Economía Crítica y Crítica de la Economía

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Vivimos más pero con peor salud: retrasar la edad de jubilación es una gran crueldad

Autor: Eduardo Garzón Espinosa

eldiario.es

En el año 2011 el gobierno del PSOE decretó el retraso progresivo de la edad de jubilación desde los 65 años hasta los 67. En 2018 la edad de jubilación ya va por los 65 años y medio, a no ser que se hayan cotizado más de 36 años y medio. El argumento central que se utilizó para defender esta medida se basaba en que los seres humanos cada vez vivimos más tiempo y por lo tanto es razonable que nos jubilemos más tarde.

Este argumento tiene dos vertientes: una de carácter económico y otra de carácter moral. Atendiendo a la primera se sostiene que para poder pagarle la pensión a una persona que cada vez vive más tiempo es necesario disponer de más recursos, por lo que una forma de resolver el problema es reducir el tiempo que hay que estar pagando la pensión (al mismo tiempo que incrementas los recursos porque esa persona tendrá una vida laboral más larga). En cambio, el argumento de carácter moral es bien diferente: puesto que la persona en cuestión va a vivir más tiempo es de justicia que se mantenga la proporción de tiempo de trabajo y de tiempo de jubilación, de forma que se acabe disfrutando aproximadamente el mismo tiempo de descanso que antes.

Hay innumerables formas de refutar el argumento citado en cualquiera de sus dos vertientes. En esta ocasión no me voy a detener en criticar la primera faceta del argumento, la económica. Baste señalar al respecto que en nuestras sociedades cada vez más tecnológicas y avanzadas tenemos cada vez más posibilidades de producir lo mismo con menos tiempo de trabajo, de forma que podemos permitirnos disfrutar de una época de jubilación más prolongada manteniendo el mismo nivel de vida. Ahora me interesa más desmontar la otra cara del argumento, la de tipo moral o ético.

Es cierto que los seres humanos vivimos, de media, cada vez más. Así lo atestigua el indicador de Esperanza de Vida (EV), que en España ha aumentando 10 años en las últimas cuatro décadas, pasando desde los 73 años a los 83 años desde 1975 hasta 2015. Sin embargo, este indicador nos dice cuánto vivimos (siempre en promedio), pero no cómo vivimos. No es lo mismo vivir 83 años con una salud excelente durante casi toda la vida que hacerlo con graves enfermedades buena parte de la misma. Para eso se creó el indicador Años de Vida Saludable (AVS), que nos viene a mostrar cuántos años vivimos sin sufrir una discapacidad importante.

Pues bien, si miramos ambos indicadores para el caso de España, observamos lo siguiente. Desde 2004 la EV a partir de los 65 años era de 17,2 años en el caso de los hombres y de 21,4 en el caso de las mujeres. Once años más tarde, en 2015, el indicador ha aumentado hasta los 19 años y 23, respectivamente. No obstante, la evolución de los AVS no ha sido similar ni mucho menos. En el año 2004 se esperaba que un hombre de 65 años viviese 9,8 años más sin sufrir limitaciones de salud importantes, y 9,6 años en el caso de una mujer de la misma edad. Once años más tarde, se espera que ambos vivan menos tiempo sin sufrir incapacidades importantes: 9,5 años en el caso de los hombres y 8,9 en el caso de las mujeres.

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No hay ninguna necesidad de crear un impuesto para asegurar las pensiones

Autor: Eduardo Garzón Espinosa

Público.es

El pasado lunes 8 de enero el PSOE volvió a la carga con su ya conocida propuesta de creación de un impuesto para poder financiar las pensiones como respuesta al déficit que tiene la Seguridad Social y alegando que países como Francia aplican medidas similares. Muchos han caracterizado esta propuesta de izquierdas, ya que pone el acento en el aumento de ingresos en vez de hacerlo en la disminución de los gastos como marca la receta de la derecha (por cierto, aplicada también en las pensiones por el PSOE durante el gobierno de Zapatero). Sin embargo, esta interpretación es presa precisamente de los postulados económicos que utiliza la derecha, ya que comparte con ella la obsesión de acabarcon el déficit público –en este caso de la Seguridad Social–, como si fuese una enfermedad que hay que extirpar lo antes posible. En realidad, una interpretación verdaderamente de izquierdas debe basarse en una rigurosa y adecuada comprensión de la naturaleza y funcionamiento de los saldos fiscales, dejando de lado los mitos económicos de la derecha que demonizan el déficit público y entendiendo que éste no es más que una herramienta económica que se debe utilizar en beneficio de la mayoría social.

