Economía Crítica y Crítica de la Economía

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¿Huelga o diálogo social? Las estrategias del “raro caso” vasco (Entrevista a Jon Las Heras y Lluis Rodríguez)

Autor: Jon Las Heras Cuenca y Lluís Rodríguez Algans

Categoría: Alternativas, Sindicalismo, Trabajo

Etiquetas:

Cuarto Poder (Sara Montero)

“En Euskadi, las centrales sindicales más grandes han apostado por la confrontación”, así explica Jon Las Heras , profesor de la Universidad del País Vasco (UPV/EHU), por qué esta comunidad autónoma está a la cabeza europea de las huelgas y es un “caso raro” en Europa. En la revista British Journal of Industrial Relations analiza, junto a Lluís Rodríguez, los dos modelos sindicales del País Vasco: los que tienden más al diálogo social (CCOO y UGT) y los soberanistas (ELA, LAB), que apuestan por la el conflicto como herramienta de negociación. Su conclusión es que la huelga no solo es una herramienta plenamente vigente, sino que además, contribuye a la renovación sindical.

Ambos autores plasman las conclusiones de la comparativa en el artículo Hacer huelga para renovar: las estrategias de organización de los sindicatos vascos y el uso de la caja de resistencia, publicado en la mencionada revista. Desde 2012, no se ha convocado una huelga general en España puramente laboral. Solo las reivindicaciones feministas del 8 de marzo han logrado revertir ese parón, que trascendía mucho el ámbito del trabajo. Sin embargo, la última huelga general en Euskadi tuvo lugar el 30 de enero de 2020. En esta ocasión se articularon demandas sindicales (como un salario mínimo de 1.200€ y jornada laboral de 35h semanales) con otras de diferentes movimientos sociales (como los pensionistas, colectivos ecofeministas y juveniles).

Los motivos que encuentra Jon Las Heras para que se multipliquen estos conflictos en Euskadi son varios. El primero, que la central sindical mayoritaria (ELA) ha apostado por la confrontación, mientras que los sindicatos con más representación en otras zonas del Estado y Europa no han seguido el mismo camino, sino el de la concertación social. Pero el estudio aclara que el despunte no se debe tanto a que haya aumentado el número de huelgas en el País Vasco, sino al hecho de que no haya disminuido de manera significativa como sí ha sucedido en otras regiones. “Tras la desindustrialización de los años 80 y 90, las políticas de austeridad, las numerosas reformas laborales, y la penetración de la ideología neoliberal las posturas de confrontación han sido claramente mermadas”, explica sobre el panorama estatal y europeo.

La propia historia sindical también favorece la agitación en esta región. Los autores explican que durante la década de los 90, la alianza que agrupó durante dos décadas tanto a soberanistas vascos (ELA) como españoles (CCOO y UGT) se resquebrajó. Después, el crecimiento de LAB favoreció una nueva alianza con ELA.

Mientras CCOO y UGT han apostado por el “diálogo social” y la negociación colectiva de “alto nivel”, los sindicatos soberanistas se decantan por fortalecer la presencia sindical y movilizarla en la negociación colectiva, por primar su actividad fuera de los órganos de participación institucional y por la construcción de alianzas alternativas con otros sindicatos radicales, feministas, ecologistas y movimientos sociales de base. Esta estrategia también incluye la organización de trabajadores en sectores feminizados y precarios.

Jon Las Heras y Lluís Rodríguez concluyen que la estrategia de la confrontación ha traído buenos resultados al bloque del “contrapoder”, como denominan a la alianza formada por LAB y ELA, en los años más duros de la crisis, de 2008 a 2018. Según su análisis, “ha mantenido relativamente su membresía (solo han perdido el 5,3% de su afiliación), a pesar de la reducción del total de delegados electos debido a los despidos y la reestructuración industrial, mientras que han ganado mayor representatividad electoral (+2 ,73%)”. Al contrario, el “bloque del diálogo social” ha perdido “el 16,2% de su membresía y el 3,76% de su representatividad” durante el mismo periodo.

Ambos investigadores interpretan que durante la crisis económica “los sindicatos soberanistas vascos han mostrado más confiabilidad y apego” que los afiliados de las grandes centrales españolas. ”Hemos visto grandes pactos en los que han firmado congelación salarial, flexibilidad laboral y donde los grandes sindicatos le han dado la mano a la patronal. Esa foto, quizá menoscaba su legitimidad y desmoviliza. A eso añádele que las condiciones laborales de mucha gente son cada vez más precarias en el mercado laboral, lo cual aumenta su miedo y reduce su disposición a combatir”, explica Jon Las Heras a cuartopoder.es.

Herramientas: la caja de resistencia

La huelga de 41 días de los trabajadores del Museo de Bellas Artes de Bilbaola huelga sectorial 2016-2017 de las residencias de personas mayores en Bizkaia que duró 374 días son dos ejemplos de que la persistencia en el conflicto se traduce después en mejoras sustanciales en el salario y en las condiciones de trabajo.

ELA y LAB tienen un elemento que a los investigadores les parece reseñable: Una “caja de resistencia” permanente y financiada con cuotas del sindicato.  En el caso de ELA, se creó en 1978 y sirve para cubrir huelgas que duren más de tres días y se financia gracias a una cuota sindical alta, “la más alta de España”, según indican los investigadores (más de 22€ al mes). Según el sindicato, el 25% del dinero recogido a través de las cuotas va a financiar este instrumento solidario. El de LAB tiene un funcionamiento similar, aunque es algo “más restrictivo” debido posiblemente a su menor número de afiliados, y comienza a percibirse al cuarto día de huelga, y una prestación de 750€ mensuales, según indica Las Heras.

Según detalla  el investigador, la prestación que reciben las personas afiliadas a ELA, entre 1.163€ y 2.328€ al mes en 2020, y LAB, así como la de otros sindicatos minoritarios como ESK (822€), hace que los trabajadores sean capaces de aguantar más jornadas de paro y, por tanto, aumentar la presión sobre la empresa. Aunque Las Heras aclara que, antes de implicarse en conflictos largos con apoyo de la caja de resistencia, los sindicatos “valoran antes las opciones, estudiando el contexto legal y económico de la empresa, para luego dar el mayor apoyo posible con la caja de resistencia reforzada o extraordinaria”. Cuando se opta por esta estrategia es porque se presupone que existe una gran probabilidad de victoria.

Jon Las Heras espera que este artículo sea un estímulo para el debate sobre renovación sindical, así como para que muchos investigadores se animen a actualizar y ampliar “la literatura sobre huelgas”. Aún quedan muchas variables y detalles por analizar en los conflictos contemporáneos.

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