”, pero todavía no queda claro para gran parte de la población qué es lo que hay detrás de esta idea. Dicho de otra forma, no parece quedar claro en qué se concreta este concepto y por qué es imperativo que sea el eje central de los programas económicos para las próximas elecciones.

En este artículo pretendo dar respuesta a estas dos preguntas desde una perspectiva económica. En primer lugar, exponiendo los principales motivos por los que es urgente atender a la situación de desigualdad en sus distintas dimensiones en la que nos encontramos las mujeres. Y, en segundo lugar, ofreciendo una serie de medidas centradas en el igualitario reparto del tiempo de trabajo como forma de romper los roles de género que contribuirían a que la sociedad avance hacia otra en la cual podamos presumir de la existencia de una igualdad real entre mujeres y hombres. Huelga decir que el abanico de medidas es bastante amplio y excede el ámbito de la regulación del tiempo de trabajo, pero para este artículo las acoto a las de mayor impacto.

Con el feminismo de la tercera ola, cuando surgen los enfoques de la economía feminista, los debates se centraron en el derecho al empleo de las mujeres, las desigualdades salariales, las políticas familiares y los nuevos modelos de familia. La idea de fondo era la reivindicación y visibilización de las tareas realizadas por mujeres en el seno de los hogares. Y, además, teorizar sobre los efectos de la incorporación en masa de la mujer en el mercado laboral con el mantenimiento de las desigualdades de género en numerosas esferas de la vida.

Si bien ha habido ciertos avances hacia una sociedad más igualitaria, los datos revelan que la discriminación por género en el mercado laboral persiste y que, por otra parte, el trabajo reproductivo sigue recayendo mayoritariamente sobre nosotras, a pesar de que gran parte de la población se declara concienciada con los valores del feminismo.

Vayamos con los datos. La brecha salarial por hora en España, de acuerdo a la última Encuesta Cuatrienal de Estructura Salarial de 2014, se encuentra en un 14%. En cambio, si nos fijamos en la brecha salarial global, esto es, teniendo en cuenta el salario bruto: la diferencia entre el salario de un hombre y de una mujer asciende al 24%. El incremento se debe a las disparidades en las jornadas, a la segregación horizontal y vertical por género (techo de cristal y feminización de ciertos sectores), y demás complementos salariales donde se encuentra gran parte de la desigualdad retributiva.

Sigamos por las diferencias en las jornadas. Según la EPA del cuarto trimestre de 2018 un 74,5% de las personas con jornada a tiempo parcial eran mujeres, de las cuales un 50,6% se encuentran en esta situación de forma involuntaria y un 15% por dedicarse al cuidado de niños o adultos enfermos, incapacitados o mayores. De hecho, el sector con el mayor nivel de parcialidad es el de servicios domésticos, con un 54% frente al 14,8% de media nacional.

El desigual reparto de las tareas de cuidados también se refleja en una mayor inactividad de las mujeres. Así, de acuerdo con la misma fuente, de la población inactiva descontando las personas que se encuentran jubiladas, el 64% del total son mujeres, de las que un 20% se encuentran  en esa situación por dedicarse al cuidado de niños o adultos enfermos, incapacitados o mayores o bien por motivos familiares, que son 1,2 millones de mujeres en edad de trabajar. Si calculamos el porcentaje de hombres que se encuentra en la misma situación, la brecha es abrumadora, porque dicho porcentaje es del 2,8%.

Continuemos por la segregación vertical y horizontal. “Techo de cristal” se le llama al hecho contrastado de que las mujeres, a pesar de tener el mismo nivel educativo que los hombres y estar perfectamente capacitadas, ocupan menos puestos de responsabilidad. Desde la Economía de Género se ha defendido que la solución para terminar con las desigualdades era la lucha por la igualdad de oportunidades. Sin embargo, aunque de las personas con Estudios Superiores más de la mitad (51%) somos mujeres: el “techo de cristal” persiste tal y como vemos en el gráfico 1.

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Regreso al futuro: la precariedad laboral en la recuperación económica

Autor: Luis Cardenas

ctxt.es (La Paradoja de Kaldor)

Tras más de cinco años de crecimiento económico, la situación del mercado laboral español parece seguir mostrando graves problemas: desempleo, subempleo (parcialidad involuntaria), temporalidad y rotación en el puesto de trabajo. Por ello, cabe preguntarse si la recuperación económica ha mejorado las condiciones laborales.

Con este objetivo es útil aplicar la teoría de la segmentación laboral, que sostiene que el mercado de trabajo está dividido en dos grandes segmentos. Por un lado, el mercado primario englobaría los puestos “de calidad” del mercado, definidos como aquellos con salarios elevados, estabilidad, derechos laborales reconocidos, oportunidades de carrera profesional, mayor cobertura sindical, etcétera. Por otro lado, el mercado secundario (tradicionalmente identificado como los puestos “precarios”) es aquel en el que se ofertan puestos de trabajo con salarios bajos, inestabilidad laboral, escasas oportunidades de ascenso, reducida protección legal y sindical, mayores riesgos laborales, entre otras características. Como es bien conocido estos puestos están ocupados principalmente por mujeres, jóvenes y migrantes, alcanzado cotas realmente alarmantes en la intersección de esas características.

De acuerdo a este marco, la dualidad no nace de la regulación laboral, pero tiene su reflejo en la contratación. En otras palabras, las características de los contratos son el síntoma que refleja los problemas estructurales. A efectos analíticos se pueden agrupar las distintas formas de contratación en dos grandes grupos:

- Empleo estándar: trabajadores con contrato indefinido ordinario a tiempo completo.

