Economía Crítica y Crítica de la Economía

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8 de marzo: Huelga general feminista en España

Autor: Jose Luis Carretero Miramar

Categoría: Cuidados, Feminista, Trabajo

Etiquetas:

Revista Crisis

Este viernes 8 de marzo España vivirá por segundo año consecutivo una convocatoria sindical de huelga general por la igualdad de derechos de las mujeres. Ya en 2018 la convocatoria tuvo un enorme seguimiento, quizás no tanto desde el punto de vista de parar la producción capitalista, sino como gigantesca convocatoria de movilizaciones sociales que se sucedieron en la totalidad del territorio español y que finalizaron con una masiva manifestación de cientos de miles de personas por el centro de Madrid.

La convocatoria se presenta como un paro general desde el punto de vista laboral, estudiantil, de consumo y de cuidados. Es decir, que trata de superar la visión tradicional del movimiento obrero de la huelga en los lugares de trabajo, para hacer visible el ingente trabajo invisible de las mujeres en una sociedad de interdependencias crecientes, ya sea al encargarse mayoritariamente de los cuidados de menores y personas dependientes, ya sea al realizar la mayor parte de las compras y labores domésticas encaminadas a la propia supervivencia cotidiana de los hogares.

El amplio y diverso movimiento feminista del conjunto del Estado ha sido quien ha empujado a esta convocatoria, como en años anteriores, mediante un proceso de autoorganización y movilización que no ha dejado de ser problemático y pleno de contradicciones entorno a las reivindicaciones a sostener o a las formas de la protesta, dada la pluralidad de voces y posiciones políticas y sindicales dentro del movimiento de mujeres.

La posición de los sindicatos, por otra parte, bascula entre el doblegarse al movimiento de forma limitada, como en el caso de los sindicatos mayoritarios y burocratizados CCOO y UGT, que han convocado sólo algunas horas de paro, y el defender entusiásticamente la movilización, como gran parte del sindicalismo combativo y alternativo, que ha convocado decididamente huelga general de 24 horas para la totalidad del territorio nacional, como es el caso de los sindicatos CGT, CNT y las organizaciones participantes en el Bloque Combativo y de Clase, entre las que están sindicatos como Cobas o Solidaridad Obrera. Incluso en alguno de los sindicatos combativos, la utilización de la palabra “feminista” para caracterizar públicamente la huelga convocada ha generado cierta polémica entre posiciones encontradas, ya que ciertos sectores la entienden como un adjetivo excluyente que podría limitar la participación masculina en la movilización.

Esta huelga llega en una coyuntura política que refuerza su significado y la convierte en un claro pulso frente al avance del proceso de radicalización de la derecha española, que está tomando el antifeminismo como una de sus señas de identidad frente al electorado. El reciente pacto postelectoral en Andalucía entre las fuerzas de la derecha incluyó también al partido ultraderechista Vox, que ha hecho su principal bandera de la crítica a las medidas contra la violencia de género y al supuesto “lobby feminista” que estaría llevando a un enfrentamiento creciente entre hombres y mujeres en la sociedad española. De hecho, Vox se ha presentado en el Parlamento andaluz con una solicitud por la que reclama la lista (con nombres y otros datos personales) de todas las personas involucradas en las políticas públicas andaluzas contra la violencia de género, con la intención clara de realizar una “caza de brujas” supuestamente fundamentada en la falta de cualificación de algunos de estos trabajadores.

Hemos de tener presente que el movimiento feminista ha avanzado enormemente en los últimos años en España, pero sigue siendo un movimiento minoritario en el conjunto social y atravesado por múltiples líneas de conflicto interno entorno a temas concretos como la prostitución y la trata de mujeres, las metafísicas sobre la maternidad, la centralidad de los discursos referentes al “techo de cristal” para el ejercicio del poder por parte de las mujeres o de los centrados en las intersecciones con el concepto de clase social y en la  generación de un feminismo cabalmente anticapitalista. Desde las perspectivas ecofeministas, al feminismo de clase obrera o a la dicotomía entre un feminismo mainstream, de género o disidente, el movimiento de las mujeres demuestra una enorme riqueza y diversidad, pero también se entrega en ocasiones a derivas irracionales o a encontronazos mutuos con el resto de movimientos sociales. No olvidemos que el año pasado mostraron su solidaridad con la movilización un tan amplio arco de mujeres que abarcaba desde Ana Botín (directiva del Banco de Santander, una de las principales entidades financieras de Europa) hasta las camareras de pisos de los hoteles organizadas en las plataformas de kellys.

La movilización promete ser amplia y masiva, aunque, de nuevo, su impacto estrictamente laboral será seguramente limitado. Su más estimulante efecto recaerá en la capacidad del movimiento de mujeres de enfrentar abiertamente la deriva involucionista que la extrema derecha está imprimiendo al conjunto de los discursos sociales en la sociedad española.

Una huelga general combativa, feminista, auto-organizada por las mujeres y apoyada por muchos hombres, que enfrenta el mal sueño recurrente que nos promete una derecha con nostalgia de la dictadura franquista y su legalidad marcadamente machista (recordemos que en la legislación franquista las mujeres no podían comprar un piso sin permiso del marido, o que el adulterio era delito si lo cometía la mujer, y no si lo cometía el hombre, por ejemplo). La lucha por la igualdad, con su trayecto muchas veces sinuoso o lleno de inadvertidos e involuntarios retrocesos, necesita hoy míticas de acción más que pureza.

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