Economía Crítica y Crítica de la Economía

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En busca del arca perdida: la productividad en la era digital

Autor: Luis Cardenas

ctxt.es (La Paradoja de Kaldor)

En la actualidad existe un gran debate sobre los efectos del proceso de digitalización de la economía, el cual consiste en fomentar la “interconectividad” de las actividades de producción y distribución como resultado del abaratamiento de las tecnologías que obtienen y procesan información. Esto permite tanto automatizar en mayor medida la producción de bienes físicos como poder procesar grandes volúmenes de datos. La principal novedad consiste en la extensión de estas tecnologías a sectores que tradicionalmente habían sido intensivos en mano de obra.

Esta nueva oleada tecnológica promete incrementar la productividad en su sector de origen (la producción de Tecnologías de la Información y la Comunicación o TICs), pero, al generalizarse, puede mejorar también la productividad del resto de sectores (mediante efectos escala, aglomeración, desbordamiento, aparición de nuevos productos y mercados, etc.).

A pesar de estos posibles efectos, no deja de ser llamativo que una parte de la literatura económica actual se muestre preocupada por el “estancamiento secular”, y las moderadas tasas de crecimiento observadas en la productividad del trabajo en la mayoría de economías occidentales durante los últimos 30 años. Mientras que, a la vez, otra rama sostiene que el proceso de cambio tecnológico va a provocar mejoras muy sustanciales de la productividad, hasta el punto de reducir sensiblemente la necesidad de trabajo en las economías avanzadas.

Es cierto que la evidencia disponible es aún escasa, pero atendiendo a la adaptación de las técnicas productivas en el pasado podemos afirmar que el cambio tecnológico incluye tanto factores que acelerarán la productividad como otros que la frenarán. Centrándonos en estos últimos, podemos distinguir los siguientes:

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Innovación e I+D en Madrid: El PP ‘a por uvas’ en la Especialización Inteligente (RIS3)

Autor: Eduardo Gutierrez Benito, Abelardo Jurado y Marisa Bordon Ojeda

Público.es

El pasado 23 de mayo de 2018 el diputado de la Asamblea de Madrid y cofirmante de este artículo Eduardo Gutierrez preguntó al Gobierno Regional sobre el grado de cumplimiento del Plan de Acción en la RIS3 (Estrategia de Investigación e Innovación para una Especialización Inteligente) de la Comunidad de Madrid.

La contestación por parte del Gobierno la realizó el Director General de Investigación e Innovación Comunidad de Madrid, que justificó el gran retraso en la RIS3 de Madrid por “la dificultad de asimilar conceptos teóricos muy académicos que nadie los íbamos a entender”. En otras palabras: “es que esto de la RIS3 es muy complejo”

Sin embargo, si repasamos la historia de la RIS3 en la región, vemos que su retraso no se explica por su complejidad académica, sino por la indolencia de los sucesivos gobiernos del PP.

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RADIOGRAFÍAS DE LA ‘RECUPERACIÓN’ (V): Gobernar la digitalización en favor de la mayoría

Autor: Jorge Uxo y Nacho Álvarez Peralta

ctxt.es

Más allá del debate –relevante– de cuál es el origen de la recuperación del crecimiento económico que está registrando España desde 2014, en esta serie de artículos nos ha preocupado sobre todo el tipo de crecimiento que se está desarrollando. Y hemos llegado a dos conclusiones: el crecimiento actual no está resolviendo los problemas sociales y económicos que la crisis nos dejó –cronificándose una fuerte precariedad y desigualdad–, al tiempo que la retórica de las “reformas estructurales” orientadas al mercado no se ha traducido en un cambio productivo real.

Es necesario por ello un cambio de estrategia. Junto a medidas específicas dirigidas a corregir la precariedad laboral y la inequidad en el reparto de la renta y la riqueza, nuestra economía necesita una nueva política industrial más audaz, focalizada y proactiva. Esta nueva estrategia industrial debe ser capaz, involucrando al sector público junto al sector privado, de impulsar un crecimiento sostenible en términos medioambientales (verde), que asegure la igualdad de género (morado), y que mejore la productividad, entre otras vías a través del desarrollo del proceso de digitalización1.

El debate sobre los efectos de la digitalización está muy polarizado. Siguiendo a Dani Rodrick podríamos distinguir, por un lado, a los “tecno-optimistas”, que piensan que estamos en la antesala de una época en la que será posible observar grandes crecimientos de la productividad que permitirán un aumento de los niveles de vida sin precedentes. Normalmente, también piensan que los incentivos para que esta ola de progreso se produzca vendrán del funcionamiento de mercados desregulados y de la competencia, que son a la vez garantía de que la mejora del bienestar acabe beneficiando a la mayoría. En otro extremo, los “tecno-pesimistas” afirman que la digitalización no está produciendo los aumentos de productividad que se le atribuyen, y que es difícil que acabe ocurriendo, salvo en sectores muy específicos. Por último, los “tecno-preocupados” coinciden en que el efecto de las nuevas tecnologías sobre la productividad será de gran escala, pero piensan que, precisamente por eso y por sus características, acabarán provocando grandes pérdidas de empleo y de bienestar para una parte importante de la población.

Nuestro enfoque no se reconoce en ninguna de estas tres posiciones. Aunque aún está por ver su dimensión exacta, es previsible que este tipo de innovación acelere la productividad en los próximos años, y esta es una razón por la que España no puede quedarse atrás. Por otro lado, pensamos que no es inevitable la aparición de un desempleo tecnológico generalizado, aunque es imprescindible adoptar medidas para prevenir tal posibilidad. Finalmente, sí creemos que existe un alto riesgo de que el proceso afecte de manera desigual a los distintos grupos sociales, evidenciando la responsabilidad colectiva (y no estrictamente individual) de intervenir desde la esfera de lo público para que no aumente la polarización y las desigualdades.

En definitiva, pretendemos abordar la digitalización desde la perspectiva de la economía política, discutiendo cómo “gobernar el proceso” para asegurar no sólo que la productividad crece, sino que este aumento se reparte equitativamente a favor de la mayoría.

¿Qué efectos tendrá la digitalización sobre la productividad?

La digitalización es el resultado del abaratamiento y mejora en las tecnologías que obtienen y procesan información, y da lugar a dos grandes efectos complementarios. Por un lado, la automatización de la producción permite generar sistemas capaces de trabajar de forma autónoma y organizarse a sí mismos, reduciendo errores, actuando con más rapidez y recortando costes operativos. Esto se logra combinando tecnologías ya existentes (como los robots industriales) con la inteligencia artificial, que aporta la capacidad de interactuar en entornos cambiantes. Por otro lado, la computerización permite gestionar grandes volúmenes de datos, gracias a la mejora en la captura, tratamiento y análisis de la información digital a través de herramientas como la nube y el “Big Data”.

Aunque inicialmente parece que este tipo de procesos serían relevantes sobre todo para las manufacturas, su importancia radica precisamente en que pueden tener implicaciones en muchos sectores productivos. Por eso, se plantea en ocasiones que, como antes lo fueron la máquina de vapor y la electricidad, se trata de una nueva “tecnología de uso generalizado” (General Purpose Technology)2.

Consecuentemente, el efecto esperado es que, conforme se vaya generalizando este uso transversal y se exploten todas sus posibilidades “combinatorias”, la digitalización acabe dando lugar a una aceleración de la productividad media agregada.

La Figura 1 recoge el crecimiento de la productividad en Estados Unidos desde los años 50 (para cada año representamos la media de los últimos 10). Las líneas horizontales son las medias en los periodos 1950-1975 (2,6%), 1976-1995 (1,5%) y 1996-2008 (2,5%), y vemos que el crecimiento de la productividad se recuperó en los 15 años anteriores a la Gran Recesión, volviendo a registrar crecimientos anuales medios similares a los registrados en la “edad de oro” de las postguerra, pero sin llegar a superarlos (al menos por ahora). Después de la crisis, el crecimiento anual medio de la productividad ha vuelto a reducirse (desde 2011 no ha superado el 1%) aunque es pronto para saber si es algo más que el efecto de la propia desaceleración económica.

Los datos desagregados ofrecidos por la OCDE muestran que el crecimiento de la productividad después de la crisis no se ha ralentizado para las empresas que se encuentran en la frontera tecnológica, pero sí que lo ha hecho en aquellas que están menos avanzadas tecnológicamente (generalmente más pequeñas) y en el sector servicios. Esto apunta más bien a una menor difusión, y a la falta de demanda agregada, y no a un estancamiento de los efectos de la tecnología sobre la productividad.

Figura 1: Crecimiento de la productividad en Estados Unidos (media últimos 10 años)

Fuente: Federal Reserve Economic Data.

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Desafíos globales: menos desigualdades y más democracia

Autor: Lina Galvez

eldiario.es

Los desafíos a los que nos enfrentamos como sociedad van mucho más allá de nuestras fronteras, pero el cómo consigamos prepararnos para combatirlos y hacerles frente, dependerá también de cómo consigamos participar en cada uno de los distintos niveles que nos gobiernan, por tanto, de la calidad de nuestra democracia.

La mayor parte de los informes que tratan de señalar cuáles son los principales desafíos coinciden en que uno de los de mayor calado y trascendencia es el cambio climático y los diversos y nocivos efectos que lo acompañan. Aunque también apuntan a otros como las guerras, los desplazamientos masivos de población, la extensión de pandemias en un mundo altamente globalizado, los desequilibrios demográficos, los inciertos efectos del cambio tecnológico, especialmente el desarrollo de la inteligencia artificial (IA), o el incremento de las desigualdades en el mundo y los problemas de orden económico, social y político que le vienen asociados.

Algunos de esos riesgos globales llaman a nuestras puertas, y otros, ya han comenzado a colarse en nuestras casas. Personas especializadas en el seguimiento de las nuevas tecnologías nos informan de que la ciencia está en condiciones de dar respuesta a muchos de esos desafíos, o al menos, de comenzar a corregir algunos desequilibrios. Pero el desarrollo científico necesita de una apuesta política decidida y cualquier tecnología no es ni buena ni mala, sino que tendrá efectos virtuosos o destructivos según el uso que le demos. En cualquier caso, la variable política es clave.

De hecho, el reto real está en cómo vamos a gestionar esos riesgos a nivel global pero también en cada espacio político. Por ejemplo, ¿cómo gestionaremos los masivos movimientos de población derivados del cambio climático con territorios costeros muy poblados que quedarán bajo el agua, sin capacidad de ser sustento de vida o sin agua potable? ¿Lo haremos cerrando fronteras y construyendo muros? ¿Invirtiendo en nueva tecnología que contribuya a frenar o limitar los efectos devastadores de ese cambio climático? ¿Una tecnología que los frene para la mayoría, o como hemos visto en algunas películas de ciencia ficción, solamente para unos pocos? ¿Cómo gestionaremos ese miedo: con más democracia o con el desarrollo de regímenes autoritarios que nos vendan la salvación de nuestra comunidad a cambio de nuestra libertad?

En este sentido, cabe preguntarse qué está ocurriendo en España.

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Un robot me quitó el trabajo

Autor: Mario Risquez Ramos

eldiario.es

En los últimos meses parece estar consolidándose en la opinión pública la idea de que caminamos a un escenario en el que fruto del desarrollo tecnológico una proporción nada desdeñable de la población quedará desplazada del mercado de trabajo. Más pronto que tarde, las máquinas terminarán sustituyendo a los trabajadores en cada vez más sectores productivos, sobre todo en aquellos más proclives a ser mecanizados. Se trata nada menos que del progreso tecnológico, y en consecuencia histórico, ese impulso irrefrenable que nos hace avanzar como especie, cada vez más alto, cada vez más lejos. Como Ícaro.

No obstante, existe cierto debate acerca del efecto neto que sobre el empleo pueda tener la aplicación de las nuevas tecnologías a los procesos productivos. Algunos argumentan que, a pesar de que ese efecto sustitución de máquinas por trabajadores pueda darse, las nuevas tecnologías también pueden generar nuevos nichos de empleo en actividades que surgen al calor de esas nuevas invenciones tecnológicas, sectores de actividad que actualmente no existen, e incluso actividades que a día de hoy ni podemos llegar a imaginar. En este marco de debate, sin embargo, parece existir cierto consenso sobre la pérdida neta de empleos que trae consigo el desarrollo de la tecnología aplicada a la producción. Algunos organismos internacionales, como el Foro Económico Mundial, se aventuran a estimar que alrededor del 47% de la tipología de empleos que se desempeñan en la actualidad estarían en riesgo de desaparecer paulatinamente.

Pero lo cierto es que ese marco de debate se encuentra sesgado, por un lado, de una mirada occidental, y en concreto eurocéntrica; por el otro, por una falta de perspectiva histórica en el análisis. Empezando por lo segundo, el desarrollo tecnológico, como es lógico, no es algo nuevo ni reciente, sino que a lo largo del siglo XX hemos visto como el desarrollo tecnológico, la mecanización y la automatización de los procesos productivos, ha sido una constante y ha marcado los puntos de inflexión del ciclo de acumulación de capital a escala mundial en dos momentos históricos concretos.

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Lo nuevo y lo viejo, lo cierto y lo falso sobre la robotización

Autor: Lina Galvez

eldiario.es

Aunque el miedo a la robotización y a una tecnología que presagia el fin del trabajo no es nuevo, en los últimos meses, incluso me atrevería a decir que semanas, ese miedo se ha instalado en los salones de las casas a través de la televisión y los medios de comunicación. Muy especialmente, desde que la robotización se discutiera por segundo año consecutivo en el Foro de Davos el pasado mes de enero, unido con el anuncio apocalíptico de que no habrá trabajo para todos y la posibilidad de establecer una renta básica universal.

De esa manera puede pensarse que la falta de empleo no se genera por unas políticas económicas de corte deflacionista –ahora mal llamadas de austeridad- que no buscan el pleno empleo y generan un modelo de crecimiento pro-pobre distribuyendo las ganancias de la productividad de manera cada vez más desigual, sino por culpa de las máquinas. Siempre es bueno que haya niños. Sobre todo, cuando se quieren cambiar las reglas de juego o, mejor aún, legitimar los cambios que se han dado en las décadas anteriores y que han supuesto el aumento de las desigualdades económicas, la mercantilización de las vidas de muchas personas y procesos de individualización del riesgo que dejan a muchas personas y a las que de ellas dependen, de su capacidad –siempre desigual-, de incorporarse en los distintos mercados, especialmente al de trabajo.

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Un sistema científico precario que nos condena al éxodo

Autor: Alberto Garzon Espinosa

Blog Economía para Pobres en Público.es

La pasada semana estallaba en los medios de comunicación el escándalo por el cambio sin conocimiento ni consentimiento en el tipo de contrato de un número indeterminado de doctorandos/as con graves repercusiones y merma de sus derechos laborales.  La Profesora de Investigación del CSIC, Alicia Durán, respaldaba de forma cruda y rigurosa la denuncia de la comunidad investigadora a consecuencia de este hecho.

En el fondo de este despropósito existen, además de víctimas concretas, también culpables,  todavía por concretar, pero sobre todo un profundo desprecio y cortoplacismo de determinadas políticas, como la científica, desde el inicio de la crisis. Y es que la precariedad y los recortes se sufren dentro, pero se construyen y reproducen fuera de los laboratorios.

Una ciencia que trabaje para tener una sociedad más justa no puede estar soportada sólo en élites pensantes, sino en equipos completos y complementarios, recursos suficientes y objetivos debatidos y consensuados. Y sin duda, el trabajo de la ciencia parte del esfuerzo y desempeño de sus trabajadores y trabajadoras (sólo el 24,9% de las profesoras de investigación del CSIC son mujeres), y sus condiciones de trabajo. Hay que señalar que el papel de los sindicatos y la negociación colectiva en la articulación de las relaciones laborales es el eje fundamental de la protección e impulso de tan necesarios equipos de trabajo.

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Espejismos tecnológicos. Una mirada crítica en la revista PAPELES @FuhemEcosocial

Autor: FUHEM-Ecosocial

ublicado por FUHEM Ecosocial, el nuevo número de la revista PAPELES, titulado “Espejismos tecnológicos”, propone una visión crítica de las alternativas tecnológicas que se plantean como respuesta a los desafíos que ha de afrontar la humanidad. Los distintos artículos interpelan la visión reduccionista y “soluciona-todo” que ofrece la tecnología, sin plantear un cambio de sistema y prioridades.

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Papeles Nº 134: Espejismos tecnológicos

Autor: FUHEM-Ecosocial

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N.º 134: Espejismos tecnológicos
Viajes a Marte para escapar de un mundo agotado, fuentes de energía infinitas, organismos sintéticos, inteligencia artificial, posibilidades ilimitadas de consumo y crecimiento, aplicaciones milagrosas de la nanotecnología… ¿Es la tecnología la solución perfecta a los problemas que acechan a nuestras sociedades? ¿Los avances tecnológicos traerán consigo la respuesta a aquellos interrogantes que amenazan al sistema tal y como lo conocemos?

El nuevo número de la Revista PAPELES,Espejismos tecnológicos, propone una visión compleja y crítica de las diferentes alternativas que se establecen como respuesta única e incontestable a los desafíos que ha de afrontar la humanidad.

¿Solucionismo y reduccionismo tecnológico o un cambio de sistema y prioridades? De qué modo afrontaremos los principales problemas ecológicos y sociales que nos acompañan en el mundo actual.

