Economía Crítica y Crítica de la Economía

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Desarrollar la vía con la que el sindicalismo puede ayudar a articular una sociedad diferente

Autor: Endika Alabort Amundarain

Categoría: Alternativas, Sindicalismo

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Naiz

Muchas veces se ha dicho que el sindicalismo está en crisis, que frente a los cambios socioeconómicos de finales del siglo XX se ha quedado atrás, que ya no sirve. Esto no es más que un análisis miope de la situación, basta con observar sectores y empresas con alta sindicalización y comparar su situación en lo que respecta a las condiciones laborales frente a plantillas y sectores no sindicalizados.

La participación en la economía de las trabajadoras se hace en situación de desigualdad desde el primer momento ya que es el capital (la organización empresarial) la que tiene el poder de contratación: no podemos hablar del mercado de trabajo como si hablásemos de productos o servicios, ni de demanda ni de oferta sin tener en cuenta que el que dispone de los medios de producción es el que manda en esta relación. Ante este punto de partida, la primera herramienta de la que disponen las trabajadoras es la organización, la base sobre la que se fundamenta el sindicalismo; es esta herramienta la que puede ayudar a articular una sociedad diferente y estructurar la economía en torno a las necesidades de la mayoría, que es lo que son las trabajadoras, rompiendo la organización atomizada de las empresas que pretende segregarlas y enfrentarlas.

Aun así, hay que admitir que el modelo sindical (que no sindicalismo) es, muchas veces, incapaz de hacer frente a los constantes golpes del neoliberalismo, ya que el contexto actual de la lucha de clases es favorable al capital: una legislación abiertamente pro-empresa, un sistema político clientelar y dependiente en gran medida del poder económico (salvo excepciones), una cada vez mayor desmovilización y desorganización social, a la que no ha ayudado la relación entre sindicalismo y movimientos sociales.

Esta situación de debilitamiento sindical no solo se debe a cuestiones externas, sino que es también consecuencia de la propia acción sindical que deriva del modelo de sindicalismo, afectando a las estructuras de las que se dota. El modelo que actualmente está generalizado, la representación unitaria, concede un excesivo peso a la representatividad frente a la densidad sindical (implantación de los sindicatos), segregando los diferentes colectivos de trabajadoras en categorías profesionales. Esto podría ser útil en un contexto fordista de gran empresa, pleno empleo y donde miles de trabajadoras perteneciesen a una misma empresa. Sin embargo, el capitalismo ha evolucionado hacia un modelo donde las múltiples empresas, subcontratas y contratación precaria y temporal son la estructura dominante en el que este modelo demuestra sus límites.

El sindicalismo surgió en contextos mucho más hostiles como herramienta de autodefensa de trabajadoras en una situación bastante más precaria que la actual, con la que consiguieron mejoras que actualmente las empresas están poniendo constantemente en entredicho. Las organizaciones han de hacer el esfuerzo de transformar el modelo sindical ya que las representaciones unitarias conduce a que estas atiendan a los sujetos estables en la estructura empresarial, marginando doblemente a quienes ya sufren la precariedad más alta. Un ejemplo: en un mismo centro de trabajo, conviven diferentes empresas (una principal, diferentes subcontratas, personas contratadas vía ETT,…), con trabajadoras con cierta estabilidad laboral, y el resto, en precariedad. ¿Cómo puede actuar el sindicalismo? La vía unitaria plantea dificultades derivadas de la representatividad en una sola empresa ya que ¿cómo lograr que la parte más débil, la precaria, pueda defenderse, cuando está excluida del ámbito de actuación de esta? Pasa por romper el esquema de intervención sindical del modelo unitario, y buscar 1) implantación sindical más que la audiencia electoral, lo que facilita la implicación de las trabajadoras; 2) la respuesta a las problemáticas desde una perspectiva de centro de trabajo, y no solo de la empresa principal; 3) organizarse sindicalmente superando la lógica de la empresa, buscando la cohesión sindical sectorial vía centros de trabajo, dando cobertura a las capas más precarias de trabajadoras que pivotan de empresa en empresa, pero muchas de las veces trabajando en el mismo sector y hasta mismo centro de trabajo y 4) facilitar la incorporación de las precarias en la vida sindical y en las estructuras, dejando de ser un terreno dirigido a las personas con empleo estable, lo que facilitaría adoptar una visión en principio más amplia.

