Economía Crítica y Crítica de la Economía

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Convocatoria XVII Jornadas de Economía Crítica (JEC)- Santiago de Compostela 2020

Autor: ASOCIACION ECONOMIA CRITICA

XVII Jornadas de Economía Crítica:

Emergencias, transiciones y desigualdades socioeconómicas

Santiago de Compostela – 3 y 4 de septiembre de 2020

Las Jornadas de Economía Crítica son un espacio de encuentro abierto que se viene organizando desde hace tres décadas. En esta ocasión, tendrá lugar los días 3 y 4 de septiembre de 2020 en la Universidade de Santiago de Compostela (España), organizadas por la Asociación de Economía Crítica y la Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales de la citada Universidad.

En los últimos años, nos enfrentamos a múltiples retos que nos indican una situación altamente crítica para el futuro inmediato de la humanidad. Hacer frente a estos retos exige el diagnóstico de todas las emergencias que deben ser atendidas, además de la formulación de posibles caminos para transitar hacia un mundo en que dichos retos puedan ser superados y que, por otra parte, permitan reducir las desigualdades existentes a diferentes niveles. Por ello, las JEC constarán esta vez de tres plenarios y de las tradicionales sesiones de discusión donde se presentarán las comunicaciones, así como de espacios de diálogo de la economía con otras disciplinas, con el activismo y sobre el papel de la economía crítica en la educación (áreas transversales).

Entretanto, os animamos a enviar comunicaciones sobre los temas que tradicionalmente han sido objeto de atención en las JEC: enfoques teóricos de economía crítica, aspectos de la economía mundial, el mundo del trabajo, relaciones entre la economía y la naturaleza, economía feminista, sobre Estado de bienestar y protección social, políticas económicas, etc. En todo caso, serán bienvenidas todas las comunicaciones que analicen asuntos económicos de interés desde una perspectiva crítica. Asimismo, os animamos a realizar propuestas para las mencionadas áreas transversales.

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¿Hacia un nuevo Estado del bienestar dinamizador e inversor?: el nuevo riesgo social del cambio climático

Autor: Carlos Ochando

La Paradoja de Kaldor

Las propuestas de reforma del Estado del bienestar son casi tan antiguas como la existencia del propio Estado del bienestar. Casi desde su nacimiento, se viene hablando de la necesidad de aplicar reformas. Los argumentos son muy variados: la necesidad de sostenibilidad, la justicia y la equidad, el daño al crecimiento económico y la eficiencia, la adaptación a las nuevas necesidades y riesgos sociales, la falta de legitimidad y un largo etcétera que han servido para que el Estado del bienestar estuviera en el punto de mira de sus críticos. Este argumentario crítico ha alimentado reformas -más o menos profundas- del Estado del bienestar tal y como se empezó a construir después de la II Guerra Mundial.

Ahora bien, si bien el Estado del bienestar no se ha desmantelado -como proponía, desde finales de los años setenta, el pensamiento neoliberal y la Economía de la Oferta-, ni ha llegado a una crisis fiscal irresoluble como vaticinaban los autores marxistas, sí que, en los últimos años, está sufriendo una permanente reestructuración.

A las tradicionales argumentaciones teóricas, se suman los efectos de una larga crisis económica que comenzó en 2007-2008 y cuyas secuelas alcanzan hasta la actualidad. Este fenómeno no es novedoso. El debate sobre la necesidad de reformar el Estado del bienestar se acentúa en los periodos de crisis económica. Muchos analistas y expertos (tanto del mundo académico, político y mediático), cuando se produce una merma considerable de los recursos públicos disponibles -resultado de la propia crisis económica- cuestionan la viabilidad financiera, económica y política de los regímenes de protección social. Lo suelen hacer a partir de proyecciones demográficas y económicas con una alta probabilidad de error, ya que las variables utilizadas, sobre todo económicas, son altamente impredecibles y sujetas a una elevada incertidumbre.  La argumentación más extendida es que la crisis económica y la pirámide demográfica someten a cualquier Estado del bienestar a una presión financiera en forma de “tijera” (los ingresos públicos disminuyen mientras que los gastos públicos crecen). El resultado, desde esta perspectiva meramente contable, es la inviabilidad económica futura de los sistemas públicos sanitarios y de pensiones, pilares centrales del Estado del bienestar. Y es cierto que una crisis económica duradera y persistente, sí que puede reducir los recursos fiscales y sí que puede mermar a medio y largo plazo las bases de financiación de los gastos públicos sociales (al margen del cambio de las prioridades y preferencias políticas que puede ocasionar), pero este argumento nos parece extremadamente simple.

¿La supervivencia en el tiempo del Estado del bienestar significa que no son necesarias reformas? Evidentemente, la respuesta debería ser negativa. Como realidad institucional que es, requiere de cambios y reformas que lo adapten a las nuevas realidades sociales. Hacen falta reformas, pero no las que se han llevado a cabo que, únicamente, persiguen la moderación o reducción del gasto público social. La última crisis económica ha alimentado unas propuestas de reforma del Estado del bienestar cuyos objetivos finales han sido la reducción del gasto público, la deslegitimación de las políticas redistributivas, el recorte de los derechos sociales de ciudadanía, la reducción de la intensidad protectora y la disminución de la cobertura de las prestaciones sociales.

¿Y por qué creemos que hacen falta reformas? Primero porque el Estado del bienestar siempre ha sido una realidad institucional dinámica y cambiante. Y segundo, porque, en el momento actual, las transformaciones económicas y sociales se desarrollan a una velocidad de vértigo. En ese sentido, creemos que hay que adoptar reformas institucionales creativas e innovadoras que afronten los nuevos retos y desafíos de las nuevas realidades sociales y económicas. Estas recetas no pueden ser las que sirvieron en el pasado porque la realidad económica, política y social ha cambiado. Creemos que hay que hacer un esfuerzo de innovación social creativa que nos permita adaptar institucionalmente el Estado del bienestar a esta nueva realidad del siglo XXI. Pero esa revisión no debe pasar por su disminución, sino por todo lo contrario: por su universalización y profundización con fórmulas innovadoras, creativas y eficientes.

¿En qué puede estar basada esta nueva arquitectura del Estado del bienestar en el siglo XXI? Las nuevas acciones estratégicas del Estado del bienestar están justificadas por la aparición de los llamados “nuevos riesgos” y por una cierta incapacidad de la vieja arquitectura del Estado del bienestar tradicional en dar una respuesta eficaz e innovadora a los mismos. En este contexto de permanente reconfiguración del Estado del bienestar, algunos autores y analistas han repensado las líneas estratégicas de este “nuevo Estado del bienestar”. Su estructura institucional ha recibido diferentes denominaciones: “Estado de inversión social”, “Estado social activo”, “Estado social inversor”, “Tercera Vía” o, a veces y de manera simplificada, “Sociedad del bienestar”. Otros autores hablan de “Estado Dinamizador” con un nuevo “pilar de emancipación” (Mulas-Granados, C., 2010 : 60). En él se incluirían las respuestas a estas nuevas situaciones de vulnerabilidad y riesgos que el nuevo Estado del bienestar debería atender: familias monoparentales, la emancipación de los jóvenes, los problemas de integración laboral en la madurez (55 a 64 años), los parados de larga duración y en riesgo de exclusión, etc. En esta misma línea Aigenger y Leoni (2010 : 82) señalan tres piedras angulares de una estrategia de éxito: 1) flexibilidad gestionada y equilibrada; 2) prudencia fiscal más calidad del presupuesto y 3) inversión a futuro (investigación, educación, formación continua, tecnologías en TIC, biotecnología, etc.).

