Economía Crítica y Crítica de la Economía

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Presupuestos 2018: que los pocos árboles sanos no impidan ver el bosque quemado

Autor: Eduardo Garzón Espinosa

El Salto

El Gobierno ha presentado su proyecto de Presupuestos Generales del Estado para 2018 y lo ha hecho anunciando todo tipo de medidas y enseñando todo tipo de datos. Entre tanta información y tantas cifras mareantes es muy fácil despistarse y perder de vista la panorámica general. A eso juega claramente el Gobierno, que astutamente ha colado algunas medidas positivas de notable visibilidad para que se centre en ellas la atención y no se hable de lo negativo que es el documento en su conjunto. Esas medidas son los pocos árboles sanos que podemos encontrar en unos presupuestos que mantienen intacto el bosque que incendiaron con el fuego de la austeridad hace ya ocho años.

El dato clave es el gasto público total en comparación con la riqueza del país. No el incremento del gasto en euros con respecto al año anterior, ni el peso del gasto social, ni otras milongas que están utilizando el gobierno y sus voceros; lo importante es mirar qué parte de la tarta española se destinaría al gasto público. Porque de nada nos sirve que aumente algo el gasto público si la economía está creciendo más, porque eso significaría que nos están dando un pedazo de la tarta cada vez más pequeño. Y esto es precisamente lo que quieren que ocurra: se estima que la economía (la tarta) crezca al 2,7%, mientras que el gasto público (el pedazo de la tarta) sólo aumentaría un 1,2%. El resultado: menos recursos para el estado social en comparación con la riqueza del país. De cumplirse estos presupuestos, el gasto público se situaría en el 40,5% del PIB, un nivel no sólo más bajo que el año anterior, ¡sino el más bajo de los últimos diez años anteriores! España siempre ha gastado unos 5 puntos porcentuales del PIB menos que la media europea y unos 10 puntos menos que otros países vecinos, y en vez de mejorar ese ratio lo que propone el gobierno del Partido Popular –y lo que aprueba Ciudadanos– es reducirlo aún más.

Basta mirar las partidas presupuestarias más importantes y comparar su cuantía con las de años anteriores para constatar que estos presupuestos consolidan los recortes iniciados en 2010: si se aprueba la propuesta del gobierno este año 2018 tendríamos un 13% menos para políticas de educación que hace 8 años, un 8% menos para sanidad, un 27% menos para investigación, desarrollo e innovación, un 70% menos para políticas de acceso a la vivienda, un 35% menos para cultura, un 58% menos para inversiones en infraestructuras, etc. Y todo esto mientras en la economía española se mueve bastante más dinero que en el año 2010 ya que el PIB es superior al nivel de entonces. En aquella época nos dijeron que los recortes eran sacrificios temporales que había que hacer para salir de la crisis. Ahora nos dicen que hemos salido de la crisis pero los sacrificios siguen ahí.

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Mentiras y algoritmos del relato (neo) liberal de las pensiones

Autor: Manolo Garí

ctxt.es

Los poderes financieros en la sombra, la CEOE y el club Ibex 35, sus medios de comunicación, su director del Banco de España y los partidos que financian (PP y Cs) no cejan en proclamar la insostenibilidad del sistema público de pensiones. Para legitimar su discurso se han financiado comisiones de expertos formadas por conspicuos representantes de las puertas giratorias existentes entre las aseguradoras, los fondos de inversión y la política. Sus conclusiones coinciden, ¡qué casualidad!, con las que mantienen firmas y asociaciones empresariales del mundo de los fondos de pensiones y las aseguradoras como INVERCO y UNESPA.

El objetivo perseguido es evidente: la deconstrucción por demolición del sistema público de pensiones para poner en mano de los mercados privados el 45% del monto del gasto social total español. Ello dejaría el sistema de pensiones público reducido a la marginalidad con un estricto carácter asistencial (para evitar la explosividad social). Y, a su vez, se abriría una triple brecha entre pensionistas. Por un lado, quienes tienen derechos a percibir y quienes ni siquiera cumplen las condiciones mínimas que se exigen y, por otro, entre quienes tienen ingresos suficientes e incluso altos y quienes reciben migajas; inequidades que se sumarían a la estructural brecha de género originada por la diferencia en las carreras profesionales y percepciones salariales de mujeres y hombres.

Con ello se pretende convertir necesidades y derechos de la población en mercancía y ganancia privada. Para conseguirlo no han dudado en atacar con todo. Han falseado los datos al ocultar por qué se ha saqueado el Fondo de Reserva. Han “tapado” por qué han disminuido las aportaciones a la Seguridad Social a causa de la drástica disminución de la masa salarial tras el aumento del paro, la bajada de sueldos (selectiva pues policía y guardia civil verán aumentar los suyos) y la precarización del trabajo, fruto todo ello de las Reformas Laborales y las políticas de austeridad impuestas desde la Unión Europea. Los gobernantes del PP han eludido explicar la dedicación del dinero público para rescatar locas y lucrativas operaciones en infraestructuras o gestiones bancarias delictivas. Y, lo que es más grave e irresponsable: han intentado meter miedo a la sociedad –“el colapso es inminente”– y estimulado el individualismo para afrontar el futuro –“ahorre usted y suscriba una pensión”– frente a la búsqueda de soluciones reales y colectivas del conjunto de la comunidad protegiendo a sus miembros.

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“No hay ninguna razón política ni económica para que sean sólo los trabajadores los que mantengan a los pensionistas” (Entrevista a Miren Etxezarreta)

Autor: Miren Etxezarreta

Intervenció de Miren Etxezarreta al programa Preguntes freqüents de TV3 del 10/03/2018

Hem passat dels joves indignats als avis indignats? Com pot viure un pensionista avui en dia a l’estat espanyol? Quin futur tenen les pensions privades? Hem comentat la situació actual de les pensions amb Domiciano Sandoval, portaveu de la Marea Pensionista, i la Miren Etxezarreta, catedràtica emèrita d’Economia Aplicada.

http://www.ccma.cat/tv3/alacarta/preguntes-frequents/parlem-de-pensions-amb-avis-indignats/video/5747004/

Las estadísticas laborales, manipulación y desinformación

Autor: Fernando Luengo

Otra Economía

Cada quincena, mes o trimestre, al comienzo o al final de cada año, los medios de comunicación mayoritarios y una legión de políticos que habitan los círculos de poder o se encuentran en sus alrededores se dedican, con renovado entusiasmo y dedicación, a interpretar, siempre en un sentido favorable, la información estadística más reciente sobre empleo y desempleo.

Mejora la ocupación, retrocede el paro… en relación al mes precedente o al mismo del año anterior, comparando los datos trimestrales de los últimos ejercicios, computando los últimos 12 meses o tomando algún año de referencia, en términos anuales, interanuales o teniendo en cuenta la serie histórica. Así, dale que te pego, hasta el infinito o hasta que el dato en cuestión –convenientemente aseado, revestido, reformulado o torturado- dice lo que tiene que decir.

Si no fuera por la carga manipuladora de este verdadero circo estadístico y porque detrás de los datos hay personas y proyectos de vida, resultaría hilarante y patético asistir, en calidad de sufrido espectador, a semejante espectáculo.

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¡Stop a los recortes salariales!

Autor: Fernando Luengo

Otra Economía

El rayo que no cesa. Nueva vuelta de tuerca del Fondo Monetario Internacional (FMI). ¿Cuál es la propuesta/imposición de esta institución para la economía española y por extensión para el resto de las economías periféricas del continente europeo? Proceder a un nuevo recorte de los salarios. Esta sería la manera, ¡cómo no!, de mejorar la rentabilidad de las empresas, por un lado, y fortalecer la competitividad externa de nuestra economía. Al final del camino, si se recorre sin titubeos: reactivación de la economía y aumento del empleo.

