Economía Crítica y Crítica de la Economía

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La hipocresía del FMI y el Banco Mundial

Autor: Iolanda Fresnillo

Categoría: Organismos internacionales

Etiquetas:

Diagonal Periódico

El Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional, a pesar de la decreciente atención que reciben en nuestro país (lamentablemente tanto de los medios como de ONG y movimientos sociales) siguen siendo dos de las instituciones más poderosas del planeta. Dos temas han destacado entre los acuerdos de las reuniones: la nueva estrategia del Banco Mundial sobre gobernanza y anti corrupción, y la pseudo-reformaen el reparto de votos del FMI. En ambos temas, la hipocresía ha sido la protagonista.

Desde que hace año y medio Paul Wolfovitz asumiera la presidencia del BM, la lucha contra la corrupción se ha convertido en su obsesión. En el último año el BM ha suspendido más de mil millones de dólares en varios proyectos en África y Asia por denuncias de corrupción. Sin embargo, el BM parece responsabilizar tan sólo a los gobiernos del Sur, exculpando totalmente a las empresas transnacionales del fomento de la corrupción. Hace tan sólo unas semanas se supo que el BM había ofrecido amnistía y confidencialidad a todas aquellas empresas que admitiesen haber estado implicadas en casos de corrupción (el BM no puede contratar a aquellas empresas que sean halladas culpables de corrupción), ¿quizá las intenten salvar de la lista negra? Por otro lado, el BM y el FMI no han tenido problemas en financiar regímenes corruptos como el de Mobutu en Zaire, Pinochet en Chile, Suharto en Indonesia o Marcos en Filipinas… ¿qué hay de asumir los propios errores? En cuanto a la reforma de votos del FMI, Rodrigo Rato, director gerente del Fondo, la ha vendido como un gran paso hacia una mayor democratización de la institución.

Nada más lejos de la realidad. La reforma adoptada simplemente da más poder a cuatro países (China, México, Turquía y Corea del Sur) y prevé que antes de fin de 2008 se doblen los votos básicos de todos los países y se busque una nueva fórmula para calcular el reparto de poder en el FMI. El resultado es que, en caso de que se lleguen a implementar las tres medidas, los países ricos verán reducido su poder, pasando del 60% al 59% de los votos, mientras que todos los países africanos juntos pueden llegar a pasar del ínfimo 0,5% de votos actuales a un 6,5% en un futuro. Es evidente que la reforma no supone cambio alguno en la enorme desigualdad de reparto de poder del FMI.

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