Economía Crítica y Crítica de la Economía

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Reseña sobre “Ensayo de Economía Marxista. Fundamentos para proseguir la labor para una economía política marxista” de Fred Moseley (Editorial Maia, 2017)

Autor: Daniel Albarracin

Categoría: Fundamentos

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Otra Mirada Social y Económica Es Posible

Ante nuestros ojos se muestra una crisis de una civilización atravesada por contradicciones que polarizan las sociedades y degradan, como jamás se vio, nuestro planeta. Son estas razones las que hacen que El capital, la obra más importante para conocer los aspectos socieconómicos de nuestra civilización, vuelva a ponerse al día. Más aún, cuando muchos de los desarrollos, incompletos pero sólidos, de la teoría del monumental genio de Marx, cobran más sentido hoy día incluso que en el siglo XIX, época en la que el capitalismo aún estaba en formación.

La obra del estadounidense Fred Moseley resulta decisiva por muchos motivos y cabe felicitar a Maia por redoblar esfuerzos por seguir trayendo obras del ámbito marxista fundamentales para comprender nuestro tiempo. En primer lugar, y a pesar de la titulación insustancial de esta obra Ensayo de economía marxista, cabe advertir de una jugosa y sistematizada aportación de contenido de primer orden.
A este respecto, el curso del paradigma marxista ha estado afectado por una historia que le ha dado forma, que implica no sólo numerosos acontecimientos y transformaciones sino también el trabajo de distintas escuelas e influencias. Desde el dogmatismo simplista y esquemático de las escuelas soviéticas hasta la vulgarización ricardiana, pasando por las reinterpretaciones y malentendidos de muchos que tomaron parcialmente o sesgadamente su obra, el marxismo ha adoptado rutas que muchas veces o bien poco han tenido que ver con los cambios reales –dando pie a justificaciones bastardas de intereses políticos creados- y muchas más se han alejado del espíritu metodólogicoabierto de la obra marxiana.
En este sentido, este trabajo de Moseley trata sobre El capital, en especial con una lectura sistematizada del controvertido debate sobre el Libro III, ofreciendo pistas para interpretar de una manera más unitaria y profunda sus dos primeros libros. Con esta lectura nos trae de nuevo una vieja pero relevante disputa originada por las críticas ricardianas sobre el ciclo del capital y, más particularmente, el problema de la transformación. Sin embargo, esta obra va más allá y no sólo termina con este falso debate sino que aprovecha para tumbar los fundamentos de otras escuelas económicas tanto convencionales como heterodoxas.
También contribuye con una actualización de la teoría marxista del dinero en el marco de economías con monedas no convertibles, cubriendo un espacio que la escuela marxista estaba perdiendo con otras aportaciones de escuelas heterodoxas alternativas.
El libro culmina con un documento sintético con altas implicaciones políticas que aporta razones para considerarque la economista marxista y su método de análisis superan por su capacidad explicativa al resto de paradigmas convencionales de interpretación económica. Su fuerza como discurso resulta rotunda e incontestable, por lo que sugerimos su lectura. En esta reseña nos detendremos, no obstante, en sus aspectos analíticos que se derivan de sus primeros tres capítulos.
El falso problema de la transformación: una perspectiva macromonetaria del circuito capital-dinero en el capitalismo real.
El problema de la transformación es suscitado como objeciónpor los críticos de la teoría de Marx entre la “aparente contradicción entre la teoría laboral del valor y la tendencia a que se igualen las tasas de ganancia entre las industrias con composiciones de capital […] desiguales (pues) parece implicar que las industrias […] deberían tener tasas de ganancia diferentes” (Moseley; 2017:5). Según aquellos el problema surgiría porque a Marx se le habría olvidado transformar los insumos de capital constante y variable de valores a precios de producción, lo que sería contradictorio, debido a que los “insumos de las distintas industrias son también los productos de otras industrias, y los insumos no pueden ser comprados a sus valores y vendidos a sus precios de producción en la misma transacción”. Moseley argumenta sin embargo que esto no es cierto, ni hubo olvido, porque el capital constante y el capital variable “no deben ser transformados”.

De tal manera, que, si comprendemos el método lógico de Marx se nos estaría presentando un problema que no es tal. Sraffa y los neorricardianos seguirían un método que ni entiende la manera de proceder de Marx y que difiere con él sustantivamente, en tanto que aquellos conciben la transformación de valores-trabajo individuales en precios de producción individuales, suponiendo que la tasa de ganancia se determina simultáneamente con los precios de producción tanto de insumos como de productos.
En primer lugar, Marx, mediante su estudio del circuito capital-dinero (D-M…P…M’-D+d’) no persigue principalmente el cálculo de precios individuales sino, más bien, mediante una aproximación macroeconómica, comprender la extracción del plusvalor total entendiendo la “economía como un todo” (Moseley; 2017:7).
En segundo lugar, el Libro I, frente a la interpretación mayoritaria, no aborda su análisis sólo desde las cantidades de trabajo, sino que su teoría trata sobre el dinero desde su comienzo, entre otras cosas, porque su fin último es comprender como una cantidad inicial de dinero D pasa a ser convertido al final en una cantidad D+d’, esto es, la ganancia. Vale decir, la conversión de dinero en capital, posible por la explotación del plustrabajo de los trabajadores. El dinero es, en todo momento, la “forma de apariencia necesaria del trabajo abstracto”, y por tanto la teoría de Marx opera siempre con cantidades que dinero que “representan, y que están determinadas por, cantidades de tiempo de trabajo”. Esto es, ni opera con bienes físicos heterogéneos, que causaría problemas metodológicos de agregación, como en el que incurrirían los economistas neoclásicos; ni se desprende del tiempo histórico real en el circuito del capital-dinero, como haría Sraffa;ni desdibuja el concepto de ganancia, como hacen los keynesianos al convertirlo en una variable ad hoc o expectativa anímica, o Kalecki, que la hace variable dependiente de la inversión –dándole la vuelta a su relación-.
De tal modo que, frente al cálculo basado en cantidades físicas de insumos y productos de la teoría sraffiana, Marx, acertadamente, comienza sus cálculos empleando el dinero como medida, que es precisamente con lo que cuentan los capitalistas al comienzo del proceso, tomándolo como dato tanto en la teoría del plusvalor total del Libro I, en su dimensión macro, como en la teoría de los precios de producción del Libro III, en su dimensión micro. Moseley observa que el adelanto de capital-dinero se realiza en la esfera de la circulación, antes de la producción. Sencillamente, lo que observan los sraffianos ni corresponde ni sería apropiado.
En la obra de Marx, frente a las aproximaciones analíticas convencionales, se parte de una perspectiva macromonetaria como método lógico, en términos hegelianos, a la hora de estudiar los precios de producción. Marx lo aborda con dos niveles de abstracción. El primero consiste en estudiar la extracción de la producción de plusvalor como un todo, que será analizada previamente para determinar la tasa general de ganancia –determinante a su vez de los precios de producción- antes de su división en partes; para dar lugar después al examen de la apropiación y distribución del valor y del beneficio, principalmente en el proceso de competencia intercapitalista (ganancia comercial, interés y renta).
El esquema entraña comprender la economía capitalista real como un sistema único, primero analizado a nivel macro y luego a nivel de sus industrias individuales, siguiendo una determinación secuencial, y por tanto no simultánea como harán otras escuelas respecto a la comprensión del ciclo del capital.
Según Moseley, no hay un sistema dual de análisis, en virtud del cual se trataría de un sistema de valores en los libros I y II y un sistema de precios en el libro III, que estimaría que a largo plazo, en el primer sistema en valores” los precios de individuales son iguales a sus valores, y que en el “sistema de precios” los precios de equilibrio son iguales a los precios de producción. No, “en la economía capitalista real, los precios de equilibrio de largo plazo de las mercancías son iguales a los precios de producción y no a sus valores” (Mosely; 2017; 21).
Así, en el libro III, Marx explica de manera más completa las cantidades reales dadas tanto de capital constante como del variable. Estas tienden a ser iguales a los precios de producción de los medios de producción y medios de subsistencia, y no iguales a sus valores. En cualquier caso, lo cruciales que las cantidades reales de capital-dinero adelantado para comprar los medios de producción y fuerza de trabajo en la esfera de la circulación, siguen siendo las mismas. Los precios de equilibrio a largo plazo dependerían, de manera principal, de los tiempos de trabajo, algo que se trata en el Libro I, sobre todo para explicar los precios de la fuerza de trabajo y medios de producción de una manera provisional; pero también de la igualación de la tasa de ganancia entre las industrias, precisión que desarrollará en el Libro III.En este examen más completo ya incluirá el efecto de la transferencia de valor a las mercancías por el capital constante en un periodo determinado, en forma de capital-dinero adelantado como magnitud conocida y actual (y no su costo histórico[1]) y que no tiene por qué ser igual al valor de los medios de producción, al igual que resta del valor nuevo magnitud de capital dinero adelantado para comprar fuerza de trabajo y que tampoco tiene por qué coincidir con el valor de los medios de subsistencia (Moseley; 2017:43). Lo que conduce a la implicación de que la ganancia total real no se explica sólo por el plustrabajo.
La teoría de Sraffa, por el contrario, resulta inconsistentey parte de supuestos irreales (Moseley; 2017: 47), aun cuando numerosas críticas que realiza a la teoría neoclásica sean correctas. Primero, porque falta una consideración del intercambio de salario monetario por fuerza de trabajo, base de una economía capitalista; segundo, porque está ausenteen su consideración el intercambio entre el capital-dinero y los medios de producción, tratados como meras cantidades físicas por Sraffa, cuando todo medio de producción entra en el proceso de valorización como mercancía con precio; tercero, porque no es real ni apropiado que se determinen simultáneamente las variables del circuito de capital-dinero, entre otras cosas porque D preexiste a D’+d, de tal modo que ha de seguirse una lógica secuencial, y que de no hacerse así tampoco haría posible la lógica determinación previa del plusvalor total.
No nos encontramos, así, con una teoría de “mercancías que son producidas por mercancías” sino que las mercancías son producidas por el capital, que no es otra cosa que un proceso creador de dinero (Moseley; 2017:47).
El manuscrito económico de Marx de 1864-65 y las correcciones de Engels al Libro III.
El capítulo que aborda persigue una comparación analítica entre el texto que publicó Engels, en base a la reorganización y correcciones de éste, y el manuscrito original de Marx, que contiene el único borrador completo de Marx del Libro III, cuya publicación será posible por el proyecto MEGA, que reúne la colección de las elaboraciones de Marx y Engels en alemán.En él se hace un análisis propio de marxólogo al tiempo que destila algunas conclusiones analíticas, sobre el arduo trabajo de Engels y sobre las consecuencias del texto en su concepción inicial. Un ejercicio necesario para desentrañar la obra de Marx.
El propósito de este borrador no es otro que el desgranar las formas particulares de aparición del capital y el plusvalor, esto es, como se apropia y distribuye. Si en el libro I se trata la unidad del proceso de producción, y en el libro II el proceso de circulación, el libro III trata los conceptos de ganancia, ganancia media, capital comercial y ganancia comercial, capital que devenga interés e interés, capital terrateniente y renta, o dicho de otro modo más general, la división entre ganancia industrial, el interés y la renta. Todas ellas procedentes del plustrabajo de los trabajadores. La magnitud del plustrabajo estaría predeterminada con el capital total adelantado, y no con el capital variable –fuente de plusvalor-, al transformarse el plustrabajo en ganancia, por la que disputan o se reparten los miembros de la clase capitalista. A este respecto, David Ricardo cometería la equivocación de identificar plusvalor y ganancia, algo que Marx superaría. Así la tasa de ganancia dependería de la tasa de plusvalor, así como de la relación proporcional entre capital variable y capital constante. Esta última relación se formará como concepto en este trabajo, acuñando el término de composición orgánica de capital y otras definiciones como composición técnica del capital, composición en valor del capital y composición orgánica. La composición orgánica del capital puede ser distinta entre industrias, sea bien por diferencias en la composición técnica del capital o por diferencias en los valores de los medios de producción.
Según Marx, cada industria recibe la misma tasa general de ganancia sobre el capital invertido en dicha industria, siendo prerrequisito conocer esa tasa para determinar los precios de producción. Es en su capítulo tres donde encontramos una corrección de Engels notable, cuando se trata la cuestión de la teoría de la tasa decreciente de la tasa de ganancia. Es responsabilidad de Engels, y no de Marx, la inclusión de redacciones que podrían una lectura sumaria hacia el descenso, cuando en el original puede encontrarse una idea de tendencia que podría comprender un campo de fuerzas no mecánico y una tendencia no cerrada a largo plazo. En cualquier caso, este texto resulta clave para cualquier teoría del ciclo, exigiéndose una recuperación de la tasa de ganancia a niveles superiores a los precedentes para reactivarse la acumulación, algo que requiere normalmente o bien una devaluación del capital –quiebras generalizadas- o bien un ascenso de la tasa de plusvalor –fruto de la lucha de clases-.
A su vez, se ensaya aquí el papel de otros elementos decisivos para una teoría de la crisis, en especial el papel del crédito y de la deuda (Moseley; 2017:88). El crédito desempeña varios papeles que desarrollan la dinámica capitalista al mismo tiempo que aumentan sus contradicciones (Moseley; 2017: 99). Ahora bien, Moseley recuerda que, por ejemplo, sobre la cuestión de la moneda, los bancos no pueden emitir moneda más allá de un límite –sobre este asunto volveremos más adelante-. También en este borrador se muestra clara y técnicamente la posibilidad de que la tasa y la masa de ganancia pueden no siempre evolucionar en el mismo sentido.
También examina la distribución entre ganancia industrial (entendiendo a esta a toda la cadena de valor extractiva, productiva y comercial), interés o renta, no guardan una ley universal. A este respecto, Marx observa que el tipo de interés simplemente está “determinado por la relación entre oferta y demanda de fondos prestables en el mercado de dinero”, algo que dirá en el capítulo 5. Sobre la renta, en el capítulo 6, los terratenientes detraen parte de la ganancia merced a su propiedad monopólica sobre la tierrahasta el punto de hacer posible plusganancias, sin recurrir a la idea arbitraria de la productividad decreciente agrícola. La porción que se apropia la renta no entra en la igualación de las tasas de ganancia entre industrias, sustrayendo esta parte del plusvalor bruto en el numerador de la tasa de ganancia. El capítulo 4, vendrá a explicar cómo, aunque el capital productivo produce valor y plusvalor, el capital comercial toma su parte del plusvalor total mediante la ganancia comercial, reduciendo el plusvalor del resto de sectores.
Otro punto relevante, que ha conducido a confusión, es que Engels interpretó que el libro I se dedicó a la “producción mercantil simple”, como si abordase una etapa histórica inicial, algo que siguieron numerosos autores posteriores, como Kautsky. Frente a esta interpretación, Moseley concluye con su análisis de este texto, que los tres libros guardan una unidad cuya diferencia consiste en un nivel distinto temático o de profundización didáctica.
En términos generales, Moseley concluye, que el trabajo de Engels fue en general válido, sobre en todo en su organización, aunque introduce interpretaciones que inducen a confusión a la hora de interpretar el papel de los tres libros así como dar cuenta de las implicaciones en la teoría de las crisis y ciclos. Con todo, la obra de El capital tiene aspectos pendientes de desarrollo, en especial, según Moseley, la relación entre la tasa de ganancia y tasas de plusvalor, una exposición más completa y definida de la teoría de los precios de producción, que ha dado pie a discusiones bizantinas; una teoría del capital comercial más completo; y un análisis más amplio del sistema crediticio y de la formación de la renta de la tierra.
La interpretación actualizada para una teoría marxista del Dinero.
Moseley (2017:127), posiblemente, sea uno de los autores, junto con Costas Lapavitsas, que mejor ha sistematizado y actualizado la teoría marxista del dinero con más consistencia. El autor aborda el papel del dinero no mercancía, precisamente para un contexto histórico en el que el dinero es o bien fiduciario, esto es, está respaldado únicamente por el gobierno al establecer la política monetaria, y no por oro; o, mayoritariamente, es dinero crédito no convertible, vale decir, es producto de las operaciones de préstamo de la banca privada.
En sus escritos Marx advierte, como hará la teoría cuantitativa, que si el gobierno pone en circulación más moneda los precios se incrementarían acorde a ello si bien, y en esto difiere con la teoría neoclásica, la expresión monetaria del tiempo de trabajo (MELT, en sus siglas en inglés, que sería “la cantidad de valor monetario producido por una hora de trabajo”) se encontrará mediando indirectamente en su formación. Para Marx, para el caso del dinero mercancía, como sucedía con el patrón oro, “el precio de cada mercancía es el producto de la cantidad de horas de trabajo socialmente requeridas para producirla y la cantidad de valor dinerario producido por hora”. Según esta interpretación, “el nivel de precios no está determinado por la cantidad de dinero en circulación (como en la teoría cuantitativa) sino que la cantidad de dinero oro en circulación está determinada por la suma de los precios junto con la velocidad del dinero” (Moseley; 2017:130), ajustándose la cantidad de dinero en circulación a la suma de los precios, o “necesidades de la circulación”, por el atesoramiento y/o cambios en la velocidad del dinero[2]. Según esta aproximación, la “expresión monetaria del tiempo de trabajo” establece una relación entre el valor monetario total añadido en un periodo dado y el total del trabajo vivo empleado contemplando que se produce también una transferencia de valor igual a los precios de los medios de producción consumidos en dicho periodo (Moseley; 2017: 132).
Para el caso de una economía que no se rige por el patrón oro puede avanzarse basándose en los  estudios de Marx en diferentes fragmentos de su obra (Moseley; 2017:134) en los que trata sobre el dinero fiduciario no convertible emitido por el gobierno. Moseley demuestra algebraicamente, desarrollando la teoría de Marx, que para el caso del dinero fiduciario inconvertible la expresión monetaria del tiempo de trabajo (MELT) no depende del valor del oro, esto es del tiempo de trabajo contenido en una unidad de oro. Así la MELT depende sencillamente del papel moneda puesto en circulación multiplicado por la velocidad del dinero dividido por la cantidad de trabajo vivo empleado[3].
Esta situación es extensible, según Moseley, al caso del dinero crediticio inconvertible, dinero creado por la banca privada al crear relaciones de deuda, fenómeno que explica la mayor parte de creación de dinero hoy día, y no la creación de papel moneda. Para este caso se aplica la misma fórmula. Ahora bien, si bien en el caso del dinero fiduciario la cantidad de dinero en circulación (Mp) es parcialmente exógena (la determina el gobierno, o el banco central), en el caso del dinero crediticio es más complejo, al ser principalmente endógena. En su determinación influyen “la dinámica de la acumulación del capital (tasa de crecimiento, fluctuaciones cíclicas, tasa de interés, etc.) y también varios factores históricos e institucionales (como los diferentes tipos de sistemas crediticios” (Moseley; 2017:141), siendo un fenómeno que debe seguir siendo estudiado para completar su comprensión, aunque para su medición expost sea posible dimensionar la cantidad de dinero creditico en circulación y la cantidad de tiempo de trabajo socialmente necesario incorporado a una economía concreta; su cociente determina la cantidad de dinero crediticio que representa una hora de tiempo de trabajo socialmente necesario, esto, la MELT.


[1] Algo que si bien no influye en el problema de la transformación sí influye en la dinámica de la tasa de ganancia.

[2] P=MELT*L

[3] MELT=Mp*V/L

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