Economía Crítica y Crítica de la Economía

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Ocho razones para cuestionar la centralidad de la competitividad en la política económica

Autor: Fernando Luengo

Otra Economía

Primera

Colocar la competitividad en el epicentro de la política económica supone, por un lado, subordinar a la misma los otros planos de la economía. Imponer que las políticas públicas –por ejemplo, las relaciones laborales, las normas medioambientales, las estructuras tributarias o las regulaciones en materia de salud- se adapten a las exigencias competitivas. Por otro lado, se parte del supuesto –marcadamente ideológico y sin respaldo empírico- de que las ganancias superan a los costes, de que las economías rezagadas serán las mayores beneficiarias del proceso internacionalizador, de que los beneficios obtenidos irradiarán al conjunto de la economía y de que los perdedores encontrarán nuevas y mejores oportunidades con la intensificación de la competitividad.

Segunda

La lógica de la competitividad es la de “todos contra todos”, confiando de que de esa realidad surge un beneficio global. Se omite en este razonamiento que, precisamente, la competencia global, en un contexto de mercados crecientemente desregulados, está en el origen de la crisis. Y lo más importante, se ignora que la superación de la misma, la construcción de Otra Europa y, posiblemente, la propia supervivencia del capitalismo precisan la implementación de políticas cooperativas.

Tercera

El argumento de la competitividad apela, sin reservas, al crecimiento como motor de la actividad económica, crecer en el mercado interno y crecer asimismo en el mercado internacional. Dado que a esta receta se le supone validez universal, es, por lo tanto, aplicable a todas las economías. Se supone así –de manera explícita o no- que el planeta está en condiciones de soportar este modelo y que los problemas de sostenibilidad que provoca tienen solución con la aplicación de nuevas tecnologías. No se tiene en cuenta, por lo demás, que la naturaleza depredadora del actual sistema económico –tanto la manera de producir como la de consumir- nos ha situado desde hace tiempo en una encrucijada donde la lógica de las cantidades debe ser radicalmente cuestionada.

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¿Menos salarios equivalen a mayor competitividad-precio?

Autor: Paloma Villanueva

La Paradoja de Kaldor

Si el Gobierno respondiese a día de hoy a la pregunta que da título a este artículo lo tendría claro:

“Una adecuada coordinación de las reformas estructurales, que reduzca las divergencias de competitividad, ayudará a corregir los desequilibrios en la UEM y a absorber mejor las perturbaciones mediante una rápida reasignación de los factores productivos.”

Ministerio de Economía, Industria y Competitividad (2018), Posición española sobre el fortalecimiento de la UEM, abril 2018, p. 6

Y así se ha entendido en el resto de la Unión Monetaria.

Cuando se estudian en economía los desequilibrios que han llevado a la crisis global y financiera que comenzó en 2008, una de las causas que se detecta es la acumulación de elevados déficits y superávits de las balanzas por cuenta corriente de los Estados Miembro, provocada por las divergencias en la evolución de sus costes laborales unitarios. Siguiendo este razonamiento, los países de la periferia europea, entre ellos España, han adoptado políticas de devaluación interna (bajadas salariales) con el fin de recuperar esa competitividad-precio que perdieron tras la introducción del euro.

Habiendo la economía española registrado 4 años de crecimiento positivo con un superávit por cuenta corriente, cabría preguntarse si esta política económica ha sido la responsable de la corrección de dicho desequilibrio.

Mecanismos de la devaluación interna sobre el sector exterior

El mecanismo de corrección de dicha medida que se considera habitualmente en la literatura económica (el de la competitividad-precio de las exportaciones) es el siguiente. En tanto que costes para las empresas, una caída de los costes laborales unitarios (CLUs) habría supuesto una caída de los precios de exportación. Al tornarse nuestras exportaciones más baratas frente a nuestros competidores comerciales, las exportaciones habrían crecido por encima de las importaciones, reduciendo progresivamente el saldo negativo de nuestras exportaciones neta.

Sin embargo, para que el mecanismo arriba descrito tenga efecto es necesario el cumplimiento de una condición económica y, por otro lado, existen dos efectos más que se derivan de la caída de los salarios.

La condición a la que nos referimos es la condición Marshall-Lerner y establece que para que una devaluación externa (bajada del tipo de cambio) o bien una devaluación interna (bajada de los precios nacionales) sea efectiva la suma del valor absoluto de las elasticidades-precio de las exportaciones y las importaciones sea superior a la unidad. Así, si la condición se cumple el saldo exterior negativo de una economía se reducirá hasta tornarse en positivo.

Por otra parte, existen dos mecanismos más por los que una devaluación interna puede tener influencia en el reajuste del sector exterior.

  • El primero de ellos es el efecto de sustitución de importaciones; de tal forma que una caída de los CLUs además de trasladarse a los precios de las exportaciones, se trasladaría a los precios domésticos. Frente a este abaratamiento de los bienes y servicios nacionales en relación a los importados, los agentes económicos optarían por consumir más producción nacional, lo cual reduciría las importaciones.
  • El segundo de ellos se deriva del modelo Bhaduri-Marglin, que contempla el carácter dual de los salarios (efecto demanda). Éstos no sólo suponen un coste para las empresas, sino que también son la principal fuente de ingresos de los trabajadores y las trabajadoras. Por tanto, cambios en los CLUs, y en la cuota del trabajo, podrán aumentar o no las importaciones en función del régimen de demanda de la economía en cuestión. Si el régimen de demanda es wage-led; lo que quiere decir que el crecimiento de la economía está liderado por los salarios; una caída de la cuota salarial, deprimirá los componentes de la demanda agregada y afectará negativamente a las importaciones. Si, en cambio, el régimen de demanda es profit-led o dirigido por los beneficios, el efecto sería el contrario.

