Economía Crítica y Crítica de la Economía

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Siete argumentos contra la Renta Básica Universal y a favor del Trabajo Garantizado

Autor: Eduardo Garzón Espinosa

Categoría: Economía social y solidaria, Políticas públicas, Renta Básica, Trabajo

Etiquetas: , ,

Artículo publicado originalmente en La Marea, el 13 de agosto de 2014

Aunque hace mucho tiempo que se concibió la Renta Básica Universal (RB), no ha sido hasta hace poco cuando ha cobrado importancia en los círculos académicos españoles e incluso en la agenda política y mediática. Esta presencia se ha intensificado especialmente a raíz de la irrupción de Podemos en el panorama político español, puesto que recogen esta medida en su programa electoral. Bienvenido sea este debate, que siempre será constructivo. A continuación expongo los principales argumentos en contra de la RB, pues aunque es una medida potente, factible y muy efectiva para combatir la pobreza, lleva aparejada importantes problemas macroeconómicos. Sin embargo, la propuesta que aquí defenderé no es el rechazo de la RB, sino su modificación para transformarla en un programa de Trabajo Garantizado (TG) que resuelva las limitaciones macroeconómicas al mismo tiempo que logre mejores frutos sociales que la RB.

Recordemos que la RB es la concesión a todo ciudadano, independientemente de su situación particular, de un ingreso fijo que le permita cubrir sus necesidades vitales. De esta forma, nadie se vería obligado a aceptar cualquier tipo de trabajo (por muy duro y precario que fuese) para poder sobrevivir con un mínimo de dignidad.

En cambio, el TG parte de la premisa de que si bien es cierto que hoy día en nuestras sociedades hay muchísimas personas que no están trabajando y nuestro deber como sociedad es evitar que por culpa de ello pasen penurias, también es cierto que hay mucho trabajo por hacer en nuestras comunidades. No tiene sentido que mantengamos inactivas a personas que pueden y desean trabajar mientras las necesidades de nuestros conciudadanos no estén cubiertas. En la actualidad necesitamos que cuiden de nuestros mayores, de nuestros hijos y de nuestros enfermos, que aumenten los servicios de ocio y cultura, que se cuiden las infraestructuras, pavimento y fachadas de muchos barrios de nuestras ciudades, que se reforesten enormes extensiones de terreno, que se cuide la fauna y la flora de nuestro entorno, que aumenten y mejoren los servicios sanitarios, que se defienda a los grupos discriminados y a los más vulnerables, etc…

Por lo tanto, mucho mejor que otorgarle un ingreso fijo a todos los ciudadanos es otorgarle el derecho a trabajar si así lo desean (si no lo desean o no pueden, entonces que reciban un ingreso básico –de menor cuantía que en el caso de trabajar). El Estado podría financiar y planificar este TG a través de programas concretos, aunque en última instancia podrían ser las organizaciones no gubernamentales, las cooperativas o cualquier otro tipo de organización las que gestionaran las actividades en cuestión debido a que son las que tienen experiencia sobre el terreno. La remuneración del trabajo debería ser fija por número de horas; por ejemplo, 10 euros la hora. De esta forma se establecería un ancla de precios para evitar tensiones inflacionistas. Al mismo tiempo, se lograría que ninguna persona trabajase en el sector privado por menos de 10 euros la hora, ya que de ser así siempre podrían abandonar su trabajo para formar parte del programa de TG.

Una vez presentadas de forma sucinta ambas propuestas, pasamos a enumerar y describir las diferencias más importantes:

1) La RB genera tensiones inflacionistas; el TG no. Por el lado de la oferta la RB busca acabar con los puestos de trabajo de peores condiciones. Puesto que el empleado pasaría a cobrar un ingreso mínimo sin necesidad de trabajar, podría abandonar su puesto si considera que no le merece la pena. El empleador tendría que mejorar las condiciones laborales para que el trabajador no abandonase, pero cabe la posibilidad de que no pueda hacerlo (debido a las exigencias del mercado: aumentar salarios le podría suponer demasiado coste para mantener competitividad sin aumentar precios o para darle suficiente rentabilidad a los accionistas. Si la mejora de condiciones laborales se hace en este contexto, los precios de los productos aumentarían para no ver mermado el margen de beneficio empresarial: habría inflación). Si el empresario no puede mejorar las condiciones (en muchos sectores con total seguridad no podría), ese tipo de trabajo desaparecería: habría menos empleo y por lo tanto menos producción (menos oferta de bienes y servicios).