Ninguna sorpresa, pues el FMI nos tiene acostumbrados a sus recetas, atemporales y universales, aplicables en Latinoamérica, Asia o África, pero también en la Unión Europea, antes y ahora. Tampoco sorprende que sus “recomendaciones” se dirijan, con especial insistencia, a las economías más débiles y maltratadas por la crisis económica; con las más ricas es mucho más condescendiente y flexible, no en vano son las que más influyen en la institución, las que marcan la impronta de las políticas fondomonetaristas.

Receta equivocada e interesada.

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El recorte silencioso de las pensiones: Rajoy no ha entendido nada

Autor: Eduardo Garzón Espinosa y Carlos Sanchez Mato

Público.es

Con un discurso incomprensible para la mayoría de la gente, el presidente del Gobierno ha intentado capear el temporal generado por sus políticas en materia de pensiones. Y lo ha hecho con anuncios de limitadas y ridículas ayudas fiscales a quienes cobran pensiones más elevadas e inconcretas mejoras para las mínimas y de viudedad.

Es una nueva tomadura de pelo a quienes se han movilizado por el claro incumplimiento constitucional que está perpetrando el Partido Popular: al mismo tiempo que está pidiendo confianza y tranquilidad a las víctimas de sus reformas, sigue profundizando en las mismas con dos elementos profundamente lesivos para el sistema de pensiones.

Rajoy sigue defendiendo la aplicación del factor de sostenibilidad, que se activará en 2019, y que recortará las nuevas pensiones, al menos un 0,5% justificándolo en el incremento de la esperanza de vida.  Cuantos más años prevea el PP que vaya a vivir una persona, menor será su pensión para limitar el incremento del gasto. Y luego nos anuncia que dará una “limosna” fiscal a partir de los 80 años…

Pero además, hay que llamar la atención sobre la congelación de la base máxima de cotización a la Seguridad Social en 2018. Este movimiento ha pasado muy desapercibido pero tiene una trascendencia importante: repercute negativamente sobre los ingresos de la Seguridad Social al mismo tiempo que sienta las bases para que las pensiones del futuro no crezcan. Este doble combo del gobierno del Partido Popular se suma a todas las maniobras que está llevando a cabo para dinamitar y sembrar dudas sobre el sistema público de pensiones, entre las que destaca vaciar el Fondo de Reserva (la hucha de las pensiones), aprobar bonificaciones a las cotizaciones de los empresarios y a quienes contraten planes privados de pensiones, y realizar declaraciones vertiendo dudas sobre la sostenibilidad del sistema público y animando a buscar alternativas de ahorro privado.

Para entender en qué consiste este nuevo movimiento es necesario comprender cómo funciona el mecanismo de cotizaciones sociales. La mayoría de las personas trabajadoras están obligadas a cotizar a la Seguridad Social, y lo hacen en función del salario que reciben: a mayor salario, mayor cotización. La cantidad cotizada se tiene en cuenta para calcular las prestaciones futuras que recibirá esa persona cuando deje de trabajar (en caso de desempleo, de incapacidad laboral, de jubilación, etc), de forma que cuanto más se cotice, más elevada será esa prestación futura. No obstante, hay límites a las cantidades que se pueden aportar como cotizaciones, tanto por arriba como por abajo. El límite por abajo lo determina la base mínima de cotización, que es la referencia para calcular la cantidad mínima que hay que aportar a la Seguridad Social; el límite por arriba lo determina la base máxima de cotización, que es la referencia para calcular la cantidad máxima que se puede aportar a la Seguridad Social.

La base mínima de cotización es coincidente con el salario mínimo, porque se supone que nadie puede cobrar menos (aunque ocurre, en parte porque hay muchos trabajos a tiempo parcial cuyo salario mensual es inferior al mínimo legal). Su evolución ha sido idéntica al del salario mínimo: prácticamente congelado desde 2011 hasta 2016, y elevado en 2017 y 2018 un 8% y un 4%, respectivamente. La base máxima de cotización es de 3.751,20 euros. Esto quiere decir que aunque haya una persona que cobre 5.000 euros por su trabajo, solo cotizará a la Seguridad Social por los 3.751,20 euros, quedando el resto exento de cotizaciones (en muchos países esta limitación no existe). Su evolución ha sido diferente: ha tenido una tendencia creciente –más acentuada en 2013 y 2014– salvo en 2018 que se ha detenido.

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Los aumentos de la productividad: La gran mentira

Autor: Fernando Luengo

Otra Economía

Producir más cantidad y mayor calidad, en menos tiempo y con menos recursos. Este sería, más allá de los episodios de crisis, el gran activo del capitalismo, frente a los sistemas económicos que le han precedido en la historia. Donde fracasó el socialismo realmente existente –simbolizado por la Unión Soviética-, ha triunfado el mercado.

Una primera aproximación –en mi opinión, superficial y, desde luego, insuficiente- parece dar la razón a los que sostienen que el balance del capitalismo en materia de productividad es, sin paliativos, una historia de éxito. Cabe señalar al respecto la reducción de la jornada laboral, el aumento en la variedad y la calidad de los bienes y servicios puestos a disposición de las empresas y los consumidores y la reducción de su precio.

Con todo, quienes suscriben tan favorable balance deberían estar preocupados por la evidente desaceleración observada en el curso seguido por la productividad del trabajo y del capital a lo largo de las últimas décadas; desaceleración que es particularmente evidente en el mundo capitalista desarrollado. Esta evolución abre las puertas a un debate de gran calado sobre los límites sistémicos del capitalismo para reproducirse; límites que, dependiendo de la interpretación elegida, apuntan a factores como la atonía inversora, el imperio de la financiarización o el alza de la desigualdad. Una deriva en materia de productividad que, entre otras cosas, está detrás del aumento de la pugna distributiva y, en un contexto de cambio sustancial de la relación de fuerzas a favor del capital y en contra del trabajo, de la presión estructural sobre los salarios.

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Falacias, trampas y canalladas del relato neoliberal de las pensiones

Autor: Manolo Garí

Viento Sur

Estamos viviendo momentos críticos del ataque de la burguesía, sus partidos y sus medios de comunicación contra los derechos sociales de las y los trabajadores del Estado español. Pero también de esperanza porque la reacción del movimiento de pensionistas ha sido contundente.

La burguesía está interesada en impulsar fondos privados de pensiones para encontrar nuevos nichos de negocio y saqueo de las clases trabajadoras. Fondos que en muchos casos han significado la ruina de pensionistas por la quiebra de dichos fondos: ahí están los ejemplos de Chile, laboratorio gracias a la dictadura pinochetista de las políticas neoliberales de los Chicago Boys durante décadas, Argentina, donde el gobierno en los años ochenta tuvo que rescatar con dinero público los fondos privados y volver a organizar un modesto sistema público o de los diferentes incidentes –en realidad, estafas – en el Reino Unido, cuna de los ataques contra la sociedad de la nefasta Margaret Tatcher.

La oligarquía financiera autóctona (e internacional) y la CEOE vienen proclamando desde hace décadas la insostenibilidad del sistema público de pensiones en un titánico esfuerzo por lograr que la profecía se autocumpla. Contra viento y marea, y a pesar de los tozudos datos macro económicos, su discurso no ha variado y, para fortalecerlo, han organizado, en connivencia con el Partido Popular, Comisiones de Expertos formadas por ejemplares representantes de las puertas giratorias entre aseguradoras y fondos de inversión y la política con la participación de supuestos especialistas en la elaboración de mágicos algoritmos. La voz cantante sobre las pensiones en los medios de comunicación la llevan Inverco y Unespa y no la representación política popular o las organizaciones sociales afectadas.