Evidencia empírica

En la siguiente figura (1), se observa cómo tanto CLUs, exportaciones y precio de la exportación han seguido tendencias totalmente dispares desde la introducción de la moneda común.

El período que abarca desde 4tr1999 hasta el estallido de la crisis; el que recoge la acumulación de la pérdida de competitividad-precio; se caracteriza por un crecimiento sostenido de las exportaciones reales, a pesar de que tanto precios de la exportación como CLUs relativos creciesen paralelamente. Una vez estalla la crisis, vemos cómo esas relaciones cambian, siguiendo cada variable una trayectoria distinta: mientras que los CLUs relativos caen, los precios relativos de las exportaciones se mantienen y las exportaciones reales recuperan su ritmo de crecimiento anterior, a excepción del 3tr2009 en que colapsó el comercio internacional.

1

En base a esta figura, resultaría difícil de sostener que las ganancias competitividad-precio derivadas de la caída de los CLUs, en tanto que no se transmiten a menores precios, hayan tenido un efecto sobre las exportaciones reales.

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Competitividad del “modelo alemán”

Autor: Fernando Luengo

Otra Economía

La contención salarial y los ajustes en las plantillas han proporcionado un plus competitivo a la economía de Alemania, que precisamente se caracteriza por tener un marcado perfil exportador.

En la industria manufacturera, el aumento de los salarios en los años de precrisis apenas superó el de los precios. Entretanto, el avance obtenido en la productividad fue sustancial, alimentado tanto por un rápido crecimiento del Producto Interior Bruto como por la caída del empleo. El resultado conjunto de la moderación salarial y la destrucción de puestos de trabajo en la industria manufacturera ha sido un sustancial retroceso en la participación de los salarios en el valor añadido por las manufacturas.

No hay que perder de vista, en todo caso, que el potencial exportador de la economía alemana se alimenta, sobre todo, de empresas y producciones de medio-alto y alto contenido tecnológico y en actividades de gama alta. Valgan como ejemplos el destacado papel de la industria de maquinaria y equipo de transporte, que aportó cerca de la mitad de todas las ventas al mundo (unos diez puntos porcentuales más que en nuestra economía), y el positivo papel de las industrias más sofisticadas en el saldo excedentario de la balanza comercial.

Tampoco hay que pasar por alto que las corporaciones alemanas han situado una parte importante de su cadena de creación de valor en las economías procedentes del mundo comunista, convertidas una parte de ellas en socios comunitarios. En estos países —cercanos geográficamente y bajo su esfera de influencia— la atracción de inversiones extranjeras directas y la integración en las redes globales de suministro han sido piezas claves de sus políticas económicas, orientadas a la modernización de las estructuras productivas y comerciales. Seguir leyendo…

THE POLITICAL ECONOMY OF CONTEMPORARY SPAIN. FROM MIRACLE TO MIRAGE (Routledge, 2018)

Autor: Luis Buendía, Ricardo Molero Simarro, Antonio Sanabria Martin, Bibiana Medialdea Garcia, Eduardo Garzón Espinosa, Javier Murillo, Juan Pablo Mateo Tomé, Lucia Vicent Valverde, Miguel Montanya Revuelto, Mariu Ruiz-Galvez Juzgado, Maria Jose Paz y Manuel Gracia Santos

We are very glad to announce the release of the collective book The Political Economy of Contemporary Spain. From Miracle to Mirage, written by a group of up to 12 Spanish economists and just published by Routledge in its “Frontiers of Political Economy” series.

It is available in both hardback and ebook:

https://www.routledge.com/The-Political-Economy-of-Contemporary-Spain-From-Miracle-to-Mirage/Buendia-Molero-Simarro/p/book/9781138305717

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Competitividad y política económica, en España y en Europa

Autor: Fernando Luengo

Otra Economía

Presentación en power point en el acto La economía española, entre la recuperación y la crisis Traficantes de sueños (22 de noviembre de 2017).

Economía española traficantes de sueños (noviembre 2017)

¿Bajar los salarios para aumentar la competitividad? NO

Autor: Fernando Luengo

Otra Economía

La reducción de los costes laborales está abriendo posibilidades de negocio a las empresas, fruto de la mejora en la competitividad-precio. No en vano el peso de los salarios en la renta nacional se ha reducido -acentuándose una larga tendencia, muy anterior al estallido de la crisis-, ganando importancia los beneficios. Pero, en mi opinión, una estrategia exportadora sostenida en la moderación salarial no sólo es inviable sino que también es contraproducente, por varias razones.

En primer lugar, los costes laborales representan una parte, significativa pero variable, de los costes totales que debe soportar la firma. Influyen, por supuesto, en el precio final de los bienes y servicios ofertados por las empresas, pero hay otros factores, tan decisivos o más relevantes aún, en su formación, que poco o nada tienen que ver con los salarios; por ejemplo, el consumo de energía, la adquisición de materias primas y bienes intermedios, el precio de los servicios contratados, los costes financieros, el grado de eficiencia de la gestión empresarial, la tecnología utilizada o la intensidad de capital de los procesos productivos… y también los márgenes de beneficio, determinados por las relaciones de poder y la configuración más o menos oligopólica de los mercados donde operan las empresas.

