Economía Crítica y Crítica de la Economía

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Otra solución al problema de las pensiones: cerrando el círculo

Autor: Alberto Ruiz Villaverde

Categoría: Alternativas, Pensiones

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Pedaleando

En la primera entrada de esta serie que trata sobre las pensiones defendí que el problema de las pensiones no es de índole técnica; al contrario, se trata de un problema ideológico que requiere de una solución política. En la segunda entrada traté, brevemente, de explicar y criticar la propuesta de privatización de las pensiones y (posible) implantación del sistema de capitalización.

A continuación se trata de ser algo más constructivo y explicar alguna propuesta seria y convincente que pueda afrontar de una manera solvente la cuestión de las pensiones. Y es que resulta que el “envejecimiento de la población”, eso sí de cumplirse las proyecciones demográficas, es un fenómeno que merece ser debatido desde las diferentes alternativas políticas en relación a la sostenibilidad del pago del sistema público de las pensiones de nuestro país.

Mejorar la financiación de la seguridad social

Retomemos el mismo sistema de ideas que utilizamos en la primera entrada. Decíamos que si la tasa de variación del PIB (real) ha sido fundamentalmente positiva a lo largo del tiempo, quiere decir que hemos sido capaces de producir más cada año, lo cual, se debe a la productividad laboral; es decir, la población activa del país es capaz de aumentar el producto social cada año. Que la productividad laboral aumente significa que a día de hoy, es muy posible que 1 trabajador/a sea capaz de sacar adelante la misma cantidad de trabajo que -40 o 50 años atrás- sacaban adelante 20 trabajadores/as, sino más.

Este simple planteamiento sirve para desmentir la afirmación que ponía bajo cuestionamiento la sostenibilidad del pago de las pensiones a partir de  esa supuesta y necesaria relación numérica entre un número de trabajadores activos necesariamente superior al número de pensionistas en el país (ver aquí).

Bajo este esquema de ideas, todo parece apuntar que la primera propuesta seria y solvente para mantener los buenos principios en los que se fundamenta el sistema público de reparto (i.e. universalidad, solidaridad, etc.) debe consistir en una reforma del sistema de cotizaciones de la seguridad social. Carlos Ochando lo explica muy bien en el blog de Economía Crítica (aquí). Dicha reforma debería ir orientada a reducir su regresividad y aumentar la capacidad recaudatoria. Esto conllevaría introducir modificaciones tanto en las bases como en los tipos de cotización.

Asimismo, y siguiendo con la propuesta de Carlos Ochando, si entendemos el sistema público de reparto en un sentido no estricto, otras fuentes de financiación pueden completar a la financiación de la seguridad social, por ejemplo, a través de: (i) la financiación finalista del Estado: determinadas partidas de las pensiones podrían pasar a ser financiadas por la vía de los Presupuestos Generales del Estado; (ii) el aumentando la presión fiscal: se trataría de reducir la evasión y elusión fiscal – principalmente de las grandes empresas de país –  aumentando la progresividad fiscal del sistema, prestando mayor atención a la grandes rentas y/o rentas del capital; y, (iii) la creación de un impuesto finalista. El actual ministro de hacienda ya está hablando de la “tasa google” para la financiación de la pensiones, y otros partidos políticos hablaban de un “impuesto a la banca”.

Mejorar las condiciones laborales

La mejora de la financiación de la seguridad social por sí sola no es una medida eficaz si no va acompañada de las medidas oportunas que reduzcan la elevadísima tasa de desempleo que sufre el país y la precariedad de las condiciones laborales, en particular la de los salarios, por parte de la población activa que se encuentra en situación de empleo. Estas dos características están íntimamente relacionadas con la posibilidad de mejorar la recaudación de la Seguridad Social; pero, no dependen de la (necesaria) reforma interna del sistema de recaudación comentado antes.

Entonces, a mi entender, esta cuestión se puede afrontar de dos formas en función de la aproximación epistemológica y ontológica con que lo analicemos.