El sistema público de la Seguridad Social ingresa actualmente menos de lo que gasta. Bien, ¿y qué? Si aislásemos los ingresos y gastos de la sanidad pública –al igual que hacemos hoy arbitrariamente con las pensiones públicas-, a ésta le ocurriría exactamente lo mismo: estaría en déficit (los pacientes no pagan directamente todo el coste del servicio), y no veo a nadie por ahí diciendo que hay que crear un impuesto finalista para financiar la sanidad. Pasa igual con la educación pública y con otros servicios públicos: aisladamente del resto de las finanzas públicas se encontrarían en déficit, lo que ocurre es que logramos la financiación a través de vías que no tienen nada que ver con su respectivo ámbito, de forma que financiamos servicios públicos como la sanidad con el dinero que, por ejemplo, paga alguien por IVA cuando compra un coche de lujo. Ponemos toda la riqueza y renta de nuestra economía al servicio de la financiación de todo lo público.

¿De todo? No. De las pensiones no. Así se decidió en 1996 con el Pacto de Toledo, alegando que separar la financiación de las pensiones del resto de la finanzas públicas impediría a los gobernantes de turno recortarlas a través de los presupuestos generales del Estado. Pero esto hoy solo se puede ver como una broma de mal gusto, ya que tanto el gobierno de Zapatero como el de Rajoy han recortado sustancialmente las pensiones públicas con las reformas de los últimos años (aumentando la edad de jubilación, congelando su revalorización o desvinculándola del crecimiento de los precios, ajustándola a la esperanza de vida, etc). Si el aislamiento de la financiación de las pensiones no ha impedido que los gobiernos les peguen un tijeretazo, ¿para qué sirve entonces?

Ya lo digo yo: para nada que no sea reforzar una falsa imagen de insostenibilidad. Una vez las pensiones están aisladas, es fácil señalarlas si tienen déficit y gritar a los cuatro vientos que hay un problema que solucionar (momento hábilmente aprovechado por la banca para proponer planes privados de pensiones). Vuelvo a lo de antes ¿qué pasaría si aislásemos la sanidad pública del resto de finanzas públicas? Veríamos un déficit enorme y la élite de turno saldría en banda a clamar su privatización. Pero no lo hace de forma tan agresiva porque el déficit de la sanidad pública se diluye en el conjunto de las finanzas públicas y el hipotéticoproblema no se explicita tan claramente.

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De pensiones, impuestos y otras ocurrencias de Pedro Sánchez

Autor: Alberto Montero Soler

El Confidencial

Que las pensiones públicas van a ser uno de los temas fundamentales de debate político y social a lo largo de este próximo año es algo de lo que no cabe duda. Otra cosa es desde dónde y cómo se plantee ese debate; incluso es posible que sea relevante hasta quién lo plantee.

Ayer, Pedro Sánchez se desayunaba con una propuesta para aliviar la sostenibilidad financiera del sistema público de pensiones que bordea lo esperpéntico y que debía ser más el producto de su necesidad de colocar algún titular periodístico en el susodicho desayuno que de aportar realmente soluciones para el problema de las pensiones públicas en España.

Según el secretario general del PSOE, uno de sus “acuerdos de país” debe girar en torno a las pensiones públicas. Hasta ahí, magnífico; probablemente nadie en España pueda discrepar de la necesidad de ese acuerdo.

El problema aparece cuando uno empieza a leer el contenido de las medidas para ese “acuerdo de país” en torno a las pensiones públicas y se encuentra con dos ideas que al proponente le deben parecer brillantes pero que, a todas luces, dejan mucho que desear.

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Pedro Sánchez: bienvenido a la propuesta de Podemos

Autor: Nacho Álvarez Peralta

El País

El artículo 50 de la Constitución establece que “los poderes públicos garantizarán, mediante pensiones adecuadas y periódicamente actualizadas, la suficiencia económica a los ciudadanos durante la tercera edad”.

Este mandato debe ser el norte de cualquier política sobre las pensiones, y exige reconectar su crecimiento con el IPC. El Partido Popular ha convertido a España en el único país de la UE que ha desvinculado las pensiones de la evolución de los precios. También exige asegurar que durante las próximas décadas la pensión media crecerá al menos al ritmo del PIB per cápita del país.