Desde esta perspectiva de trabajo se puede estructurar una defensa más amplia de los intereses de las trabajadoras, yendo a la mayoría, que cada vez es más precaria. Al ejemplo anterior, que engloba a la precariedad en su conjunto, podemos sumar a el de los autónomos “a la fuerza” o falsos autónomos. Esta relación empresa-trabajadora deriva de una debilidad extrema en la correlación de fuerzas de la parte laboral. Al mercantilizar la relación la empresa busca flexibilizar al máximo los costes laborales eliminando derechos básicos. Si entendemos el sindicalismo bajo los parámetros antes citados, la acción sindical debería buscar o la reinternalización de esas trabajadoras, o la creación de cooperativas entre esas trabajadoras autónomas.

Es aquí otro punto en el que el sindicalismo tiene mucho que ofrecer, más allá de defensa de derechos: la creación de alternativas económicas. Históricamente los sindicatos han creado cooperativas y la recuperación de empresas ha sido parte de su estrategia en los momentos de mayor fuerza sindical, además del control sindical de la contratación, como herramientas para hacer frente al desempleo y a las listas negras.

Esta es el reto, desarrollar la vía con la que el sindicalismo puede ayudar a articular una sociedad diferente, mejorando las condiciones de vida de las trabajadoras, pero sin perder el horizonte de quedarse en lo meramente reivindicativo: construir una alternativa en la que las trabajadoras sean las dueñas de su propio trabajo, siendo la recuperación de empresas y el cooperativismo una forma de estructurar esta vía.

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One Response

  1. JBZR dice:

    Oso ona EztaBAIda hau. Milesker Endika zure ekarpenagatik. Romper con la fragmentación, unidad de las clases trabajadoras, del Pueblo Trabajador, de las mayorías empobrecidas….

    Mencionas Endika cuestiones internas y externas. Pero vista la estructura básica de acción sindical parece que, en mayor medida incluso en Euskalerria, el sindicalismo incide en ambos planos. Según uno de los investigadores sindicales que, en mi opinión, mejor aborda estas cuestiones, Albert Recio, hay tres esferas que inciden sobre lo que sucede en las relaciones laborales :

    Macroeconómico : producción total por sectores, evolución de las ventas, estructuración del sector a escala local, nacional e internacional, políticas públicas, desde el euro hasta la negociación sectorial…

    Microeconómico : relativo a la empresa y la organización de la producción, el trabajo, el reparto de excedentes…

    Extra-sistémico : otras tendencias de los ciclos naturales de los recursos, tendencias demográficas, transformaciones socio-culturales…

    Esto se explica muy bien en el siguiente artículo del Recio

    http://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=245274

    A mi me parece, Endika, que a diferencia de lo que afirmas en tu artículo no existe una estructura dominante que englobe al conjunto de la fuerza salarial. Si que hay, a mi entender, una tendencia en auge hacía unas relaciones laborales cada vez más segmentadas dónde se puede plantear dos hipótesis contrapuestas. En primer lugar, desde principios de los 1980, se habla de un proceso de dualización, de fragmentación de la fuerza de trabajo en el léxico de los radicales americanos o de los sgemntacionistas ingleses, franceses o españoles, o de aparición de un efecto insider-outsider en el léxico (neo-)liberal. En esta última concepción los economistas vulgares vendrían a decir que los sindicatos se ocupan cada vez más de defender a los insiders (trabajadores estables con carrera profesional larga y ascendente) y dejar fuera a los outsiders. Muchas veces estas corriente argumentan con total hipocresía que las soluciones vienen por una “igualación a la baja” que mejore a los outsiders y que puede plasmarse en la ya conocida propuesta del Contrato Único de Trabajo.

