Economía Crítica y Crítica de la Economía

Icon

Características y mecanismo de funcionamiento del rentismo

Autor: Alejandra Machín

Categoría: Mundial

Etiquetas:

Aunque “rentismo” es un término que podría aplicarse a otros casos, los países que reciben rentas de los hidrocarburos tienden a asimilarse en esta categoría[1], ya que son los países en los que se dan de manera más clara y exagerada las características e implicaciones del rentismo[2]. Es por esto que los países exportadores de hidrocarburos son a los que más atención se les ha prestado en la literatura especializada.

Antecedentes

El término “rentismo” comienza a estudiarse con intensidad en los círculos académicos a partir de dos hechos históricos concretos: la “Declaración sobre Política Petrolífera de los Países Miembros” de la OPEP[3] en 1968 y el fuerte aumento de los precios del petróleo en los años 70 (Beblawi y Luciani, 1987).

Estos dos hechos son un hito en la formulación de la definición de rentismo, aunque en un ámbito como es el de la historia económica, previamente se pueden encontrar trabajos que definen algo similar a este fenómeno al describir  el rentismo de la España Imperial en la edad moderna (Karl, 1997).  En la era contemporánea,  fue en la declaración de 1968 donde los países miembros de la OPEP manifestaron abiertamente su intención de retener el máximo posible de las rentas derivadas de la venta del producto de su subsuelo (limitando los beneficios de los colaboradores extranjeros a los estrictamente necesarios “to take entrepreneurial risks”[4]).  Por otro lado, fue tras la debacle económica que sufrieron los países exportadores de petróleo en los años 80, al verse diluido el contexto de precios del crudo altos,  que la comunidad académica internacional empezó a formular los cimientos del concepto de Estado distribuidor y de economía rentista.

El principal precursor del término fue H. Mahdavi en 1970. En años posteriores muchos otros académicos se interesaron por las características, implicaciones y mecanismo de funcionamiento de los países rentistas y aportaron sus impresiones tal y como trataré de explicar a continuación.

Concepto de rentismo

Erróneamente se tiende a identificar el rentismo como una característica exclusiva de la economía de un país, relacionada con como afectan las rentas externas a los indicadores macroeconómicos y la estructura sectorial. Sin embargo, el concepto de rentismo queda incompleto si no se tiene también en cuenta su dimensión política ya que se ignora el cómo se gestionan y distribuyen las rentas dentro del país, obviando los mecanismos mediante los cuales el rentismo se perpetúa a lo largo del tiempo.  Por lo tanto, para realizar un análisis completo de la definición de rentismo hay que tener en cuenta ambas dimensiones (Mañé y Cámara, 2004).

Beblawi (1987) propone como definición de rentismo la siguiente: Un país rentista es aquel cuya economía se apoya en rentas externas sustanciales que son generadas únicamente por una parte minoritaria de la sociedad y cuyo principal receptor y distribuidor es el gobierno de ese país.

Esta definición presenta los principales rasgos del rentismo y muestra adecuadamente tanto su dimensión económica como política. A través de la definición de Beblawi (1987) voy a presentar las aportaciones de académicos posteriores a las características e implicaciones del rentismo:

“Un país rentista es aquel cuya economía se apoya en rentas externas sustanciales…

Con esta afirmación, Beblawi ponía el énfasis en lo que también Mahdavi (1970) pensaba que era la principal característica de los países petrolero-rentistas: los ingresos provenientes de las rentas de los hidrocarburos son independientes del esfuerzo productivo y tienen su origen (adquieren su valor) en el proceso de compra-venta de los productos hidrocarburíferos en el mercado internacional: “one can consider oil revenues almost as a free gift of nature” (Mahdavi, 1970).

Esta cualidad tiene tres implicaciones muy importantes.

La primera de ellas es el desarrollo de una mentalidad rentista (Abdel-Fadil, 1987; Chatelus, 1987; Auty, R. M. y Gelb A. H. 2002) o cultura de la “petromanía” (Amuzegar, 1998). Tanto los agentes económicos como los políticos se ven inmersos en esta lógica que les aporta fuertes incentivos para comportarse de manera predatoria y corto-placista, sin pensar que esas rentas proceden de un  recurso natural no renovable, cuyos beneficios tienen también derecho a disfrutar las generaciones venideras. Lejos de tener como fin el desarrollo productivo en sus inversiones y decisiones de política económica; el principal objetivo del gobierno, los agentes económicos y la sociedad en los países rentistas es vincularse al flujo de rentas derivadas de los hidrocarburos. Se desarrolla por lo tanto una “circulation ecoconomy” en vez de una “production economy” (Chatelus, 1987).

La segunda implicación es que el valor de las rentas que reciben los países exportadores de hidrocarburos depende en gran medida de las decisiones tomadas en los mercados internacionales[5], lejos de su gestión y control. Esto provoca una alta volatilidad e inestabilidad del flujo de las rentas de hidrocarburos que pueden implicar serias dificultades a la hora de planificar su utilización a largo plazo. Para luchar contra la volatilidad de las rentas, Mommer (2000) destaca la importancia de establecer alianzas a nivel internacional ya sea en forma de cartel o de asociación con los consumidores.

La tercera implicación, derivada de las cualidades de las rentas de los hidrocarburos, es que su carácter externo y su enorme cuantía pueden plantear serios problemas de absorción en las economías de los países rentistas (Amuzegar, 1982). Comúnmente estos problemas se presentan en forma de derroche, falta de eficiencia en la utilización de las rentas y en presiones al alza de lo precios y los tipos de cambio. Por lo tanto, sería necesario un proceso de esterilización de las rentas para evitar que su introducción repentina en la economía de los países rentistas tenga estos efectos nocivos. Autores como Auty, R. M. y Gelb A. H. (2002) y Amuzegar (1998) proponen, con éste fin, la creación de un fondo de estabilización[6] o el fomento de inversiones en el exterior.

…que son generadas únicamente por una parte minoritaria de la sociedad…

En efecto, las economías de los países rentistas se ven atrofiadas por la existencia de un único sector productivo, el de los hidrocarburos; que, aunque es el responsable de la mayoría del valor añadido del PIB, tiene diminutas repercusiones en términos de creación de empleo o de encadenamientos hacia otros sectores de la economía. Se impone el desarrollo de una economía polarizada con un sector de los hidrocarburos desmesurado del que dependen o por el que se ven reducidos el resto de los sectores. Esta polarización tiene importantes implicaciones a nivel macroeconómico. Entre los impactos macroeconómicos se encuentran la inflación y el aumento de los tipos de cambio que pueden derivar en la enfermedad holandesa (Auty, R. M. y Gelb A. H. 2002 y Karl 1997).

La Empresa Nacional de Hidrocarburos (ENH)[7] es el principal instrumento del Estado rentista y cumplen dos funciones ineludibles. Por un lado son las ejecutoras de la política energética de un país rentista, encargadas de gestionar los recursos del subsuelo, explotar los recursos hidrocarburíferos  y valorizarlos en el mercado internacional. Y, además, son instrumento político del Estado, clave de la legitimación del poder político y de la perpetuación en el tiempo del rentismo, ya que son las encargadas de recaudar las rentas que se derivan de los hidrocarburos para entregárselas al Estado. Según Mañé y Cámara (2004) no son economías petrolero-rentistas aquellas “cuyas empresas petroleras (incluso siendo nacionales y públicas o estatales) no quieren ser gestionadas con criterios políticos y priman la maximización de beneficios”. Por lo tanto, las ENH están en el corazón mismo de la lógica rentista y entender su funcionamiento y relaciones es entender el pasado, el presente y el futuro de los países rentistas.

…cuyo principal receptor y distribuidor es el gobierno de ese país.

En palabras de Luciani (1987), los países rentistas desarrollan Estados distribuidores cuya función principal es el establecimiento de un consenso social que se articula alrededor de la distribución de las rentas de los hidrocarburos. Este consenso social lo logran destinando sus ingresos a partidas relacionadas con las prestaciones sociales, las infraestructuras o el mantenimiento del sector público (ya sea de las instituciones o de empresas nacionales). Ni la recaudación, ni el gasto de estos ingresos públicos están generalmente relacionados con criterios socioeconómicos (Amuzegar, 1998). Estos criterios son más bien de índole política y tienen el objetivo de permitir la perpetuación a lo largo del tiempo de la lógica rentista.

Esta característica tiene algunas implicaciones de especial interés:

En primer lugar, la mayoría de los ingresos del Estado no están vinculados a una recaudación impositiva a través de un sistema fiscal nacional que grave la actividad económica del conjunto de la población, sino que depende mayoritariamente de las rentas de los hidrocarburos en el mercado internacional y del gravamen impositivo que el Estado aplique en ellas. Por lo tanto, el Estado de los países rentistas no desarrolla las obligaciones reciprocas con su ciudadanía que se dan en aquellos Estados cuyos ingresos dependen de  una recaudación fiscal asociada a la renta de los individuos. El Estado no tiene por qué rendir cuentas ante la población sobre la utilización de sus ingresos, es completamente autónomo, libre de plantearse objetivos propios y de perseguirlos con las políticas que crea adecuadas (Lal, 1995).

En consecuencia, la gestión del gasto público plantea una paradoja interesante en los países rentistas. El gasto público tiende a expandirse desmesuradamente en los años de bonanza de rentas, ampliando las redes clientelares del Estado y asignándose a todo tipo de proyectos (fructuosos o no) con fines políticos y de mantenimiento del consenso social (Amuzegar, 1998; Mañé y Cámara 2004). Este supuesto despilfarro puede servir como multiplicador de la actividad económica pero, cuando los ingresos públicos comienzan a menguar (por la volatilidad del mercado internacional ya descrita), se convierte en un arma de doble filo, obligando al Estado a entrar en una espiral de endeudamiento para sostener el nivel de gasto[8].

En tercer lugar, estas características del Estado de lo países rentistas (receptor y distribuidor de rentas) posibilitan que la lógica de funcionamiento rentista (basada en la máxima obtención de rentas a través de determinada estructura económica, absorción por el Estado de la mayoría de las rentas y distribución de la renta en la sociedad con fines políticos de conservar un consenso social) se perpetúe de forma circular en el tiempo. Círculo del que es muy difícil escapar por las vinculaciones tanto económicas como políticas y sociales creadas que dependen del mantenimiento de la mentalidad rentista.

En resumen, el país petrolero rentista es aquel cuya economía esta polarizada y es profundamente dependiente del sector de los hidrocarburos; cuya ENH sostienen un papel clave dentro del sistema ya que al, ser gestionada como un instrumento político y ser la ejecutora de la política energética, su fin es recaudar el mayor volumen posible de rentas del sector de los hidrocarburos para entregárselas al Estado que, finalmente, es el encargado de distribuir estas rentas para conseguir un consenso social que legitime y facilite la reproducción el sistema vigente. Estas relaciones se perpetúan a lo largo del tiempo en forma de un círculo que puede ser calificado de vicioso o virtuoso en función de la evolución positiva o negativa de los precios del petróleo en el mercado internacional.

Bibliografía

Abdel-Fadil, M. 1987. “The Macro-Behaviour of Oil-Rentier States in the Arab Region.” En The Rentier State, ed. H. Beblawi y G. Luciani, pp. 83-107. London: IAI, Croom Helm.

Amuzegar, J. 1982. “Oil Wealth a Very Mixed Blessing.” Foreign Affairs 60, no. 4: 814-835.

Amuzegar, J. 1998. “OPEC as OMEN.” Foreign Affairs 77, no. 6: 95-111.

