Economía Crítica y Crítica de la Economía

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El déficit es una cuestión de gastos e ingresos

Autor: Alejandro Quesada Solana

Categoría: Mundial

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En este articulo se pretende hacer constatar la paradoja entre el bajo gasto e ingreso en términos del PIB de España respecto de la media de la UE y como, sin embargo, el déficit es más elevado que la media europea. Además se hace hincapié en la necesidad de aumentar el gasto y el ingreso, rechazando las políticas de “austeridad” del gobierno español.

Existen tres términos que últimamente están muy en boca de todos los articulistas y opinadores profesionales. Esos términos son déficit, deuda y gasto. En el contexto de la crisis, no es difícil leer una frase en cualquier medio de comunicación convencional que, haciéndose eco de algún prestigioso economista -que probablemente trabaje para el sector privado- contenga estas tres palabras. De hecho, y sin esforzarse mucho, uno mismo puede construir una oración que tenga sentido gramatical e incluya esas tres palabras de forma muy similar a como lo haría el elogiado economista. “La deuda española es elevada y seguirá siéndolo mientras se mantenga el déficit español, por eso mismo es necesario reducir el gasto”.

Después de frases como esa, cualquier reputado economista puede volver a su laboratorio particular con la conciencia tranquila y con un poco más de prestigio y reputación. Porque las cosas, cuando no tienen ningún sentido pero vienen avaladas por algún “experto”, de pronto se tornan en sentencias únicas y verdaderas contra las que cualquier recurso a otra instancia es una completa pérdida de tiempo. Por eso se está convirtiendo en costumbre soltar un perdigonazo y firmarlo con el nombre de “Economista”. Muchos son los ejemplos que a lo largo de la historia nos han enseñado a desobedecer (o al menos, cuestionar) los consejos de los economistas, sin embargo aún hoy les conferimos un don místico y proverbial. Los economistas, pensamos ilusos de nosotros, no se equivocan; y aún lo que es más terrible, los economistas solo quieren nuestro bien y por ello trabajan.

Desconfíen, a partir de leer esto, de cualquier economista que en nombre de la reducción del déficit proponga la reducción del gasto como única opción. Pero para justificarme, y para evitar que cualquier imprudente asocie -como el economista convencional haría- déficit y deuda con gasto, creo que es necesario distinguir esos tres conceptos, aunque sea de forma muy superficial para evitar errores y malinterpretaciones.

El déficit es aquella situación en la que los gastos superan a los ingresos. En otras palabras, si yo necesito tomar tres manzanas (gasto) y solo poseo dos (ingreso), tengo un déficit de una manzana. Y si para reponerme de ese déficit, pido prestada una manzana a un amigo, acabo de recurrir a deuda por el valor de una manzana. Por lo tanto, para reducir la deuda, es necesario en primer lugar no tener déficit y, muy especialmente, que los ingresos superen a los gastos. Una vez hecha esta pequeña aclaración, centrémonos en el caso español y en el estudio de su déficit.

Según el Eurostat, España en 2009 tuvo un déficit del 11,2% con respecto del PIB, mientras que la media europea de los 15 se situaba en un déficit del 6,8% con respecto del PIB. El gasto público español se situó, en ese mismo periodo, en un 45,9% del PIB. Sin embargo, la misma media europea de los 15 poseía un gasto público, en porcentajes respecto del PIB, de 51,2%. Es decir, que España, gastando menos que los países cercanos a nuestro nivel de vida, tiene un mayor déficit. Pero incluso si tomamos como referencia al conjunto de los 27 países de la Unión Europea seguimos en las mismas condiciones, ya que su gasto se sitúa en el 50,7% y su déficit publico en el mismo 6,8%.

Es decir, que si España fuese al menos como la media de los países de la UE, deberíamos no solo no reducir el gasto público, sino incrementarlo en cinco puntos porcentuales. Es decir, deberíamos tener, siendo un poco generosos con la eficiencia y la eficacia, mejores servicios sanitarios, educativos, de infraestructuras, etc.

Pero como cualquier persona poco impresionable habrá podido deducir, aumentar gasto es contrario a reducir déficit y, por ende, deuda. Es lógico que las personas que saben poco o nada de economía se puedan hacer esta pregunta -aunque de buen seguro son los menos propensos a hacérsela, puesto que generalmente son personas astutas e intuitivas-, sin embargo lo que no es lógico es que un reputado economista acepte ese axioma sin cuestionárselo e incluso vaya por ahí divulgándolo en radios y periódicos de tirada nacional.

Es cierto que un mayor gasto implica un mayor déficit, pero eso será así siempre que la parte de ingresos se mantenga constante. A nadie puede -o debe- escapársele, que aunque yo no disponga de más manzanas, puedo plantarlas; es decir, pueda incrementar el ingreso.

