Economía Crítica y Crítica de la Economía

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Por una política económica que incorpore la igualdad de género

Autor: Lina Galvez y Ruth Rubio-Marin

Economistas frente a la Crisis

  • Introducción

Junto a la sostenibilidad ambiental y la lucha por la justicia redistributiva, cualquier agenda de progreso social, que luche por erradicar las diversas formas de explotación indebida de recursos y la marginalización de las personas, debe expresar su compromiso con la igualdad de género y con la equidad o corresponsabilidad en la distribución de las tareas de cuidado de las que depende la reproducción del tejido social y de la especie humana.

Dentro de las distintas tipologías de estados de bienestar, el modelo español se ubica en el tipo familista, caracterizado por poco gasto público familiar y escaso desarrollo de servicios públicos de atención al cuidado, factores que van indisociablemente unidos a bajas tasas de fecundidad y de actividad laboral femenina. En España el gasto público en «familia y niños» está a la cola de la UE con 1,4% del PIB (en 2014). La organización social del cuidado en España descansa funtamentalmente sobre las familias, y dentro de ellas, principalmente sobre las mujeres, realidad que se ha visto agudizada con la merma de inversion pública en dependencia, sanidad y educación en tiempos de crisis. A su vez, la interrelación que se establece entre el reparto de trabajos y tiempos en el ámbito doméstico y el mundo laboral es circular. El círculo vicioso consiste en que las mujeres se incorporan menos y en peores condiciones a los mercados de trabajo al disponer de menos tiempo, flexibilidad e incentivos para hacerlo, y en que cuando lo hacen, tengan o no cargas domésticas, son tratadas de manera más segregada y precaria. La parcialidad, precariedad y escasa remuneración del trabajo de las mujeres las condena a su vez a un menor poder de negociación en las familias a la hora del reparto de los tiempos y los trabajos.

Para supercar la situación actual se imponen tres líneas prioritarias de intervención en el ámbito económico y social tales como son las políticas centradas en los mercados de trabajo, las políticas de cuidado y las políticas fiscales y macroeconómicas. Ninguna de ellas, aisladamente consideradas, es suficiente al igual que no lo son en su conjunto si no van acompañadas de otras políticas que persigan la igualdad integral entre hombres y mujeres valiéndose para ello de una institucionalidad específica, recurriendo a la paridad ejemplarizante en todos los ámbitos de toma de decisión y empezando por políticas destinadas a erradicar la enorme lacra social que constituye la violencia machista y los arraigados estereotipos de género, empezando por el sistema educativo. Seguir leyendo…

Atención a la dependencia: si hay solución, ¿cuál es el problema?

Autor: Maria Pazos Moran

Público.es

El riesgo de caer en situación de dependencia afecta a todas las personas, pero sólo una ínfima minoría tiene los medios económicos necesarios para cubrirlo de forma individual. ¿Quién puede permitirse una residencia privada? Su coste mensual medio ronda los 2.000 euros (sin contar extras), y la pensión contributiva media de las personas mayores de 85 años es de 786,67 euros. El máximo de la prestación económica vinculada al servicio (PEVS) para el grado máximo de dependencia es de 715,07. Echemos las cuentas.

El resultado es que solo el 13% de las personas dependientes se benefician de la PEVS. Otra minoría (el 18%) accede a una residencia pagada directamente por el sistema (muchísimas de ellas “concertadas”, o sea privadas). Pero la mayoría de los casos se “resuelven” mediante la concurrencia necesaria de una cuidadora familiar 24 horas: el 36% mediante una prestación por cuidados en el entorno familiar (PCEF), el 23% por la ayuda a domicilio pagada por el sistema (y generalmente prestada por empresas privadas), y en muchos otros casos sin prestación.

Contratar a una o a varias empleadas de hogar también está fuera del alcance de la inmensa mayoría. Solamente un 6% de las familias con personas dependientes recibe ayuda remunerada por más de 20 horas semanales, y aún serían muchas menos si este empleo gozara de los derechos básicos que concede el Estatuto de los Trabajadores y la Seguridad Social al resto de las personas trabajadoras por cuenta ajena.

¿Qué decir de las cuidadoras familiares? Ahora que el salario mínimo es objeto de atención, afortunadamente, conviene recordar que la PCEF está sujeta a un tope de 387,64 euros/mes. Esas mujeres cuidan 24 horas al día durante los 365 días del año, sin ni siquiera el respiro de un par de horas diarias que les proporcionaría la atención a domicilio (ambas prestaciones son incompatibles). Aparte de no tener derechos como jornada máxima, descanso diario y semanal o vacaciones pagadas, ¿a cuánto le sale la hora a la cuidadora familiar? Es fácil calcular y comparar.

La situación de las cuidadoras familiares 24 horas está por debajo de todos los derechos humanos y laborales. Quitarles encima el reconocimiento de estos periodos como cotizados fue de una insensibilidad incalificable. Pero darlas de alta en la seguridad social para la pensión (no para el desempleo) no las libera de su situación de trabajadoras sin derechos, a la cual acuden presionadas por la necesidad y empujadas por el sector público que las contrata, aunque no las llame trabajadoras.

En conclusión, el sistema actual es tremendamente injusto, tanto con las mujeres que se ven obligadas a cuidar en condiciones infrahumanas como con las personas dependientes que no son atendidas suficientemente.

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