Economía Crítica y Crítica de la Economía

Icon

La hiperinflación en Venezuela (I): la emisión monetaria y su carácter político

Autor: Juan Barredo Zuriarrain

Categoría: Finanzas, Moneda

Etiquetas: , , , , ,

Venezuela vive un periodo de bloqueo económico promovido desde Estados Unidos con unas consecuencias nefastas. No obstante, el tan particular fenómeno hiperinflacionario observado en los últimos años no debe ser atribuido directamente a tal bloqueo; la hiperinflación es consecuencia directa de una fuerte emisión monetaria por parte de la Banca Central (BCV) desde hace casi una década en una economía fuertemente sobrevaluada. En primer lugar, porque la sobrevaluación implicaba la imposibilidad de desarrollar un tejido productivo nacional competitivo. Pero además, tener un bolívar a un tipo de cambio artificialmente alto, impedía a la empresa pública PDVSA, principal fuente de divisas para el país, obtener suficientes bolívares para cubrir sus costes internos. La diferencia entre estos costes en bolívares y sus ingresos se los ha venido cubriendo la BCV vía creación monetaria. Este incremento de la masa monetaria, frente a un tejido productivo en caída, (sí) genera inflación.

La política actual de restringir el crédito en el sistema bancario no sólo no parece arreglar el problema de la subida de precios, sino que agrava el de la caída de la producción.


Cuesta seguir la pista a las veces en las que se han multiplicado los precios en Venezuela en los últimos años y a las reconversiones monetarias en las cuales la moneda nacional, el bolívar, cambiaba de apellido y libraba de unos cuantos ceros, al menos por un tiempo, a los precios nacionales. En los últimos meses, especialmente desde febrero y marzo de 2019, hay síntomas de que esa acelerada escalada de los precios se ha frenado, alimentando las esperanzas de que el periodo de hiperinflación haya concluido. Pero existen también temores fundados de que esta ralentización se deba más bien al estrangulamiento de la economía derivado de un cambio de estrategia en la política monetaria.

En un contexto tan violento como el actual, puede parecer complejo o incluso inapropiado centrar un artículo en el estudio de la brutal subida de precios en el país. Decimos inapropiado porque actualmente hay elementos que afectan al país mucho más preocupantes. Por un lado, hay un sector opositor sometido a la estrategia golpista y de bloqueo librada por los Estados Unidos. Por otro lado, en el gobierno nacional se imponen progresivamente mafias represoras que alejan al país del sueño socialista al que aspiraba hace años.

Pero a pesar de estos factores, que seguirán presentes en Venezuela en los meses o años por venir, estudiar la hiperinflación y la reacción actual del Gobierno puede ser de gran interés para entender parte de las causas del gran deterioro de las condiciones de vida de la población que marcan el contexto político.

Decíamos también que el estudio de la inflación es complejo, fundamentalmente, porque aparecen elementos entre los cuales es difícil identificar la relación causal primigenia: ¿qué fue primero, el huevo o la gallina? Más concretamente ¿cuál fue el elemento que inició la subida de precios: el incremento de salarios, de los márgenes de beneficio, la depreciación del tipo de cambio del bolívar o un aumento previo del mismo nivel de precios? La respuesta la podemos encontrar en los años en los que se pasa de una inflación alta pero de dos dígitos a una disparada. Eso ocurre, fundamentalmente a partir de 2012-2013.

Fuente: Hasta 2015, Banca central de Venezuela. Desde 2017, Asamblea Nacional de Venezuela. Datos no disponibles para 2016, aunque se estima la inflación anual de ese año superó el 500%

Algunos analistas achacan la hiperinflación fundamentalmente al bloqueo y la política intervencionista estadounidense[1]. En este artículo no creemos que sean estos las causas principales de la subida record de precios. Al fin y al cabo, hay otros países sometidos a fuertes aislamientos y presiones por interés de los Estados Unidos que no registran incrementos brutales en el nivel de precios.

Aun considerando fundamentales el bloqueo económico y otros factores políticos a la hora de comprender el deterioro de las condiciones de vida más básicas del país, nosotros encontramos el origen de un fenómeno tan particular como la hiperinflación de Venezuela en la emisión monetaria disparada para aumentar el crédito a empresas públicas.[2] No obstante, y aunque pueda parecer paradójico, también concluimos que el intento de frenar la inflación frenando la emisión monetaria desde el sistema bancario no sólo no resuelve el problema de la inflación, sino que puede ser nefasto para la maltrecha economía del país.

