Economía Crítica y Crítica de la Economía

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¿Qué hacer con la Unión Europea?

Autor: Juan Carlos Martinez, Daniel Albarracin y Manolo Garí

Categoría: Alternativas, Unión Europea

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Viento Sur

[El artículo "¿Qué se puede hacer con la Unión Europea?" de D. Albarracín y M. Gari en el nº 150 de la revista impresa (http://vientosur.info/IMG/pdf/24._que_hacer_con_la_unio_n_europea_.pdf), suscitó un debate con Juan Carlos Martínez, que a sugerencia de los tres autores reproducimos a continuación.]

Qué se puede hacer, y qué no, con la UE

Juan Carlos Martínez

La mayoría de los españoles se sienten satisfechos de pertenecer a la Unión Europea. Según las encuestas del Eurobarómetro[i], la aprobación de los españoles es superior a la media europea y consideran mayoritariamente que nuestro país se beneficia económicamente de su integración en el Euro y políticamente de sus garantías democráticas. Pero también hay una amplia minoría que consideramos que las políticas actuales de la UE y el mal diseño del sistema euro están provocando el aumento de la desigualdad en y entre los países europeos; la economía es más frágil y la pérdida de soberanía económica induce a soluciones basadas en el empobrecimiento de la población. Ante esto ¿Qué podemos hacer? ¿Sería mejor salirnos de la UE? ¿Es posible? Y, de quedarnos, ¿Podemos cambiar la UE? En este artículo, 1º tras analizar los perjuicios que ocasiona la pertenencia a la UE, 2º se argumenta que no es conveniente ni posible salirnos, 3º que sí es posible defendernos y fortalecer la economía española y 4º que sí es posible cambiar la UE.

1º La Unión Europea perjudica la economía y la democracia española

La desigualdad en España, medida por el índice de Gini, está creciendo, y también ha aumentado notablemente la diferencia en la renta per cápita entre los países europeos del norte y del sur, especialmente en los últimos diez años. La entrada en la Unión Europea supuso el desmantelamiento de gran parte de nuestro capital industrial. El déficit por cuenta corriente y el consiguiente endeudamiento externo se hizo crónico tras la entrada en la UE y creció espectacularmente a partir del euro. La deuda pública en porcentaje sobre el PIB es la mayor de nuestra historia, más del doble del ratio anterior a la entrada en la UE.

En lo que respecta a la democracia, entrar en la Unión Europea y el euro ha significado la pérdida de control democrático sobre las políticas económicas y, como consecuencia y por imposición de la UE, las conquistas del Estado del bienestar se están deteriorando gravemente.

Los instrumentos mediante los que un gobierno puede controlar la economía de su país son de tres tipos: la política monetaria, la política fiscal y la regulación de los mercados. España perdió totalmente el control de la política monetaria al entrar en el euro. La entrada en la UE requirió una reforma fiscal en un sentido regresivo (el IVA) adaptada a las normas europeas y la entrada en el euro y su Pacto de Estabilidad implicó unos compromisos fiscales que limitan gravemente nuestra soberanía. Respecto a la potestad de regulación de los mercados (agrícolas, industriales, laborales, inmobiliarios, financieros, etc.), al entrar en la UE España renunció a gran parte de su soberanía y poder regulatorio, incluyendo nuestra capacidad de negociación de acuerdos comerciales con otros países. Tras el rescate bancario de 2012, el control de las instituciones europeas sobre la legislación española es aún mayor. La liberalización del mercado de trabajo es una de sus consecuencias más visibles y dolorosas.

No todo es malo. Ciertamente las normas europeas de protección al consumidor son mucho más avanzadas que las que hubiéramos podido imponer siendo un país independiente. Los tipos de interés son mucho más bajos de lo que sería normal para un país de nuestro tamaño. Sin duda el poder de la UE puede conseguir condiciones más beneficiosas al negociar la pesca con Marruecos que las que tendríamos negociándolas como país independiente. Pero esos tipos de interés descontroladamente bajos provocaron la burbuja inmobiliaria y los acuerdos y tratados internacionales de la UE pueden resultar perjudiciales para el nuestro.

En la práctica, España es una colonia de la UE. Nuestra economia está controlada por la metrópoli de Berlín y Frankfurt que la gestiona según sus intereses. Como consecuencia se está perpetuando el superávit comercial de Alemania y se refuerza cada vez más su posición dominante, su poder. Nuestra posición en la UE es la típica de una estructura centro-periferia.

En resumen, contrariamente a lo que creen nuestros conciudadanos, la pérdida de soberanía significa pérdida de democracia, pérdida de la capacidad de decidir sobre las políticas económicas que más nos convienen. Y como consecuencia de ello nuestra situación económica es más frágil e indefensa que si fuésemos un país independiente. Contrariamente a los países del norte, en 2017 nuestro PIB sigue siendo inferior al de antes de la crisis.

Algunos economistas consideran que no es posible revertir estas tendencias y plantean abiertamente la conveniencia o la necesidad de salirnos del sistema euro. En el nº 150 de viento sur, Manuel Garí y Daniel Albarracín (en adelante GyA) publican el artículo titulado “¿Qué se puede hacer con la Unión Europea?”[ii] en el que proponen un debate que es pertinente y urgente. Podemos, como alternativa al gobierno, debe tener una postura y una estrategia clara, definida y detallada ante la UE y, de momento, no la tiene.

Coincido con GyA en las líneas generales de su análisis de la UE y, especialmente, del Sistema Euro. La UE, como todos los Estados que la componen, defiende una política económica neoliberal que beneficia a los más poderosos, reduce las prestaciones del Estado de bienestar y hace aumentar la desigualdad económica entre las personas. El Sistema Euro fue mal diseñado y construido por lo que unos países, los ricos del norte, resultan beneficiados y otros, los del sur, resultan perjudicados. Como Robert Mundell había indicado[iii] ya en 1961, las uniones monetarias deben ser acompañadas de una unión fiscal que provea de recursos y mecanismos para redistribuir beneficios y reequilibrar las diferencias entre regiones y países. En Europa no se hizo así y las consecuencias son evidentes: los países de menor productividad laboral se ven fuertemente perjudicados y quedan indefensos ante los más avanzados en capital y tecnología.

El problema se hace aún más grave cuando Alemania pone en práctica políticas encaminadas a aumentar y prolongar indefinidamente los superávits de su balanza comercial: al reprimir los salarios de sus trabajadores a pesar de su alta productividad, está impidiendo el reequilibrio entre los países de la eurozona. Si un país tiene superávit es porque otro está teniendo déficit; eso es una identidad matemática insoslayable: la suma de todos los superávits en el comercio entre países de la eurozona es exactamente igual a la suma de sus déficits. Si aumenta el superávit de Alemania, aumentan los déficits de los países del sur europeo. La relación salarios/productividad es más baja en Alemania que en los países del sur por los que los productos alemanes son más competitivos. Las empresas del sur no pueden competir y tienen que cerrar. Propongo aquí una de las consignas que debería gritar Podemos: ¡Que le suban los salarios a los obreros alemanes!. La alternativa es… que se bajen los salarios a los trabajadores españoles, cada vez más y más, indefinidamente.

Inicialmente, en el Tratado de Roma de 1957, se había previsto que las instituciones europeas reequilibrarían las balanzas transfiriendo rentas de los industriales del Norte a los agricultores del Sur, de Alemania a Francia, principalmente. La Política Agrícola Común representaba cerca del 90% del presupuesto europeo. Eso funcionó muy bien en los primeros años, pero tras las continuas ampliaciones, los nuevos fondos como sistemas de reparto menos equilibradores y la disminución del peso del presupuesto de la UE hasta ser menos del 1% del PIB europeo, el efecto corrector de los desequilibrios prácticamente desapareció.

2º No podemos salirnos

El TARGET2

Otro gravísimo problema generado al montar el Sistema Euro fue la falta de control del Banco Central Europeo. El BCE es el banco central más independiente, descontrolado y poderoso del mundo. Su poder económico es inconcebible, jamás visto, jamás imaginado: tiene el poder de dejar instantáneamente sin dinero a un país entero. Y cuando digo instantáneamente quiero decir exactamente eso: pulsando una tecla de ordenador.

Para entender lo que le pasó a Grecia y lo que le puede pasar a España, es necesario explicar brevemente el funcionamiento del instrumento más poderoso del BCE: el TARGET2. ¡Eso sí que es un arma de destrucción masiva!

Veámoslo con un ejemplo. Una empresa andaluza tiene su cuenta en UNICAJA y le ordena que haga dos transferencias, una a una empresa alemana a la que ha comprado una máquina y tiene cuenta en COMMERZBANK y otra para pagar el salario a un trabajador local que tiene su cuenta en el BBVA. Las dos transferencias son tratadas exactamente igual: el empleado de la sucursal de UNICAJA introduce en su ordenador los datos de las transferencias y pulsa una tecla para que el sistema informático proceda a realizarlas. El sistema informático es el TARGET2. Las órdenes van al servidor central del TARGET2 del BCE que hace el cargo en la cuenta de UNICAJA en el BCE y el abono en las cuentas que mantienen el COMMERZBANK y el BBVA en el BCE.

Todos los bancos de la eurozona tienen cuentas en el TARGET2 del BCE a las que se hacen los cargos y abonos de las transferencias interbancarias. Son de hecho un préstamo que hace el BCE a los bancos, a tipo de interés cero, con el respaldo de las tenencias bancarias de bonos soberanos de deuda pública.

El 4 de febrero de 2015, diez días después de que Tsipras tomara posesión como primer ministro, el BCE dejó de aceptar bonos griegos como garantía para sus préstamos a los bancos en el TARGET2. Eso tenía dos consecuencias inmediatas: que los bonos soberanos griegos que se emitieran a partir de ese momento dejarían de tener compradores y que los bancos griegos tendrían que empezar a pagar intereses más altos por sus cuentas en el TARGET2 que, a partir de ese momento, al no ser aceptado el respaldo de los bonos griegos, estarían sujetas a las condiciones de emergencia ELA (emergency liquidity assistance).

El domingo 28 de junio de 2015, justo una semana antes del referéndum del OXI, el BCE cortó la financiación ELA a los bancos griegos. A partir de ese momento no solo se dejaron de enviar billetes de euro a Grecia sino que las cuentas de los bancos griegos en TARGET2 quedaron congeladas por lo que dejaron de poder hacer transferencias. Las empresas griegas no podían pagar sus importaciones, ni recibir el pago de sus exportaciones, ni pagar los salarios a sus trabajadores, ni pagar ni cobrar por sus compras o sus ventas. Eso significaba la quiebra no solo de todos los bancos griegos sino de prácticamente todas las empresas griegas. Por primera vez en los 3000 años de historia del dinero, un país se había quedado de pronto, instantáneamente, sin dinero.

Jamás un banco central ha tenido tanto poder. Puede hacerlo, lo hizo con Grecia y lo puede hacer y está dispuesto a hacerlo con España, Portugal o cualquier otro Estado europeo, llegado el caso. Los pagos y cobros de las empresas andaluzas dependen de la voluntad del BCE que puede decidir la suspensión de pagos, la quiebra de todas, en un instante. Los cajeros dejan de funcionar, las tarjetas de débito o crédito dejan de ser aceptadas, las cuentas bancarias de todos los ciudadanos quedan bloqueadas. Eso es lo que permite el TARGET2 que haga Mario Draghi pulsando una tecla.

Lo que no se puede hacer con la UE

Ante los graves perjuicios que la UE y el sistema euro causan a los países del sur, GyA proponen una serie de medidas que adolecen de inconsistencia temporal, es decir, que no tienen en cuenta los tiempos. Las medidas que proponen GyA requieren mucho tiempo para ser efectivas y las respuestas de la UE y el BCE son mucho más rápidas y terriblemente destructivas.

GyA proponen suspender el pago de la deuda mediante una moratoria y “Ante las amenazas de la Troika: no ceder. Ante la imposición de sanciones: no pagar”. El calendario de pago de deuda pública requiere hacer nuevas emisiones casi todos los meses; si se dejara de pagar la deuda no se podría volver a emitir más y la administración se paralizaría. Si España suspende unilateralmente el pago de su deuda, el BCE no amenazará sino que ejecutará inmediatamente. España no puede empezar a renegociar su deuda, lo que requiere meses, teniendo todos sus bancos y empresas en suspensión de pagos, lo que se ejecuta en un instante. Estoy de acuerdo con GyA en que debe haber una auditoría de la deuda, una renegociación y, si hiciera falta, una restructuración. Pero creo también que no conviene, ni se debe, ni se puede, interrumpir unilateralmente el pago de la deuda. Además, como explicaré más abajo, creo que no es necesaria la restructuración, que el problema de la deuda no es grave en España y que la solución no es reducirla sino aumentar el PIB.

El BCE posee deuda pública española por valor de 250 mil millones[iv], la cuarta parte de nuestra deuda pública y del PIB. La intervención del BCE adquiriendo en el mercado abierto deuda pública de los países miembros es otra arma poderosa. En la práctica los tipos de interés son decididos por el BCE. Mediante su Programa de Compra de Activos el BCE está emitiendo 60 mil millones de euros mensuales que utiliza para comprar bonos de deuda pública. Esa demanda millonaria mantiene bajos los tipos de interés de los bonos soberanos. ¿Cómo de bajos? Lo que quiera el BCE.

Conviene tener en cuenta, además, que el problema no está solo en la deuda pública, sino también en la deuda privada. Una de esas deudas es la que mantienen los bancos españoles en el Target2: 371 mil millones de euros. Para hacernos una idea de cuánto es esa cifra podemos compararla con los 40 000 millones de euros recibidos para el rescate de Bankia: es casi diez veces más.

Obsérvese que las deudas del Target2 están contraídas por los bancos españoles con el BCE, no con otros bancos. En el ejemplo que vimos anteriormente, cuando se hace una transferencia de una cuenta de Unicaja a una del Commerzbank, el BCE carga y abona las cuentas de esos bancos en Target2 lo que quiere decir que el Commerzbank ha recibido el importe y Unicaja pasa a ser deudor del BCE, no del Commerzbank.

GyA prevén que “Si el BCE finaliza la provisión, la nueva autoridad monetaria dependiente de un gobierno con voluntad de cambio podría mitigar el efecto inmediato haciendo circular una segunda moneda…”. El problema es que hacer circular una moneda alternativa requiere tiempo. No se trata solo de imprimir billetes y acuñar monedas sino que hay que elaborar un sistema que permita mantener cuentas corrientes y hacer transferencias en esa moneda además de elaborar normas específicas y crear instituciones de control. Para cuando estuviera disponible el nuevo sistema, el daño causado por el bloqueo del BCE habría sido terrible y sería “mitigado” muy poco. España tardaría años, muchos años, en recuperarse del shock. Varoufakis y el gobierno griego estudiaron esa posibilidad, pero se dieron cuenta de que no era posible, de que no tenían tiempo. La propuesta de GyA de una moneda alternativa al euro es muy buena idea, pero, como explicaré más abajo, podemos y debemos empezar a prepararla desde ahora mismo.

GyA advierten que la nueva moneda tendería a devaluarse poco después de imponerla y que eso tendría consecuencias negativas para la renta y para nuestra provisión de recursos externos. Coincido con esa preocupación y creo que habría que evitarlo. Una devaluación tiene ventajas e inconvenientes. La devaluación puede ser pan para hoy y hambre para mañana. Hay que estudiar muy cuidadosamente las circunstancias antes de permitir la devaluación. Previsiblemente en España la nueva moneda convivirá con el Euro durante mucho tiempo. No estoy de acuerdo, sin embargo, con GyA en que la moneda buena desplaza a la mala; lo que la historia demuestra es justamente lo contrario: la gente atesora la moneda en la que tiene más confianza y trata de desprenderse (y por tanto hace circular) a la moneda menos fiable. Se puede y se debe ganar la confianza de la población en la nueva moneda. Tenemos la experiencia reciente de Bolivia. Cuando Evo Morales gana las elecciones, en diciembre de 2005, la moneda habitual en las transacciones es el dólar USA; solo el 16 % de los depósitos bancarios y el 7 % de los créditos estaban denominados en bolivianos. Se tardó casi diez años en revertir la tendencia, pero en 2014 se había conseguido que el 81 % de los depósitos y el 92 % de los créditos estuviesen en bolivianos. Pero una condición para conseguirlo fue que en esos diez años el tipo de cambio boliviano/dólar fuera el más estable de Latinoamérica, prácticamente rígido. Como explicaré más abajo, es posible (y conveniente) tener una moneda española alternativa y que conviva con el Euro sin quebrantar la legalidad europea. Y esa moneda deberá mantener rígidamente la paridad de su valor con el Euro.

Las consecuencias del Espexit

GyA proponen que, si la UE detiene las ayudas que recibimos de los programas europeos, dejemos de pagar la contribución española a la UE. Y hacen sus cuentas: los programas europeos nos aportan el 1,18 del PIB mientras que nuestra contribución es del 1,12 del PIB por lo que tan solo perderíamos el 0,06 del PIB. Las cuentas están muy bien hechas, pero lo que GyA parecen no ser conscientes es que dejar de pagar nuestra contribución a la UE significa exactamente lo mismo que salirse de la UE. Y eso no lo quiere la población española. Dejar de pagar la contribución a la UE, salirnos bruscamente de la Unión Europea, no solo traería un caos económico sino también político. El gobierno que hiciera eso contra la voluntad del pueblo español tendría los días contados.

En cualquier caso, como GyA reconocen, esas medidas requieren “un gobierno con voluntad de cambio” y yo añadiría que con mayoría absoluta garantizada en el Congreso de Diputados. Es muy dudoso que se den esas condiciones, que un gobierno de coalición de Unidos Podemos con otras fuerzas, apoyado por grupos parlamentarios que sumen mayoría absoluta en el Congreso, tenga la “voluntad de cambio” suficiente para suspender los pagos de la deuda y la contribución a la UE.

GyA proponen “el establecimiento de nuevas relaciones financieras internacionales y de nuevas relaciones comerciales y económicas con países de dentro y fuera de la UE de carácter justo y cooperativo”. Las nuevas relaciones con otros países no se pueden establecer por decreto ley ya que requieren ponerse de acuerdo con esos otros países en muchísimas cosas incluyendo normas de control de calidad, etiquetado o tránsito de aduanas para cada uno de los productos con los que se vaya a comerciar, además de acordar el significado de “justo y equitativo”. Respecto a los países “de dentro” de la UE, hay que descartarlos: los países de la UE han renunciado al derecho a establecer negociaciones comerciales bilaterales con terceros. Recordemos que la UE es el destino del 66 % de nuestras exportaciones y el origen del 57 % de nuestras importaciones. Respecto a los países “de fuera”, la UE mantiene tratados comerciales con casi todos los países del mundo que permiten intercambios fluidos y con bajos aranceles. Al salirnos de la UE automáticamente todos esos tratados quedarían sin efecto para nosotros, por lo que España tendría que empezar a negociar nuevos tratados con todos los países del mundo, uno a uno, incluida la UE, y con un poder de negociación muy débil. Es el problema principal al que ahora se está enfrentando el Reino Unido en la preparación del Brexit. Para España la salida de la Unión Europea supondría un desastre comercial sin precedentes, quedándonos prácticamente aislados, con graves problemas de abastecimiento y un déficit comercial muy grave durante mucho tiempo. El problema no sería “el establecimiento de nuevas relaciones” sino la renovación de las antiguas. Y si alguien confía en la ayuda que Rusia o China nos prestarían por razones estratégicas creo que se equivocan. Tsipras fue a visitar a Putin a Rusia dos veces, en abril y en junio de 2015, además de mantener seis conversaciones telefónicas en ese año. Pero a pesar de la proximidad geográfica y cultural-religiosa, a pesar de la simpatía mostrada públicamente por Putin, Tsipras tuvo claro que esa alternativa no era viable. Se tardan muchos años en establecer acuerdos, relaciones y redes comerciales sólidas.

Las condiciones en las que se encuentra España, plenamente integrada en la UE y en el Euro, no permiten realizar el tipo de medidas que proponen GyA. Si las negociaciones para el Brexit van a durar dos años y se prevén difíciles, duras y con graves costes para las dos partes, un Espexit sería aún más difícil por estar España en el Euro y porque el peso económico y el poder de negociación de España es mucho menor que el del Reino Unido.

GyA son claramente partidarios de que España abandone el Euro y la UE e inicie un camino de profundas reformas sociales incluyendo “la intervención del sistema bancario”, “suspender los pagos” de la deuda pública, “una nueva autoridad monetaria”, “un plan energético que asegure la independencia y la autosuficiencia”, con cargo sobre “las rentas y el patrimonio”, “sobre las ganancias capitalistas y la riqueza de la clase dominante”.

León Trotsky nos previno contra el aislacionismo, contra la pretensión de construir el socialismo en un solo país. “La ilusión de un socialismo que se construye suavemente -a paso de tortuga- sobre una base de miseria, rodeado por enemigos poderosos, no resiste largo tiempo los golpes de la crítica”. (Trotsky 1936, La revolución traicionada). GyA parecen haberlo olvidado. Ochenta años después de esa frase de Trotsky conocemos también la degradación de los ideales socialistas y el precio en libertades y derechos humanos que tiene el resistir los golpes de la crítica, de la realidad y de esos enemigos poderosos. España no puede desvincularse de Europa para iniciar, sola, un camino de pureza revolucionaria.

Pero hay alternativas.

3º Podemos fortalecernos

Lo primero es fortalecernos. Podemos hacer magia sin romper el matraz. El gobierno de Portugal está demostrando que se puede sobrevivir a la austeridad aplicando políticas sociales progresivas. En el Ayuntamiento de Madrid (y en Barcelona y en Cádiz) se está demostrando la capacidad de obrar milagros. La banda de ladrones que nos gobierna son, además, muy malos gestores. No es solo que para ayudar a los amigotes inviertan en autopistas sin coches, aeropuertos sin aviones o túneles ruinosos sino que además la corrupción generalizada desmoraliza a las PYMEs, a los profesionales y autónomos, desanimando las iniciativas empresariales y debilitando la recaudación fiscal.

Proyecto AltEuro, un Euro alternativo

La propuesta de una moneda electrónica alternativa al Euro y con respaldo público “está en el aire”. La proponen GyA, la propone Varoufakis y el DiEM25 para toda Europa, la proponen muchos otros economistas, se ha puesto en práctica en algunas ciudades europeas y se está implementando en Barcelona. Voy a tratar de desarrollar aquí brevemente cómo puede ser su diseño.

Hay muchas monedas alternativas al Euro. Por citar tan solo casos andaluces tenemos el Puma sevillano, el Ximeno en Jimena de la Frontera, el Zoquito de Jerez de la Frontera, el Chavico granadino o el Axarco de la Málaga oriental y otros muchos proyectos en diverso grado de funcionamiento y volumen de circulación. Además de estas monedas locales o regionales también disponemos del Bitcoin y otras monedas electrónicas que, dicho sea de paso, son poco más que burbujas especulativas en un esquema piramidal. Pero todas estas monedas alternativas tienen una debilidad básica: no están respaldadas por el Estado y por tanto no sirven para pagar impuestos. Hay algunos economistas que, con mucha razón, dicen que el dinero es un invento para poder cobrar impuestos y que por tanto solo es dinero aquello con lo que se pueda pagar impuestos.

El programa de Ada Colau a la alcaldía de Barcelona incluía la creación de una moneda local. El proyecto, al parecer, está muy avanzado; se anuncia que habrá una consulta popular para darle nombre a la nueva moneda, que la nueva moneda servirá para pagar impuestos locales, que será solo electrónica, que hay un plan progresivo de implantación que empezará por algunos barrios. Santa Coloma de Gramenet se le ha adelantado y ya está en circulación “la Grama” con unas características similares. Ambas siguen el modelo de la ciudad británica de Bristol en la que la moneda fiscal local lleva funcionando varios años.

Usemos un ejemplo local: pensemos en Cádiz. El Ayuntamiento de Cádiz puede realizar las siguientes acciones:

· Emitir cierta cantidad de deuda pública local en forma de bonos electrónicos al portador y fraccionables denominados CadEuros.

· Comprometerse a aceptar el pago en cadeuros de los impuestos, las tasas y los precios públicos municipales al cambio de un euro = un cadeuro.