Este enfoque teórico conecta con la literatura económica y sociológica sobre la “pre-distribución” y de “la inversión social”.  Desde este marco teórico se defiende la necesidad de repensar la función social del Estado, rediseñándolo hacia un Estado del bienestar “preventivo”, “proactivo” que enfatice en la inversión en el capital humano y que haga frente a los “nuevos riesgos sociales” por medio de una mayor inversión social  (Zalakain y Barragué, 2017).

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Próximas actividades públicas del Área Ecosocial: 21 y 27 de noviembre // Extractivismo y España vaciada

Autor: FUHEM ECOSOCIAL

El área Ecosocial de FUHEM dos nuevos actos:

Debate sobre Extractivismo, megaproyectos y violencia
Jueves, 21 de noviembre a las 18.30 horas en Espacio Abierto FUHEM (Avda. de Portugal, nº 79 (posterior) de Madrid).

Intervendrán las activistas: Mariana Solórzano, indígena zapoteca, del Foro Permanente de Naciones Unidas para Cuestiones Indígenas y Josefa Sánchez, indígena zoque, investigadora de la UNAM.
Junto a ellas, habrá una fila cero formada por Jorge Riechmann, profesor de Filosofía Moral de la UAM; Alberto Matarán, profesor de Urbanística y Ordenación del Territorio, de la Universidad de Granada; y Adrián Almazán, Doctor en Filosofía y miembro del Grupo de Reflexión Autónomo La Torna.
Modera el debate Nuria del Viso, investigadora del Área Ecosocial de FUHEM.

Charla coloquio: España vaciada: claves para la transición
Miércoles, 27 de noviembre a las 18.30 horas en la librería Los pequeños seres, Ribera de Curtidores 37, Madrid.

Con motivo de la publicación del número 147 de la revista Papeles de Relaciones Ecosociales y Cambio Global, titulado Periferias. Nuevas geografías del malestar.
Intervendrán: Luis del Romero, profesor del departamento de Geografía de la Universidad de Valencia; Elisa Oteros, Investigadora en la cátedra de Agroecología y sistemas alimentarios de la Universidad de Vic; y José Luis Vivero Pol, especialista en Seguridad alimentaria en el Programa Mundial de Alimentos.
Modera la charla Monica Di Donato, investigadora del Área Ecosocial de FUHEM.

Sobre estos actos te ofrecemos más información en nuestra web y en nuestros canales de redes sociales en Twitter y Facebook, donde hemos creado sendos eventos desde los que puedes confirmar tu asistencia (aunque no es necesario), e invitar a tus contactos.

Jornadas #OtraEconomíaEstáEnMarcha 2019 (con becas para alumnado de fuera de Madrid) ¡Inscríbete y difunde!

Autor: ECONOMISTAS SIN FRONTERAS y Ricardo Molero Simarro

Economistas Sin Fronteras

El 16 de noviembre 2019, Economistas sin Fronteras junto a la UNED de Tudela,  organiza la sexta edición de las jornadas Otra Economía Está en Marcha, un espacio de encuentro, diálogo y debate entre personas que desde un enfoque crítico, apuestan por poner la economía al servicio de la sociedad y del planeta.

Este año la temática girará en torno a las formas alternativas de medir el desarrollo. Para ello contaremos con la presencia de José Manuel Naredo, economista y militante ecologista, que será quien abra las jornadas en la conferencia inaugural La taxonomía del Lucro.

Seguidamente tendrá lugar la presentación del Indice de Coherencia de Políticas para el Desarrollo Sostenible (ICPDS) 2019, una herramienta que mide, evalúa y compara el compromiso de los países con un desarrollo humano sostenible, justo y equitativo y que tiene como objetivo el ofrecer una alternativa a la hegemónica y limitada visión de los indicadores que habitualmente se usan para medir el progreso, especialmente el Producto Interior Bruto (PIB).

Contaremos también con 3 interesantes talleres "Más allá del PIB. Propuestas y experiencias sobre formas alternativas de medir".

INSCRÍBETE AQUÍ,

y si eres ESTUDIANTE UNIVERSITARI@ inscríbete AQUÍ.

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Economía ecológica y crítica de la economía política ante un capitalismo tanático

Autor: Daniel Albarracin

Viento Sur

Las razones para profundizar en un proyecto ecosocialista, internacionalista, solidario y feminista, radicalmente democrático, se afianzan. Tanto más cuanto una crisis civilizatoria se abre paso, fracturando gravemente las bases para una vida digna de ser vivida.

Posiblemente, el primer síntoma, ya en sí devastador para las condiciones de habitabilidad en gran parte del planeta, es la aceleración del caos climático. No corresponde hablar de cambio climático, como si fuera un hecho accidental o lineal, sino de fenómenos muy avanzados de disrupción en nuestra biosfera, causados por modos de producción crecentistas y fosilistas. Lo que está en discusión refiere a la velocidad de evolución, y las políticas y medidas que puedan mitigar su alcance. Quizá también cómo podemos contribuir a revertir o estabilizar algunos procesos, y adaptar nuestras sociedades a un clima inestable, adverso y complejo, que puede adoptar umbrales y tendencias climáticas muy diferentes a las conocidas por la humanidad. La expansión del sistema superindustrial fosilista, cuya depredación se intensifica bajo la lógica de la acumulación capitalista y la mercantilización de lo existente, se constata como causa motora de la radical alteración de las condiciones climáticas. Nos encontramos con un efecto invernadero comparable al existente en el Plioceno, fruto de la emisión masiva de gases 1/, con una biosfera degradada y contaminada con efectos de muy largo plazo, comprometiendo las formas de vida complejas.

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Lecciones del pasado sobre la lucha contra el calentamiento global

Autor: Juan Ruiz

ctxt.es (La Paradoja de Kaldor)

“Lo que estamos haciendo ahora al mundo…. con la adición de gases de efecto invernadero al aire a un ritmo sin precedentes… es nuevo en la vida de la Tierra. Es la humanidad y sus actividades las que están cambiando el medio ambiente de nuestro planeta de manera dañina y peligrosa.” “Todos sabemos que las actividades humanas están cambiando la atmósfera de manera inesperada y sin precedentes.” Ninguna de las citas pertenece al discurso de Greta Thunberg en la ONU. La primera data de 1989 y también fue pronunciada en un discurso en la Asamblea de Naciones Unidas, pero por Margaret Thatcher. La segunda es de Bush padre en 1990. Ambos líderes de la contrarrevolución conservadora fueron abiertamente conscientes de que el cambio climático podría llegar a ser uno de los grandes retos del planeta, y con ambas citas comienza el libro de Jeffrey Bennett A Global Warming Primer, donde explica de forma cercana cuestiones que hasta ahora han estado lejos de los programas académicos universitarios de las disciplinas enmarcadas en las Ciencias Sociales.

Podemos aceptar que las cuantificaciones que ofrecen los estudios sobre el cambio climático son imperfectas, pero no podemos ignorarlas. Más cuando todas apuntan en la misma dirección. Existe el consenso de que una economía compatible con un escenario de menos de 2°C necesita una reorientación rápida y masiva de las inversiones y que lo que hagamos en las dos próximas décadas determinará el grado de deterioro del planeta que heredarán las generaciones futuras. También existe consenso de que los desastres naturales afectarán a los que están en una situación geográfica más vulnerable y a quienes tienen menos recursos. En el caso de la Unión Europea la asimetría geográfica de los impactos hace que los Estados del sur sean los que se encuentren en una mayor situación de riesgo y por tanto quienes deberán experimentar un proceso más profundo de adaptación, pero el hecho de que los países más pobres sean los que están a mayor temperatura, más expuestos, menos preparados y con menos recursos hace que la situación sea todavía peor fuera de nuestras fronteras.

Según el Grupo Intergubernamental de expertos en cambio climático, habría que duplicar las inversiones anuales en energía renovable, multiplicar por cinco las inversiones en eficiencia energética y desinvertir anualmente unos 500.000 millones de dólares en fuentes de energía fósil durante próximos 20 años. Pero no se trata sólo de hacer inversiones. Antes hay que aceptar que el modo de vida occidental hace tiempo que no es compatible con un desarrollo sano del planeta. La estimación de los costes asociados al emprendimiento de acciones de adaptación es inferior a las pérdidas económicas esperadas por la reparación de los daños causados por el calentamiento global. La UE se arriesga a perder a final de siglo el equivalente al 1,9% de su Producto Interior Bruto. La zona  sur sufriría el mayor impacto, con pérdidas anuales de alrededor del 4% del PIB, si se llega al escenario de tres grados. Recientemente Alemania ha lanzado un programa de inversiones poco ambicioso y que dista de ser suficiente para resolver el problema de fondo. Mientras que los países periféricos, los más vulnerables dentro de la Unión, estaríamos condenados por la ortodoxia económica, que asume que no existe margen fiscal ni en un contexto de tipos de interés negativos.

El World Energy Outlook (WEO) de 2018 estima que es posible lograr un nivel similar de PIB en 2040 bajo 3 tipos escenarios distintos de crecimiento. En el gráfico se representan los 3 escenarios donde cada burbuja representa la cantidad de PIB con 3 niveles distintos de emisiones que son consecuencia de cambios en la demanda energética, resultado de un sistema más eficiente.

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Green New Deal: ¿keynesianismo “verde” o ruptura con el capitalismo?

Autor: Jose Luis Carretero Miramar

El Salto

Ya nadie niega la existencia de una fuerte contradicción entre el despliegue histórico real de la economía capitalista y el equilibrio del medio natural que sirve de soporte para la vida en nuestro planeta. Resulta imposible negar que el desarrollo del proceso de industrialización y mercantilización de las relaciones sociales, en el marco capitalista, llevado a cabo en los últimos siglos está empujando a una crisis ecológica que, en conjunción con otra serie de procesos paralelos e interdependientes —la creciente inestabilidad financiera y económica, la devastación cultural y social generada por el neoliberalismo, la tendencial ruptura del escenario geoestratégico que constituía el armazón de las relaciones entre el centro y la periferia del sistema, etc.— ha hecho emerger una serie de derivas caóticas que marcan el inicio de una crisis civilizacional, que pone en cuestión nuestra forma de vivir, producir y relacionarnos, entre nosotros y con el ecosistema del que formamos parte.

No podía ser de otra manera. El sistema capitalista es un sistema de clases, basado en el funcionamiento del supuesto “libre juego” de la competencia económica entre actores que tienen la posibilidad de explotar la fuerza de trabajo ajena, partiendo de la garantía de la propiedad privada de los medios de producción.

La competencia implica algo innegable: hay ganadores y perdedores. Y ser un perdedor en la sociedad del capital es algo realmente serio. La pobreza, la explotación, el sufrimiento, esperan al perdedor, despojado de los medios de producción y, muchas veces, incluso de los recursos imprescindibles para solventar sus necesidades básicas. Así que hay que procurar ganar. Seguir leyendo…

Reorientar la brújula

Autor: Nacho Álvarez Peralta y Jorge Uxo

El País

Ha llegado el momento de pasar de la efervescencia electoral al debate de fondo. ¿Qué grandes transformaciones económicas debemos impulsar en esta nueva legislatura?

Tano Santos y Jesús Fernández-Villaverde empujaban recientemente este debate. Algunos diagnósticos son compartidos: el nulo crecimiento de la productividad dificulta la convergencia con nuestros socios europeos, la complejidad tecnológica de nuestras exportaciones es limitada y nuestro sistema financiero está preocupantemente concentrado y poco capitalizado. Sin embargo, entre los desafíos que señalan nuestros colegas hay omisiones relevantes y debates pendientes.

En primer lugar, los economistas no podemos seguir olvidando por más tiempo la actual emergencia climática. Debemos situar en el centro de la agenda la descarbonización de nuestra economía, impulsando un programa de inversiones en energías renovables, rehabilitación inmobiliaria y movilidad eléctrica. Estas inversiones ayudarían además a sortear la desaceleración internacional, apuntalando la creación de buenos empleos.

En segundo lugar, este plan de inversiones verdes debe tener también un componente morado, que impulse infraestructuras sociales de las que carecemos y que son esenciales para avanzar en la igualdad de género. Universalizar la educación de cero a tres años, y desarrollar un verdadero sistema de dependencia, permitiría elevar la tasa de empleo de la economía y reducir la brecha salarial que sufren las mujeres.

Sorprende, en tercer lugar, que Santos y Fernández-Villaverde no hagan referencia en su artículo a la necesidad de reducir la desigualdad: ninguna transformación económica será social y políticamente sostenible si no camina de la mano de una mayor equidad. Los costes de vivir en sociedades tan desiguales están muy documentados: la desigualdad conlleva una insuficiencia estructural de demanda —con pérdidas de crecimiento potencial—, polarización política y desafección social. Contamos con instrumentos diversos, pero la profundidad del problema exige un planteamiento integral: por un lado, necesitamos cambios en las políticas de redistribución —con la articulación de un auténtico sistema de ingresos mínimos y una mayor progresividad fiscal. Pero, además, debemos transformar nuestro modelo de predistribución —con un reequilibrio de la negociación colectiva en el mercado laboral.

Esto nos lleva a un cuarto reto, que nuestros colegas tampoco mencionan: urge terminar con la precariedad, que dificulta los proyectos vitales de muchas personas y daña la productividad de nuestras empresas. La reforma laboral no ha corregido la altísima temporalidad que arrastramos desde antes de la crisis. De hecho, hoy la situación es aún peor: los contratos temporales duran 30 días menos que en 2008 y los indefinidos se han precarizado (el 40% no alcanza el año de duración).

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II ESCUELA DE VERANO DE ECONOMÍA CRÍTICA (1-3 de julio; UAM, Miraflores de la Sierra, Madrid)

Autor: ASOCIACION ECONOMIA CRITICA

Informamos de la celebración de la II Escuela de Verano de Economía Crítica que tendrá lugar en la Universidad Autónoma de Madrid (UAM) los días 1 a 3 de JULIO de 2019 (en la sede que tiene la UAM en Miraflores de la Sierra). Todo ello dentro de la cobertura de Cursos de Verano ofrecida por esta universidad.

Esta Escuela de Verano está organizada por la Asociación de Economía Crítica en colaboración con varias instituciones como la propia Universidad Autónoma de Madrid, la Fundación FUHEM, el Instituto de Estudios Fiscales y el Ayuntamiento de Madrid, y el tema central será: “Desigualdades y distribución de la renta: una mirada plural”.

Destinada principalmente a estudiantes de último año de grado y de postgrado, se pretende presentar y poner a dialogar sobre esta cuestión de la desigualdad a los diferentes enfoques teóricos y metodológicos distintos al enfoque económico convencional, como pueden ser la economía postkeynesiana, la economía ecológica, la economía marxista, o la economía feminista.

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La tenue línea roja. De economía roja, verde y violeta (Cuaderno de postcrisis: 17)

Autor: Albert Recio Andreu

Mientras Tanto

I

El feminismo y el ecologismo han emergido como movimientos con capacidad de movilización y discurso. Ambos contienen un importante componente igualitario, respecto a las desigualdades de género en un caso y respecto a las generaciones futuras en el otro. Ambos contienen importantes dosis de crítica al capitalismo real, a sus efectos; en un caso se denuncian desigualdades salariales, de jornada laboral total, de inadaptación de la vida laboral mercantil al resto de la experiencia vital, etc., y en el otro el impacto de la actividad económica convencional sobre el medio natural. Ambos plantean la necesidad de una importante reorganización de la vida social; aunque esto a menudo no está presente en las reivindicaciones más inmediatas, hay una conciencia creciente de la importancia, por una parte, de que se introduzcan cambios en la organización productiva que articulen de forma distinta la relación entre la vida mercantil y la no mercantil, y, por otra, de que se reorganice el modelo de producción y consumo hacia un marco sostenible. Ambos, al menos en sus versiones más elaboradas, contienen una dimensión universal, incluyen al conjunto de la población mundial, y en bastantes casos —más en el ecologismo— se es consciente de las desigualdades entre los estados y las sociedades que son parte esencial del problema. El crecimiento de la conciencia feminista y ecológica constituye por tanto un avance en la larga tradición igualitaria que ha conseguido alcanzar alguno de los logros más respetables de las sociedades humanas.

Lo llamativo de la coyuntura actual es que el ascenso del igualitarismo violeta y verde coincide en el tiempo con el declive del igualitarismo tradicional, sobre todo de su versión más elaborada, la tradición socialcomunista. Persiste el debate sobre las desigualdades; de hecho, se ha reavivado al calor de la crisis y de la aparición de numerosos estudios que muestran su crecimiento y su relevancia. Lo que no existe es un movimiento social potente, con discurso y propuestas, que plantee en serio una reordenación social. Hoy gran parte del debate sobre la pobreza está en manos de ONG que exigen medidas reformistas y denuncian su situación. Pero lo que ha desaparecido o menguado es un movimiento que base la reducción de la desigualdad en una reorganización social. Es más, las organizaciones sociales que más han encarnado estas demandas —los sindicatos— han dejado de ser reconocidas por muchos sectores al considerarlas organizaciones atadas al modelo dominante y, por tanto, incapacitadas para liderar la lucha contra la desigualdad. Seguir leyendo…

Chalecos rurales y verdes

Autor: Angel Calle Collado

eldiario.es

El siglo que atravesamos va a ser una sucesión de chalecos de distinto color manifestándose en las calles y, en el futuro, auto-organizando distintas formas de vida. El progresivo fin de una civilización petrolera irá poniendo sobre la mesa la cuestión de cómo vamos a comer y quién va a pagar los platos rotos. El creciente endeudamiento de los Estados hará más difícil sostener servicios públicos y políticas orientadas a la satisfacción de necesidades básicas. Sobre todo porque la ultraderecha productivista se ha apuntado al carro neoliberal y la socialdemocracia no viene precisamente de poner freno a la merma de derechos sociales y al aumento de una mercantilización globalizadora. Habrá chalecos amarillos, como en Francia, para decir que el mundo rural y las clases precarias no tienen por qué hacer frente a las subidas de impuestos y del precio de la gasolina. Surgirán también chalecos verdes al calor de de los aún jóvenes “Fridays for Future”.

De orientación verde y rural han sido los cerca de 100.000 “chalecos” que han desfilado el pasado domingo por Madrid, al clamor de “La Revuleta de la España Vaciada”. Cada vez son más palpables las dificultades de la pequeña ganadería y de la agricultura para competir con granjas intensivas y monocultivos, las facilidades administrativas para que la gran distribución se adueñe y arruine con sus bajos precios a estos pequeños productores, la renuencia de las administraciones públicas a mantener servicios básicos cuando la despoblación avanza (como el transporte o una escuela), la emigración y el distanciamiento juvenil de los proyectos que ya vienen empaquetados por el llamado “desarrollo rural” e impiden construir con autonomía local, entre otras cuestiones. Frente a las políticas que perpetúan “la España vaciada” se han convocado plataformas, algunas muy críticas con el desarrollismo y sus consecuencias, como Milana Bonita (Extremadura), “Teruel Existe”, la Asociación Española contra la Despoblación o la Federación Española de Entidades Locales Menores.

En el medio rural existen también otros chalecos pugnando por encontrar razones y horizontes para continuar viviendo en estas zonas. Chalecos marrones son aquellos que proclaman la necesidad de continuar sosteniendo lo insostenible: una economía catapultada por una energía fósil, unas políticas que hagan caso omiso del ocaso en la disponibilidad de materiales esenciales para una industria globalizada, la ilusión de que aún tenemos margen para olvidarnos del vuelco climático y de las consecuencias del avance de la desertificación. El jueves 24 de enero se manifestaban en la localidad cacereña de Navalmoral de la Mata más de 4.000 personas. Pedían la continuidad de la central nuclear de Almaraz, un motor de ingresos para la comarca. Su paraguas organizativo era la Plataforma Ciudadana Vida y entre sus lemas podíamos leer “Almaraz Sí – Vida sí”. Economías insostenibles reclamadas con argumentos de “vida”. Aunque distanciándose, a la vez, de un debate sobre el impostergable cierre de las centrales nucleares. Se trata de reacciones fruto de un estado de shock y de un futuro altamente incierto en el medio rural.