- Empleo atípico: abarca las formas de contratación temporal (incluyendo los contratos indefinidos fijo-discontinuos), el tiempo parcial y otras formas de contratación (como los contratos de formación y prácticas).

Aunque una definición más exhaustiva incluiría otros muchos elementos (por ejemplo, no todos los contratos indefinidos son necesariamente de calidad), esta sencilla clasificación permite ver de manera simple la evolución del empleo atípico utilizando los datos de afiliación al Régimen General de la Seguridad Social.

Como se observa en el gráfico 1, existen dos dinámicas claramente diferenciadas. Desde el año 2006 comienza una caída del empleo atípico que se intensifica con el inicio de la crisis económica. Esto implica que la destrucción de empleo se concentra en los trabajadores del segmento secundario. Por el contrario, cuando se reinicia la creación de empleo este lo hace esencialmente en figuras atípicas, de tal manera que se recuperan rápidamente los niveles pre-crisis (las áreas sombreadas indican recesión).

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Otra vuelta de tuerca. El juego perverso de las “nuevas” formas de organización del trabajo

Autor: Mariu Ruiz-Galvez Juzgado

La U

Los últimos datos de la Encuesta de Población Activa (EPA) siguen mostrando importantes problemas en el mercado laboral. A pesar de la gravedad pareciera que como sociedad nos hemos acostumbrado a esta pésima situación o, por lo menos, ya no nos alarmamos y en parte asumimos la precariedad como un mal inevitable. No sólo siguen persistiendo elevadas tasas de desempleo sino que, además, la calidad del empleo brilla por su ausencia. El 90% de los trabajos que se crean son temporales, la duración de los mismos es cada vez menor, las horas extraordinarias superan los 5 millones semanales -de los cuales la mitad no son remuneradas-, y además asistimos a nuevas formas contractuales que parecen esquivar, con gran astucia, los derechos laborales básicos que tanto esfuerzo ha costado alcanzar.

No son pocos los estudios que tratan de abordar la problemática. Quizá, eclipsados por la situación actual, éstos se han centrado en conocer los efectos de la crisis y, más en concreto, el impacto de la Reforma Laboral de 2012. Un enfoque en parte acertado por la propia actualidad que nos acompaña, aunque insuficiente para explicar las características y la evolución de las condiciones laborales de los y las trabajadoras en nuestro país.

Afrontar un análisis de estas características nos empuja a preguntarnos: ¿cómo es posible estar en una situación laboral tan precarizada e inestable como la actual?, ¿cómo podemos explicar el punto donde nos encontramos?, y finalmente, ¿qué margen de maniobra existe para revertir esta situación?

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No hay que vivir para trabajar

Autor: Paloma Villanueva y Luis Cardenas

ctxt.es (La Paradoja de Kaldor)

Es un hecho conocido que las mujeres dedican más del doble del tiempo que los hombres al hogar y a la familia. Tal y como recoge la Encuesta de Empleo del Tiempo (EET), elaborada por el INE, mientras que en un día promedio un varón en 2010 dedicaba tan sólo una hora y 50 minutos al hogar y la familia, una mujer dedicaba más del doble (4 horas y 04 minutos).

Como indica la última Encuesta Nacional de Condiciones de Trabajo (ENCT) de 2015, las mujeres dedican el doble de su tiempo al trabajo no remunerado (14 horas semanales ellos frente a 27 horas semanales ellas). De hecho, mientras que la mitad de las mujeres reconoce que realiza tareas de cuidado y educación de sus hijos o nietos, menos de un tercio de los hombres se encuentra en la misma situación.

En definitiva, dada la insuficiente regulación en materia de igualdad y los roles de género dictados por el sistema heteropatriarcal; son ellas quienes asumen las tareas de cuidados que precisan las familias. Así, tras haber trabajado durante años, sus vidas laborales son más cortas y erráticas, lo que conlleva unas menores cotizaciones y menos derechos adquiridos como trabajadoras (no reconocidos).

Habida cuenta de la división sexual del trabajo, la tasa de parcialidad de las mujeres se situó casi en un 24% en el año 2017, mientras que la de los hombres se encuentra en torno al 7%. Esto supone que un 73% de las personas con un contrato a tiempo parcial son mujeres, de entre las cuales más de la mitad están en esta situación de forma involuntaria. Si observamos el gráfico 1, es evidente que la mayor parte del subempleo se corresponde a mujeres (el 70% del total), siendo especialmente relevante en qué medida se encuentran subempleadas, ya que más de 77.000 trabajan cinco horas o menos a la semana.

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Conferencia “El Patriarcado Neoliberal”, por María Pazos

Autor: Maria Pazos Moran y Grupo de Economia Politica Alternativa - UAM

Ya está disponible el vídeo de la charla que, bajo el título ofreció “El patriarcado neoliberal”, ofreció María Pazos el pasado 13 de diciembre en la Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales de la Universidad Autónoma de Madrid (UAM), al término del cual se abrió un coloquio con el público asistente. La podéis ver en el siguiente link:

https://www.youtube.com/watch?v=I6StRlIN0pI&feature=youtu.be

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Plataformas colaborativas y trabajo flexible. Tecnología y nueva precariedad

Autor: Jose Luis Carretero Miramar

Revista Trasversales número 45 octubre 2018

Otros textos del autor en Trasversales

José Luis Carretero Miramar
es profesor de Formación y Orientación Laboral. Miembro del Instituto de Ciencias Económicas y de la Autogestión (ICEA).