Al mismo tiempo que eso sucede, la demanda de esos bienes y servicios aumentaría puesto que todos los ciudadanos tendrían ahora más dinero en sus bolsillos gracias a la RB. Este efecto conjunto tendría como resultado un aumento notable de los precios de esos bienes y productos (la ley de la oferta y la demanda manda: si ahora se venden menos productos y a la vez hay más compradores el vendedor aprovechará la situación para subir los precios). Con precios mayores el poder adquisitivo de los ciudadanos que han recibido la RB se evapora: los pobres siguen siendo pobres.

En cambio, con el TG no habría inflación. Por el lado de la oferta no se producirían menos bienes y servicios sino que se producirían más gracias a los nuevos programas de empleo. Además, al ofrecer un salario uniforme y fijo (de 10 euros la hora por ejemplo) impide el empujar de los precios por el lado de los costes salariales. Por otro lado, la demanda aumentaría pero en mucha menor medida que en el anterior caso ya que sólo se verían beneficiadas aquellas personas más necesitadas (quienes quieren trabajar y no se les deja, y otras personas con necesidades económicas), y no todas (ricas y pobres) como ocurre con la RB. Por lo tanto, no habría tensiones inflacionistas porque aunque habría más dinero para comprar éste no sería tan abundante como en el caso de la RB y al mismo tiempo aumentaría la cantidad de bienes y servicios puestos a la venta.

2) La RB depreciaría la moneda si España tuviese moneda propia; con el TG el efecto sería menor. Si el dinero que aparece en los bolsillos de los ciudadanos gracias a la RB se destina en buena medida a comprar productos en el extranjero (y conociendo el tipo de productos que se producen y que no se producen en España ocurriría con seguridad), una moneda propia se devaluaría fuertemente. El efecto sería mucho menor en el caso del TG porque el dinero en los bolsillos de los ciudadanos no sería tan abundante. Eso no ocurriría con una moneda común como el euro, pero vale la pena tenerlo en cuenta a tenor de los importantes movimientos anti-euro.

3) La RB no tiene en cuenta el ciclo económico, el TG sí. La RB es universal y constante: siempre el mismo ingreso y para todos, independientemente de si estamos en una época de boom económico o recesión. En una época de expansión económica inyectar más dinero en los bolsillos de todos los ciudadanos no hará sino calentar todavía más la economía, provocando burbujas e inflación. En cambio, el TG es flexible y contracíclico. En épocas de boom económico aparecerán en el sector privado muchos puestos de trabajo mejor pagados que los ofrecidos por el TG, de forma que muchos trabajadores del TG se trasladarían al sector privado. De esta forma se estaría introduciendo mucho menos dinero “extra” en los bolsillos de los ciudadanos, y por lo tanto no se estaría calentando tanto la economía. En épocas de recesión ocurriría lo contrario: muchos trabajadores despedidos en el sector privado pasarían a trabajar en los programas de TG, logrando que no se enfriase tanto la economía y evitando así la amenaza de la deflación (caída generalizada de los precios).

4) La RB genera menos trabajo digno que el TG y de forma más limitada. Con la RB se confía en la disponibilidad y voluntad del empresario para mejorar las condiciones de trabajo hasta convertirse en empleos dignos (de no hacerlo los trabajadores abandonarían). Muchos empleadores podrían hacerlo pero otros muchos no. El TG se ahorra este problema al crear trabajo digno de forma directa, sin necesidad de contar con los empresarios. Además, con el TG se podría combatir directamente la discriminación de género, racial y de cualquier otro tipo; algo que no se podría controlar con la RB.