PDVSA, un para-Estado

La empresa pública Petróleos de Venezuela (PDVSA) es el eje de la economía venezolana y también lo será de este relato. Y esto por dos razones. La primera es que, mediante la venta de petróleo al extranjero, es casi la única fuente de divisa extranjera del país, rozando a veces el 95% de las entradas totales. La segunda es que, además de la clásica producción y venta de petróleo, la empresa ha ido expandiendo sus funciones hasta convertirse en un Estado paralelo al venezolano: educación, sanidad, pensiones, distribución de alimentos, federaciones de deporte…

Dado que la gasolina es prácticamente regalada en el país, PDVSA no cuenta con una fuente de ingresos en bolívares estable con la que financiar los grandes gastos que conllevan sus diversas funciones. Pero sí que cuenta con los dólares que buscan las empresas y otros agentes del país para pagar importaciones y otro tipo de operaciones en el extranjero, así que PDVSA cambia sus dólares por bolívares con estos agentes.

Desde después del golpe sufrido por Chávez en el 2002-2003, este intercambio dólares-bolívares se ha venido haciendo por medio de un mecanismo oficial:  la Banca Central de Venezuela (BCV) – o una agencia encargada – toma las divisas que obtiene PDVSA en el mercado internacional y los concede a empresas y personas a cambio de bolívares para un uso supuestamente eficiente. Al mismo tiempo, estos bolívares son transferidos a PDVSA para cubrir sus gastos. Este esquema viene representado en la Figura 2. El precio de intercambio entre divisas extranjeras y bolívares es decidido por la misma BCV.

Como en el caso de China, este mecanismo de control de capitales ya ha sido aplicado por diferentes países durante periodos largos con éxito. En la misma Venezuela este control permitió, al menos desde su inicio hasta 2007-2008, triplicar el nivel de reservas de la BCV, financiar las misiones sociales, dotar a amplios estratos de la sociedad de unos niveles de consumo aceptables e incluso crear fondos de reservas para la industrialización de la economía nacional y para amortiguar coyunturas desfavorables.

Cada vez más bolívares y menos dólares

A pesar del éxito del sistema de cambios durante un tiempo, éste se vio lastrado desde casi sus inicios por dos problemas que se fueron agravando con el tiempo:

-          Por un lado, aunque la inflación en el nivel de precios interno había bajado desde los años 89 y 90 de una horquilla de 40% a 100% anual al entorno de 20% en la década 2001-2010, ésta todavía era superior a la registrada en el resto del mundo. Al mantener el tipo de cambio oficial entre el bolívar y el dólar en el mismo nivel durante largos periodos, la diferencia entre la evolución de precios nacional e internacional hacía que el país perdiera competitividad día tras día respecto al resto del mundo. Esto acrecentaba la preferencia por el producto extranjero y desanimaba la inversión productiva en el país por la falta de rentabilidad frente a los productos extranjeros más baratos. Además, frente a una moneda, el bolívar, con la cual cada día el venezolano podía comprar menos bienes, aumentaba el deseo de cambiarlo por dólares u otras divisas de cara a ahorrar. Esto nos lleva al segundo punto;

-          La asignación de divisas a cambio de bolívares estaba condicionada a usos determinados: importación de bienes no producidos en el país e inversiones exteriores  estratégicas. Pero en realidad, y aunque su estimación sea difícil, una parte importante de los dólares entrantes ha sido orientada al ahorro privado o apropiados por mafias cercanas a los órganos de administración de divisas.

A todo ello, le acompañó una política de control de precios selectiva y desacompasada que daba al traste con cualquier intento de revitalizar el tejido productivo. Además, lejos de recuperar el control y la producción de empresas clave para la organización del llamado ‘Poder Popular’, el gobierno – de Chávez primero y de Maduro después – expropió de forma caótica y medio abandonó empresas de todo tipo: energéticas, alimentación, cementeras, de materias primas…

En resumen, frente a un tejido productivo en declive y con las importaciones al alza, la demanda de dólares y otras divisas se ha venido disparando desde 2007-2008. Pero al mismo tiempo, a PDVSA le han crecido los costes en bolívares de sus compromisos varios por la diversificación y expansión de sus funciones antes mencionada y, por supuesto, por la inflación en el país.