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New Deal verde, y morado

Autor: Nacho Álvarez Peralta

El Confidencial

Salimos de la crisis con una nueva sociedad en la que millones de personas han visto no solo cómo se erosionaban sus condiciones económicas y laborales, sino también cómo se quebraban su seguridad y sus expectativas vitales. Las políticas adoptadas durante la última década han llevado a que el crecimiento económico se desconecte del bienestar social, de forma que la mera creación de empleo ya no basta para proporcionar certezas y facilitar un proyecto de vida.

El contrato social está roto en nuestro país desde que las “reformas estructurales” de la Troika se lo llevaron por delante. Y construir uno nuevo, adaptado a las necesidades del siglo XXI, que recomponga nuestra sociedad y revitalice la condición de ciudadanía exigirá determinación para encarar las grandes transformaciones que necesitamos. Porque, como bien señala Antón Costas, los periodos no convencionales requieren de políticas no convencionales para restablecer la convivencia.

El nuevo contrato social que hay que poner en pie debe poner la vida en el centro de la política económica: crear empleo de calidad, garantizar la sostenibilidad ecológica, asegurar las expectativas de futuro y avanzar hacia un reparto igualitario del trabajo. Estos tienen que ser sus objetivos prioritarios.

Son muchas las voces –desde Thomas Piketty hasta la congresista demócrata Ocasio-Cortez– que hoy plantean la necesidad de un New Deal verde, y con razón. Luchar contra el cambio climático y evitar el calentamiento global es un desafío urgente e ineludible, si queremos preservar la vida en el planeta tal y como la conocemos.

Pero el New Deal que necesitamos para reconstruir el contrato social no solo es verde. También debe ser morado, porque solo escuchando el mensaje que el feminismo está poniendo sobre la mesa podremos avanzar en transformaciones que verdaderamente modernicen nuestra sociedad en beneficio de la mayoría social, garantizando horizontes de estabilidad y bienestar para quienes hoy viven con proyectos vitales cercenados.

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La violenta huella ecosocial que nos deja el extractivismo

Autor: FUHEM ECOSOCIAL

El extractivismo despliega un amplio abanico de consecuencias económicas, ecológicas, sociales y políticas sobre los territorios por los que se expande. El número 143 de la revista Papeles analiza un fenómeno que pone de manifiesto la creciente conflictividad ecosocial en el marco de una violencia estructural cada vez más explosiva.

Según explican los distintos artículos incluidos en este número de la revista PAPELES que edita FUHEM Ecosocial, el extractivismo despliega un amplio abanico de consecuencias económicas, ecológicas, sociales y políticas sobre los territorios por los que se expande. Tiene importantes consecuencias en el modelo de desarrollo económico porque profundiza el subdesarrollo y la condición periférica de los países como sucede con la expansión de los megaproyectos, con el único propósito de extraer y exportar grandes cantidades de recursos naturales en América Latina y África.

“Los picos de extracción de recursos energéticos y el cambio climático empujan a reconvertir el abastecimiento energético o hacia fuentes renovables, que tienden a apoyarse, a su vez en la extracción de materiales más pobres en energía útil, o en las sustancias más demandadas y elementos más escasos”, apuntan Óscar Carpintero, profesor de Economía Aplicada en la Universidad de Valladolid, y José Manuel Naredo, economista y estadístico.

A medida que los yacimientos de mejor localización y calidad se van agotando, la frontera extractiva avanza hacia yacimientos de menor calidad y localización más lejana que requieren mayores cantidades de energía, agua, procesamiento, etc.

Dimensión física de la economía mundial (Fuente: PIR, 2017)

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La ultraderecha: el voto productivista contra el mundo

Autor: Angel Calle Collado

eldiario.es

Me resisto a presentar el ascenso electoral de la ultraderecha como un síntoma o como una coyuntura. La irrupción de Vox, la elección de Bolsonaro o de Trump, el ímpetu racista de Salvini o de Orbán son más bien un oleaje producto de un mar de fondo. Una marea inhóspita que viene cobrando fuerza en las últimas décadas. La ultraderecha es un producto mediáticamente refinado por sectores neoliberales (empresariales, financieros, mediáticos) que han alzado su vuelo con alas muy conservadoras, comprometidas con la defensa de un orden y de unos privilegios.

Bolsonaro es hijo del grupo parlamentario de la BBB, como dicen por Brasil: bala, buey y biblia, correspondiendo a tres bancadas parlamentarias que se identifican con quienes medran a la sombra de la militarización del país, la defensora del agronegocio y la proveniente del sector evangélico. Vienen siendo mayoría en el Congreso brasileño. No dudaron en apoyar el golpe de Estado frente a Dilma Rousseff. En Brasil, como en otros lugares del mundo, esta ultraderecha se benefició de las promesas no cumplidas y las corruptelas no señaladas por una izquierda cómoda en la cogestión de grandes parcelas del neoliberalismo. Pero sobre todo adquirieron aire con los poderosos grupos mediáticos evangelistas y sus acólitos (Iglesia Universal del Reino de Dios, televisiones como Record TV, periódicos, canales en youtube) a los que bombardearon con su subpolítica de los memes: aquella que sólo caricaturiza y promueve el odio como fundamento político, siguiendo la doctrina Bannon.

De la misma manera, para entender a Trump hay que hablar de élites y de una cultura derechizante reconocida como la Alt-Right: publicaciones en internet como Breitbart, youtubers y canales volcados con la magnificación de sucesos de inseguridad y la propaganda racista, televisiones como Fox, etc. Compañías eléctricas, petroleras y automovilísticas vieron en Trump un camino contrario a Obama y directo para frenar directivas contra el cambio climático, otras que impidieran el control de emisiones tóxicas de sus centrales y prospecciones o que pusiera fin a los sobornos en países que dan el visto bueno a sus negativos impactos ambientales.

¿Y Vox? Crece alrededor de discursos racistas, denuncias contra la “ideología de género” o promesas de bajadas de impuestos para empresarios y grandes fortunas. Militancia que, como la de Ciudadanos, proviene de participantes y simpatizantes del ala dura del Partido Popular. Y del ala afortunada de este país, pues según encuesta realizada en Octubre pasado, sólo uno de cada ocho posibles votantes percibía más de 800 euros, mientras que los pueblos y barrios de renta más alta han sido caladero de votos para esta formación.

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Ciclo de cine foro #LaOtraActualidad: In the same Boat (Jueves 22 de noviembre, 19:30h, Cines Golem, Madrid)

Autor: ECONOMISTAS SIN FRONTERAS

La imagen puede contener: océano, cielo, exterior y agua

En esta tercera sesión del ciclo de cine foro “La Otra Actualidad” proyectamos el documental “In the same boat“, y acto seguido comenzará el debate: ”¿Nos salvará la tecnología del Cambio Climático? con los/as ponentes: Rudy Gnutti (director del documental), Charo Morán (Ecologistas en Acción), Xan López (Contra el Diluvio) y Samuel Martín-Sosa (Ecologistas en Acción.

Esta tercera sesión del ciclo de cine será el Jueves, 22 de noviembre y, como todas las sesiones, tendrá lugar en los cines Golem de Madrid (calle Martín de los Heros, 14) a las 19.30 horas. La entrada es gratuita, pues la actividad se enmarca en la semana del No Consumo.

¡Os esperamos!

Inés Marco: “El capitalisme és un sistema biocida”

Autor: Inés Marco Lafuente

Far de Sol. A La Fàbrica del Sol hem tingut l’oportunitat d’entrevistar l’Inés Marco, una activista ecofeminista que lluita contra el capitalisme heteropatriarcal.

Va fer 32 anys el passat agost, a l’illa de Lesvos (Grècia). Després de presenciar la vulneració sistemàtica de tots els drets de les persones refugiades exercides per la UE ha decidit anar-hi a viure durant un temps.

“Qualsevol proposta política que busqui posar la vida al centre, transitar cap a sistemes econòmics sostenibles ecològicament i socialment, ha de ser necessàriament anticapitalista.”

Quina és la teva trajectòria professional?

He estudiat Economia. L’any passat vaig acabar la meva tesi doctoral en Història Agrària. També he treballat com a investigadora i activista denunciant els impactes socioecològics del capitalisme hetereopatriarcal i colonial.

D’on sorgeix el teu interès per l’economia feminista?

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La negación de la vida y el sistema de mercado

Autor: Natalia Millan Acevedo

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Tradicionalmente la visión hegemónica en las ciencias sociales ha entendido que el crecimiento económico es el indicador básico de avance de las organizaciones humanas. Así, las concepciones relacionadas con el progreso, el crecimiento, la competitividad y la industrialización han sido los elementos claves sobre los que se estructuran las sociedades contemporáneas. De esta forma, el sistema económico ha puesto en el centro la acumulación de capital, privilegiando las actividades que se encuentran en el mercado y, por tanto, son susceptibles de ser monetizadas, evaluadas y retribuidas económicamente. El capitalismo propone, así, un sistema de crecimiento, producción y consumo sin límites, negando la esencia básica de la naturaleza planetaria y humana que es, por definición, limitada e interdependiente.

En el ámbito académico de los estudios del desarrollo, esta visión está, en teoría, ampliamente superada. En 1992, el Premio Nobel de Economía Amartya Sen establece que el desarrollo es libertad; libertad para que las personas puedan elegir libremente cómo vivir sus vidas. Las sociedades son más desarrolladas cuantas más capacidades cultiven en la ciudadanía y más opciones brinden las estructuras sociales para que las personas podamos elegir qué queremos ser. Sen plantea, así, que el desarrollo tiene una base material –dado que, sin las necesidades materiales cubiertas, las personas no son libres– y una base política y social. Cuanto más libres son las personas frente a las expectativas, creencias y prejuicios sociales, más opciones tienen para elegir libremente cómo vivir, cómo criar, a quién amar o en qué trabajar.

La visión de desarrollo humano de Sen se ha visto complementada con el concepto de sostenibilidad. Teniendo en cuenta que en el ámbito académico existe también cierto consenso sobre la insostenibilidad del sistema de producción y consumo hegemónico, parece claro que es necesario establecer una relación diferente con la naturaleza y los recursos naturales. Así, el concepto tradicional de sostenibilidad supone que “el desarrollo debería satisfacer nuestras necesidades actuales sin mermar las posibilidades de que las generaciones futuras satisfagan las suyas”.

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IV EDICIÓN CURSO Bienes Comunes y Economías Sustentables

Autor: Angel Calle Collado

Desde COMUNARIA.net, red de personas ligadas a organizaciones académicas y sociales, lanzamos la cuarta edición de este curso semipresencial que se realiza en la UNIA Universidad Internacional de Andalucía. Para Latinoamérica puede realizarse a distancia.

En él reflexionamos sobre cómo construir economías desde abajo, más allá del Mercado y del Estado, con bases en una democratización radical de nuestras sociedades. Las economías sociales y solidarias, la economía feminista y la perspectiva ecológica de la economía forman parte de nuestra mirada crítica. Mirada que se entrecruzará con experiencias de estos nuevos comunes, con inspiración en comunales clásicos y el cooperativismo transforamador.

WEB

https://www.unia.es/oferta-academica/congresos-jornadas-encuentros-y-otras-actividades-formativas/oferta/item/bienes-comunes-y-economias-sustentables-de-la-economia-solidaria-a-la-transicion-socioambiental

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Unos nuevos comunales para el campo

Autor: Jose Luis Carretero Miramar

El Salto

Pese a los impactantes episodios represivos de estas últimas semanas no está mal dedicarle algún tiempo a la ensayística de fondo, la que te hace crecer intelectualmente, la que te genera preguntas y te obliga a investigaciones propias. En mis manos ha caído un libro de ese tipo. Corto, vibrante, pero con mucha miga. Se trata de La defensa de los comunales de César Roa Llamazares, publicado por Catarata.

El libro es un texto serio, riguroso, breve y directo. Combina la erudición y la bonhomía que acompañan a César allí donde va. Y, sobre todo, nos obliga a plantearnos elementos centrales de nuestra comprensión clásica del mundo rural desde una perspectiva fundamentada y no acríticamente idealizadora.

El hilo conductor del libro son las resistencias opuestas en el siglo XIX a la destrucción de los regímenes de propiedad rural comunal en todo el mundo. La emergencia de determinadas líneas políticas y sociales vinculadas con el llamado “populismo agrario”, representado por figuras como Henry George, Herzen o Joaquín Costa que enfrentaron, de manera dispersa pero decidida, el proceso de expolio de los comunales, una forma de gestión colectiva de determinados recursos rurales que se habían convertido, en el previo escenario del Antiguo Régimen, en elementos estratégicos para la supervivencia de las comunidades campesinas.

El proceso de los enclosures (el cercamiento de las tierras en manos de la producción familiar de subsistencia junto al expolio acelerado de los comunales) dio lugar al éxodo rural en dirección a las ciudades que garantizó en estas la mano de obra jurídicamente libre y hambrienta que permitió, junto al creciente excedente agrícola y comercial dispuesto a ser invertido, el nacimiento del modo de producción capitalista. Este proceso vino acompañado, en el Estado Español, de las llamadas desamortizaciones, que pusieron masivamente la tierra y los recursos de las comunidades aldeanas en manos de algunos elementos de la naciente clase burguesa, así como de las familias aristocráticas.

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¿Se puede sobrevivir al fin del petróleo? Debate en torno a “Opción cero”

Autor: FUHEM ECOSOCIAL

Con motivo de la publicación del libro Opción Cero, FUHEM Ecosocial,  en colaboración con Traficantes de Sueños, organiza el debate titulado “Una revolución ecológica: lo que CASI ocurrió en Cuba”, el próximo 17 de marzo en la librería madrileña.

¿Cómo puede afectar una caída del PIB del 36% en apenas dos años? ¿Cuánto daña a una economía una pérdida del 85% en el comercio exterior? ¿Y pasar de un consumo de 14 millones de toneladas de petróleo a 7 millones en apenas cuatro años?

La grave coyuntura que sufrió Cuba a principios de los 90 tras la caída de la Unión Soviética, cuando en cuatro años su deuda externa pasó de 2.800 millones a 6.170, volviéndose impagable, al igual que en otros países de América Latina, dio lugar a la conocida como Opción Cero, expresión con la que se denominó al escenario más extremo con los que trabajaba el Gobierno cubano durante los meses previos a la caída del bloque comunista y que derivó en una transición forzosa.

Los paquetes de medidas de ahorro y contención se sucedieron parejos al agravamiento de la situación económica. El patrón en todos los casos fue similar: se buscó ahorrar combustible reduciendo el transporte y forzando el descenso del consumo eléctrico; la escasez de materiales fue compensada con la disminución de la producción, lo que en muchos casos llegó a la paralización parcial o el cierre total de actividades económicas; los déficits en comida se gestionaron mediante un racionamiento alimentario más severo. La respuesta del Estado cubano a la debacle de la movilidad fue la importación de más de un millón de bicicletas, de las cuales 730.000 fueron destinadas a La Habana.

Con sus luces y sombras, la experiencia cubana constituye indudablemente un banco de pruebas para una transición ecosocial en la búsqueda de una convergencia entre sostenibilidad y postcapitalismo. “Otro mundo no solo es posible, como afirmaba el eslogan altermundialista. Otro mundo, en esencia, es inevitable”, apunta Emilio Santiago Muiño, autor del libro “Opción Cero”, coeditado por FUHEM Ecosocial y Los Libros de la Catarata.

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Nuestro planeta está amenazado

Autor: Alberto Garzon Espinosa

Pijus Economicus

Se ha filtrado el borrador del próximo informe del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático –IPCC, por sus siglas en inglés. Es desalentador, pero no sorprendente. Advierte de que si no somos capaces de limitar el crecimiento de la temperatura media mundial a 1,5 grados –sobre el nivel preindustrial- las consecuencias serán aún más desastrosas: un 10% más de días con temperaturas extremas, un incremento del 50% del estrés hídrico –que se da cuando se demanda más agua de la que hay disponible-, la desaparición del hielo en el ártico, la migración de 100 millones de personas y la desaparición de corales en los océanos. En suma, la actividad económica del ser humano está destruyendo los ecosistemas. ¿La solución propuesta? Un cambio profundo en el modelo de producción y consumo de energía, con el horizonte de un 100% de energías renovables para 2060. El borrador del IPCC puede cambiar, pero va en la línea de lo esperado. O somos capaces de reaccionar, yendo a la raíz de los problemas, o el planeta dejará de existir tal y como lo conocemos.

RADIOGRAFÍAS DE LA RECUPERACIÓN (IV): Por qué el nuevo crecimiento tiene que ser verde y morado, y cómo conseguirlo

Autor: Nacho Álvarez Peralta y Jorge Uxo

ctxt.es

Una idea esencial de los artículos anteriores de esta serie es que España crece, sí, pero sin resolver los problemas sociales y económicos que condicionan el futuro de la mayoría. Buena parte del nuevo empleo es muy precario, temporal y con bajos salarios. El resultado de esto, y de que no se hayan revertido los recortes al Estado de Bienestar, es que se ha cronificado un insoportable nivel de desigualdad. Así, crecimiento económico y progreso social son fenómenos que en este momento parecen conjugarse en tiempos distintos: la “recuperación” tiene un carácter ciertamente regresivo y ya no garantiza la mejora de las condiciones de vida de la mayoría social del país.

Es necesario, por tanto, no sólo asegurar que el crecimiento se mantiene, sino también transformarlo. Sabemos además que las “reformas estructurales orientadas al mercado” no han propiciado un cambio productivo: siguen predominando los sectores de contenido tecnológico medio, e incluso medio-bajo; la actividad está creciendo sobre todo en sectores tradicionales como la hostelería, el turismo, el comercio minorista y la actividad inmobiliaria; y la mejora de la balanza externa no responde tanto a un avance en la capacidad de penetración de las exportaciones españolas como al abaratamiento de la factura energética importada.

Apuntalar y, simultáneamente, transformar el crecimiento de nuestra economía exige una estrategia industrial más audaz y proactiva que, involucrando al sector público junto al sector privado, sea capaz de fijar prioridades sobre qué sectores pueden servir de palanca para esa transformación, y poner en marcha medidas para impulsar su desarrollo. En concreto, nos parece que España requiere una estrategia que impulse un crecimiento sostenible en términos medioambientales (verde), que asegure la igualdad de género (morado), y que mejore la productividad a través del desarrollo del proceso de digitalización. Consagramos el resto del artículo a perfilar los dos primeros vectores, y dejamos el tercero para el siguiente artículo.

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La batalla por la alimentación justa y sostenible en la revista PAPELES de FUHEM Ecosocial

Autor: FUHEM ECOSOCIAL

FUHEM Ecosocial publica en el número 139 de la revista PAPELES un monográfico sobre la alimentación, un ámbito donde se interrelacionan el poder corporativo global, la salud humana, las injusticias sociales, las desigualdades territoriales, el cambio climático o las iniciativas transformadoras.

Desde marzo de 2009 los precios de los alimentos se comportan como un activo financiero más. Los mercados han tomado el control de las materias primas alimentarias haciendo rentable provocar hambre en las familias más pobres de los países del sur. El sistema agroalimentario globalizado es indefendible tanto por los impactos ecológicos, socioeconómicos y culturales que genera, como por su alta vulnerabilidad en un contexto de crisis de las energías fósiles y cambio climático.

A pesar de que el campesinado produce cerca del 80% de los alimentos mundiales apenas tiene relevancia en el modelo agroindustrial globalizado donde las grandes cadenas de distribución de alimentos controlan, a su vez, cerca del 80% del mercado. Tres empresas (Bayer, ChemChina y Dupont-Dow), dominan tres cuartas partes de los mercados de semillas y agrotóxicos). ”Esta pérdida de control del campesinado sobre las semillas supone un menoscabo considerable a la soberanía alimentaria de los pueblos en la medida que se incrementa la dependencia del capital transnacional”, apunta en el artículo Las crisis alimentarias y el fin de la era de los alimentos baratosSantiago Álvarez Cantalapiedra, director de FUHEM Ecosocial.