El objetivo perseguido es muy claro: la deconstrucción por demolición del sistema público de pensiones para poner en mano de los mercados privados el 45 % del monto del gasto social total español, dejando el sistema público de pensiones como un elemento marginal de la protección de naturaleza meramente asistencial para evitar que la olla social explote. Ello comportaría la agudización de la desigualdad en el monto de las percepciones de las y los pensionistas, sean por motivo de jubilación o por otros motivos (incapacidad, viudedad, etc.)

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¿Cómo que no hay dinero, Rajoy? Basta de mentiras

Autor: Eduardo Garzón Espinosa

eldiario.es

La semana pasada el presidente del gobierno, Mariano Rajoy, aseguró que no hay dinero para subir las pensiones. Aludir a una falta de dinero es el típico mantra que utiliza la derecha para calmar toda aspiración de lograr mayor justicia social. Es la forma más efectiva de evadir el debate: si no hay dinero para cambiar las cosas entonces no es necesario aportar argumentos para convencer al interlocutor de que no hay que cambiar las cosas. La insuficiencia del dinero zanja cualquier debate, y ¡qué casualidad! Siempre lo hace a favor del statu quo y de los poderosos.

Mienten. Consciente o inconscientemente mienten. Este manido mensaje de la falta de dinero es absolutamente falso desde la primera hasta la última letra. El dinero se inventó para facilitar las relaciones económicas, pero al contrario de lo que la gente suele creer erróneamente, el dinero no es algo físico; es una ficción del ser humano, al igual que lo son los números o los kilogramos, y por lo tanto no tiene sentido hablar de su escasez o de su abundancia. ¿Alguien se imagina a un profesor de matemáticas diciendo que no puede dar clase porque no tiene suficientes números? ¿O a un frutero diciendo que no puede pesar la fruta porque no tiene suficientes kilogramos? No tiene sentido, ¿verdad? Pues tampoco lo tiene que un presidente del gobierno diga no tener suficiente dinero para aumentar las pensiones (o para cualquier otra cosa).

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Acabar con la precariedad: la falsa respuesta de Ciudadanos

Autor: Nacho Álvarez Peralta y Jorge Uxo

El Confidencial

El actual periodo de crecimiento no está generando empleo de calidad, sino lo contrario. Se está ‘cronificando’ la precariedad, y en eso han tenido mucho que ver, sin duda, las últimas reformas laborales.

Aunque la precariedad laboral tiene muchas caras, muchos laboralistas llevan años denunciando —y nosotros también desde Podemos— una de las más evidentes: la temporalidad se utiliza en España de forma abusiva y en fraude de ley. Acabar con la precariedad pasa necesariamente por eliminar ese injustificado abuso de los contratos temporales, que no responden casi nunca a la causa jurídica requerida.

Aparentemente, Ciudadanos ha presentado una proposición de ley con ese objetivo: eliminar este tipo de contratos, reconociendo la dificultad para garantizar la causalidad y evitar el fraude. Con ello, todos los contratos pasarían a tener una indemnización por despido “objetivo”(es decir, justificado por una serie de causas predefinidas) de 20 días por año contratado.

Esta igualación al alza de la indemnización asociada a los contratos temporales e indefinidos es una propuesta que también ha formulado Podemos. Sin embargo, la proposición de Ley de Ciudadanos viene acompañada de una redefinición de las causas para el despido objetivo que desvirtúa por completo el sentido de la propuesta, y acaba “contaminando” de precariedad a todos los contratos, también los indefinidos.

Ciudadanos elimina el contrato temporal por obra y servicio pero, simultáneamente, incorpora una causa de despido específica por finalización de obras o servicios con autonomía y sustantividad propia. Cambia la forma, pero el fondo permanece. Se añade además a la propuesta una nueva causa objetiva de despido —”la amortización del puesto de trabajo individualizado”—, con una redacción tan laxa que a ella podría acogerse casi cualquier empresa para justificar cualquier despido.

Proponer esto, como hace Ciudadanos, supone facilitar el despido libre (sin causa) y abaratar nuevamente sus costes. Con su propuesta prácticamente desaparecerían los despidos improcedentes (con 33 días de indemnización por año trabajado) y casi todos pasarían a ser procedentes (con 20 días de indemnización). Pero la experiencia de estos últimos —especialmente tras la reforma laboral de 2012— nos ha enseñado que reducir los costes de despido y los salarios no ayuda a crear más empleo: solo sirve para que el empleo que se crea sea de peor calidad.

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Ni los buenos son tan buenos, ni los malos son tan malos. ¿Econo-ignorantes todos y todas?

Autor: Fernando García-Quero

eldiario.es

Exposición de los hechos:

I. Martes 12/12/2017. En el marco de un encuentro con académicos, políticos y activistas, organizado en Londres por los colectivos Rethinking EconomicsNew Weather Institute, se redacta un manifiesto con 33 tesis para una reforma en la Economía. Al terminar el encuentro parte de los participantes se trasladaron a laLondon School of Economics y pegaron sus demandas en la puerta.

II. Domingo 17/12/2017. En la columna en The Guardian ¡Bienvenidos herejes! La Economía necesita una nueva Reforma” Larry Elliott, editor de la sección de Economía, escribe sobre lo sucedido y apoya la causa.

III. Miércoles 20/12/2017. En respuesta a Larry Elliott, profesorado del University College London y la London School of Economics publican en el medio digitalProspect una columna titulada “ Lúgubre ignorancia de la “ciencia lúgubre”: una respuesta a Larry Elliot”.

IV. Lunes 25/12/2017. Antonio Cabrales, profesor del University College London, publica en el blog de Economía “Nada es Gratis” la entrada “¿Econo-ignorantes o algo peor?”. En ella arremete contra las 33 tesis y la columna de Larry Elliott, que tacha de “infame articulillo”.

De los hechos expuestos se desprenden dos visiones enfrentadas en lo que respecta al diagnóstico sobre la situación en la que se encuentra la ciencia económica contemporánea. Mientras que para los y las firmantes de las 33 tesis, la ciencia económica no está en un buen momento sino más bien todo lo contrario, para el profesor Cabrales y colegas la Economía no solo pasa por su mejor época sino que los “eslóganes” del señor Elliott y compañía son, citando a Cabrales, fake news y denotan ignorancia. Los argumentos que da al respecto pueden condensarse en que actualmente la Economía “es más empírica, tiene mayor credibilidad, está menos aislada del resto de las ciencias sociales y, por tanto, es más útil que nunca”.

Para fundamentar sus tesis y que no sean únicamente de autoridad, entre otras fuentes alude a un artículo publicado en la Journal of Economic Literature, donde se muestra cómo entre 1963 y 2011 ha aumentado considerablemente la publicación tanto de trabajos empíricos que usan datos generados por los propios autores/as, como de experimentos de laboratorio o de campo. Sin entrar a discutir si la ciencia económica es más o menos empírica que antes y aceptando a regañadientes que pudiera serlo, mi pregunta es: ¿y qué si lo es?

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El timo de la bolita para privatizar las pensiones

Autor: Eduardo Garzón Espinosa

Artículo escrito originalmente en el número 55 de La Marea

“¡Peligro! ¡La Seguridad Social está en déficit! Así que no se pueden mantener las pensiones; hay que reformar el sistema y la mejor forma de hacerlo es privatizando parcialmente el sistema público de pensiones”. Esta es la cantinela de siempre, una mentira mastodóntica que incluso mucha gente con sensibilidad de izquierdas se come con patatas. Pero hagamos un ejercicio comparativo para evidenciar lo absurdo de ese razonamiento: “¡Peligro! ¡La administración estatal está en déficit! Así que no se puede mantener la Corona; hay que reformar el sistema y la mejor forma de hacerlo es acabar directamente con ella”. Es exactamente el mismo razonamiento. Cámbiese Corona por Defensa, Justicia, lucha contra el terrorismo, ayudas a la banca, etc. y nos daremos cuenta de lo falso y sesgado que es el razonamiento.

