Economía Crítica y Crítica de la Economía

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China en la trampa del desarrollo económico

Autor: Ricardo Molero Simarro

Categoría: Mundial

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Diagonal

A finales de los setenta la revolución maoísta había logrado alcanzar (no sin cometer atropellos difícilmente justificables) un precario equilibrio entre las tres variables que regían su proceso de transformación: el socialismo, el nacionalismo y el desarrollismo. Por un lado, gracias a un marcado igualitarismo, había satisfecho de manera generalizada las necesidades básicas de la población. Por otro lado, después de sacudirse el yugo semi-colonial que aprisionó a China desde mediados del siglo XIX, disfrutaba de una, aunque sufrida y relativa, independencia política. Por último, a pesar de no haber alcanzado a las potencias capitalistas, como era su objetivo, la economía crecía a tasas superiores a las del denominado Tercer Mundo. Sin embargo, los mecanismos que aseguraban el igualitarismo (las comunas rurales y el sistema laboral del danwei) ponían un límite al excedente económico acumulable por el sistema de planificación. Y como esto amenazaba al crecimiento, el equilibrio fue roto favoreciendo a las vetas desarrollista y nacionalista del proyecto maoísta.

De modo que en la III Sesión del XI Congreso del PCCh, celebrada en diciembre de 1978, se inició un proceso de reforma con el que se pretendía lograr un incremento de la productividad del sistema. Para ello se introdujeron incentivos individuales que debían mejorar la eficiencia de las empresas estatales y las explotaciones rurales. El problema surgió cuando los incentivos individuales se convirtieron en intereses privados que presionaban por una cada vez mayor liberalización de la economía. Así, después de que en 1992 Deng Xiaoping proclamase que “el desarrollo es el argumento irrefutable”, se abrió la veda para la privatización masiva de empresas estatales y la desaparición de los derechos laborales y sociales de los trabajadores. El mercado se hizo por fin su hueco. Su expansión culminó con la entrada del país en la OMC en el año 2001, que consolidó a la economía china en su posición de “fábrica del mundo” basada en unos irrisorios costes laborales. China había caído en la trampa del desarrollo económico, en nombre del cual se perpetraba una auténtica contrarrevolución de la que sólo unos pocos se iban a beneficiar (aunque no únicamente las transnacionales).

Treinta años después del inicio de la reforma se ha borrado todo rastro de las aspiraciones socialistas del maoísmo. Los beneficios, de los que se ha alimentado el crecimiento, se han elevado desorbitadamente a costa de los salarios. Esto ha derivado en un agudo empeoramiento de la distribución de la renta, no sólo entre el campo y la ciudad (debido al hukou, el estricto sistema de control de la migración interna), sino también en el conjunto de la sociedad china. Más aún, el tan desigualmente repartido incremento de la renta per cápita no ha repercutido en una mejora de las condiciones de vida del conjunto de la población. No se trata sólo de que ésta haya perdido servicios públicos básicos como la educación y la sanidad, sino que, además, se han generalizado fenómenos desconocidos durante la época maoísta, como la pobreza urbana.

El consenso tradicional chino afirma que mientras “la escasez no importa, la desigualdad sí”. Conscientes del peligro de dislocación que ésta comporta, el PCCh aprobó en su Congreso de 2007 una serie de tímidas medidas redistributivas (como el intento de creación de un sistema de sanidad pública) con las que pretenden rebajar el riesgo de estallidos sociales. Ahora tratan de que ello sirva, también, para reorientar su economía hacia el mercado interior y así enfrentarse a la crisis mundial actual. Sin embargo, para que esto suponga una esperanza para los campesinos y trabajadores, los dirigentes chinos tendrían que tratar de hacer salir al país de la trampa en la que le metieron hace décadas. Y no parecen dispuestos a ello.

Para leer más:

Lin, Chun: La transformación del socialismo chino. El Viejo Topo. Madrid. 2007.

Hart-Landsberg, Martin y Burkett, Paul: China y el socialismo. Reformas de mercado y lucha de clases. Hacer. Barcelona. 2006.

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