(…)

El mundo de la mercancía trata de colonizar el avance tecnológico y científico de la humanidad para convertirlo en una nueva fuente de plusvalor. Entre las teorías del software libre y el internet abierto de Richard Stallman y las dinámicas de captación de los flujos de valorización del trabajo en el mundo virtual por parte de magnates como Jeff Bezos o Elon Musk, hay un abismo de confrontación y conflicto. Un conflicto que puede entenderse desde un viejo concepto: lucha de clases

(…)

Sigue leyendo el artículo en la web de Trasversales

La represión salarial avanza

Autor: Fernando Luengo

La Marea

El término “austeridad” –tramposo y equívoco como pocos–, aplicado a los salarios, hace referencia a las políticas destinadas a moderar o reducir las retribuciones de los trabajadores con el objetivo de activar la inversión, mejorando los márgenes de beneficio de las empresas, y promover la competitividad, ajustando los precios de los bienes y servicios colocados en los mercados doméstico, europeo y global.

No entraré a valorar los resultados de estas políticas, que han sido, en el mejor de los casos, discretos, o, directamente, negativos. Pero sí quiero llamar la atención del lector sobre una dimensión de la represión salarial –¡llamemos a las cosas por su nombre!– que trasciende los datos estadísticos sobre la evolución seguida por los salarios nominales y reales. Esta información es, por supuesto, muy necesaria, pero resulta claramente insuficiente para tener una visión cabal de lo que está ocurriendo en el mundo del trabajo.

La Sexta Encuesta Europea sobre las Condiciones de Trabajo 2015 elaborada por Eurofound aporta una batería de indicadores, de naturaleza más bien cualitativa, que da cuenta de la verdadera magnitud del ajuste salarial. Dos de las preguntas contenidas en el apartado denominado “Intensidad del trabajo” hacen referencia a las condiciones en que los asalariados realizan su trabajo: a) ¿Su puesto de trabajo conlleva trabajar a gran velocidad?, y b) ¿Su puesto conlleva trabajar con plazos muy ajustados? El valor añadido proporcionado por estos y otros indicadores que aparecen en el cuestionario es que abren la “caja negra” de las empresas, para preguntarse qué está sucediendo con las condiciones laborales de los que han conservado su empleo o han conseguido uno nuevo.

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Verdades y mentiras de la subida del salario mínimo

Autor: Ivan H. Ayala

ctxt.es (La Paradoja de Kaldor)

Resulta interesante el debate sobre el SMI que se está produciendo al hilo de los últimos acontecimientos políticos. La última de las aportaciones al debate fue la del gobernador del Banco de España apuntando un impacto negativo en el empleo en trabajadores menos cualificados y jóvenes en Sede Parlamentaria. En realidad, el gobernador estaba leyendo las conclusiones del informe anual de 2017 publicado en mayo del 2018, por lo que no parece que haya nada novedoso en el análisis. En dicho informe de hecho se dice que el incremento experimentado en 2017 por el SMI (8%) “estaría teniendo efectos agregados reducidos tanto sobre el empleo como sobre los salarios”. Los economistas repiten como un mantra “no hay evidencia empírica concluyente” aunque ese mantra es mentira: existe una evidencia abrumadora en economía que muestra que el salario mínimo (SM) no tiene un impacto sobre el empleo agregado de una economía. La explicación de dicha situación puede dar algunas claves interesantes que nos ayude a entender el problema.

Los contrarios a su subida (la escuela neoclásica) han argumentado tradicionalmente que la existencia de un salario mínimo introduce una rigidez que hace que el salario se sitúe por encima de la productividad del trabajo generando desempleo involuntario. Los partidarios de su incremento no lo hacen porque tenga un impacto positivo, sino por motivos de justicia social. La teoría económica respecto al SM solo provee soluciones para casos extremos. Por un lado en un mercado perfectamente competitivo, la introducción de un SM tendría un impacto negativo en el empleo al estar por encima del correspondiente al nivel de equilibrio. Por otro, un mercado monopsónico, donde el empleador tiene poder de mercado, y establece un SM inferior al de equilibrio, un incremento del mismo hasta dicho nivel puede generar un incremento del empleo. Fuera de esos dos casos extremos (es decir, en la realidad), la teoría no da elementos concluyentes, por lo que el debate respecto al papel de un SM -tan antiguo casi como el trabajo asalariado- se reproduce cada vez que se decide políticamente utilizar esta herramienta.

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¿Modifican las reformas laborales la ley de Okun?

Autor: Luis Cardenas

ctxt.es (La Paradoja de Kaldor)

Las instituciones españolas y de la UE consideran que las recientes reformas del mercado laboral han mejorado la flexibilidad, permitiendo generar más empleo con una menor creación del PIB.

Esta relación puede analizarse mediante la conocida ley de Okun. Esta regularidad empírica establece una relación significativa, estable e inversa entre la tasa de crecimiento del PIB y la tasa de variación del desempleo. Aunque existen múltiples versiones de esta ley (Ball, Leigh & Loungani, 2017), se suele formular en dos tipos. La versión en diferencias y la versión de brecha o gap.

La primera establece una relación negativa entre las tasas de crecimiento trimestrales de la tasa de desempleo y la del PIB en términos reales. A su vez, se compone de una formalización estática de relaciones contemporáneas y una dinámica, que incluye las variables retardadas. En el segundo caso, se realizan estimaciones mediante procedimientos de filtrado para obtener el elemento tendencial de ambas variables. Permitiendo así calcular en términos de diferencias respecto a su tendencia (componente cíclico). A pesar de que se ha desarrollado una extensísima literatura sobre formas de estimar esta regularidad, usaremos la primera formulación ya que sigue siendo la versión más intuitiva [1].