Solo podrá atenderse esta exigencia de suficiencia económica y sostenibilidad social mejorando las fuentes de financiación del sistema de pensiones. Justo lo contrario de la idea que ha inspirado las dos últimas reformas (la del PSOE y la del PP), que recortan las prestaciones para intentar adaptarlas a unos ingresos claramente insuficientes.

Este objetivo debe lograrse además con una aproximación integral. Por ejemplo, tres medidas de implementación inmediata que contribuirían a ello son la supresión de los topes máximos de cotización para los salarios más altos; la eliminación de las bonificaciones –muy ineficientes– que el Gobierno concede a las empresas en su cuota; y el acercamiento de las bases medias de cotización del Régimen de Autónomos y del Régimen General.

Por supuesto, la subida de los salarios –y particularmente el aumento del SMI a 1000 € al mes–permitiría también un incremento de las cotizaciones a la Seguridad Social. La situación actual resulta insostenible: salarios de miseria que aumentan las desigualdades y la pobreza de los trabajadores, provocan también cotizaciones insuficientes.

Pero si queremos que las pensiones garanticen adecuadamente las condiciones de vida de los mayores, es ineludible seguir ampliando su financiación por la vía impositiva, en el marco de una reforma fiscal en profundidad que nos acerque a los países de nuestro entorno (con el mismo peso de los ingresos públicos en el PIB que tiene la media de la Eurozona, recaudaríamos casi 90.000 millones de euros más al año).

En ese marco, Unidos Podemos ha propuesto ya un “impuesto de solidaridad” a la banca, análogo al que ahora se aplica en Portugal, encaminado a que las entidades financieras le devuelvan a la sociedad española los esfuerzos realizados por la ciudadanía con el rescate del sistema financiero. El PSOE parece sumarse ahora a nuestra propuesta como una de las posibles vías para asegurar las pensiones.

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Las personas pensionistas han perdido en 2017 mucha más capacidad adquisitiva de la que nos dicen

Autor: Eduardo Garzón Espinosa

Saque de Esquina

El relato oficial es que los precios han aumentado un 1,2% desde diciembre de 2016 a diciembre de 2017 y las pensiones solamente lo han hecho un 0,25% durante ese periodo. Esto supondría una pérdida de capacidad adquisitiva del 0,95% (1,2% menos 0,25% = 0,95%).

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¡Pero ojo! Los precios cambian de nivel cada mes, mientras que las pensiones son fijas durante todo el año y sólo cambian de importe al comenzar uno nuevo. La comparación entre diciembre de 2016 y diciembre de 2017 no es rigurosa.

¿Por qué? Pues porque la pensión en diciembre de 2016 era la misma que en enero de 2016. ¡Y durante todo ese tiempo los precios también aumentaron, por lo que también se perdió capacidad adquisitiva!

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Envejecimiento o desempleo. ¿Qué hace insostenible el sistema de pensiones?

Autor: Eladio Febrero y Jorge Uxo

La Paradoja de Kaldor

Uno de los argumentos más utilizados para sensibilizarnos sobre las necesidades de reforma de nuestro sistema de pensiones es el del envejecimiento de la población. El último informe de la OCDE sobre pensiones (resumido aquí por El País) insiste también en esto, y estima que en 2050 habrá en España 76 personas jubiladas por cada 100 personas en edad de trabajar (con edades comprendidas entre 20 y 64 años). Por si el lector se pregunta si esto es mucho o poco, en 2016 esa cifra era de 30,5. El informe de la OCDE concluye a partir de esta diferencia que “el envejecimiento presiona sobre la sostenibilidad financiera y la adecuación de los ingresos de los sistemas de pensiones”.

Ahora bien, ¿es esto suficiente para justificar los recortes de las pensiones –los que ya se han producido, y los que vendrán-?

Aunque ciertamente la cifra invita a una reflexión profunda sobre cómo asegurar el futuro del sistema público de pensiones (es decir: garantizar su financiación a la vez que se mantienen unas pensiones suficientes) también conviene ser prudente en el manejo de estos datos y no precipitarse con las conclusiones. De hecho, un simple ejercicio numérico a partir de datos del INE ayudará a ver la cuestión con otra perspectiva.

