Economía Crítica y Crítica de la Economía

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Y sin embargo, seguimos perdiendo derechos

Autor: CONSEJO REDACCION ECCE

Categoría: Editorial

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Estas últimas semanas, a la vez que se multiplicaban los gestos de solidaridad hacia los levantamientos populares en países del norte de África contra regímenes opresores de derechos individuales y sociales, en España nos colaban uno de los ataques más serios de las últimas décadas en materia de empleo y pensiones. Curiosa paradoja. Se despierta la conciencia popular y el apoyo a un pueblo extranjero por el que hace apenas dos semanas no nos inquietábamos, y al mismo tiempo no encontramos en nuestro país una respuesta social contra un retroceso brutal programado por la Patronal y grandes grupos financieros, ejecutado por el Gobierno y defendido por los dos grandes sindicatos estatales.

Desde que se vieron los primeros síntomas de la crisis económica en 2007-2008 ya sabíamos que se avecinaban unos años de acoso del capital y consentimiento por parte del gobierno y que a la clase trabajadora, a los jóvenes y viejos desempleados, a las amas de casa, inmigrantes… sólo nos quedaba resistir. De la conciencia y la respuesta social dependía salir de ahí más o menos indemnes. Esta contestación social debía ser transmitida con fuerza (entre otros) por los grandes sindicatos, CCOO y UGT. Sin embargo, y lejos de contestar, estos dos enormes aparatos burocráticos han tratado de contentar a todas las partes, cerrando nariz y ojos cuando se anunciaban nuevos recortes sociales y saliendo a la calle ocasional y tímidamente para recuperar el apoyo popular. Cuando, por ejemplo, el año pasado, la mayoría de países de ‘la vieja Europa’ paraba las máquinas y se manifestaba contra las políticas de ajuste, nuestros dos grandes representantes frente al Gobierno y Patronal quedaron inmóviles ante los primeros recortes de prestaciones sociales y el anuncio de inminentes reformas en las cuentas públicas. La única amenaza leve fue la huelga general presentada sin mucho convencimiento y con el verano de por medio. No obstante, por muy criticable que fuera esa forma de convocar a la movilización masiva, todos sabíamos que la huelga era una oportunidad única para avivar la llama de la rabia social. Sin embargo, salvo en alguna advertencia verbal poco creíble o para realizar alguna movilización sectorial, CCOO y UGT no sólo han adoptado una actitud de pasividad total, sino lo que es peor, han acabado legitimando el discurso neoliberal patrocinado desde los diferentes bunkers mediáticos, patronales y financieros.

La última gran noticia que tienen los trabajadores y trabajadoras de sus supuestos portavoces es una foto en la primera plana de todos los periódicos, donde Mendez y Touxo, como peces en el agua, se dan la mano afablemente con los representantes de patronales y Gobierno tras la reforma de las pensiones. La firma de un documento tan regresivo sólo se explicaría si se comulga con el discurso oficial, que vuelve irremediables y urgentes los recortes en nombre del equilibrio macroeconómico y la satisfacción de ‘los mercados’.

El acuerdo, entre otros aspectos, supondría una penalización media para los trabajadores, cifrada por algunos expertos en materia fiscal, en torno al 20%. Los recortes giran básicamente en torno a tres puntos: el primero es el aumento de la edad máxima de jubilación de 65 a 67 años; el segundo punto es el aumento de la vida laboral completa para acceder a la totalidad de la pensión, pasando de 35 a 37 años (38’5 años si se tienen 65 años). La otra variable a la que han recurrido para profundizar el recorte es el número de años para realizar el cómputo de las pensiones, que pasará de 15 a 25 años.

Algún defensor de tal acuerdo no ha dudado en resaltar que tiene una importancia sólo comparable a los conocidos Pactos de la Moncloa de 1977. Es posible. Porque aquellos acuerdos, firmados en medio de una fuerte crispación social y mala evolución económica (inflación, endeudamiento exterior…), también supusieron un sacrificio mayúsculo de la clase trabajadora en su época. De hecho, a este nuevo pacto, como a los realizados en la Transición, no han dudado en catalogarlo como fruto de un gran Pacto Social. Como si los y las currantes, parados y demás precarios pudiéramos sentirnos representados en el mismo por alguno de los agentes firmantes.

Con una tasa de desempleo que mes a mes va batiendo nuevos récords, con millones de jóvenes que saltan semanalmente de empleo precario al paro y viceversa, con un sistema fiscal impositivo que, comparado con nuestros vecinos europeos, es de los que menos recauda, de los más regresivos e impotentes contra el fraude, con una política de inmigración fuertemente restrictiva que ralla el racismo la arbitrariedad y el maltrato… decir que no hay alternativa a la reforma es o bien un acto de traición, o bien un ejercicio de ineptitud intelectual y discursiva.

¿Hasta cuándo estar contentando a ‘los mercados’? Ahora que se han llevado parte del botín de las pensiones ¿nos dejarán los fondos privados en paz? ¿Está ahora satisfecha la oligarquía financiera con esta última reforma? ¿o por el contrario volverán a la carga próximamente en busca de nuevos tesoros (educación, sanidad, política energética…)?

Como todo parece indicar que ésta no es la última ‘medida de ajuste’, conviene formar parte activa en la resistencia y encontrar actores sociales válidos y verdaderos representantes que defiendan y refuercen, en las tensiones con el Gobierno y otros representantes de la patronal, el estatus y los derechos de los que hemos sufrido cada uno de sus recortes. El apoyo de los grandes sindicatos y el silencio de algunas organizaciones políticas y sociales al ‘pensionazo’ debe ser la gota que colme el vaso de los abusos del capital y el silencio de los que se alzan como nuestros representantes, políticos y sindicales.