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El CETA y las mujeres: hay razones para oponerse

Autor: Lina Galvez

eldiario.es

El CETA es el acuerdo económico comercial global entre la Unión Europea y Canadá. Este acuerdo no pone énfasis en la bajada o anulación de aranceles sino en la apertura de nuevos mercados para las empresas globales (principalmente en el comercio de servicios y la contratación pública) y, sobre todo, en la cooperación reglamentaria y en la puesta en marcha de nuevas reglas de juego, incluyendo tribunales de arbitraje internacional para dirimir los litigios entre los inversores internacionales y los estados (ICS, Investment Court System).

Estos tribunales suponen una limitación de la soberanía nacional, y pueden intimidar o  incluso coaccionar a los estados para que no desarrollen  políticas que puedan ir en contra de los intereses de los inversores internacionales. Concretamente, el que está previsto en el CETA limita competencias y jurisdicción a los tribunales españoles y usurpa funciones judiciales estatales, a la vez que garantiza derechos a los inversores extranjeros que no están permitidos a la ciudadanía ni a los inversores nacionales en sus propios territorios. Por esa razón esta siendo criticado por diversas organizaciones de juristas, como la Asociación Europea de Magistrados. Y también debe serlo desde una perspectiva de género.

En este artículo quisiera dejar de lado otros efectos del CETA para centrarme en los que tiene sobre las mujeres y para ello creo que hay que contemplar tres cuestiones fundamentales: el por qué un tratado comercial afecta de manera diferenciada a mujeres y hombres; qué sabemos del efecto de género de otros tratados comerciales; y finalmente, cómo influye en concreto lo establecido en el CETA.

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La trampa del Tribunal de Justicia a propósito de los tratados de comercio

Autor: Adoracion Guaman y Gabriel Moreno Gonzalez

ctxt.es

La aprobación de tratados comerciales y de inversión con terceros países, como el CETA y TTIP, sigue provocando una sucesión de enfrentamientos y alianzas entre las instituciones de la Unión Europea. Por un lado, los Estados miembros persisten en la actitud de reservar algunas materias para decidir sobre ellas mientras que la Comisión intenta que sea la UE quien decida sobre la mayor parte de ellas. Esta pugna ha estado presente en cada una de las negociaciones de los tratados recientes (el acuerdo con Singapur o el CETA), y ahora se ha traducido en una gran preocupación política de cara a la negociación del Brexit y el futuro acuerdo comercial que regulará las relaciones comerciales entre la UE y el Reino Unido.

Una vez más, la polémica ha llegado al Tribunal de Justicia, que suele dar una de cal y otra de arena. El martes 16 de mayo, el máximo intérprete del Derecho de la UE emitió el esperado dictamen sobre el acuerdo UE-Singapur, en el que dirime la cuestión competencial. La decisión resulta trascendental para el futuro de algunas de las líneas maestras del proyecto europeo, incluyendo el Brexit.

Para desentrañar la compleja cuestión es necesario recordar que el problema reside, esencialmente, en saber si los numerosos ámbitos sobre los que inciden los nuevos tratados (CETA, TTIP…) pueden incluirse dentro de la política comercial, que es competencia exclusiva de la Unión, o afectan también a cuestiones que todavía son de competencia estatal. Es decir, si esos tratados se limitaran a lo puramente comercial, Bruselas podría aprobarlos sin contar con los Estados miembros. Sin embargo, como muchos colectivos de diferentes ámbitos han reivindicado y denunciado, esos tratados, llamados de “nueva generación”, desbordan lo comercial y se adentran de forma clara en espacios de decisión de los Estados y en competencias que, de acuerdo a sus sistemas constitucionales, les pertenecen. Dado que estos acuerdos incluyen materias como la regulación fitosanitaria, las relaciones laborales o la protección del medio ambiente, su aprobación debe realizarse en un doble nivel, estatal y europeo.

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Devaluación salarial y estrategia exportadora en la economía española

Autor: Fernando Luengo

Otra Economía

Las políticas de ajuste salarial se han justificado y aplicado con el objetivo de hacer a la economía española (y a las economías periféricas, en general) más competitiva. Con ellas se trataba de corregir a la baja la evolución alcista de los costes laborales unitarios (CLU), cuyo crecimiento en los años previos a la crisis –según el planteamiento del mainstream- estaría en el origen del continuo aumento del déficit de la balanza comercial. Este desequilibrio habría propiciado un desbordante aumento de la deuda externa, finalmente insostenible, que culminó en el crack financiero.

Las líneas que siguen pretenden desgranar algunas reflexiones críticas sobre la viabilidad de una estrategia económica que descansa en dos pilares básicos: la contención salarial y el dinamismo exportador.

Una de las grandes paradojas de la crisis actual es que, habiéndose incubado en los mercados financieros y teniendo entre sus causas más destacadas el prolongado estancamiento de los salarios y el aumento de la desigualdad, se pretenda resolver con políticas que protegen e incluso premian el negocio financiero y los grandes patrimonios y fortunas, haciendo recaer la carga del ajuste sobre los salarios; para ser más exactos sobre los trabajadores que perciben salarios medios y bajos, pues los directivos y ejecutivos, salvo raras excepciones, han mantenido o reforzado su privilegiado estatus.

