Economía Crítica y Crítica de la Economía

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Del Clasicismo al Neoclasicismo

Autor: Alberto Ruiz Villaverde

Categoría: Fundamentos

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Artículo publicado en el blog Pedaleando, el 3 de diciembre de 2020

File:Adam Smith..jpg - Wikimedia Commons

Cómo bien explicaba Ricardo Rodríguez, técnico de hacienda y escritor, en su artículo titulado Libertad, liberalismo e interés, los clásicos enfocaban los debates económicos desde la filosofía moral (o lo que actualmente podríamos reconocer más concretamente como la filosofía política).

Así las cosas, nos cuenta Ricardo que Adam Smith, en su célebre obra “La Riqueza de las Naciones”, defendía el control del tipo de interés por parte del Estado en los mercados financieros; y, esto debía ser así en aras del bien común. Argüía Smith que si se aplicaban tipos de interés sin control ni restricción proliferarían los préstamos de elevado interés. Aparecerían entonces los “temerarios” que realizarían inversiones arriesgadas, la mayor de las veces ruinosas; y, los “pródigos” personas que malgastarían su fortuna en placeres suntuarios e improductivos. Por el contrario, el control del tipo de interés fomentaría inversiones controladas y seguras que beneficiarían al conjunto de la sociedad potenciando así un crecimiento económico razonable y sostenido.

Desde posiciones encontradas, se aducía que el Estado no debía intervenir el mercado ya que éste, por sí solo, era capaz de establecer los niveles de rentabilidad óptima y los precios más adecuados para el dinero. Pero, sobre todo, replicaba Jeremy Bentham en su opúsculo titulado “En defensa de la usura”, el Estado no debía impedir que un individuo prestase “libremente” lo que es suyo al tipo de interés que le complaciese si otro individuo estaba dispuesto a pagarlo. Se abría así un debate (muy complejo) que examinaba una determinada concepción de la libertad individual frente a la responsabilidad social y el bien común. Adam Smith zanjaba la cuestión con toda claridad en su obra antes citada: “todo ejercicio de la libertad natural de unos pocos individuos que ponga en peligro la seguridad de toda la sociedad es y debe ser restringido por las leyes”.

Los economistas actuales —los neoclásicos— que en los últimos tiempos vienen autoproclamándose como “los científicos de la economía moderna”, afrontan la cuestión desde otro enfoque bien diferente que conviene reseñar aquí, aunque sea de una manera muy sucinta. En el análisis económico hay que desprenderse de los prejuicios éticos, políticos, ideológicos o morales. Así las cosas, una política que establezca el control del precio de un bien en el mercado, arguyen la mayor de las veces ignorando el tipo de estructura del mercado completamente embriagados de la idealización de la inexistente competencia perfecta en la vida real, tiene “consecuencias perniciosas para el bienestar de la sociedad” como así atestiguan la realidad y la “evidencia científica”. Esto ocurre, por ejemplo, cuando se establece un precio máximo. Un precio por debajo del precio de equilibrio provoca: (i) desincentivos sobre la oferta con el consecuente desabastecimiento del bien en el mercado; (ii) empeoramiento de la calidad del bien, aunque se admite que las comprobaciones de calidad son difíciles de testar empíricamente; (iii) ineficiencia en la asignación; y, (iv) aparición de un mercado negro para el intercambio de este bien.

Tal es el rigor científico de la economía neoclásica que los “científicos de la economía moderna” aventuraron que todos estos efectos perniciosos analizados y predichos por “la teoría económica” (no indican cuál de ellas) se van a dar para el caso de las mascarillas higiénicas ante la medida del Gobierno español que establecía un precio máximo de venta al público. Pido disculpas al lector por no insertar un gráfico o un modelo econométrico en esta parte de mi humilde publicación. Sencillamente, ninguno de los efectos predichos se ha cumplido.

Por suerte, tal y como nos cuenta Aleix Calveras aquí, el enfoque de la filosofía política no ha sido completamente abandonado en la actualidad. Frente a la (neo)clásica argumentación en favor del libre mercado, basada en criterios utilitaristas de bienestar individual y en una concepción muy particular de la libertad individual, hay autores (e.g. Sandel, 2009) que critican la subida de los precios en tiempos de una catástrofe. Una sociedad en la que se permite hacer negocio en tiempos de crisis no es una sociedad sana. La avaricia excesiva es un vicio que debe recibir desaprobación social; y, una manera de hacerlo es precisamente mediante la regulación e intervención en detrimento de tal comportamiento.

Referencia

Sandel, Michael J., 2009, Justice. What’s the right thing to do, Penguin Philosophy.

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