Ut = α + βYt + ωt

[1]

La tesis más común sostiene que se ha producido un cambio en la curva de Okun por lo que la economía española necesita ahora un menor crecimiento del PIB durante los períodos de expansión que durante el ciclo anterior, principalmente como consecuencia de las reformas laborales, y en concreto de la reforma del año 2012 (Cuerpo, Geli, & Herrero, 2018).

Lo cierto es que existe evidencia de este comportamiento durante la recuperación de la economía española. En el gráfico 1 se muestra la curva de Okun para el período previo al inicio de la recuperación económica (fechada en el tercer trimestre del 2013) y en el período siguiente. Como se puede observar, la curva durante la recuperación se sitúa significativamente a la izquierda, esto implica que es necesaria una menor creación del PIB para reducir el desempleo. De igual forma, la pendiente de la curva no ha variado de manera relevante, así que se reduce el desempleo aproximadamente a la misma velocidad.

Gráfico 1. Ley de Okun (1976T3-2017T3)

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¿Por qué caen los salarios? Cuando el poder negociador importa

Autor: Luis Cardenas y Daniel Herrero

ctxt.es (La Paradoja de Kaldor)

Uno de los hechos más característicos de las economías occidentales desde finales de los años ochenta es la caída continuada de la participación de los salarios sobre la renta, con el consiguiente aumento de las rentas empresariales. La economía española no ha permanecido ajena a este cambio distributivo.

La literatura ha destacado factores explicativos de diversa índole para explicar esta trayectoria, como son el proceso de globalización de la economía mundial, el predominio de las finanzas y la extensión de su lógica de funcionamiento al conjunto de la economía (la llamada financiarización) o la desregulación del mercado de trabajo y la reducción de la protección social. Asimismo, es posible encontrar en los últimos tiempos un abundante conjunto de trabajos que destacan la importancia del cambio tecnológico a la hora de explicar la desigual evolución de los salarios y su caída en términos agregados, haciendo referencia, particularmente, a los efectos de la robotización y la digitalización.

Todos estos condicionantes (y algunos más) afectan, en última instancia, a la capacidad de los trabajadores de negociar sus salarios. El llamado poder de negociación ha sido una variable presente en análisis de múltiples disciplinas de ciencias sociales, sin embargo, al tratarse de un concepto marcadamente abstracto y difícil de medir, raramente ha sido cuantificado. La medición cuantitativa de este tipo de variables tan vagas es importante para la investigación (y, por qué no, para el desarrollo de políticas públicas) porque da la posibilidad de realizar estudios estadísticos, con estimaciones y, llegado el caso, comparaciones internacionales.

Esto mismo es lo que hemos llevado a cabo en un trabajo reciente, en el que elaboramos un índice de capacidad negociadora (Cárdenas y Herrero, 2018). Partiendo de las ideas de estudios anteriores, entendemos que, primero, existe una pugna constante entre asalariados y empresarios por la distribución de la renta, y, segundo, que el poder negociador de los asalariados viene condicionado por dos grandes conjuntos de variables: las características del sistema de relaciones laborales y la estructura y dinámica del mercado de trabajo.

En concreto, el sistema de relaciones laboralescomprende los marcos de negociación colectiva y los pactos sociales para mejoras retributivas, que se concretan en: (i) el contenido de los acuerdos laborales y su nivel o alcance geográfico, (ii) la capacidad organizativa y reivindicativa de los asalariados. Por otra parte, las características del mercado de trabajoengloban la política laboral y los flujos de entrada y salida de ocupados, que condicionan el grado de subutilización del trabajo, así como el grado de parcialidad, temporalidad y rotación en el puesto de trabajo, esto es: (i) el efecto disciplinario del desempleo, (ii) las características de los puestos laborales ofertados y el peso relativo del empleo atípico, y (iii) el grado de protección social del empleo, la cobertura de la prestación por desempleo y otras prestaciones sociales.

Decimos que estos elementos conforman el poder negociador porque afectan de manera decisiva a las posiciones de partida de trabajadores y empresarios en la negociación y, desde ahí, a la formación de los salarios. Dicho de otra forma, la fijación salarial y, con ello, la participación de las rentas del trabajo sobre la renta nacional no depende exclusivamente de la productividad y del juego entre oferta y demanda de trabajo en un proceso de libre mercado, también lo hacen del marco institucional.

Todo esto recoge nuestro índice de capacidad negociadora (ICN), cuya composición mostramos en la tabla 1. Como se ve, el peso de las ocho variables que lo constituyen no es el mismo, ya que, lógicamente, no todas ellas afectan del mismo modo al poder negociador. Este peso viene dado por la relación estadística que cada variable guarda con la participación salarial (la metodología se encuentra disponible en el trabajo original). El período que cubren las variables es 1987-2015, el más amplio que permiten las estadísticas.

Tabla 1. Índice de Capacidad Negociadora: composición y ponderaciones

Variables Ponderación Fuente
Variables de relaciones laborales Afiliación sindical 3,11% OECD.STATS
Conflictividad laboral 19,15% BE (Banco de España)
Cobertura de la negociación colectiva (sin convenios de empresa) 14,05% BE
Variables de mercado de trabajo Tasa de desempleo 0,59% EPA (INE)
Tasa de temporalidad 2,59% EPA
Tasa de parcialidad 25,08% EPA
Coste del despido 23,73% OECD.STATS
Tasa de cobertura del desempleo 11,71% Estadística de Prestaciones por Desempleo (MTYSS)

Fuente: Elaboración propia (véase texto)

Es necesario resaltar que el ICN capta la dinámica (gráfico 1), por lo que lo importante es su evolución en el tiempo y no su valor bruto (que no tiene significado por sí mismo), ya que lo que pretendemos explicar es el movimiento de la participación salarial en la economía española y no su nivel.

