Economía Crítica y Crítica de la Economía

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La hiperinflación en Venezuela (II): implicaciones teóricas

Autor: Juan Barredo Zuriarrain

Categoría: Deuda, Moneda

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Afirmar que la causa directa y principal de la hiperinflación reciente en Venezuela ofrece diferentes interpretaciones desde teorías monetarias diferentes. ¿Supone esto comulgar con las tesis monetaristas de Milton Friedman y compañía? ¿O es posible hacer una lectura desde el supuesto de la oferta monetaria endógena, compartida casi totalmente por las  teorías postkeynesiana, kaleckiana o marxistas?

La oferta monetaria endógena implica que la masa monetaria se introduce en la economía fundamentalmente por medio del crédito, financiando directamente un incremento de la actividad económica. De ahí se deriva, en contra de las tesis monetaristas, que los incrementos de la masa monetaria no conllevan necesariamente incrementos en el nivel de precios. Es más, impedir el aumento de la masa monetaria endureciendo las condiciones de crédito obstaculizaría el normal desarrollo económico en sociedades capitalistas.

Pero la endogeneidad de la oferta monetaria también implica que esa misma masa monetaria ‘creada’ o ‘inyectada’ es posteriormente ‘destruida’ o ‘reabsorbida’ cuando el crédito es devuelto. El recurso creciente a aumentos de liquidez sin contemplar mecanismos que la reabsorban, al tiempo que la actividad económica se contrae, permite explicar que el poder de compra se disuelve en una masa monetaria creciente (o sea, inflación).


En un primer artículo, encontrábamos el origen directo de la hiperinflación en Venezuela en la creación monetaria por parte de la Banca Central (BCV). Ello, a su vez, estaba muy relacionado con un tipo de cambio mantenido artificialmente a niveles sobrevaluados. Esta sobrevaluación ha llevado en algo más de una década a una degeneración económica en dos sentidos. Por una parte, la sobrevaluación implicaba una pérdida de competitividad exterior importante, lo cual impedía cualquier esfuerzo dinamizador de la producción nacional. Por otra parte, a falta de ingresos importantes por la venta interna (dado un precio regalado de la gasolina), la sobrevaluación del bolívar ha venido impidiendo que PDVSA, la gran empresa petrolera del país, cubra sus gastos internos en moneda nacional intercambiando las divisas que obtenía en el exterior. La diferencia entre los escasos ingresos y los altos costos ha sido cubierta por la BCV vía una importante creación monetaria. ¿El resultado? Una hiperinflación que devora salarios y dificulta el acceso incluso a los bienes más básicos.

La oferta endógena implica la creación de medios de pago mediante operaciones de crédito…

En principio este fenómeno puede parecer curioso porque, en las teorías monetarias convencionales – keynesiana y monetarista, principalmente – la inflación está asociada con niveles de pleno empleo de todos los recursos. De acuerdo a enfoques de corte keynesiano, el auge de precios vendría asociado a políticas que trataran de empujar a la economía por encima de la utilización normal de los recursos; los monetaristas serían más extremos al afirmar que no hace falta ningún tipo de política para que la economía alcance niveles de pleno empleo. Decíamos que puede resultar curioso porque la economía venezolana se halla muy lejos de un nivel que pueda ser considerado de pleno empleo, y aun así ha venido encadenando los mayores registros de inflación del mundo.

Si recurrimos a la clásica ecuación (1) que relaciona precios (P), producción (Y), masa monetaria (M) y velocidad de circulación del dinero (V), la tesis de que el déficit en PDVSA ha provocado hiperinflación podría ser interpretada como un espaldarazo a los postulados monetaristas de Milton Friedman y neoclásicos como Robert Lucas, según los cuales hay una relación causal que va de M a P: inyecciones de nueva masa monetaria (M) provocarían aumentos en el nivel de precios (P).

M x V = P x Y                                                             (1)

El planteamiento monetarista implica, al menos, dos aspectos. Primero, la oferta de moneda sería exógena. Es decir, una autoridad monetaria decide la cantidad exacta de dinero que circula por la economía, inyectando y retirando masa monetaria a su antojo mediante la compra-venta de títulos financieros. Segundo, tras inyectar una masa de dinero en la circulación, la interacción entre ésta y las cantidades de mercancías en circulación determinaría el precio de cada una de éstas últimas.[1] Dicho de otra forma, un aumento en la masa monetaria no conduce ni a cambios en el nivel de producción ni de la velocidad a la que circula el dinero.

Actualmente, frente a esta postura encontramos la teoría de la ‘oferta de dinero endógeno’, defendida por post-keynesianos, estructuralistas, kaleckianos y algunos marxistas. Según esta teoría, la forma principal por la cual la masa monetaria aumenta no es mediante inyecciones exógenas, sino que está relacionada a la propia actividad económica. Hay una aceptación implícita de la ecuación (1) pero la relación causal entre variables varía radicalmente: aumentos en el nivel de producción (Y) conllevan aumentos en (M), no produciéndose necesariamente ninguna variación en el nivel de precios (P).

El canal principal de oferta endógena es el crédito bancario: una empresa financia un nuevo proyecto por medio de nuevo crédito que un banco le otorga; de tal forma, el dinero ‘entra’ en el sistema económico en paralelo a los incrementos en el nivel de producción. Con este mecanismo, los niveles de precios no tienen por qué variar y la velocidad es una variable relativamente estable que varía según la coyuntura.

Aunque pueda parecer que se acerca al planteamiento monetarista, la tesis aquí defendida sobre el origen de la hiperinflación en Venezuela se entiende mejor aceptando la propuesta de la oferta monetaria endógena: el dinero entra en cualquier economía, incluida la venezolana, para financiar una nueva actividad económica. Esto ocurre en el caso de la inversión privada por medio de nuevo crédito, pero también a través de aumentos del gasto público mediante préstamos del Banco Central, como es el caso de PDVSA y la BCV: el dinero entra en la economía para financiar gastos operativos relacionados con el negocio de hidrocarburos, con la financiación de misiones… El aumento de la masa monetaria está asociado al aumento de la actividad económica, ambos son cara y cruz de un mismo fenómeno. La endogeneidad de la oferta monetaria evita la necesidad teórica de recurrir a helicópteros que lancen billetes, como en la tan manida metáfora del monetarismo.

Esta teoría de la oferta endógena adquiere relevancia a la hora de reivindicar la eficacia de ciertas políticas expansionistas a la hora de impulsar el PIB de un país; si se considera que el aumento de la masa monetaria y de la producción van de la mano, se facilitarán mecanismos monetarios y fiscales para que eso ocurra.

… pero la oferta endógena también requiere de una ‘destrucción’ monetaria endógena

Sin embargo, aceptar la teoría de la oferta endógena no implica ignorar que la inyección de cantidades ingentes de dinero – no convertible – puede provocar también aumentos de precio, especialmente si no hay mecanismos de ‘absorción’ de las cantidades de dinero introducidas. Una de las grandes implicaciones de considerar la oferta endógena es que presupone una relación constante entre el nivel de actividad y la cantidad de dinero. Y esto ocurre en dos momentos clave de la financiación vía crédito. El primer momento, el de la misma emisión del crédito, ya lo hemos descrito: el dinero aparece en la economía al tiempo que la nueva actividad económica. Los aumentos en los dos se producen a la par.  Pero el segundo momento es tan importante como el primero: tras realizar la operación económica – pago de salarios, materias primas, compra para el consumo… – el crédito concedido debe ser rembolsado, por lo que el dinero antes creado es ‘absorbido’ o ‘destruido’ por el sistema bancario.

Si las empresas, por medio del crédito, ponen dinero en circulación, pero no son capaces de recuperar ese dinero (más los intereses) para el pago de su deuda, esto tiene dos consecuencias: la quiebra de las empresas insolventes y, a nivel agregado, la circulación de cada vez más dinero para menos mercancías.

Eso no impide que se desencadenen al mismo tiempo fenómenos de histéresis, es decir, que el propio incremento de precios se empiece a retroalimentar. De acuerdo a este mecanismo, como resultado de la subida ‘inicial’ de precios, otros precios, salarios y alquileres  suben y generan un círculo vicioso. En este caso, se podría incluso hablar también de una relación inversa que va de P a M: como aumentan los precios en general, aumenta en proporción la demanda de dinero. Sin embargo la causa directa de la hiperinflación no sería está retroalimentación, sino el impulso original provocado fundamentalmente por una creación monetaria extraordinaria que no es posteriormente ‘destruida’.

En el caso venezolano, el gasto deficitario de PDVSA añade demanda agregada, pero al no contemplar mecanismos de absorción gradual de ese crédito, se dan las mismas dos consecuencias citadas anteriormente: la compañía quiebra y la economía nacional se inunda de bolívares. Respecto a la deuda de PDVSA, técnicamente no encontrará barreras para seguir aumentándola mientras sea la BCV quien le preste nuevos bolívares. Pero con inyecciones netas anuales que llegan a representar casi el doble de la variación neta de toda la base monetaria neta (¡donde se incluye también la posición de la BCV con las entidades financieras!), es esperable un fuerte aumento de los precios.

No es necesario que el dinero inyectado regularmente en la economía sea reabsorbido por el mismo canal que por el que fue inyectado. En nuestro caso práctico, no tiene que ser la misma PDVSA la que busque aumentar fuertemente sus ingresos para devolver los créditos que pide a la BCV. Eso provocaría el cierre de muchas Misiones, algo que hundiría al país aún más en la pobreza. Muchas empresas públicas – de transporte, de sanidad, de educación…s – en multitud de países son deficitarias sin que eso sea necesariamente un problema.

No obstante, sí que deben de plantearse recursos públicos para reabsorber el dinero que PDVSA va añadiendo a la economía. Como hemos señalado en el artículo previo, el avance hacia un sistema impositivo potente y progresivo, el aumento del precio interno de la gasolina, las ganancias obtenidas por empresas públicas eficientes… permitirían recuperar el equivalente en bolívares a decenas de miles de millones de dólares.

Las pistas dadas por el gobierno en los últimos meses nos llevan a persuadir un cambio de rumbo en la política monetaria.  Desde 2018, el encaje legal ha subido dos veces, la última a principios de 2019, con una implementación de un encaje marginal del 100%. Ello implica que, restringiendo el crédito que los bancos pueden otorgar a empresas y familias, el gobierno trata de frenar indirectamente la cantidad de dinero en circulación.

Aceptando que la oferta endógena es la principal forma de emisión monetaria, podemos acordar que una política monetaria tan restrictiva como la de subir el encaje legal permitiría controlar algo más el aumento de la masa monetaria (M, en la ecuación 1), ¡pero igualmente está frenando la actividad económica basada en el crédito! No sólo post-keynesianos y marxistas estarían de acuerdo. El mismo Milton Friedman, principal figura del monetarismo, clamaría – como ya lo hizo analizando la crisis de 1929 en los Estados Unidos – que este tipo de políticas asfixia a cualquier economía.

Conclusión

Aceptar que el dinero entra en las economías capitalistas contemporáneas fundamentalmente mediante el crédito implica rechazar que cualquier entrada de dinero en el ‘circuito económico’ genera inflación. El dinero creado y la evolución de la actividad económica están íntimamente relacionados.

Sin embargo, este mecanismo de creación monetaria está acompañado de un sencillo mecanismo de destrucción monetaria: la devolución del crédito. Recurrir continuamente a la creación de grandes cantidades de dinero al tiempo que se aplaza indefinidamente su destrucción puede tener efectos positivos en la demanda. Pero implica también una situación financiera problemática a quien esté directamente involucrado (PDVSA y últimamente el mismo Gobierno) y la disolución del poder de compra del dinero en circulación, o sea, inflación.

Pretender compatibilizar esta dinámica con el cierre del grifo al crédito privado, como hace actualmente el gobierno venezolano, seguramente no acabará con el problema de la hiperinflación. No sólo eso, además estará agravando la depresión económica del país.


[1] Antes de la corriente monetarista, esta interpretación ya fue sostenida anteriormente por varios autores como Cantillon, Hume, Ricardo o Montesquieu.

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