Auty, R. M. 2007. “Rent cycling theory, the resource curse, and development policy”. En From curse to Cures, practical perspectives on remedying the resource curse. Developing Alternatives volume 11, Issue 1, Spring 2007.

Auty, R. M. y Gelb A. H. 2002. “Political economy of resource abundance states”. En Resource Abundance and Economic Development: Richard M. Auty, ed., Oxford University Press for UNU/WIDER, Oxford, 2001.

Beblawi y G. Luciani 1987. “Introduction”. En The Rentier State, ed. H.

Beblawi and G. Luciani, pp. 49-62. London: IAI, Croom Helm.

Beblawi, H. 1987. “The Rentier State in the Arab World”. En The Rentier State, ed. H.

Beblawi y G. Luciani, pp. 49-62. London: IAI, Croom Helm.

Chatelus, M. 1987. “Policies for Development: Attitudes toward industry and services”. En The Rentier State, ed. H. Beblawi y G. Luciani, pp. 49-62. London: IAI, Croom Helm.

Karl, T. L. (1997). “The paradox of plenty: oil booms and petro states”. Berkeley, CA: University of California Press.

Lal, D. 1995. “Why Growth Rates Differ. The Political Economy of Social Capability in 21 Developing Countries.” En Social Capability and Long-Run Economic Growth, ed. B.H. Koo and D.H. Perkins, pp. 288-309. Basingstoke, UK: Macmillan.

Luciani, G. 1987. “Allocation vs. Production States. A Theoretical Framework”. En The

Rentier State, ed. H. Beblawi y G. Luciani, pp. 63-82. London: IAI, Croom Helm.

Mahdavi, H. 1970. “The Pattern and Problems of Economic Development in Rentier States: The Case of Iran.” En Studies in the Economic Theory of the Middle East, ed. M. Cook, pp. 428-467. London: Oxford University Press.

Mañé Estrada, A. y De la Cámara Arilla, C. (2004). “Rusia: ¿Hacia una economía petrolero rentista?”. Revista de Economía Crítica nº3 pp 69-96.

Mommer, B. 2000. “The Governance of International Oil. The Changing Rules of the Game”. Oxford Institute for Energy Studies (OIES) Working Paper no. 26, Oxford Institute for Energy Studies, Oxford.

OPEP 1968. ‘Declaratory Statement of Petroleum Policy in Member Countries’. En Resolucion No. XVI.90. OPEP.


[1]Otras rentas externas como la AOD, las rentas procedentes de otros recursos naturales o las derivadas de la intención de los gobiernos para cambiar los precios relativos  pueden ser susceptibles de crear dinámicas rentistas dentro de los países que las absorben (Auty, 2007).

[2] Karl (1997)

[3]OPEP 1968.

[4]Texto del original citado en Mommer (2000).

[5]Las decisiones que afectan al valor de las rentas de los hidrocarburos en estos mercados internacionales son tanto de índole comercial (relacionados con la oferta, demanda y precios de los productos) como financiera debido al espectacular auge de los mercados de derivados financieros asociados a estos productos.

[6] Los fondos de estabilización almacenan los ingresos derivados de las rentas del petróleo. La utilización de los recursos ahorrados en estos fondos esta normalmente sujeta a determinadas condiciones relacionadas con el nivel de ingresos del estado o sus necesidades de gasto social.

[7]Esta puede tener tanto funciones productivas como meramente recaudadoras de rentas.

[8] Esta fue una consecuencia muy importante para algunos países exportadores de petróleo a finales de los años 70 donde comenzó una espiral de deuda que se prolongo hasta los años 90. Tomados en conjunto Argelia, Gabón, Indonesia, Irán, Nigeria y Venezuela, vieron aumentada su deuda externa en 262 miles de millones de dólares ente 1970 y 1994. Karl, 1997.

Share and Enjoy:
  • Print
  • email
  • Twitter
  • Meneame
  • RSS
  • PDF

Leave a Reply

¡Síguenos!

Documentos

Suscríbete

Introduce tu e-mail: