Economía Crítica y Crítica de la Economía

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Libro: “ECONOMÍA PARA HEREJES: DESNUDANDO LOS MITOS DE LA ECONOMÍA ORTODOXA”

Autor: Dante A. Urbina

Categoría: Alternativas, Fundamentos

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ECONOMÍA EN CRISIS Y TEORÍA ECONÓMICA EN CRISIS: LA NECESIDAD DE UNA ALTERNATIVA

Crisis de la economía, crisis de la teoría económica: ese es el contexto en el que vivimos. Nadie sabe con certeza si podremos salir airosos de la presente crisis económica mundial o exactamente cómo o cuándo lo haremos. Incluso es posible que se esté “solucionando” la crisis originada por la burbuja financiera privada generando una nueva burbuja de endeudamiento de los Estados por introducción masiva de dinero ficticio para los rescates bancarios. Sea lo que fuere, una de las cosas que sí ha dejado en claro la crisis es que no podemos seguir sin más con el mismo esquema de teoría económica.

¿Pero cuál es este esquema? Sucede que en economía hay un enfoque que es claramente el dominante: la teoría neoclásica. Este enfoque, que supuestamente “renueva” a los economistas clásicos, prácticamente monopoliza la enseñanza de lo que restrictivamente se ha llamado “teoría económica” en casi todas las facultades de economía del mundo. Se puede hablar de otros enfoques, claro está, en cursos “sin importancia” como los de “Historia del Pensamiento Económico”, “Historia Económica” o “Sociología Económica”; pero los cursos de teoría económica “pura y dura” (Macroeconomía y Microeconomía) tienen que centrarse y basarse casi exclusivamente en el esquema convencional.

No es que los otros enfoques no hayan desarrollado análisis y teorías consistentes en el mismo campo de la macroeconomía y la microeconomía, lo que sucede es que todo ello tiende a ser minimizado o ignorado como “periférico” (curiosamente, la misma actitud que tienen los países “desarrollados” respecto de los subdesarrollados) o, en todo caso, si se le incorpora a la enseñanza, tiene que ser ciñéndolo al corsé del esquema epistemológico dominante. Qué mejor ejemplo de esto que el caso de la bastante amplia y compleja teoría keynesiana que se enseña casi exclusivamente en términos de la formulación de síntesis neoclásica-keynesiana, es decir, solo después de haberla pasado por el “filtro” de aquello que es consistente con la teoría dominante. Así, la mayor parte del tiempo, el estudiante estará adquiriendo su comprensión de la economía en base a ideas tales como el mercado competitivo, el consumidor racional, el modelo oferta y demanda, la función de producción, el equilibrio general, la eficiencia de los mercados, el libre comercio, las expectativas racionales, el crecimiento económico como objetivo primordial, etc.

Tal vez con esto se pueda pensar que la materia aquí tratada tiene únicamente un interés “teórico” sin mayor relevancia en el mundo “práctico”. Nada más falso. La economía es un campo donde las “buenas” o “malas” teorías pueden tener efectos muy grandes en la realidad, y que van desde los más maravillosos hasta los más devastadores. Si un médico tiene una mala teoría y la aplica, puede terminar matando a una persona; si un economista tiene una mala teoría y la aplica, puede terminar matando a miles de personas. Curiosamente, mientras el médico va a la cárcel por negligencia, el economista que mejor sabe aplicar políticas salvajes puede obtener un buen puesto en el FMI, el Banco Mundial, el comité de asesores económicos de una nación “desarrollada” o alguna poderosa multinacional. Lo importante es que el salvajismo se aplique de modo muy calculado e inteligente y en consonancia con los intereses de aquellos que detentan el poder económico; o sea, algo así como un “sicariato económico”. Ejemplos al respecto pueden verse claramente en la aplicación de las políticas neoliberales del llamado Consenso de Washington en los países pobres de África y Latinoamérica.

Pero no se requiere necesariamente ser alguien malo para causar estos efectos negativos. Precisamente allí reside el gran veneno de una mala teoría: que puede hacer que hombres buenos hagan el mal o pierdan la oportunidad de hacer el bien. Así pues, esos estudiantes que reciben una formación unilateral en teoría económica salen al mundo real y se convierten en empresarios, ministros, asesores e incluso presidentes. Y pueden estar aplicando, aun con buena intención, políticas económicas erradas que generarán efectos negativos sobre la sociedad, la cultura, la institucionalidad y/o el medio ambiente. Pero al economista convencional le será difícil percibir todo ello en su verdadera dimensión pues se le ha enseñado reiteradamente en la universidad que todas esas son variables importantes pero, al fin y al cabo, son variables “exógenas” para el economista, es decir, que caen fuera de su ámbito de estudio. El ocuparse de esos problemas, por tanto, es principalmente labor de políticos, psicólogos, sociólogos y ecologistas. Incluso este mismo economista puede quejarse de todos estos problemas al leer el periódico en su casa los domingos, pero en su horario laboral de lunes a viernes no los tendrá como centro de preocupación ya que “se tratan de aspectos exógenos”.

Y no solo eso. Una teoría económica deficiente puede dejar muy mal parado al economista cuando los fenómenos de la realidad se le imponen. Eso ya es casi algo clásico en la historia del capitalismo contemporáneo: luego de épocas de optimismo sobre la prosperidad de la economía y la “solidez” de la teoría económica, vienen las grandes crisis y dejan a los economistas perplejos. Eso se ha visto en la Gran Depresión de 1929, la crisis del petróleo de 1973 y nuestra actual “Gran Recesión” a partir de la crisis financiera del 2008. Al respecto, un economista tan reconocido como Paul Krugman (Premio Nobel 2008) escribió, en septiembre del 2009, en su columna del New York Times un artículo titulado “How did economists get it so wrong?” (“¿Cómo los economistas pudieron equivocarse tanto?”) planteando que gran parte del fracaso epistemológico de los economistas frente a la crisis se debe a que prefirieron “la belleza a la verdad”, es decir, se complacieron demasiado con la “consistencia matemática” de sus teorías y se olvidaron de la dura y compleja realidad. Y en gran parte es así como funciona el esquema teórico de la economía neoclásica: construyendo mitos matemáticamente adornados que funcionan como puentes entre la evidencia contraria innegable y la fe que se quiere preservar. El problema es que esos mitos teóricos crean monstruos reales.

¿Qué es lo que se requiere, entonces? Herejía. Necesitamos cuestionar fuertemente esa “ortodoxia” del pensamiento económico, aquello que John Kenneth Galbraith denominara “la sabiduría convencional”. Un hereje es aquel que no cree en la ortodoxia. Pues bien, este es un libro hereje, hereje respecto de esa teoría económica que incluye muchas mentiras y falacias envueltas en lenguaje aparentemente científico. Esta teoría ortodoxa, la neoclásica, se ha proclamado “el rey” de los paradigmas de la economía y va muy campante por las aulas universitarias. Pero alguien tiene que decirle al “rey” que está desnudo, alguien tiene que desnudar los mitos de la teoría económica ortodoxa.

Ahora, cuando alguien quiere decir que “el rey está desnudo”, no va a decírselo a los asesores o cortesanos del rey, ir ahí en primer lugar sería tonto. Más bien va a decírselo al pueblo. El prestigio y hasta la vida de los cortesanos dependen de su obediencia y reverencia al rey: si éste está desnudo, ellos le seguirán diciendo que lleva un traje hermoso. Por tanto, son las personas menos dispuestas a analizar objetivamente cuestiones vergonzosas sobre el rey. El pueblo, en cambio, está más abierto a escuchar y, lo que es más importante, es el que necesita escuchar. En consecuencia, este libro no está dirigido primariamente a académicos ortodoxos ultra-especializados sino a todo aquel hombre culto y socialmente comprometido que pueda interesarse por esta relevante cuestión. Asimismo, el libro también puede ser de mucho interés y utilidad para todos aquellos profesionales o estudiantes de Economía y afines que tengan “dudas de fe” o estén dispuestos a cuestionar racionalmente la “fe” que profesan y/o les ha sido inculcada.

Lo anterior, evidentemente, tiene implicancias para la forma de redacción del libro. Se busca realizar una crítica seria pero, a la vez, que no sea academicista ni ultra-especializada. Y es que este libro busca ser fructífero y en el academicismo y la ultra-especialización hay, en realidad, mucha esterilidad siendo que, con un lenguaje esotérico que jamás entendería el hombre de a pie, comienza uno a sumergirse en un tipo de estudio en que empieza a saber cada vez más y más de cada vez menos y menos, hasta que termina por saberlo casi todo de casi nada. Este libro más bien busca tener un carácter general sobre la crítica a la economía ortodoxa y los tópicos de la heterodoxa. Obviamente los economistas ortodoxos aprovecharán ello para criticar diversas partes de la obra diciendo que no tiene suficiente profundidad (léase “extensión”) académica y que de tal o cual teoría no se ha analizado tal o cual sofisticación que fue publicada en tal o cual paper. Es un precio que vale la pena pagar para que el libro pueda llegar a más personas por cuanto es muy relevante la cuestión que trata. El hacer un tratado academicista, aparte de que debería tener más de dos mil páginas para representar un abordaje medianamente “satisfactorio” de acuerdo con los estándares de los “papers científicos”, devendría en que el libro sea leído, con suerte y optimistamente, por poco más de una decena de personas.

Sin embargo, el que no sea “ultra-especializado” no implica que el libro no tenga la suficiente rigurosidad académica. Aunque el lenguaje pueda ser bastante sarcástico y hasta divertido, se ha buscado realizar un abordaje pertinente a nivel epistemológico y se cita abundante literatura académica de libros y artículos especializados. Por tanto, quien quiera profundizar más en algún tópico puede buscar las referencias señaladas al respecto y leer esas fuentes.

De otro lado, es posible también que se critique al libro por ser “demasiado radical”. En cuanto a ello, cabrían tres respuestas. En primer lugar, agradecer el cumplido: radical significa, en términos rigurosos, “que va a la raíz” y precisamente aquí queremos llegar al fondo de los equívocos de la economía ortodoxa. En segundo lugar, si se quiere utilizar la palabra en el sentido de “extremista” hay que decir que en cierto modo también resulta necesario que haya tal tipo de ideas pues en el contexto actual se requiere de un cambio y las ideas “tibias” no tienden consistentemente a ello sino que, por lo general, son simplemente “absorbidas” y fácilmente neutralizadas por el esquema dominante.

Finalmente, hay que decir que si se es radical no es solo culpa de uno sino que también la teoría económica ortodoxa tiene su “partecita de culpa”. Y es que, siendo ésta la teoría establecida, todo aquel que la cuestione parecerá un tanto presuntuoso y hasta agresivo. Igualmente, un hombre que se apoye en una puerta vieja y en malas condiciones y la tumbe podría por ello obtener fama de violento. No obstante, al mal estado de la puerta también le correspondería su parte de culpa.

Pero más allá de lo anterior, todavía habrá quienes se indignen de que se haya derribado una puerta tan “digna” y “antigua”. “¿Quién eres tú para refutar doscientos años de teoría económica?”, se dirá. Bueno, a decir verdad, doscientos años no es mucho. La economía se trata de una “ciencia” todavía “en pañales” y en proceso evolutivo. De hecho, ha habido en física ideas de mayor antigüedad y prestigio que también han sido puestas seriamente en cuestión. La actitud emocional de querer conservar el “capital intelectual” en que fuimos formados, cuestionando, frente a críticas consistentes, a la persona que las hace (falacia ad hominem) y no a las críticas mismas, deja pocas posibilidades para un genuino (y necesario) avance del conocimiento.

En todo caso, se trata de una lucha. Y allí un “hereje” necesita un gran corazón sostenido en la confianza de que la razón está de su parte y de que obtendrá la recompensa en la “otra vida”. Y la recompensa en la “otra vida” de este libro será que pueda haber una teoría económica auténticamente más abierta a otros paradigmas, que interactúe más con otras disciplinas sociales y que tenga un marco filosófico más sólido. Ese día, la teoría económica podrá hacer cosas mayores y mejores por el mundo. Y, si hay una lucha que al final de cuentas es la que importa, es la lucha por un mundo mejor. Comencemos, pues, nuestra contribución intelectual a esta lucha.

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5 Responses

  1. Anónimo dice:

    GRACIAS ECCE por la referencia a la publicación del libro que, apenas la vimos, lo hemos comprado y leído ávidamente en grupo (la estábamos esperando) por lo cual podemos decir que confirma con creces nuestras expectativas. Definitivamente, Dante, no solo aclara (los expresa mejor y más sustentadamente) asuntos que los progresistas ya conocíamos y/o intuíamos sino que, con un exquisito orden lógico, aborda y conglomera “asuntos conexos” que resultan capitales para una nueva visión de la economía y por lo cual, con las correspondientes disculpas por la “infidencia” y por ser muy significativo, exponemos el acápite final del epílogo cual es:
    “Y es que otro mundo no solo es posible sino también necesario, pues el modelo económico imperante que tenemos no es ecológicamente sostenible ni socialmente viable ni moralmente aceptable. De hecho, el carácter excluyente del mismo está deviniendo en creciente violencia social todavía pasiva y manejable en los países desarrollados (piénsese en movimientos como “indignados”, “anonymous”, “Ocuppy Wall Street” o “99% contra 1%”) pero activa y ya desbordada en los relegados y desposeídos países subdesarrollados (la cada vez mayor delincuencia en sus estratos sociales bajos y aun medios que, sofisticando sus formas de extorsión y sicariato, está afectando inclusive a los líderes pro-ortodoxia). Los gobiernos y en especial los empresarios (son quienes en realidad vienen sustentando el poder) deberían reflexionar profundamente sobre esto. Y es que en nuestra difícil situación civilizacional actual, construir un mundo más justo, equitativo y sustentable ya no se trata de un mero “sueño idealista”: es la única alternativa realista.

  2. pobregente dice:

    El libro es excepcional (ya lo hemos adquirido). Como nunca antes había sucedido (el promocionado Picketty quedó atrás), Dante ha sabido reunir, interpretar, abundar y aun contribuir en todos los elementos que “andaban sueltos por allí” para demostrar ROTUNDAMENTE que el sistema económico imperante es insubsistente y que solo sigue “funcionando” porque, con la complicidad egoísta de “académicos” y ante nuestra ignorante indiferencia, así lo impone EL PODER (léase las grandes empresas y los gobiernos que por temor o comodidad las sirven) a través de instituciones ad-hoc (Bancos y Programas de “ayuda” y/o “rescate”), para seguir “llevando agua a su molino”. Es una obra de largo aliento a la que hay que debemos dar el máximo apoyo.

  3. june dice:

    la teoria es la teoria y practica a la realidad es otra…

  4. Dante A. Urbina dice:

    Precisamente para evitar ese excesivo alejamiento de la realidad, como sucede con la teoría económica ortodoxa, es que requerimos un serio cuestionamiento de la misma…

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