Sumario

Consulta la variedad de artículos, enfoques y temas que aportan los diferentes autores y secciones.
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Introducción

Santiago Álvarez Cantalapiedra nos acerca a las «(Des)ilusiones tecnológicas» y la realidad que las envuelve.

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Artículo destacado

«Optimismo tecnológico para reescribir el libro-mundo», un artículo de Isidro Jiménez Gómez.
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La tecnociencia hoy: ¿avance o retroceso?

Autor: FUHEM-Ecosocial

Debería ser el propio devenir social el que marcara el desarrollo de la tecnociencia y no a la inversa

Los avances tecnocientíficos en nuestras vidas abren un debate sobre si éstos van acompañados de la racionalidad necesaria que asegure su verdadera utilidad. La obligada reflexión sobre las condiciones sociales, económicas, políticas y culturales que influyen en el desarrollo de la tecnociencia y las relaciones que ésta establece con el poder, sacan a la luz intereses de determinados sectores que controlan su enfoque e invisibilizan sus efectos. A estas reflexiones FUHEM Ecosocial dedica el nuevo número de la revista PAPELES.

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Papeles Nº 133: La tecnociencia en tiempos (post)modernos

Autor: FUHEM-Ecosocial

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N.º 133: La tecnociencia en tiempos (post)modernos
¿Qué papel ocupa la tecnociencia en las sociedades contemporáneas? ¿Podemos confiar sin reservas en su implacable desarrollo? La incuestionable presencia de los avances técnico-científicos, que permiten el desempeño de su función como motor de cambio estructural y de desarrollo social, abre un interesante debate sobre si se acompaña de la suficiente racionalidad para asegurar sus virtudes.

La necesaria reflexión sobre las condiciones sociales (económicas, políticas y culturales) que influyen en el desarrollo de la tecnociencia de nuestros días y sobre las relaciones que esta establece con el poder sacan a la luz intereses de sectores hegemónicos que controlan su enfoque, a la vez que invisibilizan la realidad ecosocial, dejando de lado las necesidades cada vez más apremiantes de nuestro único hábitat, el planeta.

Sumario

Consulta la variedad de artículos, enfoques y temas que aportan los diferentes autores y secciones.
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Introducción

Santiago Álvarez Cantalapiedra esboza la posición y la influencia de la tecnociencia en la era del Antropoceno.

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Artículo destacado

«Observaciones sobre ciencia, poder político-militar y cuentas insaciables de resultados», por Eduard Rodríguez Farré y Salvador López Arnal.

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El sector público es clave en la innovación y en el emprendimiento

Autor: Eduardo Garzón Espinosa

Artículo publicado originalmente en el número 36 de La Marea

Está ampliamente extendida la idea de que el sector público es, por naturaleza, muy poco dinámico y flexible en la economía, que sirve para lo básico pero que es demasiado grande y pesado para innovar y adaptarse a cambios rápidos. Lo opuesto es atribuido al sector privado: es mucho más enérgico y ágil y por lo tanto se desenvuelve mejor en el ámbito de la innovación y del emprendimiento. No obstante, existen otras visiones al respecto que impugnan en buena medida lo anterior, y que dibujan un panorama mucho más complejo y diverso. Una de ellas viene estupendamente recogida en el libro “El Estado emprendedor” de Mariana Mazzucato, donde se detalla y explica que el sector público ha jugado en el pasado y también en la actualidad un papel clave en la investigación e innovación que permite el progreso de nuestras sociedades.

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El progreso tecnológico crea más puestos de trabajo de los que destruye

Autor: Eduardo Garzón Espinosa

Artículo publicado originalmente en el número 35 de La Marea

La inmensa mayoría de la gente cree que el progreso tecnológico destruye empleo. Esto es así porque es fácil percibir en determinados sectores económicos que la instalación de máquinas o robots supone automáticamente el despido de muchos trabajadores. Ya en el siglo XVIII los artesanos luditas comenzaron a destruir telares industriales por considerarlos culpables de su pérdida de trabajo. La revolución agrícola del siglo XIX también provocó la sustitución de miles de trabajadores por máquinas sembradoras fundamentalmente. En la actualidad comprobamos conmovidos cómo multitud de empleos fabriles han desaparecido debido a la progresiva mecanización y robotización de muchas instalaciones. Y la amenaza no ha terminado: los taxistas y otros conductores temen el desarrollo y generalización de los vehículos que se conducen solos, los cajeros de los supermercados rezan para que no sean sustituidos por máquinas, los guardias de seguridad están preocupados por los impresionantes avances en sistemas informáticos de vigilancia, etc.

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