Economía Crítica y Crítica de la Economía

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Llegó la crisis y pagan los de siempre

Autor: Juan Barredo Zuriarrain

Categoría: Finanzas

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En este artículo se pretende exponer en una primera parte, y de forma sencilla, lo ocurrido hasta hoy en la crisis económica actual; las causas, los protagonistas, el contexto… En la segunda mitad, trataremos de explicar cuáles son las principales vías por las que los trabajadores, alejados de las grandes decisiones de las élites bancarias, se ven afectados por una crisis que ellos no han provocado.

Llegó la crisis

Desde el año pasado somos testigos de la inestabilidad en la que están inmersos los mercados financieros de medio mundo. El alto grado de interdependencia en los bancos y la avaricia de todos ellos, provocó que lo que empezara como un problema de morosidad localizado en los Estados Unidos, acabara desembocando en una crisis económica global de magnitudes todavía incalculables.

Recordamos como la inestabilidad se desataba el año pasado, con el escándalo de las hipotecas subprime[1] en Estados Unidos. Hasta el año 2004, el mercado inmobiliario en ese país estaba en expansión: bajas tasas de interés y continuos aumentos de precio animaban a las familias a endeudarse para comprar una vivienda. En este escenario favorable, los bancos se animaron a vender hipotecas a familias de dudosa capacidad de pago, a una tasa de interés variable y mayor que las habituales. Estas familias, a pesar de ello, se animaban a contraer la deuda, ya que si se vieran agobiadas por las tasas de los préstamos, siempre podrían vender sus casas a un precio mayor.

Los bancos, dada la fuerte demanda de créditos, recurrieron a la “titulización” de estos préstamos hipotecarios, para tener más liquidez que les permitiera prestar más. Mediante este proceso, se hacían paquetes financieros con hipotecas prime y sub-prime (bajo y alto riesgo) y se vendían entre entidades como cualquier otro activo financiero. El último comprador de estos “productos derivados” los adquiría por su atractiva tasa de interés, pero desconociendo el riesgo que había detrás.

Con el negocio viento en popa, todos ganaban, pero el mercado inmobiliario cambió. Desde 2004 a 2006, los tipos de referencia en Estados Unidos, pasaron de 1% a 5,25%. Esto provocó que ya no se compraran más viviendas, que algunas de las familias que ya lo habían hecho no pudieran pagarlas y que finalmente la burbuja estallara. Todos querían vender (los especuladores los primeros) y nadie quería comprar. El precio de la vivienda se desplomó, y las familias que no podían hacer frente a sus hipotecas, veían cómo el volumen de éstas era mayor que el precio de sus casas. Por lo tanto, la tasa de impagos de hogares y constructoras se disparó. Los bancos tenían que hacer frente a esta morosidad y a la brusca depreciación de sus carteras subprimes, por lo que empezaron a experimentar problemas de liquidez para pagar sus deudas a los prestamistas, que eran en su mayoría otros bancos.

Como la interdependencia de los bancos es enorme, pronto se propagó el virus por todos los mercados financieros del mundo. Los gigantes hipotecarios estadounidenses ‘Freddie Mac’ y ‘Fannie Mae’, que copaban prácticamente la mitad del mercado inmobiliario de ese país, fueron nacionalizados por la administración Bush por el temor a que cayeran. Las noticias de quiebras, fusiones y nacionalizaciones se multiplicaban y, poco a poco, las entidades financieras se daban cuenta de que estaban más contaminadas por estos activos que lo que creyeron en un principio. Por eso, creció la desconfianza entre bancos; nadie quería prestar a nadie. Por lo tanto, la tasa a la que se prestan los bancos (en Europa es el Euribor), aumentaba[2]. En esta situación de desconfianza mutua, el mercado interbancario se paralizaba y los bancos europeos también empezaban a carecer de liquidez para hacer frente a los préstamos de corto plazo.

Desde que en 2007 se empezaran a reconocer los síntomas de una posible crisis, se tomaron las primeras medidas para hacerla frente. Empezaron las autoridades monetarias (en nuestro caso el BCE) inyectando liquidez en momentos puntuales. A través de este procedimiento, se presta dinero a los bancos, mediante subastas, para que el mercado interbancario se reactive, se eviten nuevas subidas de tipos, y lleguen los créditos a las familias y empresas. A medida que se iba aceptando la gravedad de la situación, las inyecciones se hacían más frecuentes y mayores.

Estos últimos meses, se ve que la situación es mucho más grave, por lo que los gobiernos han recurrido a medidas más contundentes para asegurar la estabilidad. Por una parte, algunos gobiernos han optado por comprar los activos de baja calidad. Otros han recurrido directamente a la compra de acciones de distintas entidades financieras para recapitalizarlas. Por otro lado, se ha recurrido a aumentar la garantía de los depósitos hasta los cien mil euros.

Todas estas ayudas, tenían un segundo objetivo, importantísimo para acabar con cada crisis económica. Lo que las autoridades intentan, anunciando las medidas que van a tomar, es restaurar la confianza de los agentes. Si la desconfianza y el temor se apoderan del mercado, estos empiezan a tomar decisiones extremadamente conservadoras que llevan al colapso al sistema capitalista.

Esta idea se va a exponer en la segunda parte, en la que explicaremos las principales causas por las que la crisis afecta a las clases más humildes.

Pagan los de siempre

El sistema capitalista funciona gracias al crédito bancario. Las empresas necesitan del dinero bancario para realizar sus inversiones en maquinaria, fuerza de trabajo, terrenos… que luego les permitan producir y, finalmente, obtener beneficios. Si se considera que un negocio va a generar unos ingresos mayores que los costes, la empresa no tendrá dificultad en conseguir un préstamo, ya que el banco dará por seguro que se los devolverá con intereses.

En un clima de desconfianza, sin embargo, todos prefieren no correr riesgos. Las empresas, viendo las malas perspectivas de futuro, deciden no invertir. Los bancos, por lo mismo, no prestan dinero para proyectos que en otras situaciones sí prestarían. Los consumidores, por su parte, deciden no pedir créditos y reducir el consumo. El resultado final: no hay nada que tire de la economía, y la actitud precavida de bancos, empresas, familias y demás agentes, lleva al país a una recesión, lo cual origina un fuerte incremento del paro, desigualdades y conflictos sociales. Contra esa posibilidad lucha cada gobierno, pretendiendo aparentar normalidad, para que los agentes retomen la confianza y así la economía no entre en ese círculo vicioso.

Por lo tanto, las principales medidas tomadas por gobiernos y bancos centrales no tienen como objetivo prioritario aliviar la situación de las familias. Lo que se pretende finalmente es garantizar la seguridad del sistema. Así, no nos debería extrañar la cantidad de dinero que los gobiernos dedican a salvaguardar el sistema financiero. Al contrario, lo que nos debería extrañar, es la cantidad de excusas que ponen para evitar dar dinero a sectores sociales desfavorecidos, a ayudas al desempleo, a las universidades…

Por otra parte, los presupuestos del Estado pueden ser otro buen instrumento para relanzar la economía de un país en tiempos de crisis (aumentando el gasto público) y para suavizar la situación de los más afectados por ella (dedicando el gasto a ayudas sociales, a obras públicas, becas, ayudas a la cooperación internacional…). No es el caso de España, cuyos presupuestos, que acaban de ser debatidos en el congreso, se presentan bastante austeros y con un carácter poco social. En general, en los países europeos, en épocas de estancamiento, las administraciones prefieren dedicar el dinero a dar ventajas fiscales para las empresas que a ayudar a las clases más humildes.

Además, hay otros factores, ligados al libertinaje propio de la economía financiera, que han ayudado a agravar los efectos de la crisis entre los trabajadores. El mercado de futuros, que permite reducir riesgos en la compra-venta a plazos de un producto, frente a las variaciones en el precio del mismo, ha sido aprovechado por especuladores para hacerse ricos realizando operaciones a corto plazo que han influido en el alza de los precios. El ejemplo más claro es el petróleo, cuyo precio hasta hace poco más de un mes pasaba de los 100 € por barril. Como pasa con la gasolina en el caso del petróleo, el alza en los costes de las materias primas acaba notándose en el precio del producto final.

El caso más grave es el de la crisis alimenticia. Los motivos especulativos también se encuentran detrás del fuerte incremento de los precios de maíz, trigo, arroz y otros productos básicos, impulsados fundamentalmente por el aumento de la demanda exterior (emergencia de países como China). El deseo de enriquecimiento instantáneo de personas e instituciones en las principales plazas financieras está privando en el Sur el acceso a alimentos básicos y llevando a la muerte de hambre a miles de personas.

Conclusión

El ejemplo del rol jugado por la especulación en la crisis alimenticia, pone de manifiesto cómo, en un contexto de globalización financiera, los excesos de la gente rica, los acaba pagando la más pobre. La dependencia de las hipotecas, reducción de las ayudas sociales, aumento del paro, conflictividad social, muertes por hambre… son consecuencias del juego de unos pocos, que inventaron las reglas que más les convenían, que juegan con el futuro de todos y que lejos de pagar por lo que han desencadenado, están recibiendo jugosas compensaciones. Es el juego del capitalismo, en el que nosotros miramos, obedecemos, y al final de cada partida, tenemos que pagar a la banca.

[1] Corresponden a préstamos a individuos que no cumplen ciertos estándares crediticios, lo que los hace más riesgosos. El término subprime hace referencia a los préstamos con alto riesgo, porque son concedidos a personas que pueden verse en dificultades para devolverlos.

[2] Lo cual acaba afectando también a las hipotecas de los españoles, cuyo indicador de referencia es Euribor. Hasta que la confianza entre bancos no vuelva a niveles normales, el Euribor seguirá en valores altos.

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