5) La RB no crea servicios sociales; el TG sí. Con la RB no hay producción social (que sirva a los más necesitados), no al menos más allá de la que estén dispuestos a realizar voluntariamente los receptores del ingreso fijo. En cambio, el TG crea directamente puestos de trabajo cuyo objetivo es a) mejorar las condiciones de vida de muchas personas que lo necesitan y b) cuidar y respetar el medio ambiente.

6) La RB sólo concede dinero, el TG mucho más. Recibir un ingreso es sólo uno de los muchos motivos que hay para trabajar, y a menudo ni siquiera es el más importante. Sentirse útil para con la sociedad, aprender nuevas habilidades y conocimientos, socializarse, entretenerse, viajar, etc, son otros beneficios que otorga el TG y que la RB no puede ofrecer.

7) La RB no forma ni prepara al ciudadano, el TG sí lo hace. Los conocimientos y habilidades adquiridas por el trabajador del TG lo preparan para encontrar trabajo en el sector privado o para iniciar sus propios proyectos en un futuro

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4 Responses

  1. Juan dice:

    Muy buenos argumentos y explicaciones de como nos enseñan la fórmula del sistema y de como se manipula según interesa.Una observación al respecto, cuando se habla del sueldo de los asalariados a éste se le denomina “coste salarial”, cosa distinta sería si también fuese considerado, en la fórmula, como beneficio del trabajador. Mas lo que no llego a entender es la “exclusividad” de las dos propuestas, hagámoslas complementarias y es posible que sean realizables.

    • Vivir en el 2014

      Para vivir necesitamos como mínimo comida, y como añadido ropa, un techo, una familia, sin embargo el teléfono, el coche pueden ser considerados como complementos de lujo. Para tener todo esto necesitamos un sueldo, una renta o una pensión.

      Una definición de la economía seria:
      Cuando realizamos un servicio o ofrecemos un producto a una tercera persona, se nos reconoce un valor y en consecuencia se nos recompensa con otro valor, puede ser otro servicio, otro producto o con dinero, que es un elemento de consenso que facilita el intercambio.

      Partimos del hecho de que para que haya intercambio, crecimiento y progreso, es necesario reconocer el valor de lo que se nos ofrece y compensarlo de alguna forma.

      Lo que nos ha traído la crisis es una pérdida de valor generalizada, cualquier servicio o producto esta infravalorado, en primer lugar existe una sobre oferta de todo, o se nos ofrece más cosas y servicios de los que necesitamos o no podemos pagarlos.

      Y una pérdida de valores, en los momentos previos a la crisis no robar estaba visto como signo de debilidad, y ahora lo que se lleva es mirar a otro lado, es no detenerse a mirar al otro por si nos contamina sus problemas, es más fácil pensar que la gente subsiste gracias a la economía sumergida, que reconocer que el español es orgulloso y preferirá pasar hambre, tragarse su dolor y desesperación, antes de mostrar un signo de debilidad. La sociedad se autoconvence para no ver con el argumento de que “si fuera verdad tanto paro la gente estaría en la calle manifestándose”, el no ver no soluciona el problema, desde el principio de la crisis se nos trata de convencer de que no es para tanto, de que hay brotes verdes, sin embargo la lógica de las cosas nos dice que el problema es estructural y global, economistas cómo Santiago Niño-Becerra en todo momento nos han advertido sobre la lógica estructural como que cada vez hace falta menos gente para producir las cosas o que el modelo capitalismo nacido en el 1950 murió en el 2010, (1) seguir ocultando la magnitud del problema solo nos garantiza ir a peor, ir a mejor parte de un correcto diagnóstico del problema, y enfrentarse a él.

      Como decíamos la sobre producción se debe a la caída brusca de la demanda a causa de la magnitud de una crisis que no se esperaba, a la facilidad de producción gracias a la mecanización, a la deslocalización de las fábricas que van cambiando de país en función de bajar costes, sin importar seguridad o derechos laborales.