Frente a tal deterioro de la economía nacional, una alternativa habría sido la devaluación progresiva del tipo de cambio del bolívar, o sea, que fueran necesarios más bolívares para comprar divisa extranjera. Es cierto que dicha devaluación habría encarecido inmediatamente los productos importados. Y ello, hay que decirlo, hubiera tensionado más aún los precios.[3] Y esta es la razón esgrimida frecuentemente para justificar que el tipo de cambio oficial se mantuviera estable.

En todo caso, esta devaluación progresiva habría tenido efectos menos nocivos que las devaluaciones bruscas y repentinas que el gobierno, a fin de cuentas, se ha visto obligado a realizar tras meses o años de tipo de cambio fijo. Además, la gradualidad de dicha devaluación habría evitado la pérdida continua de competitividad que provocaba la inflación en la economía venezolana: el encarecimiento relativo derivado de tener una inflación mayor que el resto del mundo se compensaría en parte abaratando el precio internacional de la moneda.

Igualmente importante es que dicha devaluación hubiera permitido a PDVSA equilibrar sus cuentas: por cada dólar petrolero que intercambiara, habría captado más bolívares cuanto más se devaluara la moneda nacional. Con ello habría conseguido la cantidad de bolívares necesaria para pagar sus crecientes costes.

En lugar de llevar a cabo dicha devaluación progresiva, la BCV mantuvo el tipo de cambio constante durante largos periodos desde 2003 hasta 2018, a veces manteniendo un mismo nivel durante más de cuatro años y devaluándolo de golpe. Esto fue formando un ‘embudo’:

-          A las empresas y personas no se le pedían más bolívares por dólar sino que se iban acumulando en lista de espera más y más demandas de dólares sin satisfacer por parte de la BCV. A menores entradas de dólares por, por ejemplo, la caída del precio del petróleo, el ‘embudo’ formado tomaba mayores dimensiones.

-          De PDVSA se tomaban los dólares que obtenía en el mercado internacional para reducir dicho embudo, pero a cambio se le entrega una cantidad de bolívares muy insuficiente para cubrir sus costes. Para cubrir la diferencia entre los bolívares que le hacían falta a PDVSA y los que ésta obtenía a cambio de los dólares, la BCV empezó a ‘crear’ dinero para prestárselo a dicha compañía.

Este segundo punto es el que se observa en la Figura 3. De la Figura 2 a la Figura 3 han aumentado los gastos en bolívares de PDVSA, pero no han aumentado los dólares entrantes. La diferencia entre los bolívares que PDVSA recibe de la misma economía nacional – a cambio de sus dólares – y lo que requiere realmente para cubrir sus costes es provisto por la BCV vía creación monetaria. Estos bolívares nuevos son ‘regados’ posteriormente por toda la economía del país y no hay ningún mecanismo planteado para que sean reabsorbidos. Para un nivel de producción en caída, el fuerte incremento de la cantidad de bolívares en circulación mengua su capacidad de compra, generando esto la fuerte inflación observada.

Para PDVSA, principal empresa del país, esto ha supuesto una ruina creciente. A la falta de ingresos por el subsidio a la compra de gasolina – en 2013 el ministro de energía contabilizaba las pérdidas en este apartado por 12,5 miles de millones de dólares anuales[4] – se une el endeudamiento en bolívares con la BCV y otros agentes y en dólares con el resto del mundo.[5]

Un resultado macroeconómico indirecto de tal dinámica fue el auge de un mercado paralelo, con un tipo de cambio del bolívar más depreciado que el oficial. Más allá de posibles efectos puntuales de manipulaciones de agentes financieros privados con ganas de desestabilizar el país, el aumento de la brecha entre el bolívar ‘paralelo’ y el oficial reflejaba una demanda privada de divisas en aumento y no satisfecha a cambio de una cantidad de bolívares en crecimiento exponencial. A este respecto, la figura 4 muestra el tipo de cambio paralelo anunciado en la página de referencia de ‘Dólar Today’.

Desde 2010 y especialmente de 2013 en adelante, este círculo vicioso no ha hecho más que reforzarse. Primero, porque las divisas entrantes se han visto afectadas por los vaivenes del precio del petróleo, del deterioro en la capacidad técnica de producción por PDVSA y de la congelación de miles de millones de dólares en activos financieros por parte del gobierno de los Estados Unidos.  Pero además, ha aumentado el recurso a la creación monetaria sin respaldo porque el gobierno venezolano ha usado PDVSA como instrumento mediante el cual hacer una política de aumento del gasto sin ningún tipo de contrapartida en forma de ingresos.