Gráfico 1. Evolución del índice de capacidad negociadora y la participación salarial (1987-2015)

Fuente: elaboración propia con datos de Contabilidad Nacional y fuentes presentadas en la Tabla 1

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Entrevista a la Unione Sindacale Italiana (USI): “En Italia no se aprecian cambios reales positivos”.

Autor: Jose Luis Carretero Miramar

Kaos en la Red

Al hilo de un encuentro este verano en Roma entre militantes de Solidaridad Obrera y de su organización, entrevistamos a Giuseppe Martelli, representante de la Unione Sindacale Italiana (USI), sindicato autogestionario que forma parte de la Coordinadora Roji-Negra Europea, junto a organizaciones españolas como la propia Solidaridad Obrera o la Confederación General del Trabajo (CGT), así como a sindicatos de otros lugares de Europa.

¿CÓMO ES EN ESTE MOMENTO LA SITUACIÓN SOCIAL EN ITALIA?

La crisis económica mundial, de la cual, Italia no ha salido completamente, las dificultades en el terreno laboral, el factor de la inmigración desde África y desde Oriente Medio, junto a las carencias estructurales no resueltas (incluso agravadas) de los gobiernos precedentes, han despertado el miedo en una clase social media-baja, empobrecida en gran medida por los efectos de la crisis económica y financiera, que ha optado por dar un giro en la elección política.

El ascenso del Movimiento 5 estrellas (representante de las pequeñas empresas, de las corporaciones, de las asociaciones profesionales y de autónomos, de profesionales liberales) junto a la LIGA (representante de una clase trabajadora y de sectores obreros, asustados por los efectos dañinos de la crisis y de la inseguridad social, así como de una derecha latente desde siempre y presente en nuestro país), han permitido la gestación y el posterior éxito de un gobierno que es de facto, de centro derecha.

Todo esto hay que enmarcarlo en un momento de gran dificultad por la situación social, en donde no se aprecian cambios reales positivos, sino solo promesas electorales que no pueden llevarse a cabo sin aplicar grandes recortes en las partidas sociales, como en educación, en sanidad o en investigación científica. Todo esto se ve agravado por la privatización reciente sobre sectores estratégicos y obras de relevancia pública (ver la propuesta de una “renta básica” que se financiaría con maniobras de recortes en servicios y sectores sujetos a inversión pública, con el objetivo de satisfacer a una parte del electorado del gobierno actual).

Nos hallamos ante una campaña electoral del M5S y la Lega, que parece no acabar nunca, con declaraciones y promesas que distraen la atención de la población de las clases obreras, hacia objetivos poco creíbles, que reflejan la imagen del gobierno y el parlamento actuales.

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¿Vuelve el fin del trabajo? (Cuaderno postcrisis: 11)

Autor: Albert Recio Andreu

Mientras Tanto

I

La vida de la población trabajadora está periódicamente amenazada por una pesadilla recurrente: la del fin del trabajo provocado por el cambio tecnológico. No es que la gente esté ansiosa por deslomarse trabajando, o por vivir a las órdenes de un superior. Es que temen que la contrapartida sea el paro, la falta de ingresos, la marginación social.

El debate sobre tecnología y empleo es antiguo. La economía capitalista se caracteriza entre otras cosas por un cambio técnico constante, por desempleo recurrente y desigualdades obscenas. Por lo que sabemos de la historia del paro, los peores momentos, las crisis, tienen menos que ver con la tecnología y más con la organización de la economía y la sociedad. Pero nos dicen que ahora es distinto, porque la digitalización va a permitir no solo sustituir millones de empleos rutinarios, sino que reducirán también empleos “cualificados” porque la inteligencia artificial y la capacidad de cálculo de las máquinas resultará mucho más eficaz. O sea, que el paro no sólo es un peligro para la clase obrera tradicional, sino también para las clases medias educadas.

Los que defienden esta posición suelen ser altos empresarios o técnicos cualificados (ingenieros, científicos) en la materia. Sus opiniones reflejan tanto su percepción de los hechos como sus deseos ocultos (lo que yo llamo sus “sueños húmedos”). Para un empresario, un mundo sin obreros sería ideal. La gestión de personal es siempre una de las tareas más pesadas de cualquier actividad en general. En la empresa, donde los intereses de empresarios y trabajadores están en conflicto ―abierto o latente― esta gestión es aún más ardua. Una empresa sin trabajadores, funcionando automáticamente y dejando al propietario una renta recurrente, es el ideal que todo rentista desearía. También para los altos tecnócratas las personas son un estorbo. Muchos tienden a pensar que son las chapuceras intervenciones humanas las que provocan fallos y problemas (sólo hay que ver que casi siempre que hay un desastre se alude al fallo humano, sin pensar que a lo mejor este estaba propiciado por la tecnología empleada). Eliminando empleados se reducen los problemas potenciales (Michel Piore, un importante economista laboral, lo descubrió en una investigación hace casi 50 años; los ingenieros entrevistados le comentaron que siempre que el coste fuera soportable, recomendaban la solución que incorporaba menos empleo). Hay un sesgo capitalista y un sesgo tecnocrático en la orientación del cambio tecnológico. No es casualidad que Frederick W. Taylor aunara en su persona el ser ingeniero profesional e hijo de empresario.