Pero la devaluación interna –término utilizado para ocultar lo que no ha sido sino un sustancial recorte de los salarios- ha introducido a las economías que la han aplicado en un bucle recesivo. En una situación caracterizada por una notable caída de la inversión y el consumo, por un elevado endeudamiento de familias y empresas, por una apreciable reducción del gasto público, corriente, social y productivo, y por un aumento de los impuestos directos e indirectos que soportan las rentas medias y bajas…, en este escenario, presionar a la baja sobre los salarios tiene un efecto contractivo sobre la demanda agregada, lo que refuerza la amenaza deflacionista, muy presente en la actual coyuntura comunitaria. A la luz del retroceso experimentado por el PIB en los últimos años y del muy tenue crecimiento de este indicador en los últimos meses, la incidencia desfavorable sobre la demanda interna ha pesado más que el impacto potencialmente positivo sobre las exportaciones.

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El TTIP que viene: ni globalización ni proteccionismo, acumulación por desposesión

Autor: Adoracion Guaman y Gabriel Moreno Gonzalez

ctxt.es

Entre las muchas coincidencias que pueden encontrarse en el discurso electoral de Trump y Le Pen se encuentra el rechazo, al menos en el plano formal, de los Tratados de Libre Comercio de nueva generación y en concreto del TTIP y del CETA. Revestidos de una retórica calificada de “proteccionismo”, primero Trump en su campaña y ahora Le Pen han hecho suyo un discurso antitratados que ni parece que vaya a materializarse ni aporta ninguna alternativa en beneficio de las mayorías sociales.

Desde luego, es innegable que la llegada de la Administración Trump ha marcado un punto de inflexión en las relaciones comerciales entre la UE y Estados Unidos. Partiendo de esta afirmación, el interés radica en elucidar si la política comercial de Estados Unidos está dando un giro real o si la tan publicitada ruptura con el modelo anterior es un elemento más del discurso electoral/populista sin que exista un cambio real de modelo. El abandono del proceso de ratificación del Tratado Transpacífico, la paralización de las negociaciones del TTIP, la voluntad de renegociar el NAFTA han sido claros golpes de efecto destinados a mostrar un cambio de ruta del que aún no sabemos cuál es su alcance ni naturaleza exacta.

Lo cierto y verdad es que la contraposición entre “proteccionismo” y “globalización”, que tanto y tan bien explota la extrema derecha a ambos lados del Atlántico, no es una traslación automática de la lucha entre soberanía o democracia frente a neoliberalismo o libre mercado sin frenos. Aunque sea ese el relato del que Trump o Le Pen intentan aprovecharse, la dicotomía en el fondo es falsa, puesto que en ella subyace una similar estrategia de acumulación por desposesión, que se da tanto en el interior de los países que gobiernan o pretenden gobernar como en sus relaciones con el resto de regiones y Estados de la periferia.

La lectura del documento sobre la estrategia comercial de Trump, que se ha filtrado el pasado mes de marzo, nos da buena cuenta de ello. En el mismo se afirma que la nueva política significa un cambio “real” respecto de la sostenida por la Administración anterior (lo que en teoría “venden”), aunque un análisis pormenorizado de las propuestas revela el sostenimiento de una línea que nunca se ha perdido: América para los americanos, sí, pero fundamentalmente para algunos y contra la mayoría.

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El CETA destruirá puestos de trabajo (diga la Comisión Europea lo que diga)

Autor: Adoracion Guaman

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El pasado 27 marzo de 2017, la vicepresidenta del Gobierno remitió a la presidenta del Congreso la documentación relativa al Acuerdo Económico y Comercial Global entre Canadá y la Unión Europea y sus Estados miembros. Así, el CETA entraba en el Congreso de los Diputados para ser ratificado, tras su aprobación en el Parlamento Europeo y en el Consejo.

Una vez más, el Gobierno español se apresta a situarse en la vanguardia de los Estados miembros “cumplidores”. Seguimos así una senda claramente marcada por el no cuestionamiento de los designios de la UE: quisimos ser los primeros en votar a favor de aquella Constitución Europea fallida, en 2004; los primeros en reformar nuestra Constitución para limitar nuestra capacidad de endeudarnos y para dar prioridad al pago de la deuda, en 2011; los primeros, sin duda, en aplicar diligentemente y sin protestar las Recomendaciones por País de la UE traducidas en brutales reformas laborales, en 2012; y, de nuevo, los primeros en aprobar sin debate público y desde luego sin referéndum, el acuerdo comercial con Canadá que tantas reticencias está despertando entre los países vecinos, los sindicatos, los movimientos sociales y un cada vez más amplio abanico de partidos políticos. En esta ocasión, empero, se nos ha adelantado la República Checa.

Lo cierto es que el Gobierno del Partido Popular ha sido, desde el principio, un entusiasta de este acuerdo comercial. No le van a la zaga en el apoyo sin fisuras al CETA (y al TTIP) sus socios de Ciudadanos y el PSOE, los tres partidos conseguirán con sus votos la ratificación del acuerdo, escudados en un mantra que repiten sin cesar a modo de justificación absoluta: “el CETA, y en general el libre comercio, crea empleo”, más aún, incluso se atreven a decir que la liberalización del comercio va a generar, per se,una mejora de las condiciones laborales de los países implicados.