En la producción afrontamos una crisis en la disponibilidad, que no pasa por la cantidad de alimentos, sino por su calidad y por la sostenibilidad de su producción. En la distribución, es una crisis de equidad porque los alimentos no van donde se necesitan, sino donde se pueden pagar. El derecho a la alimentación aún sigue siendo papel mojado desde 1948, tal y como apunta Patricia Aguirre en “Hoy comemos para morir, pero podemos comer para vivir”.

En la otra cara de la moneda está el despilfarro alimentario, como recogen las investigadoras de la Fundación ENT, María Mestre y Verónica Martínez en “Desperdicio alimentario, análisis de una problemática poliédrica”. Porque son más de 1.300 millones de toneladas de alimentos las que se pierden a lo largo de toda la cadena alimentaria con un coste económico equivalente al PIB de Suiza (750.000 millones de dólares). Por su parte, España, con 7,7 millones de toneladas colabora con un 0,7% al desperdicio mundial de alimentos.

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¿La crisis ecológica llama a la puerta? (Cuaderno de postcrisis: 2)

Autor: Albert Recio Andreu

Mientras Tanto

Hace tiempo que los ecologistas, incluidos los economistas ecológicos, llaman la atención sobre los problemas que pueden derivarse de la crisis ecológica. Pero aunque estos avisos han empezado a ser tomados en cuenta, su influencia en el diseño de la política económica es prácticamente nula. Es incluso dudoso que los problemas ecológicos hayan tenido una incidencia crucial, ni siquiera importante, en el desencadenamiento de la última crisis económica. El capitalismo tiene suficientes factores desequilibrantes para experimentar crisis recurrentes sin que los problemas ambientales tengan una influencia decisiva. Lo que no significa que los problemas ecológicos no puedan acabar sumándose a los elementos desestabilizadores de la dinámica capitalista.

Lo que es evidente es que la base de toda actividad productiva es la naturaleza; que no hay actividad económica, ni vida humana, sin la base material que proviene de la naturaleza, y que, por tanto, los límites naturales del planeta constituyen un elemento incompatible con cualquier lógica económica de crecimiento sostenido. Hay diferentes tipos de interacción entre la actividad económica humana y la naturaleza que pueden causar problemas. Destaco los que me parecen más relevantes. En primer lugar, la existencia de algunos recursos naturales que están dados en cantidades fijas y que pueden agotarse; este es el problema de los minerales. Su extracción creciente puede poner límites a la actividad económica si no es posible sustituirlos por otros productos diferentes, aunque hay que esperar que una explotación acelerada pueda acercarnos a alguno de estos límites. En segundo lugar, las especies vivas (animales y plantas), que se reproducen y es posible consumir siempre que se tengan en cuenta sus tasas de reproducción. De hecho, sobre este principio se ha basado siempre la agricultura. Pero la cuestión puede desembocar en graves problemas de forma directa si no se respeta la tasa de reproducción —el caso típico es el de la sobrepesca— o de forma indirecta si la eliminación por causas diversas de algunas especies afecta a la reproducción de otras —es lo que ocurre, por ejemplo, con la desaparición de especies que desempeñan un papel crucial en los ciclos de reproducción de otras, como en el caso de las abejas y su relación con la polinización de plantas—. En tercer lugar, está la alteración de los procesos químicos naturales por la acción de la actividad productiva. Las variantes son numerosas y están relacionadas con los subproductos que generan muchas actividades humanas; los residuos contaminantes (básicamente debidos a la generación de residuos, de productos que no existen en la naturaleza y que esta es incapaz de reciclar) y la generación de CO2 (un elemento existente en la naturaleza pero que generamos en proporciones excesivas) son dos ejemplos de libro. Y, en cuarto lugar, las limitaciones espaciales. Las dimensiones del planeta son las que son y, además, el espacio no es homogéneo. El crecimiento de muchas actividades humanas genera colapsos y la transformación del espacio afecta a muchos ciclos naturales de todo tipo.

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Nueva política económica y cambio climático

Autor: Nacho Álvarez Peralta

(Artículo publicado en El Siglo de Europa)

La economía española presenta hoy enormes retos. La recuperación económica está consolidando un perfil de crecimiento muy preocupante: es cierto, la economía crece y lo hace a una tasa que duplica el crecimiento en la Eurozona, pero este crecimiento viene de la mano de una creación de empleo de muy mala calidad, que generaliza la precariedad, los contratos temporales y los bajos salarios. El 29% de la población vive en riesgo de pobreza o exclusión social. Además, la recuperación está apuntalando nuevamente una especialización basada en sectores de baja productividad (hostelería, turismo, actividades inmobiliarias), y se mantiene nuestra tradicional dependencia de las importaciones de combustibles fósiles.

Estos son enormes desafíos para la política económica en nuestro país. Pero hay uno todavía mayor: el cambio climático. Tradicionalmente los economistas han analizado las diferentes alternativas de política económica sin hacerse cargo de las restricciones ecológicas existentes en la biosfera. Hoy ya no es posible pensar la política fiscal, distributiva o industrial sin considerar simultáneamente la urgencia global por reducir drásticamente las emisiones de gases de efecto invernadero. De poco servirá crear empleo de calidad, reducir las desigualdades o mejorar la especialización productiva de nuestra economía, si esto no contribuye a afrontar el mayor desafío que tenemos delante: frenar el calentamiento global para evitar la catástrofe medioambiental.

Esto no sólo obliga a pensar en las implicaciones medioambientales de las políticas económicas propuestas (para evitar tirarnos piedras en nuestro propio tejado). También exige trasversalizar el objetivo de reducción de emisiones al conjunto de políticas económicas diseñadas.

Así, por ejemplo, el fin de la austeridad fiscal debe ponerse al servicio de la transición energética y de la modernización de nuestro tejido productivo. La inversión pública –hoy 30.000 millones de euros inferior a la de 2009– debe servir para impulsar el desarrollo de las energías renovables en nuestro país, para estimular la electrificación del parque automovilístico y favorecer el transporte colectivo, y para desarrollar profundas reformas inmobiliarias que mejoren la eficiencia energética de nuestros edificios e instalaciones. De acuerdo al estudio realizado por el conocido economista Robert Pollin (Un programa equitativo de inversión en energías limpias para España), un plan de inversión de estas características equivalente al 1,5% del PIB, sostenido durante los próximos años, podría crear 400.000 empleos de calidad, reducir un 80% el consumo de combustibles fósiles y disminuir las emisiones de CO2 hasta un 75%.

Una nueva política económica debe contribuir igualmente a desplazar la especialización de nuestro tejido productivo hacia actividades menos intensivas en el consumo de energía y materiales, como son la economía de los cuidados y los servicios personales (dependencia, o atención a la infancia).

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