Economía Crítica y Crítica de la Economía

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Resolver problemas no es inventarse una nueva ecuación

Autor: Alejandro Quesada Solana

Categoría: Ideología, Iniciativas y Movimientos

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Para hablar de economía en la mayoría de ocasiones no es necesario ser un experto en la materia ni saber hacer gráficas impresionantes con multitud de curvas que se cruzan entre sí gracias a un complejo sistema matemático. De hecho, quien más suele saber de economía son precisamente aquellos que prescinden de los complejos modelos matemáticos que, como decía Galbraith, es el método adecuado para “eludir toda responsabilidad por las insuficiencias y por las injusticias del sistema”.

Así, en la mayoría de las plazas, mucha gente sin formación económica tiene sus propias soluciones para dar fin a la crisis, o al menos, para mitigarla de forma parcial. Es evidente que, en nuestras plazas o parques, será difícil encontrar alguien que sea capaz de exponer un pensamiento sistematizado que deje pocos o ningún cabo suelto y que, además, sea útil para superar la crisis; pero bueno, al menos se intenta.

Sin embargo, aquellos que tratamos de estudiar la economía y que además pretendemos darle salida a la crisis a través de la transformación militante de la sociedad no tenemos la libertad de “intentar” dar una respuesta a la crisis: tenemos la obligación de hacerlo. Los cientos de grupos de economistas críticos que hay dispersos por todo el Estado, las decenas de asociaciones estudiantiles que se ocupan de la economía desde un punto de vista heterodoxo y, ahora, los grupos de trabajo de economía surgidos del Movimiento 15-M… Todos tenemos esa obligación.

Y sobre estos últimos grupos va mi principal crítica.

Como exponía más arriba, es ahora cuando la sociedad civil demanda de nosotros -los militantes activos con inquietudes acerca de la economía- una respuesta sistemática y bien estructurada para resolver este problema que la mayoría social está sufriendo y que se le ha venido a llamar “crisis”. Habrá quien abogue por la instauración de la banca pública, habrá incluso quien crea que es mejor que la banca simplemente sea más controlada y habrá quien incluso crea que es necesaria la salida del euro. Y todas las opciones, debidamente argumentadas, pueden ser válidas de forma preeliminar de cara a un debate medianamente riguroso acerca del eterno qué hacer.

Pero la realidad muchas veces es más irreal que lo que a uno le gustaría.

Participo en el grupo de “Modelos Económicos Alternativos” de Granada, surgido al calor del 15-M. Este grupo vendría a cubrir la deficiencia de la inexistencia de una Comisión de Trabajo sobre Economía o algo así. Ha sido un grupo creado tarde -apenas unas dos semanas- y mal. Y me explico.

Como su nombre indica, no se va a hablar en este grupo de qué está sucediendo y cómo cambiarlo. No. Hacer un análisis sistematizado de cómo está actualmente el Movimiento, cual es el motivo de su éxito y cómo podemos mantenerlo con vida y, a la vez, transformar la realidad es un debate de, al parecer, una altura importante y que el Modelos Económicos Alternativos (en adelante, MEA) no está dispuesto a realizar.

Por eso, al parecer, mientras la gente es desahuciada, las listas del paro aumentan, los salarios caen en picado, se acentúa el proceso privatizador y desregulador, las pensiones se alargan y se empobrecen; es decir, mientras una parte importante de la sociedad las está pasando putas, el MEA considera que es el momento, más que de resolver con una perspectiva realista y alternativa el problema, de ponerse a discutir si el modelo de comercio basado en mercados es bueno y si no sería mejor que productores libres se encontrasen en un punto fijado para intercambiar sus productos en base al trueque. O que, quizá, una alternativa para salir de esta crisis sean los bancos del tiempo (que no dudo que estén muy bien, pero señores: ¡rigor!).

Como decía antes, la sociedad pide de nosotros alternativas y dudo mucho que el parado con hipoteca piense que la alternativa necesaria es, simplificando en exceso las cosas, irse al monte a vivir en paz. Hay que hablar de globalización, de financiarización de la economía, del Pacto del Euro y de sus consecuencias… en definitiva, y siento la reiteración, hay que hablar de qué está pasando y de cómo solucionar esto de una forma crítica y de izquierda; y no perderse en la inmensidad del debate utópico de “qué bien viviríamos si…”.

El peor favor que los economistas podemos hacerle a la lucha ideológica es imaginar que jugamos, los eternos enemigos, en tableros diferentes. Frente a frente nos encontramos y con las piezas de que disponemos hay que combatir; de lo contrario no sólo habremos perdido la batalla cargados de razón sino que incluso hasta nuestras figuras, en nuestro particular tablero de ajedrez, cambiarán su color por el del enemigo al no encontrar en nosotros soluciones creíbles en el más corto -y necesario- plazo. En nuestras manos está.