· Abrir automáticamente una cuenta en cadeuros (con saldo cero) a todos los contribuyentes de los que conozca su NIF (es decir, que le hayan pagado el IBI o cualquier otro impuesto local), asociada a ese NIF.

· Diseñar un sistema informático para la gestión y una App para móviles que permita la transferencia directa cuenta a cuenta de cadeuros (adaptando software ya existente).

· Ofrecer gratuitamente la App del CadEuro que de hecho será una cartera electrónica.

· Vender cadeuros al cambio un cadeuro = un euro.

· Empezar a hacer pagos en cadeuros a los que voluntariamente los acepten.

· Promocionar el uso del CadEuro en Cádiz.

Los aspectos fiscales son importantes. Los cadeuros se contabilizarán como deuda pública y Cádiz debe seguir respetando la legislación vigente. Por tanto se trata tan solo de sustituir en parte las solicitudes municipales de crédito a la banca por solicitudes de crédito a la población gaditana. Esto tiene varias ventajas ya que, además de no tener que pagar intereses (aunque habrá costes de gestión) los vencimientos son indefinidos. Los cadeuros se extinguen (y la deuda asociada también) cuando los cadeuros son usados para pagar el IBI o una multa de tráfico. El Ayuntamiento de Cádiz seguirá emitiendo nuevos cadeuros para reponer los extinguidos y ampliar la oferta de forma ajustada a la demanda.

Los primeros cadeuros se venderán a cambio de euros (no olvidemos que son bonos de deuda pública) a los que voluntariamente quieran adquirirlos. Además el municipio los podrá utilizar para ciertos pagos de tipo benéfico, o para pagar una parte (en Santa Coloma de Gramenet han fijado un 30 %) de los sueldos a los empleados y de las deudas a los acreedores del Ayuntamiento que voluntariamente los acepten. La voluntariedad de su aceptación es políticamente importante para evitar una reacción de rechazo. No se deben “hacer descuentos” para facilitar la aceptación porque se debe evitar la devaluación de la moneda. El tipo de cambio del CadEuro con el Euro tiene que ser rígido para que pueda ganar la confianza de los usuarios.

Los gaditanos que dispongan de cadeuros podrán pagar sus cañas en los bares y comprar en los puestos del mercado o las tiendas que los acepten. Los dueños de bares, puestos y tiendas se beneficiarán al aceptar cadeuros atrayendo clientes y usando los cadeuros para pagar a sus proveedores locales. Se requerirá tiempo, años, para que todos los gaditanos se acostumbren y acepten el uso del CadEuro, pero en pocos meses se puede conseguir que un número significativo de comercios y empresas gaditanas los acepten, sabiendo que podrán hacer uso de ellos para satisfacer sus obligaciones tributarias en el municipio.

Los beneficios económicos para los municipios emisores son:

· Los intereses de la deuda convertida en AltEuros son cero.

· No hay fecha de amortización del principal.

· Los AltEuros amortizados mediante el pago de impuestos son reemplazados por nuevos.

· Se amplía la oferta monetaria con el consiguiente efecto expansivo sobre la economía local.

· El uso de los AltEuros es local, no hay “fuga de capitales”, sólo sirven para estimular la economía local.

· Se mejora la “balanza comercial” de la localidad.

· Los AltEuros no pueden prestarse, su valor no varía con respecto al Euro, no pueden estimular economías especulativas, lo que se está fomentando es la economía real frente a la financiera.

Pero quizás los beneficios socio-políticos sean aún más valiosos: los vecinos serán y se sentirán “acreedores” del Ayuntamiento y, por tanto, más partícipes ¡y exigentes!; las autoridades locales serán menos dependientes de los bancos y los Ayuntamientos tendrán mayor poder de negociación.

El CadEuro será en principio aceptado y utilizado solo en Cádiz, pero si otros municipios emiten otros tipos de AltEuros o si la Junta de Andalucía emitiera algún día AndEuros, se podrían realizar acuerdos para facilitar el cambio de monedas; quizá se pueda llegar a acuerdos entre todos los Ayuntamientos del Cambio. Y cuando el gobierno español emita el EspEuro, la sociedad estará preparada para recibirlo y se expandirá rápidamente su uso. Entonces nuestro gobierno dependerá menos de los mercados para su financiación y estará mejor armado para afrontar las amenazas o los ataques del BCE.

El Proyecto AltEuro necesita, por supuesto, un desarrollo más detallado, pero éste no es el lugar para hacerlo. Con lo dicho es suficiente para los objetivos de este artículo.

La deuda pública y el PIB

He dicho más arriba que la deuda española no es un problema grave y que la solución no es reducirla o dejar de pagarla sino aumentar el PIB. Si la deuda pública española es hoy el 100 % del PIB es debido no solo al rescate de la banca y al corrupto capitalismo de amiguetes de los gobiernos de diverso color que hemos sufrido, sino también a su nefasta gestión y principalmente a los efectos contraproducentes combinados del austericidio y la regresiva política fiscal neoliberal.

No importa que la deuda pública sea de más o menos millones de euros, lo que importa es su proporción con respecto al PIB y con respecto a las perspectivas de futuro de la economía nacional; lo que importa es que los acreedores tengan confianza en que la deuda va a ser pagada y que así la acepten con tipos de interés bajos. Cuando Podemos acceda al gobierno de España, para mantener la confianza de los acreedores será necesario un compromiso explícito y rotundo de que no habrá restructuración de la deuda sin acuerdo previo. Hay dos formas de que disminuya el porcentaje de la renta deuda con respecto al PIB: haciendo que baje la cantidad de deuda o haciendo que el PIB crezca más rápidamente que la deuda. Esto último es lo que debe hacer un gobierno de Podemos.

El keynesianismo hace mucho hincapié en el efecto multiplicador del gasto público, pero aquí vamos a ser transkeynesianos, vamos a ir un poco más allá. Contrariamente a la teoría oficial del multiplicador, que considera un valor único para el país, creemos que no es lo mismo el efecto multiplicador que tienen los gastos del Estado cuando se abona y se riega a los pobres que cuando se abona y se riega a los ricos. Contrariamente a lo que afirma el keynesianismo de manual, la propensión marginal al consumo de Amancio Ortega no es la misma que la de un jubilado con pensión de 600 euros. Si al jubilado se le aumenta la pensión en cien euros mensuales, se los gastará todos inmediatamente, en el mismo mes y en productos locales. Si Amancio Ortega se encuentra al final de año con la agradable sorpresa de que debe pagar cien mil euros menos de impuestos porque el gobierno quiere atraer inversores, no es previsible que se gaste esos cien mil aumentando su consumo de lacón con grelos; ni en nada, no destinará ni un euro a aumentar su consumo. En cualquier caso, las pautas de consumo de la capa alta de la población se dirigen más a bienes y servicios internacionales. Y las inversiones de Amancio Ortega, como sabemos, se realizan principalmente fuera de España, al igual que las de Repsol y las de nuestras campeonas transnacionales.

En resumen: el multiplicador del gasto público es mucho mayor si la política fiscal, en ingresos y gastos, es progresiva. Si el gobierno destina mil millones de euros en aumentar las pensiones de los jubilados, el efecto multiplicador sobre el PIB será amplio y rápido. El Estado recuperará mediante el IVA y otros impuestos su gasto, y el porcentaje de la deuda pública respecto al PIB disminuirá. El gobierno de Podemos, con una política fiscal progresiva y una gestión prudente y honesta, promoverá sin duda un crecimiento del PIB muy superior al de la deuda.

4º Podemos cambiar la UE

GyA afirman, correctamente, que se debe “preparar la respuesta en diferentes escenarios” pero en su artículo solo consideran un escenario de enfrentamiento y ruptura. Sin embargo la UE se encuentra en una situación de crisis en la que es evidente la necesidad de cambio de modelo, hay muchos escenarios posibles y se abre por tanto una ventana de oportunidad para influir en su rediseño.

Europa está en crisis y todo el mundo es consciente de ello, incluyendo esos a los que GyA describen muy bien como “el modelo oligárquico de concertación entre élites europeas transnacionales”. En la lucha por la hegemonía mundial la UE está quedando marginada. La creciente desigualdad entre el norte y el sur de Europa está conduciendo a su ruptura. La indignación y el desencanto se extienden. El ultranacionalismo aislacionista está capitalizando la indignación en muchos países. El Reino Unido se va. Los gobiernos de Hungría y Polonia están quebrantando los principios jurídicos que son el fundamento ético del liberalismo europeo. Y Alemania y los países del norte están preocupados porque perderían mucho con el debilitamiento o la ruptura de la UE.

Están divididos y no saben qué camino tomar. El Libro Blanco de Juncker presenta cinco escenarios, a cual peor. Las élites políticas y económicas europeas son plenamente conscientes de que han cometido errores muy graves, de que los programas de austeridad solo conducen al estancamiento. Es muy evidente que hace falta un reforzamiento fiscal de la Comisión que le permita realizar una política de reequilibrio para corregir desigualdades entre regiones. Es muy evidente que hay que cambiar el estatuto del Banco Central Europeo, dándole una nueva regulación, sometiéndolo a control democrático y ampliando sus objetivos más allá de la lucha contra la inflación. Es muy evidente que Grecia jamás pagará su deuda porque matemáticamente es imposible. Es muy evidente que hay que dar legitimidad a las instituciones reforzando la democracia y la capacidad de control del Parlamento Europeo. En el programa de Macron hay algunos puntos que podríamos suscribir: la unión fiscal de la eurozona, con departamento de hacienda y ministro de finanzas propios, que gestionen transferencias fiscales permanentes de los países más fuertes a los desfavorecidos por la política monetaria común de la eurozona y un parlamento separado para la eurozona que se encargaría de la supervisión política y la rendición de cuentas del sistema, incluyendo el control del BCE. Esta unificación fiscal permitiría a los países del sur aumentar la inversión en infraestructura y estimular la creación de empleo sin infringir los límites a las políticas fiscales.

El debate sobre la reforma de la UE empezará en los próximos meses, después de las elecciones alemanas, y debemos estar ahí. Es el momento adecuado para intervenir activamente con propuestas atractivas y convincentes que puedan generar un bloque ganador que reconstruya una Europa del bienestar y solidaria como fue la de los años 50 y 60, que corrija las desigualdades entre individuos y entre regiones y que cambie la estrategia de crecimiento en una dirección sostenible. En ese bloque deben participar los movimientos alternativos europeístas como Plan B y DiEM25, los verdes y las nuevas izquierdas, incluyendo aquí la llamada “nueva socialdemocracia”, es decir, los partidos que se reorientan a la izquierda tratando de renacer entre los escombros de la segunda internacional (¿El nuevo PSOE?). Pero, además, también podrán ser atraídos los “nuevos centros” del Movimento 5 Stelle o del En Marche!

Podemos, las mareas de indignados y la izquierda europea no debemos alinearnos con las posiciones centrífugas de la ultraderecha nacionalista de Marine Le Pen, Geert Wilders, Frauke Petry y Matteo Salvini. Antes al contrario, debemos tomar postura claramente por una Europa más unida, más democrática y más solidaria. Como dice nuestro eurodiputado Miguel Urbán[v] “Necesitamos un plan B para una Europa que no tiene un problema de velocidad, sino una necesidad acuciante de cambiar de rumbo. Empecemos a darle forma a un proyecto europeo que recupere las raíces democráticas del antifascismo partisano, de la solidaridad, la paz y la justicia social. Un proyecto europeo que no excluya ni expulse a nadie porque sea un proyecto del que nadie quiera irse. Una tarea que se ha vuelto hoy tan urgente como imprescindible”.

No vamos a abandonar Europa. Vamos a cambiarla. Podemos.

Juan Carlos Martínez Coll es profesor titular de Economía Aplicada en la Universidad de Málaga y militante en CECHAPA, el Círculo de Economía y Hacienda de Podemos Andalucía. Las opiniones aquí expuestas no coinciden necesariamente con las de la UMA ni el CECHAPA.


[i] https://ec.europa.eu/commfrontoffice/publicopinion/index.cfm/Chart/indexhttp://www.eui.eu/Research/Library/ResearchGuides/Economics/Statistics/DataPortal/Eurobarometer.aspx

[ii] Viento Sur nº 150, Garí, M. y Albarracín, D. “¿Qué se puede hacer con la Unión Europea?” http://vientosur.info/spip.php?article12317

[iii] “A Theory of Optimum Currency Areas”. Robert A. Mundell. The American Economic Review, Volume 51, Issue 4 (Sep., 1961), 657-665. https://people.ucsc.edu/ hutch/Econ241a/Articles/Mundell.pdf

[iv] El Confidencial 15 de mayo 2017 “España, en manos de Draghi: el BCE ya ha comprado 250.000 millones de deuda” http://www.elconfidencial.com/economia/2017-05-15/bce-compra-de-activos-deuda-draghi-banco-de-espana-tipos-de-interes-credito-liquidez-dependencia_1382594/

[v] Urbán, M. “El proyecto Europeo en disputa”. Diario Pueblo, 26/03/2007 http://blogs.publico.es/tomar-partido/2017/03/26/el-proyecto-europeo-en-disputa/

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El dinero como cuestión y el valor de la moneda

Daniel Albarracín y Manuel Garí.

Recientemente, como réplica a un artículo que redactamos Manuel Garí y Daniel Albarracín en la revista viento sur nº150 (2017), el profesor Juan Carlos Martínez Coll nos trasladó algunos comentarios, análisis, críticas y alternativas que, en nuestra opinión son de interés, incluyendo varias aportaciones y puntos de vista que compartimos y algunas otras interpretaciones y consideraciones en las que diferimos.

Es de agradecer la muestra de interés por cuestiones de esta índole estratégica y su carácter propositivo y constructivo. Cabe reconocer que los procesos de cambio político y las turbulencias sistémicas nos enfrentan a retos complicados, no sólo por la tensión que se encuentra tras ellos, sino también por la dificultad de dar cuenta de todos los aspectos novedosos que pasan a un primer plano. A este respecto, nuestras modestas elaboraciones y propuestas, en este difícil contexto, se desarrollan en una permanente reflexión. Al mismo tiempo que formulamos las preguntas y respuestas, provisionales, se nos exige esbozar rutas y guías para la acción política.

Creemos conveniente desarrollar este intercambio y debate, no para reafirmar posición alguna, sino para seguir avanzando juntos ante el desafío que se nos presenta por delante. Con esta motivación, vamos a realizar dos ejercicios. Uno, de carácter de revisión teórica en relación al papel de la moneda en el mundo contemporáneo. Y dos, una discusión con algunas de las propuestas y afirmaciones políticas que se nos trasladan, para, en algún caso, aceptarlas y, en otros, rebatirlas.

1. La cuestión del dinero y la moneda

1.1. El papel de la dimensión monetaria en la economía, según las teorías económicas alternativas

Quizá convenga comenzar por dar una vuelta a algunos fundamentos de economía política sobre un terreno de discusión insuficientemente trazado por los intelectuales de la izquierda política que no es otro que el campo de la política monetaria. Cabe admitir principalmente en este espacio progresista a las escuelas postkeynesianas y las marxistas. En más de una ocasión las dos escuelas reconocibles en el campo de la izquierda han originado discusiones bizantinas y malentendidos, fundamentalmente por una ausencia de diálogo y comprensión mutua, en algunas ocasiones y, en otras, sencillamente por un problema de perspectiva.

En líneas generales, una interpretación muy extendida en la escuela marxista[v] (Astarita, R.; Albarracín, J., entre otros) ha tratado la cuestión de la moneda como la expresión de las transacciones económicas reales, interpretando que hay un correlato entre la producción de valor y su equivalente monetario, desde una perspectiva de largo plazo. Se señalaría, por otra parte, que el valor de la moneda, como equivalente general, respondería al coste de extracción y producción de la mercancía que le da soporte, tradicionalmente el oro u otra materia prima que pudiese hacer las veces. Sin embargo, tras el fin de la convertibilidad entre el dólar y el patrón oro y la generalización de un sistema fiduciario[v] (Albarracín, D.; 2006), este tipo de interpretación ha naufragado para dar cuenta de algunos fenómenos monetarios y financieros, especialmente en la comprensión de algunos fenómenos financieros y monetarios de corto plazo.

De todo este armamento teórico, sin embargo y a pesar de la novedad de la transformación fiduciaria del dinero, se ha de admitir la permanencia de validez de algunas hipótesis. En primer lugar, la relativa correspondencia a largo plazo entre producción de valor y el valor del dinero, o dicho de otra manera la moneda o divisa de un país y su valor correlativo a la fuerza de los fundamentales de la economía y el Estado que tiene detrás. En segundo lugar, la validez del concepto acuñado como “capital ficticio” cuando se trata de los fenómenos que expresan la distancia entre ambas dimensiones. El concepto de capital ficticio, entendido como capital financiero titularizado del que se espera un flujo de ingresos futuros, refleja, entre otras previsiones, la tensión que se produce y que conduce a una destrucción, en un marco temporal incierto, del capital que no se encuentra soportado por bases materiales que le hagan viable.

Por su parte, la amplísima escuela postkeynesiana –que poco tiene que ver con la escuela neokeynesiana vinculada a la síntesis neoclásica- y, más particularmente algunas escuelas como la Teoría Monetaria Moderna (Kelton, Mitchell, Mosler…), la corriente ligada a Steve Keen o la escuela Minskyana han contribuido con algunas interpretaciones útiles para dar comprensión a algunos fenómenos de medio y corto plazo en buen término, aunque limitados a fenómenos financieros de medio y corto plazo. Más en particular, estas teorías han contribuido a comprender no sólo cómo se crea el dinero en la práctica, sino también a dar una interpretación alternativa a la valoración del dinero en base al coste de extracción del oro, así como señalar algunas dinámicas de crisis financieras.

A este respecto, algunas contribuciones valiosas muestran el origen del dinero. Por un lado, la Teoría Monetaria Moderna parte de la asunción de la Escuela cartalista (Escuela Histórica Alemana) señalando que el dinero equivale básicamente una promesa de pago con el respaldo del Estado, y se ampara en la fuerza de este para cobrar impuestos u otras obligaciones en la moneda que este emite; o en la de pagar prestaciones o salarios públicos, haciendo extensible y normalizado el uso de la moneda. También han realizado algunas observaciones sobre la creación de dinero crédito que realiza la banca de manera endógena[v] al realizar sus préstamos, a los que se asocia la apertura de nuevas cuentas corrientes que son, en definitiva, dinero nuevo. Estas consideraciones no son incompatibles con una concepción de dinero-mercancía, propias de la interpretación marxista más extendida o, incluso, la neoclásica. Merece la pena también recordar, por otro lado, la explicación ofrecida por Minsky en virtud de la cual la crisis financieras son de una mayor magnitud y generan un efecto resaca más fuerte debido a las expectativas desmedidas que se generan en ciclos económicos positivos donde hay una mayor propensión a endeudarse dadas las previsiones de rentabilidad que, por el contrario, desaparecen en el ciclo negativo.

Sin embargo, la escuela postkeynesiana[v] se desliza hacia una suerte de abstracción en tanto que traslada las razones últimas de las causas principales al espacio del Estado o al de las finanzas, dándole una importancia subordinada –o incluso denegando- a la dinámica de las relaciones de producción, y dejando al margen el papel de los ciclos, al menos los de largo plazo.

1.2. La interpretación actualizada de Fred Moseley para una teoría marxista del Dinero

Moseley (2017:127), posiblemente, sea uno de los autores, junto con Costas Lapavitsas, que ha sistematizado y actualizado la teoría marxista del dinero con más consistencia. El autor aborda el papel del dinero no mercancía, precisamente para un contexto histórico en el que el dinero es o bien fiduciario, esto es, está respaldado únicamente por el gobierno al establecer la política monetaria, y no por oro; o, mayoritariamente, es dinero crédito no convertible, vale decir, es producto de las operaciones de préstamo de la banca privada.

En sus escritos Marx advierte, como hará la teoría cuantitativa, que si el gobierno pone en circulación más moneda los precios se incrementarían acorde a ello si bien, y en esto difiere con la teoría neoclásica, la expresión monetaria del tiempo de trabajo (MELT, en sus siglas en inglés) se encontrará mediando indirectamente en su formación. Para Marx, para el caso del dinero mercancía, como sucedía con el patrón oro, “el precio de cada mercancía es el producto de la cantidad de horas de trabajo socialmente requeridas para producirla y la cantidad de valor dinerario producido por hora”. Según esta interpretación, “el nivel de precios no está determinado por la cantidad de dinero en circulación (como en la teoría cuantitativa) sino que la cantidad de dinero oro en circulación está determinada por la suma de los precios junto con la velocidad del dinero” (Moseley; 2017:130), ajustándose la cantidad de dinero en circulación a la suma de los precios, o “necesidades de la circulación”, por el atesoramiento y/o cambios en la velocidad del dinero[v]. Según esta aproximación, la “expresión monetaria del tiempo de trabajo” establece una relación entre el valor monetario total añadido en un periodo dado y el total del trabajo vivo empleado contemplando que se produce también una transferencia de valor igual a los precios de los medios de producción consumidos en dicho periodo (Moseley; 2017: 132).

Para el caso de una economía que no se rige por el patrón oro, puede avanzarse basándose en los estudios de Marx en diferentes fragmentos de su obra (Moseley; 2017:134) en los que trata sobre el dinero fiduciario no convertible emitido por el gobierno. Moseley demuestra algebraicamente, desarrollando la teoría de Marx, que para el caso del dinero fiduciario inconvertible la expresión monetaria del tiempo de trabajo (MELT) no depende del valor del oro, esto es del tiempo de trabajo contenido en una unidad de oro. Así la MELT depende sencillamente del papel moneda puesto en circulación multiplicado por la velocidad del dinero dividido por la cantidad de trabajo vivo empleado[v].

Esta situación es extensible, según Moseley, al caso del dinero crediticio inconvertible, dinero creado por la banca privada al crear relaciones de deuda, fenómeno que explica la mayor parte de creación de dinero hoy día, y no la creación de papel moneda. Para este caso se aplica la misma fórmula. Ahora bien, si bien en el caso del dinero fiduciario la cantidad de dinero en circulación (Mp) es parcialmente exógena (la determina el gobierno, o el banco central), en el caso del dinero crediticio es más complejo, al ser principalmente endógena. En su determinación influyen “la dinámica de la acumulación del capital (tasa de crecimiento, fluctuaciones cíclicas, tasa de interés, etc.) y también varios factores históricos e institucionales (como los diferentes tipos de sistemas crediticios” (Moseley; 2017:141), siendo un fenómeno que debe seguir siendo estudiado para completar su comprensión, aunque para su medición expost sea posible dimensionar la cantidad de dinero creditico en circulación y la cantidad de tiempo de trabajo socialmente necesario incorporado a una economía concreta; su cociente determina la cantidad de dinero crediticio que representa una hora de tiempo de trabajo socialmente necesario, esto, la MELT.

1.3. Preguntas pendientes

Parece razonable atribuir al valor de la moneda una correspondencia relativa a la creación y transferencia de valor en un periodo económico dado[v]. Sin embargo, esta relación no es en absoluto ni directa ni simple. Posiblemente, esta relación es más compleja hoy día por el desarrollo de políticas monetarias en las que interviene tanto los bancos centrales, como instancia de política monetaria estatal, haciendo del dinero un medio de intercambio fiduciario no convertible; así como, principalmente, por la expansión del dinero crediticio no convertible, fruto de los préstamos que genera el sistema bancario privado, y que en el periodo actual desempeñarían un papel enorme en el marco de una economía financiarizada en la que el fenómeno de la deuda se ha extendido hasta límites desconocidos en la historia de la humanidad.

Aún queda trabajo para encontrar una relación precisa en el contexto de inéditas políticas monetarias ultraexpansivas, implantadas al menos desde los años 90 y generalizadas profundizadas en la presente década, y de desregulación del comportamiento bancario.

Ahora bien, hay problemáticas señaladas que se han venido apuntado y que han de formar parte de nuestra preocupación política e intelectual, porque aún no se ha concluido una teoría que las explique precisamente.

El crecimiento de capital ficticio, expresado en el peso creciente de los mercados financieros y los procesos de titularización, puede vaticinar, ante la falta de un sostén material acorde, una probable destrucción de capital. El pronóstico que brindaría la escuela marxista de destrucción de capital parece consistente, pero el retraso en su plena materialización impide afirmar una consecuencia automática. Este mecanismo de ajuste y recuperación de la tasa de beneficio ha sido sorteada por una política de regulación de los mercados financieros favorable a la socialización de deudas y las pérdidas asociadas, para blindar a una minoría, que posterga, no sabemos hasta cuando, esa destrucción de capital, acentuando las políticas de explotación del mundo del trabajo y socialización de su coste entre las clases populares.

Estos fenómenos también han propiciado una dinámica de acaparamiento de bienes raíces –acumulación por desposesión-, una privatización de los bienes públicos y comunes, y, debido posiblemente a la moderación de la tasa de beneficio efectivo y al estancamiento, una evolución de los precios rampante y cierta tendencia a la deflación, así como a la inestabilidad de precios en las materias primas.

Ya hemos visto que la sobreliquidez causada por esta política monetaria no se ha traducido en un crecimiento de la inflación, algo explicado por los teóricos que nos advierten que los precios globales están regulados por la expresión monetaria del tiempo de trabajo, MELT.

1.4. Una reflexión sobre el carácter político de la moneda

Parece pertinente entonces también incluir en nuestro análisis el papel del Estado, del sistema bancario y financiero, y de su alcance e influencia, mediante la política monetaria.

El Estado juega un papel en la política monetaria, y en la UE el BCE deviene el actor central. El valor de la moneda parece ser mayor o menor en función de la fuerza económica –sus fundamentales- de la formación sociohistórica en la que se inserta. El Estado y las instituciones que construye intervienen también desempeñando un papel en la regulación del sistema bancario y financiero, en última instancia los mayores responsables de la creación de dinero y de la mayor parte de vehículos de capital ficticio.

Así, el papel de la moneda y su valor está respaldado por el Estado. Asimismo, cada Estado se apoya en una formación sociohistórica que consolida un desarrollo de fuerzas productivas e institucionales, condicionado por su lugar en la división internacional del trabajo a escala internacional. El Estado no puede actuar al margen de sus circunstancias y los recursos materiales propios de cada país y de las condiciones del área económica en el que se inserta, sea en su posición central o periférica. De tal manera, que el valor de la moneda, y por defecto la divisa, está mediada por el respaldo y regulación política del Estado. Si bien su margen se eleva sobre la situación y condiciones económicas de dicho país, en la que juegan un papel los desequilibrios competitivos, superavitarios o deficitarios, del mismo. De tal modo que, en última instancia, la política económica ha de encaminarse a modificar las bases productivas (política sectorial, fiscal, de inversión y de gasto, y regulando el sistema productivo y de intercambios) y de relación con otros países si de lo que se trata es de transformar la situación económica del país, tratando de contar con una moneda (y una política monetaria) ajustada a las necesidades y capacidades de la economía, mejor que hacerlo al revés.

Ni que decir tiene que la experiencia de monedas que circulan por más de un país no es nueva ni única, Y las circunstancias en las que circula no tienen el mismo efecto según la posición del país en la zona monetaria de la que se trate, siendo sumamente importante la arquitectura económica sobre la que circula. A este respecto, una zona monetaria sin unión fiscal, ni presupuesto compensador ni una política monetaria y financiera regulada apropiadamente, generará divergencias entre países y regiones, en función de la capacidad productiva y la posición superavitaria y deficitaria de cada una.

En suma, el Sistema Euro, construido sobre los pilares de la libre circulación de capitales y mercancías, el Pacto de Estabilidad, las singulares funciones del BCE y un presupuesto de tamaño irrisorio y escasamente redistributivo, conducen a un entorno de generación de disparidades y desigualdades formidable y recurrente, cuyas consecuencias, cuando en su origen su propósito fue controlar políticamente a Alemania por parte de Francia, han sido mejorar la capacidad exportadora de los países centrales, y construir un canal de transferencia de crisis del centro a la periferia, estableciendo, en definitiva, un mecanismo muy propicio para el aprovechamiento del espacio económico europeo de las economías superavitarias situadas en el centro de la cadena de valor europea en detrimento de las dos periferias europeas (Este y Mediterránea).

2. Discusión sobre las monedas alternativas y las alternativas a la unión europea

Martínez Coll considera de interés el desarrollo de monedas alternativas, comenzando por las locales hasta hacer posible una moneda alternativa nacional. Aunque algunos reputados economistas como Flassbeck lo desaconsejan por falta de experiencias exitosas, consideramos que convendría explorar esta vía, a modo preparatorio para disponer de margen de maniobra en un escenario adverso, como el que sufrió Grecia en 2015[v]. También propone la vinculación de esa moneda al euro en términos de paridad, de cara a no desincentivar el uso de esta moneda alternativa, y apela a la experiencia boliviana. Considera que es preciso iniciar este camino desde hoy. Y señala fórmulas. No sólo la paridad de la moneda alternativa con el euro, o su circulación electrónica, sino la extensión de su uso desde lo local. Cuando se diesen las circunstancias, podría ampliarse a nivel nacional, empleándola como moneda mediante emisión de deuda, que se compraría con euros. Esta moneda, por tanto, se apoyaría en una promesa de pago que serviría de fórmula de financiación barata para los poderes públicos locales o nacionales.

Creemos que la opción merece ser explorada, aunque hay múltiples aspectos técnicos que exigen mayor estudio para comprobar su viabilidad. Ahora, esto no conduce a aceptar muchas de las conclusiones o algunas de las presunciones del que nos traslada la crítica.

Martínez Coll nos sugiere emplear la consigna ¡Que le suban los salarios a los obreros alemanes!. Resulta una buena consigna, pero no es suficiente. A este respecto, una economía que aspira a la convergencia necesita mecanismos automáticos de cooperación y compensación. Ni que decir tiene que la Unión Europea entraña un proyecto político en las antípodas de ese objetivo, más bien juega en su contra. Para contar con un espacio de convergencia real necesitaríamos mecanismos que compensen la dinámica de desarrollo macroeconómico de regiones superavitarias y deficitarias. Por ejemplo, con indicadores que obliguen tanto a la subida de salarios en las zonas superavitarias; como de mecanismos de redistribución, preferentemente vía inversión capaz de diversificar la economía de manera sostenible, que compensasen a las regiones deficitarias. Este tipo de fórmulas ya las venimos sugiriendo en el Parlamento Europeo, con un éxito de acogida bastante pobre. Principalmente, como decimos, porque la UE no se hizo para eso.

Martínez Coll también nos recuerda el enorme poder del BCE. Su maquinaria chantajeó con gran eficacia a Grecia, al dejar de admitir como colateral su deuda o retirando la financiación ELA para su sistema bancario en los momentos cruciales de toma de decisión. Pero debemos recordar que un impago en el sistema de Target 2 puede entrañar una sucesión de impagos en cadena que pueden perjudicar a todas las partes y supone un mecanismo diferente (Cutillas, 2017) al que suscita nuestro crítico.

Somos conscientes de ese enorme poder antidemocrático. Disponer de una moneda alternativa y una autoridad monetaria dispuesta para la generalización de dicha moneda en un contexto adverso o de necesidad podría suponer una opción ante una previsible colisión de intereses con la UE en el que las instituciones políticos o monetarias de la UE desempeñasen un papel agresivo.

En tanto que la reacción del Banco Central Europeo tendría efectos casi inmediatos, a la que sólo le retrasaría la toma de decisiones políticas, resulta decisivo estar preparado para dicho escenario. Una política de desobediencia, que entrañase cuestionar el Pacto de Estabilidad y Crecimiento y el desarrollo de una política fiscal alternativa, poner en tela de juicio el pago de la deuda ilegítima, o el desenvolvimiento de monedas alternativas, podría desencadenar dicha reacción negativa. Lo cual exigiría disponer de los medios para enfrentarlo. Por ese motivo, nosotros consideramos estratégico enfrentar, sin fetichismos monetarios, el Sistema Euro (sus tres pilares: Tratados favorables a la austeridad social, presupuesto irrisorio y política monetaria favorable al sistema financiero privado). Y, naturalmente, resulta imprescindible prepararse para una incierta represalia[v] que podría llevar a tener que gestionar la salida que, cuanto más ordenada pueda ser, mejor.

Martínez Coll sugiere que las monedas alternativas tengan paridad con el euro. Pero a nadie se le puede ocultar que una cosa es mantener el valor nominal de una moneda y otra que su valor real responda a esa indicación. La moneda alternativa tendría un valor real inferior tan bajo como la credibilidad que tuviesen los poderes públicos para respaldarla económicamente. De una manera o de otra, al final es muy probable que la moneda que manejásemos sería de un valor inferior. Pero de igual manera durante tiempo habría que asumir que la divisa a la que referenciarse podría seguir siendo el euro, habida cuenta de que nuestras transacciones mayoritarias se nominan en dicha moneda. Cualquier moneda alternativa de la que dispusiésemos, sea local o nacional, finalmente se ajustaría a la capacidad de nuestra economía. Mantener ese valor por encima nos ahogaría, mantenerla por debajo nos empobrecería.

Martínez Coll propone una reestructuración de la deuda a escala europea, fruto de un acuerdo. No es la primera vez que se propone esta solución, inspirándose en la experiencia de los acuerdos que se tomaron con Alemania tras la IIGM. Sin embargo ahora el contexto es muy distinto, y aunque se ha invocado varias veces, los gobiernos de los países europeos se han opuesto drásticamente. El mecanismo de la deuda entraña un magnífico sistema de dominación del que es difícil salir, más aún si está sujeto a una regla de juego política que lo blinda (la exigencia de unanimidad). Además, cuenta con la cuestionable virtud de hacer a la víctima culpable. Si la razón de evitar un impago unilateral (que a nuestro juicio ha de suceder a una auditoría, siendo selectivo y bien justificado políticamente) fuese el miedo a la represalia del Banco Central Europeo, entonces nunca haríamos nada. Sin duda alguna hay razones para que el BCE pueda justificar una misma represalia igualmente si finalmente las autoridades españolas hacen circular una moneda alternativa, algo incompatible con la concepción de los Tratados Europeos.

De hecho, uno de los medios más importantes para impulsar de manera autónoma nuestra economía ha de consistir precisamente en liberarse del yugo de la deuda, que, junto a una reforma fiscal progresiva y un plan de inversión –en clave de transición energética y creadora de empleo, por cierto, con un efecto multiplicador más fuerte que el del gasto-, constituirían los motores de un desarrollo endógeno con efecto multiplicador. Además, la fórmula suscitada de promoción del PIB no tiene en cuenta si su carácter es productivista, y si es insostenible ecológicamente, ni tampoco que los corsés de la política de austeridad y la carga de la deuda, precisamente, suponen un obstáculo al crecimiento sumamente importante. Confiarlo todo a un crecimiento económico resulta ilusorio, sino también inconveniente. Todo ello cuando el mejor momento del ciclo ya pasó en 2016, aun siendo débil. Hay demasiadas razones para pensar que la recuperación será corta. Estamos más próximos de un nuevo ciclo recesivo, más grave si cabe que el conocido de la Gran Recesión, debido a que la recuperación de las tasas de beneficio han sido débiles, los tipos pueden empezar a subir, y el precio bajo del petróleo parece una circunstancia de plazo determinado, siendo aún el peso de la deuda un lastre pesado para un periodo incierto como el que viene. Aún con todo, una política como la que señalamos más arriba aumentaría el PIB, que debería levantarse sobre sectores como la educación, la sanidad y la conversión de la industria en base a tecnologías, energías y materias primas sostenibles. Más fuerte sería el impulso para financiarla si redujésemos la ilegítima carga de la deuda que, cuando acabe el ciclo de tipos de interés baratos, volverá a ser insostenible.

A nuestro juicio, la solución técnica de la moneda alternativa no sustituye a una política económica alternativa. Para ser consecuentes, no puede más que desobedecer los parámetros concebidos por los Tratados y políticas europeas. De tal manera que sujetarse a esa legalidad supone, por el contrario, un corsé que nos atará de pies y manos, y, aunque haya márgenes a niveles nacionales, como demuestra Portugal hoy día para no acentuar el daño –en unas circunstancias muy excepcionales-, debiéramos admitir que su maniobra no es suficiente para sacar de la dinámica de subordinación, desigualdad y empobrecimiento a la que se está sometiendo a las mayorías productivas en las periferias europeas.

Posiblemente Martínez Coll lleva mucha razón cuando señala que las nuevas relaciones a configurar con otros países no son pequeña empresa ni se harán en plazo corto. Ahora bien, marcar el horizonte supone el primer paso para hacerlo posible. Él señala sumariamente que los países de la UE son descartables, precisamente en un momento donde los cambios en los países europeos y en el entorno internacional nos muestran que todo está cambiando. ¿Acaso se esperaba el ciclo que disfrutó América Latina en la primera década del milenio?. Hace falta que alguien dé un primer paso, abrir veredas para que otros las recorran, más aún cuando nuestro país, y otros del entorno, ya cuentan con sujetos sociales con opciones para modificar gobiernos y relaciones básicas de su sociedad. En su día la UE comenzó con 6 países nada más. La otra opción ya la conocemos; se llama Grecia. No se trata de pureza revolucionaria, sino de ser consecuente con una encrucijada práctica y real. Contemporizar supone, por mucha Syriza que uno se llame, aplicar memorandos de entendimiento punteros en materia de austeridad, subalternidad e injusticia social desmoralizadora.

De lo que se trata es de sentar las bases para construir otro espacio supranacional con un proyecto de convergencia real, democrático, favorable a las clases populares, solidario, y netamente internacionalista. Un proyecto que también tiene que construirse desde hoy. Por supuesto, opuesto a cualquier autoritarismo nacionalista que persiga conservar los privilegios de unos pocos. Cabe recordar que la Unión Europea se hizo contra Europa, porque, en definitiva, erigió una institución favorable al capital y contra sus pueblos. Ignorarlo conduce a la derrota, como en Grecia. Nosotros queremos una política emancipadora, lo que supone no obedecer pilares fundamentales de la arquitectura de la Unión Europea, llevar por tanto una política propia, abierta a cooperar con otros pueblos. Estamos dispuestos a poner fuerza para negociar cambios, pero sin aceptar imposiciones. Presentar este reto como un problema técnico o de voluntad, sin entender su naturaleza conflictiva expresa precisamente la incomprensión de la maquinaria brutal que supone la Unión Europea, un arquitectura para concertar las políticas de las élites económicas transnacionales europeas y que, a todas luces, atraviesa la mayor crisis de su historia y, por eso y por muchas otras razones, supone una oportunidad enorme para poder cambiarla.

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS:

Albarracín, D. (2013) “El capital ficticio: entre el sistema de producción y apropiación valor y el sistema monetario” http://daniloalba.blogspot.be/2014/05/el-capital-ficticio-entre-el-sistema-de.html

Albarracín, D.; Álvarez, N.; Medialdea, B. (2013) “La crisis del sistema euro. Análisis y alternativas”. http://vientosur.info/spip.php?article8075

Albarracín, D. (2006) “La fianza de las finanzas, ¿damos crédito?.” Revista Diagonal. https://www.diagonalperiodico.net/antigua/pdfs33/35diagonal33-web.pdf

Albarracín, D. (2017) “La UE, entre el bloqueo y la implosión: las fuerzas del cambio ante el desafío internacionalista”. Publicado en Espacio Público

http://daniloalba.blogspot.be/2017/04/la-ue-entre-el-bloqueo-y-la-implosion.html

Albarracín, D. (2017) “La Unión Europea frente a Europa. Desobedecer y Caminar”. http://daniloalba.blogspot.be/2017/02/la-union-europea-contra-europa.html

Cutillas, S. (2017) “Vuelve la crisis del euro: los saldos de los bancos centrales nacionales con el BCE vuelven a marcar récord

http://blogs.publico.es/dominiopublico/19619/vuelve-la-crisis-del-euro-los-saldos-de-los-bancos-centrales-nacionales-con-el-bce-vuelven-a-marcar-record/

Garí, M. y Albarracín, D. (2017) “Qué hacer con la Unión Europea?” Viento Sur, nº150. http://vientosur.info/IMG/pdf/24._que_hacer_con_la_unio_n_europea_.pdf

Martínez Coll, J.C. (2017) “Lo que se puede hacer y lo que no con la UE”. Mimeografiado.

Moseley, Fred (2017) Ensayos de economía marxista. Maia.

Ensayos de economía marxista. Maia.

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