Se acoge así, a modo de acto de fe, uno de los principales argumentos que viene utilizando la Comisión Europea para defender el CETA. Un argumento por cierto nada novedoso, es el mismo que fue en su día utilizado por Clinton para defender el NAFTA (acuerdo entre Canadá, Estados Unidos y México), que esgrimió Obama para promover la negociación del TTIP y que, en términos generales, ha acompañado el argumentario de defensa de la creación de la enorme red de tratados de comercio e inversión hoy en día en vigor o en fase de negociación.

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¿Mejora del saldo de la balanza comercial? Una falacia

Autor: Fernando Luengo

Otra Economía

El déficit comercial que la economía española tenía con sus socios comunitarios en 2007 se ha reducido sustancialmente en 2015 ¿Qué hay en la trastienda de esta mejoría?

Mejora del saldo de la balanza comercial

Razones para oponerse al CETA más allá de las predicciones económicas

Autor: Adoracion Guaman

ctxt.es

En los últimos meses el debate acerca del CETA (Acuerdo Económico y Comercial Global entre la Unión Europea y Canadá) ha ido subiendo de tono. El creciente rechazo ciudadano, expresado en redes y calles, ha provocado una reacción desde el establishment en forma de amplias campañas de propaganda para impulsar una aprobación que está siendo todo menos pacífica. Tras un agrio debate en el seno del Consejo de la Unión –durante el enfrentamiento con la Región Valona–, y tras la aprobación del tratado por el Parlamento Europeo el 15 de febrero, en una sesión con una gran confrontación entre los parlamentarios y marcada por la crisis interna del grupo de los socialdemócratas, el CETA se enfrenta ya a su ratificación por los Estados miembros. Esta circunstancia no va a impedir que gran parte del acuerdo entre en vigor. De hecho, la aprobación por los Estados, un trámite obligatorio, ha sido “superada” temporalmente por el mecanismo de aplicación provisional que se pone en marcha tras el Sí del Parlamento Europeo.

En este escenario el tono de acusaciones entre defensores y detractores del tratado se ha endurecido de tal manera que muchos de los argumentos que esgrimen ambos bandos han perdido rigor. Tan inexacto es afirmar que “el CETA nos va a obligar a comer pollo lavado con cloro” como sostener que “el CETA va a asegurar que las pymes europeas accedan al mercado canadiense”; tan improbable es que el CETA provoque la privatización de la sanidad pública o la reducción de las pensiones, como que de su firma se derive la creación de empleos o la mejora de los derechos laborales. Ambas afirmaciones son hipérboles que buscan provocar una reacción del lector en contra o a favor del acuerdo. No obstante, no conviene poner al mismo nivel las probabilidades de que las predicciones se conviertan en realidad.

Muchas de las consecuencias negativas que se pronostican son ya una realidad. De hecho, la reducción de derechos sociales no sólo forma parte del propio ADN de la Unión Europea, sino que se ha convertido en una constante recomendación de la Comisión a los Estados miembros. En cambio, el crecimiento económico que se anuncia como principal logro del CETA es imposible de asegurar en esta fase de incertidumbre económica que atravesamos. Además, lo que demuestra la experiencia del conjunto de tratados de comercio anteriores es que, cuando hay crecimiento económico, los beneficios no se reparten a las mayorías sociales.

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El acuerdo con Singapur abre otro frente contra el CETA y el TTIP

Autor: Adoracion Guaman

ctxt.es

A lo largo de los dos últimos años, la política comercial de la Unión Europea ha pasado de ser un terreno desconocido para las mayorías sociales a convertirse en un espacio de debate y de batalla político-social entre los defensores del libre comercio y los que critican sus efectos nocivos sobre los derechos de las personas y el ambiente. En esta confrontación, que se ha reproducido tanto en las calles como en las instituciones, no sólo se han popularizado siglas como TTIP, CETA, TiSA o TPP, sino que determinados aspectos jurídicos, antes manejados casi en exclusiva por los especialistas en derecho de la UE, han comenzado a ser conocidos y debatidos en los medios, rompiendo la barrera técnica que genera (de manera evidentemente favorable a las élites) el complejo entramado jurídico que recubre las estructuras de la UE.

Esta modulación de la distancia entre derecho y gente, tan antigua como el propio oficio del jurista, se demuestra con la atención que suscita cada uno de los pronunciamientos, informes o debates que se publican respecto de los tratados comerciales. De hecho, este es uno de los grandes triunfos de las campañas ciudadanas contra estos acuerdos, la victoria ya no radica sólo la posibilidad de paralizar los mismos, sencillamente por haber colocado estos tratados en la agenda mediática podemos afirmar que ya han ganado una enorme batalla.

La última prueba de que la victoria está en el propio camino es el interés que ha despertado la Opinión de la Abogada General Eleanor Sharpston, publicada el 21 de diciembre. Probablemente dicho así no provoque ninguna curiosidad, sin embargo, si se explica que esta opinión dilucida el procedimiento que hay que seguir para aprobar el Acuerdo comercial entre la UE y Singapur y que la misma puede tener un efecto directo sobre la suerte del CETA (Acuerdo UE-Canadá) y de rebote sobre el TTIP (Acuerdo UE-EEUU, Trump mediante), la cosa ya cambia.

