Economía Crítica y Crítica de la Economía

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¿Son los bancos los únicos culpables?

Autor: Alfredo del Rio Casarola

Categoría: Finanzas, Ideología

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Desde el estallido de la crisis, los bancos han estado en el centro de las protestas. Esto se puede percibir en situaciones dispares como, por ejemplo, en varias manifestaciones que al caminar por delante de alguna sucursal o de las oficinas centrales de algún banco provocan la exaltación de muchos y muchas al grito de “culpables, culpables…”; o también en las declaraciones de los empresarios o del Gobierno, quienes critican a los bancos por haber congelado el grifo del crédito. En principio, puede no parecer algo muy extraño ya que el diagnostico más común de la actual situación económica se basa en que los bancos especularon mucho y eso provocó un huracán que se extendió al resto del mundo.

Dentro del mundo académico heterodoxo también se les ha puesto, en cierta manera, en el punto de mira ya que se han realizado muchos trabajos que, por una parte, constatan cómo los bancos -o más en general el sector financiero- son los mayores beneficiados de los últimos años y, por otro lado, analizan las consecuencias de este hecho en otros aspectos de la dinámica económica. Dichos trabajos se enmarcan dentro de lo que se conoce como las tesis de la financiarización que, a grandes rasgos, es un concepto que se refiere a que la economía de los países más desarrollados se ha caracterizado, durante las últimas décadas, por el gran poder obtenido por las finanzas. Esto tiene múltiples consecuencias en la actividad productiva puesto que el auge financiero conlleva menores incentivos a la inversión productiva, una apropiación de las empresas financieras de una parte creciente de los beneficios de las empresas no financieras, un cambio en la dirección empresarial que prioriza aún más el corto plazo, etc. Por tanto, muchos de los y las economistas, enmarcados en esta corriente de la financiarización, también culpan al sector financiero de la situación actual.

Aunque son cuestionables en algunos aspectos, al menos estos trabajos no parten de la teoría sobre los bancos o el sector financiero que nos enseñan en las asignaturas de Economía, ya sea durante el bachillerato o en la universidad. En las “biblias económicas” que nos dan en clase, los bancos aparecen como meros intermediarios entre ahorradores e inversores. Pero creo que es fácil identificar que los bancos no son agentes neutrales en la actividad económica pues controlan el medio de pago de cualquier mercancía, la asignación del crédito entre los distintos sectores económicos y además son los únicos agentes privados con capacidad de crear dinero, lo que les otorga poder y ciertos privilegios.

Precisamente esto último constituye uno de los puntos importantes por los cuales los bancos son los más odiados por gran parte de la sociedad ya que se les ve como empresas que se aprovechan de guardar el dinero a través del cobro de sustanciosas comisiones y de realizar inversiones muy rentables, que a la vez suelen ser bastante “opacas”. Otros factores con relevancia, precisamente en el Estado español, son que los bancos han conseguido captar una gran cantidad de recursos públicos para sanear sus cuentas y que son los principales responsables de los desahucios. Por éstas y otras razones, seguramente si se realizara una encuesta sobre qué tipo de empresas son peor valoradas por la sociedad, los bancos ganarían por goleada. Pero hay bancos que no han recibido dinero público y, aún así, existe un recelo especial hacia ellos entre muchas personas, ya sean éstas empresarios o trabajadoras. Entonces ¿por qué nos caen peor los banqueros como Emilio Botín que el resto de empresarios como Juan Roig o Amancio Ortega?

Un banco es una empresa como otra cualquiera y su razón de ser es generar beneficios crecientes ya sea aumentando las comisiones a los clientes, bajando los salarios de sus empleados y empleadas o utilizando su poder para que los políticos les transfieran miles de millones. De igual forma, otros empresarios, como el mencionado Juan Roig, presionan, con todas las armas que tienen a su alcance, para que el gobierno de turno elimine derechos a los trabajadores, para conseguir deducciones fiscales, etc.

Por ello, es crucial que seamos conscientes de que los ataques que estamos sufriendo no son mandatos propios de los banqueros sino que es algo promovido por todos los grandes empresarios. Las “reformas estructurales”, a las que no hemos conseguido dar una respuesta conjunta, son un ejemplo de ello: la reforma laboral no ha facilitado el despido sólo a los bancos (aunque éstos también lo han aprovechado sin tapujos); que se lo pregunten a las Koplowitz o a los directivos de Iberia, NH hoteles, Vodafone España, etc.. Los menores recursos destinados a educación o a sanidad no han beneficiado únicamente a los bancos ya que son empresas de otros sectores las que están aprovechando la retirada del sector público en estos ámbitos; y así podríamos seguir con todos los recortes implementados en los últimos años.

No es que esta postura defienda a los bancos ni a los banqueros pero sí considera que una visión menos moralista y menos fraccionada puede ser más funcional a nuestros intereses. En definitiva, es la clase capitalista en su conjunto, es decir, banqueros y no banqueros, los que están saliendo beneficiados de esta crisis. Por tanto, si lo que buscamos es un cambio radical de la situación, nuestra lucha no debe limitarse únicamente a que los bancos sean más “progres” ya que de esa manera no conseguiríamos una mejora sustancial de las condiciones reales de la mayoría de la población.

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