Esto se visibiliza en la contabilidad de los últimos años de la BCV, que regula y concede crédito a la economía nacional. Observando el galopante incremento de la base monetaria de este organismo desde 2010-2012 hasta 2015, periodo en el que la inflación se dispara, resulta llamativo que la nueva deuda neta otorgada a PDVSA representa entre el 50% y el 150% del incremento neto de dicha base monetaria. [6] Lo mismo vuelve a ocurrir desde 2016 en adelante, cuando la inflación ya se desboca. Por lo tanto, independientemente de posibles fenómenos de histéresis que puedan alimentar la subida de precios, resulta lógico establecer una relación causal entre este creciente recurso a la creación monetaria para financiar grandes déficits y el auge de la inflación.

2018, cambio de rumbo.

Ocupando ya las portadas de medio mundo por los valores record del alza de precios en el país, el gobierno venezolano ha comenzado a reconsiderar ciertos aspectos de su política económica desde mediados de 2018. Por un lado, ha relajado el control de precios, admitiendo implícitamente que en una economía capitalista donde los precios se duplican cada mes, es absurdo tratar de congelar precios de determinados bienes durante largos periodos. Por otro lado, ha dado un vuelco importante al régimen cambiario: no sólo ha dejado de perseguir legalmente al mercado paralelo, aquel que utilizaban empresas y otros agentes para satisfacer sus demandas de dólares al no conseguirlo por el mecanismo oficial; ha comenzado a devaluar gradualmente el tipo de cambio oficial del bolívar y a ponerlo al nivel marcado por el mercado paralelo, haciendo que la obtención de dólares por los canales oficiales sea más cara.[7]

Esto último encarece los productos extranjeros que hace falta seguir importando, cierto. Pero permite a la economía nacional compensar las pérdidas de competitividad que sufre mediante la fuerte inflación y por tanto, abre la posibilidad a recuperar el tejido productivo del país. Además, PDVSA consigue más bolívares que antes por cada dólar que vende, con lo que puede cubrir más fácilmente sus costes internos sin necesidad de pedirle tanto crédito extra a la BCV, frenando así el aumento indiscriminado de la masa monetaria. Aun así, PDVSA sigue siendo altamente deficitaria y recurriendo a los créditos del BCV vía creación monetaria para cubrir sus gastos.

Como remedio contra la inflación y la devaluación del bolívar, el gobierno puso en marcha desde el año pasado una nueva ocurrencia: aumentar el encaje legal de los bancos comerciales. El encaje legal refleja la relación mínima a respetar por los bancos entre las reservas guardadas por ellas en la BCV y su volumen de créditos; para un nivel de reservas dado, subir el encaje implica dificultar la concesión de nuevos créditos. Lo aumentó en la segunda mitad de 2018 y lo ha vuelto a hacer, más drásticamente, a principios de 2019.

Impidiendo a los bancos dar nuevos créditos, la BCV ha conseguido menguar la cantidad de nuevos bolívares que llegan a la economía nacional a través del sistema bancario. Y de esta forma, al menos temporalmente, ha logrado ralentizar la inflación y la devaluación del bolívar. Apuntémosle ese mérito a la BCV. Pero al impedir la financiación de actividades económicas corrientes también se está llevando por delante parte de la maltrecha economía nacional. Y todo ello mientras le sigue dotando a PDVSA (y recientemente también al mismo Gobierno) de nuevos bolívares para afrontar sus gastos.