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6 Responses

  1. ALEJANDRO, animate a publicar al hilo de tu articulo algun acta, documento o enlace del grupo ese de las Alternativas, no? Me parece acertado lo que dices, aunque no olvidemos aquello de Galeano de la utopia para caminar. O que toda la vida ha sido una herramienta del movimiento revolucionario el tener una alternativa sistemica al capitalismo. Y como la inteligencia colectiva es infinita, sobre todo actualmente en las multiples plazas y asambleas, pues no creo que sea contradictorio una cosa con la otra.

  2. Bueno, cuando vaya saliendo algo de relevancia lo voy subiendo; de todas formas no creo que haya que dejar de repensar el sistema (¡faltaría más!) o buscar soluciones con un mayor calado y recorrido práctico-filosófico, lo que pongo de relieve es que el momento actual no permite margen de error ni da tiempo para ello. Es decir, que necesitamos -ahora mismo, insisto en no errar en el análisis objetivo y subjetivo del Movimiento- un discurso digerible por aquellos que en su vida se acercaron a un Centro Social Okupado o que jamás votaron por la izquierda. En otras palabras: un discurso menos utópico para construir juntos la utopía. ;-)

    • fran dice:

      Tienes razón en la última parte de tu respuesta al compañero de arriba, sin embargo ¿Acaso nos estaremos reproduciendo, una vez más, la lógica dominante con esta postura (la de esa necesidad imperiosa de crear un discurso crítico, pero no especializado, etc.)? Me refiero a que constantemente estamos corriendo de un lado para otro, ya sea en la vida cotidiana, ya sea en los mismos trabajos de comisiones y subcomisiones (acampados). Hay, por lo ke visto en más de un par acampadas (soy de Barcelona), un Ansia por hacer algo, por cambiar las cosas, pero que en su mismo intento este Ansia, a veces, entorpece la labor crítica de los debates. A menudo, en las discusiones cuando no alcanzamos un consenso la gente empieza a hastiarse, a moverse de aquí para allá, se impacienta, cada vez que veo este fenómeno, me pregunto: ¿A qué viene esta Ansia? ¿Es que si no alcanzan un consenso no les van a pagar? ¿A qué tanta prisa si lo que estáis haciendo está fuera del tiempo hegémonico, chicos? EN fin, no sé si me explicado muy bien, pero debemos estar alertas de no reproducir ese “tiempo dominante” que nos tiene sujetados a la necesidad, a la prisa, al momento, como un chantaje constante del cual no nos podemos desembarazar.
      Hay que crear nuestro propio tiempo político, pero para ello necesitamos muchísima paciencia. Es un proceso largo, lo importante es hacerlo bien. Creo que Santiago Alba Rico ha dado en el clavo cuando definió a este movimiento como “centros de alfabetización política”. Ahí está el desafío, creo.

  3. Carlos GV dice:

    Me suena a música celestial y creo, sinceramente, que ese es el camino.

  4. Emilio José Chaves dice:

    Escribo desde Colombia, perdónen que me meta, trabajo modelos de mate y también hay muchas crisis por aquí. Pregunto: Ven factible construir conciencia desde las experiencias internas de las jornadas del M15, donde tanta gente participa, comparte y pide cambio sin tener explicaciones completas (modelos) de la historia, causas y caminos de salida de la situación? Qué tal contrastar lo que se enseña en el hogar con lo que impone el sistema en materia de convivencia, comida, ocio, fiesta, bonanza, crisis, etc. O poner ejemplos sencillos sobre el manejo racionado del agua en tiempos de sequía, y conectarlo al tema del tiempo laboral escaso actual por el avance técnico, porqué no repartirlo de manera que tod@s trabajen menos horas, sin excluír a nadie, tal como en casa cuando hay que compartir o turnarse recursos limitados y a veces insuficientes. Hay un ejemplo clásico sobre producción de alfileres en Bertrand Russel “Elogio de la ociosidad”. O la otra, apelar a la sabiduría popular presente en el legado cultural: “Si te has de equivocar, Sancho, que sea del lado de la vida y la benevolencia”, frases que son modelos éticos para guiar el camino cuando debemos actuar sin contar con un buen modelo para cada caso. “Compartir es vivir” decía alguien muy lúcido por aquí. Poco sirve un buen modelo explicativo si no hay un buen modelo ético social. Este segundo no puede faltar nunca. El otro hay que trabajarlo, pero es más difícil de transmitir.

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