Economía Crítica y Crítica de la Economía

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Terminar con la precariedad

Autor: Nacho Álvarez Peralta y Jorge Uxo

Categoría: Alternativas, Trabajo

Etiquetas:

El Mundo

La excesiva temporalidad existente en el mercado de trabajo español es, junto con la parcialidad, la principal causa de la precariedad laboral, y explica en buena medida los salarios de miseria que hoy reciben millones de asalariados. Recordemos que tener un contrato temporal no significa sólo mayor inestabilidad. Significa ganar, en término medio, 8.000 euros menos al año que una persona con empleo indefinido.

El informe de otoño sobre la economía española recientemente publicado por el FMI constata el fracaso de las dos últimas reformas laborales a la hora de solucionar este problema. Entre el primer trimestre de 2014 y el tercer trimestre de 2017 se han creado unos dos millones de puestos de trabajo, pero de ellos casi el 60% son de carácter temporal. Facilitar y abaratar el despido de los trabajadores indefinidos, aunque en su momento se dijo que ayudaría a disminuir la excesiva temporalidad de nuestra economía, sólo ha servido para erosionar la protección de los asalariados, sin que haya reducido la denominada “dualidad”.

Ante la constatación de semejante fracaso, el Gobierno y Ciudadanos planean una nueva reforma laboral que avance hacia la implantación del llamado “contrato único”. Bajo la denominación de contrato de “protección creciente”, la nueva figura contractual establecería una indemnización por despido equivalente a 12 días de salario para el primer año trabajado, 16 días para el segundo año y 20 días el tercer año.

Sin embargo, este contrato de “protección creciente” será ‘de facto’ incapaz de solucionar el grave problema de precariedad que tenemos, que está muy ligado a la ausencia de causalidad de los contratos temporales y que se concreta en una rotación laboral cada vez mayor. De hecho, la duración media de los contratos en nuestro mercado de trabajo se sitúa desde 2013 en los 53 días, lo que significa que a millones de trabajadores de nada les servirá una indemnización creciente (pues seguirán viéndose afectados por la indemnización de 12 días de salario al año que ahora tienen los contratos temporales).

¿Por qué, con el mismo nivel de indemnización y la misma facilidad de despido, un empresario mantendría más tiempo en el puesto de trabajo a un trabajador con el nuevo contrato de “protección creciente” que a un empleado temporal? La realidad es que el nivel de rotación y temporalidad abusiva se mantendría, aunque éste ya no afectaría formalmente a trabajadores “temporales”. Estadísticamente el fenómeno de la precariedad “se corregiría” al eliminarse la categoría, pero la realidad no cambiaría. Política laboral gatopardista.

Pero la propuesta del Gobierno no sólo es inútil para solucionar la precariedad, en la medida en que no parece que vaya a incorporar ningún desincentivo al despido temprano ni al uso fraudulento de la temporalidad. Además, será costosa para las arcas públicas, puesto que prevé hacer uso nuevamente de las fracasadas bonificaciones a la cuota de la Seguridad Social para incentivar la contratación indefinida (el Gobierno quiere financiar los primeros 500 euros de la base de cotización de cada mes, durante cuatro años). Ésta es una medida que únicamente contribuye a incrementar los márgenes de beneficio de las empresas (con cargo al erario público), pues su ineficiencia para crear empleo es sobradamente conocida en la literatura económica.

En el caso de que el nuevo contrato de “indemnización creciente” sustituya a los actuales contratos temporales, el problema de la excesiva temporalidad seguirá presente como se ha dicho. Pero si se unifica en una sola figura la contratación temporal e indefinida -el verdadero “contrato único”- servirá además para erosionar profundamente la protección de los actuales empleos indefinidos.

Ya hemos podido comprobar, tras años de aplicación de las reformas laborales de Zapatero y Rajoy, cómo ésa es una estrategia fracasada: erosionar los derechos de los empleos indefinidos, al tiempo que se mantiene inalterada la facilidad de despido de los contratos temporales, no sólo no termina con la precariedad sino que además refuerza la bajada de salarios para el conjunto de los empleados.

Si queremos reducir significativamente la precariedad lo que hace falta es invertir esta lógica: se debe penalizar el uso fraudulento y excesivo que se hace de la temporalidad en nuestro mercado de trabajo.

Esto pasa, en primer lugar, por reforzar el principio de causalidad asociado a la temporalidad, para evitar que ésta sea utilizada por las empresas para cubrir tareas que no son de carácter transitorio. Además, se debe establecer un límite máximo en la proporción entre trabajadores que tienen modalidades de contratación atípicas (temporal o parcial), y aquellos con contrato indefinido. En tercer lugar, se deben fijar desincentivos (“malus”) en la cotización a la Seguridad Social para las empresas que presenten una rotación excesiva en su plantilla, y para aquellas que tengan una elevada ratio de trabajadores temporales. Del mismo modo, debe prohibirse el encadenamiento de contratos de duración determinadapara la cobertura de un mismo puesto de trabajo (ya sea con la misma persona o con otra distinta), y garantizarse la conversión de los contratos temporales en indefinidos pasado un año de duración. Finalmente, deben incrementarse sustancialmente las indemnizaciones al trabajador en caso de fraude en la contratación temporal. Terminar con la precariedad exige pensar las cosas de forma distinta a como lo hemos hecho en las dos últimas décadas.

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Nacho Álvarez es secretario de Economía de Podemos y profesor de Economía en la UAM y Jorge Uxó es miembro de la Secretaría de Economía de Podemos y profesor de Economía en la UCLM.

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