Para empezar, como señalan frecuentemente los demógrafos que trabajan estas previsiones (Fernández Cordón, aquí, es un excelente ejemplo), si lo que nos interesa es computar una tasa de dependencia económica, lo que deberíamos medir no es esta ratio entre personas mayores y personas en edad de trabajar, sino la relación entre todas las personas dependientes y aquellas personas que participan efectivamente en la producción. En el numerador, por tanto, debemos poner no sólo a los jubilados y jubiladas, sino también a menores de 16 años, y personas en edad de trabajar que permanecen inactivas o paradas, mientras que en el denominador deberíamos colocar a todas las personas con empleo.

Esto es importante por dos razones: primero, porque en las proyecciones demográficas no solo aumenta el número de personas mayores, sino que por las mismas razones disminuye el número de menores de 16 años; segundo, porque quien debe sostener a las personas dependientes es exclusivamente la población ocupada, y España tiene aquí un gran margen de mejora, puesto que su tasa de empleo puede aumentar sustancialmente. Si esto ocurre, aumenta el denominador y también se reduce el número de personas dependientes entre 16 y 64 años (aquellas que están en situación de desempleo o inactividad), y por tanto el numerador.

Veamos, en concreto, cuál fue la situación en 2016. Con los datos del INE (la EPA) en el promedio de ese año la población ocupada fue de 18.341,6 miles de personas. Para la población entre 16 y 64 años, la tasa de paro fue del 19.6%, la tasa de actividad del 75,4% y la tasa de empleo era del 59,5%. Es decir, solo 6 de cada 10 personas potencialmente activas estaba realmente ocupada. Esto contrasta con la situación de otras economías, como por ejemplo Dinamarca, en la que el 75% de la población en edad de trabajar está ocupada (la tasa de actividad es del 80% y el paro de solo el 6,3%). Otros países de la UE-15 con tasas de empleo similares son Alemania, Holanda, Austria, Gran Bretaña y Suecia.

Puesto que la población total de 2016 fue de 46.438,4 mil personas, la población dependiente sería “toda la que no está ocupada” (28.097 mil personas). Aquí incluiríamos las personas mayores de 64 años que no están ocupadas (8.542,6 mil), pero también a menores de 16 años (7.474,4 mil), población desempleada entre 16 y 64 años (4.481,2 mil) y el resto de inactivos e inactivas. Por tanto, la tasa total de dependencia económica en 2016 fue en España de 1,53 dependientes por cada persona ocupada.

¿Cuál será la situación previsible en 2050? La clave es que esto no dependerá solo de las previsiones demográficas, sino también de lo que ocurra hasta entonces con el empleo. Por ejemplo, aceptando que la población se comporta como ahora mismo prevé el INE (y esto también está sujeto a un grado elevado de incertidumbre(1)), podemos preguntarnos cuál sería esta tasa total de dependencia si España lograra tener la misma tasa de empleo que los países que hemos mencionado antes, es decir, un 75% en vez del 60% actual.

Lo llamativo de este ejercicio es que sería… ¡la misma que en 2016!

Según el INE, la población total en 2050 será en España de 44,3 millones de personas (2,7 millones menos que ahora). Si a la distribución por edades prevista le aplicamos la tasa de empleo del 75% en la franja de 16 a 64 años (y añadimos el mismo porcentaje de ocupados mayores de 64 años que en 2016), la cifra de ocupados sería de 17.529 miles (aproximadamente 800.000 personas menos que la cifra actual) y la de dependientes se situaría en 26.739,1 miles (1,4 millones menos). Esto se debe a que el aumento de dependientes mayores de 64 años se vería más que compensado por una disminución casi idéntica de los dependientes entre 16 y 64 años (habría más personas activas, y de ellas un porcentaje menor estaría desempleada) y por la disminución en 1,8 millones del número de menores de 16 años.

El siguiente gráfico ilustra la diferencia. Entre 2016 y 2050, la tasa de dependencia total no aumentaría si el aumento de la población en edad avanzada se compensase con una reducción de las personas en edad de trabajar que se mantienen inactivas o paradas. Sin embargo, si la tasa de empleo en 2050 fuese la misma que la registrada por la economía española, en media, entre 1995 y 2016 (57,4%, casi igual que la actual) la tasa de dependencia económica sí aumentaría sustancialmente, con el mismo escenario demográfico.

Sin título

Fuente: elaboración propia a partir de los datos del INE.