    Frente a esta hipótesis de la dualización, la creciente desestabilización del sistema económico y el fuerte auge de la precariedad del trabajo, del empleo y de la acción colectiva (categorización de Paugam ampliada a tres dimensiones por Sophie Beroud y Paul Bouffartigue) nos permite ver una creciente generalización de la inestabilidad, la moderación o regresión de los salarios, aumento de las tasas de rotación y del riesgo de perder el empleo o de que la empresa dónde una persona trabaja vaya a la quiebra (se han destruido en torno a dos millones de empresas en España desde el 2008).

    Esto es lo que Daniel Albarracín llama “la precariedad como una mancha de aceite que se extiende hacía el conjunto de la fuerza laboral”. En las actuales economías salariales de servicios la composición del trabajo y su desenvolvimiento tanto productivo como organizativo esta cada vez menos anclada en la empresa y se extiende a lo largo de “distritos sociales” de valorización productiva. Este terreno aún poco entendido por sindicatos y analistas plantea, así mismo, una nueva área (productiva y reproductiva a la vez) de auto-organización de la clase trabajadora más allá de los centros de trabajo

    http://daniloalba.blogspot.com.es/2009/07/de-la-precariedad-de-los-segmentos.html

    En el enlace anterior Dani profundiza en esta hipótesis, además de recomendar la extensa producción de este economista sobre empleo, relaciones laborales, precariedad y demás cuestiones socioeconómicas.

    Más allá del Centro de trabajo

    De esta nueva composición del trabajo, de las relaciones empresariales y salariales cambiantes, y de las implicaciones que estos procesos tienen en la organización y la lucha de la clase trabajadora nos hablaba el otro día la investigadora alpina Sophie Beroud, en las jornadas de IparHegoa Sindikalismoa (Bir)pentzatzen. Aqui enlazo la entrevista que le hicieron en Gara:

    http://www.naiz.eus/es/hemeroteca/gara/editions/gara_2015-03-06-06-00/hemeroteca_articles/ha-habido-un-desfase-entre-la-precarizacion-y-la-reaccion-de-los-sindicatos

    Su ponencia fue sobre nuevo proletariado, término que ella utiliza en lugar del tan a la moda “precariado”. Este último es altamente confuso porque pretende crear una categoría de clase en torno a un estado laboral de permanente transición e intermitencia de rentas y estatus, siendo útil, en el mejor de los casos, para mostrar más la vía de salida que la de la permanencia y organización en torno al ámbito del trabajo asalariado. La intervención de Sophie sobre la renovación sindical desde sectores de trabajo precarios fue rica en propuestas, dónde cabe destacar aquí dos cuestiones, la primera de las cuáles se expone también en el artículo de Endika:

    En primer lugar, se refería a una cuestión que ya se está experimentando en el sindicalimo de Euskalerria, en lo referente a la constitución de entidades organizativas del centro de trabajo que conjuguen a diferentes categorías socioprofesionales o gremiales, de diferentes empresas y que sea capaz de conectar a trabajadoras de la empresa matriz con las plantillas, siempre más precarizadas, de sus empresas proveedoras auxiliares, así cómo también con la plantilla de empresas proveedoras in situ de servicios externalizados dentro de cada una de ellas.

    Más allá de esta ampliación del núcleo clásico del sindicato en torno a una misma empresa, Sophie abordó también de la práctica del sindicalismo territorial que ella misma esta asesorando en las secciones regionales de la CGT en los Alpes (Lyon, Grenoble y las cuencas industriales cercanas a estos dos ciudades). En un contexto dónde la rotación entre empresas y la intermitencia entre periodos de empleo y de paro es cada vez más frecuente para amplios sectores de la clase trabajadora, se trataría de experimentar con la Organización Multi-Profesional local o comarcal. Se trataría para ello de crear secciones locales abiertas a toda persona, sea asalariada, auto-empleada, parada o incluso pequeña empresaria atacada por el proceso de oligopolización y acaparamiento de la producción y las ventas por parte de grandes corporaciones transnacionales. En este tipo de dinámicas sería central el apoyo que provee la socialización antagonista de las trabajadoras, el apoyo de sus comunidades de pertenencia, sus vecinas (auzoa), los pueblos (erria) que apoyan y se movilizan con las plantillas en lucha.

    Un artículo de Sophie en los Cuadernos de Relaciones Laborales muestra su diágnostico para el caso francés

    http://revistas.ucm.es/index.php/CRLA/article/view/43226

    Algunos de estos ejemplos de luchas desde el trabajo precario en diversos sectores y situaciones se recogen en el punto 4 de este artículo

    http://www.encrucijadas.org/index.php/ojs/article/view/114

    Y bueno, de lo que comentais, sobre la incorporación de las personas precarias a la vida sindical. No por decirlo se acabará haciendo realidad! Por ejemplo, Sophie comentaba en las jornadas de IparHegoa que hay algunos casos en los que la cooptación sindical clásica puede ser contraproducente, por favorecer la entrada al sindicato de una o varias personas separándoles de su colectivo laboral de pertenencia no sindicalizado. Ella propone priorizar la organización sin afiliación y la acción apoyada por los sindicatos (mejor varios que uno sólo), generando colectivos que en su auto-organización pueden optar por afiliarse en bloque si consideran que una estructura sindical (de empresa, de rama de actividad o, mejor, de centro o incluso multi-profesional) les provee de la protección y los recursos que necesitan. En este caso la sindicalización se convierte en un efecto o consecuencia de la organización y la lucha, en vez de ser una puerta de entrada o, como tantas veces, también en Euskalerria, un fin en si mismo.

    Sin duda de todo esto podremos concretar en la jornada del sábado 25 de abril que dará continuidad al ciclo de IparHegoa y dónde una mesa tratará de recoger a todos estos colectivos subordinados al modelo sindical (aún) mayoritario

    http://iparhegoa.org/birpentsatzen/egitaraua-programa/apirilak-25-abril/

    Por acabar, un último punto sobre los trabajadores autónomos. Dejando para otro día la tan necesaria crítica radical al timo del emprendimiento (se insta a ser empresarios a personas paradas sin capital que invertir), me parece que abordar la cuestión de los autónomos e incluso de las PyMes (acosadas por la fuerte competencia oligopólica dónde las transnacionales llevan todas las de ganar) es importante pero con cuidado. Es necesario un diagnóstico riguroso por sectores. De entrada en Gipuzkoa, la inclusión de autónomos y pequeños empresarios en las pautas de organización y movilización sindical sería más urgente en aquellos sectores en los que se observa una parte importante y creciente de la fuerza laboral en este estatus laboral. Por apuntar los más importantes, estos serían los Servicios auxiliares (13.600 personas trabajadoras en total en 2012, 10% no asalariadas) el Comercio (43.000 personas, 20% no asalariada) la Hostelería (18.250, 21% no asalariada), la Consultoría y actividades técnicas (11.000 personas, 23% no asalariada), el Transporte y almacenamiento 13.100 personas, 28% no asalariada) y la Construcción (43.000 personas ocupadas en 2012, 31% no asalariada). Las experiencias sindicales en estas ramas existen, tal vez estén poco visivilizadas y por apuntar una “buena práctica”, cabría destacar la lucha (por ahora victoriosa) del comercio en Bizkaia, dónde trabajadoras, sindicatos de uno y otro signo, asociaciones de empresarios, organizaciones de consumidores y hasta iglesias se han unido para impedir la apertura en domingos y festivos.

    Aún así, y esto es lo que quería remarcar, la fuerza laboral total – sea asalariada, auto-empleada (autónoma) o empleadora (dados de alta en la empresa, no meros socios capitalistas o rentistas) – es cada vez en mayor parte asalariada. Es decir, las personas empleadas por un salario son cada vez más respecto del total de ocupadas (en el caso de Gipuzkoa pasa del 83% en 1995 a 87% en 2007, permaneciendo estable esta proporción por lo menos hasta el 2012). Es decir, a pesar de todo el cuento del emprendimiento, el cierre de empresas unipersonales, PyMes y demás modalidades de trabajo autónomo o asociado es una realidad y el volumen de ocupados en este ámbito recula respecto a la fuerza laboral asalariada, siendo por tanto en este marco contractual en el que, salvando como hemos visto algunas ramas de actividad, debe desenvolverse y renovarse la acción sindical y, sobre todo, la auto-organización de las personas trabajadoras.

    Beno ba, aski da gaurkorako. Agian beste egunean gehiago. Aio.

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