Pero esta introducción del cambio tecnológico no ha supuesto hasta ahora la eliminación del trabajo por muchas y variadas razones. En primer lugar, la eficacia de la tecnología nunca es completa ni se adapta por igual a todas las actividades humanas. En segundo lugar, porque las mejoras tecnológicas han ido asociadas a un aumento en la escala de la producción, a una diversificación de los bienes y servicio. Y, en tercer lugar, porque las luchas sociales han impuesto limitaciones al uso de la fuerza de trabajo y han conseguido que en bastantes casos el aumento de productividad se tradujera en una reducción de la jornada laboral. Este razonamiento se aplica habitualmente al empleo mercantil. El reconocimiento de la importancia del trabajo doméstico muestra además otras cuestiones interesantes. La primera es que años de cambio técnico no han generado un movimiento de reducción radical del tiempo de trabajo doméstico. La segunda es que algunas de las innovaciones en bienes de consumo, más que eliminar el trabajo doméstico, lo han transformado. Un estudio de hace veinte años de la jornada laboral de las amas de casa a tiempo completo mostró que su jornada global era parecida. Lo que había cambiado era su contenido. A principios del Siglo XX, la tarea principal era la producción doméstica de pan, algo que había casi desaparecido 80 años después. A finales del siglo pasado, lo que ocupaba más tiempo era conducir, pues estas mujeres se encargaban de transportar al resto de la familia y, dado el modelo urbano estadounidense, también debían conducir para hacer compras, acudir a centros médicos etc. Y, la tercera, que las propias necesidades familiares han cambiado con el tiempo (por ejemplo, los procesos ligados al envejecimiento reclaman una enorme cantidad de cuidados que generan “un segundo ciclo de actividad” posterior al generado por el cuidado de la infancia). En suma, la tecnología es sólo uno de los factores que influyen en la carga de trabajo, y sus efectos son a menudo ambiguos, pues al mismo tiempo reducen y aumentan la carga de trabajo. Por eso, en la revisión de estudios que ha realizado la Organización Internacional de Trabajo, la previsión de lo que ocurrirá en el futuro es incierta. Depende de muchas variables.

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El salario mínimo no tiene relación con la tasa de paro

Autor: Eduardo Garzón Espinosa

La Marea

La teoría económica más conocida e importante –conocida como síntesis neoclásica y que desagraciadamente se sigue enseñando en las facultades– considera que los niveles salariales tienen impacto en la tasa de paro de la economía en cuestión. Estos planteamientos señalan que a medida que los salarios se elevan, la tasa de paro aumenta, y viceversa. El razonamiento de fondo –que es más ideológico que científico– es el siguiente: los salarios suponen un coste importante para los empleadores, de forma que si aquellos aumentan, estos se verían en complicaciones para seguir con su negocio; y la única forma que tendrían de no echar el cierre sería despidiendo a uno o más trabajadores. El despido reduciría los costes salariales y, de esta forma, el negocio podría continuar, aunque la parte negativa sería que la tasa de paro aumentaría. Este razonamiento se utiliza también en sentido inverso: si los salarios disminuyen los empleadores tendrán menos coste y por lo tanto más margen económico para contratar a nuevos trabajadores, de forma que la tasa de paro se reduciría.

Una recomendación política que se deriva de este razonamiento es la eliminación o reducción de los salarios mínimos que se fijan por ley: si fuese más elevado se destruiría empleo, por lo que la forma más fácil de evitar esos problemas pasaría por reducir o eliminar completamente el salario mínimo legal. De esta forma, los empleadores ajustarían los salarios a sus necesidades económicas, el negocio prosperaría sin problemas y supuestamente habría creación de empleo.

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Dime dónde trabajas y te diré cuánto crecerá tu salario

Autor: Alfredo del Rio Casarola

eldiario.es

Siguiendo la clasificación centro-periferia de la UE-20 expuesta en un artículo anterior, este artículo se centra en las diferencias existentes en la productividad y los salarios en ambos grupos de países. La productividad se refiere al valor añadido bruto por hora de trabajo y el salario es la compensación a la población asalariada (incluye el salario bruto y, en su caso, los beneficios sociales que puede proporcionar la empresa como, por ejemplo, las ayudas escolares) también por hora de trabajo.

El análisis de estas variables de forma conjunta se deriva de una serie de aportaciones teóricas, por ejemplo las del recién fallecido Samir Amin, que identificaban una dificultad en los países periféricos para traducir los incrementos de productividad en incrementos salariales. En cambio, los países centrales sí eran capaces de que las mejoras productivas redundaran en progresos en las condiciones de vida de la población trabajadora. La importancia de la comparativa de estos datos se debe a que los salarios son la fuente principal de ingresos del 91% de la población activa de estos países, es decir, de la población asalariada (Fuente: Ameco). Por tanto, más allá de las importantes diferencias salariales en función del sector o del nivel de cualificación, ésta es una cuestión que afecta a la gran mayoría de la población.

Atendiendo a datos de 25 subsectores económicos calculamos un agregado para la periferia europea (Italia, Eslovenia, República Checa, España, Estonia, Portugal, Eslovaquia, Grecia, Polonia y Lituania) y otro para los países centrales (Alemania, Reino Unido, Países Bajos, Suecia, Francia, Luxemburgo, Bélgica, Finlandia, Dinamarca y Austria). La productividad de los países periféricos se ha incrementado desde el promedio de 1995-1998 al de 2011-2014 en un 23,19% (esto equivale a un crecimiento de 192 euros) mientras que la de los países centrales en un 22,55% (296 euros). Por su parte, los salarios en la periferia han registrado un aumento del 17,55% (62 euros) y en el centro un 30,72% (188 euros). Por tanto, unas tasas de variación similares, como es el caso expuesto previamente de las tasas de productividad, pueden representar unos valores en euros bastante diferentes. De esta manera se evidencia fácilmente la importancia de atender a los niveles de las variables tomadas en cuenta para el cálculo de las tasas de variación.