(1) Si nos aproximamos al entendimiento del problema desde una epistemología instrumentalista y una ontología individualista (propia del enfoque neoclásico de análisis económico), pensaremos que el problema está en el mercado laboral. Desde posiciones liberales y neoliberales se defenderá la desregulación y flexibilización del mercado laboral bajo el entendimiento de que esto mejorará las posibilidades de contratación; aunque, no se mencione en qué condiciones laborales se incentivará dicha contratación. No es la opción que yo comparto, ni por asomo. Desde posiciones más intervencionistas, la apuesta será bien distinta, y aparte de pensar en cómo mejorar la protección de los trabajadores/as a partir del fortalecimiento de la actividad sindical, la negociación colectiva, el derecho laboral, etc. en un contexto capitalista donde el trabajo parte en clara desventaja frente al capital, su apuesta estará más orientada al desarrollo y ejecución de políticas activas y pasivas de empleo. Tampoco creo, frente a la opción liberal,  que estas políticas solucionen el problema, pero las entiendo como una condición necesaria (aunque no suficiente) particularmente en momentos de crisis económica.

(2) De otro lado, nos podemos acercar al entendimiento del problema desde una epistemología más realista y una ontología más organicista. Esto pasa  por no diseccionar la realidad en partes separadas como si dichas partes no estuvieran relacionadas e interconectadas entre sí. Esto es importante porque, la mayoría de las veces, la solución a un problema de índole laboral puede que se encuentre en la naturaleza del modelo productivo; y, particularmente, en cómo se organiza socialmente la estructura productiva del país.

En este orden de ideas, una solución definitiva al problema de la sostenibilidad en la financiación de las pensiones; pero, no sólo a este problema, sino a muchos otros problemas de la economía, se encuentra en la naturaleza de nuestro modelo productivo. Debemos repensar cuáles son los principios que fundamentan el modelo, entre otros, “la búsqueda de beneficios a corto plazo”; y, elevar una propuesta que contemple otros aspectos, a saber: (i) aspectos de tipo social: por ejemplo hay que  potenciar aquellas actividades económicas que promuevan la creación de empleos estables y de calidad; (ii) aspectos de genero: hay que visibilizar  y reconocer todas las aportaciones que las mujeres hacen en relación a la mejora de las condiciones de reproducción de la vida y de la sociedad; subvertiéndonos, de esta manera, hacia una sociedad más igualitaria y justa; (iii) aspectos de tipo ecológico: por ejemplo, promover aquellas actividades, que mejorando nuestra condiciones de vida material, sean sostenibles y respetuosas con el entorno en que vivimos; y, (iv) aspectos de tipo financiero: encaminar todas las actuaciones hacia una reducción de la modalidad de endeudamiento (privado y público) como principal fuente de financiación. Deben buscarse recetas alternativas de canalización del ahorro a la inversión que no se basen en fórmulas crecientes de endeudamiento que terminen en un fuerte sometimiento de la sociedad a la deuda.

Soy consciente de que la propuesta aquí escrita es algo retórica y poco concreta; pero, es que la concreción de dicha propuesta deberá llevarse a acabo en entornos de dimensión más local y variará en función de las características de dichos entornos.

Cerrando el círculo

Como he dicho soy consciente de que la propuesta era algo general y retórica; pero, también soy consciente de que llevando medidas que se basen en criterios más sociales y ecológicos volvemos al punto de partida – al problema distributivo. Y, es que mejorar las condiciones de vida del mundo del trabajo, visibilizar y reconocer el trabajo de las mujeres promoviendo esa subversión feminista (i.e. una sociedad más igualitaria); reducir la dependencia de la deuda; y, todo ello en marco de respeto por el entorno físico en que vivimos, no puede hacerse si no es a costa de disminuir la participación de las rentas del capital sobre el producto social. Y, esto vuelve a evidenciar que de lo que se trata aquí es de un problema ideológico del que subyace una fuerte confrontación de intereses de clase que solo puede tener una solución política – desmontar toda una estructura social de acumulación al servicio de los intereses del capital financiero.

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