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¿Puede el fondo de reserva pagar las pensiones futuras?

Autor: Eladio Febrero

La Paradoja de Kaldor

Cuando se aproxima el fin de año, aumenta el número de noticias que animan a los ciudadanos a realizar aportes a fondos de pensiones. Las estrategias para lograr tal fin son una especie de mezcla de palo y zanahoria.

Entre las primeras, que son las dominantes, está el miedo a no cobrar una pensión suficientemente digna cuando llegue el momento de la jubilación. Concretamente, las noticias relacionadas con el agotamiento del fondo de reserva son una muestra de ello. Un ejemplo: hemos leído en la prensa recientemente (aquí) que el fondo de reserva español se agota, y que si bien los ingresos actuales y esperados en el corto plazo son suficientes para pagar las pensiones corrientes, no lo son para pagar las pagas extraordinarias.

En este artículo, me propongo una reflexión sobre el funcionamiento del sistema de reserva y, concretamente, sobre si este mecanismo puede garantizar el pago de pensiones futuras. Y la respuesta me temo que es negativa.

Comencemos desechando dos ideas. Primero: como no estamos en una economía eminentemente agrícola, nuestro consumo futuro no se satisfará con bienes presentes, sino con bienes producidos en el futuro. Segundo, relacionado con lo anterior, aunque ahorremos en forma de dinero hoy, la producción futura se financiará con recursos creados para tal fin en el momento en que dicha producción tenga lugar.

Dicho esto, el fondo de reserva normalmente se genera como consecuencia de que el presupuesto de la seguridad social presenta superávit. Así, cuando las cotizaciones a la seguridad social sobrepasan los pagos en pensiones, ese excedente suele utilizarse para comprar deuda pública -normalmente nacional, pero a veces también de otros países-. Cuando, en un momento futuro, los ingresos de la seguridad social no son suficientes para cubrir los pagos de pensiones, el fondo vende sus activos acumulados para obtener liquidez con la que cubrir la diferencia entre ingresos y gastos. En esencia, el fondo de reserva se presenta como un ente autónomo -del resto de la administración pública- y similar a como funciona una economía doméstica: se ahorra hoy para poder consumir mañana. ¿Es esto correcto? NO. Vamos a explicar por qué.

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El FMI y los recortes de nuestro sistema de pensiones

Autor: Jorge Uxo, Nacho Álvarez Peralta y Carlos Ochando

El Confidencial

El pasado día 13, la AIReF (Autoridad Independiente de Responsabilidad Fiscal) hacía pública su previsión de que, hasta 2022, las pensiones se van a revalorizar muy por debajo del aumento del coste de la vida: aplicando el índice aprobado por el Partido Popular, crecerán a una tasa anual de sólo el 0,25%. Como consecuencia, en estos próximos cinco años los pensionistas habrán perdido un 7% de su poder adquisitivo. Es decir, se confirma lo que ya sabíamos y lo que vienen advirtiendo los sucesivos estudios: que las llamadas “reformas de las pensiones” han sido, en realidad, recortes. Porque a la decisión de desligar del IPC la revisión de las pensiones hay que añadir el resto de aspectos de estas reformas: retraso en la edad de jubilación, cálculo más desfavorable de la pensión inicial y aplicación del llamado “factor de sostenibilidad”.

La misión que el Fondo Monetario Internacional ha enviado a España durante la pasada semana acaba de decir que estas reformas le parecen muy positivas, y nos animan a aplicarlas “en su totalidad, evitando los ajustes puntuales”. Con desparpajo, afirman incluso que estas reformas “aseguran la revalorización nominal” de todas las pensiones (señores del FMI: sabemos qué es la inflación, y sabemos restarla de los aumentos nominales: 0,25% nominal – 2% de inflación =    -1,75% real). El FMI califica esta pérdida de poder adquisitivo como una “transición suave” hacia un sistema “socialmente aceptable”.

Conviene detenerse en los tres argumentos que el FMI ofrece para apoyar su recomendación de recortar las pensiones, que de forma tan entusiasta está aplicando nuestro gobierno.

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A Miren Etxezarreta, por su enorme trabajo – Asociación para la Defensa de las Pensiones Públicas de Canarias

Autor: Miren Etxezarreta

A Miren Etxezarreta, por su enorme trabajo – Asociación para la Defensa de las Pensiones Públicas de Canarias, 18 de mayo de 2017.

