Economía Crítica y Crítica de la Economía

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La Revolución española: The making of (II)

Autor: Jose Luis Carretero Miramar

Revista Crisis

Julio de 1936. La Revolución ha estallado. Barcelona está en poder de los obreros. Los patronos fascistas han huido a la zona sublevada. Los republicanos burgueses catalanistas no se atreven aún a mostrarse demasiado en público, paralizados ante la potencia creativa y la capacidad para la violencia de las masas. El Partido Comunista aún no es nada en la Ciudad Condal, fuertemente dominada por las “patrullas de control” organizadas por los comités revolucionarios de los barrios obreros, nacidos de las redes territoriales del anarcosindicalismo y nutridos de jóvenes de las bases del sindicato mayoritario: la CNT.

Los obreros tienen el poder y empiezan a ejercerlo. Se abre una dinámica que generará el proceso de transformación social más profundo que ha visto la Península Ibérica en su historia. En términos de participación directa de las masas, quizás una de las revoluciones más radicales de la Historia global, pero también un proceso débil, sometido a grandes contradicciones, en gran medida desarticulado y espontáneo, que será finalmente derrotado antes, incluso, (y esto es importante) de la derrota de la República en la Guerra Civil.

La Revolución empieza por la colectivización de la industria: los patronos han huido, las fábricas son tomadas por los trabajadores. Los servicios, también. La CNT llevaba décadas anticipando este momento en su propaganda y en las ponencias de sus congresos. Pero no se había limitado a la declamación y al dibujo de programas utópicos. Había hecho mucho más: había “doblado” la estructura productiva con las formas de autoorganización obrera y había estudiado en detalle la organización del proceso productivo. El sindicato era, en la concepción traída del sindicalismo revolucionario francés, el futuro gestor de la economía sin patronos. Tenía que estar preparado para hacerlo. En los congresos confederales anteriores a la guerra, no sólo se reproducían las odas a la anarquía o al “mundo nuevo”, sino también los llamamientos, enormemente prosaicos, a que los sindicatos recopilasen toda la información económica, contable, tecnológica, posible sobre el proceso productivo en sus respectivos sectores. A que contactasen con los técnicos, para atraerlos al sindicato. A que estudiasen como sustituir al patrono en breve plazo, como gestionar las empresas.

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La Revolución española: The making of (I)

Autor: Jose Luis Carretero Miramar

Revista Crisis

Es 19 de julio de 1936. Un calor asfixiante en la ciudad portuaria e industrial de Barcelona. Tras un cruento asalto al cuartel de Atarazanas y fuertes enfrentamientos armados por toda la ciudad, las masas obreras han detenido la tentativa de golpe de estado militar fascista que, sin embargo, ha tenido éxito en otros lugares de España. Los trabajadores son los dueños de la situación. En medio de un enorme vacío de poder, con el Estado republicano en pleno shock y las fuerzas burguesas y liberales escondidas y paralizadas, los sindicatos y sus estructuras de acción barrial (las famosas patrullas de control) se transforman en la única arquitectura institucional operativa. Los obreros toman el poder o, quizás mejor, lo disuelven y sustituyen por sus propias formas de hacer, basadas en la autogestión y la autoorganización proletaria.

Comienza la llamada “Revolución Española”, un proceso de autoorganización obrera y campesina de una profundidad sin precedentes, pero también con sus claro-oscuros, limitaciones y errores. Una deriva incompleta y tremendamente espontánea, pero también fuertemente creativa y constructiva, que se convertirá en un marco de referencia ineludible para quienes, a partir de entonces, quieren transformar el mundo.

En la segunda parte de este texto, nos detendremos en las formas que adopta el poder popular que se construye a partir de julio de 1936, en el llamado proceso colectivizador. Sin embargo, vamos a intentar desentrañar cómo alcanzó ese punto. Cómo se construyeron las bases materiales de ese poder popular que el 18 de julio irrumpió, ya maduro, en la escena, para cambiarlo todo. ¿Cómo se llegó hasta allí?

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Economía feminista, sin eufemismos, para articular transiciones justas

Autor: Carmen Castro Garcia

eldiario.es

La urgencia de las transiciones ecosociales se anuncia con cada evidencia científica de los grandes cambios que ya están en marcha: el ecológico, con el colapso del planeta en ciernes; el demográfico, con el proceso acelerado de envejecimiento; y el tecnológico, con el proceso de robotización y la digitalización de la economía. Todos ellos van mostrando ya realidades distorsionadas que auguran un futuro escasamente deseable para gran parte de la población. No es casual que las primeras emergencias conduzcan al abordaje de los cuidados como una necesidad social y a la redistribución de tiempos, trabajos y rentas desde criterios de justicia de género, social y medioambiental.

El discurso sobre la necesidad de articular la agenda en torno a la sostenibilidad de la vida (tanto de los ecosistemas como de las personas) ha ido sumando voces, a veces incluso a riesgo de su banalización; por ello, creo que es importante poder llegar a atisbar el bosque en su conjunto, desmontando para ello los relatos en los que no es posible identificar de qué vida hablamos, a quién afecta, en qué condiciones y a cambio de qué. En la era de los eufemismos, las trampas neoliberales avanzan cada vez con mayores dosis de misoginia institucionalizada y edulcorada por la parafernalia de los mercados. Sin embargo, no son tiempos para medias tintas. Jugar actualmente a la ambigüedad conceptual, si bien puede ser una táctica para conseguir un determinado rédito electoral, es muy discutible que dicha práctica pueda identificarse como un ejercicio honesto de compromiso real con la transformación social. Esto viene a cuento también por el hecho de cómo a veces se elude nombrar a la economía feminista aún a costa de perder lo que se quería comunicar y de que sea su propia particularidad crítica, la feminista, la que da sentido y coherencia a las transiciones económicas que propone.

Y es que la economía feminista aboga por el sostenimiento de una vida digna para todas las personas, desde la igualdad de género, en una amplia dimensión en la que confluyen diversidades sexuales, de identidades, raciales y procedencias en un sistema relacional de interdependencia que busca reconciliarse con la naturaleza, de manera inaplazable, sabiendo que el momento es ya. Hablamos de la vida atravesada por las desigualdades estructurales y de la necesidad de posibilitar escenarios de justicia redistributiva, garantizando condiciones dignas para las mayorías sociales, esto es, alimentos, educación, salud, vivienda, tiempo para una misma, tiempo social, corresponsabilidad en los cuidados, etc. Hablamos de equilibrios y de autonomía relacional, hablamos de plenitud a lo largo del ciclo de vida, hablamos de repensarnos y construirnos desde otro paradigma, desmontando las asimetrías jerárquicas existentes por cuestión de género. Hablamos de subvertir el (des)orden patriarcal y neoliberal. Hablamos de la vida en común, de la colectividad, de la empatía social, invitando a repensarlo y reconfigurarlo todo a través de un proyecto ético para la transformación social, por el que nos replanteemos qué producimos, en qué condiciones, a cambio de qué y sobre todo, qué necesitamos realmente para vivir bien.

