Economía Crítica y Crítica de la Economía

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¡Los ricos también sufren!

Autor: Fernando Luengo

Categoría: Distribución de la renta

Etiquetas:

Otra Economía

Mucho antes de que estallara la crisis económica, desde la década de los ochenta del pasado siglo, los países desarrollados han experimentado un continuo y creciente proceso de concentración del ingreso. Este es el panorama que presenta el informe realizado por la OCDE titulado “Focus on top income and taxation in OECD countries. Was the crisis a game changer?” (http://www.oecd.org/els/soc/OECD2014-FocusOnTopIncomes.pdf), en el que se resumen las principales conclusiones del libro de Thomas Piketty “Capital in the twenty-first century”. La información estadística aportada procede de la base de datos World Top Income Database (http://topincomes.g-mond.parisschoolofeconomics.eu/). Otros trabajos –los de Oxfam y Cáritas, por ejemplo- apuntan en la misma dirección.

Con más o menos crecimiento, con gobiernos de distinto perfil ideológico, en economías anglosajonas y continentales, en el Norte y en el Sur, a ambas orillas del Atlántico, el enriquecimiento de las oligarquías, en abierta connivencia con las élites políticas, ha seguido su curso. La información recogida en estos y otros textos, aunque parcial e insuficiente (la que recoge la OCDE se basa en las declaraciones fiscales, cuando es sabido que éstas sólo revelan una parte de las fortunas y riquezas atesoradas), es inapelable.

Y esto ha sucedido al mismo tiempo que los ingresos de la mayoría de los trabajadores se estancaban o apenas crecían (no es el caso, claro, de los percibidos por los equipos directivos), y cuando se abría paso, con enorme cinismo, la falacia de la austeridad presupuestaria y de la moderación salarial.

Concentración de riqueza y concentración de poder, pues ambas desmesuras van de la mano. Privilegios crecientes, en suma, y unas economías cada vez más debilitadas por el negocio financiero, la desigualdad en ascenso, unas disparidades productivas y territoriales crecientes, la usurpación de los espacios públicos y la utilización depredadora de recursos escasos. De aquellos barros estos lodos; de esa acumulación de riqueza y poder, esta deriva económica.

Una bomba de relojería que, tarde o temprano, tenía explotar. Primero, el crack financiero, y luego, la crisis general… pero los ricos a lo suyo, a hacer caja con las oportunidades que les brindaba la crisis, procurando (y consiguiendo) eludir los costes de la misma (sólo en los primeros momentos se redujo la riqueza financiera). Porque la crisis no ha reducido sus privilegios; todo lo contrario, los ha acrecentado, en un contexto de empobrecimiento general, el relativo de las clases medias y el absoluto de los más precarios e indefensos. Su poder económico y político es mayor que antes, es mayor que nunca.

El texto de la OCDE concluye con un abanico de recomendaciones destinadas a reformar la fiscalidad. Buena parte de esas recomendaciones se pueden suscribir, pues, sin duda alguna, otra economía necesita otra fiscalidad. Pero enfrentar la deriva oligárquica del proyecto europeo precisa amplias y profundas transformaciones económicas y, sobre todo, políticas, orientadas a que la ciudadanía recupere la soberanía que ha sido secuestrada por los mercados. Y esta perspectiva integra y al mismo tiempo trasciende los asuntos fiscales. Que la OCDE no saque estas conclusiones, es normal. Lo más preocupante y revelador es que las izquierdas hegemónicas pasen de puntillas sobre esta estratégica cuestión y no sean capaces de articular y compartir con otras izquierdas y con los movimientos sociales una propuesta “radicalmente” democrática.

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