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La Teoría Monetaria Moderna contra la futilidad neomercantilista

Autor: Esteban Cruz Hidalgo y Stuart Medina Miltimore

http://blogs.publico.es/econonuestra/2016/11/11/la-teoria-monetaria-moderna-contra-la-futilidad-neomercantilista/

Una de las principales críticas hacia la Teoría Monetaria Moderna (en adelante TMM) es si sus propuestas políticas serían aplicables a economías abiertas o cuya divisa no desempeñe la función de moneda de reserva internacional. En oposición al posicionamiento a favor de la soberanía monetaria que la TMM defiende en función de su análisis sobre el dinero fiduciario, corrientemente se teme la vuelta a una moneda nacional; y es evidente por qué para países dependientes de la importación de alimentos y energía. La depreciación a la que la moneda se vería sujeta incrementaría los costes relativos de las importaciones e impartiría un sesgo inflacionario a la economía, que se vería agudizado por las expectativas de una mayor depreciación que se harían efectivas por el papel de la especulación contra la divisa nacional.

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Frente al TTIP, un otoño de luchas

Autor: Coral Martinez Erades y Mario Risquez Ramos

eldiario.es

En el primer capítulo de La Riqueza de las Naciones, escrito en una época en la que servicios públicos como el sistema de pensiones o la sanidad pública eran inconcebibles, Adam Smith, precursor y defensor de la teoría liberal sobre el comercio internacional, defendía el papel que debía asumir el Estado como garante de la defensa, justicia, obras e instituciones públicas, así como de aquellos “gastos de los soberanos” entre los que se incluían la educación y la cultura.

Tres siglos más tarde, en una Unión Europea dónde las grandes decisiones no se toman en el Parlamento Europeo, sino desde organismos que adolecen de un enorme déficit democrático –Comisión Europea, Banco Central Europeo o el Fondo Monetario Internacional-, y en una España donde se inyectan ingentes ayudas económicas a transnacionales en detrimento del bienestar de la mayoría de la población, cabría preguntarse sobre la posibilidad, no ya de una democracia participativa en la que podamos incidir sobre aspectos que afectan enormemente a nuestras vidas, sino de una democracia representativa en la que el principal regulador sea el Gobierno electo y no las grandes transnacionales que dominan el mercado.

Estos días se están llevando a cabo numerosas manifestaciones en todo el Estado para decir no al secuestro de la democracia representativa, no a la dilapidación de nuestras conquistas sociales, y, en definitiva, no al TTIP. El Acuerdo Transatlántico para el Comercio y la Inversión o TTIP (Transatlantic Trade and Investment Partnership) es un Tratado de Libre Comercio que con absoluto secretismo se está negociando entre las élites políticas de Estados Unidos (EEUU) y la Unión Europea (UE). El Acuerdo busca hacer compatibles un gran abanico de normativas actualmente vigentes en ambos lados del Atlántico, en aras de poder aumentar tanto la cantidad como la variedad de productos y servicios que se comercian entre EEUU y la UE. Todo ello en un contexto en el que la crisis financiera y económica que azota a occidente, junto al buen desempeño económico de otras potencias como China, debilita la posición de EEUU y la UE como las dos grandes potencias económicas en el mundo.

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No somos más competitivos bajando los salarios @Fluengoe

Autor: Fernando Luengo

Blog Otra Economía

Uno de los axiomas básicos que han justificado las políticas de represión salarial plantea que son necesarias para reforzar la competitividad externa.

En trazos gruesos, la lógica que sostiene esa afirmación puede resumirse así. Como los costes laborales son esenciales en la formación de los precios, su contención repercute positivamente sobre éstos, lo que sitúa a las empresas en mejores condiciones que sus rivales para colocar en el exterior los bienes y servicios que producen. El ajuste en los precios ofrece una ventaja competitiva que refuerza las capacidades exportadoras, traduciéndose en mayores cuotas de mercado

No somos más competitivos bajando los salarios

Alerta, que viene el CETA

Autor: Adoracion Guaman

ctxt.es

La negociación de la Asociación Transatlántica de Comercio e Inversión (TTIP) entre Estados Unidos y la Unión Europea está situando en el centro del debate jurídico y político la cuestión del contenido, alcance y repercusiones de los Tratados de Libre Comercio bilaterales o regionales. Aunque este tipo de tratados llevan ya un largo tiempo ocupando un lugar importante, no sólo como instrumentos de regulación del comercio sino como elementos fundamentales de la política exterior de la UE y de EEUU, los nuevos tratados en vías de negociación y en particular el TTIP y el CETA (Acuerdo Económico y Comercial Global UE-Canadá) tienen una serie de características fundamentales que los diferencian de los acuerdos anteriores. Así, la evidente importancia de los actores implicados, el volumen económico/comercial de las zonas de libre comercio que se pretende crear y la adición de nuevos contenidos de carácter regulatorio son factores que han provocado la revitalización del debate acerca de las implicaciones que la ratificación de estos acuerdos puede conllevar para las partes firmantes y muy en particular para los derechos sociales y laborales de sus poblaciones.

El momento en la negociación de ambos tratados es distinto. El TTIP está en plena discusión y las cosas se complican. Tras la última ronda y con las filtraciones de Greenpeace en la mano ha quedado claro que ambas partes mantienen posiciones enfrentadas en temas tan fundamentales como el grado de apertura de los mercados de contratación pública, el grado de rebaja de los aranceles del sector automovilístico, las denominaciones de origen o el propio sistema de resolución de controversias entre inversores y Estados. Además, el creciente clima de alarma social que se está generando en torno al TTIP hace más complejas las negociaciones y provoca una mayor tensión entre los Estados miembros, que se ven presionados por las diferentes campañas estatales y por la Comisión Europea.