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Devaluación interna y desigualdad en la Eurozona

Autor: Ricardo Molero Simarro

ctxt.es (La Paradoja de Kaldor)

s difícil encontrar otra región del mundo donde, durante la última década, las condiciones de vida hayan empeorado en mayor medida que en países como España, Grecia o Portugal. El sentido común dicta que ese deterioro es consecuencia de las políticas de austeridad fiscal. Sin embargo, aunque resulte contraintuitivo, la capacidad redistributiva del Estado ha aumentado de facto en esos países. A pesar de los intensos recortes del gasto público, el efecto contrarrestante de los “estabilizadores automáticos” (la activación, al llegar la recesión, de transferencias sociales como las prestaciones por desempleo) ha reducido el impacto de la crisis sobre la desigualdad. Dada la insuficiencia de los Estados de bienestar mediterráneos, eso no ha bastado para impedir la dramática extensión de la pobreza monetaria y la exclusión social. No obstante, nos obliga a buscar las razones del aumento de la desigualdad en otra dimensión: la de la distribución de la renta en el ámbito productivo, denominada “desigualdad primaria” o “de mercado”.

Desde que Kaldor estableciese su famosa paradoja, un número cada vez mayor de economistas cuestiona la relevancia de los costes laborales para explicar la competitividad externa de las economías. Dichos costes son sólo una parte del total (que incluye materias primas, suministros, transporte, costes financieros, etc); y, en muchos casos, los márgenes de beneficios influyen más en la determinación de los precios de venta. Además, los costes laborales se miden en relación a la productividad. Dada la importancia de las cadenas globales de producción, esa productividad depende de las decisiones tomadas por las empresas transnacionales acerca de dónde localizar cada una de las fases del proceso productivo. Ofrecer menores salarios se encuentra lejos de asegurar una atracción de las actividades de mayor valor añadido. Más bien al contrario. De hecho, las empresas concentran esas actividades en sus casas matriz. Por descontado, entre ellas se incluyen las de innovación tecnológica, que también se ve desincentivada por las estrategias de costes bajos.

A pesar ello, la Troika ha insistido en promover una “devaluación interna” en las economías periféricas de la Eurozona. Se ha argumentado que, dada la imposibilidad de llevar a cabo devaluaciones del tipo de cambio (debido a la pertenencia al euro), la reducción de los precios domésticos era la única manera de disminuir los déficit comerciales crónicos de esas economías. Aunque también se podría haber actuado sobre los beneficios, esa reducción de precios se ha tratado de lograr mediante el ajuste salarial. Entre otras medidas, se ha rebajado la protección frente al despido, se han recortado las prestaciones por desempleo, y, sobre todo, se han debilitado los mecanismos de negociación colectiva. Cada vez hay más evidencias (ver, por ejemplo, aquí y aquí) que demuestran el fracaso de esta estrategia. Las economías en las que se han puesto en marcha esas reformas laborales son las que más tarde han salido de la crisis. Pero, además, en ellas la devaluación salarial se ha convertido en uno de los principales motores del empeoramiento de la distribución de la renta.

Las reformas laborales aprobadas han generado un fenómeno muy llamativo: una divergencia en la evolución de la participación salarial de las economías periféricas respecto a la seguida en el conjunto la Eurozona. Esa participación mide el porcentaje de la renta nacional que va a parar a los salarios de los/as trabajadores/as (incluida una estimación de los ingresos considerados laborales de los/as autónomos/as). Cuando ese porcentaje se reduce es porque se ha producido una brecha entre la mejora de la productividad de los/as trabajadores/as y la de sus salarios. Esto no siempre tiene que ir acompañado de una caída de los sueldos en términos absolutos, pero en este caso sí que ha sido así. El hecho es que, mientras en las economías centrales de la Eurozona la masa salarial aumentaba su participación en la renta, en la mayoría de las periféricas (Chipre, España, Estonia, Grecia, Irlanda, Letonia, Lituania, Malta y Portugal) las medidas de devaluación interna han hecho que continuase empeorando, incluso en plena recuperación del PIB.

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¿Podemos resucitar la política fiscal en Europa?

Autor: Jorge Uxo

ctxt.es (La Paradoja de Kaldor)

Digámoslo claro desde un primer momento: la construcción de las reglas fiscales europeas, las fuertes limitaciones al uso de las políticas presupuestarias y el intervencionismo extremo de Bruselas en las decisiones fiscales de los gobiernos y parlamentos nacionales no se derivan de una teoría económica sólida e incontrovertida. La seguridad con que se exige el cumplimiento de toda la maraña de requisitos que limitan lo que los gobiernos pueden o no hacer, so pena de someter supuestamente a las economías europeas a graves catástrofes, reflejan en buena medida posiciones políticas con un fuerte contenido ideológico, y prejuicios en contra de la intervención pública. Los límites impuestos a la deuda y al déficit (60% y 3% del PIB) son completamente arbitrarios, como lo es la exigencia a todos los países de ritmos preestablecidos de reducción del déficit estructural, que ni siquiera puede medirse sin grandes dosis de incertidumbre.

La experiencia de estos años nos enseña que mantenerse dentro de este marco no asegura que los resultados económicos mejoren (al contrario, las políticas de austeridad aplicadas en mitad de la recesión sobre la base de estas ideas no hicieron más que empeorar la situación, como el propio Draghi acaba de reconocer). Y tampoco es cierto que salirse de él sea equivalente a poner en peligro la sostenibilidad de las finanzas públicas.

Muchos economistas heterodoxos llevamos tiempo afirmando esto –con un “éxito relativo” para lograr cambios reales, seamos sinceros– aunque recientemente hay cada vez más economistas mainstreams que empiezan a reclamar también un papel más activo de la política presupuestaria, incluso desbordando el actual marco fiscal. Como seguramente acabarán resultando más convincentes –son “personas serias”– conviene estar atentos a lo que dicen y, si es posible, aprovecharlo para lograr un mayor consenso político en torno a este objetivo de “resucitar” la política fiscal.

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El nuevo informe “El Estado del Poder” alerta del creciente poder de las finanzas y plantea alternativas

Autor: FUHEM ECOSOCIAL

Se publica la octava edición de El Estado del Poder

Este informe, publicado en inglés por el TNI y cuya edición española corre a cargo del Transnational Institute (TNI), FUHEM Ecosocial y ATTAC España y examina las dimensiones y dinámicas del poder financiero, y cómo los movimientos ciudadanos podrían recuperar el control sobre el dinero y las finanzas.

Las investigaciones demuestran que el protagonismo y el aumento del poder financiero ha aumentado la desigualdad, ha ralentizado la inversión en la producción ‘real’, ha incrementado la presión sobre las personas y los hogares endeudados y ha dado lugar a una merma de la responsabilidad democrática. A pesar de causar en 2008 la peor crisis financiera en décadas, el sector financiero ha emergido aún más fuerte.

El Estado del Poder 2019: Finanzas incluye nueve ensayos y dos entrevistas. Además, el informe ofrece seis Infografías que ilustran aspectos cruciales del poder financiero en el mundo: los actores principales, la geografía del poder, la concentración de riqueza, los lobbies, los crímenes de las grandes empresas y el papel de las finanzas alternativas.

Como lectura complementaria se ha editado una guía divulgativa que apoyándose en casos prácticos, explica con un lenguaje accesible qué es la financierización y los efectos que este proceso tiene sobre la economía, la sociedad, la alimentación y la naturaleza, las fuerzas que lo impulsan y las resistencias.

Esta edición del Estado del Poder, titulado ‘Finanzas’, incluye los Ensayos y Entrevistas:

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Reorientar la brújula

Autor: Nacho Álvarez Peralta y Jorge Uxo

El País

Ha llegado el momento de pasar de la efervescencia electoral al debate de fondo. ¿Qué grandes transformaciones económicas debemos impulsar en esta nueva legislatura?