Estimada Miren, desde la Plataforma de Pensiones de Tenerife, ahora convertida en Asociación para la Defensa de las Pensiones Públicas de Canarias, queremos agradecer y felicitarte por tu trabajo, tu clara y valiente defensa de las pensiones públicas, tanto en publicaciones como en los medios de información. Así lo vimos, últimamente, en el programa Millenium de TVE. También recordamos como un éxito tu participación en las jornadas que compartimos hace unos años en Tenerife. Tenemos un poeta en la Asociación, que te dedica uno de sus escritos. Gracias, enhorabuena, en nombre de la Asociación. Un abrazo, Mercedes Cáceres (secretaria). Salud

VIEJOS
Todos los hombres vivos, también las vivas
mujeres llegarán a viejos. Albañiles, maestros,
mineros, limpiadoras, arregladoras de casa,
sabrán que no pueden mantener el ritmo
y aprenderán a decir adiós. Adiós a largas
jornadas derrotadas por la luna, adiós
a hijos inquietos que tendrán que irse,
a los retales del tiempo sin gafas de vista,
a las altas escaleras del subsuelo.
Encontrarán dolores de cadera, de rodillas
en alfombra persa, también dolor
invertebrado bajo la espalda. Dejarán
de ser socialmente rentables. Sabrán más cosas
sin haberlas aprendido y llorarán sin motivo
por ninguna razón. Dicen ahora que viven
mucho los viejos, que cuesta mantenerlos
un Everest, algunos los conciben como reserva
de votos, personas que tienen mucho que conservar.
¿Cómo van a almacenar el tiempo que les queda,
la casa en navidad, los pájaros en abril?
¿Dónde hallar el refugio inesperado,
la sonrisa gratuita, la ayuda precisa,
la pensión justa, el amor necesario,
el corazón en la tierra, el corazón
del corazón, la vida perseguida, la muerte
pacífica, el dolor de no vivir?

A Miren Etxezarreta,
por su enorme trabajo

¿Pensiones para todos? (Participación de Miren Etxezarreta en el programa Millenium de TVE)

Autor: Miren Etxezarreta

RTVE

Programa de debate moderado por Ramón Colom sobre el futuro de las pensiones con Tomás Burgos, Rafael Domenéch, Miren Etxezarreta y Julio Pérez Díaz.

Puedes ver el programa aquí.

“Hay una campaña mediática diciendo que las pensiones peligran” (Entrevista a Miren Etxezarreta)

Autor: Miren Etxezarreta

Telecinco

¿Peligra el futuro de las pensiones? Miren Etxezarreta, jubilada y doctora en Economía asegura en ‘AR’ que se trata de una campaña mediática promovida desde las instituciones. “Esta campaña parte del capital financiero y está apoyada por el Banco Mundial”, comenta. Además, Miren asegura que el problema demográfico no es una excusa para que las pensiones suban menos que los precios. “El Estado español ha crecido mucho desde 1977 tenemos más que el doble de la riqueza que había, pero no hay más del doble de viejos”, afirma.

Puedes ver la entrevista aquí.

Para muestra, un botón

Autor: Nacho Álvarez Peralta

eldiario.es

Jordi Sevilla hace público en su último libro ( Vetos, pinzas y errores, Ed. Deusto) un episodio que sucedió durante la conocida reunión que mantuvimos PSOE, Podemos y Ciudadanos el 7 de abril de 2016.

El pasaje en cuestión tiene trascendencia dado que, en el fondo, refleja el tipo de preocupaciones e intereses con los que las distintas fuerzas políticas abordamos aquel proceso de negociación para alumbrar un posible gobierno de cambio. Y tiene relevancia además no sólo para entender el pasado reciente, sino porque se refiere a una cuestión central del debate político actual: ¿cómo garantizamos pensiones de calidad?

La delegación de Podemos expusimos en aquella reunión algunas medidas de política económica que considerábamos fundamentales para empezar a negociar un gobierno de cambio. En materia de pensiones manifestamos nuestra oposición a la reforma de pensiones del PP (también a la del PSOE) y, en particular, planteamos la necesidad de volver a un marco de revalorización de las pensiones vinculado al IPC. Fue llegados a este punto cuando Jordi Sevilla, como él mismo cuenta en su libro, interrumpió crítico: “¿Y qué haremos los años que tengamos IPC negativos?¿Es esa vuestra fórmula de izquierdas?”.