Estamos por tanto en un momento en el que es posible afirmar que el futuro del TTIP pende en estos momentos de distintos hilos y uno de ellos es sin duda cómo se desarrolle el procedimiento de aprobación del CETA. El tratado entre Canadá y la UE se empezó a negociar en 2009 en Ottawa y el 26 de septiembre de 2014 concluyó su procedimiento de negociación. Posteriormente, el tratado ha pasado por una larga fase de revisión jurídica en la que, debido a circunstancias políticas vinculadas fundamentalmente al rechazo que ha levantado el TTIP, se ha vuelto a renegociar la parte de su articulado relativa al sistema de solución de controversias inversor-Estado. El pasado 29 de febrero ambas partes dieron por concluida esta revisión y cerraron definitivamente el texto. Según los negociadores, la prioridad en estos momentos es firmar el CETA este año y que entre en vigor en  2017.

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El TTIP, un debate impostergable @AdoracionGuaman para @TopoTabernario

Autor: Adoracion Guaman

El Topo Tabernario

«En estos momentos es imposible hablar de las relaciones exteriores de la UE sin referirse al TTIP». Así comenzaba la conferencia de apertura de un seminario sobre la política comercial de la UE, celebrado en el Colegio de Brujas y no es una afirmación exagerada. Aunque en la realidad española el TTIP no haya alcanzado todavía el debate público de manera amplia, la firma de este tratado puede tener repercusiones sobre el conjunto del derecho de la UE y de los Estados miembros.

Tratados de Nueva Generación
Alejado de los grandes temas de la política nacional, la negociación del TTIP que avanza de manera cada vez más acelerada, comenzó oficialmente el 17 de julio de 2013. Su finalidad primordial es, al menos sobre el papel, conseguir maximizar el comercio y la inversión entre la UE y Estados Unidos. Para ello, el documento enmarca los contenidos del tratado en tres grandes pilares: el acceso al mercado, la cooperación reguladora y el establecimiento de normas comunes de obligado cumplimiento entre ambas partes, incluyendo la protección a los inversores extranjeros y un mecanismo de solución de controversias inversor-Estado. Este amplio contenido ha justificado que el TTIP, al igual que el CETA (EU-Canadá Comprehensive Economic and Trade Agreement), sea bautizado como un «tratado de nueva generación» dado que estos tratados sobrepasan la finalidad típica de los acuerdos de comercio e inversión para enfocarse en un objetivo mayor, como es el control o la incidencia en los procesos de formación de las normas a ambos lados del Atlántico.

Es muy importante remarcar que el 26 de septiembre de 2014 terminaron las negociaciones del CETA y que su firma oficial está ya prevista para el mes de octubre de este año. Ambos tratados, CETA y TTIP, tienen una fisonomía similar y unos objetivos comunes, con distinto ámbito geográfico, lo que nos permite mediante la lectura del primero, conocer una buena parte del contenido del segundo, que sigue manteniéndose en condiciones de semiopacidad y que está en plena negociación. Seguir leyendo…

“Hay que renegociar el déficit y hacer una reforma tributaria” Entrevista en Radio Euskadi

Autor: Ricardo Molero Simarro

Entrevista en el Boulevard de Radio Euskadi sobre los límites de la recuperación, las posibilidades de una política económica alternativa, China y las implicaciones del TTIP.

Para escucharla pulsa aquí.

No al TTIP, ¿sí al comercio internacional?

Autor: Fernando Luengo

Blog de Econonuestra en Público.es

Lo han intentado, pero no lo han conseguido.

A pesar de que los negociadores de la Comisión Europea y del gobierno estadounidense han intentado mantener en secreto las negociaciones, el Acuerdo Transatlántico de Comercio e Inversiones, más conocido por el acrónico inglés TTIP, ha entrado con fuerza en la opinión pública. Gracias a Greenpeace, que ha filtrado documentos confidenciales del proceso negociador, los grandes medios de comunicación han llevado a sus portadas este asunto que, pese a su trascendental relevancia, había pasado hasta ahora casi de puntillas. Si bien, para ser justos, hay que decir que un buen número de plataformas y colectivos han realizado una tenaz tarea de informar y movilizar a la ciudadanía sobre las consecuencias de gran calado, para la economía y para nuestra vida, que, en caso de salir adelante, tendría el TTIP.

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La UE, la cooperación reguladora y el TTIP: “lo llaman democracia y no lo es”

Autor: Adoracion Guaman

eldiario.es

El 15 de Mayo de 2011 las calles de múltiples ciudades españolas comenzaron a llenarse de manifestantes congregados bajo el lema “lo llaman democracia y no lo es”, un grito que se convertiría en máxima del movimiento 15M y que cuestionaba el funcionamiento democrático de las instituciones españolas pero que no llegó a plantear, en aquel momento, una crítica directa al funcionamiento de la Unión Europea.

Conseguir elevar el reproche a este segundo nivel no era, ni es, nada fácil. En el imaginario de una buena parte de las mayorías sociales de este país, y a pesar de todo lo ocurrido en los últimos años, la Unión Europea sigue siendo un club al que se debe pertenecer. Los años de creación del mito de la Europa de la paz, del progreso, la democracia y de la modernidad han dado como fruto la construcción y calado de un relato común difícil de mover. Además, la narrativa de la UE como espacio de democracia en confrontación con la dictadura anterior ha sido alimentada por las instituciones españolas y europeas. Aun hoy, la propaganda institucional, de dudoso rigor histórico (y estético), lanzada para conmemorar los 30 años de pertenencia del Estado español a la UE, señala lo siguiente: “Detrás de la decisión de España de firmar el Tratado de Adhesión a las entonces Comunidades Europeas se adivinaban las ansias de un país por superar un pasado autoritario”. Incluso es posible encontrar entre las webs oficiales dirigidas a alentar el europeísmo entre la población española afirmaciones como esta: “Europa se reconstruye y en España la dictadura se abre a un nuevo gobierno que decide poner un pie en Europa. En 1962 Fernando María Castiella, ministro de Asuntos Exteriores, envía una carta al presidente del Consejo de la CEE solicitando la asociación de España”, con una curiosa interpretación de nuestra historia.

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La mitificación de la lucha obrera. Apuntes sobre la movilización anti-TTIP

Autor: Coral Martinez Erades

Blog de Econonuestra en Público.es

“El TTIP ha descarrilado por las protestas” titula un reciente artículo de Owen Jones, autor del libro Chavs: la demonización de la clase obrera. En primer lugar, que el Acuerdo Transatlántico de Comercio e Inversión haya descarrilado está aún por ver. La globalización de políticas neoliberales no tiene por qué ser debatida y aprobada para que se implemente. En segundo lugar, si el TTIP tiene pocos visos de ser firmado y ratificado es debido al rechazo que genera entre las élites económicas y políticas a ambos lados del Atlántico, cuyos intereses no siempre coinciden.

Respecto a estos intereses irreconciliables planteo la siguiente hipótesis: los principales escollos para la firma del Tratado nacen de las disputas por el poder, no por el dinero. Los compartimentos de poder y dinero rara vez son estancos pero existen diferencias importantes. Como afirma Frank Underwood, el protagonista de House of Cards: “Dinero es la gran mansión en Sarasota que empieza a caerse a pedazos pasados diez años. Poder es el viejo edificio de roca que resiste por siglos”. Es decir, las diferencias en cuanto a denominaciones de origen o industria farmacéutica pueden resolverse o provocar que las cláusulas que les atañen sean excluidas del Acuerdo. Sin embargo, difícilmente las élites europeas estarán dispuestas a ceder a transnacionales estadounidenses el poder que ejercen sobre los grandes medios de comunicación o sobre la industria cultural.

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El TTIP y el doble juego de los negociadores: lo que dicen y lo que no dicen los papeles filtrados por Greenpeace

Autor: Adoracion Guaman

eldiario.es

El TTIP ha dado el salto al tablero mediático. Por fin, después de años de apagón informativo, los grandes medios de comunicación españoles se han hecho eco de sus homólogos internacionales y prestan atención a lo que sin duda es el elemento fundamental de la vida política actual en la UE.

Son varios los factores que en las últimas semanas han colocado al TTIP en el foco de interés de los medios. En primer lugar, la entrada del presidente Obama en la campaña pro-TTIP con su visita a Hannover y sus esfuerzos por impulsar el tratado, en una alianza clara con Merkel. Esta visita se ha producido tras tras la finalización de las negociaciones y la firma del TPP (el Tratado Transpacífico que se rubricó en Nueva Zelanda el 4 de febrero). Ahora Estados Unidos ya tiene las manos libres para concentrar sus esfuerzos en el acuerdo con la Unión Europea y, como han venido haciendo en tratados anteriores, los norteamericanos están llevando al límite sus exigencias en las negociaciones. Así lo confirmaba el Presidente Obama al afirmar la semana pasada que “El tiempo para completar el TTIP es ahora” y que “Estados Unidos está preparado para hacer todos los esfuerzos necesarios para alcanzar un acuerdo ambicioso y amplio este año”. A la vista de los resultados recientes de las negociaciones, los esfuerzos que señala el Presidente se orientan a la consecución de los más elevados niveles de liberalización pero también al mantenimiento de grandes dosis de proteccionismo, en beneficio estadounidense, lo cual está provocando diversas tensiones que dificultan enormemente las negociaciones.

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[Vídeo] TTIP: las conquistas laborales en peligro

Autor: Jose Luis Carretero Miramar

Blog Peleando a la Contra

¿Supondrá el TTIP la creación de empleo? ¿Habrá reestructuración productiva con pérdidas en algunos sectores tras la firma de TTIP o CETA? ¿Supone un riesgo para los derechos laborales? ¿Afectará laboralmente de igual manera a hombres y mujeres? ¿Tienen los tratados comerciales incidencia sobre la conciliación en los hogares?
En esta sexta pieza documental sobre el TTIP, denominada “TTIP: las conquistas laborales en peligro” Carlos Crespo y Héctor Rojo analizan los efectos del TTIP en la creación de empleo, los derechos laborales y la conciliación en los hogares. El documental, de 15 minutos, presenta al TTIP y al CETA como los tratados que podrían destruir empleo, permitirían la pérdida de derechos laborales y dificultarían la conciliación.

Puedes descargar el vídeo, pinchando aquí.

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