      En cualquier caso el exceso de stock de productos en el mercado a precios bajo coste no es eterno, el que nos llegue a casa un producto depende de una cadena en la que cada eslabón ha de ganar lo invertido, más la parte de impuestos, la parte que se necesita para funcionar, como nuevas inversiones, pagar deudas y ante todo poder vivir.

      En el 2014 se funciona en una carrera en busca de liquidez, se trata de vender lo que se pueda vender, sin importar si se recuperan costes, o si se llega a pagar impuestos, no se piensa en futuras inversiones, tan solo poder vivir, aquí y ahora.

      Una fábrica aunque solo trabajen robots tiene unos costos ineludibles, si no se cubren dejan de producir. El transporte está basado en el petróleo y por lo tanto sus costes son crecientes, los transportistas en la búsqueda de liquidez inmediata para poder vivir podrán realizar su trabajo sin recuperar costes, hasta que no puedan hacerlo ahogados por deudas y por el agotamiento económico, físico, moral y mental de trabajar sin que se reconozca el valor que aportan a la sociedad y no poder invertir.

      En algún momento se nos decía que la creciente mecanización y robotizacion de la producción liberaría al ser humano de los trabajos duros, y dispondriamos de más tiempo libre, tanto que no sabríamos que hacer, podríamos disfrutar de todos los avances de la civilización, tendríamos a nuestra disposición parques de atracciones, ciudades enteras de ocio, deporte y consumo. Nuestra vida estaría enfocada en el disfrute personal, sin necesidades básicas de las que preocuparse, tan solo en decidir en que ocupar el tiempo.

      Pero algo no está cuadrando en estas promesas que se nos hacían, porque tiempo libre ha no ser que seas jubilado, (y en el caso que lo seas con tu pensión estas ayudando a vivir a hijos y nietos), tiempo libre se ha convertido en sinónimo de desempleo, subsidio, impagos, embargos, marginalidad, desahucios, hambre, depresión y un largo etcétera de situaciones de las que no estábamos preparados, tan solo las veíamos en los telediarios a la hora de comer sobre regiones de un tercer mundo que les pasaba de todo, pero nunca imaginábamos que lo pasaríamos en la Europa presuntamente rica, preparada, trabajadora y madura.

      Pero nos ha llegado, unos cuantos han dejado las cajas públicas y privadas vacías, los mismos que llevaban una vida de lujo y nos prometían que esa vida estaba a nuestro alcance. El modelo económico ha caducado y hay que descubrir otro, partiendo de reconocer el correcto valor del trabajo de cada uno.

      En que momento nos pudimos creer que tiempo libre es sinónimo de más ocio y consumo. Si no tenemos algo que ofrecer y que se nos valore lo suficientemente como para poder pagar todo lo que hay que pagar, en una época en la que no se reconoce el valor de las cosas y si se reconoce no se puede pagar, lo vamos a tener difícil vivir en el 2014

      Si cada vez quedan menos fábricas y cuando las hay están robotizadas, el pequeño comercio se lo comió el grande, incontables pequeñas empresas y comercios que generaban gran parte del empleo y que aportaban gran parte de los impuestos, han cerrado entre otros motivos por que se apostó por las grandes superficies, por el prestigio que daban, el amplio número de empleo que generaban en el momento de la inauguración hacia no tener en cuenta el chantaje que estas multinacionales realizaban pidiendo exenciones de impuestos y normativas para asentarse en según que municipio o región.

      Uno de los sectores más castigados por la crisis son los autónomos, ese sector que se creaba su propio empleo, empleaba a su familia y a otras personas, esos pequeños empresarios que avalaron su empresa con su vivienda y con las viviendas de sus familiares y lo han perdido todo, lo de ellos y han hecho perder las propiedades y la esperanza de quien creyeron en ellos, esos emprendedores, y luchadores curtidos en mil batallas, la batalla de encontrar nichos de mercado donde ubicar su actividad, abrirse paso entre la competencia, seducir a los clientes, pero sobre todo lidiar con una burocracia absurda e irracional saturada de prohibiciones, impuestos, tasas e innumerables trabas.
      Estas personas que generaban su propio empleo y el de otras personas generando una red de economía productiva para la sociedad y para la hacienda pública, pero por su propia característica desunida a la hora de defender unos derechos laborales que nunca creyeron que había que defender, porque solo pensaban en trabajar y generar un valor a la sociedad. Se ven ahora en la marginalidad del sistema, arruinados por tratar de sujetar su negocio avalandolo con sus propiedades personales, sin ahorros, sin ninguna prestación de desempleo, y lo más indecente es que recientemente han modificado los requisitos de una de las últimas prestaciones de subsidio, como la renta activa de inserción que con sus 400 euros para 33 meses ya no es aplicable a quien “nunca haya cobrado prestación de desempleo”, es decir un autónomo esta fuera literalmente del sistema, incluso si quiere contar con alguna asistencia sanitaria ha de solicitar la tarjeta sanitaria para personas sin recursos (2).
      Es decir que autónomos y pequeños empresarios que fueron la fuerza que ayudó a construir la llamada sociedad del bienestar, la clase media, se les ha dejado caer en los momentos que la prioridad era salvar a la banca, ahora se les tiene en la marginalidad del sistema.
      En vez de contar con ellos para levantar la economía se les expulsa de sistema y de la sociedad…

      Si ves a alguien pidiendo en la calle tal vez no sea un vago, tan solo en ex autónomo o un ex empresario.

      Entonces que nos queda, apostar por algún tipo de Renta Básica Universal (3), el Trabajo Garantizado (4), es decir un sistema en el que la administración da un trabajo como cuidar ancianos, repoblar bosques, etc, a cambio de un sueldo.

      O una renta mínima básica que aleje a la población de la marginalidad e indigencia, aun cuando los recursos son limitados y cada vez lo van ha ser más, hay que apostar por prioridades, y prioridad es que una familia no se quede sin ingreso alguno. Un mínimo ingreso proporciona comida, dignidad, autoestima, y un mínimo suelo para seguir adelante y emprender algo, y aleja a la sociedad de delincuencia y disturbios.

      Estamos quitando valor al trabajo, no se crea, se expulsa del sistema a los que sabían crear empleo, el poco que hay no da para vivir.
      Determinados políticos y banqueros quitaron valor a la honestidad, políticos que apostaron por los grandes eventos, de eso solo quedan mega construcciones a medio terminar, y si se terminaron son sin poderse inaugurar o usar, sin dinero ni para terminarlos, usarlos o mantenerlos. Pero a esos mega cascarones vacíos deteriorándose se le suman edificios de viviendas vaciados a la fuerza de familias que les hicieron creer que podrían pagarlos, y sin una economía productiva que engrase y de vida al sistema, pronto nos veremos en hospitales, universidades vacías y no precisamente por falta de enfermos o estudiantes, y a los bancos expulsando a la población de las ciudades por impagos.

      José Enrique Hueso

      (1) http://elrobotpescador.com/2014/07/11/impresionante-entrevista-a-santiago-nino-becerra-el-futuro-que-nos-espera/

      (2) http://www.citapreviainem.es/parados-tarjeta-sanitaria/

      (3) http://es.m.wikipedia.org/wiki/Renta_b%C3%A1sica_universal

      (4) http://www.economiacritica.net/?p=3477#more-3477

      • Anónimo dice:

        ¿Y las madres que se quedan trabajando en casa? ¿No tienen derecho a una remuneración salarial por criarte, limpiarte, etc..? ó ¿no es trabajo?
        Y ¿donde estan esas empresas públicas para trabajar en los momentos recesión, como ahora?

  2. ¿que pasa con el ingreso de los parados? La renta básica recibida es insuficiente y no existe la posibilidad de complementarla con trabajos esporádicos. Pedí cita previa en el inem (el actual SEPE) para intentar compatibilizar con un pequeño trabajo de fin de semana pero fue inutil . En fin , es lo que hay

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