Efectivamente, como relata el exministro, enmudecimos. No dábamos crédito. ¿Realmente la preocupación del equipo económico del PSOE era la fórmula de revalorización de las pensiones en años de deflación? ¿Acaso es un problema macroeconómico que los años con IPC negativo las pensiones se mantengan congeladas (actuando como freno frente a la temible deflación)? ¿Pretendía con ello Jordi salvaguardar la última reforma de pensiones del Partido Popular? ¿O es que estaba pensando en pedirles a los pensionistas reducciones en sus prestaciones durante los años en los que cayesen los precios?

Nos resultó desconcertante que el obstáculo para hablar de cómo “reformar las reformas” del Partido Popular fuese un fenómeno –como la deflación– prácticamente desconocido en nuestro país. Entre 1960 y 2009 España no ha conocido ningún año con inflación negativa (gráfico 1). Más de 190 trimestres seguidos con inflación interanual positiva, hasta la llegada de la crisis. De nuevo, desde el último trimestre de 2016, el crecimiento interanual de los precios vuelve a ser positivo, acelerándose hasta el actual 2,3%.

Gráfico 1. Índice de precios al consumo (%, interanual). | Fuente: Banco de España. Elaboración: Nacho Álvarez.

Fuente: Banco de España.

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“El futuro de las pensiones está en pagarlas vía impuestos” (Entrevista a Miren Etxezarreta)

Autor: Miren Etxezarreta

Más Voces

El debate sobre el futuro de las pensiones no para de crecer en el Estado español. La preocupación de los pensionistas sobre el futuro de su pensión aumenta cada día. Y no digamos la de aquellos que están cerca de jubilarse.

Las malas noticias se van acumulando. Al Fondo de Reserva de la Seguridad Social, que llegó a tener más de 66.000 millones de euros, le quedan ahora poco más de 15.000 millones según el Gobierno. La paga extra de diciembre de este año no podrá pagarse con estos fondos, como se ha hecho estos años, porque estarán agotados.

El gobierno del PP, en cinco años, se ha cargado la «hucha de las pensiones» y, ahora, echa la culpa a la ciudadanía. Que si hay muchos pensionistas, que si cobran mucho, que viven más años que antes, son frases que suelen pronunciar miembros del Gobierno del Partido Popular. Sus propuestas: pues parece que alargar la jubilación a los 67 años parece que se les queda corto. Muchos ya piensan en que a los 70, de momento, sería ideal. Es una manera fina de reducir pensionistas, tardarán más en serlo y durarán menos ya que llegarán más «trabajados», es decir, menos sanos.

Radio Klara, de Valencia, entrevista sobre el tema de las pensiones a Miren Etxezarreta, del Seminario de Economía Crítica Taifa y catedrática emérita de Economía Aplicada por la Universidad Autónoma de Barcelona quien responde a la pregunta: ¿están las pensiones en peligro?

Descargar audio (MP3 – 17 MB)

El futur de les pensions/8 al dia amb Josep Cuní (Entrevista a Miren Etxezarreta)

Autor: Miren Etxezarreta

Després que el govern de Mariano Rajoy anunciés una nova reducció dels fons de reserva, analitzem a ‘8 al dia amb Josep Cuní’ el futur de les pensions amb Miren Etxezarreta, catedràtica emèrita d’Economia Aplicada de la UAB, i amb Damià Querol, director executiu de l’Institut d’Estudis Financers.

Entrevista en 8TV

El “otro” problema de las pensiones

Autor: Nacho Álvarez Peralta

El País

Nuestro sistema de pensiones tiene dos problemas. Del primero de ellos –su sostenibilidad financiera– todo el mundo habla, y se han escrito ríos de tinta. No es para menos, pues garantizar el futuro de dicho sistema exige que la caja de la Seguridad Social no acumule, como sucede ahora, déficits crecientes. Sin embargo, hay un segundo problema que en el debate actual pasa inadvertido, y que es igual de preocupante o más: si nada cambia, las dos últimas reformas del sistema de pensiones (en 2011 con Zapatero, y 2013 con Rajoy) ocasionarán una reducción de la pensión media durante las próximas décadas que, según los expertos, podría alcanzar el 30-35% (I. Zubiri, Cómo reformar las reformas de las pensiones…y el coste de no hacerlo, Cuadernos de Relaciones Laborales, Vol. 33, nº 2, 2015).