No me cansaré de decirlo: la situación habitual –¡incluso deseable por regla general!- de las economías es estar en déficit público, y eso jamás debe ser óbice para recortar o privatizar algún elemento del sector público. España ha tenido déficit público casi toda su historia democrática (excepto tres años) y sólo han empezado a recortar con fuerza en los últimos 7 años (y por una cuestión política, no técnica). Japón lleva con déficit público más de 30 años y con la mayor deuda pública del planeta y no por eso tiene que recortar nada.

Pero se utiliza constantemente la falacia de la falsa analogía entre un hogar o una empresa y el Estado para hacer creer a la gente que los Estados no pueden estar permanentemente en números rojos (ya que las familias y las empresas no pueden estarlo). Pero en realidad sí pueden, y de hecho es conveniente que lo hagan a menudo. Este engaño masivo se ha aprovechado, entre otras cosas, para atacar con fuerza al sistema público de pensiones. El truco es muy sencillo: como la Seguridad Social (SS) siempre ha tenido superávit y no parece creíble que haya que recortar pensiones públicas, lo que se hace es provocarle un déficit público.

La mejor forma de hacerlo es hundiendo los recursos de la SS y trasladando parte del superávit al resto de las administraciones públicas. De esta forma la Seguridad Social entrará en números rojos, y de camino el déficit público del resto de administraciones mejorará. En realidad es exactamente lo mismo que vaciar un monedero, con ese dinero llenar un poco una cartera, y alegar luego que el monedero está en pésima situación. La cartera estará mejor pero eso no importa porque lo que se busca es señalar lo mal que está el monedero. Y es una cuestión política, porque ni hay necesidad de vaciar el monedero, ni nadie te impide que lo rellenes con dinero proveniente de otra parte. Es el timo de la bolita: hacer pensar que el déficit está en un sitio donde realmente no tiene por qué estarlo.

El gráfico evidencia este timo. La SS se mantuvo en superávit o ligeramente en déficit hasta 2011, a pesar de que el paro ya se había disparado y superaba los 5 millones. Fue solamente a partir de 2012, con la llegada del PP al poder, cuando de golpe la SS superó el punto porcentual del PIB en déficit. ¿Cómo es posible que el saldo se deteriorase tanto de la noche a la mañana? Fácil: porque Rajoy redujo las cotizaciones sociales a algunos empresarios en un intento –absolutamente fallido- por reactivar el empleo, porque se eliminaron las cotizaciones a una parte de los parados, porque se aprobó una reforma laboral que abarató el despido y que redujo los salarios (y por lo tanto también las cotizaciones sociales), y porque se vació la hucha de las pensiones reduciendo con ello los ingresos a la SS. Fueron decisiones políticas, no inevitabilidades técnicas.

APUNTES-1

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La econometría y los datos

Autor: Juan Ruiz

La Paradoja de Kaldor

Desde hace ya algunas décadas los modelos econométricos se han impuesto en el imaginario de muchos economistas como una de las formas más técnicas y refinadas mediante la que la Ciencia Económica prueba sus teorías y muestra sus resultados. El objetivo de este documento es plantear alguna de las debilidades que suelen encontrarse en muchos de los datos que alimentan esta técnica.

Comencemos por un modelo donde la estadística se emplea con variables sobre las que tenemos la posibilidad de realizar mediciones certeras y posibilidad de control, como es el caso de la medición de la producción de cosechas. Mediante la experimentación es posible medir cómo afectan distintas variables a la producción de un determinado fruto, flor, cereal o al crecimiento de una planta. Es posible plantear un modelo donde la producción por planta dependa de parámetros que podemos medir con precisión como: temperatura, humedad, cantidad de fertilizante, cantidad de Co2, horas de luz, ph del agua, tipo de sustrato, etc. La particularidad que tiene un modelo que emplee las anteriores variables es que todas pueden ser controladas. De este modo, con una población suficientemente grande, podemos ver cómo un cambio en cualquiera de las variables incide en la producción final. Además, los márgenes de error de las mediciones son mínimos, gracias a que durante el siglo XX ha habido una auténtica revolución en las herramientas métricas y actualmente contamos con artilugios que permiten realizar mediciones de forma milimétrica. Contamos pues, con 2 cuestiones fundamentales para la experimentación: control de las variables y herramientas de medición adecuadas.

Si, por lo general, encontráramos las mismas posibilidades de medición en las Ciencias Económicas, que encontramos en las Ciencias Naturales, podríamos afirmar que la econometría es una herramienta que nos ofrece la prueba del algodón que nos permitiría encontrar relaciones fuertes y, tal vez, incluso responder a unos cuantos porqués de la Economía. Pero cuando se plantean estudios macroeconómicos, de las dos características anteriores (variables de control y herramientas de medición), no podemos manipular las primeras, ya que el objeto de estudio se escapa a nuestro control. Y si pensamos en la segunda, la calidad de los datos, veremos que también nos encontramos con problemas.

A nivel macroeconómico encontramos datos que no son directamente observables y que nacen de un conjunto de encuestas, declaraciones impositivas, cuentas del sector público, estadísticas empresariales, información elaborada por el sistema financiero y otras fuentes. Como, por ejemplo, ocurre en el dato macroeconómico más popular, el PIB y sus distintos componentes. Obviamente agregar todo lo que se produce en un país en un único número contiene un margen de error y grandes dificultades que van desde la veracidad de las cuentas de millones de empresas no auditadas, hasta las transformaciones de las mediciones anuales en trimestrales, o las las diferencias de tiempo entre la medición de cada componente.

Como el propio INE recoge en su documento de Metodología de la Contabilidad Nacional Trimestral de España: “Aunque la situación ideal estaría relacionada con la completa disponibilidad de fuentes directas, la realidad indica que este escenario no es posible para la mayoría de los agregados macroeconómicos trimestrales, por lo que, frecuentemente, hay que recurrir a procedimientos estadísticos y econométricos para estimar los agregados trimestrales.” Ante estas dificultades técnicas son muchos economistas[1] que se han preguntado hasta qué punto tiene sentido ofrecer datos como el del crecimiento del PIB con decimales, como si pudiéramos medir con una precisión milimétrica similar a la de un laboratorio donde percibimos cambios de 0,001. Pero ¿es la situación descrita hasta ahora un problema? No por sí misma, todo depende de hasta donde pretendamos llegar con estos datos.

Todo el conjunto de transformaciones, mediciones, procesos intermedios y encuestas implica que, como norma general, medimos muchos datos macroeconómicos con error del que desconocemos su distribución. A la hora de plantear un modelo, los resultados son muy distintos, si pensamos que estamos diseñando un modelo donde las variables son directamente observables y se miden sin error, o si partimos de una situación donde cada una de las variables tiene un error del que desconocemos su distribución. Ante la segunda situación, una vía de escape sería suponer que la suma de los errores, cuya distribución desconocemos, es igual a cero. Pero aceptar que realmente se dé de forma general esta condición tan poco probable y especial es ingenuo, o una creencia autoimpuesta de manera acrítica.

¿Qué supone que nos movamos en un universo de datos cuyas distribuciones de errores desconocemos? Supone aceptar que la econometría se enfrenta a una serie de dificultades insalvables y que los resultados ofrecidos tenderán a ser menos fiables de lo esperado. Si a ello le sumamos la ausencia de Leyes universales, nos encontramos ante una situación muy distinta a la de las Ciencias Naturales. Un ejemplo claro es que mientras que, en Física, si un experimento no replica una ley, se cuestiona la ley y nos encontramos ante un hallazgo de gran magnitud para el avance de la Ciencia. Mientras que en econometría se hacen regresiones hasta que se consigue el resultado deseado, bien cambiando el horizonte temporal de los datos, realizando nuevas transformaciones, o introduciendo y sacando variables.

¿Cómo nos afecta? En principio un lector poco experimentado pensaría que si se cuida de no leer este tipo de publicaciones no tendría problemas. Nada más lejos de la realidad. Decisiones tan delicadas como la política de recortes defendida por el FMI se han justificado mediante estudios con problemas como los anteriormente descritos. En otras palabras, estas técnicas se han utilizado para justificar políticas de una ideología determinada que han llevado a decisiones erróneas muy costosas, para los habitantes de determinados países, y que se han resuelto con un artículo y un disclaimer que nos avisa que la opinión del Economista Jefe del FMI no representa la visión del propio FMI.

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Italia y el “desorden” laboral

Autor: Fernando Luengo

Otra Economía

El pensamiento económico dominante, siempre dispuesto a poner sobre la mesa indicadores que, de una tacada, proporcionen información significativa y sintética sobre la salud de una economía, utilizan a menudo los “costes laborales unitarios nominales” (CLUN). Su aumento dispara las alarmas, pues se asocia a la existencia de una presión alcista sobre los costes (laborales), con el consiguiente deterioro de la productividad y la pérdida de competitividad; mientras que un comportamiento moderado de los mismos es prueba de prudencia y revela fortaleza económica.

En Italia, entre 2010 y 2018, los CLUN, según la información estadística proporcionada por Eurostat, han aumentado un 6,2%; un porcentaje sustancial cuando se compara con lo acontecido en la economía española, donde, en idéntico período, han retrocedido más de dos puntos porcentuales, un 2,5%.

Para analizar qué hay detrás del crecimiento de los CLU en Italia –indagación imprescindible para extraer las conclusiones correctas en materia de política económica- conviene tener presente que este indicador relaciona el salario medio expresado en términos nominales (es decir, incluyendo los precios) y la productividad del trabajo real o en volumen (esto es, sin contabilizar la parte de ese aumento imputable a la variación de los precios).

Reparemos, por lo tanto, en que, al comparar una magnitud nominal (en el numerador) con otra real (en el denominador) es normal –sin entrar en el debate de si es “bueno” o “malo” en términos económicos- que se contabilice un crecimiento de los CLU; cabe calificar de excepcional, y de anómalo, lo contrario: la evolución de nuestra economía en los últimos años, y la de Alemania desde la implantación del euro.

Aclarado este asunto, estrictamente conceptual, entremos en materia. ¿Qué evolución han seguido en Italia los componentes que integran los CLUN? Se aprecia que la compensación nominal por empleado entre 2010 y 2018 ha aumentado un 6,6% (menos de un 1% anual). Como quiera que el índice de precios al consumo lo ha hecho en un 11%, el resultado es que los trabajadores en promedio han perdido capacidad adquisitiva. Esta evolución encaja con que la participación de los salarios en la renta nacional se haya reducido, en casi un punto porcentual aproximadamente.

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La letra pequeña de los datos de empleo del cuatro trimestre de 2017

Autor: Eduardo Garzón Espinosa

Saque de Esquina

1) Desde que el PP llegó al gobierno el número de personas paradas ha caído en 1.520.600 pero de todas ellas sólo 845.400 han pasado a trabajar. El resto (675.300) emigraron, se jubilaron o dejaron de buscar empleo.

2) Hay 1,7 millones de personas ocupadas menos que antes de la crisis y todavía hay 3,8 millones de personas en paro. La tasa de paro se sitúa en el 16,55%, un nivel propio de Estados fallidos o de países recién salidos de una guerra civil. Si en el cálculo de la tasa de paro tuviésemos en cuenta a las personas que quieren trabajar pero que no buscan empleo y a las que trabajan a tiempo parcial pero que siguen buscando empleo a tiempo completo, la tasa sería del 25,1% y no del 16,5%.

3) En la actualidad se realizan prácticamente las mismas horas de trabajo a la semana que cuando llegó el PP al gobierno; sólo han aumentado un 1,7%. Ahora se realizan 75 millones de horas de trabajo a la semana menos que antes de la crisis, un 11,7% menos.

4) Hoy hay 495.300 personas asalariadas temporales más que cuando el PP llegó al gobierno, y sólo hay 276.800 indefinidas más. El peso de los contratos temporales sobre el total ha aumentado durante este periodo desde el 24,8% al 26,7%. España registra actualmente la tasa de temporalidad más elevada de los 28 países de la Unión Europea (exceptuando a Polonia), casi duplicando la media.

5) Los contratos temporales de reducida duración han aumentado durante los años de gobierno del PP: en 2017 se han firmado 31.400 contratos de un día de duración más que cuando el PP llegó al gobierno.

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La Secuencia de Schmidt

Autor: Fernando Esteve

La Paradoja de Kaldor

Nunca fue Felipe González muy dado a filosofías. Era un político, un hombre de acción. Por eso cabe imaginar el alivio que debió sentir cuando en el congreso de Suresnes en 1974, el PSOE abandonó el marxismo como guía de sus programas y sus políticas.

No le faltaba algo de razón si se tiene en cuenta que por aquellas fechas el marxismo había devenido en gran medida en escolástica diversión de intelectuales ociosos. Ahora bien, como es sabido, la Naturaleza aborrece al vacío, por lo que el hueco dejado en el cerebro de González por el marxismo, sobre todo por la economía marxista, requería ser reocupado por otra modelización económica no-marxista o, mejor aún, claramente antimarxista. Es dable imaginar que a esa tarea de “relleno” mental se dedicasen con esmero, quizás en clases particulares en tardes perdidas, quienes más adelante serían sus ministros en materia económica, Miguel Boyer y Carlos Solchaga, que inaugurarían así esa tradición de dar clases particulares a políticos que luego han continuado otros economistas como Jordi Sevilla con Zapatero o Xavier Sala-i-Martín con Artur Mas y Carles Puigdemont.

No hay la menor duda de que Felipe González aprovechó bien esas clases de Economía ortodoxa o neoclásica, bien alejadas no sólo de la economía marxista sino también de la keynesiana. No debió de tener en ello el menor problema pues, tras el fracaso económico en que se saldó el intento por parte de François Mitterrand de aplicar en Francia el “keynesianismo en un sólo país”, la “alternativa” ganadora en el socialismo europeo a la hora de definir las líneas fundamentales de una política económica socialista la tenían sus por entonces mentores: los socialistas alemanes, alternativa que se resumía de modo prístino  en esa concatenación causal y temporal típica del pensamiento económico neoclásico que describió inmejorable e inolvidablemente  el canciller Helmuth Schmidt: “los sacrificios salariales de hoy son los beneficios empresariales de mañana, y  la inversión  y los puestos de trabajo de pasado mañana”.

La verdad sea dicha es que esta concatenación, a la que llamaré la Secuencia de Schmidt en homenaje a su autor, es una perfecta síntesis del entero pensamiento económico neoclásico. Ése que es el único que aprenden los economistas por ser el único que se enseña en las facultades de Economía. Y es que, en el fondo, si bien se mira, poco más aprenden que esa “secuencia”. Nada más recuerdan cuando, a los pocos días de acabar sus estudios, se olvidan de todos esos modelos matematizados que tuvieron que aprenderse para aprobar y que no vienen a decir sino lo mismo de forma tan harto complicada.  Nada más necesitan, por otro lado, para defender el “pensamiento único” y las recetas neoliberales que la inmensa mayoría de los economistas defienden como emblemas acreditativos y distintivos de su profesión.

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No hay ninguna necesidad de crear un impuesto para asegurar las pensiones

Autor: Eduardo Garzón Espinosa

Público.es

El pasado lunes 8 de enero el PSOE volvió a la carga con su ya conocida propuesta de creación de un impuesto para poder financiar las pensiones como respuesta al déficit que tiene la Seguridad Social y alegando que países como Francia aplican medidas similares. Muchos han caracterizado esta propuesta de izquierdas, ya que pone el acento en el aumento de ingresos en vez de hacerlo en la disminución de los gastos como marca la receta de la derecha (por cierto, aplicada también en las pensiones por el PSOE durante el gobierno de Zapatero). Sin embargo, esta interpretación es presa precisamente de los postulados económicos que utiliza la derecha, ya que comparte con ella la obsesión de acabarcon el déficit público –en este caso de la Seguridad Social–, como si fuese una enfermedad que hay que extirpar lo antes posible. En realidad, una interpretación verdaderamente de izquierdas debe basarse en una rigurosa y adecuada comprensión de la naturaleza y funcionamiento de los saldos fiscales, dejando de lado los mitos económicos de la derecha que demonizan el déficit público y entendiendo que éste no es más que una herramienta económica que se debe utilizar en beneficio de la mayoría social.

El sistema público de la Seguridad Social ingresa actualmente menos de lo que gasta. Bien, ¿y qué? Si aislásemos los ingresos y gastos de la sanidad pública –al igual que hacemos hoy arbitrariamente con las pensiones públicas-, a ésta le ocurriría exactamente lo mismo: estaría en déficit (los pacientes no pagan directamente todo el coste del servicio), y no veo a nadie por ahí diciendo que hay que crear un impuesto finalista para financiar la sanidad. Pasa igual con la educación pública y con otros servicios públicos: aisladamente del resto de las finanzas públicas se encontrarían en déficit, lo que ocurre es que logramos la financiación a través de vías que no tienen nada que ver con su respectivo ámbito, de forma que financiamos servicios públicos como la sanidad con el dinero que, por ejemplo, paga alguien por IVA cuando compra un coche de lujo. Ponemos toda la riqueza y renta de nuestra economía al servicio de la financiación de todo lo público.

¿De todo? No. De las pensiones no. Así se decidió en 1996 con el Pacto de Toledo, alegando que separar la financiación de las pensiones del resto de la finanzas públicas impediría a los gobernantes de turno recortarlas a través de los presupuestos generales del Estado. Pero esto hoy solo se puede ver como una broma de mal gusto, ya que tanto el gobierno de Zapatero como el de Rajoy han recortado sustancialmente las pensiones públicas con las reformas de los últimos años (aumentando la edad de jubilación, congelando su revalorización o desvinculándola del crecimiento de los precios, ajustándola a la esperanza de vida, etc). Si el aislamiento de la financiación de las pensiones no ha impedido que los gobiernos les peguen un tijeretazo, ¿para qué sirve entonces?

Ya lo digo yo: para nada que no sea reforzar una falsa imagen de insostenibilidad. Una vez las pensiones están aisladas, es fácil señalarlas si tienen déficit y gritar a los cuatro vientos que hay un problema que solucionar (momento hábilmente aprovechado por la banca para proponer planes privados de pensiones). Vuelvo a lo de antes ¿qué pasaría si aislásemos la sanidad pública del resto de finanzas públicas? Veríamos un déficit enorme y la élite de turno saldría en banda a clamar su privatización. Pero no lo hace de forma tan agresiva porque el déficit de la sanidad pública se diluye en el conjunto de las finanzas públicas y el hipotéticoproblema no se explicita tan claramente.

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La trampa y el discurso tramposo de la subida del salario mínimo

Autor: Fernando Luengo

La Marea

El anunciado, a bombo y platillo, aumento del salario mínimo es una buena noticia que, sin duda, habrá llenado de desasosiego y perturbación a la tradición más conservadora del pensamiento económico, dominante en las universidades, los centros de investigación, los servicios de estudio de los bancos y las escuelas de negocio.

Esta tradición ha defendido, y todavía defiende, que la mera existencia del salario mínimo –no sólo su fijación en un nivel “elevado”- es contraproducente, es un factor de perturbación para el funcionamiento eficiente de la economía. Pongo entre comillas el término “elevado” porque para estos economistas -que, por cierto, habitan en la zona más confortable de la sociedad, disfrutando de una posición privilegiada y percibiendo elevadas retribuciones- ese nivel debe ser cada vez más bajo.

Desde ese relato se argumenta que la reducción del salario mínimo o, mejor aún, su eliminación contribuiría a la creación de empleo, precisamente entre los trabajadores con una situación más precaria, aquellos que ofrecen en el mercado de trabajo menos cualificación. La retribución de estos colectivos, muy inferior al promedio recibido por los trabajadores, compite con el salario mínimo, por lo que su reducción o su eliminación actuaría de estímulo entre las empresas, que verían de este modo reducirse los costes de contratación, con el consiguiente aumento del empleo.

Numerosos estudios han puesto de manifiesto, sin embargo, que la represión salarial (moderación de los costes laborales, según el tramposo lenguaje oficial) no permite aumentar el nivel de empleo, sino todo lo contrario; y que los salarios bajos, además de lastrar la demanda agregada, actúan como freno a la renovación y modernización de las capacidades productivas. Pero, como otros tantos axiomas defendidos desde la economía convencional, la acumulación de reflexión teórica y de evidencia empírica en su contra no ha servido para pasar página.

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El bitcoin: ¿oro digital o fraude colosal?

Autor: Bruno Estrada Lopez

ctxt.es

El bitcoin la criptomoneda más famosa y más utilizada en el mundo fue creada hace solo ocho años, en 2009. Una criptomoneda es un medio digital de intercambio que no está respaldado por ningún activo, su valor intrínseco es cero, se basa en la confianza que millones de personas dan a un sistema descentralizado de creación de dinero.

No hay ningún Banco Central de un gran país detrás de su creación, ni ninguna entidad financiera global, ni ninguna gran empresa. Son miles de “mineros” los que están continuamente creando esta moneda en base a unos códigos que aseguran las transacciones.

Su creación se hace de forma conjunta por un sistema competitivo descentralizado de estos “mineros” digitales. Para que estos nuevos bitcoins, estas nuevas transacciones, sean confirmados es necesario que se incluyan en un bloque con una prueba de trabajo matemático. Dichas pruebas son muy difíciles de calcular ya que la única manera de pasarlas es intentando hacer miles de millones de cálculos por segundo.

Cuando los bloques son validados por el universo de “mineros” entonces el “minero” creador recibe una propina en bitcoins, propina que se ha ido reduciendo con el paso del tiempo. Los “apolojetas” del bitcoin dicen que esto es democratizar la creación de dinero.

Inicialmente, en la “época romántica” del bitcoin, los mineros eran personas individuales que, armados con un cierto conocimiento de electrónica e informática y un potente ordenador generaban esos bloques. Ante el aumento de valor de esta criptomoneda su producción se ha ido industrializando. Actualmente hay “granjas de servidores” trabajando permanentemente para calcular el valor de un nuevo bloque.

Su creciente éxito como instrumento de intercambio plantea dos graves problemas: su insostenibilidad financiera y medioambiental.

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El bitcoin está destinado al fracaso

Autor: Eduardo Garzón Espinosa

eldiario.es

Cada vez se habla más de las criptomonedas, y especialmente de la más famosa y utilizada de todas: el bitcoin. Este tipo de monedas, creadas desde el sector privado, se caracterizan esencialmente por ser digitales y por regirse a través de un software informático complejo que conecta a todos sus usuarios de forma que se origina para cada transacción un modelo de contabilidad distribuida. La forma de emitir nueva moneda se lleva a cabo a través de la resolución de un algoritmo informático que cada vez se va complejizando más y en el que puede participar cualquier usuario. En el caso del bitcoin, la emisión de la moneda está limitada a un máximo de 21 millones de unidades.

El bitcoin se creó en el año 2009, en plena crisis económica mundial, y desde entonces su utilización ha ido en aumento. Empleada en un primer momento en muy pocas regiones y sólo en determinados sectores económicos, se ha ido extendiendo cada vez más hasta llegar a nuevos países y a nuevas ramas económicas. Y, aunque hoy día sigue siendo una moneda con una utilización marginal a nivel mundial, llama muchísimo la atención la importancia que ha alcanzado una moneda creada por el sector privado, ya que ha registrado un éxito que no tiene parangón alguno en la historia.

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Autogestión, poder y lenguaje

Autor: Xavi Lopez

Blog Economía para Todas en El Salto

Desde hace ya muchos años (a grandes rasgos, unos treinta), una pesada batería de conceptos, imágenes, expresiones y vocablos se ha estado filtrando en el lenguaje popular cotidiano desde los lugares donde se fabrican las visiones del mundo destinadas a permear sobre el imaginario colectivo. Comprar un armario es una “inversión”. Gastar más dinero en un producto equivale a obtener “calidad”. Fuera del lugar de trabajo, facturas, tarifas, y hasta oscilaciones bursátiles de índices hipotecarios adquirieron importancia creciente en la vida diaria, así como los “gastos” y los “beneficios”, y en general las nociones de “interés” y de “deuda”, omnipresentes en los discursos públicos, pero también en los juegos de apuestas online o en las plataformas digitales de compra-venta de productos. En el ámbito laboral, todo el mundo se acostumbró a que se valorase su trabajo según los criterios de oferta y demanda, según los índices de productividad, el grado de competencia que puede soportar, la importancia capital del cliente con quien tiene que tratar, el grado de eficiencia que es capaz de alcanzar. Por mucho que diéramos por supuesto que vivimos en una democracia, se entiende, como idea del “sentido común”, que en el lugar de trabajo esa democracia no existe ni debe existir. Se hace lo que dice el jefe.

Porque de eso se trata. El capitalismo en su fase neoliberal, con sus características particularmente picantes en España, ha consistido en una colonización del inconsciente colectivo de larga duración, que ha constado, entre otras cosas, de una invasión lingüística, conceptual, imaginaria, que imprimiera en las mentes de la gente común el principio de valorización capitalista de los objetos y los deseos, la naturalización del aprecio por el beneficio económico en las mentes de todos y todas las que, medio siglo atrás, sostuvieron la cultura antagonista al capitalismo. ¿Para qué? No sólo para hacer lo que dice el jefe, sino para pensar y sentir como él. Para desear un coche lujoso con el que circular, solos, por carreteras lejanas; para desear maquillajes caros o aparatos de aire acondicionado de alta calidad; para desear la propiedad de un inmueble como algo “natural”. Y de este modo, naturalizar el dominio, a través, ya no de una creación de lenguaje, sino de una supresión del mismo, dirigida a mantener el tabú del dominio. Éste queda protegido, así, cada vez que un compañero o compañera tratan de espolearnos para que nos movilicemos contra las malas prácticas y tratos de un jefe o compañía y el resto nos quedamos callados; pero es sólo un ejemplo. Habría que buscar, y no sería difícil encontrar, las situaciones en las que, desde la escuela, el dominio se instala dentro de nosotros como un cáncer con el que deberemos convivir “desde la cuna hasta la sepultura”. No estamos hablando de teoría, sino de la práctica diaria y de la relación que establecemos (o que nos dejamos establecer) entre nosotras mismas, el lenguaje y el poder.

Todo esto tiene algo que ver con el concepto de autogestión. Gerentes de toda ralea han invadido los ayuntamientos y otros entes públicos y privados, haciéndose “responsables” de las vidas y recursos de otros y otras. Hasta las pequeñas asociaciones de comerciantes o de vecinos, y muchas cooperativas sin una vocación clara de transformación social (que las hay y muchas, aunque por fortuna esto está cambiando), se ven obligadas, cuando no lo hacen de buen grado, a dilapidar una enorme cantidad de energía y capital social en la “gestión económica” de sus entidades, de modo que en multitud de casos contratan a terceros que realizan ese trabajo (las famosas “gestorías” inmobiliarias que se han apropiado de la gestión de las comunidades de vecinos, por ejemplo). De tal manera que mucho dinero va a parar a las manos de estos “intermediarios” que hinchan precios y cuentas corrientes. La vida de barrio, que no hay que mitificar ni mucho menos, pero antaño tan llena de actos y lenguajes que no pertenecían al universo de la “gestión”, también se ha “financiarizado”: todo el mundo se ve obligado a prestar una atención inusual a sus “equilibrios presupuestarios” (léase “llegar a fin de mes”, en una versión profana de los libros de cuentas de las élites económicas).

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Y el mundo no se hundió

Autor: Carlos Sanchez Mato

ctxt.es

Hace exactamente dos años saltó una noticia que corrió como la pólvora por radios, televisiones, periódicos y redes sociales. El Ayuntamiento de Madrid iba a suspender los contratos que tenía suscritos con las agencias de calificación de deuda, anunciaron los medios, llevándose las manos a la cabeza. Se trataba de “un error innecesario” como titulaba su editorial un periódico de gran tirada.

La decisión fue tomada en el Área de Economía y Hacienda, de la que me encargo desde que Manuela Carmena fue nombrada alcaldesa. Y debo reconocer que nos sorprendió el enorme impacto que tuvo a nivel estatal. Simplemente habíamos decidido no renovar dos contratos con unas empresas privadas cuyos servicios eran prescindibles. Poco más de 100.000 euros al año para un ayuntamiento con un presupuesto de más de 5.000 millones.

Las agencias de calificación conforman un sector oligopolístico, se reparten el pastel entre muy pocas. Se dedican a publicar calificaciones en las que valoran el riesgo de impago y la solvencia de los potenciales emisores de deuda. Es decir, que cuando un gobierno u otra entidad quieren emitir deuda o solicitar financiación, encarga a una de esas pocas agencias que le evalúe.

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El tiempo capitalista: la mercantilización de todo

Autor: Coral Martinez Erades

eldiario.es (Economistas Sin Fronteras)

Hay segundos más determinantes que décadas, años que pasan volando y momentos que se hacen eternos. El tiempo puede ser medido y percibido de distintas formas. Los griegos lo comprendían desde tres conceptos: Aión (duración de la vida), Crono (duración del tiempo o infinito) y Kairós (presente, decisivo). Mientras Crono es cuantitativo y terrenal, Kairós es cualitativo y tiempo de dioses.

Kairós representa un tiempo difícil de medir o comparar, relevante, determinante, adecuado, oportuno, en el que sucede lo especial, “el instante fugaz en el que aparece, metafóricamente hablando, una abertura que hay que atravesar necesariamente para alcanzar o conseguir el objetivo propuesto” 1 . Según Eurípedes “el mejor guía de cualquier actividad humana” 2. Sin embargo, Crono, un dios mucho más reconocido, es lineal y medible. Con Crono, los diferentes tiempos y momentos se comparan con una misma unidad de medida.

San Agustín, Kant, Husserl, Bergson y Heidegger analizaron la parte subjetiva del tiempo. Platón distinguía entre mundo inteligible y mundo sensible y Xavier Zubiri distingue entre tiempo mental y físico. Y más allá de la filosofía, Einstein demostró que a velocidades cercanas a la de la luz, el tiempo pasa más despacio. Desde la economía, Marx y autores más recientes como Diego Levis o Álvaro Briales distinguen y caracterizan al tiempo capitalista.

En el tiempo capitalista, el tiempo de trabajo subordina al resto de tiempos cualitativos a través del dinero como unidad temporal de medida. El tiempo de trabajo es desde donde –y en torno al cual– articulamos el resto de tiempos. Claro ejemplo de ello son las vacaciones pagadas. Así, el reloj y el dinero determinan nuestra forma de valorar el tiempo abstracto, perdiéndolo, invirtiéndolo ohaciéndolo productivo. Comenzamos a utilizar el dinero como unidad de medida para otros tiempos y vamos mercantilizando no sólo el trabajo –convertido en trabajo asalariado o empleo–, sino otros aspectos de la vida, el tiempo que dedicamos a otras actividades. Eso es mercantilizar, convertir en transable, hacer que su valor de cambio prevalezca sobre su valor de uso y posibilitar que alguien pueda enriquecerse con ello.

Así, al igual que muchos espacios, muchos tiempos son mercantilizados. El tiempo de ocio no-lucrativo es colonizado por la enorme industria del entretenimiento; en el mercado laboral, la demanda de trabajo por parte del capital prima sobre las propias necesidades sociales; el tiempo dedicado a la educación es valorado –y el sistema educativo configurado– según su capacidad para satisfacer la demanda de trabajadores cualificados. Convertimos la educación en formación de capital humano y sacrificamos la filosofía, la música o el dibujo al dios Crono . Medimos cualquier actividad con la vara de la productividad y subestimamos toda actividad que no nos dé garantía de un alto valor transable.

Para más inri, la multiplicación de las fuerzas del capital –ésas que aumentan la división internacional de trabajo sólo porque ya lo han hecho previamente– hace que el trabajo haya transcendido su función como actividad creadora de riqueza material y busque la propia reproducción del trabajo. En este sentido, Álvaro Briales 3 argumenta que el tiempo en el que no estamos en un trabajo asalariado ni consumiendo es básicamente consumido por el “mantenimiento de la inmensa infraestructura social que pivota en torno al trabajar por trabajar”. Un trabajo ideado para auto-reproducirse.

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España no es un ejemplo exitoso de austeridad, sino todo lo contrario

Autor: Eduardo Garzón Espinosa

Artículo publicado originalmente en el número 47 de La Marea

El discurso del gobierno estatal así como de la Comisión Europea y de los economistas liberales sostiene que la economía española ejemplifica el éxito de las políticas de austeridad. Según esta visión, gracias a varios años de recortes de gasto público e incremento de los ingresos públicos –que han permitido reducir algo el déficit– el PIB de la economía vuelve a aumentar. Sin embargo, por mucho que repitan esta afirmación no sólo es absolutamente falsa sino que es contraria a la evidencia empírica. Los datos no dejan lugar a dudas: el crecimiento del PIB español ha ido acompañado de políticas de incremento del gasto y de reducción de los ingresos, aunque hayan sido tímidas. Los gobiernos de las distintas administraciones públicas suavizaron las políticas de austeridad desde 2014 –fundamentalmente debido a los ciclos electorales en los que estuvo inmersa toda la geografía española– y ese movimiento ha sido paralelo al crecimiento del PIB español, aunque no sea el único motivo que ayude a explicar esta evolución. En consecuencia, no son las políticas de austeridad las que explican el crecimiento de la economía, sino que en todo caso su reversión es precisamente lo que ha ayudado a la economía a remontar.

Para entender adecuadamente lo que estoy afirmando es importante saber qué es exactamente el déficit público y cómo funciona, algo que no entienden los economistas convencionales. Un déficit fiscal se produce cuando los gastos del sector público son superiores a sus ingresos. Pero ojo: no todos los gastos ni todos los ingresos públicos son resultado de las políticas de un gobierno. Hay gastos que se producen independientemente de lo que haga el gobierno de turno, porque dependen del ciclo económico y de otros factores involuntarios, como por ejemplo los gastos de desempleo y otras ayudas sociales (que aumentan automáticamente en épocas de recesión y disminuyen en épocas de crecimiento), las pensiones (que aumentan automáticamente con las prejubilaciones y la evolución demográfica) o los intereses de deuda (que aumentan automáticamente con el incremento de la deuda y de la prima de riesgo, y viceversa). De forma inversa, hay ingresos que se producen independientemente de lo que haga el gobierno de turno, como por ejemplo las cotizaciones sociales, el IRPF, el IVA o el Impuesto de Sociedades, pues la recaudación disminuye en épocas de recesión (hay menos empleo, menos compraventas y menos beneficios) y aumentan en épocas de crecimiento.

De ahí que tengamos gastos cíclicos (involuntarios) y gastos discrecionales (voluntarios), e ingresos cíclicos (involuntarios) e ingresos discrecionales (voluntarios). Si nos fijamos únicamente en el volumen total de déficit público (como hacen los economistas convencionales) no podremos saber si el gobierno en cuestión está aplicando políticas de austeridad o aumentando mucho el gasto y reduciendo impuestos, porque hay una parte del déficit que se produce involuntariamente. Para poder evaluar las políticas de un gobierno es necesario dividir el déficit público en dos componentes: el déficit cíclico (involuntario) y el déficit discrecional (voluntario). En el gráfico se puede observar la evolución del déficit público español desde el año 2010 hasta el 2016 atendiendo a esa composición, así como el crecimiento de la economía.

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Economía con sentido común

Autor: Alfredo del Rio Casarola

Blog Econonuestra en Público.es

Desde el inicio de la crisis algunas frases aparentemente inocuas se han colado entre las expresiones más comunes del lenguaje popular. “Hemos vivido por encima de nuestras posibilidades” o “hay que apretarse el cinturón” son frases que sitúan a toda la población en el mismo barco y que culpabilizan a todos sus tripulantes por igual. En consecuencia, la forma de evitar que el barco se vaya a pique implica que todos ellos hagan el mismo esfuerzo, como si todos los tripulantes tuvieran los mismos agujeros en el cinturón.

Dichas frases son repetidas hasta la saciedad en todos los medios de comunicación masivos. En la gran mayoría de emisoras de radio o de cadenas de televisión hay programas a los que acuden unos personajes, llamados “expertos”, que recitan este tipo de enunciados como si de una verdad absoluta e irrevocable se tratara. Estos “expertos” no se limitan únicamente a participar en tertulias sino que también son utilizados por diferentes gobiernos para legitimar socialmente medidas impopulares. Un ejemplo es el “Consejo de sabios”, configurado por el actual Gobierno para preparar la reforma del sistema público de pensiones. Dicho Consejo entregó en junio de 2013 el “Informe del Comité de expertos sobre el factor de sostenibilidad del sistema público de pensiones”, el cual sugiere vincular la cuantía de las pensiones a la evolución del ciclo económico y disminuir la pensión inicial conforme aumenta la esperanza de vida y el número de años en los que se cobra pensión. Es decir, que la población española cobrará una menor pensión anual si vive más años que ahora y si hay recesión económica.

Pero este no es el último ejemplo. En febrero de este año, se hizo entrega al ministro de Hacienda y Administraciones Públicas, Cristóbal Montoro, del “Informe de la Comisión de expertos para la reforma del sistema tributario español”. Imaginen qué tipo de propuestas ha proporcionado este conjunto de académicos renombrados al Gobierno. Si han pensado en una disminución del Impuesto sobre Sociedades, en una supresión total del Impuesto sobre el Patrimonio o en una subida del IVA para algunos productos o servicios con tipo reducido, han acertado.

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