Debido a las diferencias expuestas, nos centramos ahora en el crecimiento de ambas variables expresado en euros. Tal y como se puede ver en la Figura, la productividad del conjunto de 25 subsectores de la periferia se incrementa en 192€ y la productividad del centro en 296 euros mientras que los salarios de la periferia crecen en 62 euros y en los países centrales 188 euros. Así, mientras que la población trabajadora de un país central produce, entre ambos períodos mencionados, 296 euros más por hora de trabajo y percibe 188 euros más de salario, la población trabajadora de un país de la periferia europea produce 192 euros más y recibe únicamente 62 euros más.

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El sector servicios como el motor de la creación de empleo

Autor: Fernando Luengo

Otra Economía

Los servicios han sido, desde hace décadas, el principal baluarte de las políticas ocupacionales de las economías europeas, y, en general, del mundo capitalista desarrollado. Este sector –que agrupa a un heterogéneo conjunto de actividades que presentan como denominador común ser relativamente intensivas en la utilización de trabajo– ha absorbido buena parte del empleo “liberado” por la agricultura y la industria.

Poniendo el foco en la Unión Europea, en el caso de las actividades agrarias, el número de trabajadores se ha reducido entre 1995 y 2016 en algo más de siete millones (toda la información estadística procede de Ameco), aportando en este último año el 4,5% del empleo total (en algunos países, como por ejemplo Rumania y Bulgaria, los registros son sustancialmente más elevados; este porcentaje alcanzaba en ese último año el 23,6% y el 18,3%, respectivamente). Todos los socios comunitarios, con la excepción de Malta –donde la contribución de la agricultura no llega al 2%–  han seguido esta tendencia.

También en la industria la UE ha conocido, salvo en Luxemburgo, un drástico retroceso en el número de personas ocupadas. En el mismo tramo temporal, 1995-2016, el empleo perdido ha sido algo mayor que en la agricultura, lo que ha llevado su peso relativo en la ocupación global desde el 21,1% al 15,3% (también aquí encontramos diferencias sustanciales, como en la República Checa, donde la industria aportaba en 2016 el 29,1%, y en Polonia el 23,6%).

El contrapunto de esa evolución ha sido el sector servicios. Dentro de la UE, el número de personas ocupadas a lo largo del período considerado ha aumentado en casi 43 millones, cifra muy superior a los puestos de trabajo destruidos en los sectores primario y secundario. lo que supuso un aumento de más de diez puntos en su contribución a la totalidad del empleo, pasando desde el 63,2% en 1995 hasta el 73,9% en 2016.

Así pues, como se señalaba al comienzo, el sector servicios ha actuado como colchón amortiguador y como dinamizador del empleo (gráfico), absorbiendo el destruido, tanto en la agricultura como en la industria, y canalizando asimismo la demanda de empleo procedente de los jóvenes que cada año se incorporan al mercado de trabajo.

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Armas o puestos de trabajo. Un dilema inaceptable

Autor: Fernando Luengo

Otra Economía

“Producir y vender armas o más desempleo y menos ingresos en concepto de exportación”. Este es el dilema, en apariencia ineludible, al que nos enfrenta la dura y exigente realidad, a cuenta de los contratos de suministro de diferente material militar comprometidos por nuestro gobierno con el de Arabia Saudita.

Las grandes corporaciones y los lobbies empresariales que conforman la industria militar lo tienen claro (y no quieren ningún debate público al respecto): seguir, con la complicidad del poder político con el formidable negocio de la producción y venta de armamento. Para ello necesitan mercados, que estos grupos encuentran y alimentan en los numerosos conflictos militares, que sufren principalmente los países pobres, en los gobiernos represivos y en las redes que articulan el terrorismo internacional.

Es de sobra conocido, aunque no suficientemente denunciado, que estos mercados los sostienen -sin remilgos y sin escrúpulos– estos intereses; promoviendo y manteniendo guerras, comerciando con todas las partes en conflicto, suscribiendo contratos de aprovisionamiento con regímenes dictatoriales y eludiendo o ignorando todas las disposiciones internacionales.

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Poder sindical, huelgas y negociación colectiva en el País Vasco (1995 – 2017)

Autor: Lluís Rodríguez Algans

Pinceladas de Autogestión

A continuación reproduzco el resumen y presentación de la comunicación presentada con Jon Las Heras en el XI Congreso Vasco de Sociología y Ciencia Política el 6 de Septiembre de 2018 en Bilbao: Poder sindical, huelgas y negociación colectiva en el País Vasco (1995-2017)

Según Richard Hyman, la huelga es una de las mayores expresiones de conflicto entre trabajo y capital: el proceso productivo y comercial se detiene, se activa la presión económica y financiera hacia las empresas y tanto la parte trabajadora como la empresarial consolidan sus posiciones alrededor de unos intereses estructuralmente diferenciados en la confrontación y el eventual acuerdo colectivo.
A pesar de que en Euskadi se organizan prácticamente un tercio de las huelgas de todo el Estado español, la influencia que tienen las estrategias organizativas sindicales en las dinámicas de negociación colectiva y en el desarrollo de los conflictos laborales no han sido objeto de estudio desde una perspectiva de Economía Política del Trabajo.
Así, este estudio analiza una realidad histórica particular, y arguye cómo la política sindical y los recursos de infraestructura del sindicalismo mayoritario del País Vasco, a diferencia del sindicalismo español en la CAPV, derivan en una mayor capacidad potencial de confrontación y uso de la huelga cómo herramienta central para la negociación colectiva. Los recursos de infraestructura cómo son las personas asesoras sindicales, los gabinetes económicos y jurídicos y sobre todo la caja de resistencia confederal, definen los contornos de las organizaciones y poder sindical vasco en la negociación colectiva, y explican sustancialmente esa proporción de huelgas sobre población asalariada. El uso extensivo de la caja de resistencia con un subsidio diario de huelga superior al SMI para cada huelguista, refuerza el poder laboral y sindical, permitiendo introducir en los convenios vascos ‘cláusulas anti-reforma laboral’ y en su caso, llegar a mayores niveles de confrontación para la consecución de mejores contenidos cuantitativos y cualitativos de negociación colectiva.