La fuerte destrucción de empleo –asociada a la crisis económica y a las políticas de recortes– determinó que en 2010 la Seguridad Social entrase en números rojos. La reforma laboral y la devaluación salarial han agravado el problema, dado que la creación de empleo basura conlleva cotizaciones basura. Así, este año el déficit de la Seguridad Social alcanzará los 18.000 millones de euros. Las dos reformas anteriormente mencionadas han tratado de solucionar este problema de sostenibilidad adoptando el mismo enfoque: reducir el gasto futuro en pensiones, recortando derechos y prestaciones, en lugar de intentar incrementar los ingresos del sistema. Con ello, estas reformas han generado el “otro” problema de las pensiones.

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Las pensiones no están en riesgo; está en riesgo el negocio del capital financiero

Autor: Eduardo Garzón Espinosa

Saque de Esquina

Las pensiones siempre han supuesto un asunto muy complejo y polémico. Complejo porque nuestras comunidades occidentales han diseñado un sistema institucional para el pago de las pensiones muy sofisticado que no resulta intuitivo ni fácil de comprender para quienes no se han adentrado mínimamente en él. Y polémico porque al mover mastodónticas cantidades de dinero resulta un botín enormemente atractivo para el capital –particularmente el financiero–, que intenta por todos los medios socavar las bases del sistema público y poder así “liberar” el dinero para hincarle el diente.

En cualquier caso, cuando hablemos de pensiones nunca podemos perder de vista varias cosas importantes que desgraciadamente se suelen olvidar. La primera de ellas es que lo que verdaderamente importa en este asunto no es la cantidad de dinero que haya o deje de haber (en el sitio que sea) para pagar las pensiones, sino si nuestras comunidades son capaces de garantizar un nivel de vida determinado a todas aquellas personas que por edad o incapacidad no estén recibiendo un ingreso por su trabajo. El dinero no nos da de comer, ni nos viste, ni nos cuida, ni nos educa, etc; todo eso lo hacen otras personas con su fuerza de trabajo y ayudadas por máquinas y herramientas, aunque en este sistema económico monetizado lo hagan a cambio de dinero. El dinero no es ni más ni menos que un invento del ser humano para facilitar y poner en marcha esas transacciones y esos servicios; y como tal, puede ser incrementado o reducido a voluntad o incluso sustituido por otro catalizador y medidor que sirva a tal efecto.

Por decirlo de otra forma: mientras tengamos suficientes personas en nuestras comunidades dispuestas a y capacitadas para realizar las actividades que necesitan los pensionistas para vivir bien (cuidar, proveer de alimentos, medicamentos, ropa, calzado, educación, cultura, ocio, etc), el asunto de ver cómo ponemos a estas personas a trabajar será secundario. Podríamos crear más dinero, o pedir dinero prestado, o incrementar los impuestos, o diseñar nuevos medios de pago, o rearticular nuestro sistema de producción y distribución, etc. El “problema” sería menor, de carácter organizativo, y no de falta de recursos y capacidades.

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Al ataque de las pensiones

Autor: Albert Recio Andreu

Mientras Tanto

Recién estrenada la legislatura ya se ha puesto sobre el tapete la primera gran reforma, la de las pensiones. La justificación es obvia: en los últimos años los ingresos por cotizaciones no han bastado para pagar las pensiones, y la Seguridad Social ha tenido que sufragar echando mano del fondo de reserva. Tantas veces se ha usado y con tal intensidad que de continuar la situación (y es impensable que a corto plazo este cambio se dé) en junio no alcanzará el remanente del fondo para pagar la extra de verano. Hay que hacer algo pronto. Pero ya se sabe que las prisas no son buenas consejeras, más bien quecon las prisas es más fácil que nos cuelen más de un truco.

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Miren Etxezarreta: “El Banco Mundial estableció una estrategia para que haya planes de pensiones privados”

Autor: Miren Etxezarreta

La Sexta

La catedrática emérita de economía explica en El Objetivo que “en un momento determinado los bancos se hundieron y se sacó dinero para resolverlo porque era un tema colectivo del país”, por eso afirma que “habrá que encontrar dinero” ya que “los ancianos tienen que seguir viviendo”: “¿Es que nos van a despeñar?”.

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