Por eso, en medio de la crisis y con más reformas al horizonte, la reorganización social es básica para resistir los próximos envites. Y para ir recuperando, en el medio plazo, espacios perdidos en estos últimos años, en las últimas décadas: educación pública, sanidad de calidad y gratuita, reducción progresiva del tiempo de trabajo, mejora de las pensiones… Así, quizás algún día recuperaremos el verdadero sentido etimológico y social de la jubilación: el júbilo, el goce.

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6 Responses

  1. [...] This post was mentioned on Twitter by Inflexió, Economía Crítica. Economía Crítica said: Y sin embargo, seguimos perdiendo derechos http://bit.ly/hrFfhI [...]

  2. Jonber dice:

    Sigamos la vía tunecina y egipcia, al igual que la intentaron en su momento los argentinos en 2001 o los Oaxaqueños en 2006.

    https://www.diagonalperiodico.net/Todo-el-mundo-quiere-pararte-por.html

    https://www.diagonalperiodico.net/article13513,13513.html

    LA DESTITUCIÓN del poder, comprendida como la dimisión de su cabeza visible y la abolición de su estructura podrida, es una vía que puede sacarnos del impasse de tener que impulsar luchas defensivas con el único y descorazonador objetivo de minorar el alcance de los ajustes que estamos sufriendo. AL igual que en el mundo árabe, los países y pueblos de Europa deberíamos abrir un debate radical sobre el sentido y orintación de nuestra luchas.

    Pues eso, seguimos caminando

    Jonber

  3. Bueno, si bien es obvio que estamos en un momento histórico donde está más claro que nunca que la soberanía popular no es sino un elemento simbólico que una vez destapas de su forma retórica se queda en un inmenso vacío, creo que hay que poner encima de la mesa una cuestión importante.

    Todos estaremos de acuerdo en que esta no es la última medida de un plan de ajuste que, por supuesto, en ningún momento tuvo que comenzar. Y, además, también somos conscientes de que hay un apoyo social a estas reformas que es profundamente cínico. Sin embargo, creo que debemos llevar la reflexión un punto más allá de esto y evaluar las posibilidades que existen de articular un movimiento de contestación social. ¿Cuál es la base social a la que llamamos a la movilización? ¿Cómo podemos llegar a dicha base social si los partidos políticos no tienen fuerza suficiente y los sindicatos están firmando este tipo de acuerdos? ¿No es más razonable precisamente promover la sindicalización en estos momentos?

  4. Jonber dice:

    Ni lo había visto este mensaje… Bueno, a mi me parece que toda forma de implicación y toma de compromisos es una vía saludable para empezar a andar. El asunto está en entrar o no en unas organizaciones tradicionales que mucho tienen que cambiar para orientar sus luchas en base a una coordenadas radicales que conecten con unas bases que no funcionan al son de una batuta y de directrices pre-establecidas.

    Que cada una vea, yo creo que toda opción es buena si tiene perspectiva de tratar de cambiar la realidad y no sólo de acomodarse en la misma. Conectar con las bases sociales sólo es cuestión de vivir en las mismas. Y con tres reuniones semanales, de consejo supremo, area sectorial y grupo de barrio de una misma organización decadente no creo que se vaya a conectar mejor con las inquietudes y resistencias cotidianas de la gente. Que decir que si la gente entra en esta organización y están remotivados con las reuniones y saraos de la misma pues entonces ya sería otro cantar. Pero no creo que sea el caso.

    Otras vía, tal vez más difusa pero en mi opinión bastante eficaz, es simplemente permanecer organizados en las diferentes escalas que se tercie, desde nuestras diferencias pero con unas bases comunes convergentes. A partir de ahí vivir la vida de nuestros pueblos o barrios, tomar potes con la kuadrill e invitarles a venirse a la mani del sábado ; ir a las comidas de familia y regalar revistas ya leídas ; no faltar a las citas de los amigos de infancia, acotando algunos debates envenenados por tantas horas televisivas ; abrir la puerta, en la cola del super o en el asiento del autobús, a nuevas gentes, escuchar sus propuestas, buscar en sus tragedias y esperanzas.

    Todas estas y muchas otras pueden ser vías para renovar la práctica concreta de nuestra lucha y, de esta forma, ir poco a poco dándonos cuenta de las muchas lecciones de radicalidad y resistencia que la gente sostiene cada día. Desde ahí, y no desde las camarillas, grupusculos y capillas varias, podremos tal vez impulsar un nuevo ciclo de respuesta auto-organizada para cambiar las cosas.

    Y ahí que los compas de las organizaciones de toda la vida encuentren, si lo creen oportuno, un terreno fertil para sus predicaciones ;-)

    Digo, yoooooo, por comentar.

  5. Rafa dice:

    Creo que también tendríamos que mirarnos el ombligo. A pesar de que me ha gustado el artículo, poco o nada veo de autocrítica a la ciudadanía, de la cual formamos parte. Deberíamos realizar esa crítica necesaria por salir antes a celebrar el campeonato del mundo de fútbol, que a defender nuestros intereses y los de nuestros hijos. Creo que ese es el gran problema. El norte de África ha despertado porque no tenía otra opción. Aquí esa opción, la de resignación, todavía es muy válida para mucha gente y por desgracia, inculcada en demasía por casi todos los medios de comunicación. Si no hacemos algo ya, cuando empecemos la lucha, la cual por desgracia llegará más pronto o más tarde pero llegará, no nos quedarán recursos más que nosotros mismos para luchar contra los de siempre. Saludos a todos los que haceis esta web y múcho ánimo.

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