La economía se arregla con tu sueldo – Economía Directa

Autor: Jose Luis Carretero Miramar

Nuevo programa de Economía Directa en la radio del Colectivo Burbuja con la participación de José Luís Carretero, miembro del ICEA.

Hoy hablamos sobre el contagio de la crisis que se desencadenó con el desplome de la lira turca y que está alcanzando países emergentes y no emergentes. También hablamos sobre la situación del trabajo y el mercado laboral español y sobre cómo la teoría clásica podría estar fallando al predecir subidas de salarios a partir de ciertos niveles de ocupación que, según los datos, no se están produciendo. Con José Luís Carretero y Jordi Llanos. Conduce Juan Carlos Barba.


Para escuchar el programa completo pulsa el siguiente link:

https://www.ivoox.com/economia-se-arregla-tu-sueldo-audios-mp3_rf_28282737_1.html

¿Fascismo en italia? Decreto dignidad

Autor: Hector Illueca Ballester, Julio Anguita y Manolo Monereo

Cuarto Poder

La aprobación del llamado “Decreto Dignidad” por parte del gobierno italiano ha provocado furibundas reacciones en diversos círculos políticos y empresariales. La multinacional alemana Foodora abandona Italia. Lejos de toda prudencia, las principales organizaciones patronales amenazan con despidos masivos. El día de su aprobación en el Senado, los representantes del Partido Demócrata exhibieron carteles en los que podía leerse #ByeBye lavoro (“Adiós trabajo”), lo que motivó que la presidenta de la cámara los llamara al orden. Periodistas a sueldo de las finanzas han emprendido una campaña sin precedentes contra el artífice de la norma, Luigi di Maio, el joven ministro de Trabajo y vicepresidente del país transalpino. Hasta los sindicatos han manifestado su oposición al Decreto, aunque en este caso por motivos muy distintos a los anteriores. Lo cierto es que el Decreto Dignidad ha abierto un intenso debate en la sociedad italiana sobre los parámetros que rigen las relaciones laborales y, más allá, sobre las políticas sociales y económicas aplicadas en Europa desde la aprobación del Tratado de Maastricht.

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Qué debe aprender la izquierda del conflicto del taxi

Autor: Alberto Garzon Espinosa

El Confidencial

Hace unos días, Rafa Mayoral, diputado de nuestro grupo parlamentario y miembro de la dirección de Podemos, fue recibido con aplausos en la multitudinaria asamblea que los taxistas habían convocado en Barcelona para decidir los siguientes pasos en el marco de la huelga. Una huelga que ha sido secundada ya en muchas otras ciudades de España. Mayoral, además, fue invitado a intervenir en la asamblea y sus palabras fueron suscritas íntegramente por los presentes. El diputado, de hecho, había sido vitoreado previamente en la asamblea nada más se supo que iba a acudir a la Ciudad Condal como muestra de apoyo y solidaridad. Todo ello refleja, a mi juicio, que detrás de estos fenómenos hay una experiencia compartida y un trabajo bien hecho y reconocido en defensa no solo de los taxistas, sino de los propios servicios públicos.

Para entender bien las causas inmediatas de esta disputa, debemos retrotraernos un mes, cuando el Ayuntamiento de Barcelona aprobó un reglamento, con la abstención de PP y Ciudadanos, que limitaba las licencias de vehículos de alquiler con conductor (VTC). Aquel hecho ocasionó que el Gobierno y la Comisión Nacional del Mercado de la Competencia (CNMC) recurrieran ante el Tribunal Superior de Justicia de Cataluña (TSJC), el cual ha acabado dándoles la razón. En consecuencia, en estos momentos, las empresas que comercian con VTC van ganando la batalla.

Estas grandes empresas, como Cabify o Uber, se han expandido enormemente en los últimos años como consecuencia de haber sabido aprovechar las licencias VTC, que ya existían previamente, por ejemplo para el uso de limusinas, como un negocio con el que competir con el sector del taxi. Como ya se ha denunciado, en realidad este nuevo nicho mercantil no es sino un espacio especulativo muy característico del capitalismo financiarizado. En primer lugar, estas grandes empresas utilizan una cuidada arquitectura financiera, que incluye el uso de paraísos fiscales, para eludir el pago de impuestos en España. En segundo lugar, aunque se disfraza con el eufemístico nombre de ‘economía colaborativa’, el negocio consiste en crear una red de conductores que han de poner su propio coche y asumir personalmente todos los riesgos laborales, y a los que conectan con los clientes que vayan solicitándolo a través de una aplicación móvil. En tercer lugar, todo lo anterior se recubre de una estética ‘cool’ y moderna que traslada un mensaje ideológico de libertad y flexibilidad para el cliente y para el trabajador. En suma, un negocio que precariza las relaciones laborales de un sector, el del transporte público, al mismo tiempo que funciona como palanca desamortizadora del Estado social en tanto que supone una notable merma de ingresos públicos. Hace tres años, el periodista Esteban Hernández ya avisaba de las amenazas de este modelo.

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