Se podrían haber buscado fórmulas para reducir el crecimiento exponencial de la emisión de nuevos billetes para PDVSA, procurando absorber bolívares desde dentro de la economía misma pero sin afectar las misiones sociales en las que PDVSA invierte fuertemente. Una forma inmediata de hacer esto, bienvenida por una parte mayoritaria de la sociedad venezolana, hubiera sido la subida gradual del precio de la gasolina, prácticamente regalada hoy en día. Otro mecanismo, para nada original pero sí efectivo, hubiera sido la consolidación de un sistema fiscal progresivo potente, que reabsorba tanto bolívar a través de impuestos a las clases altas. O sea, financiar los gastos del Estado no creando dinero nuevo sino sustrayéndolo de personas y empresas con rentas altas. Este último mecanismo requiere, sin embargo, admitir previamente dos realidades. Una, que frente a un para-Estado opaco y descontrolado, no hay actualmente un Estado con potestad sancionadora real, capaz de recaudar de forma justa y eficaz. La segunda, que un sistema fiscal progresivo implica gravar o castigar a una nueva clase dirigente que acapara miles de millones a costa del bienestar del país. Esto no es simplemente una opción técnica; tiene un alto componente político y parece poco factible en un gobierno al que el proyecto revolucionario se le cayó por el camino.

En lugar de ello, se ha optado por una vía doblemente mortífera. Primero, porque ahoga a PDVSA en más deudas y a la economía nacional en un mar de bolívares que deja a las familias con salarios reales ínfimos. Segundo, porque impide que el crédito fluya a empresas, familias y otras empresas públicas. Esto, en una economía capitalista como lo es actualmente la venezolana, es inviable a largo plazo.

Conclusión

El ya histórico carácter rentista de la economía venezolana se ha venido agravando en la última década por un mecanismo por el cual, de forma simultánea, el tejido nacional perdía competitividad, la joya de la corona (PDVSA) se echaba a perder y la pérdida de poder adquisitivo ahogaba a familias.

La solidaridad dentro de la sociedad venezolana, las misiones sociales, las cajas de alimentación CLAP y otros sistemas asistenciales paralelos alivian temporalmente y en gran medida los efectos devastadores de la pérdida de competitividad y del bloqueo que impone los Estados Unidos. Pero la perpetuación de este tipo de políticas como pilares de la economía, así como la forma opaca y arbitraria de gestionar algunas de éstas, no es sostenible ni deseable.

Esto no es una condena a ningún proyecto socialista. De hecho, éste parece haberse dejado de lado hace años. Como veremos en un artículo posterior sobre el mismo tema, tampoco estamos legitimando ninguna teoría monetaria que justifique recortes sociales, ni que menosprecie los efectos positivos que puedan tener déficits públicos sobre una economía nacional, ni que defienda que más dinero equivale a más inflación. Sin embargo, sí que nos lleva a constatar un hecho: la imposibilidad política de gobernar para las élites y para el pueblo al mismo tiempo. Por eso, por muy técnicas que pueda parecer estas líneas, el problema de Venezuela es esencialmente político.


[1] La inestabilidad política y el intervencionismo golpista son argumentos utilizados por economistas como Eduardo Garzón, Pascualina Curcio o Mark Weisbrot y Jeffrey Sachs, entre otros

[2] Una tesis también defendida desde ámbitos muy diversos. Ver los ejemplos de Rolando Astarita, Manuel Sutherland o Ricardo Haussman, entre otros…

[3] Por ejemplo, si al devaluar la moneda, la madera importada a un país se encarece, se encarecerá también la producción nacional de objetos de madera.

[4] https://www.20minutos.com.mx/noticia/b96138/propone-gobierno-venezolano-debate-sobre-aumento-de-precio-a-gasolina/

[5] La misma PDVSA reconoce esta realidad en sus informes financieros anuales, disponibles en su página web. Por poner un ejemplo, mientras en 2007 su deuda financiera consolidada era de 1.6 miles de millones de dólares, la de 2014 es de más de 47 mil millones.

[6] La base monetaria suma, fundamentalmente, el dinero legal en manos del público (billetes y monedas, principalmente) y las reservas de los bancos y otras entidades en el Banco Central. Aunque no constituye toda la masa monetaria de un país, en el caso de economías poco bancarizadas y con alta inflación, como el caso venezolano, la proporción de la base sobre el total de la masa es significativa. Los balances publicados por la BCV lo confirman.

[7] A mediados de mayo de 2019 se ha acentuado esa senda, dejando que el tipo de cambio se fije en el intercambio privado de divisas en las casas de cambio.

Share and Enjoy:
  • Print
  • email
  • Twitter
  • Meneame
  • RSS
  • PDF

One Response

  1. marxvencerá dice:

    el que ha provocado la caída del bolivar es sin duda la página dolartoday y otras páginas del imperio!

Leave a Reply

¡Síguenos!

Documentos

Suscríbete

Introduce tu e-mail: