Economía Crítica y Crítica de la Economía

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Discusiones sobre clase, pueblo y régimen económico

Autor: Jon Bernat Zubiri Rey

Categoría: Condiciones de vida, Distribución de la renta, Historia, Iniciativas y Movimientos, Poder, Trabajo

Etiquetas:

Nociones Comunes

Al hilo de las discusiones durante el curso “La lucha de (des)clases” de la Fundación de los Comunes

Comentarios tras nuestras sesiones presenciales

Versión corregida, matizada y ampliada para Economía Crítica y Crítica de la Economía

Célula Norte

Decía jonbernat en las presentaciones del curso que el objetivo de este trabajo sería :

Hacer algunos aportes de las concepciones euskaldunes de la clase popular, el pueblo trabajador o incluso desde la influencia que la acepción decimonónica (carlista) de lucha de clases anti-liberal, moral y jurídicamente agregadora en unos términos no contenidos en la tradición obrera y marxista que principalmente se suele manejar a este respecto. La última cuestión sobre la que trataré de incidir es que, al hilo también de lo que discutían por ahí Eki, Álvaro y otrxs compas, me parece fundamental traer a colación al Marx tardío y su defensa de la comuna rural como sujeto revolucionario en la Rusia de la época, tal y como muestran los borradores de respuesta a la carta de Vera Zassoulitch. Los pueblos del norte de España acumulamos una experiencia compartida – no superior, pero sí diferenciada – en cuánto a la agregación y confrontación de clase contra la mediocre y panderetesca élite caciquil y burguesa radicada en Madrid. Esto, sin comprometer la fuerza y vigencia histórica del Madrid del “no pasarán”, sólo quiere dejar constancia de ese elemento agregador que es el pueblo, la historia compartida en términos de confrontación contra los ejércitos de ocupación y sus alfiles locales vendidos a sus intereses. En general me parece un elemento material mucho más sólido y consolidado que la serie de cuestiones y segmentos, atributos y características que se vienen remarcando en las primeras sesiones.”

Tras la descarga del Cuaderno de Materiales de Lectura y la lectura de los primeros textos, fue sin duda la Primera Sesión “De clases y luchas de clases” con la que más empeño discutimos al visualizar la charla, un empezar con ganas que fue perdiendo fuelle en las siguientes. Como explicaba Eki más en detalle en el hilo correspondiente, nos parecía que la complicación del concepto de clase que se introduce puede generar una cierta confusión en cuánto a las posibilidades de agregación operativa para que el pueblo trabajador sea sujeto, clase para sí, y pueda emanciparse en la historia. Porque creemos que hay un elemento duro de la pertenencia a una clase, que es la relación con los medios de vida y el grado de subsistencia o frugalidad comunitaria. Es decir, la centralidad del trabajo – sea este en su acepción capitalista o como producción social autónoma– y su relación con los medios de producción, el reparto del fruto o renta y la posición de poder económico (político) son elementos definitorios de la clase de los que no hay escisión imaginable posible.

Básicamente decíamos que la lucha de clases esta atada a las condiciones objetivas cambiantes que pre-existen y nos sitúan en el actual estado de las cosas. Ya dependerá de cada cuál, familia, clan o tribu consciente del percal actual, aceptar sin rechistar el progresivo desclasamiento al que el capitalismo aboca a mayorías sociales siempre crecientes o, por contra, tomar conciencia de la urgencia de la situación en la que estamos y dejar de soñar movilidades, ascensos o salvar los muebles individualmente y atreverse a soñar los cielos, como no, remando, remando y remando para intentar alcanzarlos.

También decíamos que esta complicación o diversificación, salvo si es muy acotada a exposiciones teóricas o diagnósticos concretos, corre el riesgo de centrar los esfuerzos en lo que Bourdieu (cita 13) llama “criterios secundarios (como el sexo o la edad)”, sobre todo en cuánto a la dinámica entre clases se refiere, y no tanto a las relaciones de dominación sexista o edadista que se dan dentro de cada clase. Pensábamos que habría que asumir un trazo más gordo si de comprender las dinámicas estructurales de las sociedades capitalistas se trata. La clase propietaria – con todas su competencia interna y procesos constantes de proletarización y desclasamiento – es capaz de controlar su coto de mercado o, en su defecto, ser capaz de influir en las condiciones de partida y de proceso del mismo. La cuestión a discutir sería : ¿ Tiene la clase propietaria, desde el extremo de los autónomos más-ó-menos-proletarios, pasando por cooperativistas, pequeños empresarios – encajonados todos ellos en una agresiva competencia –, hasta los capitalistas corporativos más grandes e internacionalizados, unos objetivos únicos de clase ? ¿ Es objetivable esa cohesión interna y rumbo del Capital ? ¿ O es, por contra, multi-variable y aveces se desagrega en adefesios poco operativos de progresiva decadencia ?

Ya desde esta primera sesión nos parecía que ahí los operaistas italianos1 habían hecho contribuciones importantes, de época, y que hoy en día esa imbricación de la composición técnica y la composición política del trabajo es y será la clave de toda recomposición revolucionaria o reformista del tipo que sea. A esta tradición y a su autor clásico ha entregado su Trabajo de Fin de Curso Eki Etxebarria (2017) que considera central la cuestión siguiente :

“Cuando la fábrica se apodera de toda la sociedad […], entonces los rasgos específicos de la fábrica se pierden dentro de los rasgos genéricos de la sociedad. Cuando toda la sociedad es reducida a fábrica, parece que la fábrica en cuanto tal desaparece” (Tronti, 2013: 49).

Igualmente, Albarracín (2003 : 575) identifica que “los territorios de generación de subjetividad solidaria en las sociedades industriales de servicios se retiran de los campos clásicos de la fábrica sindicalizada, y parecen ligarse a los territorios de las metrópolis globales, los distritos sociales de colectivos que comparten modos de vida genéricos, redes comunicativas materiales que orientan prácticas en convergencia que critican y se enfrentan a un modo de producción de la existencia social”. En cualquier caso, identificábamos como los espacios de producción y consumo reconfiguran más la conciencia de clase que la existencia de la clase (en sí) misma, por lo que no se trataría tanto de complicar sino más de sintetizar los elementos de agregación del conjunto de la clase obrera en los nuevos tiempos, desde un perspectiva de clase (Romero y Tirado, 2016) que no deje de lado las cuestiones ecologista y feminista (Medialdea, 2010).

Nuestro debate llego al habitual salto atrás en los siglos que, tan común entre navarros y demás pirenaicos, no deja de transpirar una modernidad violenta que, en algunos lugares al menos, hay conciencia de llevar siglos (Uriarte 1978; Atutxa, 2012) – o milenios (Maju, 2016)- combatiendo con uñas y dientes. Cómo podemos ver en las guerras carlistas, se da esa centralidad thomposoniana de la conciencia de clase que lucha unida, postergando sus antagonismos internos, para erigirse como capaz de parar el devenir liberal y anti-moral de la historia. Porque, en todo proceso de imposición militar de un nuevo orden, no es lo mismo ser asimilado sin rechistar que oponerse durante generaciones, igual que no es baladí cuidar la memoria de la represión que, para todos los pueblos, ha tenido el auge de la sociedad burguesa y de su ariete económico capitalista.

Como contra-ejemplo, y al mismo tiempo antecedente histórico de mucha gente en Euskalerria, las guerras carlistas mostrarían, aún en el siglo XIX, algo que decía Raimundo Viejo en una de sus clases, la importancia del posicionamiento de las clases populares en los conflictos entre élites aristocráticas y burguesía emergente. Esto se opone a la concepción clásica de la burguesía como clase homogénea – sin poner en duda que algunas de sus fracciones tomaron las riendas de la modernidad con el viento en popa a toda vela–, o mejor se puede decir que la precede y, por tanto, es importante “cuidarnos de toda tendencia a interpretar según concepciones posteriores de clase” (Thompson, 1977 : 28). Es decir, la mirada larga a como el capitalismo y la hegemonía burguesa se fue imponiendo en toda Europa (Marx, Polanyi, Federici…), nos permite hacer una teorización de la clase más sólida que la que emana de los acontecimientos presentes, loable objetivo que escapa, evidentemente, al objeto de este comentario.

Sin ninguna vocación universal y ni siquiera extrapolable al Sur del Ebro, evocamos los análisis setenteros que hizo Emilio López Adán sobre el paso del carlismo al nacionalismo burgués (Beltza, 1976) y sobre como estos procesos están fuertemente ligados y contrapuestos a la dinámica de recomposición de clases, dando lugar a “una participación creciente en la vida política de una clase obrera vasca nacionalmente diferenciada, con formas de lucha propias, justificando ampliamente la necesidad de una organización autónoma vasca” (Beltza, 1978 : 10). En este segundo estudio Beltza señala ya la crucialidad de las fracciones pequeño-burguesas, pero lo enmarca en cuestiones internacionales que atañen a la burguesía nacional y sus límites, siendo las cuestiones relativas a la lucha de la clase obrera las que toman más importancia en su obra.

La historia posterior ha demostrado que aquel “desbrozar caminos” (Beltza, 1978 : 137) del pueblo trabajador vasco, con toda su heroicidad y miseria humana, ha tenido una evolución estratégica hacia la vuelta a Maltzaga soñada por Telesforo Monzón (reunificación PNV-ETA para un Estado vasco). O, lo que es lo mismo, se le puede hacer, entre otras, una crítica (marxista) de inter-clasismo, según reiteran las tesis obreristas revolucionarias en sus debates estratégicos actuales. Y es que la nación ha fracasado como agente aglutinador, al menos en este caso. Como apunta el artículo enlazado, toda voluntad de liberación social y nacional que haya pretendido la clase obrera de Euskalerria, se ha topado de bruces con una evidencia, el carácter españolista o afrancesado de la burguesía nacional vasca – tal y como bien explica aquí Xabier Aierdi – y su sumisión, por tanto, a los intereses mafiosos y para-estatales de las burguesías dominantes en esos países.

Con toda esta motivada, nos pusimos a leer a Tronti (2016; 2016b), vimos la charla de Mario Espinoza y para adelante, como siempre, tratando de sacarle a la Segunda Sesión “La lucha de las clasificaciones” un componente más profundo en términos de reflexión marxista. El aporte principal que se me ocurre, ahora pasando al individual, al hilo de esta sesión es poner en cuestión la periodización del Marx jóven y Marx maduro realizada, sacando a colación un borrador y la respuesta definitiva de Marx en 1881 a la carta de la militante revolucionaria del movimiento campesino ruso Tierra y Libertad Vera Zassoulitch. Marx reniega en esos escritos de sus pretendidos discípulos en Rusia, que postulaban la archiconocida tesis del marxismo tradicional de que el desarrollo capitalista y la consiguiente formación de la clase obrera asalariada es una etapa previa, ineludible en la consecución del socialismo. Por contra, Marx afirma en el borrador de su respuesta que la comuna rural rusa tiene amplias potencialidades de mejorar su capacidad técnica y de estructurar una relaciones de producción a escala nacional.

Marx reconoce que en El Capital no da razones ni a favor ni en contra de la vitalidad de la comuna rural, pero afirma que “mis estudios recientes me han convencido de que esta comuna es el punto de apoyo de la regeneración social en Rusia”, para lo cuál tiene que “eliminar las influencias nocivas que la asaltan por todos lados y, después, asegurarse las condiciones normales de un desarrollo espontáneo”. Estas cartas escritas poco antes de morir, apoyan la tesis de que la tan sacralizada obra de Marx no recoge sus reflexiones posteriores sobre los sujetos sociales en la dialéctica de la historia (ver anexo sobre este tema al final de este trabajo).

Tanto en la Sesión extra : Clase y género de Fernanda Rodríguez, como en las posteriores Sesión 3 : Las clases dominantes de Rubén Juste (comentado por Emmanuel Rodríguez), Sesión 4 : Desclases y enclasamientos de Jose Medina (Gamonal) y Sesión 5 : Clases populares y periferias n de Carabancheleando nuestros debates fueron muchos más escuetos e informales, ya que por saturación laboral y social nos limitamos más a ver las sesiones en compañía pero sin otorgar un tiempo relevante al debate. Aún así destacar la calidad de las mismas y su aportación a una mejor situación de clase en realidades más concretas, siendo ahí la cuestión de la interseccionalidad (Martínez-Palacios, 2017) la que nos parece clave incorporar en todo diagnostico operativo para la organización y la lucha de la cuestión de clase.

En la tercera sesión volvimos a discutir la cuestión decimonónica, tras ver las preguntas hechas a Rubén y a Emmannuel, especialmente en lo relativo a las revoluciones burguesas del XIX y su relación no causal con la industrialización y el auge del capitalismo. Esta declinación local española de la teoría marxista convencional, de su acepción de sujetos de clase siempre ligados a los medios de producción, nos parecía importante para ver la distancia y la posibilidad de que la victoria militar de la burguesía y su anclaje a las viejas formas del régimen monárquico – renovado por una serie de guerras de sucesión– supusiera en el caso de España un tardío y mediocre desarrollo de las fuerzas productivas, más allá de los territorios ocupados tras las victorias liberales en aquellas guerras. Tomese a modo de ejemplo la evolución del peso relativo del metal bizkaino – de un 22% en 1878 a un 88% del conjunto de España en 1888 (Arizkun, 2002)–, lo que mostraría más un desarrollo por ocupación con la aniquilación de la libertad aduanera y regulatoria vasca, a lo que habría que sumar unas dependencias extranjeras diferenciadas que, de nuevo, escapa a los objetivos de este breve comentario.

Por último, remarcar lo estimulante de las sesiones cuatro y cinco, viéndose, desde ópticas diversas pero coincidentes, la importancia de renovar la concepción operativa de la clase oprimida desde las periferias urbanas y los márgenes que éstas generan en la intervención social y política. Habría que sumar esta perspectiva a otros estudios que se han realizado más desde la óptica de la clase media (Moruno, 2015; Rodríguez, 2016), o del desclasamiento de las fracciones de la burguesía como colofón a una degradación sostenida de las condiciones de vida de las clases populares, enmarcado en el actual (Fin de) ciclo de acumulación capitalista en crisis (López y Rodríguez, 2010). En cualquier caso, consideramos los estudios, procesos de organización y momentos de ruptura originados en los barrios populares y en la subalternidad del sistema los que más tiene un potencial revolucionario.

Referencias bibliográficas

ALBARRACIN SÁNCHEZ Daniel (2003), DE LA UTOPÍA POSTINDUSTRIAL A LA CRISIS DE LAS SOCIEDADES SALARIALES DE SERVICIOS : En torno al ciclo del capital y la identidad de clase de los trabajadores españoles en el capitalismo tardío. Tesis Doctoral dirigida por Luis Enrique Alonso Benito, Universidad Complutense de Madrid, Madrid, 638 pp.

ARIZKUN Alejandro (2002), “Kapitalismoa eta industrializatze prozesuak 1850tik 1940ra” en JUBETO Yolanda, SOLANGE Mariluz eta ZURBANO Mikel (2002) pp. 15-33.

ATUTXAtar, Paul (2012), II. Karlistadako Guda Euskalerrian 1839-1876, Euskerazaintza, LXIX zenbakia, 2012-1.

BALESTRINI, Nanni y MORONI Primo (1988-2006), La horda de oro [1968-1977]. La gran ola revolucionaria y creativa, política y existencial, Traficantes de Sueños, Historia nº5, Madrid, 677 p.

BELTZA (1976), Del Carlismo al Nacionalismo burgués, Txertoa, 185 p.

BELTZA (1978), Nacionalismo vasco y clases sociales, Txertoa, 203 p.

ETXEBARRIA, Eki (2017), “El obrerismo ‘clásico’ italiano: ideas principales del libro ‘Operai e capitale’ de Mario Tronti”, Fundación de los comunes, 5 p.

JUBETO Yolanda, SOLANGE Mariluz eta ZURBANO Mikel (2002), Euskal Herriko ekonomia, Udako Euskal Unibertsitatea, Bilbo, 358 p.

LÓPEZ HERNÁNDEZ, Isidro et RODRÍGUEZ LÓPEZ, Emmanuel (2010), Financiarización, territorio y sociedad de propietarios en la honda larga del capitalismo hispano 1959-2010, Traficantes de Sueños: Útiles, no9, 513 p.

MAJU (2016), “Qué es ‘Bagauda”, https://bagaudaberri.wordpress.com/

MARTÍNEZ-PALACIOS (coord.)(2017), Participar desde los feminismos : Ausencias, expulsiones y resistencias, Icaria, Barcelona, 312 p.

MEDIALDEA, Bibiana (2010): “La economía crítica frente a la crisis“. Revista de Economía Crítica, nº 9, pp. 120-130.

MORUNO Jorge (2015), La fábrica del emprendedor : Trabajo y política en la emprpesa-mundo, Akal, Madrid, 254 p.

RODRÍGUEZ LÓPEZ, Emmanuel (2016), La política en el ocaso de la clase media : El ciclo 15M-Podemos, Traficantes de Sueños, Madrid, 202 p.

ROMERO LAULLÓN Ricardo (Nega) y TIRADO SÁNCHEZ Arantxa (2016), La clase obrera no va al paraíso : Crónica de una desaparición forzada, Akal, Madrid, 377 p.

SHANIN, Teodor (1990), El Marx tardío y la Vía Rusa, Ed. revolución, Madrid, 362 p. Antxon Mendizabal gogoan !

THOMPSON, Edward Palmer (1977). “Algunas observaciones sobre clase y «falsa conciencia»”, Historia Social, 10.

TRONTI, Mario (2016), Operai e capitale, DeriveApprodi, Roma.

TRONTI, Mario (2016b), La política contra la historia. Quito/Madrid: IAEN/Traficantes de Sueños, 431 p.

URIARTE Eduarto “Teo” (1978), 1883 la INSURRECCIÓN de los vascos, Ed. Hordago, Donostia, 278 p.

ANEXO : Marx en defensa de la comunidad rural rusa y su fuerte capacidad de incidencia en la historia de la que después sería la revolución proletaria y campesina más importante de la historia2

En un borrador y en la respuesta definitiva de Marx en 1881 (extractos y versión completa más adelante) a la carta de la militante revolucionaria del movimiento campesino ruso Tierra y Libertad Vera Zassoulitch3, Marx reniega de sus pretendidos discípulos en Rusia, que afirman ya entonces la archiconocida tesis del marxismo tradicional de que el desarrollo capitalista y la consiguiente formación de la clase obrera asalariada es una etapa previa, ineludible en la consecución del socialismo. Por contra, Marx afirma en el borrador de su respuesta que la comuna rural rusa tiene amplias potencialidades de mejorar su capacidad técnica y de estructurar una relaciones de producción a escala nacional.

En su respuesta definitiva, Marx afirma que en un contexto de movimiento de occidente hacía “la separación radical del productor con los medios de producción”, mediante la sustitución de unas formas de propiedad privada por otras, en el caso de las comunas rusas el proyecto de las clases sociales emergentes (burguesas, capitalistas) tendría antes que lograr “transformar su propiedad común en propiedad privada”4. Para evitarlo, las comunidades rurales sería más importantes que el mismísimo proletariado, dado que Marx ni lo menciona en su carta.

Marx reconoce que en El Capital no da razones ni a favor ni en contra de la vitalidad de la comuna rural, pero afirma que “mis estudios recientes me han convencido de que esta comuna es el punto de apoyo de la regeneración social en Rusia”, para lo cuál tiene que “eliminar las influencias nocivas que la asaltan por todos lados y, después, asegurarse las condiciones normales de un desarrollo espontáneo”. Estas cartas escritas poco antes de morir, apoyan la tesis de que la tan sacralizada obra de Marx no recoge sus reflexiones posteriores sobre los sujetos sociales en la dialéctica de la historia5.


Proyecto de respuesta a Vera Zassoulitch, Karl Marx (1881)

Extractos y negritas del Editor

Escrito por K. Marx en francés del fin de febrero a inicios de marzo de 1881

Porque en Rusia, gracias a una combinación única de las circunstancias, la comunidad rural, que existe aún a escala nacional, puede deshacerse gradualmente de sus caracteres primitivos y desarrollarse directamente como elemento de la producción colectiva a escala nacional [¿Lo que serían los soviets en gestación ?, NdE.]. Precisamente merced a que es contemporánea de la producción capitalista, puede apropiarse todas las realizaciones positivas de ésta, sin pasar por todas sus terribles peripecias. Rusia no vive aislada del mundo moderno; tampoco es presa de ningún conquistador extranjero, como ocurre con las Indias Orientales.

De hacer abstracción de todas las calamidades que deprimen en el presente la «comunidad rural» rusa y de tomar en consideración nada más que su forma constitutiva y su ambiente histórico, se verá con toda evidencia, desde la primera mirada, que uno de sus caracteres fundamentales –la propiedad comunal sobre la tierra– forma la base natural de la producción y la apropiación colectivas.

Además la familiaridad del campesino ruso con las relaciones de artel le facilitaría el tránsito del trabajo parcelario al colectivo, que practica ya en cierto grado en los prados indivisos, en los trabajos de avenamiento y otras empresas de interés general. Pero, para que el trabajo colectivo pueda sustituir en la agricultura propiamente dicha el trabajo parcelario, fuente de apropiación privada, hacen falta dos cosas: la necesidad económica de tal transformación y las condiciones materiales para llevarla a cabo.

Pero, ¿cómo conseguir los equipos, los fertilizantes, los métodos agronómicos, etc., todos los medios imprescindibles para el trabajo colectivo? Precisamente aquí resalta la gran superioridad de la «comunidad rural» rusa en comparación con las comunidades arcaicas del mismo tipo. Es la única que se ha conservado en Europa en gran escala, a escala nacional. Así se halla en un ambiente histórico en el que la producción capitalista contemporánea le ofrece todas las condiciones de trabajo colectivo. Tiene la posibilidad de incorporarse a los adelantos positivos logrados por el sistema capitalista sin pasar por sus Horcas Caudinas. La configuración física de la tierra rusa favorece el empleo de las máquinas en la agricultura organizada en vasta escala y practicada por medio del trabajo cooperativo. Cuanto a los primeros gastos de establecimiento –intelectuales y materiales–, la sociedad rusa debe facilitarlos a la «comunidad rural», a cuenta de la cual ha vivido tanto tiempo y en la que debe buscar su «elemento regenerador».

Y, a la vez que desangran y torturan la comunidad, esterilizan y agotan su tierra, los lacayos literarios de los «nuevos pilares de la sociedad» señalan irónicamente las heridas que le han causado a la comunidad, presentándolas como síntomas de la decrepitud espontánea de ésta. Aseveran que se muere de muerte natural y que sería un bien el abreviar su agonía. No se trata ya, por tanto, de un problema que hay que resolver; se tráta simplemente de un enemigo al que hay que arrollar. Para salvar la comunidad rusa hace falta una revolución rusa. Por lo demás, el Gobierno ruso y los «nuevos pilares de la sociedad» hacen lo que pueden preparando las masas para semejante catástrofe. Si la revolución se produce en su tiempo oportuno, si concentra todas sus fuerzas para asegurar el libre desarrollo de la comunidad rural, ésta se erigirá pronto en elemento regenerador de la sociedad rusa y en elemento de superioridad sobre los países sojuzgados por el régimen capitalista. FIN DEL BORRADOR DE CARTA.

Respuesta definitiva, 8 de marzo de1881 – Completa

41, Maitland Park Road, London N.W.

Querida ciudadana:

una enfermedad nerviosa que me viene aquejando periódicamente en los diez últimos años me ha impedido responder antes a su carta del 16 de febrero. Siento no poder darle un estudio sucinto y destinado a la publicidad de la cuestión que usted me ha hecho el honor de plantearme. Hace meses que tengo prometido un trabajo sobre el mismo asunto al Comité de San Petersburgo. Espero sin embargo que unas cuantas líneas basten para no dejarle ninguna duda acerca del mal entendimiento de mi supuesta teoría.

Analizando la génesis de la producción capitalista digo:

en el fondo del sistema capitalista está, pues, la separación radical entre productor y medios de producción […] la base de toda esta evolución es la expropiación de los campesinos. Todavía no se ha realizado de una manera radical más que en Inglaterra […] Pero todos los demás países de Europa occidental van por el mismo camino. (El capital, edición francesa, p. 316). La «fatalidad histórica» de este movimiento está, pues, expresamente restringida a los países de Europa occidental. El porqué de esta restricción está indicado en este pasaje del capítulo XXXII:

La propiedad privada, fundada en el trabajo personal… va a ser suplantada por la propiedad capitalista fundada en la explotación del trabajo de otros, en el sistema asalariado (ob. cit., p. 340). En este movimiento occidental se trata, pues, de la transformación de una forma de propiedad privada en otra forma de propiedad privada. Entre los campesinos rusos, por el contrario, habría que transformar su propiedad común en propiedad privada.

El análisis presentado en El capital no da, pues, razones, en pro ni en contra de la vitalidad de la comuna rural, pero el estudio especial que de ella he hecho, y cuyos materiales he buscado en las fuentes originales, me ha convencido de que esta comuna es el punto de apoyo de la regeneración social en Rusia, mas para que pueda funcionar como tal será preciso eliminar primeramente las influencias deletéreas que la acosan por todas partes y a continuación asegurarle las condiciones normales para un desarrollo espontáneo.

Tengo el honor, querida ciudadana, de ser su afectísimo y ss. Karl Marx

NOTAS :

1Para una exhaustiva aproximación histórica y vivencial de este mayo del 68 de una década en Italia se puede optar por una de las obras de referencia al respecto (Balestrini y Moroni, 1988-2006).

2Las cartas y diversos borradores que atañen a esta relación del Marx moribundo con la Rusia pre-revolucionaria están más y mejor desarrollados en la obra de Shanin (1990).

3Fruto, entre otros hechos, de esta correspondencia con Marx, abandonaría el anarquismo y se uniría al marxismo, participando en la social-democracia rusa, en la corriente menchevike y en la IIª Internacional.

4En el borrador afirma que estos nuevos pilares de la sociedad están preparando a las masas para “esta catástrofe” , que pretende proletarizar a la mayoría de los campesinos de estas comunas en beneficio de sus sectores mejor posicionados, únicos que se beneficiarán del reparto de la privatización de la tierra. Marx considera que evitar esto es la tarea principal de las comunas rurales y que para ello es necesario que se impliquen en la promoción de una revolución rusa, lo único que puede liberarlas de la presión que el capitalismo de origen inglés realiza en la transformación e industrialización de la Rusia zarista.

5Hay quién afirma que Marx estaba fascinado por la vigorosidad y potencialidad revolucionaria de las comunas rusas y que termino su vida aprendiendo ruso y leyendo mucho sobre los procesos políticos y socioeconómicos en este país, lo cuál no pudo ser recogido en su obra por estar enfermo y cerca de la muerte.

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