Tano Santos y Jesús Fernández-Villaverde empujaban recientemente este debate. Algunos diagnósticos son compartidos: el nulo crecimiento de la productividad dificulta la convergencia con nuestros socios europeos, la complejidad tecnológica de nuestras exportaciones es limitada y nuestro sistema financiero está preocupantemente concentrado y poco capitalizado. Sin embargo, entre los desafíos que señalan nuestros colegas hay omisiones relevantes y debates pendientes.

En primer lugar, los economistas no podemos seguir olvidando por más tiempo la actual emergencia climática. Debemos situar en el centro de la agenda la descarbonización de nuestra economía, impulsando un programa de inversiones en energías renovables, rehabilitación inmobiliaria y movilidad eléctrica. Estas inversiones ayudarían además a sortear la desaceleración internacional, apuntalando la creación de buenos empleos.

En segundo lugar, este plan de inversiones verdes debe tener también un componente morado, que impulse infraestructuras sociales de las que carecemos y que son esenciales para avanzar en la igualdad de género. Universalizar la educación de cero a tres años, y desarrollar un verdadero sistema de dependencia, permitiría elevar la tasa de empleo de la economía y reducir la brecha salarial que sufren las mujeres.

Sorprende, en tercer lugar, que Santos y Fernández-Villaverde no hagan referencia en su artículo a la necesidad de reducir la desigualdad: ninguna transformación económica será social y políticamente sostenible si no camina de la mano de una mayor equidad. Los costes de vivir en sociedades tan desiguales están muy documentados: la desigualdad conlleva una insuficiencia estructural de demanda —con pérdidas de crecimiento potencial—, polarización política y desafección social. Contamos con instrumentos diversos, pero la profundidad del problema exige un planteamiento integral: por un lado, necesitamos cambios en las políticas de redistribución —con la articulación de un auténtico sistema de ingresos mínimos y una mayor progresividad fiscal. Pero, además, debemos transformar nuestro modelo de predistribución —con un reequilibrio de la negociación colectiva en el mercado laboral.

Esto nos lleva a un cuarto reto, que nuestros colegas tampoco mencionan: urge terminar con la precariedad, que dificulta los proyectos vitales de muchas personas y daña la productividad de nuestras empresas. La reforma laboral no ha corregido la altísima temporalidad que arrastramos desde antes de la crisis. De hecho, hoy la situación es aún peor: los contratos temporales duran 30 días menos que en 2008 y los indefinidos se han precarizado (el 40% no alcanza el año de duración).

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Los amigos de las desigualdades (Cuaderno de postcrisis: 18)

Autor: Albert Recio Andreu

Mientras Tanto

I

El debate sobre las desigualdades se ha reanimado en los últimos años. Más o menos, mucha gente intuía que la pobreza y las desigualdades estaban creciendo, pero durante largo tiempo la cuestión había sido ignorada por las elites intelectuales. Pero, tanto las valiosas aportaciones de científicos como Richard Wilkinson y Kate Pickett, Branko Milanovic, Thomas Piketty, James K. Galbraith o Felipe Palma ―por destacar autores punteros―, como la creciente evidencia estadística, han obligado a reconocer la gravedad de la cuestión. Incluso instituciones tan conservadoras como la OCDE o el Banco Mundial han realizado estudios que toman cuenta de la situación y abogan por hacerle frente.

Sin embargo, reconocer un problema no es lo mismo que tratar de resolverlo. Es, en todo caso, sólo un primer paso, pues cuando un problema no se ve resulta claro que va quedar marginado (por eso el lobby petrolero ha tratado de forma deliberada de evitar que se reconozca el calentamiento global). Pero una vez reconocido, hace falta adoptar un plan de acción para hacerle frente. Todo plan de acción requiere un buen diagnóstico de las causas que provocan el problema y el diseño de un plan de medidas para hacerle frente. Ello no es siempre posible, como bien sabemos para el tratamiento de muchas enfermedades. Es más fácil detectarlas, acotar su diagnóstico, que explicar cómo se producen y encontrar un tratamiento eficaz. A menudo hace falta mucha investigación hasta llegar a entender los procesos y encontrar las respuestas adecuadas. Se requieren recursos humanos y materiales, se requiere partir de un enfoque teórico adecuado.

Y sabemos que el desarrollo científico y tecnológico está cuajado de sesgos, caminos equivocados. Unas veces porque las teorías disponibles no son adecuadas. Otras porque faltan los recursos, o porque las interferencias políticas o burocráticas bloquean el trabajo. El trabajo científico no es una actividad de individuos libres en busca de la verdad (aunque bastante de ello hay en la mejor ciencia). Es una actividad que se desarrolla en instituciones que tienen sus propias tradiciones, sus jerarquías, sus fuentes de financiación, su organización, y esas instituciones a veces interfieren y otras veces favorecen la obtención de unos determinados resultados. Y la conversión de conocimiento en respuesta práctica depende de otro complejo sistema de instituciones y personas que decidirán apoyar uno u otro desarrollo en función de sus propias lógicas, intereses, ideologías. En el caso de las empresas, el criterio de rentabilidad es crucial. En el caso de instituciones públicas, influyen otras cuestiones. Pero, en todo caso, el resultado final dependerá de esta conjunción entre producción científica, intereses públicos y privados, instituciones. Tomarlo en consideración nos ayuda a entender por qué se habla tanto de desigualdad y se hace tan poco para combatirla.

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“La política industrial del Gobierno Vasco es nefasta, fraudulenta y, en el mejor de los casos, negligente” (Entrevista a Jon Bernat Zubiri Rey)

Autor: Jon Bernat Zubiri Rey

Alda

Jon Bernat Zubiri Rey, doctor en Economía y profesor de la facultad de Relaciones Laborales de la UPV

Asistimos al proceso de liquidación de La Naval. ¿Hay alternativas al cierre?

Inequívocamente sí. Una primera opción es que los gobiernos intervengan en dos fases: por un lado, comprando los activos industriales (terrenos, construcciones e instalaciones) por medio de un fondo público, blindándolos ante especuladores, mientras en una fase en paralelo, impulsan una empresa pública vasca desarrollando un plan de viabilidad industrial a medio plazo recuperando la carga de trabajo que tenía La Naval antes de entrar en concurso. No hay limitación europea a que haya capital mayoritario público mientras exista un plan de viabilidad industrial a medio plazo (3-5 años de carga de trabajo/pedidos).

La segunda opción sería que la empresa pública “Navantia” recuperase la negociación de la draga y, alquilando a la administración concursal las instalaciones del astillero, retomara la actividad. Son alternativas factibles desde todos los puntos de vista (legal-juridico, económico-financiero y laboral), pero exigen la implicación del sector público, algo que tanto PNV como PSOE han rechazado.

¿Qué razones esgrimen para su inacción?

Es una cuestión de modelo. La Consejería de Industria ha apostado por liquidar la actividad de manera que la empresa pueda ser más atractiva a un capital que no busque el relanzamiento de la actividad a nivel local, sino que busque absorber a la empresa en sus bienes intangibles. Esta opción es claramente antisocial y profundiza el desmantelamiento del tejido industrial de la comarca.

El cierre de esta emblemática empresa vuelve a poner en la palestra el imparable proceso de desindustrialización que sufre la Margen Izquierda, Zona Minera y Encartaciones… ¿Qué diagnóstico haces de la situación?

Esta comarca forma parte de un país que ha vivido un proceso de desindustrialización muy fuerte durante las últimas décadas. La situación de la industria vizcaína es muy grave. Según datos del INE, en los dos últimos años -con crecimiento económico- se han destruido más de 13.000 empleos industriales; y Ezkerraldea está muy insertada en esa caída del tejido industrial.

Un dato que refleja claramente la desindustrialización que sufre el país: la industria de Bizkaia, Gipuzkoa y Araba ha pasado de suponer un 49% del Producto Interior Bruto en 1977, a un 29% en 2007; situándose en el 24% en 2018. El empleo industrial ha ido reduciéndose de manera imparable: de 423.000 empleos en 1975, a 274.000 en 1986, y a 188.000 en marzo de 2019.

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Propuestas modestas sobre lo que debería hacerse en política económica (Cuadernos de incertidumbre: 18)

Autor: Albert Recio Andreu

Mientras Tanto

I

Ahora que sabemos que el peligro de un cuatrienio negro se ha disipado, es hora de pensar en qué cosas deberíamos exigir del nuevo gobierno, en qué líneas debería orientarse la política económica. Las ideas que incluyo se limitan a ampliar la respuesta que di a los redactores de Alternativas económicas cuando me pidieron cinco propuestas de actuación. Seguro que quedan muchas cosas fuera, pero espero que algunas sean útiles.

Es evidente que la economía española tiene un grave problema de sostenibilidad desde una triple visión económica: convencional, ecológica y social. En el primer aspecto sitúo los problemas de deuda externa y los de balanza de pagos (que reflejan los efectos macroeconómicos de la estructura productiva y el modelo de consumo, de la distribución de la renta). El segundo es obvio, y en el tercero se incluyen tanto el intolerable nivel de las desigualdades como los problemas de los servicios públicos. Y, por tanto, toda política seria debe tratar de abordar estos tres espacios.

Hay que ser conscientes de que las propuestas, y sobre todo las prácticas, no tienen lugar en el vacío; se desarrollan dentro de un contexto concreto. La economía española, como la de cualquier otro país, no es autónoma, sino que está condicionada por el contexto internacional en el que opera. Y es obvio que este contexto es altamente limitador en dos sentidos. En primer lugar, estamos inmersos en un marco institucional altamente condicionante: pertenencia a la zona euro y a la Unión Europea, elevado endeudamiento exterior que genera dependencia respecto al capital financiero, etc. En segundo lugar, estamos condicionados por la trayectoria pasada que ha configurado una determinada especialización productiva, que ha señalado una senda de desindustrialización, un marco institucional interno.

Ante estos condicionantes, podría optarse por dos alternativas que oscilan entre la ruptura radical o la acomodación a las condiciones. En el primer campo se sitúan los que plantean salirse del euro y/o declarar el impago de la deuda; los que plantean que las políticas neoliberales se pueden revertir por mero voluntarismo. Entiendo esta posición, pero soy escéptico sobre su cumplimiento. Entre otras cosas porque la ruptura (o la “revolución”) es mucho más fácil de propugnar que de llevar a la práctica. Y ello es así porque, en parte, el marco institucional imperante ha tejido un conjunto de normas e instituciones que dificultan estas rupturas (como ejemplifica el devenir del Brexit). También porque cualquier ruptura genera unos costes de transición que sólo pueden afrontarse si hay una base social dispuesta a llevarla a cabo hasta al final, y a sacrificarse en pos del cambio. No veo en nuestra sociedad este nivel de convicción en una masa crítica suficiente (como tampoco la ha habido para la independencia de Catalunya y como tampoco la hubo para que Grecia se saliera del euro). Por eso, mi planteamiento elude este problema y se centra en un nivel de acciones en las que sí hay autonomía y donde es posible aplicar políticas que se sitúen en los límites del marco condicionante (y que en cierta medida permitan superarlo). Seguir leyendo…

Tiempo de feminismo, de pactos y confluencias

Autor: Carmen Castro Garcia

eldiario.es

La pasada cita electoral trasladará al Congreso la mayor representación de mujeres conseguida (47,4%) y también la constatación de que aún existe una amplia mayoría social y progresista dispuesta a frenar a la ultraderecha y a articular márgenes de confluencia para acabar con la precariedad, la desigualdad y la injusticia social. Falta por demostrar si la mayoría parlamentaria propiciará el momento decisivo para emprender políticas transformadoras que nos alejen de los rancios encorsetamientos de género y de la división sexual del trabajo.

El horizonte está por despejar y no es previsible que se resuelva la incertidumbre antes de la próxima cita electoral -26M- sobre cuáles serán las piezas que jueguen un papel protagonista en la conformación del Ejecutivo. Hay teorías explicativas sobre esta demora, desde las que aluden al tacticismo, a la incompetencia para analizar los resultados, al negacionismo ante la evidencia de los mismos o a intereses implícitos y de connivencia con las oligarquías económicas.

Entre tanto ruido, pudiera parecer que las cartas vienen dadas; sin embargo, sería un error pretender obviar el significado del voto instrumental y cuál fue el detonante que lo ha activado en las pasadas elecciones. Es probable que quien adolece de mirada de largo alcance confunda los votos y la mayoría parlamentaria conseguida con una oportunidad para defender su propia marca; sin embargo, este no es momento para el simplismo de aferrarse a la siglas de un partido concreto, es el momento de hacer emerger el interés general y confluir. Sí, han leído bien, confluir es la acción.

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Razones para rechazar las políticas de austeridad

Autor: Isabel Serra y Fernando Luengo

infolibre.es

Conviene, en primer término, desvelar el lenguaje tramposo e interesado contenido en el término “austeridad”. El capitalismo, en general, y el modelo de producción y consumo vigente en Europa, en particular, no son austeros, sino despilfarradores. Se alimentan de una utilización masiva, imposible de sostener, de recursos naturales no renovables y en un crecimiento de la demanda capaz de absorber y dar salida a un aumento continuo de las capacidades productivas. La desbordante expansión de las finanzas que abrió las puertas a una economía basada en la deuda, hasta el estallido del crack financiero, tampoco respondió al paradigma de la austeridad.

Pero llegó la crisis y el relato dominante convirtió el término “austeridad presupuestaria” (su ausencia) en el centro de explicación de la misma y en la clave para su superación. El poder económico y político encontró el “chivo expiatorio” idóneo: el sector público. ¿Cuál es la causa de la crisis?: el desorden presupuestario; ¿cómo superarla?: aplicando drásticas políticas de austeridad sobre las cuentas públicas. ¡Ahí quedó y todavía permanece encerrado el debate!

Una auténtica operación de camuflaje que ha conseguido que pasen inadvertidas la responsabilidad de las grandes corporaciones privadas y de la industria financiera, tanto en la generación como en la gestión de la crisis. También ha sido muy útil para llevar a cabo un formidable proceso de socialización de los costes de la crisis aumento de los impuestos para las clases populares y recortes sobre el gasto público social y productivo- en beneficio de las élites económicas y empresariales, los verdaderos responsables de la crisis, que han recibido una enorme cantidad de recursos públicos.

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La devaluación salarial: ¿una historia interminable?

Autor: Luis Cardenas

ctxt (La Paradoja de Kaldor)

Con la crisis económica se inició una estrategia de “devaluación salarial” (una reducción de los salarios nominales) con el objetivo de recuperar el crecimiento económico. Pero lo cierto es que la restricción salarial se ha extendido mucho más allá de la propia crisis económica y del crecimiento posterior. Por ello cabe preguntarse si esa estrategia estaba justificada y hasta cuándo va a durar.

Según los principales impulsores de la reforma laboral del año 2012, el marco de negociación colectiva español era excesivamente rígido y particularmente nocivo ante un shock económico (como una crisis financiera internacional). Ya que ésta impedía los ajustes salariales en el corto plazo, obligando a las empresas a despedir trabajadores (en ausencia de otros mecanismos de flexibilidad interna). Para solucionarlo las principales medidas fueron cuatro: 1) Posibilidad de descuelgue o inaplicación temporal del convenio colectivo unilateralmente si se dan cualquiera de una amplia gama de supuestos. 2) Prioridad aplicativa del convenio de empresa. 3) Posibilidad de renegociar un convenio antes del final de su vigencia por cualquiera de las partes. 4) Límites a la ultraactividad de los convenios. Pasado un año tras el fin del convenio, pasará a aplicarse el convenio de ámbito superior o, en caso contrario, los trabajadores quedarían expulsados de la negociación colectiva.

Pero lo cierto es que la interpretación de que el aumento del desempleo se debe a la rigidez salarial es bastante cuestionable. En primer lugar, es sobradamente conocido que la mayor parte de la destrucción de empleo entre 2008-2013 se debió a la crisis inmobiliaria y del sector de la construcción (el 45% de los empleos destruidos se perdieron en ese sector, de acuerdo a la Contabilidad Nacional). Es difícil de creer que la variación del salario pactado en ese sector (siempre por debajo del 2% esperado de inflación) sea la causa de los despidos, en vez del fin de la burbuja inmobiliaria.

En segundo lugar, se suele sostener que el ámbito de la negociación colectiva es inadecuado ya que se centraba en un nivel demasiado lejano a las circunstancias reales de las empresas, imponiendo así una excesiva rigidez para adaptarse a los cambios. Pero lo cierto es que, tras la reforma laboral, la prioridad de los convenios de empresa no se ha traducido en un gran incremento de los trabajadores cubiertos por este tipo de convenios, sino que, de hecho, se ha reducido. Aunque esta caída se ha visto compensada por el incremento de los convenios de grupo de empresas, el peso de la suma de ambos se ha mantenido invariable (en el entorno del 11% del total de trabajadores cubiertos por este tipo de convenio). Esto significa que, aunque el marco jurídico ha sido más favorable para este tipo de convenios, las empresas no han optado por ellos más que antes.

De hecho, han sido los convenios sectoriales de ámbito provincial los que se han reducido drásticamente (mientras que en 2008 suponían más de la mitad de los asalariados cubiertos, en 2016 son un tercio). Han sido los convenios de ámbito superior (interprovincial o nacional) los que han ganado un mayor peso (el 45% del total). Todo ello indica que los convenios de ese ámbito no se encontraban en contradicción con las necesidades de las empresas, ya que optan mayoritariamente por firmar este tipo de convenios.

Pero además es cuestionable que el salario pactado fuera rígido a la baja. En el gráfico es posible analizar la evolución del salario pactado y su relación con el desempleo, la conocida como curva de Phillips. Para ver el ajuste se han incluido los valores mensuales tanto de la variación salarial pactada (los datos provienen de la Estadística de Convenios Colectivos de Trabajo) como de la tasa de desempleo (calculada mediante el paro registrado en el Servicio Público de Empleo Estatal, SEPE, y el número de afiliados a la Seguridad Social).

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¿Subir o bajar los impuestos?

Autor: Isabel Serra y Fernando Luengo

eldiario.es

Este dilema estará, ya lo está, en el centro del debate político y de la confrontación electoral. Parece una pregunta clara a la que los partidos políticos en liza tendrían obligación de contestar.

El recetario de la derecha es “bajemos los impuestos” y los argumentos puestos sobre la mesa son de sobra conocidos: la carga fiscal que soportan las familias y las empresas es muy elevada y ello desincentiva tanto el consumo como la inversión; el Estado es intrínsecamente ineficiente, en oposición al sector privado, y por lo tanto conviene reducir su peso en la economía.

Todavía recordamos al gobierno de Rajoy cuando se tragó estos principios y procedió a una sustancial subida de los impuestos que graban las rentas medias y bajas… eso sí descargando toda la responsabilidad en la herencia recibida del anterior gobierno socialista. Con todo, hay que reconocer que las derechas y también los partidos socialistas (aquí y en Europa) han reducido los impuestos… a los ricos. Las estadísticas son, en este sentido, concluyentes: Según Intermon Oxfam, en 2016, el 84% de la recaudación fiscal del Estado español procedía de las familias, mientras que las empresas aportaron sólo el 13%, sin embargo, en 2007, el esfuerzo fiscal de los hogares representaba el 75% del total recaudado, y el de las empresas, el 22%. En la Comunidad de Madrid (CM), la situación es especialmente grave pues su política de bonificaciones y exenciones fiscales la ha convertido casi en un paraíso fiscal interior: es la única Comunidad del país que no cobra impuesto de patrimonio y además es la que mayor bonificación aplica sobre el impuesto de sucesiones (99%). Que nuestra Comunidad sea una de las más desiguales de toda España no es casualidad, la excepcionalidad fiscal aplicada sobre los Impuestos de Sucesiones y Patrimonio sumada a la aplicación del Impuesto sobre la Renta de las Personas Físicas menos progresivo de toda España, demuestran cual ha sido la política fiscal de los gobiernos del Partido Popular durante sus 24 años de gobierno.

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Recomenzar hacia una Europa en común

Autor: Daniel Albarracin

Viento Sur
Las elecciones europeas, el 26 de Mayo, se celebrarán en el Estado español a escondidas entre varios comicios. El panorama político europeo atraviesa una fuerte mutación ante una crisis irresuelta y la sombra de numerosas amenazas. Nada puede ser más desaconsejable que contemplar esta consulta como una rutina o experimento, más allá de que los poderes del Parlamento Europeo estén capitidisminuidos.  La discusión sobre los asuntos públicos ha saltado a la arena comunicativa como pocas veces. Si bien, las noticias-mercancía, no equivalen a información ni un diálogo deliberatorio, y muchas veces se convierten en ruido. La política se ha convertido en un teatro que nos consterna, alarma y, en última instancia, nos resigna y nos cansa, a merced de los algoritmos y la agenda mediática.  Ya advertía Aristóteles en La política que la demagogia destruye las virtudes de la democracia y su legitimidad, abono para el acecho de los buitres. Aquellos proclaman que solo “hablen los mejores”, o “que vuElva” el líder carismático. Cuando la política se pulveriza y deviene en politicismo-espectáculo, los juegos de personajes, el tacticismo y la posverdad sustituyen los debates y propuestas sobre los conflictos de fondo. Y en ese terreno la involución cobra ventaja. En este plural tratamos de contribuir con uno de los momentos fundamentales de la política: el de la elaboración de propuestas. Si bien el debate político no se agota aquí, sin propuestas las discusiones quedan en mera pugna por el sillón, o mera palabrería aspirante a la persuasión del electorado.
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La tenue línea roja. De economía roja, verde y violeta (Cuaderno de postcrisis: 17)

Autor: Albert Recio Andreu

Mientras Tanto

I

El feminismo y el ecologismo han emergido como movimientos con capacidad de movilización y discurso. Ambos contienen un importante componente igualitario, respecto a las desigualdades de género en un caso y respecto a las generaciones futuras en el otro. Ambos contienen importantes dosis de crítica al capitalismo real, a sus efectos; en un caso se denuncian desigualdades salariales, de jornada laboral total, de inadaptación de la vida laboral mercantil al resto de la experiencia vital, etc., y en el otro el impacto de la actividad económica convencional sobre el medio natural. Ambos plantean la necesidad de una importante reorganización de la vida social; aunque esto a menudo no está presente en las reivindicaciones más inmediatas, hay una conciencia creciente de la importancia, por una parte, de que se introduzcan cambios en la organización productiva que articulen de forma distinta la relación entre la vida mercantil y la no mercantil, y, por otra, de que se reorganice el modelo de producción y consumo hacia un marco sostenible. Ambos, al menos en sus versiones más elaboradas, contienen una dimensión universal, incluyen al conjunto de la población mundial, y en bastantes casos —más en el ecologismo— se es consciente de las desigualdades entre los estados y las sociedades que son parte esencial del problema. El crecimiento de la conciencia feminista y ecológica constituye por tanto un avance en la larga tradición igualitaria que ha conseguido alcanzar alguno de los logros más respetables de las sociedades humanas.

Lo llamativo de la coyuntura actual es que el ascenso del igualitarismo violeta y verde coincide en el tiempo con el declive del igualitarismo tradicional, sobre todo de su versión más elaborada, la tradición socialcomunista. Persiste el debate sobre las desigualdades; de hecho, se ha reavivado al calor de la crisis y de la aparición de numerosos estudios que muestran su crecimiento y su relevancia. Lo que no existe es un movimiento social potente, con discurso y propuestas, que plantee en serio una reordenación social. Hoy gran parte del debate sobre la pobreza está en manos de ONG que exigen medidas reformistas y denuncian su situación. Pero lo que ha desaparecido o menguado es un movimiento que base la reducción de la desigualdad en una reorganización social. Es más, las organizaciones sociales que más han encarnado estas demandas —los sindicatos— han dejado de ser reconocidas por muchos sectores al considerarlas organizaciones atadas al modelo dominante y, por tanto, incapacitadas para liderar la lucha contra la desigualdad. Seguir leyendo…

Hacer sindicato. Hacer el futuro

Autor: Jose Luis Carretero Miramar

Kaos en la Red

A día de hoy, 6 de marzo de 2019, la OCDE ha informado de que una nueva recesión económica está a las puertas de Europa. La desaceleración es ya un hecho en Alemania y la destrucción de fuerzas productivas ha alcanzado a Italia, mientras los perversos efectos de la guerra comercial iniciada por el presidente norteamericano Donald Trump con el resto del mundo empiezan a notarse por doquier, desde las exportaciones automovilísticas alemanas a las cuentas de los grandes gigantes empresariales chinos.

Europa, además, tiene sus propios problemas graves: el Brexit que inicia un proceso que puede llevar a la fragmentación futura de la Unión, los desequilibrios crecientes entre el Sur y el Norte de la UE, los enfrentamientos velados entre la burocracia de Bruselas y el llamado Grupo de Visegrado (un conjunto de países del Este que critican fuertemente la política migratoria de la Unión y que se articulan entorno al proyecto populista de la ultraderecha). Y, muy señaladamente, la cada vez más extendida conciencia de que las medidas implementadas para combatir la crisis del 2007 en la Eurozona (la combinación de austeridad para las clases populares y flexibilización cuantitativa para las grandes empresas y las entidades financieras) realmente no han solucionado nada. El Banco Central Europeo avisa de que concederá más liquidez (más dinero de los contribuyentes) a los bancos y de que no subirá los tipos de interés como estaba previsto, en un reconocimiento tácito de que las cosas van peor de lo que se pensaba y de que la crisis, que nunca terminó de remontarse, vuelve a apuntar en el horizonte. Algo que era de esperar, porque realmente no estamos ante una crisis coyuntural más del capitalismo, sino ante una auténtica sacudida de sus más profundos cimientos en un movimiento caótico que nos llevará en una dirección inédita.

Y en esta crisis, que es también una acusada crisis de valores y de las narrativas sociales que nos han acompañado desde hace décadas, aparecen también los monstruos: la ultraderecha avanza en todo el mundo. Gana elecciones en Estados Unidos, América Latina y Europa. Construye una auténtica internacional de la intolerancia y la insolidaridad. Empieza a despuntar, también, en nuestro país. Y deja a las claras, allá donde gobierna, su evidente pero en ocasiones oculta vinculación con lo que más desean los capitalistas: las reducciones de impuestos a los ricos de Trump o del gobierno italiano, las medidas draconianas y autoritarias, cercenando derechos civiles, de Bolsonaro o Salvini, y la agresión directa a los intereses de la clase obrera, concretada en medidas como la Ley de esclavitud de Orbán en Hungría (una ley que permite hacer 400 horas extra al año a los trabajadores, que podrán ser compensadas por el empleador en los tres años siguientes, entre otras medidas antisociales) o la pretensión brasileña de hacer desaparecer los juzgados laborales, obligando a que las reclamaciones de los trabajadores se vean ante los juzgados civiles y con la legislación común de los contratos.

Pero lo más preocupante de todo no esto, sino la absoluta parálisis e inanidad de la izquierda parlamentaria socialdemócrata o neopopulista. Su incapacidad para estar a la altura de la brutal apuesta de las clases dirigentes, que se saben en una gran encrucijada histórica y quieren garantizar que el rumbo que toma nuestra sociedad en decadencia es favorable a sus intereses y, por tanto, absoluta y dramáticamente contrario a los nuestros.

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El trabajo, ese gran problema

Autor: Nacho Álvarez Peralta

ctxt.es (La Paradoja de Kaldor)

Con frecuencia se ha utilizado la expresión “década perdida” para referirse a esta última, puesto que el PIB per cápita se mantiene actualmente en valores muy similares a los de hace diez años, antes de que se iniciase la Gran Recesión.

Sin embargo, la crisis y el proceso de crecimiento económico al que asistimos durante estos últimos años no ha afectado a todo el mundo de la misma forma. Son muchas las personas que han visto cómo sus ingresos se estancaban, pero también son muchas las que hoy viven peor que antes: siguen en una situación de desempleo estructural, o bien sus salarios han retrocedido, están afectadas por elevados niveles de precariedad y carecen de expectativas de mejora.

Para la mayoría de la gente, el trabajo sigue siendo un enorme foco de preocupación e inseguridad. O bien porque carece de trabajo –y por tanto de ingresos–, o bien porque el trabajo que tiene es enormemente precario e inestable, o bien porque –para buena parte de la población empleada– trabajar es sinónimo de largas jornadas laborales difícilmente compatibles con la vida familiar y personal. Por acción o por omisión, por activa o por pasiva, el trabajo sigue siendo “un gran problema” para millones de personas en nuestro país.

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Permisos por nacimiento sin género

Autor: Carmen Castro Garcia

ctxt.es (La Paradoja de Kaldor)

Se abre un nuevo escenario para la corresponsabilidad con la equiparación de los permisos por nacimiento. El pasado 1 de abril finalmente entraba en vigor la reforma legislativa que establece el objetivo de equiparación de los permisos para padres y madres, que reconoce la necesidad de que sus permisos sean iguales, intransferibles y pagados al 100% con una hoja de ruta de 3 años para hacerla efectiva gradualmente (RDL 6/2019). 13 años de insistencia activista desde la Plataforma por Permisos Iguales e Intransferibles de Nacimiento y Adopción (PPiiNA) han dado resultado.

Celebro que tras tantas idas y venidas, reuniones, anuncios y votaciones en el Congreso de los Diputados, finalmente se haga realidad el derecho de cualquier persona a cuidar a su bebé en igualdad, independientemente de su sexo y de cómo haya conformado su núcleo familiar. Lo celebro, en lo personal y en lo político; en lo personal, por la satisfacción tras haber dedicado más de 10 años de investigación a este tema, una tesis doctoral, resumida después en un libro, en algunos capítulos y unos cuantos artículos más; y también lo celebro en lo político, porque el activismo compartido en la PPiiNA ha sido una práctica de inteligencia colectiva y feminista en movimiento, que ha conseguido ir sumando voces plurales, desde diversos ámbitos, en una vindicación común y una propuesta de incidencia política para conseguir aterrizarla a las vidas cotidianas. Hubiera preferido que en esta reforma legislativa se asumieran los detalles de la PL que había presentado el grupo parlamentario de Unidas Podemos – En Comú Podem – En Marea, porque recogía íntegramente el diseño de reforma que hemos estado proponiendo desde la PPiiNA. Los matices importan, por ello, aunque sin duda es un momento histórico para el avance en corresponsabilidad, conviene prestar atención a cómo se irá haciendo efectiva la equiparación durante el periodo transitorio previsto hasta 2021 ya que podría perder el potencial transformador que tiene dicha reforma legislativa.

La importancia del potencial transformador es el desafío que puede suponer a las relaciones desiguales de poder implícitas en la hegemonía cultural patriarcal. De ahí mi interés en medir la potencialidad género-transformativa, poniendo el foco de atención en el diseño de las políticas públicas y su previsible efecto, para impregnarlas de la capacidad de transformar las desigualdades de género de manera efectiva. Este índice, construido inicialmente para el análisis comparado de 27 países europeos con datos de 2012, y actualizado con datos de 2015, revelaba que aún en los países con mayor compromiso en igualdad de género, las inercias de la división sexual del trabajo se mantienen presentes en el sistema de permisos por nacimiento, reflejando la permanencia de los roles de género. El índice da un valor a la capacidad transformadora de las “normas sociales de género” implícita en la configuración actual de los sistemas de permisos por nacimiento en Europa. Entre las novedades que aporta el análisis de la potencialidad género-transformativa es una perspectiva diferente a  la percepción sobre determinados supuestos modelos de bienestar e incluso de algunos regímenes de género percibidos como ‘amigables con las mujeres’. Seguir leyendo…

Llamada a la participación al III Encuentro euro-mediterráneo de la Economía de l@s trabajador@s 12-14 de abril 2019 (Milán, Italia)

Autor: ICEA

El tercer encuentro Euro-Mediterraneo de la economía de l@s trabajador@s tendrá lugar los días 12, 13 y 14 de abril, en la Fábrica Recuperada RiMaflow, situada en la periferia de Milán (Italia). A continuación difundimos la llamada a la participación y el cominicado acordado por el Comité Organizador de las jornadas.

El primer encuentro internacional de l@s trabajador@s se hizo en Argentina en 2007. Reunió trabajadores y trabajadoras de fábricas recuperadas y de colectivos de activistas sociales y políticos, sindicalistas y universitari@s. Desde entonces estos encuentros internacionales se hacen cada dos años y constituyen un espacio de encuentro, de discusión y de reflexión sobre los desafíos que enfrentan l@s trabajador@s para defender a través de la autogestión su subsistencia contra los ataques del capitalismo mundializado. Desde 2014, entre dos ediciones mundiales, se organizan también encuentros regionales (América del Norte y Central, América del Sur, y Europa).

Como en América Latina desde los años 1990, a partir de 2008 la ocupación y la recuperación de fábricas y empresas, abandonadas por el capital, ha sido la respuesta apropiada y un acto de resistencia de l@s trabajador@s euro-mediterráneos, en particular en Francia, Grecia, Italia, Turquía y también en Túnez. Ha sido ante todo un medio para preservar sus empleos y sus medios de existencia, pero también, a largo plazo, un herramienta de transformación y de creación de una nueva economía liberada de la explotación y orientada hacia la satisfacción de necesidades sociales y ecológicas. A partir de estas recuperaciones, otros tipos de proyectos productivos han visto la luz como en Italia y en Grecia.

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Chalecos rurales y verdes

Autor: Angel Calle Collado

eldiario.es

El siglo que atravesamos va a ser una sucesión de chalecos de distinto color manifestándose en las calles y, en el futuro, auto-organizando distintas formas de vida. El progresivo fin de una civilización petrolera irá poniendo sobre la mesa la cuestión de cómo vamos a comer y quién va a pagar los platos rotos. El creciente endeudamiento de los Estados hará más difícil sostener servicios públicos y políticas orientadas a la satisfacción de necesidades básicas. Sobre todo porque la ultraderecha productivista se ha apuntado al carro neoliberal y la socialdemocracia no viene precisamente de poner freno a la merma de derechos sociales y al aumento de una mercantilización globalizadora. Habrá chalecos amarillos, como en Francia, para decir que el mundo rural y las clases precarias no tienen por qué hacer frente a las subidas de impuestos y del precio de la gasolina. Surgirán también chalecos verdes al calor de de los aún jóvenes “Fridays for Future”.

De orientación verde y rural han sido los cerca de 100.000 “chalecos” que han desfilado el pasado domingo por Madrid, al clamor de “La Revuleta de la España Vaciada”. Cada vez son más palpables las dificultades de la pequeña ganadería y de la agricultura para competir con granjas intensivas y monocultivos, las facilidades administrativas para que la gran distribución se adueñe y arruine con sus bajos precios a estos pequeños productores, la renuencia de las administraciones públicas a mantener servicios básicos cuando la despoblación avanza (como el transporte o una escuela), la emigración y el distanciamiento juvenil de los proyectos que ya vienen empaquetados por el llamado “desarrollo rural” e impiden construir con autonomía local, entre otras cuestiones. Frente a las políticas que perpetúan “la España vaciada” se han convocado plataformas, algunas muy críticas con el desarrollismo y sus consecuencias, como Milana Bonita (Extremadura), “Teruel Existe”, la Asociación Española contra la Despoblación o la Federación Española de Entidades Locales Menores.

En el medio rural existen también otros chalecos pugnando por encontrar razones y horizontes para continuar viviendo en estas zonas. Chalecos marrones son aquellos que proclaman la necesidad de continuar sosteniendo lo insostenible: una economía catapultada por una energía fósil, unas políticas que hagan caso omiso del ocaso en la disponibilidad de materiales esenciales para una industria globalizada, la ilusión de que aún tenemos margen para olvidarnos del vuelco climático y de las consecuencias del avance de la desertificación. El jueves 24 de enero se manifestaban en la localidad cacereña de Navalmoral de la Mata más de 4.000 personas. Pedían la continuidad de la central nuclear de Almaraz, un motor de ingresos para la comarca. Su paraguas organizativo era la Plataforma Ciudadana Vida y entre sus lemas podíamos leer “Almaraz Sí – Vida sí”. Economías insostenibles reclamadas con argumentos de “vida”. Aunque distanciándose, a la vez, de un debate sobre el impostergable cierre de las centrales nucleares. Se trata de reacciones fruto de un estado de shock y de un futuro altamente incierto en el medio rural.

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No importa el cambio de hora, sino de tiempos

Autor: Lina Galvez

eldiario.es

Hace unas horas que hemos cambiado los relojes al horario de verano. Lo más seguro es que sea la penúltima vez que lo hagamos. El martes pasado, el Parlamento Europeo apoyó la iniciativa de la Comisión Europea de poner fin al cambio de hora estacional a partir de 2021. Este movimiento de las autoridades europeas se basa en una evaluación promovida desde Bruselas en la que participaron 4,6 millones de ciudadanos que, en un 80% de los casos, apostaron por no someter a nuestros relojes al doble cambio de primavera y otoño. Si bien el cambio dejará de hacerse, todavía queda por decidir si será el horario de verano o el de invierno el que prevalezca. La necesidad de garantizar el funcionamiento del mercado único, el favorecimiento de un mayor o menor descanso, la incidencia sobre el ocio y el turismo, e incluso la longitud y latitud de los países afectados serán algunas de las principales cuestiones a tomar en consideración.

Aun siendo un debate apasionante, sobre todo para quienes, como yo, celebramos este día todos los años y nos sentimos desgraciados cada último domingo de octubre, creo que los verdaderos desafíos en torno al tiempo no están en los husos sino en sus usos. Hay quien defiende esta medida como un avance hacia la racionalización de los horarios y una mejor conciliación laboral, familiar y personal.

En mi opinión, la mejor medida posible para alcanzar dicha conciliación no consiste en cambiar la hora dos veces al año, sino en diseñar y llevar a cabo una mayor inversión y una mejor dirección de las políticas públicas orientadas a fomentar la organización social del cuidado, incluyendo el reforzamiento de los servicios públicos, la aprobación de permisos iguales, la reorganización de las jornadas laborales, un reparto de tiempos y trabajos más corresponsable entre los géneros, el cambio de la cultura presentista y masculina en las empresas, y, sobre todo, la mejora de las condiciones de trabajo, de forma que muchas personas no tengan que asumir trabajos incompatibles con la propia vida.

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New Deal verde, y morado

Autor: Nacho Álvarez Peralta

El Confidencial

Salimos de la crisis con una nueva sociedad en la que millones de personas han visto no solo cómo se erosionaban sus condiciones económicas y laborales, sino también cómo se quebraban su seguridad y sus expectativas vitales. Las políticas adoptadas durante la última década han llevado a que el crecimiento económico se desconecte del bienestar social, de forma que la mera creación de empleo ya no basta para proporcionar certezas y facilitar un proyecto de vida.

El contrato social está roto en nuestro país desde que las “reformas estructurales” de la Troika se lo llevaron por delante. Y construir uno nuevo, adaptado a las necesidades del siglo XXI, que recomponga nuestra sociedad y revitalice la condición de ciudadanía exigirá determinación para encarar las grandes transformaciones que necesitamos. Porque, como bien señala Antón Costas, los periodos no convencionales requieren de políticas no convencionales para restablecer la convivencia.

El nuevo contrato social que hay que poner en pie debe poner la vida en el centro de la política económica: crear empleo de calidad, garantizar la sostenibilidad ecológica, asegurar las expectativas de futuro y avanzar hacia un reparto igualitario del trabajo. Estos tienen que ser sus objetivos prioritarios.

Son muchas las voces –desde Thomas Piketty hasta la congresista demócrata Ocasio-Cortez– que hoy plantean la necesidad de un New Deal verde, y con razón. Luchar contra el cambio climático y evitar el calentamiento global es un desafío urgente e ineludible, si queremos preservar la vida en el planeta tal y como la conocemos.

Pero el New Deal que necesitamos para reconstruir el contrato social no solo es verde. También debe ser morado, porque solo escuchando el mensaje que el feminismo está poniendo sobre la mesa podremos avanzar en transformaciones que verdaderamente modernicen nuestra sociedad en beneficio de la mayoría social, garantizando horizontes de estabilidad y bienestar para quienes hoy viven con proyectos vitales cercenados.

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Juventud atrapada en la precariedad, y cómo salir del laberinto

Autor: Jorge Uxo

ctxt.es (La Paradoja de Kaldor)

Del total de personas afiliadas al Régimen General de la Seguridad Social en febrero de 2019 (14,9 millones), solo la mitad tenía un contrato indefinido ordinario a tiempo completo, o lo que la OIT define como un contrato estándar. En el caso de jóvenes menores de 30 años, solo una de cada cuatro personas afiliadas tenía este tipo de contrato. El resto tenía un contrato “atípico” (temporal o a tiempo parcial, o ambas situaciones simultáneamente). En ese mismo mes, de hecho, solo un 21% de las nuevas afiliaciones –de todas las edades– se hicieron con contratos indefinidos a tiempo completo.

Este dato confirma de nuevo una de las características estructurales más sobresalientes de nuestro sistema productivo: la cronificación de la precariedad laboral. Más aún, si antes de la crisis España ya destacaba por la elevada tasa de temporalidad, muy por encima de la media europea, el periodo de recuperación del crecimiento económico que se inicia en 2014 viene acompañado por otros dos factores que agravan la situación: el fuerte aumento de la rotación y la menor duración de los contratos indefinidos.

En un reciente artículo, Luis Cárdenas analizaba la evolución de la contratación estándar y atípica desde el inicio de la recuperación y mostraba no solo el aumento del peso del empleo atípico, situándose incluso por encima de las cifras anteriores a la crisis, sino también la alarmante reducción de la duración media de los contratos.

En 2018, se firmaron 22,3 millones de contratos de trabajo, de los cuales 20 millones son contratos temporales (9 de cada 10), aunque el incremento neto del empleo fue de 503.000 personas ocupadas (media anual, datos EPA). Para hacernos una idea mejor de lo que esto significa, en el año 2007 el empleo aumentó bastante más (641.000 personas) pero se firmaron muchos menos contratos (17,8 millones). La causa principal de este aumento del número de contratos que hay que firmar por cada nuevo empleo neto creado se explica, claramente, porque la duración de estos contratos es cada vez menor.

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Diagnóstico del empleo en España y cómo mejorarlo

Autor: Eduardo Garzón Espinosa

La Marea

En la actualidad, el empleo está creciendo y el paro disminuyendo en términos generales. Esto en absoluto se debe a las políticas de austeridad o de devaluación salarial aplicadas, sino al comportamiento cíclico de las economías capitalistas (a una recesión le sigue siempre un periodo de crecimiento). La recuperación de la economía española y de su mercado laboral se explican fundamentalmente por factores externos (reconocido por el propio Banco de España): política monetaria ultraexpansiva del Banco Central Europeo, reducción de precio del petróleo, euro débil, llegada masiva de turistas, y crecimiento económico internacional. De hecho, estos factores externos habrían permitido que la economía española comenzase a crecer mucho antes si no llega a ser por la aplicación de las políticas de austeridad y devaluación salarial, que actuaron como freno a esa recuperación. España ha tardado más años en comenzar a recuperarse que la mayoría de países por culpa de las políticas que receta la Unión Europea y que fueron aplicadas por los gobiernos del PSOE y del PP. La economía española se recupera e incrementa el empleo a pesar de las políticas de austeridad, no gracias a ellas.

Que la situación laboral esté mejorando no quiere decir que sea idílica ni mucho menos. Todavía mantenemos una tasa de paro cercana al 15%, el segundo nivel más alto de toda la Unión Europea y muy por encima de muchos países más pobres que el nuestro. Además, si a la hora de calcular la tasa de paro contabilizásemos (como hace la oficina de estadísticas de Estados Unidos) como parados a: 1) todas las personas que, aunque quieren encontrar un empleo, no lo están buscando porque no confían en encontrarlo, o no lo están buscando aún por otros motivos; y 2) a las personas que están trabajando a tiempo parcial pero que siguen buscando empleo a jornada completa, obtendríamos una tasa de paro cercana al 22%.

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