Así, el mismo Eurostat pone de relieve que el ingreso en España es de un 34,7% del PIB. [Obsérvese que si al ingreso -34,7- le restamos el gasto -45,9- el déficit, del 11,2, cuadra perfectamente]. Bien, pues lógicamente, si el déficit europeo es menor que el español pero su gasto es mayor, es consecuencia directa de la diferencia entre los ingresos de España respecto de la media europea. De este modo, los ingresos medios de la UE-27, son del 43,9%. ¡Más de 9 puntos porcentuales respecto del ingreso español! Sin embargo, y a pesar de estos datos, el gobierno español sigue instalado en la política neoliberal de reducción de gasto, de desaparición progresiva del Estado en la economía.

Sin embargo, de acuerdo con sus declaraciones electorales, es difícil aceptar que el gobierno español opte por la reducción del gasto; por ello, parece necesario exponer los posibles motivos que el gobierno ha barajado para no optar por el incremento del ingreso. Las razones más poderosas para optar por la vía de reducción del gasto son la elevada presión fiscal o el “sobrepeso” del Estado en la economía, y es probable que ambas estén condicionando el giro político y económico del gobierno español. Para comprobar si esto es así, examinemos ambas cuestiones.

Si asumimos que el gasto se puede dividir en dos (público y privado) y usar este para valorar la importancia de cada sector en la economía, tenemos que el sector público supone un 45,9% del PIB, mientras que el sector privado es un 54,1%. Es decir, que obviamente no existen razones de peso como para señalar que el Estado tenga un peso excesivo en la economía, sino más bien al contrario, quizá deberíamos cuestionarnos aumentarlo. Ante esto, nos encontramos con que uno de los argumentos ha caído, pero quizá el otro -el de la presión fiscal- pueda ser rescatado en beneficio del gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero.

Según el Eurostat, y con los últimos datos disponibles (de 2008), la presión fiscal en España es del 33,9%, mientras que la media de los países de la UE, es del 40,5%. Es decir, que aun -y si tomamos como referencia ser un país medio, cuestión que no debe enorgullecer a aquellos que se felicitan por asistir a reuniones del G-20- queda la posibilidad de aumentar la presión fiscal algo más de 6 puntos porcentuales, o lo que es lo mismo, nutrir con mayores ingresos al Estado. ¡Y sin embargo se congelan pensiones y se reducen salarios de trabajadores públicos!

De este modo, y haciendo un resumen y concretando, hemos visto como nuestro déficit está muy por encima de la media europea pero que, sin embargo, tanto los ingresos como los gastos están muy por debajo. Esta extraña paradoja debe hacernos reflexionar sobre la necesidad de aumentar nuestros ingresos no solo para reducir el déficit, sino a la vez, para poder incrementar el gasto y llegar -al menos- a los niveles medios de la UE.

Esa necesidad de aumentar el gasto es la típica receta keynesiana que se supone que todo político socialdemócrata debería intentar seguir con el objetivo de aumentar la demanda agregada y hacer repuntar el PIB. Sin embargo, enfocar el asunto simplemente como una receta “a corto”, y no como una necesidad estructural de mejorar nuestras instalaciones educativas, sanitarias, de investigación, etc… supone rechazar todo el trasfondo de la disertación anterior y quedarse con una posible solución para una “salida de la crisis”.

Sin embargo, este artículo quiere ir más allá. No es que consideremos que España necesita aumentar el gasto para salir de la crisis, sino muy al contrario, lo necesita para evitar nuevas crisis y para lo que es más importante, mejorar el bienestar general de su sociedad. Porque las diferencias respecto de la media europea en gastos e ingresos no es una cuestión coyuntural que se deba a la crisis, donde otros países han decidido gastar más. De hecho, si tenemos en cuenta los datos desde el año 2000 hasta la actualidad, el gasto medio de la UE27 fue del 46,8% y el ingreso del 44,5%; mientras que en España el gasto y el ingreso fue de un 39,7% y del 38,4% respectivamente. Es decir, que llevamos acumulando una media de seis puntos porcentuales tanto por la parte del ingreso como del gasto desde el año 2000, con lo que queda claro que las diferencias no son debidas a diferentes formas de afrontar la crisis, sino que el empobrecimiento del Estado respecto de otros países es una constante en la forma de hacer política económica en España, tanto por parte de gobiernos conservadores como progresistas.

Por ello, parece claro que cualquier intento por convencernos de que el país necesita recortes o padecimientos es tan solo una artimaña aplaudida por diversos economistas muy bien pagados para desarticular aun más el poder del Estado y, en consecuencia, el poder de todos los ciudadanos.

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